martes, 11 de julio de 2017

EN QUIEBRA


“Uno de cada cuatro despidos del segundo trimestre del año se debió al cierre de empresas. La proporción es aún mayor en el caso de la industria, donde la relación entre cesantías y cierres sube a uno cada tres casos.”

Esta es la conclusión que se extrae del Informe presentado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), utilizando fuentes sindicales, noticias periodísticas y datos de los organismos del Estado (Sistema Integrado Previsional Argentino –SIPA- y la Encuesta de Indicadores Laborales –EIL-, mediciones publicadas por el Ministerio de Trabajo. Pero vayamos a los datos y a la reflexión:

 (…) “El informe advierte que ‘hasta el momento, los despidos no habían estado relacionados directamente con el cierre de la empresa en sí, sino con procesos de ajuste’. Desde comienzos del año, se vienen sumando 3700 nuevos trabajadores afectados por mes.”(…) “lo que se observa en este segundo trimestre de 2017 es un incremento sensible de la pérdida de puestos de trabajo a raíz de cierres de plantas o empresas.”

(…) “…, la hipótesis es que el cambio en la tendencia responde a que se ha agotado ‘una primera etapa en la que las empresas intentan ajustarse, despiden personal eventual, cortan horas extras, reducen algunas tareas en términos de cantidad de personal’, y hemos llegado a un punto en que finalmente la decisión que queda es cerrar. ‘Hay una diferenciación por tamaño, que está relacionada con el hecho de que en las empresas de mayor porte la política de cierre tiene que ver con mejorar la rentabilidad, en cambio en empresas de menos de 200 trabajadores el cierre está relacionado con una crisis terminal’, …”

Y el ciclo se da así: “… a una oleada de despidos industriales sigue otra de despidos de los servicios, como consecuencia de la reducción del consumo interno. En el mismo sentido, así como la onda expansiva iniciada por los despidos industriales golpea en los trabajadores de servicios, ambas afectan a los trabajadores informales, una franja que es especialmente vulnerable por estar integrada por los empleados en negro, que carecen de protección legal.”

Son casos concretos que se filtran en los noticieros, en medio de un sinfín de huevadas: “Nuevas suspensiones en Alpargatas y despidos en Dass, Puma y Globito son algunos de los casos…” (…) “En la producción de alimentos y bebidas el cierre de Pepsico, líder en el mercado de snacks con su marca Lays, dejó sin empleo a 600 personas…” (…) “Los petroleros continúan en crisis. Los despidos de Atucha están directamente vinculados a la política de Cambiemos para el sector energético. En autopartes huybo 500 nuevos cesanteados y suspendidos, al igual que en las químicas, que sufrieron 450 bajas por despidos y suspensiones (Carboclor, Colorín, Lanxess y Resimax). Sumaron también despidos las industrias ferroviaria, láctea, curtiembres, frutihortícola, gráfica, calzado, frigorífico, madera y muebles, envases y embalajes, pesca industrial, laboratorio, materiales de construcción y plástico. Entre los servicios, el comercio concentró casi el 70 por ciento de los despidos y suspensiones. Carrefour, Disco y Walmart son algunos de los reseñados.”

La cuestión es que…  “En el acumulado desde diciembre de 2015, desde que asumió la presidencia Mauricio Macri, el CEPA totaliza 264.143 despidos y suspensiones brutos (76.526 del sector público y 187.617 del privado).” Esos vendrían a ser los únicos brotes verdes que se registran, lo demás es lisa y llanamente un country poblado de mentiras. Cambiemos.

¿Se trata de un caso más de Errorismo de Estado? Claramente no. Sin obviar la incompetencia y falta de cintura política, lo que registra el Informe es el resultado de decisiones políticas concretas de un gobierno que pretende demoler un esquema de productivismo-superávit fiscal-mercado interno para instaurar (o reinstaurar) otro de validación financiera-reprimarización productiva-mercado externo. El empleo entonces, es un “costo” variable, sujeto al juego de la tasa de ganancia y a los requerimientos y dictados de los centros internacionales de poder económico. No hay gente detrás de las cifras de Cambiemos, se trata sólo de si resulta eficaz con el objetivo o no. Y tanta gente trabajando, evidentemente no. 

El empleo es parte de la pesada herencia del gobierno populista, ese que entendía que por cada fulano sin trabajo había consecuencias generacionales, tragedias personales, representaciones que aguardan socialmente para explotar.

Sucede que al gobierno anterior, la gente le importaba.

* Lo entrecomillado y en negrita viene de: “Después del ajuste, los despidos por quiebra”, Página 12 del 10-07-2017, págs. 2 y 3.

viernes, 7 de julio de 2017

"...DE LOS TRABAJADORES, Y AL QUE NO LE GUSTA..."

