viernes, 19 de agosto de 2016

CHORROS



Hay dos clases de chorros: los que reparten y los que no. 


Vamos a hablar un poco de los primeros... Bandoleros sociales, al decir del viejo Hobsbawn (historiador marxista inglés, un grande). Bandidos rurales cantaba León, perseguidos por la milicada y los jueces de paz, que primero manotean para comer y seguir escondiéndose tras una muerte en riña, una muerte en defensa propia o por otros que no se podían defender. Esas cosas, y después que el fugitivo se junta con un compañero que también anda huyendo por las mismas razones y entre los dos se mandan un asalto, un afano acá otro allá y van dando lo que sobra a los que saben afanados desde la cuna. Roban y dan, suelen quedarse con poco. 


Vagos, malentretenidos, quilomberos, terminan viendo la injusticia en todos lados que es donde suele pasearse. Terminan mal, está claro. A alguno la gente lo asciende a santo y le tiene agradecimiento, devoción, le anda poniendo trapos rojos en los caminos. Otros son justicieros nomás, toda gente de pueblo.


Los otros, son gente jodida. Roban y mucho, pero no parece. Lo que hacen no está conceptualizado como afano. La propiedad es un robo, por un decir del anarco cumpa Proudhon, por ahí va la cosa. Son “dueños” e inventores a la vez de los certificados que dan cuenta de tal asunto. Será porque un sabiondo dijo que esto era un “desierto” y no vive nadie en los desiertos. Eso dice la palabra “desierto” que define casi por negación. Es lógico q    que se ocupe algo que está desierto y que no haya ningún problema porque si no había nadie, no era de nadie. Así se solucionó el tema del indio, a papeles, carabina y “huinca malón” ( así le dijeron los originarios del sur a la empresa emblemática de Roca y sus amigos). 


Entre esos milicotes, los casados/as con inmigrantes de plata (que los hubo bastante aunque no se comente mucho) vamos teniendo esos apellidos patricios que dan como resultado una patria de ladrones. E’sasi, con la verdad no ofendo ni temo (gentileza de Artigas, estimado). Y los ladrones hicieron la república amparados por los Ladrones de la City de Londres, a ver si nos entendemos. El capitalismo sin ir más lejos es una interminable negociación entre chorros, que si no lo son por ellos mismos es porque sus antepasados lo fueron. La plusvalía también es hacerse de lo socialmente ajeno.


Pero además, con el tiempo es tremenda la cantidad y complejidad de formas de choreo organizado que esta gente ha fabricado en un imaginario canalla que parece no tener límites. El problema es que tienen buena prensa (para eso la hicieron) y entonces lo que hacen pasa por legalidad, de puro emprendedores que son. 


El pueblo no es ladrón y los movimientos populares tampoco lo son, aunque haya ladrones (que los hay, los hay). Un par de bolsos en un convento no se equiparan a 500 años de saqueo, y no vamos a justificar nada. Pero se las han arreglado para que los ladrones seamos nosotros. Es que algo de lo que decíamos al principio se coló en esta historia más reciente… el peronismo les “robó” el exclusivo manejo de la economía y la política, y se lo dio a gente que no tenía que tenerlo. Ese el origen de que nos miren mal, más allá de que tengamos más de uno que punguea cometas o se arrodilla frente a los patrones (cosas que dan vergüenza). 


La República era de ellos, y nosotros se la ensuciamos en el arrebato. Que quede claro entonces.

miércoles, 10 de agosto de 2016

oli(GARCAS)



Cuando un dirigente se preocupa solamente por sí mismo, se está transformando en un oligarca; algo así enseñaba Evita, algo así. 

Meritocracia; que ahora todo dependa de “vos”; el hablar en singular dirigiéndose a todos; la supremacía del esfuerzo personal; son todas características de un discurso que se contrapone a ese objetivo de que el pueblo sea feliz -y la patria grande- porque nadie se realiza en una comunidad que no se realiza… Cosas de oligarcas.

