viernes, 20 de abril de 2018

SOBRE ESAS COSAS (sobre el PERONISMO nuevamente)


¿Le importa a todo el país lo que pase con el PJ, o las internas del peronismo? No, más bien que no. A un importante sector de la población sabemos que la política le importa un bledo, y se jactan de esa ignorancia vocacional. Allá ellos.

El peronismo inició hace un tiempo -poco, la verdad- un proceso lento y sinuoso de unidad. La clave sería rearmar en principio algo de la alianza política y social que permitió el abrumador triunfo del 2011. Claro está, la situación no es comparable a aquella y los problemas son muy otros. Como prueba de que ese proceso incipiente de unidad iba dando resultados, al contrario de lo desinformado por la prensa (poco) “seria”, es que se lanzó una intervención imposible al Partido Justicialista, en un dictamen firmado por una jueza conocida por sus exabruptos “republicanos”, poniendo como Interventor a un desopilante payaso del peronismo conservador y malandra. Peor imposible. Objetivamente la maniobra –torpe pero real- beneficia al gobierno neoliberal y sus posibilidades de continuidad post 2019, más allá de que haya de acciones, omisiones e intencionalidades.

Volviendo al hilo del asunto… La derrota electoral impactó muy fuerte en la estructura partidaria y convulsionó a todo el movimiento nacional. Algo se rompió, algo se perdió, y no se puede arreglar ni encontrar; al menos por ahora. Hay conciencia en muchos sectores del peronismo de que las cosas cambiaron, y que hay que dar y barajar de nuevo, sentarse, tragar saliva, acordar. Porque no da lo mismo -al peronismo no le da lo mismo- ganar que perder.

El movimiento peronista siempre se definió por lo social y cultural, y de ahí la política. Un curioso decurso de cosas, doctrina y hasta elementos de una ideología siempre en composición, que podría compartir, tal vez, con otras experiencias movimientistas (aunque no con muchas). Y aunque el "pueblo" -una parte importante de él- le haya dado la espalda, el peronismo no castiga con un "vayansealamierda", "aprendanyjódansen", no deja al pueblo colgado (aún cuando se muestra infiel y desagradecido), porque el peronista es pueblo y sufre tremendamente esos desaires. Se piensa en lo que se hizo mal, en lo que no se comunicó debidamente, y hasta a veces se minimiza la potencia infernal de un enemigo jurado que no perdona maneras alternativas de construir el capitalismo, menos aún, los ensayos exitosos de un Estado que sin dejar de ser el famoso Estado burgués, es capaz de lograr una redistribución progresiva y popular del ingreso generado por todos y, a la vez, proyectar el desarrollo independiente del país. Pasa que, como eso es posible, siempre que pasó se trunca, como para que nadie se convenza de que además de posible, es necesario.

Al peronismo la gente le importa y le duele, más allá de todo. No tiene dónde irse a lamer las heridas, no puede salvarse. No existen para el peronismo refugios, transiciones, treguas, escondites; está tremendamente a la vista y sin privacidad alguna.

Hay gente enojada con el peronismo; en parte merecido y en gran parte no (más  bien todo lo contrario). El peronismo ha caído en la trampa del sistema, de sus Ejecutivos, de sus Jefes, de sus dueños. De ahí que algunos peronistas (sin dejar de serlo) hagan doctrina del temor y salgan a predicar un republicanismo jerárquico que es absolutamente ajeno a la tradición del movimiento. Eso de que el "partido debe modernizarse" (ni hablan del movimiento), ser un partido de "centro", más de clase media y previsible. Son ideas que andan por allí y no son nuevas, pertenecen a la siempre fallida experiencia del "neoperonismo" (cuando pretendía sobrevivir a Perón, estando vivo Perón) y va mutando, sin dejar de ser una visión conservadora y esterilizante del fenómeno peronista. En ese mundo ordenado no cabe una "revolución justicialista", que viene a ser la irrupción (si quiere mansa y tranquila, aunque no se cómo) de lo nacional y lo popular en la dirección del Estado burgués (lo que decíamos antes). Un partido del "orden", pegado al sistema capitalista, que garantice junto con la derecha la alternancia, sin mover el barómetro de la acumulación capitalista y la tasa de ganancia. Un verdadero partido "garantista", pero al revés. Obvio, la mayoría del peronismo no quiere eso, no lo apoya ni apoyará. Pero cómo jode.

