miércoles, 19 de octubre de 2011

LAS RAZONES 3: Una yegua suelta en el campo

Una pingüina. La Diputada, la Senadora por Santa Cruz (esa que fue echada del bloque ante la mirada de fastidio de Eduardo Menem). La Senadora por la Provincia de Buenos Aires. La presidencia del purgatorio, con Néstor de custodia detrás de los granaderos. ¿Cómo sería profundizar el modelo y avanzar en el Proyecto Nacional? Como si acaso salir del infierno hubiera sido obra de un “modelo” y encaminara un “proyecto”, cuando si apenas se balbuceaban –con más ganas que certezas- nuevamente una Justa, Libre y Soberana… ahora.

Una victoria inobjetable –salvo para Carrió que había ganado y le escamoteaban más de veinte puntos- y una muy merecida luna de miel de al menos cien días (como tuvieron todos, menos los K). Tres meses. Un apenas y no vinimos venir los idus de marzo. El campo.

El campo era un enorme cielo gris y un tembladeral de maquinaria agrícola, camionetas que se hicieron famosas y corte. Entre Ríos y De Angelis. Santa Fe, Buzzi. Los nombres de una Federación Agraria vergonzante, a los codazos con la aristocracia de olor a bosta. SRA, CARBAP, siglas horrorosas siglas históricas siglas. Sindicalismo patronal sin estatuto del peón. Una o dos torpezas los habían juntado, una o dos gubernamentales errores, y 125 nometoqueslaplataquelahiceconvosperoesmía ylaputaquelopariógobiernozurdodemierdalosimpuestosalassupergananciassisonnuestrassonconfiscatorios.

Voltearla. Después vemos… muchos elaboran planes al costado de la ruta, se reparten ministerios, dividendos, zonas de influencia. La edad media vuelve a caballo de espectros acorazados. Voltearla, después vemos. Hay adoradores de la imbecilidad repartidos en tantas opciones políticas. Cacerolazo en barrio norte, cacerolazo en constitución. ¿Qué pasa? Frente a la Quinta las Furias. La Yegua, que se vaya la yegua. Culosrrotos de clase media apenas aprendida (si hace tan poco que saliste del arroyo) intercambian feisbucytuiter se autoconvocan se autofranelean. Se dan coraje. Alguno más sincero o más enfermo no se, escribe por ahí "viva el cáncer". Mierda.

Uno tiene un quilombo en todos lados. Uno, que parece un traidor a su clase (que no es clase sino un rejunte de jamón del medio), discute con todo el mundo. Aparece la discusión política de verdad, el combate en democracia de verdad. Hay que salir a defender las cosas que hay y las que puede haber (esas que todavía no se ven). Vienen con antorchas a quemar el monstruo de frankestein. Están en una cruzada para salvar la república. Uno ve cosas imposibles. En un auto conocido un "estoy con el campo". Y no debiera estar ahí, madre mía. Las cosas se dan vuelta, la conciencia se retuerce, se manipula, se extingue. El mundo se acaba, la Dictadura triunfa. La mierda sale a flote.

Néstor enloquece. Nosotros nos la pasamos custodiando la Plaza ante el ataque posible de la antipatria. Ellos avanzan hasta el obelisco. Fogatas. Baldosas. Banderas. Consignas. Cobrar un impuesto a las superganancias de los sojeros divide al país. Como se dice, los pueblos suelen luchas duramente para mantener su esclavitud. Pero es triste, te queda algo que no se va.

La Mina, esa yegua se levanta. Traga saliva. En Senadores se escucha: Lo que tenga que hacer, hágalo ya. Y Judas traiciona, como debe ser. Nos recibimos de militantes otra vez, parece que soportamos todo. Ella sigue, nosotros entonces también.

Nos decretan el final. Las comadrejas abandonan el barco, la casa, el barrio. Son épocas excelentes para hacer sociología mate en mano. Se ven los claroscuros en blanco y negro: los traidores, los entregadores, los tontos, los obsecuentes, los arrastrados, los cagones, los delincuentes, los violadores, los equivocados, los colonizados. Los gorilas.

Hay mérito en haber seguido (no es para refregar, sólo para tenerlo siempre presente). Y Cristina, Crispasión, la evadesbocada que buscaban, gobierna. Y gobierna. Y manda todo al parlamento que aún es legal. Ley de Medios. La guerra que conocemos por las cabezas de la gente. Los dictadores de la palabra (y del hecho, la putaquetepariómultimedio) te dicen "totalitario", el asesino te acusa de criminal.

