miércoles, 21 de junio de 2017

LAS IDEAS NO SE MATAN

De camino al exilio en Chile, se dice que Sarmiento escribió en una piedra "las ideas no se matan" (y lo puso en francés, el muy fino). Lo que sigue no tiene nada que ver con el gran sanjuanino (ponga usté gran qué cosa, a gusto), sino conque es cierto que hay ideas que no se sacan así nomás. No hablo de grandes ideales, de valores como la justicia social, la solidaridad o el mero compañerismo, que se sienten o se aprenden a sentir desde el vamos... o no. Tampoco de esos pensamientos complejos sobre la economía política, que da sustento a eso de "patria si, colonia no". Todo eso no suele fijarse en la cabeza como los preconceptos, los prejuicios y algunas burradas que se adhieren como chicles y hacen nido, se alojan, se mimetizan y se transustancian.

"Cristina es chorra" por ejemplo (o su genérico más gorilón, aunque sincero: "los peronistas son todos chorros"). Cristina es dueña de una cadena de hoteles en el sur y los alquila a precios exorbitantes a conocidos que benefició siendo Presidenta y se guardó la guita. Mientras Devido se choreó todo con la obra público y le pasaba a CFK su parte de las coimas. Toda la guita iba a parar a múltiples cuentas en el exterior. Y más, como si usté y yo estuviéramos en esos livings que se arman a la tarde en programas de "noticias" para hablar de cualquier forrada. Las pruebas te las debo, eso sí. Las causas no van ni para atrás ni para adelante, y eso que la corporación judicial -que es la mafia judicial, y no el poder judicial- tiene ahora las terminales bien alineadas con Balcarce 50 y/o una cuadrita al costado tirando hacia Retiro, cerca del Nación, donde una placa tapa lo que siempre fue, la Side.

Pero el portador de la idea fija lo cree todo, porque para eso tenía la idea pegada, para recibir la sospecha y reconocerla como propia. Decir que eso es antiperonismo nos diluye el problema y encima enaltece al mequetrefe vociferador a la categoría de pensador y poseedor de una ideología que no es tal. Se trata de estupidez lisa y llana, de la que se valen los que no son ningunos estúpidos y les chorrea hijaputéz por todos los poros.

Porque vea, que si de Cristina no pudiera probarse que es una chorra, queda lo de soberbia, altanera, maestra ciruela. Todas cuestiones molestas si le apetece, pero que no llevan a una sanción ética. Puede ser que la Señora despierte algún sentimiento de inferioridad y sabemos que cuando un forro se siente forro, puede ser peligroso.

Y otra pregunta que se me aparece como una manifestación de la primavera: ¿por qué justo cuando se reivindican cuestiones populares, derechos, historias "no oficiales", por qué cuando se cuestiona al neoliberalismo y se gobierna un poco para los de abajo y los del medio abajo, surge la fiebre de la corrupción? Porque hay que voltearlos y punto. Y con esta Señora no se pudo, entonces hay que llenarla de mierda, para que ni usté ni yo vayamos por ahí diciendo barbaridades sobre la curiosa relación que hay entre una necesidad y un derecho, como para calentar motores.

El patrón dice chito, el celador dice chito. Entonces se me calla. Que nos de un ataque de vergüenza, depresión, impotencia, o simplemente que nos de un ataque. Y nos callemos, y no votemos. Que desaparezca ese cuestionamiento, esa mirada de reprobación, el ímpetu de pelear y de volver y volver y volver y volver. El sueño de la oligarquía es que el mismo pueblo, o una parte importante del pueblo, nos rodee y nos haga callar. O nos eche, o nos escupa. O que simplemente y finalmente, desaparezcamos de la faz de la tierra.

Recuerdo una cosa que decía una señora por ahí, algo como "estos hacen las cosas bien, sólo porque quieren ganar las elecciones". Y de esto se compone o descompone la idea del "populismo" que pretende reemplazar al concepto "peronismo". Este abuso pornográfico de lo popular parece que produce engatusamiento, una fuerza interior de tozudez hecha programa político y doctrina (que es peor, mire). No sé, enloquecen, se ve que da miedo.

Y mire qué curioso, esa conciencia nacional, de derechos sociales, políticos, económicos, de continentalismo, todo eso que se malconfunde bajo el rótulo miserable de "populista" (en lugar de decir peronista, progresista, zurdo, y siga más allá de la pared si quiere), no funciona como la idea incrustada en el cerebro que le decía.

No. Para tener estas ideas hay que sentir (no "sospechar"), saber (que conlleva "aprender") y pensar. Es tremendamente difícil y te duele la cabeza. Tan difícil que lo puede hacer cualquiera que no haya sido penetrado (ay) por la merda del sistema que te roba siempre las vértebras esas cuya función es mantener la cabeza alta y la posición erguida.

Ahora bien, ¿significa esto que nuestros compatriotas, esos que portan el prejuicio antiperonista como el balazo que llevaba Mitre metido en la frente, no tienen remedio? Tienen remedio, eso sí, aunque no todos. Porque ser prejuicioso y aún medio gorila no siempre significa que el proceso sea irreversible. Hace falta si que el fulano o fulana no se regodee demasiado con la desgracia ajena para sentir el placer propio, porque eso sí que es jodido. Hace falta que no sea un envidioso empedernido. Estos casos suelen ser graves porque el enfermo no reconoce padecer del mal.