Por lo contrario, hay entre algunos peronistas una cosa anarca con el partido político. Se ven únicamente movimientistas, al partido como una disfunción liberal, y no como una herramienta disrruptora dentro del país liberal. Rememora un tanto a ese supuesto "evitismo" que negaba a Perón; o ese no hacerse cargo de toda la historia del peronismo (sobre todo de lo malo) y andar haciendo piruetas sentenciando quién era o no era peronista, según el gusto del consumidor.

Están si los que se pasaron de bando, claramente. Hoy, sería decir los que desde una tradición peronista abrazan la divisa amarilla con fervor. ¿Acomodaticios, colaboracionistas, traidores, mercenarios, o resentidos (por eso que no te dieron)? Ponga usté el mote; dan bronca. Ellos mismos labraron su destino y nada se puede hacer. O quizás, arrepentimiento mediante, se deban colocar últimos en la fila y esperar, como dijo alguna vez el General. Evita solía fulminar a cosos como estos...

Si uno se pone a analizar estas cosas, sin poner nombres, sin declarar de antemano la certeza absoluta ni la condena absoluta, la vida podría verse diferente, tal como la ven muchos peronistas. Esto crispa, se sabe, porque parece un perdonatodo,  pero no lo es. Para el zurdito despechado que tal vez lee esto (y uno mismo no está exento de nada) vale recordar, remarcar, señalar una y mil veces: se trata de luchas por la hegemonía pensando que muy posiblemente, el peronismo sea aún el territorio en donde se libra una parte sustancial de la lucha de clases en la Argentina. Upa, que sonó marxista...

El "proyecto" del que tanto se habló en la última experiencia peronista exitosa, el mal llamado kirchnerismo (que es peronismo por tradición, modus operandi, obra efectiva, objetivos, doctrina, fe y mística), fue una versión acorde con el original, permeada, zarandeada, aggiornada a los vaivenes violentos de la Argentina neoliberal entrando como se pudo en el siglo XXI (que nos encontró dominados). Hay que sacar provecho de esa patriada de doce años, no para volver sino para seguir, cuando los vientos del pueblo vuelvan a llevarnos mar adentro. En ese marco la unidad, las alianzas, las amplitudes...

Pero claro, estas vueltas no conforman a todos (a todos dentro de un nosotros), uno lo sabe. Está el "progresismo", que mira y no entiende, entiende y no le gusta. Todos los progres, seguramente no, porque algunos lo entienden como uno  y están dispuesto a llegar todo lo lejos que la Patria lo demande. No lo dudo. Pero hablo de los que no, de los que no tienen obligación de romperse el coco con el peronismo, porque no es su vocación ni su idea. ¡Pare de sufrir!, pero tenga en cuenta una cosa. Usté, amigo progresista, está  y seguramente querrá seguir estando en usa alianza transversal que idearon peronistas (un Néstor, una Cristina, por decir), que ha sido y será posible con el peronismo y más aún con su PJ como nave insignia, nave madre, sustento (llámelo como quiera pero no le rebaje la importancia)... Y ese hecho hace que la hegemonía peronista dentro de esa transversalidad marque los pasos, los tiempos y muchas de las convergencias temporales y también de las más estables. El peronismo puede ser convocante por su número, dinámica, potencia, historia, composición (de clase, si  quiere). Por lo tanto, también le caen por la cabeza sus crisis. No son crisis de prestado, atañen, porque marcan el ritmo del movimiento nacional. Desconocer esto es, simplemente sufrir al pedo y no llegar al fondo de las cosas. Lo que no quiere decir que se deba sentir, pensar, y hacer como un peronista (además, tendría  que elegir cuál peronista). 

El progresismo también debe ser puesto en valor, porque también está en crisis, ¿o no? Para correr fraternalmente al peronismo por izquierda -su principal labor dialéctica- primero tiene que aclarar un poco más su identidad. ¿Acaso le andamos preguntando qué significa hoy ser progresista, o qué tipo de progresismo encarna? Deberíamos.

Como verá, amigo, compañero, las cosas son un poco más complejas que barajar nombres para una fórmula... El problema que tenemos todos los que nos reconocemos dentro de ese movimiento nacional y popular, es que necesitamos una fórmula competitiva, necesitamos  ganar. Se sufre mucho si no lo encontramos.

