¿Quién arma una patota? A Cristina le tiran un muerto, eso es lo que pasa. Más allá de que Vilma Ripol y los dirigentes del PO (hay que estar también en el momento en que te asesinan así a un compañero y te dejan a otros malheridos) pongan en primer plano la supuesta responsabilidad del gobierno, más allá que la marcha de mañana pretenda ir contra el gobierno. Hay un muerto y el límite para toda discusión es la vida. Con la vida de los compañeros no.
Este gobierno no es el de Duhalde y esto no es la estación de Avellaneda. No puede quedar impune. Nos atacan a todos. ¿Es este el comienzo del año electoral? ¿No prende lo suficiente con los muertos de la "inseguridad"? Había que agarrarsela con los que reclaman el puesto de trabajo digno. No importa si son troskos o pingonga, reclamaban dejar de ser "tercerizados". La respuesta fueron "tiradores" a la vista de la policia. Es mucho, es demasiado.
Esclarecimiento, juicio y castigo. Y después toda la discusión que queramos.
Era un viejo modelo sindical y ellos eran sus dirigentes. No se caracterizaban por ser aventureros ni excesivamente contestatarios. Quedaban todavía algunos que podían contar pasadas glorias de aquel “sindicalismo revolucionario” de la Unión Sindical Argentina. Otros, aún fieles -pero nunca demasiado- al socialismo partidario, se sentían dueños de la sigla madre. Todos, sin dudas, tenían para mostrar blasones proletarios. Viejos sindicatos de transportes, ese nudo estratégico del modelo agroexportador que ya no era; los gremios de oficios que se extinguían junto con el recuerdo libertario de aquellos magníficos gringos anarquistas; el auxilio y sangre nueva de potentes sindicatos por rama de la industria organizados y tironeados por comunistas…Una babel obrera que se entendía por señas, por amores y desamores profundos, por historia.
Se estaba por partir.
Las bases ya no se podían contener; sólo esperaban a sus dirigentes a la cabeza pero… ¿cuánto más? Se sucedían las marchas espontáneas, los casi paros, las preguntas, porque si el coronel está preso ¿qué carajo nos puede esperar a nosotros? Sólo la sonrisa sobradora del patrón, de los de personal, del capatáz que anuncia la vuelta a los infiernos y el ya vas a ver, ya vas a ver.
Y eso que el movimiento obrero argentino ya no quería hacer la revolución social. Fuerte. Quería movilidad social, derecho laboral, protección, reconocimiento. Poder pasear el orgullo de ser trabajador, y ni aún soñaban que era posible algo así.
Mientras transcurrían las horas del confederal la gente salía de las casas. Una turba silenciosa de hormigas con un destino impensado. Vamos todos. Arriba de camiones, en los techos de los tranvías, de a pie cruzando ríos y barro. Y esas mujeres amenazantes “sin corpiño y sin calzón, somos todas de”. Es de mañana y se va dando vueltas mirando hacia arriba los edificios, parece otro país dicen que francia y esa es la casa rosada mirá la catedral y el cabildo como en los libros de la escuela y esos cafes deben ser de los bacanes y mira allá dónde está el obelisco eso que baja es el subterráneo ni loco me meto en ese agujero mira allá… Mirá allá.
Están acá, por todos lados. Con sus delegados a la cabeza, con sus dirigentes aunque no todos. Y están los otros que vienen de las barriadas. Los humildes, esa nueva categoría sociológica tan imprecisa. Saben muy bien lo que quieren señor, no son las masas “disponibles” en espera del líder demagógico (pobre germani y sus gorilas). Hay que escuchar lo que dicen…
“Queremos a Perón”.
Sencillo, a ver ¿qué es lo que no se entiende? Los clinudos dicen que quieren al coronel ese de la Secretaría, el de los aumentos de salario, los convenios de trabajo, las vacaciones pagas, la jubilación, la protección en el trabajo, la seguridad industrial, ese que habla de que sólo se puede admitir el capital si tiene una función social. Entienden muy bien. Y como están cansados, metieron las patas en la fuente. Y allí estarán hasta que se entienda.
“Queremos a Perón”.
Pasará la noche y no se moverán. Entre todos se asombran de ser tantos, de estar donde están. Uno se busca en las fotos también como si pudiera ser posible estar. Estamos todos, aún los que no habíamos nacido. Porque se estaba cocinando en una plaza la representación política de los trabajadores y los humildes, esto estaba pasando. La de mis tías obreras del vidrio, las tías costureras y mi abuela planchadora, aún la de aquellos que no la reconocían. Muy simple, como todo lo extraordinario.
La revolución en Argentina se llamó Justicia Social. Ya era muy de noche cuando ocurrió. Salió al balcón y todos lo veían, estaban al lado de él. Y habló, levantando los brazos. Le quemaron las retinas los rostros morenos de una Argentina sin redención, le inundó los oídos la música más maravillosa que pudo escuchar jamás. El dejó dobladas prolijamente las palmas a las que aspira todo soldado y se desabrochó la camisa.
Casi todos estuvimos pendientes de la tele el 13 en esas casi veinticuatro horas de rescate. Vimos como iban saliendo uno a uno, nos enteramos algo de las historias personales y fuimos al ritmo de las innumerables notas de color con que los periodistas llenaban los espacios entre idea y vuelta de la cápsula. Del campamento al piso, de este canal al otro, un poco de TV Chile para los que gozamos del cable. Algo de show mezclado con picos de emoción. Todo eso.
Para qué hablar de los detalles técnicos ni poner acá lo que se leyó, escuchó y vio en todos lados, como si un blog fuera una especie de periódico-testimonio único que debe registrar lo que ocurre para lectores que llegaron recién de otro planeta. Nada de eso.
Entonces, vamos a lo nuestro… Vi surgir del fondo de la tierra a unos fulanos con casco y linterna, ropa de laburo, porque claro son trabajadores. Y eso es lo principal. Yo no sé cuan lejos estará ya la clase obrera chilena de aquel Recabarren y sus historias heroicas, pero si se pudo apreciar lo claro, alto y presente que están valores como la solidaridad, la unidad y el compañerismo. Los salvaron esas cosas y la disciplina que da el trabajo.
Los hundió en la roca el incumplimiento y/o inexistencia de leyes de protección al trabajador, la ausencia y/o inexistencia de un Estado en el control de la actividad privada en general y la minera en particular. Es decir, algo que pueden compartir los chilenos con todos sus hermanos de latinoamérica por empezar y el resto del mundo para concluir.