En la foto, Omar Plaini –secretario general del gremio de Canillitas y diputado nacional- agradece emocionado la presencia y apoyo de un nutrido contingente de militantes y dirigentes de ATE Capital Federal, en la puerta de su sindicato. Fue en esta semana.

Plaini -además miembro importante del consejo directivo de la CGT- fue, como se sabe, suspendido en sus funciones sindicales, allanada la sede del gremio, intervenido el mismo y ocupado con fuerzas de Gendarmería. Todo a cuento de una vieja causa por supuestas irregularidades en una elección de 2013, que fuera desestimada por la Suprema Corte, y que ahora –casualmente tras el apoyo del sindicalista a la lista Unidad Ciudadana de CFK- es resucitada por un juez que hace gala de la separación de poderes al uso nostro del neoliberalismo Cambiemos.  Como excusa, una verdadera berretada. Como método recuerda en algo al asalto de los comandos civiles en el ’55 para destruir el sindicalismo peronista (y el peronismo, objetivo fundamental de ese momento y de este también).

No extraña la solidaridad inmediata de un gremio que revista en las filas de la CTA (ATE) con un alto dirigente de la CGT. La solidaridad es entre organizaciones de trabajadores cuando es agredido uno de sus miembros, uno de sus dirigentes. Allí no hay diferencias, o si las hubiere, se diluyen porque el que agrede es el enemigo de los trabajadores y agrede tratando de tener injerencia en la vida sindical. Hace tiempo, el movimiento obrero organizado obró de similar manera (defendiéndose) cuando otro gobierno de la democracia hizo el intento de intervenir pretextando la democratización de los sindicatos, a los que entendía como corporaciones. Fue la fallida ley Mucci.

En este caso, como en otros (llevamos ya cuatro intervenciones a sindicatos en este mandato presidencial), el apoyo y la solidaridad nada tienen que ver con intentar la impunidad ante iniciativas judiciales, por más dudosas que éstas sean. Los trabajadores defendemos y protegemos nuestras organizaciones. Lo bueno o lo malo del funcionamiento de los sindicatos debe ser cuidado o modificado por los trabajadores organizados y hay toda una rica historia que lo demuestra. Uno sabe –vaya que sabe- que los sindicatos tienen sus cosas: burócratas, traidores, chorros, y también representantes dignísmos de bases reales que muchas veces están a la cabeza de sus gremios porque allí los han llevado sus compañeros. Entonces, no vamos a caer en la tentación gorila de zamarrear dirigentes porque lo señala algún estamento del Estado (y menos aún, cuando ese Estado está representando cabalmente al Capital).

Hay historia pegada en este celo… camadas de anarcos inmigrantes y criollos, socialistas cabezones, los “sindicalistas revolucionarios” y también los comunistas obreros, que nos han legado el mandato de la independencia, de creer en nuestras organizaciones. Y después, el peronismo, bancado a morir el 17 de octubre por dirigentes y laburantes que se hacían peronistas en el mismo momento que inventaban el Movimiento, fue la forma de construir una identidad de trabajadores junto al Estado, con el Estado a favor, pero nunca desde el Estado. 

Ahora el panorama se complicó. A los despidos ocurridos desde la inauguración de este gobierno neoliberal (y conservador) en el Estado (¿recuerdan lo de la “grasa militante”?) se sucedieron –y siguen en una nueva ofensiva- muchísimos despidos en empresas privadas, suspensiones, y cierre de miles de PyMES. Pero eso es la periferia del cambio de modelo por uno de especulación, primarización y endeudamiento. El objetivo es el mercado laboral, bajar el “costo argentino” que tanto les molesta, terminar con la mala costumbre de las paritarias y modificar a la baja los convenios colectivos. Naturalizar la flexibilización laboral y terminar con derechos adquiridos. Se preparan para esta contienda del Capital contra el Trabajo; los envalentona tener votos para estas cosas, algo que no había ocurrido antes con la derecha…

Muchas veces uno dijo que el peor sindicato resultaba ser más beneficioso que el mejor patrón. Tal vez exageraba –todos pueden contar casos que desmientan lo afirmado- pero no en el fondo de la cuestión. En épocas de apuro –como ésta- es mejor tener laburo que perderlo, estar en blanco que a la deriva, tener el carné del sindicato que ahorrarse el aporte como un pelotudo. Es momento de andar juntitos, con la menor cantidad posible de diferencias, porque la voracidad obscena de esta gente no tiene límites. Quisieran vernos arreglando salario y condiciones de trabajo puesto por puesto, escritorio por escritorio o mejor, aceptando lo que ellos digan y punto. Hacer de cuenta que estamos en 1942 otra vez.