Y Asignación Universal por Hijo. Escupen bilis pensando en las mujeres como sirvientitas a engañar (clichés del cine de los cuarenta que tienen como religión). Otros se indignan porque no es universal y les robaron la idea (viejo tema de tenerle bronca al hacedor).

Pero todos saben que hay odio, que nadie se la banca y que nadie nos banca. Si hasta perdimos las parlamentarias. Por poco, pero las perdimos. Ahora vamos a ver. Van a recuperar la República. Hacer otro presupuesto (como si hubieran ganado la presidencial), el 82 móvil, lamarencoche. Hasta el socialismo nacional (o el nacional socialismo, porque la alianza anti K es muy heterogénea y hay lugar para todos).

Hacemos mierda la jubilación privada. Esa que no pagaba y timbeaba con los depósitos. La que era asistida por el Estado. La maravilla de los noventa. Hacemos mierda el negocio y se hace obligatoria la solidaridad. Una dictadura infame. Y encima, se jubilan más de dos millones de no aportantes. Vagos. Patrones vagos, hijosdeputa de re mil puta que nunca les hicieron los aportes y se los comieron. Es la cuarta tiranía.

Pienso. Se quiere ir con las botas puestas (con lo bien que le quedan). Nos van a hacer paella en Plaza de Mayo. Hasta que un día de puro cansado uno apaga la tele, y la radio.

martes, 18 de octubre de 2011

LAS RAZONES 2: Néstor

Una sonrisa amplia, un ojo entrecerrado aguantando el sol de mayo, la mano afuera de la ventanilla entreabierta. Granaderos adelante, la fanfarria atrás. ¿Cómo sentir tan propia una foto tan vista? Será por esa estupidez congénita y cristiana de renovar la esperanza contra toda experiencia. Pensar “viva el presidente”, otra estupidez y casi traición para quién ha pensado tantos años que el Estado es el estado burgués y el presidente es otro presidente. Gritarlo a dos metros del fulano encima, no tiene calificativos.


Pero no me equivoqué porque Néstor ya no me puede cagar. No se si no habrá dejado alguna convicción en la puerta de la Rosada. Lo que si se es que vi la zambullida (digo una y fueron muchas) entre la gente, como un pogo de institucionalidad. El camarazo que esta vez no fue por Cabezas sino de torpe y zarpado.
Es el “presidente que si fue”. Va el rosario picado grueso. La Corte, pero no lo que siempre se relata, me quedo con el tipo en cadena nacional diciendo que lo vinieron a apretar y pidiendo el banque. Algo que no se había hecho. Sonó tan de militante y pareció tan sin pulover. Sin embargo, explotó en muchos, iba en serio. ¿Así iba a ser? A cada cagada montada una denuncia, un pedido de ayuda. No, pero qué bien vino.


Esto no es un resumen, repito, va como sale. Busco una imagen que poner antes de la que quiero pero no encuentro… El tipo abre las puertas de la ESMA y fuimos una marejada que venía de tan lejos. Pedazos de adolescencia que habían quedado bajo las piedras salieron a la luz ese día en un territorio maldito pero distinto, empezaba a ser exorcisado. Cayeron uno a uno los pilares de la impunidad que se había hecho material constitutivo de la democracia débil, o cómplice. El dedo señaló la pared en que estaban colgados los cuadros y, con la diligencia de quien cumple una orden, un general de esta época descolgó las imágenes de los criminales. Era su gesto, su dedo, su mirada que tantas veces sirvió para la broma porque no se sabía a quién se dirigía, pero sabía muy bien adonde apuntaba.


Mi viejo diría que siempre se habla bien de los muertos, algo que pudo comprobar por si mismo. Es cierto. Néstor fue un baldazo de realismo. Si la política era el arte de lo posible, él venía a opinar qué cosa en tal caso era lo posible.


Y acá un tema… No se trataba de esos íconos que uno agencia y que cumplen con todos los recaudos de la gloria. No transar, luchar incansablemente y siempre, marcar un camino, morir antes de tiempo. Es impensable sin los sesentas y los setentas, pero no quedó encerrado en el cuadro del setentismo ni del progresismo. Ni de la izquierda. A veces pienso que para dar cuenta de la postmodernidad, primero hay que atravesar la modernidad. En un mundo penetrado irremediablemente por la globalización y la crisis del estado de bienestar (otro problema europeo que se nos cayó encima), con un Muro caído a ambos lados y una guerra que de fría pasó a ser gélida y televisada, alguien tenía que poder leer bien las historias secundarias del neoliberalismo.