Llegará la hora (porque todo llega) de discutir leyes laborales, seguridad industrial, códigos mineros (y no solamente minería “a cielo abierto” si o no), y demás en el marco del MERCOSUR y de la UNASUR. Como bloques también deberemos tender a legislaciones comunes, sobre todo en aspectos tan esenciales como el trabajo y los derechos de los trabajadores. Y todo esto sin salirse un milímetro del capitalismo, para que a nadie le de palpitaciones. Solo así se cumplirá lo que el “jefe de turno” (el nº 33) le dijo a Piñera: “Presidente, que nunca más ocurra esto.”
Un parrafito para la derecha (juro que es una tentación). Que me digan que no pensaron la suerte que tenemos de este lado de la cordillera de tener una derecha tan pusilánime e inútil. Como no comparar con el Presidente Piñera que, más allá de la utilización política y todo lo que se quiera decir, hizo lo que tenía que hacer y lo hizo bien. Los mineros sobrevivieron, salieron sanos y salvos y no fueron abandonados (como se ha hecho tantas veces en todos los rincones del planeta, bajo el capitalismo, el socialismo real o bajo el sistema que sea).
Un pequeño país tercermundista realizó una hazaña que siguieron por televisión mil millones de personas. No es poca cosa, es un montón. Mesurados, eficientes, profesionales, así fueron los encargados del operativo de rescate y todos los involucrados.
De todas maneras me quedo con lo anterior, el alma del asunto. Ese sentimiento del minero, orgulloso de su condición, sin lamentarse de ser quién es, enormemente nacionalista y familiero. Pueblo, esa es la palabra (en los shopingns no se consiguen).
Se prometían fiestas, comidas, bailes como para celebrar. No grandes cosas. Y a cada uno que iba saliendo, esa cosa tan linda… ¡Chi-chi-chi le-le-le, Los Mineros de Chile!
Documento emitido en la madrugada del día 1º de Octubre, por la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) sobre la situación en Ecuador.
Las jefas y jefes de Estado y de gobierno de la Unasur, reunidos en el Palacio San Martín, en Buenos Aires, República Argentina, el 1º de octubre de 2010:
1º. Reafirman su fuerte compromiso con la preservación de la institucionalidad democrática, el estado de derecho, el orden constitucional, la paz social y el irrestricto respeto a los derechos humanos, condiciones esenciales del proceso de integración regional.
2º. Condenan enérgicamente el intento de golpe de estado y el posterior secuestro del presidente Rafael Correa Delgado, registrado en la hermana República del Ecuador el 30 de septiembre.
3º. Celebran la liberación del presidente Correa Delgado así como la pronta vuelta a la normalidad institucional y democrática en la hermana república. Expresan la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados. En ese marco reiteran su más pleno y decidido respaldo al gobierno constitucional y destacan el rol desempeñado por las instituciones para el restablecimiento del orden constitucional.
4º. Afirman que sus respectivos gobiernos rechazan enérgicamente y no tolerarán bajo ningún concepto cualquier nuevo desafío a la autoridad institucional ni intento de golpe al poder civil legítimamente elegido y advierten que en casos de nuevos quiebres del orden constitucional adoptarán medidas concretas e inmediatas tales como cierre de fronteras, suspensión del comercio, del tráfico aéreo y de la provisión de energía, servicios y otros suministros.
5º. Deciden que sus cancilleres se trasladen en el día de hoy a la ciudad de Quito para expresar el pleno respaldo al presidente constitucional de la República de Ecuador, Rafael Correa Delgado, y al pueblo ecuatoriano, partícipe indispensable del pleno restablecimiento de la institucionalidad democrática en ese país.
6º. Acuerdan adoptar en la Cuarta Reunión Cumbre Ordinaria de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión de Naciones Suramericanas, a celebrarse el 26 de noviembre en Guyana, un Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de la Unasur que establezca la cláusula Democrática.
Los militantes de la Corriente Sindicalista Revolucionaria fueron los primeros en considerar al sindicato como un fin en sí mismo y al Estado como un interlocutor necesario, e ineludible. Afirmados en la conducción de la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina, del IXº Congreso), habiendo desplazado a un anarquismo que comenzaba a ser anacrónico, se lanzaron a una relación difícil y tormentosa con la administración radical de don Hipólito Yrigoyen (ese inventor del progresismo criollo, junto a su par neoconservador Lisandro de la Torre). Les fue bien y les fue mal, pero la neutralidad y la distancia con el aparato estatal se rompió para siempre. Algunos dicen que la independencia también.
De esto se trata, de discutir el modelo sindical argentino de aquí en más. Es lo que subyace en las elecciones de la CTA y la omnipresencia de la CGT. Y se debe discutir porque estamos en un tiempo de gobiernos propios (para algunos, al menos, gobiernos amigos).
Es indudable que el esquema peronista de un solo sindicato por rama y una sola central en forma de confederación de federaciones sindicales (primero, tercer y segundo grado de organización) ha dado resultados concretos. Los trabajadores lo sabemos de sobra, y los que no se enteraron, lástima por ellos. Allí están los Convenios Colectivos de Trabajo, la enorme batería de legislación laboral que sentó jurisprudencia en América, las Obras Sociales, los hoteles y los hospitales. La relación con el Estado, próxima casi tocándose cuando se trata de un peronista que ocupa la primera magistratura (para bien y para mal), o de confrontación-negociación cuando las cosas vienen a contramano. Pero siempre guardando un márgen considerable de independencia por esa cosa “corporativa” que los radicales y los progres temen tanto.
Para el modelo cegetista los sindicatos son de Perón, los trabajadores son de Perón, ergo, los sindicatos son de los trabajadores. Sabemos que a algunos la lógica formal les disgusta.
Después está el planteo alternativo, en pugna, “clasista”. Algo así como los viejos planteos socialistas y/o comunistas (en la etapa “clase contra clase”). Independencia absoluta, cultura obrera en disputa con la cultura burguesa y el paraíso socialista como utopía conciente. La concepción de una clase obrera internacional y de una emancipación también internacional. A veces, la vida no es justa.
Soslayé al ideario anarquista, porque se sabe que anarquistas somos todos los que militamos en sindicatos (permítanme la humorada, me refiero al ideario libertario que anida en toda asamblea y en todo volante que hacen los compañeros).
