viernes, 17 de noviembre de 2017

LUCHE Y VUELVE

"(...)Ya van a ser casi treinta años que me encuentro empeñado en alcanzar tales soluciones y anhelo, si ello es posible, prestar quizá mi último servicio a la Patria y a mis conciudadanos. Por eso a pesar de mis años, un mandato interior de mi conciencia me impulsa a tomar la decisión de volver, con la más buena voluntad, sin rencores - que en mí no han sido nunca habituales- y con la firme decisión de servir. Si ello es posible.

Por todo ello, pido a mis compañeros que, interpretando mi regreso dentro de tales sentimientos y designios, colaboren y cooperen para que mi misión pueda ser cumplida en las mejores condiciones, en una atmósfera de paz y tranquilidad, indispensables para todo lo que deseamos constructivo. Espero que nuestros adversarios lo entiendan de la misma manera si es que, como nosotros, anhelan terminar con los odios inexplicables y las violencias inconcebibles.

Espero, Dios mediante, estar con ustedes el día 17 de noviembre próximo.

Hasta entonces un gran abrazo sobre mi corazón."*

"A Perón no le da el cuero", había dicho el dictador (presidente) Lanusse cuando ensayaba una de las últimas chicanas para evitar que el viejo líder fuera candidato a presidente en las elecciones de 1973. Los últimos exponentes de la Libertadora necesitaban un Perón que calmara las aguas que ellos habían convertido en un tsunami. El país real estallaba por todos lados, no servía una dictadura y tampoco las democracias débiles y vigiladas establecidas sobre la proscripción del peronismo.

Un vertiginoso movimiento se había levantado sobre lo que fue aquel peronismo inaugural de mediados de los 40. Había sido templado en una larga y terrible lucha desde que los verdaderos salvajes bombardearon la plaza de Mayo y huyeron para volver por el poder en setiembre del '55. Prohibiciones como el decreto 4161 que penaba nombrar a Perón, Evita, los símbolos y todo lo que se relacionara con el peronismo; pero también las manifestaciones de odio derribando estatuas, quemando cuadros y libros, destrozando la vajilla y la ropa para los humildes de la Fundación Eva Perón. Todo había sido arrasado, también la soberanía del país que entró a jugar de lleno en el concierto "americano", como el patio trasero que nunca había sido. Habían doblegado a un pueblo, lo habían baleado, robado, injuriado, echado. Ese pueblo contaba sus mártires desde los basurales de José León Suárez y la Penitenciería de Las Heras desde donde Valle ascendió al cielo. Y otros, muchos otros.

La Resistencia los había endurecido, y el Lisandro de la Torre se convirtió en la catedral de un movimiento obrero derrotado, pero invencible. Con carbón y tiza en las paredes, con caños en las calles, con miles y miles de movilizaciones y escaramuzas; de una manera tan desigual se combatió la vergüenza y se pasó de una generación a otra. Y también la violencia de arriba engendró la violencia de abajo. Surgieron las "formaciones especiales" y se potenció la marea que iba, iba e iba.

El 17 de noviembre llovía. Miles de efectivos cortaron calles y caminos, levantaron puentes, apostaron tanquetas. Trataron de detener lo que era indetenible, como el cruce del Matanza en hileras interminables y la marcha de fondo. Aislar el Aeropuerto, que nadie llegue hasta Perón. Detener a Perón. Demostrar que no iba a ser gratis, nunca.

Muchos marchaban por Perón, porque lo conocían de antes, otros marchaban porque nunca lo habían visto. Para algunos bastaba que Perón volviera y pusiera las cosas en orden para ser felices. Otros, sentían que comenzaba otra época cuyo cimiento era Perón.

Todos teníamos un Perón guardado en algún lado, confundido entre cosas queridas y cosas soñadas. Perón se había transformado en un país al que había que llegar. Y ese 17, como aquel, era el día.

Algunos sueños se transforman en pesadillas, es cierto. Otros, nos guían para siempre... y cuando pensamos que estamos llegando, se van más allá, como si alguien se hubiera puesto el horizonte al hombro en el medio  de un pique feróz. Cosas que pasan con los pueblos, cosas que nos andan pasando. No sé cuál Perón se nos quedó inconcluso de toda esa época. La verdad es que si uno hojea números se da cuenta que ese tercer Perón cumplió, otra vez.

Algunos envejecimos un tanto desde aquello. Aún queda el sabor de que todo estaba por ocurrir, y que todo podía ocurrir. El tiempo se lleva esos pálpitos y los esconde en algún rincón cuando el país vuelve a ser esa casa vacía. Pero siguen allí, aguardando otros vientos, otra gente que cruce el Matanza. Porque Perón volvió, de verdad volvió.

Y aunque siempre haya que empezar de nuevo y ver qué significa en cada momento, en aquellos días tuvimos la certeza que

Luche y Vuelve.

Luche y Vuelve.

Viva Perón.


*Solicitada "A los compañeros peronistas" del 07-11-1972 Fuente: Juan Domingo Perón, Documentos del retorno, Instituto Nacional “Juan Domingo Perón” de Estudios e Investigaciones Históricas, Sociales y Políticas, Buenos Aires, 2006.

(https://www.elhistoriador.com.ar/documentos/vuelta_de_peron/documentos_del_retorno_de_peron.php)

viernes, 10 de noviembre de 2017

CIEN AÑOS (y un sueño eterno)

"(...)La revolución que acaba de comenzar es evidencia de esto. Poseemos la fuerza de las masas organizadas capaces de superar todos los obstáculos y de conducir al proletariado a la revolución mundial.
Ahora hay que construir un estado del proletariado en Rusia.
¡Larga vida a la revolución socialista del mundo!"
Discurso de Lenin al pisar suelo ruso; 15-04-1917; http://leninrevolucionario.blogspot.com.ar/2007/06/discursos_6904.html

Una estrella fugaz que no termina de pasar. Noche tras noche.

Fue una llamarada en un mundo que no era éste. La promesa que comenzaba a cumplirse en manos de soldados, obreros y campesinos -que era decir lo mismo- en una tierra devastada por la guerra y por la servidumbre de siglos, sin que pudiera saberse cuál de las dos era la mayor calamidad. El poder lo tomó a mal, no tanto por la caída de la autocracia zarista que era una empedernida apuesta de un absolutismo trasnochado sin ton ni son; multitud de parásitos principescos que usufructuaban a más no poder el alma de la Madre Rusia. Y junto a ellos la Iglesia Ortodoxa, guardiana fiel de los valores rusos y de la explotación rusa al pueblo ruso.