¿Sabe? la Patria está en juego, que es lo más importante y todo lo que tenemos.




martes, 3 de abril de 2018

LA GRIETA (SOCIAL)



¿A usté no le parece que cuando se habla tanto de la unidad (por caso, del peronismo) es que estamos lejos aún de lograrla? Enseguida se pasa revista a los sectores contrapuestos, a los dirigentes de uno y otro lado... Y nos quedamos con los dirigentes, si éste estuvo acá o allá, de las agachadas y múltiples cambios de vereda. Lo dijimos muchas veces matizando hasta lo imposible las palabras, sobre todo la palabra "traición", porque sabemos -y cada vez somos  más los que caemos en la cuenta- que sin unidad del peronismo en primer lugar y del campo popular en general (¿no mi General?) vamos a tener un tiempo más de este neoliberalismo de salteadores de caminos. ¿Llegaremos a eso de que "Hay 2019”?...

Sin embargo hay otros aspectos -más  importantes- desde donde ver el tema de la unidad y tiene que ver con cuestiones estructurales. Mire esto y seguimos charlando...

“(…) la destrucción del tejido industrial y la mutación del mundo del trabajo vienen produciendo desde hace ya un par de décadas una fragmentación del universo popular que, a grandes rasgos, hoy se divide entre los desocupados, los trabajadores informales y los trabajadores formales (el “moyanismo social”, cuya emigración primero al massismo y luego al PRO produjo el quiebre de la coalición kirchnerista –y su derrota-)…” (…) “estos modos diferentes de inserción laboral generan posiciones, visiones del mundo y hasta ideologías distintas, que profundizan la distancia incluso entre quienes viven medianera de por medio: la distancia entre el trabajador cuya vida, aún con un salario bajo, sigue organizada por el trabajo, pautada por la semana laboral y protegida por un sindicato, y el que se ve obligado a rebuscárselas con las changas y los planes. Esto genera a su vez demandas distintas entre los sobrevivientes de la Argentina salarial que reclaman por el impuesto a las ganancias y la obra social y los hundidos del siglo XXI, que piden el socorro del Estado.”

Se dijo en otro posteo hace un tiempo, pero lo repito: en los 2000 uno veía desfilar por Av de Mayo hacia la Plaza contingentes  de lo que histórica y estructuralmente era la base social del peronismo. Trabajadores convertidos por la magia (mafia) del mercado en ex trabajadores. Marchaban con banderas propias, trapos desteñidos con barrios atrás, pibes, pibas que no  salían del anonimato. Y que no debían salir porque en la Argentina decadente de los liberales, hay sobrantes sociales y no "ejército de reserva" para regular el salario y aumentar la tasa de ganancia empresarial. A la fragmentación del mundo del trabajo se le adosaron dosis insoportables de marginalidad y pobreza (que no son sinónimos). La brecha se agrandó como para no cerrarse nunca más. Y entonces si hablamos de fractura social, ahora entre trabajadores formales y trabajadores informales, más los ex trabajadores. Nos quieren vender una “grieta” con sectores de la mal llamada clase media, cuando lo que subyace es un quiebre mucho mayor. 

El peronismo original (ese que comandó Perón en persona) organizó la vida social en base al trabajo y los sindicatos. Ya estaban allí las patronales, y sin embargo, se erigieron nuevas que provenían de antiguos talleres y fabriquitas más de barrio. La famosa “burguesía nacional” que el peronismo creyó encontrar finalmente (encontrar, crear, serían solo matices semiológicos). El mundo del trabajo se completaba con sindicatos fuertes en organización, afiliados y también recursos para brindar estabilidad laboral, garantizar el incremento del poder adquisitivo de los salarios (que funcionaba como engranaje necesario de la ampliación del mercado interno), y también salud en clínicas propias, vacaciones en complejos turísticos manejados por los gremios, obras sociales. Sindicatos de organización compleja, verticales en la cúpula y horizontales en las organizaciones de base, así se planteó el modelo sindical del peronismo. Lo que quedaba afuera, la sociedad descarnada de los sin oportunidades, los humildes al decir de la presidenta de la Fundación de Ayuda Social (Eva Perón), se atendía por esa vía. Terminado el período de gloria, los sucesivos golpes de Estado y pasajeras democracias tuteladas, el esquema sindical siguió intacto y el Estado asumió parte del trabajo que llevara la Fundación Eva Perón, pero mal y sin querer.