Por eso no es raro escuchar frente a la puerta de Canillitas el “¡Unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode, se jode!”, seguido por el “Borombombóm, borombombóm, los sindicatos son de Perón!”. Cantaban los mismos, no eran consignas antagónicas.




sábado, 1 de julio de 2017

EL HONESTISMO

“Lo único que me importa es que sean honestos”… Viene a ser: decir la verdad, no robar, no engañar. Y pará de contar; se me da que no sirve así solo para un proyecto de país pero mucha gente está convencida de que si. Y así votaron (y muchos, así votarán aún). Y si bien siempre te dicen que se trata de un valor que va más allá de toda circunstancia (específicamente, más allá de banderías e ideologías políticas), la vara de la honestidad mide preferentemente procesos populares. Allí se encuentran los casos de corrupción a patadas y se fantasea como sólo pueden fantasear los que nunca serán, se fantasea mucho y sin conocimiento de causa ni de efecto. 

De nada vale agregar que para ser un buen político hay que tener en cuenta otros factores, como una escala de valores que tiene que ver con la ideología, el conocimiento del pueblo (y la pertenencia al), el sentido de los equilibrios sociales necesarios y la consiguiente predisposición para negociar con otros desde lo que es propio, por un decir. Pero no, con que no meta la mano en la lata, yastá. Tan simple.

Difícilmente encuentre esta triste gente deshonestos entre empresarios, o en medio de negociaciones internacionales relativas a la toma de créditos (deuda externa, que le dicen), o coimas ofrecidas/pagadas por empresas. Difícilmente se encuentre la corrupción en el corazón y cerebro del sistema, se los descubre mucho más abajo y en su periferia. Y si no se lo puede ignorar, se confunde lo que es estructural con lo que es moralmente reprochable. Si de golpe se les dice a los incautos que muchas grandes empresas tienen manejos corruptos, o que es corrupto gran parte del Poder Judicial, abrirán grandes los ojos y asomará una sombra de temor que rápidamente contra-atacará con la sospecha de que estamos intentando cubrir a tal o cual ex-funcionario (de los gobiernos K). Hasta dudar de los poderosos suena peligroso, como si éstos pudieran saber al instante que se duda, y apareciera la posibilidad del castigo. El enemigo está adentro, enroscadito en el alma haciendo lo suyo.

Hace mucho tiempo, la honestidad en los trabajadores fue uno de esos valores que los distinguía y hacía más clara y honrosa la lucha por las reivindicaciones históricas. Así lo pensaba el viejo anarquismo, el socialismo y el comunismo cuando guiaban a la clase obrera. Sabían, no obstante, que la moral burguesa exigía la honestidad en los subordinados como prerrequisito de sometimiento a las leyes de hierro del Capital y también, como resguardo al sabotaje posible y al robo por resentimiento. Domesticar al laburante ha sido siempre la meta del capitalismo. Más tarde descubrirían el “consenso”. El peronismo tomó la posta y elevó la premisa del trabajador honesto y honrado como valor en la construcción de una cultura del trabajo que, si bien no se proponía como alternativa al Capital, rivalizaba en autenticidad ética y, en el fondo, disputaba el poder. Ya no se trataba de ser premiados, bien mirados, considerados por el patrón, era porque los de abajo resultaron moralmente superiores a los de arriba.

Pero las cosas se mezclaron y guerra mediática de exposición prolongada de por medio, henos aquí buscando atorrantes sólo entre nosotros, sólo entre políticos, sólo entre peronistas… sólo en el gobierno anterior.

La derecha ha sido constitutivamente deshonesta y esencialmente corrupta desde el vamos. Saltó sobre el país al saqueo, presentándolo como la formación del Estado Nacional, y así siguió. La historia es conocida para muchos, confundida para el resto. Como se sabe, el ojo del amo engorda el ganado y es por eso que a esta población que vota flotando, que no toma partido porque considera que eso es ser “independiente”, que puede votar a uno y al contrario en dos elecciones consecutivas, a todos esos el amo los sigue de cerca. Y les dice que lo más importante es ser honestos y no llegar a político para robar del Estado. Y el bobo, con la boca llena de alpiste, practica alborozado el honestismo. Se ve bueno, se ve lindo.

Uno no va a negar la posibilidad del choreo (aún la casi certeza en algún caso) y tampoco darlo por sentado sin ninguna prueba, sólo porque lo dicen mucho en la tele. El caso no es ese, sino no caer tan repetidamente en la trampa de los que ganan siempre y no se candidatean a nada (será porque los electivos son “cargos menores”).