Y uno dice, o un coso me dice ¿para usté todo el que no está de acuerdo con ustedes es un enfermo? No sucumbo a la tentación y le digo que no, que de ninguna manera. Hay gente que no acuerda con uno y está cargado de argumentos. Es más, gente con la cual uno debió coincidir pero no podía blanquearlo mucho porque estaba cuidando la Patria -digamos- o creía que así estaba bien aunque no todo fuera del todo bien.

Pruebe en darle a esos otros menganos la razón en un par de cosas -seguro que hay un par- y manténgase firme contra lo que es pura manipulación mediática, pura alucinación gorila sin prueba alguna (y con mucha prueba en contra, agrego). De eso no nos bajemos, pero de lo otro sí. Y va a ver como la cosa cambia; y si no llega a un acuerdo al menos verá que la distancia está un poco más corta.

Y un día por ahí se reconstruye ese 54% que no es todo propio, que lo hicieron estos también. ¿O usté piensa que importamos gente de otro lado en aquella oportunidad? ¿O usté piensa que gano Carrió en el 2011 pero le afanamos casi el 40% de los votos?... porque mire que esto también se dijo. Entonces, el famoso frente ciudadano -a mí tampoco me gusta el nombre- no es, como uno pensaba, para ir a buscarlos a la casa y cagarlos a trompadas, sino que es para reencontrarnos, que nos viene haciendo falta. Y vio... la Señora sabe, aunque no te diga todo. Y ahí cuando menos se pensaba, la Mina nos puso la Unidad Ciudadana como para ir parando el espantajo que el neoliberalismo nos trajo de vuelta.

Como le decía, no se pueden matar esas ideas fijas; yo sugiero que le vayamos de costado. Que le ganemos la confianza en base de ser más sinceros, más críticos, menos pelotudos, menos infantiles, menos estalinistas (ya se que no se escribe así). Brutal, me lo digo, no es que se lo digo. Y no por eso vamos a dejar de estar donde hay que estar y en el momento en que hay que estar. Será que es posible vencer ese cerco imperialista que bloquea las mentes, deshace las sonrisas y pretende que se acepten cosas que son absolutamente inaceptables. Y que van contra la vida y hacienda del pueblo (o pueblismo).

El gobierno y el poder mienten mucho y todos los días. Descaradamente. Tienen como hacerse oír, tienen sus perros y sus escribas, tienen casi todo. Nosotros tenemos lo de siempre y vea que va dando resultado. Como el hecho maldito, de un país burgués.

Es cuestión de hacérselos otra vez.



sábado, 17 de junio de 2017

GUEMES

Uno dice "Güemes" y piensa en San Martín. Entonces la gesta es de San Martín y don Miguel Martín sigue siendo ese soldado bancador y leal que mantiene el norte a raya de los godos. Es cierto, pero no le hace justicia. El Güemes gobernador era un "populista" empedernido, y si me apura, un peronista de aquellos.

Gobierna un territorio con el enemigo en la frontera -y no se sabe muy bien cuáles son los límites de la frontera- y con otro enemigo adentro. Al ratito los oligarcas salteños (de esa gran región que llamaron Salta) vieron con claridad que el Gobernador, que era uno de ellos, resultaba ser un gaucho con algunas propiedades. No gobernaba como uno de ellos, tenía el vicio de rodearse de chusma y gobernar para el pueblo. Claro, los que no tienen patria tampoco se sienten parte del pueblo. Como ahora, sin ir  más lejos.

Por eso, consideraron a Güemes un traidor de clase por más que no lo plantearan así. Los garcas de la época se inventaron un bando y lo llamaron "La Patria Nueva", en reverso de esa patria que veían vieja o indeseable, una patria de gauchaje y gente que seguía al caudillo y sabían muy bien por qué. Algo difícil de comprender para los que veían que era necesario centralizar, ordenar, limpiar, diseñar un país para hacer negocios. No podían contar con gente como Güemes, ni con Belgrano, ni con San Martín. Será por eso que cuando se dieron cuenta de que no podían borrarlos del relato de la historia -justamente porque los pueblos no los borraban- decidieron transformarlos en monumentos.

Había que derrocar a Güemes. Los de La Patria Nueva decían algo así, en oportunidad de esa curiosidad reaccionaria que se denominó la "Revolución del Comercio" (mire usté que fallido ¿no?):

"... el gobernador Martín Güemes, transformado en deidad superior a los de su especie, empuñó el cetro de yerro más duro que cuantos tuvieron los Calígulas, los Nerón y los demás tiranos de la historia; (...) desde su colocación en el gobierno sus primeros empeños fueron perpetuarse en él, engañar a la muchedumbre, fomentar los vicios, despreciar al honrado ciudadano, quitarle sus bienes hasta arruinarlo y constituirlo en la miseria, disponer de las propiedades a su antojo, chocar con las primeras autoridades del Estado, ser motor de la anarquía en las demás provincias, oprimir al vecindario con contribuciones a su solo beneficio, tiranizar al soldado, turbar el sosiego del gaucho; huir cobarde por los montes; (...) se proclamó general de un ejército que sólo existía en su fantasía; recibió auxilios de los pueblos de buena fe; ...."

