viernes, 15 de septiembre de 2017

EL DIABLO ENTRA POR EL BOLSILLO

Esa fue la frase que descargó el Papa Francisco en Medellín en una misa multitudinaria y ante la iglesia colombiana,  en su reciente visita a ese país.

Y más allá de vericuetos escatológicos, vale lo dicho para meterse en cuestiones más que interesantes... Es tradicional la crítica de la Iglesia Católica al  lucro (en la Edad Media se oponía al cobro de interés por considerarlo usurario, a la par que acumulaba propiedades donadas por la nobleza), al consumo deidificado, a la vanalidad del ascenso social desenfrenado como guía para la realización personal. Algo de razón tienen, pero no toda.

El peronismo es la doctrina y realidad (efectiva) que más se ha preocupado por el  ascenso social vía aumento de salarios y posibilidades para las clases subalternizadas (por la oligarquía y sus secuaces a lo largo de la historia contemporánea). Le ha metido plata en el bolsillo a mucha gente, y ha tratado de mostrar el camino de la realización individual en la única posibilidad deseable de la realización social. Es eso de que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Exactamente lo contrario al  liberalismo depredador que impulsa siempre una carrera insolidaria en la que debe haber si o si, ganadores y perdedores.

El último peronismo (el peronismo K, tan denostado hoy en día) duplicó el número de fulanos y fulanas que pueden considerarse como de "clase media". Por ingresos, por nivel educativo,  por acceso a los deleites de un mundo globalizado... ¿Se olvidó de los valores? Un tanto, si no dígame cómo se  explica que tantos energúmenos piensen que su esfuerzo personal es omnipotente, que de hacer velas y practicar el trueque en el 2001 hayan pasado a auto, vacaciones, mejor laburo, y más... Algo falló.

Ascender socialmente no es sólo poder consumir más, es cierto. Pero es imprescindible poder consumir más o simplemente consumir las cosas que un mundo globalizado muestra hasta partir la cabeza por todos los medios digitales a su alcance y a tu alcance. La gente se entera que hay otra vida... y que no es la de ellos. Eso genera esa desagradable idea de que uno "no está adentro". Y rencor. Ahora, la cosa es que también generó rencor el haber consumido, rencor hacia los que posibilitaron que el famoso esfuerzo personal (romperse el culo o el lomo, como prefiera) vale porque hay una sociedad más igualitaria en la que eso "vale".

El peronismo siempre regala, por ejemplo regaló hasta el cansancio la normalidad de una situación que nunca fue normal en la Argentina. Lo del país con oportunidades... una mierda, sólo con el peronismo hubo oportunidades. La derecha jamás dio oportunidad a nadie que no fueran los que estuvieron siempre llenos de oportunidades. La victoria de los ganadores. Y encima...

Nos la pasamos hablando de derechos, de conquistas y todo eso. Y a veces me anda pareciendo que no queda claro qué queremos decir. Aún muchos beneficiarios de los "derechos" se vuelven como perros rabiosos hacia la mano que les dió... Pasa. Y entonces es en ese momento en que estoy de acuerdo con la frase de que el diablo entra por el bolsillo. No es por el dinero, sino por la fantasía de la autorrealización en soledad, en contra de otros.

Hay déficit de "predicadores", como esos que Perón envió por los caminos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión hace mucho, hace milenios. Porque la militancia, con todo su enorme valor, no puede suplir a una porción importante de la población convencida de estas cosas de los derechos, la justicia y la solidaridad social, y que de tanto estar convencidos, van y las enseñan. No están convencidos y no lo estuvieron en estos doce años. La fácil es pensar que la culpa ha de ser de Cristina, como lo del huracán Irma y el calentamiento global, Hotesur y la trágica muerte de Kennedy.

La difícil -porque nos involucra- sería ver que al pueblo en general, y no en particular, se lo conquista en cada época y que no se tiene la vaca atada. Y también que somos muy gente difícil,  nosotros incluidos.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

ESTADO DE DERECHA

La democracia política se ha instalado como idea central desde aquel entusiasmo alfonsinista de 1983. Es una realidad que a muchos de nosotros -venidos de épocas verdeoliva y de otro planeta tecnológico, casi mecánico- tardamos en reconocer. Pero está y es un valor que sólo una minoría insignificante puede discutir. Se trató en estos años de ver qué tipo de democracia se acomodaba mejor al pueblo argentino. Y se probó... para qué hacer el raconto, debería ser cosa sabida.

La gran novedad es que la derecha ha conseguido llegar al gobierno por medio de elecciones, ganando con votos (y no botas). Para los enamorados de la alternancia y ese tipo de cambios, debería ser una prueba de la vitalidad del sistema y, a la vez, una garantía de futuro. Para otros, cabe la oscura duda sobre si la derecha  es capaz de minar las bases del acuerdo que permitió que la democracia política llegara a ser ese valor tan deseado y tan escamoteado a la vez por tanto tiempo.