Se trata de ver más allá de las anteojeras pseudo éticas, de la moralina (tan burguesa), que son importantes los procesos nacionales y populares y los gobiernos que los ponen en marcha –como es el caso del período 2003-2015- para la recuperación del país (vea si no lo de la reconversión vía quita, reprogramación de plazos y pago efectivo de la deuda externa), mantenimiento del superávit fiscal, dinamización y crecimiento del mercado interno, recuperación salarial y aumento del salario indirecto, protección de sectores vulnerados y no alcanzados por la economía formal (ahí va la Asignación Universal por Hijo), reindustrialización progresiva y recuperación de científicos formados en el país. Podría seguir con cosas que muchos saben (y algunos se niegan a creer, pese a haberlo disfrutado); baste decir que para eso son los gobiernos populares (no diga populista, por favor).

Ser honesto es de buena gente, pero el honestismo es cosa de pelotudos.



martes, 27 de junio de 2017

LA FERIA DE LA ALEGRIA

Si, se puede. La “filosofía del optimismo”* es así, una actitud cool frente a la realidad adversa que se termina negando y pasando por arriba. Entonces, ¿la cambia? En términos motivacionales, si. Para los herederos del Iluminismo, los tocados por un racionalismo feroz y el positivismo –que no se va nunca del todo- estas cosas de la “revolución de la alegría” son soberanas pavadas, repetidas por pajarones, digitadas por hijos de puta.

Bien. Pero este curioso tipo de pensamiento en positivo (insisto, este tipo…) tiene gancho, atrapa naturalmente porque tira para adelante en el momento en que el patrimonio de lo que se percibe como “mala onda”, nos señala a nosotros, infames peronistas y demás secuaces del campo popular (auténticos losers).

Justicia social; lucha contra los intereses de los poderosos; lucha contra el stablisment –y lo peor, lucha anti imperialista-; patria si y colonia no; promoción de derechos… Y más, que la riqueza de unos pocos genere la pobreza de los muchos... La complicamos: superávit fiscal haciendo que paguen cada vez más los que más tienen; nacionalización de activos accionarios de las ex AFJP en el ANSES para el sustento de políticas sociales (como la Asignación Universal por Hijo, por dar un ejemplo). Y va más: ascenso social vía mayor consumo de bienes y servicios; instrucción para más gente (y universidades nacionales en los distritos donde vive la gente). Y bancar en el transcurso de la recuperación -para llegar a ser “un país en serio”- un toque de inflación, matizada por medidas que protejan el consumo (como los precios cuidados, por ejemplo). Abstenerse de tomar deuda para pagar gastos corrientes, y/o para pagar deuda. Todas estas medidas y políticas generaron indefectible y,diría, objetivamente un “otro” enfrente que no quería soltar la chancha y los veinte. Generábamos “conflicto”, enfrentábamos a los argentinos, los obligábamos a tomar partido y establecer bandos. Algo que la derecha llamó “la grieta” y nos la endilgó (increíblemente, porque fueron sus mentores desde que el cadáver de  Moreno fue arrojado a las aguas del océano).

Eso es mala onda, un pasado que nos tironea y persigue. Encima y para colmo de males, viene endosado con el relato de la “pesada herencia” en alusión a un colosal desmanejo del Estado y corrupción sin parangón en toda nuestra historia. “Se robaron cerca de un PBI y medio” dijo el energúmeno de Farías, sin saber qué es un PBI, pero con ganas de zafar de la cárcel. “Se robaron todo, muchachos” sentenció bajando la cabeza el gobernador (des)Morales mientras deshacía el estado de derecho en Jujuy.

Nos ganaron con el optimismo y promesas que eran cuanto menos improbables,  eran imposibles de creer para mentes más o menos avisadas y con un mínino de información. Pero fueron creídas, más por exceso de técnica comunicacional que por sostener alguna realidad. Y así era que, frente a un Scioli que pronosticaba en el debate de campaña electoral todo lo que finalmente ocurrió, surgían cosas como: a nadie se le va a seguir cobrando el impuesto al trabajo que es el descuento de Ganancias 4ta categoría; a nadie –que le corresponda-se le va a quitar nada de lo que recibe y cobra, sean pensiones, planes, subsidios; no va a haber despidos injustificados. Hay más, pero me cansa el inventario y además, cada uno puede ir haciendo la lista.