Por supuesto que siempre hay un Bonadío para transformar la canallada en ley, y la prensa "seria" para difundir las barbaridades.

En total, Güemes y sus gauchos -los "Infernales"- resistieron victoriosamente nueve invasiones realistas: 1812 al mando de Pío Tristán; 1814 Joaquín de la Pezuela; 1817 Pedro Antonio Olañeta y José de La Serna; 1818 Olañeta y José María Valdés; 1819 Olañeta y José Cartenac; 1820 Juan Ramírez Orozco; 1821 Guillermo Maguiegui; 1821 Olañeta. Y en medio de semejante quilombo, el caudillo, el gobernador, el Conductor veló por ese pueblo que alguien -con mucha razón- llamó "la tierra en armas".

Claro, los mercantilistas y monopolistas que manejaban Buenos Aires -ese lugar en el que dicen los turritos que vive Dios- les importaba un carajo que Güemes defendiera la frontera, un bledo que fuera el puntal para que San Martín pasara de Chile a Perú. Querían liberar tropa para reprimir a los caudillos y sobre todo, para hacer bosta a los orientales de Artigas (otro grande).

Las oligarquías saben elegir bien a sus enemigos, los huelen como los animales hambrientos que son y van por ellos, porque detrás de ellos está la torta y la gente. Había que liquidar a Güemes...

Mire lo que Güemes decía de esta gentuza con galera y levita:

 "Vosotros sois mucho más criminales que los enemigos declarados, como verdugos dispuestos a servir al vencedor en esta lid. Sois unos fiscales encarpados y unos zorros pérfidos en quienes se ve extinguida la caridad, la religión, el honor y la luz de la justicia. El estiércol de vuestros intereses, que adora vuestra codicia y avaricia, y mezquináis para auxiliar a vuestros virtuosos y pobres hermanos que caminan a la batalla, al peligro de perder el mejor y más inestimable caudal de su existencia, no sea pues, que llegue a servir para apagar la hipócrita sed de los tiranos.
Llenaos de rubor y temed el justo enojo de vuestros compatriotas a quienes abandonáis en el caso urgente de necesitaros."

O sea algo así como que cuando los pueblos agotan su paciencia, hacen tronar el escarmiento... Digo.

Güemes no se rindió, no se vendió, no transó. Y mire que lo tentaron, aún después de tenerlo caído, herido de muerte y en una agonía de diez días. Güemes se hizo jurar por los Infernales que, ni bien hubiera expirado, saldrían a recuperar Salta y seguir la guerra contra los enemigos de la Patria. Y eso hicieron, por eso todavía tenemos Patria.

Gracias general Martín Miguel de Güemes, nuestro general, nuestro caudillo.

Sepa que aún le debemos la segunda independencia. Y vamos a cumplir.

*Datos consultados de "La tierra en armas. Los infernales de Martín Miguel de Güemes", en Pigna Felipe: LOS MITOS DE LA HISTORIA ARGENTINA 2.


viernes, 9 de junio de 2017

EL ORDEN DE LAS COSAS



La patria es más que el país, que una dimensión geográfica o de economía política. La patria es un proyecto, nunca viene sola ni está colgada entre las utopías. Es un proyecto concreto que se lleva a cabo o que es impedido. Por eso es que hay un solo proyecto de Patria (y va con mayúscula) y lo otro es para establecer una y otra vez una colonia. No hay tercera vía en esto, en tal caso, es necesario poder captar todos los abordajes posibles del proyecto de Patria (y eso pertenece al pensamiento complejo, vale avisar).

Para los referenciados –como uno- en el nacionalismo, la Patria es la máxima referencia y barre con todos los eufemismos. Tiene que ver con esencia y con mística, un saber dónde se quiere ir y cómo se quiere llegar. Objetivos y valores. De todas las aproximaciones, quedémonos con la última. La Patria es el otro. Es un parteaguas tan fuerte. Los que optan por la colonia jamás podrán entender qué es el otro, donde está, qué le pasa y que tiene que ver con uno. Nada. 

Y una última cosa. Por la Patria se jura. Porque compromete hasta el alma, porque si uno va de verdad no hay después. Y si no es así, no se jura…

Después está lo del movimiento. Uno dice Mayo, la idea de la nacionalidad sudamericana, el federalismo tozudo y volvedor. Algo del radicalismo yrigoyenista. Sin duda alguna, el peronismo. Doctrina, idea, acción, movimiento. Eso que sirve para hacer el proyecto de la Patria, moverlo, recuperarlo cuando se pierde, estarle encima al país y aparecerle por todos los costados. Estar organizado, sin dejar ni por un segundo la insolencia espontánea. Pertenecer, unirse básicamente, estar. Y también la vida, esa la personal, la de todos los días. Y si le parece, pejotearse sin miedo ni tapujos, que también le hace al Movimiento. 

Al final, los fulanos y fulanas. Los que llevan o deben llevar en alto el proyecto de la Patria, porque vienen del Movimiento. La gente diría, que como no se trata de ángeles, alguno se tuerce, otro se dobla, otro se va al carajo. Y los más, ahí paraditos, permanecen como siempre fueron, compañeros.