En la mitad del período presidencial se verifican los cambios operados que nos ubican más cercanos al "mundo", claramente como periferia. Lejos quedó  aquel crecimiento del 2,5 exhibido por este gobierno para anunciarse como demandante del crédito internacional en los primeros días de su mandato, y que claramente legitimaba el repunte que el anterior gobierno "populista" del peronismo había logrado. Era para afuera (y ratificaba lo que los de afuera ya sabían), porque puertas adentro el panorama relatado era devastador. La derecha iba a reconstruir el país y ponerlo en su lugar, solamente "haciendo lo que hay que hacer".

Ese "deber ser y deber hacer" se tradujo en limpieza de los empleos estatales primero, en un magistral boleo en el orto de todo aquello que se calificó como  "basura militante" (kirchnerista) y que, en realidad, era el personal de todos los programas y políticas que el elenco de Cambiemos consideraba que el Estado no debía seguir llevando a cabo. Básicamente, cuestiones asistenciales y de promoción social, cuando no instrumentación práctica de derechos reconocidos y adquiridos por sectores vulnerados (y no vulnerables) de la población. En paralelo, se provocó una devaluación jugando con el precio del dólar y se desarticuló el mercado interno. Las víctimas fueron la pequeñas y medianas industrias, y el dato del desempleo privado aumentó. Se pusieron a los pies del "mercado" cuestiones básicas. Si antes los pobres seguían siendo pobres, pero comían, se vestían y soñaban con algún escalón en el ascenso social, las políticas del gobierno les sacaron violentamente  el piso y cayeron. La pobreza aumentó y sus lacras también.

Los sectores medios -en su amplia, dinámica y enloquecedora diversidad de situación- se agarraron al colchón generado en los años pérfidos en que gobernaba la "cretina" y aguantaron mejor que los otros; aún aguantan. Esta crisis generada desde arriba (¿habrá algún otro tipo de  crisis?) no los agarró como en el 2001, sino un tanto más rellenitos, más viajados y más  cómodos, más allá de toda representación  imaginaria en contrario que se venda por ahí. Y los acomodados de siempre, que antes ganaron mucho, ahora ganaron sin trabas y jugando con reglas propias, es decir sin reglas.

El desconsuelo de algunos, póngale desengaño, dígale arrepentimiento, o llámale H, no llegó a expresarse en el voto de medio término, no al menos en las recientes PASO. La apuesta por la promesa liberal (tan conserva) continúa y continuará. Así y todo, no pudo ser doblegada la fuerza política más importante de oposición ni su candidata, tan vituperadas, puteadas, estigmatizadas, basureadas, insultadas, piscopateadas, ambas dos. Conserva el tercio de hierro y altivo, si  bien estamos lejos de aquel casi 55% milagroso. Bien, hasta aquí solamente alternativas cotidianas de la política.

El componente inquietante apareció con los cambios en el manejo de las fuerzas de seguridad, con más maniobras represivas que consensuales, con más ferretería antidisturbios comprada en un lejano país especializado en la política antimotín interna y exhibida aún en cuotas homeopáticas. El gas pimienta como arma ofensiva, la manguereada de los hidrantes y la carga de infantería contra manifestantes de cualquier cosa se hizo cotidiana. Y se agrega peligrosamente la inocultable desaparición forzada de un manifestante, Santiago Maldonado.

Maldonado. Un tipo alto, flaco, jipón, que sale en defensa de la causa mapuche en legendaria disputa  contra Benetton. Insospechable de activista  político partidario, y menos un K. A muchos nos gustaría tragarnos la saliva y las palabras, y que Santiago apareciera perdido por ahí y vivo. Diríamos  "exceso de celo" por cuidar la democracia y la vida de las personas. Lo que sea, pero estaría  vivo y seguiría con su vida de la manera que el eligiera, porque podría elegir. Pero las miradas, de acá y de afuera, se dirigen a Gendarmería sin que el gobierno  haga otra cosas que inventar pistas falsas, encubrir y mostrar su profundo desprecio por  cualquier tipo de militancia que no se avenga con el (su) sistema. Y para coronar, tras la multitudinaria y familiera marcha que exigía la aparición con vida de Maldonado, el gobierno monta un espectáculo grotesco y canalla de distubio y antidisturbio, con los mismos actores de reparto.

Nos habíamos mal acostumbrados a  las puestas en escena de funcionarios (con presidente incluido) saludando a la nada y tomados por cámaras más que amigas, recorridas por barrios con mucha utilería y casuales encuentros guionados con vecinos-actores. Era inquietante, pero lo último fue peligroso.
Si se agrega el manejo desprolijo -que raya lo fraudulento- de las elecciones Primarias, cargando en el Correo datos a conveniencia del gobierno, falseando actas de mesas en las que la principal oposición aparecía con cero votos,  bueno... Creo que para dos años es un poco como demasiado.