Pero aún hay otro “modelo” más y lo separo a propósito (desde ya que nada es tan tajante, sólo trato de escribir una nota). Es el socialdemócrata, el progre impoluto, ese que habla de “barro” cada vez que se refiere a algún dirigente sindical peronista (o a algún dirigente peronista). El que está representado en el sentimiento profundo de la CTA, por ejemplo. Es un esquema que suena bien, que se toma de verdades a medias y es absolutamente inviable. Y digo esto más allá de que las circunstancias de la vida lo hayan llevado a uno a militar de tanto en tanto en esa “central” (había dicho ya que la vida suele no ser justa).
Estoy de acuerdo con la CGT, es mi organización madre (con toda la carga que implica hasta en lo personal). No veo mérito en “elegir” democráticamente al Secretario General entre pocos votantes que mezclan trabajadores sindicalizados, compañeros de organizaciones sociales y agrupaciones de todo tipo. No veo virtud en no tener Congreso Central Confederal y sí congresales con el brazo enyesado que saludan a una nueva burocracia vestida de hippies viejos.
El modelo sindical argentino debe ser el que más le conviene a los trabajadores argentinos. Pero no sólo esa premisa pragmática, sino también que conserve la unidad de los compañeros en sólidas organizaciones. La burocratización no es el problema, siempre es una consecuencia estructural y/o coyuntural del desarrollo capitalista nacional. ¿O alguno se cree que los sindicatos y el capitalismo no se llevan? Existen sindicatos porque hay capitalismo. Y, tras largas y amargas experiencias, sabemos que el peor dirigente sindical suele ser mejor que la ausencia de dirigentes y organizaciones sindicales. Porque hasta “don Carlos” –ese simpático patrón peronista- se quiere quedar con los aportes jubilatorios o el 0 Km si lo dejamos.
El presidente de la UIA, Héctor Méndez, llegó a decir que la Argentina “se parece a Cuba”. (... ) y alertó sobre una supuesta 'pérdida de competitividad' del sector empresario en el exterior. 'Cuesta salir afuera', insistió, a pesar de que el Ministerio de Industria difundió horas antes un informe en el que se destaca un nuevo record de exportaciones " (Página 12 del 08-09-2010).
Las declaraciones tienen relación con el anuncio de que el diputado Héctor Recalde, presentará el proyecto cegetista de coparticipación de los trabajadores en las ganacias de las empresas.
Sorprendentemente para este señor empresario, el artículo 14 bis de la Constitución de la Nación Argentina (no de Cuba), señala claramente que el Estado asegurará al trabajador la “participación en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”.
Podemos si agregar, que este artículo (que habla de derechos y garantías de los trabajadores) tuvo que ser incluído en la Constitución en la reforma propiciada por la dictadura cívico militar de la llamada “Revolución Libertadora”, para volver a la carta magna liberal tras el extraordinario texto constitucional de 1949. Aún derogando la “constitución peronista” por decreto de una dictadura, no se pudieron soslayar conquistas que los trabajadores tenían como derechos adquiridos y base de su desarrollo político, económico y social.
Pero volviendo al asunto: “El proyecto contempla la creación de 'un organismo tripartito, compuesto por los empleadores, la CGT y el Estado' para la implementación de la medida. También se conformará un fondo solidario para los trabajadores informales con una 'alícuota que puede ser de un 20 por ciento de lo que se participe', explicó Recalde. La iniciativa apunta a empresas con importantes márgenes de ganancia. 'Esto no significa que sea sólo para grandes empresas, ya que puede haber pequeñas firmas muy tecnificadas que registren utilidades abultadas', señaló. Para estimar ese margen se tomará lo que la empresa pague por el impuesto a las Ganancias. Las compañías no tributarán por la parte que distribuyan. 'La idea es incentivar la reinversión de ganancias', agregó el diputado. Quedarían exceptuadas las empresas sin fines de lucro y las cooperativas" (diario citado más arriba).
Con argumentos similares a los de Méndez, los antecesores de estos “empresarios” rechazaron a mediados de los cuarentas la jubilación y el aguinaldo para “sus” trabajadores. “Falta de competitividad”, “malas condiciones de la industria para distribuir”, y cuando no lisa y llanamente un “no corresponde” y/o “genera un peligroso antecedente”.
Y lo generó. Por eso justamente el peronismo sigue siendo “el hecho maldito del país burgués”, como nos enseñó el gordo Cooke. Fue un peligrosísimo antecedente que dio un nuevo aliento a una clase obrera fragmentada y subrrepresentada políticamente. No fue obra de la “manipulación” ni la “demagogia”. Los trabajadores, con sus dirigentes a la cabeza (esa vieja guardia sindical que venía de los ’30), diseñaron una estrategia concientemente, astutamente, para participar en la cocina del Estado. Visualizaron al grupo del coronel Perón que, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, iba cumpliendo lo que decía. Corroboraron que la estrategia era correcta cuando fueron contando los enemigos de Perón, que eran también los enemigos de los trabajadores. Fueron hacia Perón, Perón fue hacia los trabajadores y de ese encuentro nació el movimiento político y social más trascendental de la historia argentina.
Este ha sido hasta ahora un blog bastante vago (de vagoneta), se postea poco, no se está al tanto con los acontecimientos, se descuidan las efemérides, se pasan de tiempo los banners para colgar y no se los cuelga. Un tanto es desidia, otro tanto la cabeza en otra cosa, y una dosis considerable de ignorancia informática.
Buenas excusas. Lo principal es que este es un blog personal, el mio. Ni un diario, ni un medio de comunicación, la verdad es que no quiero ser periodista ni escritor.Y hay un poco de eso en todo esto ¿no? Cosas personales, individualidades, un poco de humo subido a la cabeza.
Así como la comida macrobiótica (ni que hablar de la vegetariana) será muy sana pero jamás la enarbolaremos en reemplazo de un bife, el bloguerío no reemplazará jamás a la militancia. ¿Alguien lo pretende? Creo que no, son cosas totalmente diferentes, pero algunos te la tiran, sin saber si además militás o no. Y no es que haya que sacar chapa de lo que uno vino haciendo los últimos treinta años, no hay que ser el Subcomandante de Trulalá. Hay fulanos a los que se les caen lo galones arriba de la mesa, allá ellos. Humildad y trabajo, como decía el querido Saúl (querido).
Estoy grande para discusiones pavas. A mi me gusta andar en este blog aunque me visite poco a mi mismo. Me gusta ver el de otros, comente o no, me encantaría hacerlo más. Me encantaría también estar ahora en Mar del Plata, qué se yo. Qué importa.