Nada nuevo, pero repasando: primero la Patria, luego el Movimiento y, por último los hombres. Y las mujeres.

jueves, 25 de mayo de 2017

Y TODO ESO DE LA PATRIA

Cuando era chico, la patria era un desfile por la 9 de Julio. Soldados, tanques, banderas de ceremonia, la venia al palco que también estaba lleno de militares. El Cardenal Primado bendecía el comienzo de la parada y la fanfarria arrancaba marcha tras marcha. Que era como estar en el colegio en un acto. Pero ahí ves, la patria era un poco más celeste. French y Beruti repartiendo escarapelas, los fulanos de la colonia que pasaban vendiendo velas, un gordito con la cara pintada con corcho quemado daba el "negro". La señora de las empanadas. "Las doce tranquilo y seeeereenoooo".

La Historia era así. Monumentos que te miraban desde arriba, muchos pero muchos milicos, la bandera que entra y no hay que aplaudir, que no se puede doblar, que no se puede lavar... complicadísima la bandera. Y las promesas (aunque en colegios de curas, mucha promesa a la bandera digamos que no...), los discursos y alguno que se colaba hecho por los alumnos más grandes y bueno, alguna vez le tocó a uno.

Pero pasó que en los setenta la Patria, la conmayúscula se nos apareció en la calle y estaba de fiesta. Era como el desfile pero desordenado, un quilombo de gente cantando hacia Gaspar Campos. Conocí a la Patria Peronista y a una prima que tenía, la Patria Socialista. Ahí empezamos a hablar de verdad de la Patria.

A mí de la Patria me habló Perón. Y mi viejo en su discurso sin ninguna palabra, en sus ojos celestes chiquitos y su laburo de todos los días. La familia de laburantes me enseñó de qué estaba hecha la Patria y si bien los vagos poníamos al mango el combinado con rock en ingles, lo cantábamos bien en castellano tirados en la plaza.

Yo marché de pendejo con la Patria, así, de puro curioso, de asombrado por la Juventud Maravillosa que me llevaba algunos años. Los banderones, las fogatas, las cañas, los brazaletes. Los bombos, que eran como los órganos mayores de la Patria.

Entonces aparecieron los Caudillos... y el sueño de la Patria que era San Martín, Belgrano siempre corriendo. Y Rosas, para garantizártela por las buenas o por... Algo que seguía en ese momento, porque había que Liberar la Patria. Del Imperialismo, de la puta Oligarquía.

Cuando se cayó el cielo sobre todos nosotros -que éramos tan jóvenes- la Patria se hizo un pañuelito y nos lo guardamos en el bolsillo. Guardada a las apuradas, mal doblada. No tenían que verla los que estaban traicionándola. El desfile esa vez terminó en Malvinas.

Uno se hizo grande, consiguió un laburo, otro, cambió, armó familia, hasta tuvo un coche que iba seguido al taller. Se fue el viejo, las tías, una abuela, se perdió el mundo extraordinario aquel del barrio y el lechero. Fuimos teniendo una video, llegaron los chicos. La vida comenzó a ser de uno. Y hasta parecía que el país también, pero no.

Un día me pareció ver a la Patria en un cuarto oscuro mientras le dejaba tocar las boletas a uno de mis hijos que iba a upa. No sé, pensé que tal vez por ahí... algún día.

El pañuelo que había sido la Patria iba atado en las cabezas de unas Viejas que no pararon de dar vueltas, hasta que uno se vio tantas veces dando vueltas con ellas. Atrás de ellas, como aprendiendo a caminar otra vez. Y los chicos nuestros aprendieron en esos días que por allí quedaba lo que quedaba de la Patria.

Pero eran raras apariciones, sospechas, verla y perderla entre los días. Nada que pudiera uno agarrar y estar del todo seguro. Alguno que otro se habrá preguntado si eso que llamamos la patria existía, y seguro que a otro fulano el alma se le había apagado, que de tanto tragar saliva y ver cómo se cagaban en la patria, como la entregaban una y otra, y otra y otra y otra vez. Digo, por ay la patria era ese sueño de San Martín en el colegio y está.  Fue.

Vos sabés que hubo revancha.

Volvimos a la Plaza pero esta vez era nuestra. Nos convocó un loco alto y flaco, virola, despeinado, que se llevó puesta una cámara  y jugó con el bastón. Nos trajo de vuelta y gritamos que creíamos en la Patria porque la Patria había vuelto. La habíamos tenido en el bolsillo todo el tiempo, si seremos distraídos.

Todos los veinticinco se hizo costumbre el encuentro, la choripaneada, los humitos, las banderas, los vecinos, las columnas, la alegría. Era eso lo que había que saber. La Patria es una fiesta, sí señor, es una fiesta. Y los chicos que iban creciendo, fueron viendo. Porque esta vez, la Patria anduvo suelta doce años.

Ya sé que esto es parcial, que la Patria es más grande y de todos. Pero, nosotros la tuvimos que vivir apasionadamente, fanáticamente, y la vimos bailar en el aire alto muy alto vestida de blanco.
Ya no la vamos a guardar, y además es imposible olvidarla. Uno se puso la Patria como escarapela en el pecho y sale orgulloso. Existe si el coso que no pudo jurar por la Patria porque no la entiende, porque le parece una pelotudez tanto patriotismo. Allá él...