Pesito a pesito se va haciendo el montoncito. Superávit fiscal. Pago al FMI para desmadre del pensamiento políticamente correcto a la izquierda. Foto en los diarios de funcionarios fondomonetaristas abandonando las oficinas cerradas del organismo en el corazón del Ministerio de Economía. Una foto en simultáneo con Brasil. El país no rompió ni se rebeló, no denunció la deuda, sólo se deshizo de un contralor colonial, apenas eso.


Prometió un país en serio y uno se pregunta ¿qué es eso? Orden de cuentas, una cosa para adentro y para afuera. Deuda, negociación, quita, reestructuración. Es decir, pago. Algo incomprensible si no se da vuelta por el otro lado de la mesa. Adentro, el Estado comenzando a reparar. Transformar planes lentamente en laburo, pacto con empresarios que privilegien la creación de puestos de trabajo. ¿Pactos? Si, el tema es el para qué. Hasta pactos con Clarín. Con todo aquel que aceptara las reglas del juego que iba apareciendo.


Generalmente, cuando se dice “pragmático” uno se refiere a alguien que toma decisiones que le permitan tomar otra más. No se habla de dirección. En este caso si.


A muchos nos pareció que no era el momento de pelearse con Duhalde, y después que no era el momento de parar. Y aparece el tema del PJ.


El PJ es la piedra del escándalo, la locura que divide las aguas del buen pensar. Sería tan bueno que algunos dijeran que no están de acuerdo con que exista el PJ… porque es lo que es, trae su historia, no podemos diseccionarlo. Néstor era peronista, pertenecía a ese partido y no dudó en zambullirse (y otra vez) de cabeza. Ganó a los buenos y a los malos –sobre todo ese aparato bonaerense- y construyó poder también ahí. Algunos votos parlamentarios lo fueron por convicción y otros porque el nombre de este jefe comenzaba con K. Néstor fue peronismo explícito. Hay gente a la que no les gustan las porno, es así.


Y con esa fuerza… un minuto, traduzco: con esa nueva correlación de fuerzas (que involucra todo lo que vengo diciendo y no un elemento aislado) transformada en poder político se fueron armando otros escenarios impensables unos pocos años antes.


Estamos en el infierno camino al purgatorio, decía. No una revolución (menos La Revolución). Y se me ocurre, ¿por qué todo esto les parece a algunos tanto menos? Tengo dos respuestas, voy por una. En nombre de La Revolución (y el Socialismo) se han cometido verdaderas atrocidades, se erigió un imperio, se colonizó cultural y militarmente, se falsificaron principios. Y se hicieron una cantidad de cosas buenas, que se parecen en cuestión de derechos y realizaciones a muchas realidades del primer peronismo (1946-1955), a veces son inferiores incluso. Llegar al purgatorio en Argentina significaba poner bases distintas de la canallada neoliberal, no es poca cosa.


Una primera cuestión. La otra es la “desprolijidad”, el tema de los buenos y los malos, la muy señalada y poco pensada “corrupción”, el hecho de que las cosas no son como una las sueña cuando te fuiste a la cama después de comer basura. Hay pesadillas en los sueños y ni un momento de tu vida es tan puro como uno quiere creer.


Y esto último otra vez tiene que ver con el peronismo. Hay que aceptarlo y comprenderlo, no todos quieren ser peronistas. El peronismo es para todos pero no es para cualquiera. Y hasta ahora se ha demostrado que es el único movimiento popular capaz de ejercer el poder en Argentina y dar vuelta cagadas imposibles (alguna de ellas defecada por otro sector del peronismo). Néstor sintetizó los claroscuros… ¿Alguno pensó cómo gobernar el purgatorio?, porque dirigir el paraíso no me parece una gran proeza la verdad.