Por ahí en tren de confundirse, se piensa que oligarquía es solamente “vacuna”, y por lo tanto cosa del pasado. Ahora decimos “neoliberal”, cuando no “sectores dominantes” y bláblá, en tren de no poner “burguesía” y todo eso que suena a marxismo. En el peronismo, ser oligarca es una actitud, aparte de designar a un grupo privilegiado de privilegiados que detentan el poder. Uno puede volverse oligarca si olvida su pertenencia al pueblo, y eso es mucho más terrible que un manual de materialismo histórico.

Uno dice "la Oligarquía" y te aparece la Rural, los señores de galera, bastón y levita. Uno dice: han vuelto a gobernar los oligarcas, y aparece otra cosa. Aparece esto que nos pasa, porque han vuelto a gobernar los oligarcas, de la mano malagradecida de una coyuntural y pequeña primera minoría electoral. Bien, que es decir mal. En definitiva, no hay que hacerse tanto barullo con lo que tenemos enfrente. No es tanta gente, ni la mitad del pueblo. Es lo de siempre, desde que a una parte del pueblo se le ocurrió disputar el poder político (imagine lo que va a ser disputar un día el poder detrás del poder…). Han vuelto. 

Los oligarcas tiran la piedra y esconden la mano, venden gato por liebre, compran casi gratis y venden caro, producen plata propia con plata de otros, fugan, omiten, falsean, perjuran, expatrian. Y cuando conviene, blanquean algo. Mucha gente –no toda, ni todo el tiempo- les cree. Los siguen como en feisbuc, poniendo “me gusta” y peor aún, “me gustará” sin saber de qué se trata. Vea, los tienen encandilados, acaramelados, pasados por agua y tiernitos. A punto de caramelo. Y se los van a lastrar, también. Ocurre que los oligarcas son saqueadores, igualito que sus antepasados de dudosa nobleza que buscaban el Dorado y tuvieron que contentarse con mano de obra india y uno que otro monopolio y contrabando. Digo los de estas tierras y no del Perú o México, como digo los capitanes de la industria, la patria contratista y no la nobleza barroca. Oligarcas si, y también chapuceros. 

¿Qué se hace con esta gente?, digo con la oligarquía que gobierna. En principio, se les debe ganar en elecciones. No porque sea eso lo virtuoso, sino porque es el pacto que hemos aceptado todos. Aunque el gobierno se empeñe en bajar todos los días la calidad institucional, unificar los poderes y elitizar las oportunidades. Ya cuando el viento esté a favor (porque todo pasa), habrá que tocar la constitución para afianzar legalmente derechos y un proyecto nacional de país. Pero es cierto también que la democracia es lo que debe ser solamente cuando se da en favor del pueblo. Lo demás es cartón pintado y no sirve (lo de la república con minúscula se lo pueden meter en...).

Oligarca es un ser y corrompe un estar. El peronismo vino a terminar con la oligarquía que vive parasitando la Patria (suena a ese gauchesco peruca de fines de los cuarenta), porque la verdad es que el peronismo vino a desparasitar. Los oligarcas de toda índole lo saben, a veces mejor que muchos peronistas. 

Uno siempre termina preguntándose por los giros infinitos que da esa bala 22 loca que es la conciencia de los que se sienten de clase media, limpitos, meritorios, merecedores. Tanta tirria con el peronismo, que viene a ser el centro del asunto y el origen de la mal llamada "grieta". Aún los que no piensan en el peronismo o en clave política -a esos que "no me interesa la política"- sienten que tienen que sentir bronca con el peronismo. Los hay prejuiciosos y los hay mal bichos. Los primeros tienen remedio o tratamiento posible, los otros dan que pensar. Son los que necesitan sentirse más, a condición de que haya al lado uno que sea menos. Y necesitan votar a un gobierno que ponga las cosas socialmente en su lugar de acuerdo a la desigualdad. Ese gobierno tiene que ser de derecha. Ese fulano es un oligarca, lleva el veneno en el alma y puede ser cualquier vecino o vecina que se amuralla tras las rejas en los barrios buscando negros chorros en un triste imaginario sin imaginación. Y no ve ni por casualidad a los rubios chorros.