Entonces, a lo que iba. Libres o muertos, jamás esclavos. Patria si, colonia no. Patria o muerte. Venceremos. La Patria siempre es lo que seremos, eso extraordinario que todavía no pasó, pero que sabemos bien de dónde viene.

¡Feliz día de la Patria!, contra todo, pese a todo, por nosotros.
Y viva Perón, como siempre.


martes, 9 de mayo de 2017

IMPERDONABLE

Pese a las décadas de democracia formal, la sociedad no supera aún el hecho de haber padecido una sangrienta dictadura cívico-militar y eclesiástica. Sus consecuencias y secuelas físicas están a la vista del que quiera ver (siempre es así, el resto seguirá con la cabeza metida en un hoyo mediático hegemónico). El reciente fallo de la Corte Suprema aplicando el no vigente “2x1” en un caso de terrorismo de Estado, reabre anchas y generosas puertas a la impunidad en la Argentina. Y es más grave en el contexto de un gobierno de derecha elegido, que viene tras los doce años de gobiernos kirchneristas y no está dispuesto a aceptar la “pesada herencia” de los derechos humanos reivindicados.

De estas cuestiones (y más) habla el impresionante artículo de Luis Bruschtein “Impunidad” aparecido en Página 12 (Panorama Político; 06-05-2017); las citas que seguirán salen de ahí mismo. Para comenzar y centrar el tema:

“(…)La impunidad tiene una dimensión simbólica y otra más concreta y el ciudadano común no alcanza a medir la importancia que siempre le asignaron la derecha y el poder económico, el establishment y las corporaciones.”

“(…) La derecha siempre tuvo claro que el debate de los derechos humanos era también un debate sobre los resortes de poder en la Argentina.”

La impunidad sirve para ejercer un poder sin controles y sin excusas, como lo pretendió siempre –y ejerció casi siempre- la burguesía vernácula. Ahora mismo, han descubierto que se podía hacer manipulando opinión pública, arrinconando a los proyectos populares y hasta ganando una elección por poco, pero ganándolas legítimamente. Pero si no resultara, pero si la crisis autogenerada se desbocara, siempre estarán los perros, las guardias pretorianas a las que hay que cuidar con esmero y no castigar para siempre (por más discurso centroprogre, o pseudoprogre que adopta la Coalición de la Alegría). Se los podría necesitar…

Todos los gobiernos de la “democracia” transaron de alguna manera, unos porque les torcieron el brazo y otros con la extraña bonhomía que ostentan los traidores. Salvo uno… :
“Kirchner juntó las dos cosas: usó el poder que obtuvo en las elecciones para atacar, para atacar a la impunidad, lo contrario que le exigía la derecha y el poder económico. Hizo votar la nulidad de las leyes de punto final y obediencia debida y comenzaron los juicios junto con la furiosa hostilidad de la derecha. El corazón del odio anti k inicial se enquistó alrededor de esa problemática y funcionó como vector de contagio.”

“(…)Nunca se hubiera podido alcanzar la anulación de las leyes de impunidad si no hubiera existido el poder para hacerlo y la voluntad política para decidirlo aún a costa de todas las amenazas que había advertido Escribano: el gobierno que se meta con la impunidad no aguantará más de un año.”

Poder para hacerlo y voluntad política, eso fue lo que caracterizó a los tres gobiernos peronistas del kirchnerismo. El poder se refiere a la legitimidad popular que construyó un presidente que venía como de prestado y con el 22,5% bajo el brazo, después de la peor crisis económica, política e institucional ocurrida tras el recupero de la democracia. Se hizo gobernando en sintonía con el peronismo original, comunicando directamente, y también pactando con sectores del peronismo no tan afines y otros que no eran peronistas y aprovecharon el deslizador de la transversalidad que el peronismo a la K ofrecía generosamente. Eso fue una construcción, que en las postrimerías del gobierno de NK y el principio de CFK se consolidó en nuevas agrupaciones juveniles y espacios del centroizquierda no peronistas. La voluntad política la portaban los protagonistas, que no iban a dejar las convicciones colgadas en la puerta de la Rosada. Y eso contagia.

"Nuestro peor momento vino con el kirchnerismo", dijo Videla desde su prisión común y no se equivocaba. El pecado capital fue meterse con los genocidas, rescatar la memoria, bancar a los organismos de derechos humanos, destrabar los juicios pendientes, y sobre todo, ir alertando de que había que ir por el componente "civil" de la dictadura. Sacarse de encima una teoría de dos demonios que necesita guerrilleros y militares y oculta a los civiles, a los curas, a las instituciones y, de última, a la derecha. También estaba lo de la deuda, la ampliación de derechos, cosas importantes. Pero se trataba de ésto, que remite al poder real en la Argentina y que sufrió un ataque primero con la visualización, y luego con el cuestionamiento. Algo impensable, insoportable, que encendió todas las alertas y desencadenó que se actuara en consecuencia. Si era posible, voltearlos con un "golpe blando"; caso contrario desprestigiarlos, calumniarlos, impedirles la acción, terminarlos. Tenían con qué hacerlo, lo sabemos bien.