Ojos al cielo. De los establos a las ciudades para entrar en  el siglo finalmente; ingenuos, poco sabidos. Millones vagando por un país enorme y vacío, por donde se colaba el frío siempre. Y ahora... comer, terminar la  guerra, comenzar otra vida. Paz, pan y tierra. Comer era todo un tema y los que se llamaron "rusos blancos" lo sabían. Comenzaron otra guerra pero esta vez abiertamente contra el pueblo que era, al fin y al cabo, su enemigo; eso lo tenían claro. Como aquel soldado de "Cien días que conmovieron al mundo" al que Reed le hace decir "puede que usted tenga razón camarada, pero lo cierto es que hay dos clases..." La clase capitalista, la burguesía -que en la Rusia tradicional venía con el regalito de la nobleza- y su antagónica, el proletariado liderado por la clase obrera industrial -en Rusia era minoritaria y estaba en Kiev, Moscú y San Petersburgo- y conformada también por el campesinado sin tierra. La sociedad era más compleja (siempre lo es), pero en el fondo, había dos clases.

Muchas cosas quedaron para después, porque el ahora del primer Estado Obrero del mundo fue la guerra civil o, lo que es decir que los que mandaban no podían soportar no mandar, perder un mundo dorado que duraría por otros mil años, ser reemplazados por la chusma plebeya y encima, roja. Ataques armados, atentados, venganzas, intervención de potencias extranjeras, desabastecimiento, hambruna. Y en el medio de todo el desorden, el “construyamos el Socialismo” como decía Lenin. Muchas cosas quedaron para después pero ese entusiasmo, mezcla de patriotismo y revolución, logró más en pocos años que en toda una larga historia. Una vanguardia aguerrida y convencida lideró pueblos de los que occidente sabía poco y nada. Esos eran los comunistas, y el resto rusos, humilde y orgullosamente rusos. Fue su causa nacional, por más internacionalismo proletario que alguno le quiera poner.

Seguramente las revoluciones lo son primero para sus protagonistas, y después como guía para otros. La Rusia soviética fue un faro de enorme luminosidad para todos los que luchaban por un mundo mejor, y lo fue por muchos años, aún más allá de las alternativas rusas. Sucede. En tren de buscar repercusiones, acá tenemos la Semana Trágica en la que ya algunos rancios señoritos de la política, rancios militarotes celosos de la soberanía (para el caso, se llama también xenofobia), y rancios radicales antiyrigoyenistas, encontraron que en Buenos Aires se había instalado ya un “soviet”. Lo usaron para denigrar a los huelguistas de los Talleres Vasena y a los trabajadores que se solidarizaban con ellos; lo usaron para ir contra judíos en Villa Crespo cuando la cacería se extendió; y lo siguieron usando contra los marítimos de la FOM (Federación Obrera Marítima) cuando se les ocurrió liderar y diseñar un poderoso movimiento obrero. “Soviets” eran los consejos y asambleas de obreros, campesinos y soldados que se fueron formando en la Rusia Zarista desde el alzamiento de 1905, y que terminaron dirigiendo los bolcheviques. La consigna de Lenin de “todo el poder a los soviets” lanzaba la más grande revolución proletaria de la historia. Entonces, el miedo es exagerado, pero no es tonto.

Después viene toda la disquisición sobre qué cosa fue la Revolución de Octubre… y ya que estamos, digamos que si cayó el 7 de noviembre ¿cómo fue lo del nombre consagrado?, ya que ocurrió también el 25 de octubre. Cosas de la pelea de calendarios juliano (vigente con los zares) y el gregoriano de occidente, nada de qué preocuparse… De si se trató del acto final del ciclo iniciado por la gran revolución burguesa en Francia en 1789, pasando por las revoluciones europeas de 1830 y sobre todo la de 1848. O si, por su carácter de emancipación proletaria, debemos hablar de un acontecimiento nuevo, al amparo ideológico de un Marx que recorrió Europa (como el fantasma del Manifiesto).

Puede ser, o no. Lo que importa es que al amparo de esa Revolución, y sobre todo de la idea de la revolución, los pueblos del llamado Tercer Mundo se animaron a caminar medio solos cuando avanzó el siglo XX. Para algunos la URSS fue el hermano mayor, para otros el Gran Hermano, y para otros, un imperialismo “bueno” que les permitía equilibrar el poder hegemónico del gran capital norteamericano. Y así fueron los movimientos de liberación nacionales y los procesos populares que, aprovechando las crisis abiertas o latentes al interior de la hegemonía burguesa, hasta dieron cosas memorables como nuestra revolución Justicialista.

En fin. Las revoluciones reales son de los pueblos que las hacen, y sólo ellos pueden dar cuenta de los caminos emprendidos. Los de afuera somos de palos; son los rusos los que harán el balance en este caso. Mientras, nos queda por decir que hace cien años un grupo de dirigentes bolcheviques pudo organizar en soviets a una masa de soldados derrotados de una guerra pavorosa, a obreros nuevos y campesinos pobrísimos en un país gigantesco e hicieron una gran Revolución Socialista, y que nada fue lo mismo desde entonces.

Como esa estrella fugaz que no termina nunca de pasar.


viernes, 27 de octubre de 2017

EL HERMANO MAYOR

"(...) la Argentina durante mucho tiempo fue un ejemplo de cohesión social, hasta que en 1976 vino la larga noche de la dictadura militar complementada con las políticas neoliberales de los años 90, donde decía bien nuestro amigo presidente de Ecuador no sé qué mano invisible nos prometía que el país iba a crecer y después el vaso iba a desbordar y a llegar a todos los sectores. Obviamente no desbordó el vaso, no llegó la mano invisible y transferimos riquezas a los lugares concentrados de la economía de un modo muy fuerte, cosechamos pobreza, indigencia, destruimos toda nuestra estructura productiva, toda nuestra industria, fue durísimo."