La derecha no entiende la democracia, salvo que sea la vanalidad del esfuerzo individual  con visos manualisticos de auto-ayuda. No entiende el concepto de  partido político y  lo confunde con una organización no gubernamental, o una fundación cuyos fondos no se registran ni se supervisan. Tenemos una derecha torpe, una derecha bruta.

La locura contra Cristina Kirchner comenzó cuando se avanzó con los juicios al Terrorismo de Estado, cuando se avanzó con esos "no uniformados" que participaron en la planificación, el diseño y la ejecución del Proceso de Reorganización Nacional. La dictadura es Cívico-Militar y estaban dispuestos a entregar militares (Videla murió en el baño de su celda común), pero no quieren permitir que se juzgue ni se cuestione a los civiles. Muchos eran muy jóvenes y aún actúan, muchos nutren a este gobierno que está legitimado por el voto ciudadano.

Pese a todo, uno tiene esa confianza inexplicable sobre las reservas democráticas del pueblo, aún por las de muchos que han votado a derecha. Porque, como se decía al principio, la democracia política es un valor compartido que ha llegado para quedarse.

Ninguno de nosotros quiere enarbolar banderas sobre las ruinas de la Patria. La amamos mucho.

Demasiado. Porque de verdad creemos que la Patria es el otro. 

jueves, 17 de agosto de 2017

A CADA FULANO LE LLEGA SU SAN MARTIN

Todos tenemos un San Martín. Por lo general, encaja con el que elaboró Mitre en noches de liberal y fecunda borrachera literaria para enseñarnos al Padre de la Patria, y de paso, decirnos qué debíamos pensar sobre qué cosa era una patria. Mitre fue el presidente que llevó a la Argentina -recién estrenada- a su primer conflicto internacional, una carnicería asqueante llamada pomposamente "guerra del Paraguay" e inauguró un ejército "nacional" que era la exacta contracara de los regimientos que comandara Don José. Ejército colonial, ejército Libertador. Y así comenzaron las representaciones.

El montado en el caballo blanco que se le movía el brazo con sable, cuando se jugaba a los soldaditos y no eran yanquis en la segunda guerra. El de la estampita de billiken, serio, con  la bandera de  fondo. El de los desfiles militares, el de los militares. Qué cada uno piense cuál es su San Martín.

A mí el General me pareció siempre popular, antioligárquico y anti imperialista. Vale decir que los dos últimos términos no se usaban en su época como pudimos entenderlos de los sesentas para acá; pero si se condice con las cosas que pasaron. Fue popular si uno se fija en su obra secreta (ocultada) que fue el gobierno de Cuyo. Realidad efectiva, banque a los sectores más humildes, integración de indios, altos impuestos a los pudientes, y todo eso para bancar la guerra de la Independencia contra España  o, mejor dicho, en ese conflicto que fue una guerra civil entre americanos, unos  a favor de España (que algunas veces también marchaban con tropas peninsulares) y otros a favor de algo difuso pero sentido, que el General llamaba "la Patria Grande". Remiso y arisco con la "aristrocracia" criolla, que iba de la mano con los comerciantes (contrabandistas) de la Portuaria BA... de Rivadavia ni hablar. Y lo de anti imperialista es más fácil, porque se recita desde la primaria con  eso de que liberómediocontinente... del imperio Español. Y agregamos: y de cualquier  otra dominación extranjera.

Bancador de una clase de gente especial: de caudillos, que muchos fueron antes de eso sus soldados; de conjurados y él lo fue en un par de logias; de belgranos, de Belgrano. Disciplina militar en la tropa, claro, y también viveza criolla en la pelea, guerra de zapa (o, para buenos entendedores: guerra de guerrillas). A nada de esto el Gran Capitán le hizo un asco.

Eso de San Martín, Rosas, Perón  puede ser un tanto forzado, una construcción  de la segunda mitad del siglo XX, es cierto. Pero es infinitamente más sincero y real que un San Martín, Caseros, Roca. Y nunca va a ser San Martín, Uriburu, Videla. Nunca. Entonces...

San Martín también te llega. Mire usté, la patria estaba en ruinas -como cada tanto- y apenas la bandera flameaba en algún lado. Uno había perdido la fe en la Patria que inventó San Martín. Y apareció uno, que no era libertador, ni puede desde ya empardarlo, pero apareció de  la nada y, a mi, me devolvió la Patria de San Martín con creces. Fue en mayo también, pero del 2003. Porque la Patria es una esperanza.