¿Quiere decir uno que todos los votantes del actual gobierno son oligarcas? No papi, no entendiste nada, se trata de describir y pensar, no de insultar a la gente. Demos una vuelta más a ver si se entiende.

A uno le gustaría que hubiera un montón de proyectos de país, de modelos. Pero hay dos probados en la realidad una y otra vez (más veces de un lado que del otro, si me explico). Por un lado esta cosa del populismo como le dicen bajando el precio, que hace base en la producción. Industrializar, reindustrializar, lo habrá escuchado. Insistir con los productos elaborados, las nuevas tecnologías, el valor agregado. Empleo lo más genuino posible. Balance fiscal. Desendeudamiento interno y externo. Consumo, mercado interno en expansión. Exportaciones no tradicionales y nuevos mercados hacia América Latina, Asia y Africa. Educación y en especial la técnica. Expansión de derechos. Suena, durante doce años sonó y cómo. El esquema es ese y es mejorable, tuvo un sinnúmero de malas aplicaciones y un enorme éxito. Negarlo es mentir y mentir mucho.

Por otro lado está el modelo basado en el crecimiento hacia afuera, mirando el mercado internacional como variable privilegiada. Base en mercados globales y el mundo financiero. Producción primaria, reprimarización de la economía, como boom para poder importar todo lo necesario. Endeudarse (y cobrar las comisiones), nacionalizar deudas privadas. Consumo moderado y segmentado, cuando no infraconsumo cosa de liberar productos para la exportación. Se mira la tasa de ganancia. Son los mercados y no tu mercadito. Se vende como una Argentina moderna, pese a que el esquema trata de consolidarse desde que Buenos Aires era un puerto inglés. En este modelo sobra gente, y como sobra en algún momento hay que darles un sopapo para que no jodan. 

En las últimas elecciones se optó por este último planteo. Y entonces volvieron los oligarcas... ahora viene eso de pagar las consecuencias. Del otro lado se aprende, en cada generación se aprende un poco más. En estos tiempos se nota quién es quién, quiénes van para adelante aunque se deba tomar caminos sin peajes y volver al barrio, eso de las bases y la política en chiquito para ir a la política en grande. Se ven los compañeros en serio y los dirigentes que sirven, y los que no. 

Buenas tardes. Y viva Perón.

lunes, 4 de julio de 2016

IN(DEPENDENCIA)



Cuarenta y cincos días exactos después del 25 de mayo, se declaró la independencia de España y de toda otra metrópoli extranjera. Un futuro promisorio para un país absolutamente consolidado desde el vamos bajo el sistema republicano federal. En el presente párrafo hay siete errores, al menos cinco... descúbralos (insisto en los siete).

La verdad es que la disputa por la independencia fue un tema de españoles, sean peninsulares o criollos, pero españoles. Y que también se emparenta con otra gran disputa -como la nuestra, irresuelta- entre liberales y absolutistas en el Reino de España. De allí nos caerá San Martín, vea usté. En definitiva, nada que ver con la argentinidad, una construcción muy posterior.

Es uno de los temas, el de las construcciones sociales y políticas que son, siempre, históricas. Es decir que, como las opiniones, tienen un antes y un antes del antes. Somos un mar de citas elaboradas y hemos olvidado ya los autores (va también la propia, eso en la elaboración seguro). Bien, al tema...

Argentina es una identidad construida largamente, porque a los doscientos años agréguele casi trescientos de colonia. A que se le había olvidado. En los colegios no se suele ver la Colonia como parte de la nacionalidad o de la historia nacional, total si no se mira es como que no existe. Como no se miraron ni por casualidad los indios, aunque ahora un poco más. ¿Sabemos acaso el nombre de caciques, de luchas, de formaciones económicas, y demás? No. Con los aztecas, los incas y los onas como que va alcanzando. La nacional es una historia blanca, y eso sin contar que algunos dicen que los argentinos descendemos de los barcos. Pero no, vea que el famoso adn argentino registra algo más de la mitad de componente aborígen, o indígena o puebloriginario, como le guste.