Hay parte de una generación (joven, rePro) cuasi yanqui, cuasi boba, camino a hijaputarse, que banca a rajatabla el optimismo ultra, sobre todo si contradice una realidad comprobable. ¿Por qué pasa esto? Tal vez porque se compra ese viejo discurso de la “tierra de oportunidades”, o aquello de que si uno se mentaliza lo consigue, de que todo es posible… individualmente. Los mensajes están dirigidos del uno a uno, tratando de que lo “colectivo” quede pegado a lo gregario, masificado, en caca, o kaka (mejor). El esfuerzo personal puede vencer la situación adversa de un país, en lugar de saber que son las políticas públicas (decisiones políticas) las que obliguen a una nivelación como para generar las oportunidades en que la voluntad (individual y de grupo) puede manifestarse y desarrollarse con parámetros reales y en progresión.

Erigir a un Durán Barba como el nuevo Mesías tiene muchas bibliotecas atrás, no se crea. No es fruto de la imbecilidad o la ignorancia, no, no. Son cuestiones que requirieron mucho estudio y preparación, la derecha tiene think tanks -los grupos de tareas del pensamiento- ágiles y sumamente pragmáticos. Engatusar -nunca tan bien dicho- a una parte importante de la gente de medio pelo es tarea de profesionales.

Estafa. Malversación. Perversión de ideas y valores. Hacer que laburantes y pequeñas personas (los del común) sirvan a los de arriba y que no se den cuenta. El problema de siempre es la percepción de la realidad, por más narcótico que se halle en sangre. El boludismo no paga las cuentas ni hace que se progrese.

Las olas de tanta felicidad pasan por arriba de gente que se queda sin laburo, con lo complejo y dramáticos que ese ese segundo después del telegrama o del cartelito pegado en la puerta del establecimiento, o que el de vigilancia no te deje pasar y te muestre la lista. Jodido enterarse que no vienen más los remedios por el PAMI, que se caiga la pensión que apenas paga algo del pibe entubado e inmovilizado. Difícil pensar en una deuda a cien años, después de haber hecho tanto esfuerzo por refinanciarla y pagarla. Desalentador que no vaya más el incentivo para estudiar, programas que le hacían bien a un sector y que tendían a enderezar una vida torcida a propósito para conveniencia de pocos.

La Feria de la Alegría debe parar, al menos debe ir frenando. Porque en su trastienda se hacen negocios non sanctos y se sale llorando, no riendo. Es como la foto que puse ahí, una Feria pueblerina del Ku Klux Klan de fines de los veinte (1920). No es alegría, es segregación, es aceptación de la fatalidad a través de la banalización total de las ideas y de la moral social.

Aunque a muchos no les guste, decir “la patria es el otro” es de una satisfacción emocional y ética tremenda. Hacerlo, ni hablar: es de un optimismo de la gran puta. Del de verdad.


* Una crítica por derecha a la filosofía del optimismo en “El optimismo no es un programa de gobierno” por Daniel Muchnik, Clarín del 23-06-2017.

miércoles, 21 de junio de 2017

LAS IDEAS NO SE MATAN

De camino al exilio en Chile, se dice que Sarmiento escribió en una piedra "las ideas no se matan" (y lo puso en francés, el muy fino). Lo que sigue no tiene nada que ver con el gran sanjuanino (ponga usté gran qué cosa, a gusto), sino conque es cierto que hay ideas que no se sacan así nomás. No hablo de grandes ideales, de valores como la justicia social, la solidaridad o el mero compañerismo, que se sienten o se aprenden a sentir desde el vamos... o no. Tampoco de esos pensamientos complejos sobre la economía política, que da sustento a eso de "patria si, colonia no". Todo eso no suele fijarse en la cabeza como los preconceptos, los prejuicios y algunas burradas que se adhieren como chicles y hacen nido, se alojan, se mimetizan y se transustancian.

"Cristina es chorra" por ejemplo (o su genérico más gorilón, aunque sincero: "los peronistas son todos chorros"). Cristina es dueña de una cadena de hoteles en el sur y los alquila a precios exorbitantes a conocidos que benefició siendo Presidenta y se guardó la guita. Mientras Devido se choreó todo con la obra público y le pasaba a CFK su parte de las coimas. Toda la guita iba a parar a múltiples cuentas en el exterior. Y más, como si usté y yo estuviéramos en esos livings que se arman a la tarde en programas de "noticias" para hablar de cualquier forrada. Las pruebas te las debo, eso sí. Las causas no van ni para atrás ni para adelante, y eso que la corporación judicial -que es la mafia judicial, y no el poder judicial- tiene ahora las terminales bien alineadas con Balcarce 50 y/o una cuadrita al costado tirando hacia Retiro, cerca del Nación, donde una placa tapa lo que siempre fue, la Side.