Lo que explotó luego de la Dictadura Cívico-Militar (1976-1983) fue el esquema general, la Comunidad se desorganizó finalmente y emergieron las islas del neoliberalismo. Flexibilización laboral, las poli funciones y posiciones en la organización productiva, las empresas que a la especulación financiera le agregaron valor, y también mano de obra sobrante. Pero sobrante para siempre. No se ha podido recomponer el esquema original, como tampoco ensayar la superación del tema una vez aceptado que la super informalidad laboral venía para quedarse. 

No obstante: “(…) Durante su larga década en el poder, el kirchnerismo logró suturar esta herida abierta en el campo popular mediante la acción enérgica del Estado y el talento de su liderazgo. Sucedida la derrota, la fractura reemerge, más ardiente que nunca. Por eso el proceso de recuperación del peronismo, si finalmente se produce, debe contemplar la realidad de este universo social astillado…”

Así es el costado social de la unidad. Somos una sociedad partida, vulnerada, maltratada a control remoto y a la vez por sus  propios dueños (ahora elevados a la categoría de gobierno constitucional, de acuerdo a las normas de un Estado de derecho). Hay que atender a estas cosas primero en lugar de discutir alegremente sobre dirigentes. Porque ¿qué pasa con los no dirigidos?, los afueradetodo. Las diferencias con los incluídos no pueden ser más elocuentes. Mire, en la marcha famosa ya de febrero (la de Camioneros y otros gremios y organizaciones sociales, la que tuvo a Moyano como  orador principal) esto se hizo visual. Los sindicalizados estaban bien vestidos en su estilo, alimentados, organizados institucionalmente, y los otros no. Con la caída en picada de los estándares de vida ocasionado por el saqueo del “cambio”, se nota más que nunca.

Los que discuten paritarias (a través de sus organizaciones y con sus dirigentes, buenos o malos) son todavía mayoría en la Población Económicamente Activa, cosas de la Argentina peronista. Un casi 40% -que es muchísimo- queda a la intemperie. Si usté junta a los que laburan en blanco pero no están bajo Convenio, o no pueden (quieran o no) sindicalizarse, con los que no tienen trabajo formal,  y los que viven de changas y/o completan con algún plan  estatal, bueno, allí  tiene la fractura social verdadera.

Todo esto actúa sobre  la política y también la parte. Solamente  con una conciencia real del desastre, se puede comenzar a entender lo imprescindible de la unidad y dejar esos maravillosos escrúpulos (y tantos principios) para el ágora ateniense que, entre nosotros, era esclavista. Parecido a lo que hablábamos, al menos en la metáfora. 

La "grieta" que nos venden no dejan de ser deshilachadas discusiones de panzasllenas (entre los que me incluyo). Sin propósito de banalizar el debate político (o lo que sea eso) es necesario mirar más allá si se quiere hacer un análisis que no solo intente interpretar la realidad, sino que pueda proyectarse al futuro.

Algo así, ¿no?...


Las citas son de “Todos unidos volveremos” por José Natanson; Le Monde Diplomatique; edición 225; marzo 2018; págs.. 2 y 3.

viernes, 16 de marzo de 2018

DESCUBRIR LA DERECHA



El descubrimiento de la Derecha puede ser traumático. Depende de la edad... Si ocurre tempranamente, seguramente irá acompañado de un proceso de politización que ayuda bastante, ya que hablamos de una toma de conciencia en sentido contrario (no “más” a la derecha). Entonces el párvulo político obtiene algún consuelo. Si al mismo tiempo se llega a la conclusión de la necesidad de emprender caminos en conjunto, ni hablar. Puede ocurrir que uno se tope con la Derecha ya crecidito y entonces, el desconcierto llega a ser grande. Darse cuenta, por ejemplo, que uno recibió durante años una basura como Clarín en su mismo domicilio... Que uno se creía honesto, positivo y progresista con argumentos liberales del siglo XIX, republicanos, sencillos y de sentido común. Horror, uno pudo ser un pelotudo (tanto tiempo).

Párrafo aparte merece tal descubrimiento a una edad avanzada, porque en ese caso, opera como salvación. Conozco una señora mayor que nunca dudó de que el peronismo estaba mal y, tras el advenimiento de Cristina FK y la famosa "década ganada" (Néstor incluido, claro está), terminó poniéndose feliz de que sus conocidas - con claras muestras de disgusto- le cambiaran a ella los billetes con la imagen de Evita por los de Roca. Porque descubrió que Evita (que de joven no le gustaba porque le resultaba muy mandona y atrevida) había sido una gran mujer. Reconoció que en algo se había equivocado, o no había sabido ver, quién sabe. Se sintió bien (sé perfectamente que fue así, porque esa digna dama es mi madre). 