El blog así como es cumple un año. Uno lo mira y piensa: será tontito pero es hijo mio. En fin, felicitaciones a mi, me mando un abrazo peronista.
A veces uno no comprende muy bien... ¿Son algunos -casi todos- los "dirigentes" de la oposición emergentes de esta sociedad maltratada o es que la gente se toma licencias éticas -no creer en casi nada- porque la dirigencia política es poco sería y permite que tener una escala de valores sea una tarea pedorra?
Esto viene a mi asombro por las reacciones ante el discurso presidencial respecto de Papel Prensa (pero podría ser otro tema también crucial). Irresponsabilidad, hijaputez, estupidéz, complicidad, amor por el Enemigo, algo de esto les cabe.
La "oposición", aún los que se creen "progres" como el señor Solanas y el señor Lozano, se encuadran cada vez más en lo que conocemos como "sindrome de Estocolmo". Profesan una mal o nada disimulada admiración por lo peor que ha dado este pobre país. Se sacan fotos con la Mesa de agrogarcas, encuentran maniobras clientelísticas en el Subsidio a la Ninéz, sabotean la ley de Medios, y ahora desmienten contra toda evidencia el modus operandi de la dictadura para quedarse con empresas y darselas a sus amigos. Se llama "complicidad", porque no da para recomendarles una terapia.
La Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos dio a conocer recientemente datos en los que hay que reparar. Por ejemplo, que “Las 656 personas procesadas se pueden reunir en dos grupos: 325 imputados ya contaban con al menos una causa transitada a la etapa de juicio y, por otro lado, hay 140 imputados que alcanzarían en lo inmediato la etapa de juicio oral” (…) “desde el comienzo de los juicios ya fueron condenadas 123 personas, de las cuales 110 fueron encontradas culpables y 13 resultaron absueltas” (…) “En la actualidad hay 464 personas detenidas: 55% en unidades penitenciarias, 39% en detención domiciliaria, 4% en dependencias de fuerzas de seguridad y el 3% restante en hospitales y en el extranjero. El dato más importante es, sin duda, que ya no quedan personas detenidas en unidades militares.” (Tiempo Argentino del jueves 8-7-2010, página 5).
Unos días después, otro diario publicó: “(…) los resultados hasta el momento no son desdeñables. Se dictaron condenas. Se acaban de conocer en Santa Fe las penas solicitadas contra Mario Facino por el secuestro y el homicidio de una integrante de las Ligas Agrarias. En Rosario se leyó la acusación contra los imputados, entre los que están Ramón Genaro Díaz Bessone, por crímenes cometidos en el CE de la Jefatura de Policía. Por diez víctimas comienza en San Martín el juicio contra Reynaldo Bignone, Santiago Riveros y Luis Patti. El 9 de agosto se inicia en Mar del Plata el juicio por nueve homicidios en la Base Naval y entre los imputados está el entonces jefe de Inteligencia, Alfredo Arrillaga. Se está realizando en La Plata el juicio por crímenes cometidos en la Unidad Penitenciaria 9. Este mes (agrego: por agosto), además, se oirán los alegatos en el juicio por el CE Atlético, Banco y Olimpo. Los testimonios de sobrevivientes en los juicios por Esma, Vesubio y Automotores Orletti siguen su marcha.En septiembre, el juicio por la existencia de un plan sistemático de apropiación de niños.”
“En San Rafael, Mendoza, seis represores son juzgados por cuatro víctimas. En Córdoba, Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 27 imputados afrontan acusaciones por crímenes en el CE de la provincia. En Santiago del Estero el 10 de agosto empieza otro juicio contra Videla, Menéndez y Domingo Bussi (caso Kamenetsky). En el Chaco se oyen testimonios por la masacre de Margarita Belén contra nueve imputados. Y mañana (agrego: por el 2/8) empieza en La Pampa el juicio por secuestros y torturas cometidos contra treinta personas en dependencias policiales. Y la lista continúa.”
“Otro avance son los juicios contra civiles, como José Alfredo Martínez de Hoz, procesado por el secuestro de los empresarios Gutheim. En el caso Papel Prensa la Justicia Federal de La Plata investiga los secuestros y torturas sufridos en dependencias del Circuito Camps por personas relacionadas con el grupo Graiver, para desapoderarlas de las acciones y beneficiar a los posteriores dueños de la empresa, propietarios de grandes medios de comunicación (agrego: Clarín y La Nación, por ejemplo) .” (Miradas al Sur del domingo 1º-8-2010, página 18).
Es decir, esto es lo que se está haciendo en la “era K” y es por esto, entre otras cosas, que varios destacados representantes de las organizaciones de Derechos Humanos consideran que el “enemigo” ya no mora en la Rosada.
No es cierto que –como me dijera un militante radical ofuscado una vez- se actúe de esta manera porque ahora los militares ya no son un problema y todo lo que se haga reditúa políticamente. Hubo que esperar más de treinta años, soportar imposibles chantajes y miserias, enfrentar el descrédito de la Justicia y la política y, lo que es mucho peor, sufrir la afrenta de que alevosamente se vuelvan a llevar a un compañero como Julio López con lo que algo así significa, teniendo en cuenta también que se debió haber protegido mejor a los denunciantes-testigos.
Entonces, no hay milagros ni especulaciones. Esto sencillamente es defender los derechos humanos y mantener desde la política bien alta la memoria. Y que la Pando se encadene al infierno.
"(A pesar de que) la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Asociación de Empresarios de la Argentina (AEA), principales entidades patronales del país, (...) reclamaron ayer 'seguridad jurídica' y 'reglas claras' para el país, cuando muchos de ellos han pedido ayuda fiscal del Estado argentino para solventar sus millonarios proyectos de inversión ..." Leemos en el diario K de reciente aparición Tiempo Argentino (jueves 5-8-2010, "La UIA claudicó ante la AEA" pág. 12) con asombro, pero la cita sigue:
"...por ejemplo, el titular de Fiat, Cristiano Rattazzi tiene un proyecto por el cual está buscando capitales a través del Fondo de Financiamiento del Bicentenario por $ 300 millones. También Sebastián Bagó, titular de Laboratorios Bagó, presentó proyectos de inversión por $ 179 millones, y también está buscando el patrocinio del Fondo del Bicentenario. Cabe recordar que esta iniciativa del gobierno nacional se destina a inversiones a una tasa anual fija de 9,5% en pesos. (...) Adrián Kayfmann, del Grupo Arcor, también reclamó 'seguridad jurídica', no obstante busca presentar un proyecto por $ 60 millones, con el beneficio de la Ley de Promoción de Inversiones, la cual permite beneficios fiscales como la devolución anticipada de IVA, o la amortización acelerada de Ganancias. (...) Federico Nicholson, de Ingenio Ledesma, ingresó un proyecto de inviersión de la empresa Glucovil por $ 11 millones, también bajo el paragüas de esa ley."