"(...) Nos estamos tratando de recuperar, la verdad que cuando empecé mi gestión le comentaba al presidente Lula y a otros presidentes que ya estaban, como Lagos, que tenían experiencia, que no podía creer que la Argentina tuviera el 60 por ciento de pobreza. Hoy cuando me toca ya terminar mi mandato todavía tenemos un índice muy grande que es del 23 por ciento de pobreza, pero en cuatro años y medio pudimos bajar el 37 por ciento la pobreza, generando políticas que tiendan al desarrollo, con autonomía en la globalización, la construcción de un proyecto nacional, la construcción de un modelo nacional, integrado al mundo por supuesto, pero con sus perspectivas, con políticas de inclusión social, con políticas de redistribución del ingreso, teniendo en claro que hay un modelo neoliberal y la pobreza no es un problema de eficiencia o ineficiencia, o falta de políticas sociales, es un problema de modelos. Debemos tener un modelo inclusivo de distribución de la riqueza, de desconcentración de la economía, construir un modelo industrial en convivencia con la producción y el campo, pero un modelo que tenga fuertes raíces industriales; construir un proyecto educativo fuerte, como lo estamos haciendo en la Argentina, hemos destinado hacia el 2010, año del Bicentenario, el 6 por ciento del Producto Bruto Interno; tenemos que gobernar por propia decisión nacional."

Así hablaba, estas cosas decía en el país, América y el mundo. Y lo mejor, las hacía. La verdad es que la mayoría no lo conocíamos, fue una verdadera sorpresa. Lo votamos en un acto de fe, chamuscados ya de tanta palabrería y tanto traidor. Lo votamos pocos y ganó así, poquito, en el medio de una crisis que se había llevado puesto todo. Le tocó la reconstrucción, y vió que parece ser que es el karma de todo peronista en serio (porque los que no son en serio o se olvidaron, van de fiesta tirando manteca al techo y entregándose al enemigo).

Pero él  no. Así, desgarbado y desprolijo. A las apuradas y con quien estuviera, iba para adelante y después vemos. Teníamos que salir de un infierno, al menos para quedar en el purgatorio. El cielo quedaba para la revolución justicialista inconclusa que se hace y se deshace como nuestra historia. El flaco no tenía tiempo, y ninguno de nosotros sabía qué tan poco tiempo.

Se le dio por escribir la historia con una bic negra. Se le dio por zambullirse entre la gente, se le dio pedir perdón por los pecados de otros, garpar las deudas de otros, sacarle lustre al bronce que otros habían llenado de mierda.

Y fue el que trajo la segunda oportunidad. Quedaban lejísimos los gobiernos de Perón, y el último, terminado de golpe y a destiempo nos había dejado huérfanos. Teníamos en el pasado casi fresco una dictadura feroz; teníamos muchas promesas incumplidas y después, la chantada y la traición, el coqueteo con los liberales y la libertadora... nos habían llenado de vergüenza.

Una madre abanderada de los humildes en el corazón, un Padre Eterno en el cielo, un Tío lleno de honra que se llevó el cáncer (también), tantos hermanos como espectros. No sabíamos, cómo podíamos saber que nuestro hermano mayor venía caminando desde el sur...

Se hizo cargo. Nos levantó de golpe, nos hizo acordar de todo. Era un sueño extraordinario verlo gobernar. Era raro y maravilloso vivarlo, encontrarlo en medio de la plaza, estrechar su mano y que se te quede hablando unos segundos. Quedó dueño de una alegría contagiosa y también de todas nuestras lágrimas.

Lo tuvimos siete años, casi como a Evita la tuvieron esos peronistas de las patas en la fuente. Pero Este nos tocó a nosotros. Cuando a uno le devuelven así la esperanza es para que la cuide, para que no vuelva a perderla porque el fulano, no la perdió nunca.

"Yo soy un militante político, comprometido desde siempre y voy a seguir trabajando fuertemente por todas estas cosas que creo, como sé que lo hacen muchos otros ex presidentes y lo tienen que hacer con la misma fuerza que lo hacían cuando eran presidentes. Porque se es presidente en un tiempo de la historia nada más, pero se es ciudadano argentino, latinoamericano o del mundo, permanentemente, y hay que trabajar permanentemente por esos ideales y las convicciones que uno tiene. Porque con esos ideales, esas convicciones y esas experiencias podemos construir un mundo mejor y podemos dar las respuestas que buscábamos cuando nos incorporamos con fuerza a la política, creyendo que este mundo se podía cambiar."

Así es, querido Presidente. Compañero.


*Las citas son del discurso del Presidente Néstor Kirchner en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile; 09-11-2007; "Discursos del Presidente Néstor Kirchner 2003-2007 (2da parte); Cuadernos de la Militancia ° 3; Ediciones Punto Crítico; Buenos Aires; 2011.

miércoles, 25 de octubre de 2017

EL SUEÑO DEL FIN DEL PERONISMO


El título pertenece a un notable artículo publicado por Claudio Scaleta* en Página 12. Tienta pensar que todo tiene que ver con eso, un sueño de la oligarquía (del poder) acariciado desde 1945 y casi concretado en varias oportunidades. Esta no sería la excepción, por supuesto. De allí que el "fin de ciclo del kirchnerismo", de Cristina FK, de un modelo que no es otra cosa que peronismo concentrado y aggiornado a los tremendos tiempos que plantea la valorización financiera en este capitalismo global que vivimos y padecemos. Sería fácil, tanto para porfiar con la vigencia del peronismo, como para tratar de contagiar (sospechosamente) desánimo. De ambas posturas están llenas las redes sociales (que a veces tienen más de redes que de sociales). No vamos por allí, uno pretende pensar un poco más que eso...

El peronismo popular como modelo nacional se opuso siempre (cuando fue bien popular y, por tanto, bien peronista) a este modelo que destruye sociedades y que, sabemos, pensamos (¿deseamos?) no cierra de ninguna forma. Dice el fulano del artículo:

"En rigor, el neoliberalismo es insustentable en un sentido muy preciso. En el pasado, como vuelve a hacerlo en el presente, alteró la distribución del ingreso, desarticuló la estructura productiva y abortó un proceso de desarrollo, pero se extendió durante un cuarto de siglo, de 1975 a 2001, con picos en la dictadura militar 76-83 y los ‘90. La 'insustentabilidad' no es un determinismo temporal, sino salirse del camino del desarrollo con inclusión de las mayorías y optar por el desarrollo dependiente, el del país dual, un proceso que puede o no, dependiendo siempre de la entrada de capitales externos, terminar en una crisis de deuda como la de 2001, pero que al mismo tiempo puede no interferir durante plazos largos en la construcción de una hegemonía política, es decir en la consolidación de una alianza de clases capaz de dotar de sentido a la realidad social en la que se desenvuelve."