No es fácil darse cuenta de que la Derecha existe, aunque a usté le parezca mentira. Sáquese de encima la mueca de sabiondo, o de militante de siempre y fíjese en los pobres mortales que nos rodean (vea que me coloco a su lado, sólo así vale la observación). La Derecha basa su poder -al igual que Drácula- en que pocos saben de su existencia o, mejor aún, que la mayoría niega su existencia. Frases como "la izquierda y la derecha son cosas del pasado", "a mí la política no me interesa para nada", o el consabido "no entiendo de política", son signos evidentes del ocultamiento cultural de la Derecha.

¿Se fijó que nadie admite ser de derecha? Como si fuera algo malo, sucio. Y en verdad lo es. Pero no es por eso que se la niega, sino porque suele considerarse que es una etiqueta que generaliza y divide. Como la política.  Otros, que se creen "más cultos" la equiparan a ser un fascista o algo así. Si alguien les dijera que nuestra Constitución es de derecha, lo mirarían espantados primero y ofendidos después de un segundo. A menos que la Constitución les chupe también un huevo. 

Los hay que salvarían el pensamiento liberal como no exactamente de derecha, por ejemplo haciendo una alusión semántica a la "libertad", porque como todos sabemos lo que tiene que ver con ser libre no puede ser malo. Lo problematizamos un tanto si hablamos de la libertad de empresa, o la libertad de mercado. Rápidamente y confundidos en la discusión, nos argumentarán que no están de acuerdo con las corporaciones o las trampas que desvirtúan una libertad comprendida en una sana competencia entre iguales. Adam Smith frunciría la nariz y soltaría un "¡pero qué pelotudo!".

Lo que hay que decir es que la Derecha existe y camina entre los hombres y mujeres, como el demonio según Juan Pablo II. Claro que ahora es más fácil que entre la cosa en la cabeza, porque se ha consagrado con el voto (el voto es sagrado, porque “vox populi vox Dei”) a un gobierno de derecha. Mansamente y creyendo que se cambiaba (siempre es bueno cambiar). Esto lo dice uno, lo comparte usté que lee esto, pero no todo el mundo. 

Repasemos...
El Estado debe tener la menor injerencia posible en las cuestiones de los privados, sobre todo en la economía.  El Estado no debe regular, ya que eso sería poner trabas al desarrollo de la iniciativa y la competencia. El Estado sólo debería vigilar que nadie se pase de la raya, y por supuesto brindar seguridad. Y también buena educación y salud, y también todo eso que uno no es capaz de conseguir y lo reclama a los de arriba. Si al otro le va mal, será porque no quiere trabajar, es un descuidado, un drogón, un delincuente, un dejado, un perdedor. Si a uno le va mal, seguramente es porque lo están cagando. Y que otro puede hacer eso sino el Estado cuando es permisivo. Bien, ver al Estado así es tener una visión de derecha. 

Nosotros... (en mi caso el plural remite al peronismo y al marxista vencido que obra de ancestro) Nosotros somos estatistas. Creemos que el Estado cumple una función social equilibradora en el capitalismo. Debe establecer el balance entre el Capital (los que la tienen y la juntan con pala) y el Trabajo (los que tienen su capacidad de laburar y punto). En tiempos de neoliberalismo (etapa superior del liberalismo) el Estado cuando es popular, debe cumplir una función social reparadora y justiciera. Algo como lo que decía Evita sobre inclinar la balanza hacia acá. Lo llamamos "humanización del capital", es decir persuadir, convencer y de última obligar a comprender que el Capital tiene una función social que cumplir y que, caso contrario, la acumulación de riquezas es un robo, una degradación moral que se debe impedir. La función social del Capital es la reinversión de parte de la ganancia en bienes para la sociedad, que nada tiene que ver con Fundaciones (tan afectas a la Derecha) para lavar dinero con la caridad o la "ayuda", ni con cualquier forma que tenga que ver con la sola voluntad e intención de los privados (a menos claro, que esa Fundación sea como la Fundación de “Ayuda Social Eva Perón”, pero eso da para otra nota.