Pero el portador de la idea fija lo cree todo, porque para eso tenía la idea pegada, para recibir la sospecha y reconocerla como propia. Decir que eso es antiperonismo nos diluye el problema y encima enaltece al mequetrefe vociferador a la categoría de pensador y poseedor de una ideología que no es tal. Se trata de estupidez lisa y llana, de la que se valen los que no son ningunos estúpidos y les chorrea hijaputéz por todos los poros.

Porque vea, que si de Cristina no pudiera probarse que es una chorra, queda lo de soberbia, altanera, maestra ciruela. Todas cuestiones molestas si le apetece, pero que no llevan a una sanción ética. Puede ser que la Señora despierte algún sentimiento de inferioridad y sabemos que cuando un forro se siente forro, puede ser peligroso.

Y otra pregunta que se me aparece como una manifestación de la primavera: ¿por qué justo cuando se reivindican cuestiones populares, derechos, historias "no oficiales", por qué cuando se cuestiona al neoliberalismo y se gobierna un poco para los de abajo y los del medio abajo, surge la fiebre de la corrupción? Porque hay que voltearlos y punto. Y con esta Señora no se pudo, entonces hay que llenarla de mierda, para que ni usté ni yo vayamos por ahí diciendo barbaridades sobre la curiosa relación que hay entre una necesidad y un derecho, como para calentar motores.

El patrón dice chito, el celador dice chito. Entonces se me calla. Que nos de un ataque de vergüenza, depresión, impotencia, o simplemente que nos de un ataque. Y nos callemos, y no votemos. Que desaparezca ese cuestionamiento, esa mirada de reprobación, el ímpetu de pelear y de volver y volver y volver y volver. El sueño de la oligarquía es que el mismo pueblo, o una parte importante del pueblo, nos rodee y nos haga callar. O nos eche, o nos escupa. O que simplemente y finalmente, desaparezcamos de la faz de la tierra.

Recuerdo una cosa que decía una señora por ahí, algo como "estos hacen las cosas bien, sólo porque quieren ganar las elecciones". Y de esto se compone o descompone la idea del "populismo" que pretende reemplazar al concepto "peronismo". Este abuso pornográfico de lo popular parece que produce engatusamiento, una fuerza interior de tozudez hecha programa político y doctrina (que es peor, mire). No sé, enloquecen, se ve que da miedo.

Y mire qué curioso, esa conciencia nacional, de derechos sociales, políticos, económicos, de continentalismo, todo eso que se malconfunde bajo el rótulo miserable de "populista" (en lugar de decir peronista, progresista, zurdo, y siga más allá de la pared si quiere), no funciona como la idea incrustada en el cerebro que le decía.

No. Para tener estas ideas hay que sentir (no "sospechar"), saber (que conlleva "aprender") y pensar. Es tremendamente difícil y te duele la cabeza. Tan difícil que lo puede hacer cualquiera que no haya sido penetrado (ay) por la merda del sistema que te roba siempre las vértebras esas cuya función es mantener la cabeza alta y la posición erguida.

Ahora bien, ¿significa esto que nuestros compatriotas, esos que portan el prejuicio antiperonista como el balazo que llevaba Mitre metido en la frente, no tienen remedio? Tienen remedio, eso sí, aunque no todos. Porque ser prejuicioso y aún medio gorila no siempre significa que el proceso sea irreversible. Hace falta si que el fulano o fulana no se regodee demasiado con la desgracia ajena para sentir el placer propio, porque eso sí que es jodido. Hace falta que no sea un envidioso empedernido. Estos casos suelen ser graves porque el enfermo no reconoce padecer del mal.

Y uno dice, o un coso me dice ¿para usté todo el que no está de acuerdo con ustedes es un enfermo? No sucumbo a la tentación y le digo que no, que de ninguna manera. Hay gente que no acuerda con uno y está cargado de argumentos. Es más, gente con la cual uno debió coincidir pero no podía blanquearlo mucho porque estaba cuidando la Patria -digamos- o creía que así estaba bien aunque no todo fuera del todo bien.

Pruebe en darle a esos otros menganos la razón en un par de cosas -seguro que hay un par- y manténgase firme contra lo que es pura manipulación mediática, pura alucinación gorila sin prueba alguna (y con mucha prueba en contra, agrego). De eso no nos bajemos, pero de lo otro sí. Y va a ver como la cosa cambia; y si no llega a un acuerdo al menos verá que la distancia está un poco más corta.