¿De qué lejano exilio volverá en la próxima? Pasa que San Martín siempre vuelve, y la venia hoy se la hacemos con los dedos en V.


martes, 15 de agosto de 2017

CON EL PASO CAMBIADO



El oficialismo salió a festejar pronto (apenas habían pasado las nueve de la noche) y mal. La puesta en escena a la que nos tiene acostumbrados (en Costa Salguero con su "dueña" sonriente, la posible futura diputada nacional y ex Coas, la actual jefa de la Legislatura porteña Carmen Polledo). Alegría, mucho globo, papelitos, pantallas gigantes, onda fiesta electrónica creamfields, jóvenes cool. Y mucha -pero mucha- venta de humo. La cuestión era mostrar un triunfo nacional, y de paso tapar la indefinida elección en la provincia de Buenos Aires enfrentando a CFK.  


Las PASO operan como una gran y costosa encuesta nacional, ya que son pocas las fuerzas políticas que las utilizan para elegir candidatos en vistas a la elección nacional efectiva. Y como son útiles en tren de ver cómo viene la mano, vamos paso a paso a pensar en voz alta. De lo que lea, estimado compañero, algunas cosas ya se les habrán ocurrido o se las habrán comentado; con  otras espero sorprenderlo. Bien...


La Bonaerense

Cristina no iba a ganar por diez puntos, ni por cinco, como se ilusionaban (engañaban) muchos compañeros con tanto entusiasmo como desapego de la realidad. Tras la derrota de 2015, era lógico pensar que el panorama no cambiaría tanto, porque el famoso descontento que aún no se verifica en toda su dimensión no suele trasladarse automáticamente al voto, así como así. Pero si se podía ganar por poco, y también perder por poco. Igual no pudo ser; luego de la fiestita para los medios la orden que bajó al Correo fue la de cruzarse de brazos (y ahí está el video ¿no?) y no cargar una mierda, salvo los distritos favorables al candidato Bullrich. Como sabemos, la cosa se fue poniendo espesa y cuando los guarismos se equipararon, se paró del todo la carga del escrutinio provisorio (faltaban 07 centésimas para que la exPresidenta pasara al frente). Es posible que termine ganando, pero lo real es que el gobierno mostró su costado fraudulento (bien republicano, como aquello del "fraude patriótico"), manipulando datos que nadie podía controlar como correspondería. Por las dudas, el presidente se cuidó bien de decir que habían ganado la Provincia de BA. Vidal festejó no obstante, sufrió un poco ante las cámaras y suplicó que no aflojemos porque el cambio se consolida. Menos mal.


Digamos que CFK ganaba 14 de los 24 partidos del conurbano. Clarito triunfo en Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Esteban Echeverría, Ezeiza, Florencio Varela, José C. Paz, La Matanza, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Merlo, Moreno y Quilmes. En Hurlingham lo hacía por menos de un punto. Para conocimiento de la gilada, digamos que los Intendentes cumplieron y bien. Por su parte, el simpático de Bullrich triunfaba cómodo en San Isidro y Vicente López, y con menos pero lo suficiente en Morón, Ituzaingo, Tres de Febrero, Lanús, San Fernando, San Martín y Tigre.


En La Matanza (escrutados el 86,28%) Unidad Ciudadana ganaba con el 46,3% (Cambiemos 24,8), con picos espectaculares en lugares como Virrey del Pino: en muchas escuelas superó el 70%. Por decir algo, leyendo diarios.


La avenida del medio de Massa es de ripio, va al costado de la autopista, y está poco transitada. Usar la grieta, tanto contra ajustadores como contra corruptos, no funcionó. No fue polarización sino falta de realismo, para una fuerza política que acompañó casi todas las iniciativas legislativas del oficialismo nacional y provincial. En fin. 


Lo de Randazzo no voy a comentarlo porque no dseo perder tiempo en un fulano que me cae mal, que considero un desagradecido y mal parido. Espero que sus seguidores sencillamente lo abandonen y piensen de dónde vienen, ya que parecen no saber a dónde van.


La cuestión es que un 65% de bonaerenses no acompaña a la mejor gobernadora de la historia. 


La Porteña

Una brutal elección de Elisa Carrió, que arañó el 50%. El PRO gobernante está asentado en la Ciudad sólidamente, vino para quedarse y con este dato duro (muy duro) habrá que hacer los análisis y proyectar lo que sigue. Filmus cumplió su parte (Unidad Porteña es la segunda fuerza, aunque no pudo romper ese sólido 20 a 24% en el que nos arrincona la vecindad) y se confirmó que la estrategia de unidad planteada por Víctor Santa María era correcta. La entende entre el PJ tradicional y La Cámpora (el núcleo básico del acuerdo) mantiene unido al espacio y permite alianzas hacia el progresismo y también hacia sectores más "prudentes". Lo dicho ya en el anterior "Las reglas del miedo" (véalo en este mismo blog, es la nota anterior a esta) vale para esto, como para no andar repetiendo cosas. 