El Estado, una primera cuestión. Los derechos de todos, la otra. La gente es sujeto de derechos, y cuando se transforma en "pueblo", los exige… Muchos conceptos, mucha cosa. Paremos acá, y volvamos al principio.

La cuestión es que mucha gente no sabe que es de derecha (los que lo saben y con convencimiento, se apresuran a ocultarlo a los otros)... Piensan que el “sentido común” es el parámetro de las cosas importantes en la vida. Jamás sospecharon que el tan mentado sentido común pueda ser también un compendio de frases hechas y recetas aptas para casi todo, con estrecha vinculación a viejos preceptos del liberalismo decimonónico formador de la Nación. “La gente decente nada tiene que temer de la justicia ni de la policía”; “el campo es el dinamizador de la economía” (y el apoyo sutil que se brinda ante flor de tormenta cuando se afirma “es bueno para el campo”, inundaciones al margen); “lo más importante es la educación”; “este es un pueblo con una gran cultura política”; “la competencia es buena para la economía”; “el Estado no debe intervenir en la vida de los ciudadanos”; “no sólo hay que ser bueno, también hay que parecerlo”. Son algunos ejemplos; el refranero popular está lleno de estas cosas. Y uno podría terminar con un “al que madruga, Dios lo ayuda” y su alegre contrapartida: “al pedo, pero temprano”, que es lo que uno contestaría.

De allí que la palabra impresa (el diario) conlleva una carga de verdad implícita; si salió en la tele aparte de ser importante es real. Hay cosas que están pre aprobadas por un consenso cultural, macerado durante generaciones y cocinado en mitos fundacionales, que no siempre –o casi nunca- son ciertos. Una historia oficial y también una manera correcta de ser ciudadano, vecino, amigo, persona. ¿Caben todos en los moldes?, claro que no. Lo distinto –vaya novedad- es como que no encaja, es una anomalía cuando no una aberración. Y se lo rechaza. Rechazar, excluir, alimenta el ideario que cohesiona e incluye a los incluidos, sobre todo si esos incluidos están siempre con la sospecha que pueden ser desheredados y caer en la desgracia de la exclusión. A veces es real, y las más una fantasía obsesiva (y malsana).

La Derecha enferma a la gente, saca lo peor de uno, te prepara para una jungla inventada en la que hay que matar o morir. Los que saben cómo se maneja el mundo (porque lo manejan) crean submundos de pesadilla para sus internos, que siempre han de quedar con hambre. Como perro malo.

El descubrimiento de la Derecha puede ser traumático, pero absolutamente necesario.

miércoles, 28 de febrero de 2018

INFAMES


Crecí demasiado como para andar festejando muertes, por más que el homenajeado lo merezca y remerezca. Se muere Menéndez, el mandamás de Córdoba y aledaños, un señor de la guerra y la muerte, al que dicen no le caía mal que lo conocieran como "la hiena". Que ejecutó personalmente a más de un prisionero inerme. Uno de esos tipos que arruinaron la vida.

Miles de personas podrán alegar sus destrozos, mostrarnos sufrimientos indecibles, testimoniar los años del horror y la vergüenza nacional. Conocemos a esta altura, después de tanta labor pedagógica, de tanta lucha de Madres, Abuelas y organismos de Derechos Humanos, conocemos... y ojalá fuéramos todos.

Uno puede ser un poco original si trae otras cosas de las que se habla poco, eso de que la vida de todos los días de golpe y por un golpe no fue lo que se esperaba. A muchos sólo nos robaron la juventud, aunque nos dejaron la vida, cierto. Sólo nos impidieron seguir tocando la guitarra con amigos en una plaza, o ir a otra plaza de noche a conocer un poco como sería eso del sexo. Nunca más salir sin documentos, ni al baño; arrancamos los números de teléfono (se usaba anotarlos) de la agenda, escribir medio en clave en la agenda, dejar de tener una agenda, no poner ni el nombre de uno en la primera página. Pensar si otra vez nos harían bajar del bondi en Puente Saavedra (por nombrar un límite de la Capital, como otros de otras ciudades) y poner las manos en alto contra el lateral para que nos palparan de armas, para que hurgaran en nuestra cosas. Eso, ir caminando a la noche y que te encandile un foco y a los gritos te interroguen qué mierda estás haciendo. Y si decís, como fue el caso, que volvés de la facultad, un coso en uniforme revisando los apuntes y haciendo que le expliques lo que dice, y pensando que se trata de un mensaje cifrado y no que él es un primate que no caza nada de filosofía, por ejemplo.