Y como de revolución no se trataba la cosa, terminamos un buen día en Mar del Plata rodeados de fulanos como Chávez, Evo Morales, Lula, destruyendo el plan ALCA en plena cara de Bush. Marketing seguramente… Miles bancando otra independencia americana. De eso se trataba. El MERCOSUR administrativo y aduanero se fue transformando en un bloque económico y político, desde donde fue posible generar un movimiento que alineó a Latinoamérica pese a muchas diferencias. La UNASUR marca un momento sin antecedentes de unidad continental, justo cuando el mundo se define en bloques y se cuestiona cada vez más la unilateralidad. Alguién lo vio antes…


Un buen día el turno de Néstor se terminó. Muchos vimos primero una segunda oportunidad, pero luego fuimos comprendiendo que se jugaba la primera oportunidad que teníamos en el siglo 21.

lunes, 17 de octubre de 2011

LAS RAZONES 1: La noche del Titanic

"Las razones" es una serie de reflexiones que fundamentan para mi el voto del 23 de octubre próximo. Te los largo de a uno y seguiditos, esperando compartir las sensaciones y las respuestas que yo encontré en estos años. Va.


Pudo haber sido casualidad. A veces lo pienso, pero no. En América (o en el Tercer Mundo, categoría aún válida) hablemos de arbitrariedad o de azar, pero no de casualidad por favor. Sucede que ahora, que casi no van quedando los que no estaban de acuerdo (como siempre ocurre en los triunfos), parece obra de la lógica.


Pero no lo es. Dosmiltres era un año que comenzaba mal, luego de un par de años malos y otros también malos. Esas imágenes tan europeas de los indignados, eran moneda corriente con sólo caminar por Florida así como ahora lo hacen los turistas. Está la gran puerta, magnífica, del (ex)Bank of Boston resguardada aún por una lisa de chapa gruesa, que no está lisa ni lo estuvo de tanto golpe incansable de martillos y loquesea. Devuelvanmelosahorros… decían los nuevos náufragos. Recuerdo al que se instaló con su familia en el hall de otro banco con reposeras, sombrilla, baldecitos y heladerita porque la retención forzada de su dinero le impedía pasar las vacaciones en otro lado. Un sector medio ofendido, vulnerado, tomado por pelotudo. Humillación, no humillados.


Los Humillados eran otros, pero no se veían. Estaban lejos, no tenían cuentas en esos bancos ni en ninguno, y tampoco acostumbraban pasear por Florida. Cartoneaban, y si la base era la 31 entonces si, esa y la de los hoteles que merodean Plaza San Martín, era su zona.


Había humo en lugar de aire. Recuerdo de fogatas, fuego de caucho y corte. Y se dio eso brevemente, lo que se le ocurrió a un antiguo militante piqueteycacerola…


La corporación política en la tele tras la defección de aquel hijo dilecto. ¿Cómo hubieran podido pensar las viejas que lo saludaban de lejos en la asunción del primer lord mayor electo de Buenos Aires –porque les valló el intento de tocarlo- que iba a terminar en el helicóptero blanco y grande que compró Menem? Se decía que si alguno veía a De la Rúa entrando a un banco con un arma y una bolsa, hubiera dicho “mirá, el Chupete va a depositar”. Confianza, la Ciudad Puerto al menos se la tenía. Y el progre desahuciado que desesperado decía “yo lo voté por el Chacho”. Pero el Chacho se las había tomado porque fue un pionero en eso de “vi algo que no me gustó”. La Alianza fue el mal gobierno de los cobardes. Jóvenes sushi chorros, saltimbanquis progresistas con cara de yonofui. Una larga manga de turros, hijos de puta y canallas. Residuos de los ochentas y noventas, malogradas camadas de politiqueros basura. Un verdadero fin de las ideologías y la muerte de la historia. Telón.


Puerta, Camaño, Rodríguez Saa… siete días, cinco noches, Chapadmalal (all inclused), corte de luz, corrida, San Luis, renuncia. Default. Grosso devaluado hasta la lástima con su prontuario a cuestas. El país se acaba. Cacerolazo. La Plaza tierra de nadie. El Cid Campeador. Cortes en el sur, cortes en todos lados.


Uno termina respirando el humo, porque tenemos que ver con algo de todo, algo apoyamos, en algo nos equivocamos. Todos jugamos. No todos tenían el gran juego, claro y como siempre. Y un buen día se ordenó (¿?). El Senador se hizo cargo. Llovieron Jefas y Jefes para parar a los negros. El corralito se hizo corralón. Rescate bancario en alta mar. Rescate empresario en tierra firme.