Y un día por ahí se reconstruye ese 54% que no es todo propio, que lo hicieron estos también. ¿O usté piensa que importamos gente de otro lado en aquella oportunidad? ¿O usté piensa que gano Carrió en el 2011 pero le afanamos casi el 40% de los votos?... porque mire que esto también se dijo. Entonces, el famoso frente ciudadano -a mí tampoco me gusta el nombre- no es, como uno pensaba, para ir a buscarlos a la casa y cagarlos a trompadas, sino que es para reencontrarnos, que nos viene haciendo falta. Y vio... la Señora sabe, aunque no te diga todo. Y ahí cuando menos se pensaba, la Mina nos puso la Unidad Ciudadana como para ir parando el espantajo que el neoliberalismo nos trajo de vuelta.

Como le decía, no se pueden matar esas ideas fijas; yo sugiero que le vayamos de costado. Que le ganemos la confianza en base de ser más sinceros, más críticos, menos pelotudos, menos infantiles, menos estalinistas (ya se que no se escribe así). Brutal, me lo digo, no es que se lo digo. Y no por eso vamos a dejar de estar donde hay que estar y en el momento en que hay que estar. Será que es posible vencer ese cerco imperialista que bloquea las mentes, deshace las sonrisas y pretende que se acepten cosas que son absolutamente inaceptables. Y que van contra la vida y hacienda del pueblo (o pueblismo).

El gobierno y el poder mienten mucho y todos los días. Descaradamente. Tienen como hacerse oír, tienen sus perros y sus escribas, tienen casi todo. Nosotros tenemos lo de siempre y vea que va dando resultado. Como el hecho maldito, de un país burgués.

Es cuestión de hacérselos otra vez.



sábado, 17 de junio de 2017

GUEMES

Uno dice "Güemes" y piensa en San Martín. Entonces la gesta es de San Martín y don Miguel Martín sigue siendo ese soldado bancador y leal que mantiene el norte a raya de los godos. Es cierto, pero no le hace justicia. El Güemes gobernador era un "populista" empedernido, y si me apura, un peronista de aquellos.

Gobierna un territorio con el enemigo en la frontera -y no se sabe muy bien cuáles son los límites de la frontera- y con otro enemigo adentro. Al ratito los oligarcas salteños (de esa gran región que llamaron Salta) vieron con claridad que el Gobernador, que era uno de ellos, resultaba ser un gaucho con algunas propiedades. No gobernaba como uno de ellos, tenía el vicio de rodearse de chusma y gobernar para el pueblo. Claro, los que no tienen patria tampoco se sienten parte del pueblo. Como ahora, sin ir  más lejos.

Por eso, consideraron a Güemes un traidor de clase por más que no lo plantearan así. Los garcas de la época se inventaron un bando y lo llamaron "La Patria Nueva", en reverso de esa patria que veían vieja o indeseable, una patria de gauchaje y gente que seguía al caudillo y sabían muy bien por qué. Algo difícil de comprender para los que veían que era necesario centralizar, ordenar, limpiar, diseñar un país para hacer negocios. No podían contar con gente como Güemes, ni con Belgrano, ni con San Martín. Será por eso que cuando se dieron cuenta de que no podían borrarlos del relato de la historia -justamente porque los pueblos no los borraban- decidieron transformarlos en monumentos.

Había que derrocar a Güemes. Los de La Patria Nueva decían algo así, en oportunidad de esa curiosidad reaccionaria que se denominó la "Revolución del Comercio" (mire usté que fallido ¿no?):

"... el gobernador Martín Güemes, transformado en deidad superior a los de su especie, empuñó el cetro de yerro más duro que cuantos tuvieron los Calígulas, los Nerón y los demás tiranos de la historia; (...) desde su colocación en el gobierno sus primeros empeños fueron perpetuarse en él, engañar a la muchedumbre, fomentar los vicios, despreciar al honrado ciudadano, quitarle sus bienes hasta arruinarlo y constituirlo en la miseria, disponer de las propiedades a su antojo, chocar con las primeras autoridades del Estado, ser motor de la anarquía en las demás provincias, oprimir al vecindario con contribuciones a su solo beneficio, tiranizar al soldado, turbar el sosiego del gaucho; huir cobarde por los montes; (...) se proclamó general de un ejército que sólo existía en su fantasía; recibió auxilios de los pueblos de buena fe; ...."

Por supuesto que siempre hay un Bonadío para transformar la canallada en ley, y la prensa "seria" para difundir las barbaridades.

En total, Güemes y sus gauchos -los "Infernales"- resistieron victoriosamente nueve invasiones realistas: 1812 al mando de Pío Tristán; 1814 Joaquín de la Pezuela; 1817 Pedro Antonio Olañeta y José de La Serna; 1818 Olañeta y José María Valdés; 1819 Olañeta y José Cartenac; 1820 Juan Ramírez Orozco; 1821 Guillermo Maguiegui; 1821 Olañeta. Y en medio de semejante quilombo, el caudillo, el gobernador, el Conductor veló por ese pueblo que alguien -con mucha razón- llamó "la tierra en armas".