El país "federal"

Primero, el bochorno de Santa Fe. El gobierno liberal festejó también un triunfo que no fue y, utilizando los mismos métodos para falsear lo que pasó (y de allí lo de "fraudulento") a lo largo de una noche larga, el Chivo Rossi se alzó con un triunfo merecido y reconfortante. Ojalá sirva para unificar y potenciar al peronismo santafesino de una vez (y no digamos más, porque los compañeros de esa provincia saben bien de lo suyo, uno toca de oído). El oficialista Frente Cívico encabezado por el Socialismo quedaba en un oscuro tercer lugar con el 13,2%.


Cambiemos ratificó su peso en las provincias que gobierna como Mendoza, Corrientes y Jujuy. Ganaron impresionantemente en San Luis, aprovechando el desentimiento entre el expollo Poggy y batieron a los Rodríguez Sáa por casi 20 puntos (57,5 contra 38,3%). En Entre Ríos, superaron al Justicialismo moderado de Gustavo Bordet (47 a 42%). Santa Cruz, como era de prever, fue la piedra del escándalo por lo simbólico, el candidato Eduardo Costa (radical de Cambiemos) se llevaba un 46,3 contra el 28,5 del Frente para la Victoria. En La Pampa caía la lista del gobernador Verna por 11 puntos. Algo parecido pasaba en Neuquén, en donde el oficialismo nacional le ganaba al Movimiento Popular Neuquino, en una elección más repartida. 


Pero ojo, porque ahí se termina la fiesta. En Santiago del Estero, los Zamora atronaban con un 65% y le sacaba más de 50 puntos a Cambiemos. En Misiones, Closs hacía un 41% frente al 28,5 del PRO. Se mantenían ganando, los chaqueños Peppo y el Intendente de Resistencia, el compañero Jorge Capitanich. El Frente Chaco Merece más hizo un 43,6 contra el 37,2 de los radicales que Cambiaron (de pelo, no de mañas). Catamarca le sacaba al Gobierno Nacional 10 puntos; Formosa con el difícil de explicar Gildo Insfrán alcanzaba una nueva victoria por más de 20 puntos.


También ganaban los gobernadores Uñac de San Juan y Manzur en Tucumán. En la Rioja, Carlos Menem (cuya candidatura pende de un hilo y está a disposición de un fallo judicial) se imponía con el 44,6 contra el 36,1 de Cambiemos. Salta con Urtubey -la cabeza del anti o no cristinismo- iba 37 a 25 y también ganaba. Allí el kirchnerismo se quedaba con un 17,2 al margen de las huestes del gobernador.


Emilia Soria, hija del malogrado gobernador Soria, asombraba con un amplio triunfo en Río Negro batiendo a Cambiemos y al gobernador Weretilneck, ese oportunista que quedaba tercero.  Por último, en Chubut también ganaba el Frente de Das Naves.


Es decir, el peronismo provincial -en sus variadas formas y estilos- se mantuvo y habló alto y claro.


Y para terminar...

El triunfo nacional no lo es tanto. A una secta liberal aggiornada que se atrincheraba en la unitaria Buenos Aires, el radicalismo (tras su larga decadencia tras el desastreDelaRúa) mutado y reconvertido le dio el soporte para pasar la zanja de Alsina. Hoy, Cambiemos -con su núcleo PRO- es una fuerza nacional, sin discusión. Nada hubiera sido posible sin los guiños de la Dra Carrió, ni la complicidad de personajes como Aguad, Sanz o de la calaña de Morales. También es un triunfo radical, que es hoy un partido conservador. 


El peronismo resiste..., también a la unidad y al liderazgo que tiene, les guste a alguno o no, en la persona imprescindible de Cristina Fernández de Kirchner, diputada, senadora, dos veces Presidente, y alma de un peronismo que no se entrega ni se entregará. 


Distintos, con el mismo corazón y las mismas convicciones, cuando el pueblo quiera, pero vamos a volver.

sábado, 12 de agosto de 2017

LAS REGLAS DEL MIEDO

Asusta la posible vuelta del  “populismo”.  Es decir una victoria amplia de CFK en las elecciones… ¿las PASO que eligen candidatos?, ¿las legislativas de octubre?, ¿las de 2019? Vaya uno a saber, pero la cuestión es que asusta mucho. Y de acá que eso explica –cabalmente- que los capitales no quieran asomarse por el país, que no lluevan como se esperaba. Que nada salga como se esperaba, o como prometieron (que no es lo mismo).

Esta explicación para pelotudos que suele usar el conglomerado “político” gobernante, sirve para dos cosas (y mire que encima estamos en tiempos electorales): una, justificar el incumplimiento de promesas light , pero promesas al fin; y dos, llamar la atención sobre el peligro latente y constante del llamado “kirchnerismo”, peronismo K, peronismo de estos años, como usté desee denominarlo.