Había un susto... A veces pienso si era verdad que el país se hundía, si ese insumergible era el Titanic. No se, pero es lo que decían. Guerra civil… ¿quién contra quién? No se, unitarios y federales, porteños librecambistas contra industrias provinciales, no se qué nombre les(nos) pusieron. Pero de golpe, la rueda del infortunio se detuvo y todos quedamos como estábamos medio frizados. El deterioro social corre igual como las quemaduras cuando ya no hay fuego. Pero eso no se ve, claro.


La idea no es hacer una cronología; pero como terminar el párrafo sin subir al puente, sin correr por todos lados, sin recluirse en la estación Avellaneda, sin encontrarse con la mirada de hiena de Franciotti. Venían agitando, venían pidiendo un muerto y tuvieron dos. Y se tuvieron que ir meses después, pero antes de lo que se esperaba.


El Senador no se pudo presentar (nunca por el voto popular parece). Aparecieron las fuerzas vivas, los progresistas de todo pelaje y juntos. Lilita era de centroizquierda. La CTA con las firmas del petitorio aún en la mano (a tres años casi) daba salvoconductos de santidad. Y el gobernador de Santa Cruz no quería abandonar el PJ… se presentó junto con otro “peronista”. En un momento los encuestólogos dibujaban algo así como el último círculo del infierno: una segunda vuelta entre Menem y López Murphy.


Como para morir con las botas puestas (o los escarpines, vaya uno a saber), una opción fue votar al gobernador de nombre impronunciable (en primera vuelta, por las dudas). Era la última opción de Duhalde malhumorado. El Lole asumía su renunciamiento permanente sin honores y desde ya sin lucha, De la Sota no medía. Pocos sabían del grupo Calafate, un lunfardo patagónico. Pocas esperanzas que arrancaron con un 2% y un desconocimiento enorme.


Refresco la memoria, Menem ganó con un 25%. Kirchner sacó un 22, 5 (creo). Iban a una segunda vuelta miserable. No quiero ser hipócrita: qué país de mierda en el que gana semejante hijo de puta.


Todos lo sabemos, no hubo segunda vuelta. El nuncaderrotado se bajó y nos dejó otra vez en bolas. Con los resultados brillantes de la década neoliberal, los desocupados, la miseria, los humillados, las generaciones perdidas. El sistema político nos dejó con bronca, y el sabor feo de que la democracia no cura, no da de comer, no educa.


Esa noche, Kirchner y nosotros nos quedamos solos y a oscuras. Todos los demás se habían ido. No había ya un país.

QUEREMOS A PERON

"Me dijo Farrel: Bueno, Perón, ¿qué pasa?. Yo le contesté: Mi General, lo que hay que hacer es llamar a elecciones de una vez. ¿Qué están esperando? Convocar a elecciones y que las fuerzas políticas se lancen a la lucha. Eso está listo -me contestó- y no va a haber problemas. -Bueno, entonces me voy a mi casa. -¡No, déjese de joder!, me dijo y me agarró de la mano. -Esa gente está exacerbada, nos van a quemar la Casa de Gobierno." *

No fue una casualidad, sólo algunas pocas cosas lo son (o al revés). Para los que nunca van a entender nada (y hasta a veces algunos hacen esfuerzos, pero no les sale), hoy es el aniversario del populismo argentino. De esa especial relación "líder-masa" sin intermediaciones político-institucionales. O también cabe la otra versión liberal -por izquierda- de la emergencia de una alianza del bonapartismo militar, la burguesía parasitaria del estado y sectores ideológicamente desclasados que toman el control del movimiento obrero, para erigir un dique de contención a la radicalización y giro a la izquierda de las masas. Masas, masas y masas… nunca Pueblo.

El "hecho maldito del país burgués" se brinda a todos, pero no se marida bien con todos los paladares. Sucede que hay razones que pasan por el bolsillo y la panza, si, se elevan a la mirada que apenas se para y se adentra en el alma, muy adentro del alma. Quién pueda conjugar los verbos del secreto habrá iniciado la llamarada. Perón fue uno de esos pocos y ese fue el día preciso.

La dirigencia obrera -que interpretó cabalmente y hasta casi casi tarde el sentimiento y deseo de las bases- jugó una carta a fondo y deliberadamente. Fue una decisión conciente juntar la defensa de las conquistas obtenidas (no como "gracia desde arriba", malvados atorrantes que se la dan de izquierdistas), con la libertad del Coronel Perón. Era ese hombre la garantía, su nombre se transformó en consigna de lucha porque significaba cosas concretas.