Cierto. Mucho tiene que ver lo dicho con la famosa crisis de representación de los partidos políticos que, casi siempre, se ve en el radicalismo fagocitado y cómplice de la derecha liberal triunfante (anote: 42% y 14 provincias, cuando en los cálculos augurales el presidente imaginaba un buen desempeño con un 40% de los votos y 12 provincias ganadas por la alianza "Cambiemos" y sus repetidoras). Ocurre que esa crisis también le pegó a la izquierda en versión tradicional (el inefable partido Comunista, que tras su desguace devino finalmente en oficialista del anterior gobierno), y emergió la potencia (moderada y que no molesta significativamente al Poder) de la troskada, que esta vez acertó bien con la apuesta piquetera primero, y un laburo consecuente en lo sindical. El por qué de sus límites hay que buscarlos en la orientación declamadamente anti sistema y linealmente anti burocrática; pero eso es un problema de concepción y tema para otro día.

La misma crisis de representación (a nivel mundial, aunque con caminos diferentes en cada caso) golpeó significativamente al peronismo. Institucionalmente, al PJ. Así fue posible esa cosa extraña que se llamó "menemismo" y su prédica bullanguera de la economía popular de mercado. Esas cosas a las que se echa mano para no decir "liberalismo". Y fueron posibles la "liga de los gobernadores", el "poder sindical" (visto así, como un actor político), los "barones del conurbano", y siga usté la lista como quiera. Fragmentación, pérdida de rumbo (y nadie habla de la única infiltración posible, que es la liberal). A la clásica y engañosa división entre "derecha" e "izquierda" peronistas acuñada a mediados de los años sesenta, se superpuso una enorme variedad de formas. El poder político obtenido por elecciones evitó que la crisis desbarrancara, tanto con un Ménem como después, con los Kirchner, aunque por diferentes motivos. En ese sentido, el mal llamado "kirchnerismo" puso en valor al peronismo en el siglo XXI. Hay que reconocerlo y, desde ya, agradecerlo.

Pero la crisis de representación no se diluyó, porque ese tipo de procesos que son culturales, no se detienen así como así. El peronismo "kirchnerista" en el poder supo capear esa crisis de los partidos y utilizarla a su favor (y a favor nuestro, como pueblo). Fueron doce años, algo inédito para la duración en ejecución real de un modelo popular en nuestro país. Y se acabó, al menos lo que fue. Hoy, y vuelvo al artículo, parece verdad que

" La porción del electorado que votó a Cambiemos cree que el tropezón de 2016, con caída de la actividad, altísima inflación y aumento del desempleo, fue la consecuencia indeseada de arreglar los desajustes del gobierno saliente, no de las medidas del nuevo, en tanto el freno de la caída en lo que va de 2017 expresaría que las cosas comenzaron a mejorar (...) La esperanza en un futuro mejor fue suficiente para renovar apoyos y ampliar la base de las PASO. La tesis del engaño al electorado en 2015 no perdió verdad, pero si vigencia. Como en 1991, en 2017 las reformas que se esperan no fueron ocultadas a la población, ni siquiera el aumento de las naftas del mismo lunes 23 o el anuncio del aumento del gas en un 40 por ciento adicional en los próximos meses. Tampoco fue ocultada la voluntad de la reforma laboral que ya está en gateras y hasta consensuada con parte de la dirigencia sindical, ni la renovación de la tutela de los organismos financieros internacionales, cuyas políticas se siguen incluso fuera del marco de las ayudas condicionadas clásicas en el pasado. Lo mismo corre para la reforma previsional, los recortes en ciencia y técnica o el librecomercio unidireccional..."

Esto es lo que está pasando, una descripción de vamos viviendo. Las explicaciones vendrán por otro lado y son siempre colectivas, así que no vamos a hacer de adivinos ni sabiondos...

Interesa lo del peronismo, porque sigue siendo -aún con las transformaciones que tuvieron y tienen lugar en estos tiempos de reconversiones económicas y revoluciones tecnológicas de profundidad- el movimiento nacional o, el eje dinamizador y armador del movimiento nacional. Por más progre que hayan parecido algunas cuestiones aportadas por el kirchnerismo, nada le quita la esencia peronista que por tradición, trayectoria y convicción  tiene. Ha sido el gran aglutinador de los sectores populares y aún no  ha perdido su vigencia. Tal vez si su ritmo.

¿Cómo sigue la historieta?...

Dice al final Scaleta: "Saber si el neoliberalismo que hasta hoy se aplicó sin estridencias bajo el paraguas del “gradualismo” acelerará su marcha o, como creen los empresarios y los operadores de la city, desde el pasado lunes comenzó el verdadero gobierno de Cambiamos (...)resulta difícil que un gobierno que siempre avanzó auscultando científicamente las reacciones sociales para afianzar su legitimidad política, la gran diferencia con la experiencia de la primera Alianza, se deje arrastrar de golpe por el animal spirit de sus respaldos más enardecidos..."

Otra vez cierto, basta conocer la "muestra" de los hasta ahora doce años (también) del PRO en el gobierno de la autónoma Ciudad de BA. No se llevaron puesto todo, actuaron paso a paso y profundizando cada vez más, haciendo que lo privado parezca público, que la exclusión implicara un necesario ordenamiento de las cosas  para una "modernización" de la que los desprevenidos (por ser fino) "vecinos" de la Capital disfrutan (no todos, claro, pero muchos). Con esto uno dice que no pisan el palito de andar privatizando todo, sacando derechos a diestra y siniestra, a lo bestia y a lo pavote. Es peor... Saben lo que hacen y tienen la firme convicción de hacerlo. Terminémosla con  la subestimación de la derecha.

Esto se pelea con política, y se gana con mucho más. Lo que uno dice es que el peronismo K es una buena base para plantearse como seguir. Copiarlo y ver el futuro en el pasado, sería de tontos. Defenestrarlo, sería de tontos que corren el riesgo de ser unos hijos de puta. Y uno no quiere ninguna de las dos cosas.