Dicen que Belgrano propuso una monarquía y dicen bien. Una monarquía constitucional con un descendiente de los incas como monarca. Vea que los incas andaban por acá más solos que videla en el día del amigo y de capa bien caída y raída. Si habláramos del Perú era otra cosa. Es decir, el abogado general Belgrano proponía una democracia popular con un jefe de Estado natural de América por linaje (una reivindicación, al menos de la antigua hegemonía suramericana) con tal autoridad que fuera complicado someter estas tierras nuevamente a las Uropas. La propuesta competía con proyectos de entregar la corona inventada a la casa imperial portuguesa; cuando no una restauración borbónica vía familiar de la repuesta casa española (porque Napoleón hacía un año que había sido derrotado, casi ayer). No era una pavada entonces la de don Manuel. 

Por ahí andaba San Martín piloteándola desde 1812, primero con el golpe de estado civico militar (todos lo son) que volteó al Triunvirato; en guerra abierta contra los godos y planeando locuras para terminar con el poder español en plazas fuertes como la Capitanía General de Chile y el virreinato del Perú. Un demente, claro está. Y tal era el apuro, que requería casi ya descortésmente que se declarase de una buena vez la independencia. Alguna vez diría el General que la Patria era un ejército errante que combatía al enemigo extranjero sin gobierno ni país, en bolas como sus hermanos los indios.

Pero también estaba Buenos Aires. Y Rivadavia, y los muchachos del Puerto. Por eso es que hay otra historia, porque la que conocimos la escribieron los que ganaron. En Tucumán Buenos Aires declaró su independencia y le tomó solamente cuatro años más hacer bosta los proyectos de país federal. El de Artigas, por decir, el de San Martín y Belgrano, por otro decir, el de los jefes federales. Es eso que vulgarmente se llama Anarquía del año veinte, si serán atorrantes estos historiadores liberales. Autonomías provinciales que se reconocieron en una Patria más grande que era Suramérica, de eso se trataba. Pero bueno, al menos la independencia.

Y en el trajín pasó de todo. La revolución altoperuana de Juana; la guerra gaucha de nuestro comandante General Güemes. No hubo solución, usté lo sabe, y de ahí que todo vino a terminar en Rosas, porque alguien le tenía que poner el cascabel al gato y cadenas al río. 

De noche por San Miguel en la Casa Histórica -porque allá no dicen la casa de Tucumán- para ver el espectáculo de luz y sonido un nueve de julio de hace mucho. En familia, los ojos asombrados de uno que era chico tocando la puerta y las columnatas que tantas veces habíamos dibujado en el cuaderno de tapas tela de araña azul. Las dos ventanas coloniales al frente, tal cual como lo decía Billiken que esta vez no mintió. El frío, las bufandas de lana de llama recién estrenadas. La maravilla del patio gigante de piso de ladrillo. Algo de magia. 

Nosotros, visitantes, caminando como en visita guiada. Los chicos somos chicos y nos salimos del sendero trazado. Uno se mete a escudriñar las salas como esperando descubrir cosas, no se cuáles, cosas que nadie vió y uno esperaba ver. Vamos mi hermano y yo por la Casa. Nos alejamos de todos y caemos en la Sala, esa Sala. ¿Y Laprida? Mi hermano se apoya cansado en una mesa vieja, amaga sentarse. Es esa mesa. Mirá si la estropea. No se sienta, y menos mal porque el viejo nos encuentra y nos reta. Vamos que se hizo tarde y mañana salimos para Salta. 

Somos dos chicos nomás, cuánto faltaba para entender sobre el trabajo, la familia, las cosas esas que fuimos encontrando una vez que pasamos debajo de la azulyblanca que cuidaba la puerta. La historia no era más que un relato sin gente como el eco de las voces grabadas haciendo como que se juraba la independencia.

Nos haríamos grandes y uno cuando es grande mira todo el futuro como un presente sin darse cuenta de nada. Se llama aprendizaje, experiencia, algo así. Uno va agenciando las mil veces que se entregó el país y el patriotismo se fue cartoneando por ahí. Muchos desfiles militares, mucha zanata politiquera, mucho patrioterismo de cartón y mucho, pero mucho asalto a efeemeí armado. Se trataba de mercado libre y no de mundo libre. Empresarios, curas, matones, ladrones, fisgones, y finalmente, santones niúeish.