Entonces me atrevo a decir que no es el anti peronismo la razón final del odio, en tal caso vale como explicitación de un paisaje. La explicación del odio es que el peronismo kirchnerista se metió con la impunidad del poder real -no de lleno, no desde el vamos, pero al fin y al cabo si- y eso fue imperdonable. Ese poder sabe muy bien como convertir a un simple ciudadano en cómplice descuidado de sus intereses; cómo manipular cabezas groseramente, con una sonrisa y mucho color.

Ahora las cosas son como son y estamos donde estamos. Esto es peligroso, porque como termina diciendo Bruschtein en la nota citada:

"En el marco de una política económica que aumenta drásticamente el desempleo y la pobreza, con sus consecuencias de marginación y desesperación, el mensaje de la Corte con este fallo es atemorizante porque muestra a un gobierno que desarma los controles, en este caso de la Justicia, y se prepara para la represión del descontento, asegurándoles a las fuerzas represivas que serán impunes."




domingo, 7 de mayo de 2017

"NADIE SINO EL PUEBLO ME LLAMA EVITA"



¿Quién era esa mujer?, lo que para la época y los ajenos era decir ¿cómo pudo pasar?, que no es lo mismo.



Se da determinadamente; como todo lo que la rodea. Uno puede hablar de lo que Eva no es hasta cansarse; destrozar la calumnia y rehuir el mito… pero ¿es lo más interesante? Eva y el peronismo componen una biografía en paralelo, porque en ambos casos, ocurre lo que había una tremenda necesidad de que ocurriera (aunque nada sea obligatorio ni fatal). 


Los peronistas -que no lo eran- van al encuentro de Perón; y Perón, que venía por ellos como por tantos otros, queda atado para siempre a los trabajadores –esos que renunciaron a la independencia de clase y se quedaron con la de él- y todos fueron peronistas. Ellos y también Perón. Eva llegó justo cuando todo estaba empezando y se les mezcló de tal manera, que todo tuvo que empezar. 


La vida política de Evita dura seis años: viaje a Europa, la pelea por el voto femenino, la relación con la CGT y los sindicatos, la Fundación y la acción social. No pudo proyectarse más allá porque no le quedó tiempo y entonces, los verdaderos deudos la trajeron hasta acá. Es eterna porque esa turba llevó una y otra vez su nombre como una bandera a la victoria. Y cuando tocó derrota, la levantaron otra vez, otra vez, y otra vez. 


Eva adjura del feminismo y al mismo tiempo afirma el rol activo de la mujer como nunca; hace política desaforadamente, hostiga, divide, pero también compone, disculpa, arrima. Acata verticalmente a Perón a la par que lo matiza, lo discute, lo actualiza permanentemente. Es inescindible de Perón y a la vez, opera como la puerta de entrada privilegiada al movimiento nacional. Su figura cuestiona, afirma, arremete, aún al mismo movimiento, aún a los dirigentes. Salvo a Perón.


Evita es como el peronismo. Un movimiento que no es y es partido; una doctrina clavada entre el capitalismo y el marxismo que forma parte del primero y se atreve a levantar las banderas del segundo. Una marcha y contramarcha que siempre va para adelante. Una parada en el camino, un refresco para el alma, una caricia para el herido. Una mujer que no fue madre y tiene millones de hijos. Por eso el gorilaje no entenderá nunca al peronismo ni a Eva; son otros los lenguajes, otras utopías que requieren de un orden absoluto e imposible en la vida real. 


Nos hemos formado a su sombra y detrás de su aliento, sin poder atraparlo nunca. Hemos estado muchas veces dos pasos atrás, casi por alcanzarla como si fuera posible (que no lo es). Y a pesar de eso, uno tuvo muchas veces la sensación de su presencia, la veneración de la cotidianeidad. Hizo escuela. Enormes minas de rodete aún sin hacérselo, las “tías” de la Resistencia, las doñas de los barrios y la Básica, las que están siempre y Esa otra, la que llegó más alto que todas y la puso en el billete de cien.


Ahora es fácil Evita, casi folclore, hasta para turistas. ¿Y si hubiera vivido más? ¿cuántas Evitas que pueden no habernos gustado hubieran aparecido? ¿cuántas opiniones con el peso de su gigantesca autoridad?... Habría que haberla conocido para saber, habría que haber charlado y discutido con ella, habría que haber estado allí para plantarse detrás de su figura y bancar todo, aún lo que creemos que no se podía. Porque ella lo hizo. 


De todos los títulos, le quedaba mejor el de ser el puente entre Perón y el pueblo, entre los anhelos del pueblo y las manos hacedoras de Perón, como lo dijo. Y todos pasamos sobre ella para llegar a la Patria libre, justa y soberana. Así lo quiso. 


“Los opositores dicen que esto es fanatismo, que soy fanática de Perón y del pueblo, que soy peligrosa porque soy demasiado sectaria y demasiado fanática con el General Perón y con los descamisados de la Patria.

Yo les contesto con Perón: el fanatismo es la sabiduría del espíritu. ¡Qué importa se fanático en la compañía de los mártires y de los héroes!

Al fin de cuentas, la vida alcanza su verdadero valor no cuando se la vive de manera egoísta, nada más que para uno mismo, sino cuando uno se entrega a la vida toda íntegra, fanáticamente, en aras de un ideal que vale más que la vida misma. Yo contesto que sí soy fanática de Perón y de los descamisados de la Patria.”


Felíz cumpleaños, Señora… Evita.