Seguimos haciendo análisis (balbuceos en realidad) sin tomar en cuenta aún los resultados electorales ya que no se han producido… Ocurre que esta gente vuelca en sus boletines de La Nación o Clarín a diario, la posibilidad de un triunfo de Cristina Kirchner y, en ese caso, su proyección a una segura candidatura presidencial que encolumnaría detrás suyo a todo el peronismo, porque ya se sabe somos una manga de pollerudos. ¿Muy adelante se van, no? Es sospechoso todo ese miedo.

Cuando uno indaga sobre el tema un poco nomás, sale el asunto de las “reglas de juego” económicas, porque son las que cambiarían si volviera al poder el temido “populismo”. Y uno hace memoria y no puede recordar una revolución socialista ocurrida en tiempos recientes, confiscaciones, fusilamientos de empresarios, incautación de bienes, prisión de opositores, qué se yo. No, uno lo que recuerda es un gobierno que puso un poco de orden en una casa que estaba a la deriva, a la que le habían afanado hasta los marcos de las ventanas. El peronismo –versión pingüinos- tuvo la dura tarea de la reconstrucción material y moral del país. Pero eso ya es opinar, y a esta gente no le gusta (que opinemos nosotros).

¿Y cuáles serían las reglas de juego que los satisfacen? Las que hay ahora, piensa uno, con mercados desregulados, con una débil labor de contralor estatal, con un Banco Central que cuida la moneda mirando la tómbola financiera, con la devolución de los privilegios al “campo” y los productores decimonónicos de materia prima. Cosas como esas. Pero no, eso también les suena a “populismo” por lo demagógico de no animarse a llegar hasta el hueso. El Capital quiere cirugía mayor, aunque muera el enfermo (que ya sería culpa del enfermo, viéndolo bien).

Terminar con el “costo argentino”, ese curiosos adicional que debe cargarse a la proyección de gastos de la producción y/o el gran comercio y que tiene que ver con cuánto cuesta un puesto de trabajo según la ley, cuánto cuesta en blanco. Y les parece mucho. Terminar con un sistema jubilatorio solidario que no cierra, dado que no se muere toda la gente que debería, algunos duran por demás y otros tardan un montón en incorporarse al mercado laboral, vaya a saber por qué. Y porque inescrupulosos pseudo empresarios evaden las cargas… no, eso último no. Terminar con un poder sindical que defiende intereses profesionales corporativos, es decir a sus representados (nosotros), manga de burócratas… Modificar –sería fantástico poder directamente “anular”- tópicos abusivos a ojos patronales de los Convenios Colectivos de Trabajo; espaciar o eliminar las Paritarias. Rebajar salarios, incrementar horas de trabajo (a contramano de tendencias europeas que reducen jornadas laborales), flexibilizar tareas. Ese sería un combo interesante, algo que si daría confianza como para invertir…

Faltaría algo y es que el Estado debería poder desarmar, neutralizar en forma permanente la protesta social que seguramente es la reacción segura a un programa neoliberal de semejante calibre. Y para lograr ese objetivo, lo único que hay que hacer es desacreditar, desarticular, reprimir, perseguir, destruir y/o corromper absolutamente al peronismo. He ahí el secreto de las “reglas de juego”, un juego en el que el peronismo y los peronistas, y sus amigos, y sus posibles aliados, y los que alguna vez pudieran ser, no existan. Que el país burgués se libere finalmente de su horrenda maldición.

Los gobiernos mal llamados kirchneristas (son peronistas) han rescatado gran parte del legado del peronismo original, mientras el país entraba con furia en el siglo XXI. Se le pueden hacer estatuas a Perón, total, hasta un presidente liberal puede inaugurar una. Total… “De Perón y de Evita hay que acordarse todos los días cuando se gobierna”, solía decir Néstor Kirchner cuando explicaba por qué no andaba parafraseando continuamente al General como una letanía vacía. De eso se trata y eso es lo que temen.

Entonces no se refieren a una elección, porque se pueden perder elecciones como se perdió la del 2015. Lo que hay de fondo es el malestar constante del poder económico por la vigencia de un pensamiento y un Movimiento que –aún atravesado por todas las contradicciones y con muchos avivados colgando de sus alas- tiene un inocultable vicio de igualdad y rebeldía. El peronismo, aún en el afán cotidiano por ser parte del sistema, nunca perdió su costado contracultural. Ni aún con esa camada de Universitarios Peronistas de los setentas en el gobierno, no se pudo abrochar un saco cruzado, cambiar la bic por una mont blanc, tener un vocabulario sin esas puteadas tan evitistas y estar tan bien vestida a la vez…


Como que Viva Perón ¿no?