Ocurre que el peronismo sigue existiendo.

*"El sueño del fin del peronismo" por Claudio Scaleta; Página 12 del 25-10-2017; https://www.pagina12.com.ar/71474-el-sueno-del-fin-del-peronismo








martes, 17 de octubre de 2017

17

17 de octubre hubo uno solo y no se repite. A veces uno piensa que cuando se declama tanto eso de la lealtad, es porque es un bien escaso. Esa Lealtad con mayúscula del '45 tenía un destinatario concreto y una intención también muy concreta.

El coronel Perón se había convertido en la única garantía de una cantidad de viejas reivindicaciones del movimiento obrero muy conocidas como para andar repitiendo, pero, como que nunca viene mal... Aumento de salarios como nunca se había visto, lo que era incrementar y mucho la capacidad adquisitiva de los trabajadores, posibilitando el ascenso social que se iba a dar en el gobierno que vendría tras el triunfo electoral de febrero de 1946. Vacaciones pagas; la extensión a muchos gremios de la jubilación de la que ya gozaban algunos más fuertes, como la Fraternidad. El famoso Estatuto de los peones del campo, que regulaba la relación brutalmente desigual de la engañosa patria rural, paternalista y cruel. El aguinaldo, para recuerdo de que se debía repartir lo generado por todos, al menos en una cuota parte viabilizada en un decimo tercer sueldo por año. Convenios colectivos de trabajo que eran para respetar por el rol que asumía finalmente el Estado para controlar su cumplimiento. Respeto también para las organizaciones obreras, tras décadas de represión, ninguneo y clasismo de las patronales.

Cosas como esas eran por las que el movimiento obrero luchaba desde su fundación, en la última parte del siglo XIX. Muchos pliegos de reclamos, paros, boicots, tomas de establecimientos, huelgas de solidaridad, muchos muertos acumulados en la memoria de los humildes, mucha sangre como para que las banderas fueran rojas, bien rojas. Nada fue gratis, todo fue a punta de pelea y derroche de coraje de gente buena, laburante, de todos los días, de abajo.

Y cómo serían las cosas que ese Coronel se convirtió en un par de años en la única garantía, la única posibilidad de que esos trabajadores pudieran escribir su historia, finalmente. No se hicieron peronistas, mejor dicho, no inventaron el peronismo por un soborno, un choriplan, ni ninguna de las turradas que imaginan los que viven cómodos, los que nunca pensaron en el otro, ni los que nacieron sencillamente hijos de puta. Sacaron a Perón del mapa, le dieron un golpe dentro del golpe, avanzaron sobre las conquistas obreras, se rieron en la cara de los delegados, se pusieron la servilleta para devorarse nuevamente al país y...

Salieron.  En grupos, en camiones, de noche, en un tumulto de silencio y coronando de ingenuidad las consignas. Se embanderaron y cruzaron los puentes. LLegaron, tomaron la capital sagrada de los puros, de la gente bien y sus mandaderos. Tenían que hacer algo, porque se perdía todo y para siempre o por mucho tiempo, por un tiempo que ya no tenían ni querían aguantar.
Todo eso era Perón. Y uno está tentado a pensar que Perón no existía y se fue inventando en esos días. Perón era un milico a punto de retiro al que le quedaba la cárcel de la oligarquía, tal vez un balazo en la cabeza de algún camarada de armas. El pueblo tuvo que inventarlo y rescatarlo. Porque nada podían esperar de los que sabían.

Los que sabían les decían que esperen. Los radicales, repodridos en el  famoso "contubernio" que apoyó desde Roca para adelante a gobiernos de mierda, antirrepublicanos, presumidamente "aristocráticos", bancaron a Justo, a la década infame y al "fraude patriótico" poniendo cara de asombrados. No todos, cierto, había  unos jóvenes y unos pocos comités populares herederos de un maltrecho yrigoyenismo que también salieron el 17. Los socialistas le decían al pueblo que espere, preocupadísimos más por la demagogia que por el sufrimiento, solamente había que votarlos para que hicieran la revolución en el Parlamento, y callarse la boca. Los comunistas veían obreros dignos solamente en la Unión Soviética, los de acá les parecían chusma, cabezas, brutos. Lindos socios se había echado la derecha, los conservadores de todo pelaje. Cómo para confiar en esa gente...

Tenían solamente a Perón, y no tenían más nada. Y entonces,  fueron por Perón.

De eso se trata la famosa lealtad. Era lealtad a uno mismo, a los compañeros. Y por eso, a Perón.

Después pasó de todo. Los días más felices y los más tristes. Más dictaduras, una derecha que fue mutando, como lo hacen las enfermedades, creció el odio porque la igualdad que lleva a la verdadera libertad da mucha bronca a la mala gente. También vino la traición, esa compañera maldita de la lealtad. Muchos no estuvieron a la altura en ese tiempo y en estos tiempos. Muchos fueron peronistas de Braden más que de Perón. Cuando se convocan aluviones, esas cosas pasan. Los piolas, los que se las saben todas, los que se quieren salvar pisando a los compañeros, todo cabe. Pero nunca dio lo mismo hacer cualquier cosa. Hay una sola forma de ser peronista y de ser compañero, siempre la hubo.

Nunca nos conformamos con que el pueblo estuviera bien, ni aún mejor, queremos que el pueblo sea felíz. De eso se trata el peronismo, el hecho maldito de un viejo país burgués que nunca se fue de la Plaza.

Felicidades compañeros, siempre tuvimos cosas importantes para festejar. Pese a todo. Como dijo Perón que sería en un año o en diez, pero venceremos. Que es como decir, vamos a volver.


Felíz 17 de octubre, compañeros.

domingo, 8 de octubre de 2017

PERON (qué grande...)

Era un general, no, era un coronel. Y la verdá es que el milicaje caía simpático a los oligarcas, al pueblo no, así que imagine... El pueblo era una cosa desconocida (salvo para el pueblo), la gente de bien no tenía idea. Veían sirvientas, vendedores ambulantes, a los de la feria, obreros que volvían de la fábrica (porque cuando iban era tremendamente temprano y estaba oscuro). Y no los veían mucho porque eran oscuros. El pueblo estaba en sepia y la gente era a color, algo así.