¿Participar o no en la distribución del Producto Bruto Nacional desde el Estado? ¿Ser parte o proteger la "independencia" más allá de los resultados? ¿Mantener los principios o inaugurar otros en base a la larga experiencia? Algunas de las preguntas. Rescatar a Perón. Torcerle el brazo a los enemigos de adentro del Gobierno y a la Oligarquía. Hacer una demostración de fuerza propia para que lo vean todos. Enterarnos de que tenemos fuerza propia. Son algunas de las respuestas.

Lo demás es la historia de una alianza entre Perón y el Pueblo, entre Perón y más precisamente los trabajadores que hicieron el 17. Un amor siempre correspondido, no exento de peleas y chispazos de gente brava, de lealtades larguísimas, de generosidades estremecedoras. De nomeolvides eternos.

Cosas que sirven para mirar de reojo el presente -eso que pasa desde que nos damos cuenta- y saber para dónde tira el futuro cuando se habla de peronismo, pero de verdad. Algo de esto vamos viendo ahora, casi cuando parecía que se había terminado la esperanza y empezaba el recuerdo. Pero no.

Y entonces, a tanto tiempo, uno también sale al balcón y está en los dos lados, arriba y abajo (maravilla extraordinaria del peronismo), y escucha por primera vez cuando ya cayó la noche en la Plaza de antes de que naciéramos:
"-¡Trabajadores! Hace casi dos años, desde estos mismos balcones, dije que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota y la de ser el primer trabajador argentino…” *

Y sigue, y aún sigue.

* Extraído de la obra de Norberto Galazo: Perón. Formación, Ascenso y Caida (1898-1955) Tomo I; Edicioes Colihue. Grandes Biografias. 2005.

domingo, 9 de octubre de 2011

Un país en el que la Patria no corra peligro

¿Será una dictadura si sacamos una barbaridad –como el 14 de agosto- y gran parte de la oposición desaparece?… En tal caso, sería una variante curiosa de suicidio político colectivo. Es que algunos están convencidos, pero muy convencidos de un rumbo que sólo los acerca a un enorme iceberg en medio de la noche (y la banda seguirá tocando en cubierta, sin glamour pero con una indisimulable virtud por la negación). Hace mucho que están lejos de la gente y que además, la gente les chupa un huevo. Bueno, a veces la vida se toma revancha. Nos veremos el 23.

Pensemos por un momento en un país en que la Patria no corra peligro. Es decir, un país en el que la derecha no pueda volver a gobernar por unas décadas. Un país –y es otro ejemplo tomado al azar- en el que Carrió se haya declarado derrotada, en el que Duhalde termine enredado en monosilabos y lamentos, Chiche no sea senadora, Ricardito Alfonsín pare de gritar estupideces ante un auditorio replicado por la magia de la computación y deje de pensar que es un líder. Un país sin que la prédica de una desvergonzada como Patricia Bullrich llegue a ningún lado, en el que el “colorado” De Narváez pueda dejar de actuar de peronista y vuelva a sus empresas.

Eso por hablar de los francamente impresentables y que no tienen a nadie que se les anime a encararlos con un espejo. Hay otros, como el Alberto que se postula para ser anfitrión de la Isla de la Fantasía (vamos nuestro Lamas puntano), y que sólo parece buscar un container para cobijar los restos del “peronismo disidente” (y vengarse de ese otrora Padrino que dejó a oscuras al Adolfo en Chapadmalal).

Un país para confrontar proyectos si, con un Binner y hasta con un Sabatella, pensando que tenemos una mejor visión de la Argentina, una más completa, más sensible porque nuestro proyecto se basa en esa Patria (¿se acuerdan?) Justa, Libre y Soberana. Y tiene antecedentes (no sólo tragedia). Competir con otros que nos corran “por izquierda” o por la progre. Y ganar la voluntad de la mayoría del pueblo argentino.