Estoy cansado de escuchar en sobremesas familiares domingueras que tal o cual empresa, tal o cual ejecutivo, off de record y bajito dice que nunca ganaron como ahora, que este gobierno les permitió levantarse de la nada (o del desastre del 2001) desdiciendo la tirria y el odio de clase que destilaron minutos antes contra el binomio K. Entonces ¿cuál es?
Nadie está obligado a comulgar ideológica o políticamente con un gobierno (este por ejemplo) o una idea (el peronismo por ejemplo) porque la situación económica generada por estos le sea ampliamente favorable. A lo que si se está obligado es a no mentir. Sería justo (miserable también, pero justo) decir: "Nos está yendo muy bien gracias a las medidas adoptadas por este gobierno, pero no estamos de acuerdo con la redistribución de las ganancias ni con el gasto social que conlleva. Queremos retener el máximo de la ganancia". Duro, antisocial pero honesto.
De la misma manera, se puede decir algo acerca de vastos sectores de las capas medias que, con cara de tragedia, se lamentan de absolutamente todo como si un destino fatal los persiguiera. Teniendo dos macetas en el balcón como toda aproximación al campo, se condolían de la "agresión" que el gobierno inflingía a tan nobles sectores productivos. Envidiando marcas de cartera, acusaron una y otra vez a Cristina de "soberbia" repitiendo como loros lo que caía del multimedios de la sra de Innoble. Sin saber un carajo de economía, putearon cada medida, cada afirmación del Estado, nostalgiando sin ponerse colorados las idas épocas de la convertibilidad.
Esa ha sido la alianza neoliberal: victimarios con víctimas en pujante desborde. Ahora también se juntan, pero para lamentarse. ¿Y si el período K es más largo de lo esperado¿ ¿Y si "estos" vuelven a ganar?
Recordaba dos escenas. Una, la de un viejito caminando cerca de la Rosada que, de pronto, hace un gesto como de mandarlos a la mierda. Nadie lo veía, no lo hacía para que lo viera nadie, era él y su bronca. Otra, una kineseóloga que me atendió y deseaba que así como se le habían roto tejas de su casa con la tormenta de hace unos meses (todo ocurría en zona norte) se le rompiera el techo o la cabeza a Cristina en la Quinta. ¿Qué decir?
Es gorilismo, es antiperonismo. Pero también es pelotudéz. Por suerte hay mucho del otro lado y mucho para decir (no es en esta nota). Se ha recuperado espacio y mucha gente vuelve de esa actitud contrera y ciega. Pero asombra -desconcierta a veces- la caraduréz de los hipócritas y la correspondencia de los necios.
26jul2010, 19:58 – Escribo envuelto en la calefacción de una pizzería paqueta. A metros Colón sube y en la cima la mansión Ortiz Basualdo se mira; a la vuelta, pegada y escondida, duerme la casona de los Blaquier.
Hace cincuenta y ocho años es posible que en alguno de estos palacios de nuestra aristocracia (con olor a bosta), la mujer del casero arrodillada frente al retrato, vela en mano y la otra espantando las lágrimas –con esa cosa pesada que hunde el pecho- esté rezando. Esta noche sólo cabe rezar. Los patrones no vendrán hasta fines de noviembre (¿en qué ciudad de Europa estaban las señoras a esta hora?). Es posible también que los hombres de mando apuren una copa en Jockey. Motivos para festejo… Aquí, en Mar del Plata, la radio (bajita) marca los minutos de la desesperación. Anteayer marcharon. Hicieron una interminable llamarada de antorchas pidiendo el milagro que Dios no va a conceder. ¿Por qué no hay justicia, por qué no existe la justicia? Tiene sólo treinta y tres años…
Nos dio ocho y algo más de seis si contamos la acción directa, esa vida pública. Y nada más. Y con esos años dio vuelta el mundo. Sería yo otro escribiendo ahora si Ella no hubiera pasado.
La veo venir y seguir de largo; cuando trato de hablarle ya no está. Los libros me dan pistas, voy a los lugares, toco. Pero no. Vi los vestidos, las fotos de las fotos, el prendedor del escudo. Pero no. Y como muchos, leí al General primero para entenderla. Y entendí. Me hizo falta Ella para amar, sin embargo. Es la única manera de entender. Pasionalmente, fanáticamente (¿era así?).
Orillé la lucha sindical y las conquistas también tenían un mensaje para mí. Pero todo en un costado me hablaba de Ella. Y para qué hacer citas del incendio, de los conjuros populares cuyo poder reside en su cabellera suelta. En su voz agrietada y aguda de grabaciones que remasterizamos cada tanto, como para no perderla.
Pero se nos pierde. Ocurre que me tocó nacer cuatro años después y desconocer casi todo. Tuve que nacer en la edad oscura y lejos de sus ojos.
El corazón le sale del pecho. Vacila, no quiere levantar la cara. Ni oír la radio; que no transmita más nada. Se está por parar el mundo. Es eso. Pobre caserita perdida en la casona de los Ortiz Basualdo. El eco devuelve un llanto viejo, tan asustado. Se quedan en el Jockey un rato más. Está la mesa de siempre. Los abogados, los empresarios, los vacunos, los gringos amistosos, los políticos amigos de los gringos. Todos saben en lo más íntimo que deben estar juntos un rato más esta noche.
Y yo tan agarrado a otra Argentina, con morochos peinados y castaños desteñidos. Postmoderna de tanta lluvia ácida. Trato (mos) de recobrar el aliento, porque tal vez esta vez.
26jul; 20:25 – La radio brama lo que tanto esperaban. Descorchan champagne, se abrazan. El Jockey es una fiesta (otra fiesta después de tanto tiempo). Un gemido agudo de animal alcanzado por la perdigonada -herido de muerte- va por las habitaciones cerradas. La chinita llora a moco tendido. ¿Acaso Dios no existe?, acaso Dios no escucha a los pobres. La noche hace prisioneros en cada alma, la sirvientita la primera. Los mozos del Jockey, embanderados y pasantes entre las mesas. Uno se sale de línea, se cubre tras las cortinas y se agarra la cabeza, se arranca el moño y llora como un chico. Berrera como el huérfano que es. Y se queda así, en cuclillas en un rincón con un miedo tan grande como el futuro. Dios, qué soledad.