Para uno -y es una opinión- hubieron tres meses y después doce años de felicidad en una comunidad que se realiza. Cuente usté como quiera, yo cuento así. Después de todo, así como la revolución, el país y sobre todo la Patria sigue siendo ese sueño eterno del que nos despertamos a la mañana y nos espera la noche siguiente. Siempre.

jueves, 30 de junio de 2016

PERON



A mi me tocó el tercer Perón.

La foto en la ventana de Gaspar Campos, esa de la mirada cansada pero aún con chispa, que no mira nada y ve todo. Yo se lo que veía, era un montón de gente, de compañeros que habían hecho del coqueto barrio de Vicente López un camping, un fogón al que arrimarse, un puesto de chori. Los impertinentes escalaban los techos de tejas de casas vecinas, invadían jardines laterales, eran el aluvión zoológico de los setentas llevándose puesta la tranquilidad de las calles y los árboles, de las veredas que no se veían y se pisaban de a muchos. Pero de a muchos. Estuve allí tres veces y en ninguna pude verlo, lástima. Salió en pijama, salió de entrecasa, saludó miles de veces a miles que lo saludaban. Pidió que lo dejaran dormir. Les dio los buenos días. El bombo tronaba hasta la noche, a veces se callaba y se hacía un silencio. Eran tantas las cosas. Algunas podía entenderlas, otras ni las imaginaba porque para eso había que ser más grande.

Yo creía que Perón era socialista, del socialismo nacional, algo así que tampoco sabía muy bien qué cosa vendría a ser. Leía un poco de todo e iba tejiendo balbuceos ideológicos. De pendejo vi el peronismo y después tuve -por suerte- toda una vida para saber de qué estábamos hablando. Son cosas que no se olvidan, digo esas en la casa de Perón. 

Uno tenía más la imagen de la casa de Puerta de Hierro, pocos días antes de la primera vuelta. Los caniches, los dirigentes, los muchachos de la JP. Las camperas de cuero, los peinados a la gomina o los rulos sueltos, los bigotes candado y los morrales de las chicas. Y todo eso lleva al segundo Perón, el de la Resistencia. Eso comenzó desde mismo el '55, y ahí lo tenés a Valle como símbolo pero hay otros, claro que hay muchos otros. En ese tiempo la Resistencia era de allí hasta el '73, con Montoneros como final y el luche y vuelve.

Leyendo un poco, la Resistencia se ubica para algunos entre el '56 y '59, una primera etapa, para retomar más con los gremios cuando Frondizi se hace el oso y te llevan puesto con el Plan Conintes. Después lo sabido, Onganía, el Cordobazo y todos los azos. Perón desde Madríd y los casettes, los crípticos comunicados y los delegados personales. Las ondas a derecha e izquierda del movimiento. Jodido conducir desde el exilio, jodido conducir. Y el Padre Eterno sobrevolando, sin fuerza real, general sin ejército pero con ejército, pueblo más bien. Pueblo sin ejército porque el ejército era de ocupación. Cómo se hace ese arte supremo de mantener a todos juntos cuando ya se están mirando con recelo y celosía, con proyectos cuanto menos encontrados. 

El segundo Perón es una especie de inmortalidad, sin descender todas las tardes a la tierra como para que algún desbocado faltase el respeto. Eso decía. Si hubiera muerto allá, vendría a ser un sanmartín que nunca volvió y siempre conspiró. Pero no, tenía que ser un Rosas, quévaser. Es peor ser un Rosas y más volviendo. Ni sanmartín ni rosas, Perón es Perón. 