Puede haber montones de anécdotas desde otro lado distinto al heroísmo. Y allí está presente lo que es una Dictadura. Como animales peligrosos sueltos a las órdenes de fulanos como Menéndez. Buscándote. Encontrándote.

Y ¿sabés? es mentira que al que no estaba metido en algo, no le pasaba nada. Le pasaba la terrible disciplina del miedo; le pasaba... pensar que había un orden que respetar, una forma de vivir y también de pensar, reglas que no pueden ni deben desobedecerse. Porque si no, te matan. Y listo. Nos enseñaron a todos, a quedar medio autoritarios como queda uno aturdido tras un accidente del que salió increíblemente ileso. A pensar en enemigo-amigo, porque ellos eran el enemigo en persona y respirando. Mandoneando. En otoño del '76 se llenó de hojas verde oliva toda la vereda y quedaron pudriéndose durante años. Esa Dictadura le enfermó el alma a este pueblo, a los que se asustaron, a los que se escondieron, a los que no tenían nada que ver, y también a los que pelearon, a los que salieron a la calle a decir "se va a acabar...". A todos. Y más o menos contaminados, llegamos a eso que los libros dicen era la democracia.

Claro, todo esto no es muy impactante, no suena a teoría de los dos demonios, como tampoco a la saga de los valientes. No pretende. Al lado de daños irreparables, de los muertos, de los secuestrados, de bebes robados, de bienes saqueados, de un país malversado y entregado, todo esto es como caerse de la bici y pegarse un raspón. Pero estaba infectado, y eso uno no lo sabía.

La cura -para algunos, entre los que me cuento- vino mucho después. Es cierto, este pueblo o gran parte de nuestro pueblo luchó y mucho. Allí está si no el testimonio de tantos trabajadores, delegados sindicales desaparecidos, junto con otros claro, junto con los otros (que también son los nuestros). Vino la democracia y todo eso, pasamos el momento. Los Derechos Humanos eran la enorme bandera que se hizo toldo para aguantar el solazo y la lluvia ácida debajo. Y la insistencia terca, casi demencial, por Justicia. Esa que finalmente -digo finalmente, porque cosas importantes ocurrieron antes- tomó cuerpo con un extraño Presidente que llamó a los salvajes como Menéndez "infames traidores a la Patria" pidiendo perdón en nombre de un Estado que no era el de él, pero, los compañeros sabemos que Néstor se hacía cargo de todo. Nos abrió las puertas de la ESMA, y entramos todos, algunos solamente para mirar en un silencio tremendo a viejos prisioneros abrazándose con el corazón desbordado en el patio de armas y llorar, llorar todos como nunca se había llorado. Eso fue.

Pero no me refería a esa cura. Uno dice cura, pero es qué se yo, reparación. Para mi fue la cerrada mirada a considerar cualquier otra cosa que no sea la democracia, como un valor permanente, y mirá que parece una boludéz sobre todo para gente que no se crió precisamente pensando que la democracia servía para algo. Esa cerrada mirada la vi en mis hijos, que no piensan como yo exactamente porque han sabido tener otro lugar para estar del mismo lado. Ganamos, me dije entonces, ganaron me digo. Y Menéndez perdió, perdió para siempre igual que el prócer de los miserables que murió cagando en la cárcel común Marcos Paz (porque "lo peor vino con los Kirchner").

Y Menéndez perdió mucho más que su vida a los noventa años. Mucho más que nuestras puteadas, maldiciones, que no le llegan. Más que su uniforme de mentira que San Martín le estará arrancando lleno de indignación. Más que todos los gobiernos, que pasarán, más que nuestra historia, que también pasará. Nos deja un país envenenado y un montón de curanderos que tendremos que volver a organizar, pero que ahí están.

Me doy cuenta de que no soy tan grande, ni tan sabio. Por eso, salud, brindo por nuestra salud, porque el mundo por un ratito es un poco mejor.