Claro, los mercantilistas y monopolistas que manejaban Buenos Aires -ese lugar en el que dicen los turritos que vive Dios- les importaba un carajo que Güemes defendiera la frontera, un bledo que fuera el puntal para que San Martín pasara de Chile a Perú. Querían liberar tropa para reprimir a los caudillos y sobre todo, para hacer bosta a los orientales de Artigas (otro grande).

Las oligarquías saben elegir bien a sus enemigos, los huelen como los animales hambrientos que son y van por ellos, porque detrás de ellos está la torta y la gente. Había que liquidar a Güemes...

Mire lo que Güemes decía de esta gentuza con galera y levita:

 "Vosotros sois mucho más criminales que los enemigos declarados, como verdugos dispuestos a servir al vencedor en esta lid. Sois unos fiscales encarpados y unos zorros pérfidos en quienes se ve extinguida la caridad, la religión, el honor y la luz de la justicia. El estiércol de vuestros intereses, que adora vuestra codicia y avaricia, y mezquináis para auxiliar a vuestros virtuosos y pobres hermanos que caminan a la batalla, al peligro de perder el mejor y más inestimable caudal de su existencia, no sea pues, que llegue a servir para apagar la hipócrita sed de los tiranos.
Llenaos de rubor y temed el justo enojo de vuestros compatriotas a quienes abandonáis en el caso urgente de necesitaros."

O sea algo así como que cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento... Digo.

Güemes no se rindió, no se vendió, no transó. Y mire que lo tentaron, aún después de tenerlo caído, herido de muerte y en una agonía de diez días. Güemes se hizo jurar por los Infernales que, ni bien hubiera expirado, saldrían a recuperar Salta y seguir la guerra contra los enemigos de la Patria. Y eso hicieron, por eso todavía tenemos Patria.

Gracias general Martín Miguel de Güemes, nuestro general, nuestro caudillo.

Sepa que aún le debemos la segunda independencia. Y vamos a cumplir.

*Datos consultados de "La tierra en armas. Los infernales de Martín Miguel de Güemes", en Pigna Felipe: LOS MITOS DE LA HISTORIA ARGENTINA 2.


viernes, 9 de junio de 2017

EL ORDEN DE LAS COSAS



La patria es más que el país, que una dimensión geográfica o de economía política. La patria es un proyecto, nunca viene sola ni está colgada entre las utopías. Es un proyecto concreto que se lleva a cabo o que es impedido. Por eso es que hay un solo proyecto de Patria (y va con mayúscula) y lo otro es para establecer una y otra vez una colonia. No hay tercera vía en esto, en tal caso, es necesario poder captar todos los abordajes posibles del proyecto de Patria (y eso pertenece al pensamiento complejo, vale avisar).

Para los referenciados –como uno- en el nacionalismo, la Patria es la máxima referencia y barre con todos los eufemismos. Tiene que ver con esencia y con mística, un saber dónde se quiere ir y cómo se quiere llegar. Objetivos y valores. De todas las aproximaciones, quedémonos con la última. La Patria es el otro. Es un parteaguas tan fuerte. Los que optan por la colonia jamás podrán entender qué es el otro, donde está, qué le pasa y que tiene que ver con uno. Nada. 

Y una última cosa. Por la Patria se jura. Porque compromete hasta el alma, porque si uno va de verdad no hay después. Y si no es así, no se jura…

Después está lo del movimiento. Uno dice Mayo, la idea de la nacionalidad sudamericana, el federalismo tozudo y volvedor. Algo del radicalismo yrigoyenista. Sin duda alguna, el peronismo. Doctrina, idea, acción, movimiento. Eso que sirve para hacer el proyecto de la Patria, moverlo, recuperarlo cuando se pierde, estarle encima al país y aparecerle por todos los costados. Estar organizado, sin dejar ni por un segundo la insolencia espontánea. Pertenecer, unirse básicamente, estar. Y también la vida, esa la personal, la de todos los días. Y si le parece, pejotearse sin miedo ni tapujos, que también le hace al Movimiento. 

Al final, los fulanos y fulanas. Los que llevan o deben llevar en alto el proyecto de la Patria, porque vienen del Movimiento. La gente diría, que como no se trata de ángeles, alguno se tuerce, otro se dobla, otro se va al carajo. Y los más, ahí paraditos, permanecen como siempre fueron, compañeros.

Nada nuevo, pero repasando: primero la Patria, luego el Movimiento y, por último los hombres. Y las mujeres.