*Citas y consultas de “Evita”, de Marysa Navarro; Edhasa; 2005.

martes, 2 de mayo de 2017

DEL TRABAJO

Un bancario que conocía la city como a su barrio de chico y que alguna vez que otra vendía en el mostrador cemento, cal y arena. Delirios de ser su patrón y tener un negocio, veleidades que viejos inmigrantes le habían susurrado en la patria adoptada y pródiga...

Un hombre flaco y largo que ponía para atrás las palancas enormes o para adelante. Mil palancas que hacían ruido cuando caían los cambios en las vías. Y me sonreía.

Mujeres que volvían de la fábrica de enfrente, obreras del vidrio y la casa adornada con  bochas verdebotella y enanitos. Mujeres sencillas que luego de la jornada larga se calzaban un delantal.

Una señora que conocí con canas, de lentes redondos y lustros planchando para afuera, el hierro caliente y el carbón. Un brasero que quedará afuera en la noche del invierno. Otra más, con  anteojos más bravos y ojos acostumbrados  a la máquina de coser y dele quetedele en el pedal. Y esa lámpara de cuello flexible que nunca se apaga.

Un jóven alto y rubión que va y vuelve del puerto mirando y anotando en la planilla la descarga de la yerba mate; sube al jeep de doble cabina y sale para la oficina.

El Chinito con el gorro blanco y el delantal en la carnicería de la feria y el paquete bajo el brazo con un buen corte para la casa, caminando siempre por la vereda de la sombra.

El albañil que construye chalecitos y su casa cuadrada a la italiana, que habla enrevesado y suspira en el azul profundo de los ojos gringos.

Un ama de casa diplomada, educada por las monjas para ser la mejor y es la mejor. Crea en las ollas, recrea milagros para que cada día salgan de la casa al trabajo y vuelvan del trabajo a la casa.

La maestra que se las tiene que ver con los chicos croatas de la guerra balbuceando mal el español. Y un día se casa y atiende su casa, e irá diseñando en los años un jardín fabuloso que no tiene fin.

Un chico en bicicleta que entrega la ropa planchada en las casas bien, y que algún día será el bancario.

Champurreo de domingo en el que se mezclan palabras en italiano y el hablar de todos los días. Conventillos de origen, casa alquiladas, casas propias. Historias mansas de laburo y ascenso social... quién diría.

Así fue. Parientes. Los cercanos que nos fueron enseñando sin mucha palabra de dónde venimos y lo que hacemos. Trabajadores. Nada más.

No me dijeron si faltaba la plata ni cuánto les costaba cada cosa que nunca faltó. Imagino  algunas noches malas, imagino desazón que no declamaron. Imagino un mundo con el diario de la tarde y la radio a lo lejos. La ropa cuidada y la manía con la higiene, los remiendos, los batones, los tejidos y tantos mates con bizcochitos de grasa
en una tarde eterna de domingo.


Y todo eso... quería hablar del trabajo y me salió la familia.  

martes, 18 de abril de 2017

¿QUÉ HACEMOS CON CRISTINA?

La plaza llena, las diagonales, la vieja avenida de Mayo, las calles que hacen de pasadizos al corazón de la capital. Llenas. Y era una despedida, con todo el clamor y dolor, con los llantos por los absurdos de la democracia, pero si, no daba para pensar en nada. Sólo una herida como bandera en el momento que no había que bajar ninguna. Y así fue para los que nos habíamos citado sin redes, sin boludeo.

Empezaba una historia desconocida, porque nunca se repite. Y se fue haciendo de silencios, contrariedades inaguantables, traiciones esperadas y traiciones de las de verdad totalmente inesperadas. Empezaba la movilización y también los de la cabeza en un agujero. Pero todo eso va, pasa aunque esté pasando. La historia que hoy me interesa es la de la Señora que se fue ese día, sin entregarle banda y bastón al que no iba a jurar por la Patria...

Ella brilló esa noche como nunca. Y partió. La trajo de vuelta un juez del que no habrá memoria en unos pocos años, y volvió a estallar allá en la ciudad judicial que no fue, de una Justicia monárquica. Bajo la lluvia. No hubo 17 de octubre ni cruce del Matanza, sencillamente porque esas cosas ya se habían hecho y los pibes se merecen leyendas propias, aunque nuestros relatos luchen por opacar de tanto no aceptar que todos vamos a morir y el mundo seguirá como si nada.

Nunca nadie recibió tanto bombardeo, salvo los que fueron bombardeados en la Plaza, salvo la Abanderada nuestra que se ajustó el rodete mientras una pared vivó al cáncer, y rompían vajillas, quemaban sábanas, asaltaban hogares de tránsito, desarmaban ciudades de niños. Nunca nadie salvo un viejo General que caminó en círculos los dieciocho años de extrañeza, con sus estatuas arrastradas, sus libros quemados,  sus hijos desheredados. Después viene ella en el cuadro de honor del odio. No es poca cosa. Y siguió, sin cargos, sin fueros, sin matones. Sola con nosotros, fijáte.

No se cae, no se dobla -como los radicales que se doblaron hasta el piso, salvo Moreau y sus correligionarios-, no se achica. Si le duele, si la silencian de tanto en tanto, si se abate aunque después reaparezca más fresca, más en línea. Y de golpe, aparece en las encuestas sin haber dicho que iba a ser candidata a nada. Sin decir que no iba a ser. Y ahí empieza el tema.