¿Cuántos han sido vengados? ¿cuántos fueron reivindicados, cuántos los rescatados? Menos, menos de los que sufrieron. La historia es así de puta, sólo cuentan los salvados (y siempre son menos).
Pero fue imborrable. Fue maravilloso. Una tormenta inesperada, un verano en el que todos los que nunca, veranearon.
Vengo de ese país, aunque no lo haya conocido. Reconozco guiños que van de mirada en mirada, para hundirse en el pelo negro de esta noche (voraz, feroz, compañera).
Es eso. Y ahora es esto. Año a año se nos van llevando a los que quedaban con los pies aún húmedos de esa fuente. Anécdotas grabadas. Y una pira que señala el rumbo de los muertos. Tragedias arrumbadas junto a maravillas. Es nuestra historia, grande y cotidiana. Es un rejunte de miserias y también de miserables. El cuadro de honor de los traidores. Y los perros de la guerra haciendo de próceres. Los asesinos. Ese tiempo mediocre de estar vivos. Nuestra personal historia. La familia de hijos y también de posguerra. Los miedos embaldosados y ese sentido común que nos ha sido tan esquivo.
Y este ahora concreto en el que la única verdad es la realidad. Es cierto que se puede correr la línea de la cancha, para hacerla más grande y que cada día quepa uno más. Ahora es ahora.
Igual tenemos metido tu nombre para empujar hacia la victoria, con el heroísmo de estos días (tan discreto). De última, siempre tenemos guardada esa bandera que flameará sobre las ruinas.
Obispo auxiliar de La Plata, Monseñor Antonio Marino: “las parejas homosexuales son 30 veces más violentas que las parejas heterosexuales porque consumen con más frecuencia estupefacientes” (…) “las personas que practican la homosexualidad padecen de más ansiedad y tienen más tendencia al suicidio” (…) “(estudios serios demuestran que) la fidelidad en las uniones homosexuales es muy difícil, porque tienen ocho parejas por año y hasta 500 en toda la vida”.
Cardenal Jorge Bergoglio, titular de la Conferencia Episcopal Argentina: “(el proyecto de casamiento de parejas del mismo sexo) es una pretensión destructiva al plan de Dios” (…) “No se trata de un mero proyecto legislativo, sino de una movida del padre de la mentira, que pretende confundir a los hijos de Dios”. Y en otra declaración anterior dirigida a las monjas carmelitas de la Ciudad de Buenos Aires: “Miremos a San José, a María, al Niño y pidamos con fervor que ellos defiendan a la familia argentina en este momento. Recordémosle lo que Dios mismo dijo a su pueblo en un momento de mucha angustia: ‘Que ellos nos socorran, defiendan y acompañen en esta guerra de Dios”.
Estas declaraciones –que no fueron las únicas- publicadas en Tiempo Argentino del jueves 8 de julio pasado (un diario K,obvio) sacadas ahora de contexto por mi y fuera de la discusión del proyecto de ley que esta Iglesia perdió (y otras como las Evangélicas que se manifestaron democráticamente y con igual nivel de brutalidad) para bien de la sociedad argentina, son contundentes. No tengo la pretensión de desacreditar a la cúpula eclesiástica y me molesta leer humoradas o sesudos análisis hechos por agnósticos, ateos o fulanos que profesan otras religiones supuestamente más progresistas. Medievales, discriminadores, hipócritas, qué más se puede decir. Me centro en esta Iglesia Católica que, hace muchos años, era mi iglesia. Alguna vez un cura querido me dijo que mi problema era que no soportaba la decisión de Dios de poner hombres en lugar de ángeles al frente de su Iglesia. Es cierto. Lo que no soporto, además, es que una oscura y maravillosa secta judaica lanzada al mundo pagano haya devenido en esta basura.
Sería justo decir que cuiden la banda de pedófilos que les hace gastar tanto dinero (el Vaticano sigue pagando indemnizaciones y silencio y no puede menos que aceptar el desastre moral inocultable). Sería más justo recordarles las complicidades nunca desmentidas y cínicamente “autodisculpadas” con la dictadura militar de 1976. Dieron vuelta la cara, pero no para ofrecer la otra mejilla, sino para no ver a las Madres y para no inquirir a los asesinos. Aramburu, Tortolo, Bonamín no eran una excepción, eran una política. Porque la Iglesia Católica hace política y la peor de las políticas.
Así como no me gusta que me muestren el peronómetro, no voy a sacar el teonómetro para ver quiénes son o no los verdaderos cristianos. Ensuciaron todo, no hay remedio. Son la pasta base de los pueblos.
Me duele la puteada y me reconforta a la vez. No somos todos iguales, hay una subhumanidad que quiere impedirle a las mayorías reconocerse en los cambios, en la naturaleza y en el propio devenir de la sociedad. Haber suplantado al Imperio Romano no les da derecho de regir las vidas de cada uno. La vida sigue y seguirá sin “juicio divino”, sin “guerra de Dios”.
Hace muchos años que no espero ver a Jesús blandir el látigo para echar a los mercaderes del Templo. Hace tiempo que se que los mercaderes dirigen el Templo y blanden el látigo sobre cristos sin voz. Hay muchos católicos que dan testimonio de vida, de “opción preferencial por los pobres”; existe aún por suerte la “teología de la Liberación”, no es cuestión de meter a todos en la misma bolsa. Pero hoy lo que quería decir es que como institución, son una mierda.
Ocurrió en una de esas raras salidas a solas con el viejo. Iba caminando de su mano rumbo a casa tal vez o por el centro, que era como visitar su reino (que ahora se ha convertido en el mío). Pasamos poruna casa de ropa para hombres: Halsey o James Smart y se detuvo. Le gustaban particularmente esas tiendas que yo desconocía y cuya contemplación prolongada me aburría. Mis ojos pasarondistraídamente por el espejo que cubría una columna de la vidriera.
Yo era un nene de lentes feos de unos ocho años, llevaba un tapado gris y un sweter tejido por alguna de mis abuelas, pantalones largos de salir porque era invierno y zapatitos lustrados. Aún me cortaban el pelo con media americana y el flequillo a lo Marrone. Seguramente no me fijé en mí, esa es una costumbre de la adolescencia que aún me encandila cuando me siento a tomar un café frente a un espejo.