Y esta vez, ¡viva la Patria!

lunes, 26 de febrero de 2018

EL HIT DEL VERANO



Comenzó en las canchas, como casi siempre con estas cosas. San Lorenzo, River, Huracán, Lanús, Rosario Central, Independiente y Chacarita, hasta ahora. Pero también en el subte y en un vuelo low cost que no arrancaba. Al principio apareció como reprobación futbolera a fallos discutibles en las alternativas del partido, en los dos últimos casos ya no. Pasa porque pasa. Y no da para que el primer mandatario se ponga contento porque cada vez más gente se acuerda de su madre. Más bien, cosas como estas preocupan al gabinete, sobre todo al jefe de gabinete y tal vez, solo tal vez, al homenajeado.

¿Qué pasa? ¿Los arrepentidos del voto manifiestan su furia? ¿Es el principio del fin? ¿Irá en aumento hasta la rebelión social? Nada de eso, y algo de eso, pero no eso.

Uno recuerda que desde el principio –ese momento de fines de 2015 en que dejamos de ser felices- tuvieron lugar episodios de mal llamados “escraches” a la figura presidencial y/o alguno de sus ministros y gerentes. No eran masivos, a veces no pasaban de una decena de irritados vecinos y compañeros; otras veces eran más los protagonistas pero no prendía en la gente la consigna o el insulto. 

Eran explicitaciones de la “mitad vencida”, que se expresaban de esa manera abrupta y también organizadamente en las calles o en los lugares de trabajo. Pero ahí, el resto del “país” en otra cosa. 

Sin embargo, todo parece haber cambiado desde diciembre. Apenas alcanzado el triunfo electoral de octubre, el gobierno entró a operar más a fondo su autodeseado programa “gradual” para reconvertir el país del populismo en una semicolonia neoliberal. Los votos eran el aval, como ocurre en las democracias. Ajuste, poca perspectiva de crecimiento, sequía en lugar de lluvia de inversiones (extranjeras), lo del ARA San Juan y, de postre, lo que la mayoría interpretó justamente como un ataque a los jubilados (la reforma previsional y la represión que rodeó al Congreso). Mucho, demasiado, a pesar de que todos los días se degrada el país conseguido hasta el 201,5 un poco más. 

De golpe se registró la realidad, pese a la amorosa cobertura mediática que invisibiliza “mostrando” ediciones que son editoriales. Pero algo, algo pasó a los aires que se respira y se hizo colectivo. ¿Se puede hablar de un cambio de humor social? Parece prematuro, pero marca una tendencia que podría consolidarse o no (como ocurrió en el caso del no, con los aumentos del gas y los incipientes cacerolazos del 2016).

Acá lo crucial es que la alianza gobernante ganó las elecciones de medio término, no por una aplastante mayoría, pero si confirmando que se trata de una realidad de carácter nacional que atrae votos y puede construir mayorías (o primeras minorías, como le guste). Y que pudo ganarle (otra vez) al peronismo, el dato por el que las derechas han suspirado desde 1946. Y de esa victoria, se ha volatilizado un porcentaje nada desdeñable. No hablamos de votos (porque no lo sabemos, ni lo podemos imaginar), sino de legitimidad. Ese precioso y preciado poder que los pueblos obsequian a veces a sus gobernantes, lo merezcan o no (y mucho más si no). Y eso es lo que parece estar corroyéndose…

Uno piensa escenarios que derivan naturalmente en el 2019, no antes. Y no por ser un demócrata atemporal, sino porque en las hecatombes las víctimas siempre vienen del mismo lado y ese lado es el nuestro. Cuanto peor, peor.

Pero piense que ese individuo, individuos, que se va poniendo impaciente, nervioso ante tanta promesa que “te la debo”, no deja de pensar que nosotros somos unos chorros. Que estaban peor aunque pudieran hacer cosas que ahora ni sueñan. Que temen que volvamos, que temen que multipliquemos los planeros (y no sean ellos, subsidios y más). Por ahora, esto pasa, batalla cultural perdida mediante. Ahora, ¿sabe usté cuántas batallas hay en una guerra cultural? Y si quiere pensamos en otros términos para no ser tan castrenses. 

Hay 2019, como dice incansablemente el Alberto. 

Por ahora, ocurre esto que corea cada vez más gente en las canchas y otros lados. Una moda, lo que se quiera, pero muchos se prenden. Y antes no se les ocurría, ni les caía simpático. 

En tal caso, y en lugar de ponerle una etiqueta a cada manifestación social, dejemos simplemente que el pueblo cante…

Puede verlo en: https://www.youtube.com/watch?v=UcvnLEAMFHE