Nos tenemos merecido un Peronismo del siglo 21 armando la sociedad para dentro de muchos años. Y estas pesadillas que se autotitulan “oposición” queden en un tacho de basura arrumbado en el cuartito del fondo, de salida para la vereda.

lunes, 3 de octubre de 2011

las ideas simples

Ideas simples, casi de entre casa. Tan alejadas de lo que aprendí a valorar como importante. Quizás, …

Comencemos con un “Que la Patria sea grande, y el Pueblo felíz”. Un programa de gobierno revolucionario. Necesario, urgente, contenedor. Decir “felíz” ya, bueno, no es lo mismo que liberarse de la explotación del hombre por el hombre, o de vivir el vértigo de haberse hecho a uno mismo.

La “patria grande”, dos por el precio de uno. Patria no figuraba en los textos, no es un término que la Academia respete demasiado, a algunos les suena a facho (así de colonizados vinimos a quedar). Y “grande”, ¿cuál, la de San Martín?, o uno se refiere a ese proceso (una palabrota) de gobiernos populares en América Latina que terminó escalonadamente en un Plan Cóndor… a ver.

“De casa al trabajo, y del trabajo a casa”. Cuánta discusión sobre esto, nos sonaba mal pero muy mal. Adios a la participación política, un burro de carga que se mete en el agujero para salir al otro día. Eso sin hablar de la mención subliminar de la familia encerrada en la palabra “casa”. Todo bien, hasta que un mal día –de esos días de mierda que tuvimos como historia reciente- los pibes fueron a comer al colegio, en Europa nos dijeron que había llegado “el fin del trabajo” y a una gran parte de la sociedad señor, nos rompieron bien el culo. Ni casa ni trabajo. Y la familia languideció, las parejas se separaron, muchos se repartieron en casas de parientes o se fueron al carajo. Haciendo laburo de encuestador durante años por el conurbano vi filas de pibes –esos que habían crecido un poco- sentados en la vereda tres cuatro de la tarde con una cerveza (no mil, una). ¿Y el cole, y el primer laburo?

La del escándalo: una “tercera posición”. Hay dos imperialismos (bueno, ahora hay más), uno subordina el hombre al capital y el otro al Estado. En ambos se sufre (y dale con el tema de la felicidad). Algunos te lo matizaban y aparecía el imperialismo bueno, porque los rusos de vez en cuando apoyaban a algún movimiento de liberación nacional. Y el malo, que es el de siempre. Sacrilegio para los oídos zurdoliberales que uno tuvo.

Pero lo del tercer mundo nos mataba, nos hablaba en un idioma para el que no había que ir a la academia cultural inglesa de olivos ni al sarcu. Algo de eso que tanto molestaba te decía desde adentro que era así y que había una tercera (y que era la nuestra). Siempre triángulos, diría el analista.

Ya cuando uno le entró a la “comunidad organizada” la cosa cambiaba. ¿Me querés decir por qué no tendría que estar organizada la comunidad?, sobre todo por eso de que “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”. Después –instrucción y lectura mediante, pero sobre todo mucha mateada- aparece el valor de la ley de Asociaciones Profesionales, la organización sindical que encuadra como factor de poder al polo “trabajo” frente al “capital”. “Armonía de capital y trabajo”, un despropósito… a menos que se generaran las condiciones para que el capital no pueda encapricharse con la ganancia. Es difícil, claro, y que dure el equilibrio lo es aún más porque el capital tiende a ser grosero con el equilibrio. Igualdad como génesis de la libertad, algo así.

Está bueno esto de las frases porque es interminable. Me quedan por ahora dos más y voy redondeando el paseo.
La subversión bien entendida empieza por casa. Entonces “donde hay una necesidad, es que existe un derecho”. Y me partió al medio esa Mina. Y entré por ahí, corazón abierto y la cabeza hecha un bollo bajo el brazo.

Uno quería conocer mundo, entender otras lenguas y se fue a la mierda. Yo no digo que se perdió el tiempo. Militar, vivir, eso no le quita facultades al tiempo. Era todo para volver a casa más grande, más curtido, un poco más entendido. Y ver, qué se yo, armar algún día esa agrupación que siempre ronda, la “Justa, Libre y Soberana”.

Qué cosa brutal las palabras. Y esa ideas tan comunes como mis tías y mis abuelas, y algún tío abuelo inmigrante que se perdió en el color azul del cielo bendiciendo estar acá donde había trabajo y no había guerra y me lo decía teniéndome a upa bajo la parra. Pensando que yo no le entendía.

jueves, 8 de septiembre de 2011

PALESTINA es un país.