Pero volviendo a los militares. Tenían prosapia, tenían monumentos y mil guerras en su haber, por ejemplo… la de la Triple Alianza cuando se hizo bosta al Paraguay; la de la campaña al Desierto cuando se agregaron tierras riquísimas al patrimonio nacional porque en un desierto no hay nada ni nadie (y de paso se acabó con el malón, ¿vió?); y también la guerra de… bueno no es una guerra, es el orden necesario para tratar la cuestión “social”, la cuestión “obrera” que además le dicen. Vienen a ser varias masacres, si uno le pone la oreja a los disconformes de siempre. Una parte de la población criolla siempre tuvo un secreto amor y devoción por los uniformes, y la otra parte los sufrió.

Y bien militar, así, de chiquito. Criado en cuarteles que fueron familia, amigos, sociedad. Fueron todos juntos al desfile del 6 de setiembre de 1930, que era en realidad un golpe de Estado. Jugaba fuerte la época. El capitalismo se tambaleaba cada tanto, el comunismo se hacía continente, las potencias y sus repartos territoriales, sus fábricas, sus mercados, sus leyes. Nosotros y en nosotros, un grupete de milicos que ponía mala cara. No les gustaba cómo iba la cosa. Que se haga fraude “patriótico”, que la oligarquía no tenga la menor decencia, patriotismo, ni cabeza. Que todo se pueda ir al mismísimo carajo si estallaba otra gran guerra. Qué Argentina era un país débil. Injusto y débil. Que ya no se podía confiar en todos los camaradas de armas.

Un quiebre en las fuerzas armadas, ideológico, doctrinario, vivencial. Decisivo. Pero con eso, ¿qué hacemos? Faltaba que uno se asomara por la balaustrada del Círculo Militar, que saliera al aire y viera lo que pasaba más allá de un cuartel, y de esa bella plaza San Martín. Usté sígame en su cabeza, que no da para hacer toda la historieta, porque quiero hablarle otra vez del pueblo.

Ya le decía, invisible. Nadies, así mirando el montón. Pero, achinando los ojos contra el sol, se van perfilando las cosas. Ve uno, por ejemplo a la clase obrera… Tremendo espectáculo de fulanos (y fulanas, según el rubro) entrando a las fábricas, a multitud de talleres, con vidas a cuestas y a cargo. Muchos, sindicalizados. ¿Sabe lo que costó eso?... mucha vida costó. Ahí estaban los gremios con anarquistas, socialistas, comunistas, con “sindicalistas” (los pragmáticos “sindicalistas revolucionarios”), también con tipos que se metían de puro coraje y no adherían a ninguno pero hablaban con todos. Eso era. Locales sindicales, bibliotecas populares, mitines y asambleas, banderas, carné, periódico, volante, festejos, pic-nics, entierros. Eso era. Hubo un poco de entusiasmo con el Peludo Yrigoyen que los recibía seguido y, a veces, acordaba. Y, a veces, cumplía. Alguno que otro se hizo radical, la mayoría no. Había cosas que lamentar también y ya se sabe, las últimas masacres, la policía brava, los delatores. Y la malaria. Los convenios que no obligaban a los patrones y las leyes que no obligaban a los patrones.

Pueblo también son los desgarrados, los mutilados por la desgracia, los arrojados de vida y placeres, tullidos, madres solteras, los tontos, las viudas. Agregue a todo eso “pobres”, que le da dimensión exacta a la tragedia. Y el Estado con sus hospitalitos, su asistencia corta, su beneficencia. Y la Iglesia con sus rifas, sus campañas, su desprecio sin amor, su mirada severa y su infinita “caridad”. Lo que se dice, estaban “listos”.

Ocurre que los trabajadores y los humildes estuvieron listos, justo cuando ese coronel se asomó y los vio. Fue hacia ellos tranquilo, calculando quizá, quién sabe lo que se mueve en el alma de un cristiano. Pero fue a los que estaban organizados y esperaban. Ya vendría Esa que fue hacia los rotos corriendo y los abrazaría para siempre y tan fuerte para fundirse en ellos y perderse…  Quedarse; pero eso vendría después y es lo más bello de esta historia.

Los organizados vieron al coronel, su uniforme verdeoliva, las insignias, la gorra. No les gustó una mierda. Pero fueron, qué perdían, habían hablado con el diablo y pactado con cada hijo de puta. Pasó que de la “Secretaría” no se fueron más. Ellos saben por qué, y si usté no lo sabe es que tal vez nunca se dio una vuelta por el sindicato.

En un momento, fue el Presidente. Gobernó y gobernó mucho, como dos planes quinquenales, como un país que no existía y de repente comenzó a existir. Para muchos fue el principio de una historia, para otros, una pesadilla que como esa historia, aún perdura. Mire, lo han definido de muchas maneras, pero me gusta sin dudas la del gordo Cooke con eso de la “maldición del país burgués”. “La mugre” y la “rabia”, que son valores negativos empleados como un escudo de virtud, fíjese, y como ese algo que por más que se quiera quitar vuelve, reaparece. Y así fue. Golpe, exilios, fusilamientos, resistencia, prohibición. El odio desatado y su absoluta inconformidad.

Uno estuvo en la primavera setentista sin haber sacado entrada, de puro pendejo que curiosea. Nos tocó un viejo General, el famosos león hervíboro, que volvía y en su larga muerte nos llenó de intemperie. Y bueno.

Así se formó uno, en un país de la mitad de acá y a su sombra. Que después de tantas cosas que han pasado, como que se lo entiende bien, aún en esas cuestiones tácticas que se lleva la vida y te devuelve la práctica. Muchas charlas contra el aire imitándole la voz, tratando de leer un cachito más y poner su dicho justo en el lugar justo. Amar el país convertido en Patria, amar a un pueblo que iba en su rescate y al mismo tiempo lo siguió. Qué mas hace falta.

El tiempo va deshaciendo hasta la organización, es cierto. Pero sepa que hasta ahora no pudo con esos tipos con  las patas en la fuente.

Eso, mi General.




miércoles, 27 de septiembre de 2017

C.G. del TRABAJO

¿Qué sentís cuando te dicen "CGT"?

Seguramente para algunos, los compañeros, surgen un montonazo de sensaciones mezcladas. Primero, seguro, una mística que nos lleva al tanque de agua con la sigla gigante en la calle Azopardo; a la esquina con el mascarón de proa de una nave invencible y Evita, en ese cuarto piso en que se la custodió (y del que la robaron los originales difusores de la grieta).