Casi nada sabía del primer Perón. Quedaba tan lejos, imagínese ahora... Fotos, cosas que se contaban entre compañeros y entre contreras. Porque nadie podía evitar hablar de peronismo ni de Perón. Por eso lo del decreto, ¿no? Como decir, hoy el sol no sale porque está prohibido decir que salió. ¿Qué eran los cuarentas, los cincuentas para uno? nada. Todo, aún sin saber ni una décima parte. Paradojas del destino que me dedique a dar cursos y charlas sobre ese primer Perón. Hubiera debido ser mi propio alumno, porque en esa época no sabía nada. Imaginaba mucho, eso si. La ideología tiene mucho que ver con la imaginación, después de todo. 

El primer Perón era fundacional de la realidad efectiva y del mito. Estaba Evita. Existió una vez un país en el que Eva estaba viva, dios mío, casi imposible describir ese país. El que se había caído antes de que naciera, el que se me ocultó por un largo tiempo y el que surgió de abajo del parquet en un asado. Porque allí estaba, como el piso de tierra en el que habíamos edificado la casa. Los sesentas cuando yo era chico estaban hecho sobre la antigua ciudadela peronista. Y el envión duraba, por más que le pese a quien le pese. Era viento de cola y de atrás soplaba Perón. 

Mi tercer Perón me enojó mucho, es cierto. El estaba enojado, no le obedecían, no lo entendían(mos). No era mentira que estaba lleno de gorilas el gobierno popular, pero debimos tener un poco más de respeto se me ocurre. No era cualquiera, no era un político de mierda como todos los demás. En fin, uno creía que el socialismo nacional estaba ahí a la vuelta. Y no. El sabía que no, aparte de que creía en el justicialismo nacional. El sabía que no y que los de afuera y los de adentro se confabulaban para mandar todo al mismísimo carajo. 

Un día al General se le pasó el enojo y convocó. Frío, hacía frío. Siempre se recuerda lo de la más maravillosa música, pero no era lo más importante. Habló de los enemigos de adentro, reafirmó todo eso que uno quería y esperaba escuchar desde hacía mucho. Sacó fuerza de la nada y salió al balcón. Un acto de fe. Su acto de fe. Después la lluvia que lo agarró en Paraguay. Y después...

Yo estaba mal con el tercer Perón como estuve muchas veces mal con mi viejo. Pero con este Padre no tuve tiempo de arreglar, con el otro por suerte si. Perón nos dejó huérfanos y me encontré corriendo atrás del féretro bajo la lluvia cuando salía de la Quinta. Volví a casa llorando, y no sabía bien por qué. En Villate y Maipú cuatro viejas estaban arrodilladas con velas y una foto de Perón. Rezaban y lloraban. Ahí me di cuenta de que había perdido algo que nunca más iba a encontrar. Lloré más porque sabía por qué. 

Después, bueno todo lo que sabemos. Fue un largo camino hasta llegar al punto de partida de nuevo. Al peronismo. Y ese es mi cuarto Perón, el que aprendí. El que enseño cuando puedo. El que se construyó con el tiempo en dictadura, en democracia vigilada, en democracia de entrega y en democracia completa. Todos los caminos me condujeron a Perón, como a muchos que no habíamos nacido peronistas. 

Y entonces uno repasa y le termina dando la razón al tercer Perón del Proyecto Nacional, de la reconstrucción, el que dejó un país con los convenios colectivos de trabajo más ventajosos de la historia. El que pudo superar el fistyfisty. 

Es difícil lidiar con un padre. El personal, al que uno quiere enormemente y no se lo dijo tanto. El que era General y no pude ver en Gaspar Campos. Con ambos uno tuvo una relación personalísima tras la muerte, cuando te quedás solo y vas construyendo el personaje con los que quedan. Y decís como siempre se reconoce "el viejo en algunas cosas tenía razón". En las importantes, tenía razón. 

A Perón no hay que nombrarlo todos los días en un acto, hay que reconocerlo cuando se gobierna. Algo así le escuché decir a Néstor cuando ya era presidente electo. En los doce años del gobierno peronista del kirchnerismo se reactualizó y se nos apareció muchas veces Perón. 

Podría terminar con un Viva Perón y quedaría bien. Pero no, porque Perón vive, qué duda cabe. Qué vivamos los compañeros, que viva la Patria. O que la bandera flamee sobre sus ruinas.