martes, 8 de agosto de 2017

PORTEÑADAS



Una ciudad en la que Elisa Carrió mide más del 40% en la intención de voto, es una ciudad cuanto menos complicada. Capital Nacional del mal humor, elige justamente a quien mejor representa la inquina, el odio reconcentrado, un gorilismo acérrimo, bajo la sospechosa pátina de pretendida honestidad, siempre pronta a juzgar y acusar de las peores cosas al otro. Tal para cual. No hay una misteriosa Buenos Aires, si una prejuiciosa y atemorizada. El enojo de la candidata -sus formas mansas y su infinita violencia- encubre la impotencia y mala entraña de muchos desgraciados que sueñan con despertar poderosos. Y esto lo dice un porteño -aunque del puerto de San Isidro, ese antiguo principado eclesiástico- que no será de pura cepa, pero que lleva demasiado tiempo buscándole virtudes curativas al veneno de los ofidios. En fin.

Parece que hay novedades en estas elecciones también, aparte de pesadillas como las reseñadas. Una noticia es que -siempre al parecer, con los números en la mano hablamos- Unidad Porteña (ex Frente para la Victoria + recientes amiguitos) se mantiene como segunda fuerza, y lejos del oficialismo hay que decirlo. Es decir que vuelve al lugar perdido en la anterior elección, cuando el lucero Lousteau irrumpía como si la 125 se le hubiera ocurrido a Biondini. Vamos a ver qué pasa ahora; pero si así ocurriera lo que dicen las encuestas se confirmaría que el peronismo -con sólido piso del 20% a mano del candidato que fuera- y sus aliados es la segunda opción en la Capital. Y que tiene todo un futuro que ganar, si alguien estuviera dispuesto a creerlo.

Por supuesto que esto debería ser escrito tras resultado, pero de eso habrá demasiado. A mi me gusta la especulación con aires de anticipación (que le da un toque ¿no?) y de ahí a opinar como un sanguango. 

Un programa peronista para la ciudad (y aliados progresistas, ocbio) puede garpar mucho y va a ser lo que se deberá hacer si alguna vez se pretende gobernar esta Aldea. Por los votos, el peronismo nunca gobernó BA, lo hizo si cuando el presidente mandaba unitariamente su delegado. Habrá que pensar en otra forma, en otras campañas, en otro tiempo en el que haya espacio para pensar la Autónoma y no esperar solamente ser ese veinteporciento que se necesita para volcar a un resultado más grande. Mientras se discuta a quién parecerse, vamos mal. No damos el piné para ser de los Pinedo (u otro oligarca dendeveras), ni parecemos progredepuraraza. Y desde ya, no pasamos por radicales. Somos lo que somos: productivistas hasta la médula, mercadointernistas, repartidores de superplusvalías, elevadores sociales y seriales. Punto. Con eso debería bastar para comenzar...

Uno sabe que siempre se buscan culpables, que el candidato, que la campaña, que esto que lo de más allá, y bué... Quién sabe si no da un poco de cosa plantearse lo del poder, aunque se trate solamente del poder político. Pero llegará y esta fuerza -con el peronismo en el medio y a la cabeza- madurará. Algún día todos (casi todos) te miran y se dan cuenta que siempre estuviste ahí. Para ese día se hacen las campañas y milita la gente (no solamente, pero por mucho). Paciencia.

Mientras, en una puta Ciudad cabeza de un país del tercer mundo, la señora Carrió se caga de risa y muestra los dientes.

martes, 1 de agosto de 2017

DAÑO


No pasaba. Gente que se queda sin laburo, no pasaba. Siempre alguien se queda sin trabajo, cierto, pero tantos y de tantas empresas... día por medio te enterás de alguno, o la famosa pyme que se cae, miles de emprendimientos que se desploman bajo el cacareo negador de explicaciones oficiales tremendamente mentirosas. Los que la pelean, bueno, ahí van cagados a palos. Uno dice que antes también, cómo olvidar el gendarme de Berni tirándose arriba del autotrosko ¿no? Cortes que terminan para el carajo si osan pisar una línea del metrobús... Y la sistematicidad de la respuesta es lo que antes no era la práctica, hasta la yuta parecía antropomórficamente parecida a un ser humano (sin exagerar, claro).

No pasaba que comiencen a aparecer esos futuros abuelos cuyos hijos no verán levantarse para llegar temprano, padres que changuearán sin horario ni sistematicidad, nenes que no aprenderán esa puta "cultura del trabajo"  tan dignificante (a la vez que plusvalórica). Ya comenzó la segunda época de marginados que irán haciéndose marginales, los están haciendo marginales a imagen y semejanza del Capital (que no los quiere). Nenes que ven gente grande que llora, que se grita, que se enoja, que se va a la mierda. Veredas rotas, cuando estaba empezando a arreglarse el barrio.