También amarguras por tanto traidor, por burócratas que no andamos publicitando ni puteando delante de todo el mundo, porque algunos creemos que somos familia y esos trapos se lavan en casa. Otros que no.

Y tenés la historia de la CGT peronista, la de la resistencia, la extraordinaria de los Argentinos. La CGT de la calle Brasil frente a la Dictadura. Tenés  a un Vandor, a un Coria, a un Triaca, pero tenés a muchos Framinis, Borros, Toscos, Ubaldinis, porque la lista es interminable. Y tenés también a los más conservas que a veces jugaron para acá, en esa cosa tan sin etiquetas posibles que supera largamente eso de la burocracia o la anti burocracia.

Congresos, delegados, asambleas, votaciones a mano alzada, cantar la marcha, saludarse con los compañeros, una mirada compinche, la marcha hacia la Plaza... Pero todo eso tiene una historia previa.

También están los argentinos que fruncen la cara porque la sigla asusta, disgusta en tanta tipología del sindicalista que se roba todo, que hace lo que se le canta rodeado de matones, y concluye que a lo mejor eso que dicen los patrones (y por ay hasta no imaginan que lo dicen los patrones) de que no debería existir el sindicalismo es para mejor. O como siempre, que vayan todos presos, y sanseacabó. Simple, al pedo, pero simple.

Bueno, se trata de hoy de recordar a un montón de tipos que llegaron un día con sus organizaciones a cuestas y con historia encima también. Socialistas, socialistas disidentes que habían armado eso tan interesante e increíble por su realismo que era la corriente "sindicalista revolucionaria", algunos comunistas, muchos anarquistas también que venían pegando la vuelta de tantas vueltas. Tenían siglas... la Confederación Obrera Argentina (COA) bien socialista, la Unión Sindical Argentina (bien "sindicalista), los independientes (bichos anarcos de la Federación Obrera de la Región Argentina del quinto y del noveno Congreso). Y tenían a la dictadura de José Félix de Uriburu, un general que no pudo implantar un régimen fascista pero trató, pisándoles los talones.

¿Qué traían encima? Te digo...el 1° de mayo de 1890 por primera vez en la calle, la semana roja de 1909, las arremetidas del comisario Falcón, la huelga de los inquilinos, la semana trágica de 1917, las tremendas huelgas del Puerto de Buenos Aires de 1915 a 1922, las luchas y matanzas del ingenio Las Palmas, la Forestal, la Patagonia Rebelde, el método de golpear y negociar que ensayaron y aprendieron desde Yrigoyen para acá. La ilusión de imaginar una sociedad sin  explotadores ni explotados. Y también la desilusión. Traían sangre, banderas rojas deshilachadas, cajas de resistencia, hermandades, sindicatos de oficios, delegados, secretarios, juntas,  reclamos, derroche de heroísmo. Historias de la pobreza y la indiferencia, de crueldades indecibles, de palabras desechadas e ingenuidades deshechas.

Y siguieron. Fundaron un día como hoy  la Confederación General del Trabajo, el 27 de setiembre de 1930. Casi a escondidas, casi derrotados. Sin sede, sin ley. Tenían un mandato, la fe de muchos compañeros, y a veces estuvieron a la altura. Otras tantas, no.

Es importante. Para mi, para vos, porque un tiempo después de eso un coronel que se abría la camisa y dejaba de lado las  palmas de general, les dijo que

HAY UNA SOLA CLASE DE HOMBRES, LOS QUE TRABAJAN

Hasta ahora, nadie pudo desmentirlo sin que eso significara la verdadera corrupción, la verdadera traición. La que te lleva a olvidar quién es uno.


Entonces, felíz día, compañero.

viernes, 22 de septiembre de 2017

SE CONSOLIDA EL CRECIMIENTO



La Nación dice, lo más campante: “Gracias a la inversión y el consumo, se consolida el crecimiento de la economía”. Y debe ser, porque un diario serio como ese no puede mentir. Cita, además, al informe de evolución del PBI (Producto Bruto Interno) para el segundo trimestre del año que difundió el INDEC. Y debe ser, porque ahora ese organismo ya no miente más.

Inversión y Consumo, motores del crecimiento. Suena bien, suena bárbaro. Y dice por ahí: “La variación del consumo privado se explica por un alza en el consumo de servicios nacionales (transporte de pasajeros, Internet y telecomunicaciones) y un fuerte crecimiento de los bienes y servicios de consumo importados (automotores, productos farmacéuticos y gastos de turismo en el exterior)…” Lo que se dice consumo de primera necesidad (y que le gustaría consumir a todos, sin duda). En el caso de los remedios, garrón garrón, eso sí es de primera necesidad.

¿Y lo de la inversión? Bien, porque “La suba de la inversión, según el documento del organismo estadístico, se debió al crecimiento del 11.5% de la inversión en construcciones, a la baja en 9,4% de otras construcciones, al aumento en un 5,5% en maquinaria y equipo y a un aumento del 14% en equipo de transporte. Dentro de maquinaria y equipo, el componente nacional creció un 4,9% y el componente importado, un 5,9%. En equipo de transporte el componente nacional disminuyó un 4,2% y el importado subió un 42,7%.” Clarito, y resulta que la importación viene a ser un rubro de la producción. Y bué.

Pero no terminan ahí las buenas noticias. Es muy lindo lo que estamos haciendo juntos… “El crecimiento se siente cada vez más en todos los sectores, y eso se ve en el consumo, que crece cada vez más rápido. No se observaba un aumento del consumo de esta magnitud desde el tercer trimestre de 2013”… Ay, y la venimos a cagar con el último dato, porque no faltará el KuKa que se pregunte ¿quién gobernaba hasta ese tercer trimestre de 2013?

Sigamos sin mirarlos. “(…) Para Labour, Capital & Growth (LCG), ese consumo aportó 1,6 puntos porcentuales a la mejora del PBI (…) los cambios en los patrones de consumo dejaron obsoletos muchos de estos indicadores por no reflejar la demanda en los canales mayoristas y de cercanía y el boom del e-commerce, señaló Sica.” Aclaramos, que Dante Sica, es el director de la consultora Abeceb, y también opina en la nota. “El economista agregó que la caída en las exportaciones y el aumento de las importaciones pueden ser otro ‘buen augurio’: la vuelta de la inversión privada.”
 