Ese día -u otro día- el viejo había entrado en confesiones políticas con su hijo mayor. Ibamos doblando la subida de la panamericana a la altura de Vicente López en el Gordini que teníamos en ese entonces, cuando subitamente y como siguiendo alguna noticia en la radio del auto en la que yo, desde ya, no había reparado, me dijo que iba a votar a la UCRI porque le gustaba Frondizi. Que siempre había sido radical, pero que Frondizi había hecho bien, porque era muy inteligente y había que hacer partidos nuevos. Que empezaba una nueva época y que todo era muy, pero muy importante.
Pregunté qué era votar y me dijo que los militares se iban a ir y que por eso, la gente tenía que elegir al presidente. Me impresionó eso de que todos votaran al presidente y mucho más que el presidente no tuviera que ser un militar, aunque creo que no entendí muy bien qué cosa era votar. Lo claro era que se hacía entre mucha gente. Fue todo, pero esa era la primera charla política de mi vida. En casa no se hablaba de eso y si lo hacían, los chicos nos habíamos ido a la cama. Se que comentaban siempre el noticiero de Radio Colonia, pero eso era muy tarde y yo me levantaba a las seis para ir al colegio. Después de eso no hablamos de política hasta que fui más grande y, como era de esperar, nunca estuvimos de acuerdo.
Aunque si se hablaban de política en casa, ocurre que yo no sabía que esos temas tenían que ver con la política. Recuerdo que decían cosas de alguien que había sido presidente antes de que yo naciera y lo que decían no sonaba muy bien. El viejo decía “el dictador”, “el que está en Madrid”, “ese”. Un innombrable. Enganchando un párrafo con otro, pude reconstruir después una trama. El viejo era profundamente antiperonista, tanto que se había sacado el brazalete negro que le obligaron a ponerse en el banco cuando murió Evita (aunque incomprensiblemente también supe, años después, que respetaba a la Señora). Decía que no lo ascendieron por eso. Y mamá contaba que en su casa de soltera se habían refugiado monjitas con las que ella trabajaba como maestra, porque las perseguían y hasta el hábito habían tenido que dejar para que no las reconocieran. Y otras historias... de la gente que se había envalentonado con el peronismo. Mamá contaba que el abuelo escuchaba atentamente los discursos de Perón por la radio y decía que estaban ocurriendo cosas por las cuales el país iba a cambiar para siempre. Su padre había muerto en el '48, dejándola con una soledad que aprendió a compartir consigo misma y que aún le dura.
Pero volviendo al tema, los militares los habían librado de Perón, pero no del peronismo. “Esto no se acaba más” rezongaba el viejo. Encarnaba la forma no peronista de ascenso social (en el país peronista). Inmigrantes, conventillo, madre abnegada, un padre perdido en el humo del toscano desde el umbral de la casa alquilada en Coghlam, el laburo desde los trece años, el trabajo en el banco de Italia, el hijo único y la madre viuda. El hijo casado, la casa propia, el crédito, el auto, el hijo. La sistemática compra de electrodomésticos para la madre que se resistía a tanto artefacto pero que se hizo adicta a la tele. La compra de la casa alquilada para la madre. El velorio de la madre en su casa en el '63 y el camino del desconsuelo que guardó en trajes de sastre y las ganas de conquistar el mundo.
Nunca me dijeron quién era el tal Perón, pero seguro que nada bueno. Alguien violento, que enardecía a la gente y prometía venganza por la radio. Valores no cristianos. Alguien que vivía como un rey en España con todo lo que se había robado. Y la queja por tanta y tanta gente que seguía siendo peronista.
Algo no encajaba. ¿Por qué toda esa gente insistía con algo que a mis padres les parecía una pesadilla? Sin duda, algo tremendo y terriblemente importante había pasado justo antes de que yo naciera.
Y entonces, dimos ese extraño paseo del que hablaba al principio. Seguimos caminando para buscar el coche –que ya era un Peugeot 403- y pasamos frente a un puesto de diarios y revistas. El viejo hizo más lento el paso como deteniéndose casi y señaló una foto. Yo sí me paré y él me tironeó nervioso.
Era una foto coloreada como las que había visto en una visita a Luján, con un señor muy sonriente y magnífico en su uniforme verde oliva montado sobre un enorme caballoblanco con pintas negras. Apurando ahora si el paso, me dijo como en secreto: “Ves, ese es Perón”. Me recomendó que no repitiera el nombre porque estaba prohibido, pero que ya lo iba a escuchar porque se venían las elecciones. Pero que Perón no podía participar, porque los militares nunca iban a dejarlo volver al país.
Quedé confundido, porque el tal Perón al parecer también era un militar. Hasta tenía caballo. Parecía un prócer fantastico aunque un poco antiguo. Bueno, como todos los próceres que más tarde me darían y quitarían el sueño.