Están los convencidos, están también los gurkas que suelen ser más papistas que Francisco. Están los que dudaban y están los que no les convenía traicionar.  También los que a la primera de cambio se fueron a la mierda. Los que siempre quisieron estar en otro lado.

Y están los compañeros -muchos les dicen innecesariamente pejotistas ya que no ocultan ser del pj- que agacharon la cabeza muchos años viendo que las listas se las arreglaban en otro lado, que la lapicera no se compartía ni un momento, que salían a bancar todo porque debían hacerlo, o simplemente que querían algo más manso y tranquilo. Los que pensaban que el movimiento obrero organizado merecía un poco más de paciencia, sobre todo porque los "burócratas" también arrastran votos y de cómo movilizar al subsuelo de la Patria saben un rato. Hay que entender, y uno lo  dice desde ese lugar en el que si se duda se lavan los trapos en casa y se discute entre compañeros. Siempre tenés dudas aunque le pegués para adelante. Errores hubo, pero hay uno que no se podía cometer y era perder. Y ocurrió.

Uno se lo está achacando a la Señora, y vamos con la herejía... Lo cierto es que no hay dirigente peronista que tenga la llegada (feeling), el vínculo emocional desbordante, que signifique esperanza porque se hizo y se hizo mucho, que ella. Es Cristina. Y de verdad que uno quisiera que no tuviera que ser candidata, que el movimiento produjera muchos candidatos de ese tamaño enorme. Pero no es así, ninguno le llega al taco de la bota. Y hay algunos buenos (cada uno sabe).

Entonces, ¿qué hacemos con Cristina? Para algunos es como tener un elefante en el living y temen. Y uno piensa que tuvimos demasiado de "sabios y prudentes", pero que esto tampoco es la revolución bolchevique  como para jugar al todo o nada (la revolución bolchevique tampoco jugó ese juego engañoso). Uno -yo- quisiera que fuera algo así como una consultora de lujo -de plebeyo lujo que suele ser el que nos queda mejor-, una referencia altísima y decisiva. Pero que no tenga que poner el cuerpo. Porque le tiran basura a diario el gorilaje, y porque nunca falta el compañero tarado que le falte el respeto (ay Cristina ya fue, se termino... manga de energúmenos).

Y entonces salen con Néstor. Y qué, se me llenan los ojos de lágrimas de sólo escribirlo. Lo hacen para achicarla. Es bueno tener referentes, es bueno tener héroes, pero no se me escapa que lo acompañamos bajo otra lluvia en un auto negro y en una caja de madera. El problema de la Señora es que de verdad está insoportablemente  viva.

Y va a hacer lo que quiera, porque puede. Es posible que cuando haya que definir candidaturas allá por junio ya lleve el procesamiento número... Más allá que la habrán intentado encanar, o lo habrán hecho (dudo).  Y verá. Pero nada es lo que era. Tampoco ella. Tampoco se repiten las cosas, estamos condenados a seguir camino y no sabemos qué es lo que sigue.

Cristina es un fenómeno político inédito en esta maltratada democracia postDictadura. Y también arrastra odios, vaya que los arrastra. A eso se le dice "techo", y se repetirían las condiciones de aquella fatal elección, dicen. No sé, no creo. La verdad es que hay dos modelos de país (y de personas) en pugna. Seguro que puede haber más, otros como esos que piensan en avenidas del medio, en la tercera vía de la vía del medio... eso ya lo inventó Perón hace mucho y Cristian es el producto más acabado y presente, así que.

Qué se yo cómo sigue. La cuestión es que es insoslayable esta mujer para suerte de algunos, para desesperación de otros (y acá las cosas no se dividen entre liberales y peronistas, suele mezclarse un tanto como toda nuestra historia).

Pienso cosas. En don Manuel del Corazón largando ese "ay Patria mía" y yéndose por una Buenos Aires que lo olvidaba a propósito. En el gran Capitán lejos en su invierno francés. En don Juan Manuel diciendo en la casona de Palermo "entonces, se van a cagar" y no escuchando más nada mientras en el patio bailan los negros. En la Gran Señora que no estrenó La Pródiga porque tenía que hacer otros estrenos, hablando con Paco de vestidos y viendo más allá de todo y de todos. En el Perón de la cañonera, en el Perón paseando los caniches en Puerta de Hierro. En el Perón en pijama de Gaspar Campos. Y tantos otros momentos sin fotos.

En Néstor temblando por adentro ante el micrófono de la Esma mirando fijo a las Madres. En Cristina que tiene que ver qué carajo hace.

Y en nosotros que tenemos que saber qué carajo tenemos que hacer, porque no hay mal que dure cien años ni  cuerpo que lo aguante. Es fácil escribir todo esto en un blog, lo difícil es pasarla allá afuera y ser dueño de toda la intemperie y el desamparo.

Hace mucho tiempo fui a votar por primera vez con mi hijo mayor a upa. Yo tenía que votar es cierto, pero él tenía que ver y entrar al cuarto oscuro porque esa era toda la revolución que le pudimos conseguir. Creo que ellos lo valoran más que uno.


Señora, disculpe las sinceridades. Suyo como siempre. Viva Perón.