¡Albricias!, y usté rompiendo las bolas con el mercado interno, el compre nacional, las cooperativas de producción, y toda esa sarta de pelotudeces que lo tienen encadenado a la Yegua. ¡Por dios! A ver si se aviva, haga el e-commerce en lugar de ir al chino como un pajuerano y salga a cortar las calles con un cartel que diga “importar más, es agrandar la nación”.

Hasta acá, la maravillosa nota de La Nación del viernes 22-09-2017, tapa y página 18, pa más dato. Ahora veamos el vinagre que tiran los reventados de Página 12 (mismo día, páginas 13 y 13). Y dicen los resentidos estos: “(…) El segundo y el tercer trimestre de 2016 fueron períodos de muy mal desempeño económico, luego del impacto de la devaluación de diciembre, la quita de retenciones, tarifazos y avalancha importadora. Los sectores de la economía y los componentes de la demanda se confrontan este año con los valores deprimidos de 2016. Por ejemplo, el PBI subió 2,7 por ciento frente a un período en el que había bajado 3,7 por ciento. La industria avanzó 2,5 por ciento, pero hace un año caía un 8,2 por ciento, mientras que la construcción mejoró un 9,7 por ciento pero hace un año mermaba un 15,4 por ciento. Los datos muestran, de tal modo, que la mejora este año no alcanza a restituir la pérdida de 2016.” Lo que decimos siempre, es la pesada herencia de 2016.

Pero no se contentan con arruinar hasta el día de la primavera (ayer cayeron de punta), sino que van por más: “Si bien los datos del Ministerio de Trabajo muestran la creación de 159.800 puestos de trabajo desde que asumió el gobierno de Cambiemos, si se descuenta el efecto de regularización de monotributistas el resultado es distinto. Entre los asalariados, se perdieron 73.251 puestos en rubros con remuneraciones superiores a la media, frente a una creación de 40.277 puestos en ramas donde los salarios se ubican por debajo del promedio. El resultado neto es un retroceso de 33.000 empleos.” ¿Y qué tiene que ver? Encima esos deben ser los empleos -“empleos”- de la Cámpora, vamos.

Nadie puede quitarnos la alegría que nos dio La Nación. Aunque no lea el informe ni el diario, la foca ve la tele y retempla su espíritu. Mientras, sigue aplaudiendo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

EL DIABLO ENTRA POR EL BOLSILLO

Esa fue la frase que descargó el Papa Francisco en Medellín en una misa multitudinaria y ante la iglesia colombiana,  en su reciente visita a ese país.

Y más allá de vericuetos escatológicos, vale lo dicho para meterse en cuestiones más que interesantes... Es tradicional la crítica de la Iglesia Católica al  lucro (en la Edad Media se oponía al cobro de interés por considerarlo usurario, a la par que acumulaba propiedades donadas por la nobleza), al consumo deidificado, a la vanalidad del ascenso social desenfrenado como guía para la realización personal. Algo de razón tienen, pero no toda.

El peronismo es la doctrina y realidad (efectiva) que más se ha preocupado por el  ascenso social vía aumento de salarios y posibilidades para las clases subalternizadas (por la oligarquía y sus secuaces a lo largo de la historia contemporánea). Le ha metido plata en el bolsillo a mucha gente, y ha tratado de mostrar el camino de la realización individual en la única posibilidad deseable de la realización social. Es eso de que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Exactamente lo contrario al  liberalismo depredador que impulsa siempre una carrera insolidaria en la que debe haber si o si, ganadores y perdedores.

El último peronismo (el peronismo K, tan denostado hoy en día) duplicó el número de fulanos y fulanas que pueden considerarse como de "clase media". Por ingresos, por nivel educativo,  por acceso a los deleites de un mundo globalizado... ¿Se olvidó de los valores? Un tanto, si no dígame cómo se  explica que tantos energúmenos piensen que su esfuerzo personal es omnipotente, que de hacer velas y practicar el trueque en el 2001 hayan pasado a auto, vacaciones, mejor laburo, y más... Algo falló.

Ascender socialmente no es sólo poder consumir más, es cierto. Pero es imprescindible poder consumir más o simplemente consumir las cosas que un mundo globalizado muestra hasta partir la cabeza por todos los medios digitales a su alcance y a tu alcance. La gente se entera que hay otra vida... y que no es la de ellos. Eso genera esa desagradable idea de que uno "no está adentro". Y rencor. Ahora, la cosa es que también generó rencor el haber consumido, rencor hacia los que posibilitaron que el famoso esfuerzo personal (romperse el culo o el lomo, como prefiera) vale porque hay una sociedad más igualitaria en la que eso "vale".

El peronismo siempre regala, por ejemplo regaló hasta el cansancio la normalidad de una situación que nunca fue normal en la Argentina. Lo del país con oportunidades... una mierda, sólo con el peronismo hubo oportunidades. La derecha jamás dio oportunidad a nadie que no fueran los que estuvieron siempre llenos de oportunidades. La victoria de los ganadores. Y encima...

Nos la pasamos hablando de derechos, de conquistas y todo eso. Y a veces me anda pareciendo que no queda claro qué queremos decir. Aún muchos beneficiarios de los "derechos" se vuelven como perros rabiosos hacia la mano que les dió... Pasa. Y entonces es en ese momento en que estoy de acuerdo con la frase de que el diablo entra por el bolsillo. No es por el dinero, sino por la fantasía de la autorrealización en soledad, en contra de otros.

Hay déficit de "predicadores", como esos que Perón envió por los caminos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión hace mucho, hace milenios. Porque la militancia, con todo su enorme valor, no puede suplir a una porción importante de la población convencida de estas cosas de los derechos, la justicia y la solidaridad social, y que de tanto estar convencidos, van y las enseñan. No están convencidos y no lo estuvieron en estos doce años. La fácil es pensar que la culpa ha de ser de Cristina, como lo del huracán Irma y el calentamiento global, Hotesur y la trágica muerte de Kennedy.

La difícil -porque nos involucra- sería ver que al pueblo en general, y no en particular, se lo conquista en cada época y que no se tiene la vaca atada. Y también que somos muy gente difícil,  nosotros incluidos.