Una persiana, otra persiana, muchas persianas. Bajando. Rebusques a menos. Comenzó la sobrevida que no es nueva, si sabemos, pero alcanza rápido y se lleva a más. Y más rápido. Porque romper es una acción rápida. Sacar el Estado de lugar, saquear al Estado y decir que pasa porque había muchos subsidios. Y ahí está el corito de castrati trinando mientras la tele nos lleva puestos.

La changa del carro los fines de semana vuelve a ser el todoslosdías; los fulanos que duermen en la calle parte del mobiliario urbano. Decir "homeless" es de una tilinguería pelotuda y garca (por favor, no lo use). Son las flores de una primavera liberal en pleno invierno.

Pasan también cosas más abstractas, lejanas, que no se tocan, como que ahora de nuevo la deuda externa crece, se multiplica exponencialmente en una timba que el común no ve. Lo saben, si hasta Clarín se los dice pero como para que no lo vean. Pasa a futuro. Y nos han robado el futuro, es la verdad.  Porque a veces el pueblo es lo peor que tenemos (el que no se atreva a la herejía, no sabe lo que se pierde).

No pasaba que la historia diga que se repite, cuando se sabe que miente. Sin embardo, ahora no son los noventas, cuando una banda peroportunista se disfrazó de liberal y empezó a hacer política para robar, cuando siempre se había hecho al revés. Y sabe qué cosa curiosa, ahora parece que no hay política, por eso le digo que no se repite...

Vamos a hablar un poco más en serio. Desde que comenzó la revolución  conservadora en los ochenta, se trataba de ver cómo nos insertábamos en la globalización... Entramos de la mano de Menem, como usté ya sabe, y así como ciegos en un laberinto nos llevamos puestos toda los talleres de los cuarenta, los logros de los cincuenta y el modernismo ingenuo de los sesenta. Habían apagado la luz (o uno se quedó con la guita y no pagó la boleta). Y así como en ese gran reparto de la revolución industrial que no tuvimos, nos metieron a crecer para los de afuera. La globalización es la gran conquista de la utopía neoliberal, en un mundo en el que el capitalismo triunfó de punta a punta. Los sabandijas se pasaron las ideologías por el forro de las pelotas y entregaron las joyas de la abuela y el también el cadáver. Quedamos en pampa y la vía (cerca de casa).

Ya sé que se recuerda nada más eso del corralito y los golpes furiosos de los ahorristas. Y porque a cada chancho le llega su duhalde, los bancos se salvaron, los deudos cobraron, se suicidaron o se cansaron. Y el sueldo promedio finalmente fue de doscientos dólares. Ojalá se acuerde o aún sepa leer, no sé. El pueblo recibió otra clase de resignación, porque detrás de los quilombos y los dos días de furia y treinta y pico de muertos, algo te gana el alma. Y es malo.

Ahora, siempre es ahora. No es muy distinto, aparte de que se vino la langosta y se lastra todos los brotes (nosotros sí que teníamos brotes verdes), aparte que arrasan, aparte de toda la mascarada hueca y la perversión imperdonable de un color tan bello como el amarillo, estos tipos quieren remodelar la globalización. Parece que toca el turno de bajarnos la mirada, sacarnos esa cervical de mierda que nos mantenía con la frente un poco más alta, darnos un boleo en el orto y ponernos en nuestro lugar que esa ahí, en la cocina. Nos ven como a sirvientas en los treinta.

Hacen daño, no pueden hacer otra cosa. Lastiman.

El peronismo en el que creo, en el que creemos, es la otra utopía increíble de robarle al capitalismo sus cosas y empezar a repartirlas como si no hubiera tiempo, es esa gran reparación que comenzó a curar algunas heridas, levantó a los pibes del barrio y les puso esa compu en las manos y la asignación en el bolsillo a la vieja, los dientes y los lentes, la jubilación para viejos y viejas pasados por encima. Algo de orgullo, algo de heroísmo y un cachito de mística para los que se hicieron militantes (y los que casi no éramos ya). Una entrada a la globalización con panzas más llenas y sin desear vidrieras. Y lo demás lo estábamos viendo, porque se trata del Capital...  Algo siempre se nos ocurre. Sabe...

Algunos  desearían que la campaña fuera más política, más qué se yo, y no tanto hablar de lo que perdimos, o del daño. Pero es que tenemos que hablar del daño porque sólo así se puede ver claramente la fiesta de los indolentes, de los insolentes, de los durmientes y de los desalmados. De los hijos de puta que manejan los titulares y la tele y se cagan de risa, y se nos cagan de risa en la cara.

Ah...si hubiera sido posible ser ese cáncer que vivaron en una pared y curarlo. Arrojar la revancha lejos como una  pedrada al cielo y no comerse el garrón de la derecha otra vez dueña. Hay que mirar de frente al daño. Y terminarlo. El tiempo que lleve  y las veces que haga falta.

No es así compañero, le pregunto.