Le duele el juanete. Lo dice mientras lo lava con agua de alivour en una palangana. Cosas de ponerse vieja, podría pensar ahora pero mi tía María no está viva ahora. Estaba viva en los sesentas cuando me pasaba el fin de semana en la casa italiana que había construído el tío Miguel, que para eso era albañil o maestro mayor de obras o tano incrédulo porque no se sabía en qué región y en qué país lo había dejado la guerra del 14. Son los viejos. Esos que no hablaban de política ni de religión porque se armaba la podrída y todos se terminaban tirando con migas de pan y a veces soda. Los domingos eran así. Mucho ruido, mucha familia enrraviolada con menudos de pollo. Y el pollo pobrecito venía del gallinero que estaba al costado de la casa. Muchos domingos de abuelas y de tíos que han pasado a la historia como el país que ha pasado a la historia. La tía María que te dice "piojoso" con un cariño incomprensible hoy en día. Si le contara del tuiter y del feisbuc, si les contara todo el océano que cruzamos para llegar acá, justo en el lugar en el que ellos vivían su domingo en pijama... Estamos viejos los chicos de esas casas, y si, estamos algo más viejos. Y todos esos mayores que no nos vieron. Qué decirles hoy a esta hora de la noche en que no se por qué me vienen todos y miran lo que escribo sin entender qué carajo estoy haciendo en vez de ir a dormir que mañana hay que ir al trabajo. Es el blog tía que hace mucho que no escribo nada, porque a veces no se me ocurre nada como cuando me hacían dormir la siesta de prepo y me la pasaba pensando con los ojos abiertos. Queridos viejos, les quiero decir algo, ¿saben? el país se construye como ustedes decían pero es más complicado. Qué les voy a contar de heridas si ustedes se despertaban sin saber si todavía estaban en el conventillo, sin saber si esa sábana planchada les era propia. Eran las épocas del ascenso social y la familia sabía un rato largo de eso. No pudieron enseñarme porque yo ya estaba allí en el escalón que me dejaron y sin la historia de lo que había costado. Por eso uno puede ser hoy el "marquesito" mimado, el del postre hecho en casa con huevos del gallinero (otra vez). Bien vale esto aunque no se entienda para reconocer todo el laburo acumulado en cada pensamiento que uno tiene y se cree que es propio. Cada idea llevada en andas por todos los días desde la cinco de la mañana en la obra, en la cocina, en el planchado, en el banco, en la feria, en el corretaje. Mucho laburo acumulado. Uno es el producto de todo eso, el producto de un país silencioso que saluda por la calle a los vecinos, que saca la silla a la vereda y ve pasar a los conocidos. Que se la pasa a la noche viendo los fúnebres para ver si se murió un conocido y mandar el pésame. ¿Saben? parece que no tengo nada que ver con estas historias y sin embargo, a medida que me voy volviendo cada vez más grande, me vuelven y me dan vueltas. Todos ustedes. Los quiero tanto como al futuro que no se qué mierda es y si va a venir algún día. Todos ustedes en medio de este departamente cuando me junto con mis hijos los domingos a comer y ver series y hablar de la vida mientras suena siempre de fondo la acústica que no se tocar pero Emiliano si. Diferentes domingos. Diferente país y el mismo. Quiero un puente entre todos, para volver a verlos y que vengan a visitarnos, que tanta falta nos hace. Porque no se puede soñar sin mística, porque no se puede creer sin tenerlos de cerca. Así es el país que necesito, el que ustedes deletreaban y en el que yo me comía los ravioles con estofado. El que tenía los mismos enemigos pero más crecidos. Como crecí yo y tantos, con la diferencia que a mí me criaron ustedes, viejos queridos.
Seis millones de personas visitaron el Paseo del Bicentenario entre el 21 y el 25; más de 250 mil personas degustaron comidas regionales en 72 puestos gastronómicos de las provincias; seis mil personas por día visitaron cada uno de los 45 stands provinciales e internacionales, lo que hace un total de 270 mil personas diarias; en el stand bonaerense se vendió un promedio de 2 toneladas diarias de dulce de leche; en el stand de Salta, mil empanadas y 100 mil litros de locro; en el de emprendimientos de Desarrollo Social, 1200 litros de aceite de oliva y 800 docenas de pastelitos; a los festejos se acreditaron más de dos mil periodistas argentinos y cien medios internacionales; participaron 15 mil personas en los desfiles, contando 4500 en el desfile de la Integración, dos mil en el Federal, cinco mil en de las Fuerzas Armadas y de seguridad, y 3500 artistas en el del Bicentenario.
Son algunos de los números que tira Página 12 (Página 12, 26-5-10, “Los números de la fiesta”), pero podría ser también Clarín que decía más o menos lo mismo. Así de contundente e indiscutible. La fiesta completa.
La consigna repetida –entre muchas otras- de “Festejemos Juntos” fue tal vez la que mejor reflejó el sentido profundo y compartido. Interpretar que allí hay 6 millones de votos sería una estupidez, pensar que los que fueron son oficialistas, medio-oficialistas, estánenvíasdeseroficialistas también. Estuvieron todos los que quisieron estar, y eso incluye a los argentinos que no quieren al Gobierno. Es cierto, como también sería otra estupidez peor aún argumentar todo lo contrario. Pensemos un rato juntos, compañero…
No se trató de una fiesta K, pero sin dudas es el Gobierno de Cristina (de la Señora y Compañera) el que mejor puede capitalizar los festejos del Bicentenario, por la organización, la participación popular avasallante, la propuesta, la calidad, el espectáculo, el cuidado y los valores desplegados. El patriotismo lo pusimos todos, eso si. El Gobierno sale fortalecido y sigue revirtiendo la imagen negativa que nos dejara el conflicto de la 125. Lento, pero a paso firme.
Ahora bien, ¿qué le pasó a nuestra gente por la cabeza y el corazón en estos días? Muchas cosas y muchas contradictorias. Un sentimiento nunca desmentido de Patria, de amor profundo por la Patria que no se veía en el día a día. Unas ganas tremendas de festejar y tratarnos bien. Una necesidad de ver mejor al país y a nosotros mismos. Porque está mejor. No bien, sino MEJOR. Y también una inquebrantable –aunque callada- voluntad de reconocernos en la diferencia y a pesar de las diferencias. No todos pensamos lo mismo, ni visualizamos las cosas de una sola manera. Pero la mayoría –y es la inmensa mayoría- no apuesta al fracaso ni cree vivir en un “país de mierda”. Casi nadie quiere que nos vaya mal para amortiguar la propia falta de autoestima. Es cierto que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza, como también que el intento de ser felíz colectivamente supera enormemente la satisfacción personal del éxito (y el que no lo siente, no lo siente y lo lamento mucho).
Ambigüedades de sentirse quebrantado (ese soy yo) ante el desfile militar y la marcha de la Armada, tanto milico suelto y quémimportaqueseanlosquenacieronendemocracia, respirar hondo mirando a los miles que aplauden, cantan, se miran en esos uniformados que algún día terminarán de honrar el uniforme de San Martín y Belgrano… Cómo no reconocer que el “Febo asoma” en miles y miles de gargantas al paso del sufrido Ejército de los Andes no arrancaba una lágrima secreta.
Los pibes cantando en los recitales, los pibes trepados a todo para mirar de más arriba –como es su destino, mirar el país de más arriba que nosotros-, los pibes balbuceando la historia y pasándoselas entre el mate, el abrazo, la salsa. Y serios en el himno del 24 a las 24 cuando la Sole paró de cantar. La Patria era una cosa seria y se los pudimos transmitir, no es una boludéz compañeros.
En la Patria se nos va la vida y nos viene. La alegría es la Patria, no sólo el dolor. Por eso la democracia de hoy terminaba con la carroza que invitaba a invadir la calle y bailar todos con todos.
El Bicentenario nos devolvió por un rato la mística a la gran mayoría, porque esto es un asunto de mayorías o no es nada. Ahora tenemos que decir una y otra vez y otra vez y otra vez que este proyecto de país popular, latinoamericano, con base en el trabajo y la producción, inclusivo, diverso, es el que conviene continuar y profundizar.