Donde hay una necesidad, hay un derecho. Nosotros la tenemos con eso, pero hoy voy a usar esta frase magnifica que nos dejó Evita para referirme tal vez a una de las necesidades más fundamentales. Una que tiene que ver con la identidad y la cultura. La necesidad nacional.

No pretendo entrar en la discusión de finales del siglo XIX sobre si corresponde que cada pueblo (por “etnia”) deba necesariamente tener un “hogar” Nación con su territorio. Pero si pensar profundamente que un pueblo, unido por la cultura, un pasado en común, un proyecto de futuro y además una larga lucha por la soberanía nacional, tiene derecho a reconocerse en su país y dentro de sus fronteras. Es un derecho que afirma, sin negar al “otro”. Es el caso de Palestina.

El pecado –que se esconde en toda denegación de derechos- se llama colonialismo. Y “coloniaje” viene a ser la justificación culturalista de todos aquellos que ayudan desde lo ideológico a la denegación de ese derecho y resulta ser que no están entre los opresores, sino entre los oprimidos o los débiles (para ser más suaves). Esto también es parte del problema, de no darse cuenta de que en esto que estamos hablando hay una injusticia que se comete contra todo un pueblo.

Los palestinos vienen de rifa en rifa, primero con el Imperio Turco, luego con los “protectores” ingleses, luego las Naciones Unidas, finalmente con Israel y sus aliados, sobre todo los Estados Unidos. Les han dicho y hecho de todo: migraciones forzadas, ataques indiscriminados, expulsión de su propia tierra, masacres, demonizaciones, deshumanización. Han sido parias, “terroristas”… o simplemente un “algo” que no debía existir. Pero los pueblos suelen ser tozudos de toda terquedad, y más cuando tienen razón.

Imaginemos en concreto lo que significa este derecho nacional… “izar la bandera, cantar a la Patria”, ir al mercado, hablar con los vecinos, sentirse parte de, sentirse acá. Una casa, un barrio, ir al colegio, hacer los deberes, tomar la leche, juntarse el domingo. Pasear por la calle, mirar vidrieras, ir al cine, comentar en el bar un montón de boludeces con los amigos. Discutir de política, de deportes, de minas y de fulanos. Sentirse a salvo, ni pensar en eso. Quejarse del gobierno, apoyar al gobierno. Que la vida simplemente fluya y que, un buen día, uno se muera y los que te conocen lloren. Y que los hijos te recuerden, que la vida te respete. Algo que tiene que ver con la Dignidad. Callada, de a diario, como una costumbre. Y sobre todo, que la Patria no corre peligro.

Tener derecho a equivocarse, a arrepentirse de un voto, a tener una burguesía, a sindicalizarse y pelear por lo que se cree justo. A recordar estos días como historia y que las historias personales reemplacen lentamente a los grandes acontecimientos.

Quererse, juntarse, separarse, encularse con alguno. Divertirse. Que los chicos crezcan. Todo eso, pero como palestinos. Todo tipo bien nacido –diría mi abuela- entiende estas cosas. Y si uno se dice peronista, mucho más aún.

En estos días, la Autoridad Palestina (el gobierno) intentará que las Naciones Unidas voten afirmativamente un estatus nacional para su pueblo, es decir, que se reconozca a Palestina como un país con plenos derechos y miembro de la comunidad internacional. El corazón de uno, y el de muchos en todo el mundo, está con ellos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LOST

Perdidos. Perdidos y solos en la playa observando el desastre, sin comprender cómo llegaron hasta allí. Más patético aún porque se habían imaginado como una cabecera de playa, algo así como el comienzo de un “tiempo nuevo” que nunca llegó.

En medio de los restos del avión, ya hay grupos que piensan en abandonarlos, tomar sus propios caminos o simplemente, abandonar una playa tan expuesta. Al igual que en la serie, uno como seguidor empedernido traza hipótesis: son parte de un experimente, restos de la guerra fría, están atrapados en una paradoja del tiempo… Quién sabe.

Creo –y arriesgo otra corazonada- que no existió un plan previo, o mejor dicho, un plan coordinado. Se trata más bien de micro emprendimientos de gente que no comprendió aún muy bien qué fenómeno se hizo visible catastróficamente en el 2001.

Ricardo A, por tomar un caso destacado, ve su “tiempo” tras la muerte del Padre. Mide, redescubre un partido político con trayectoria (centenaria, les gusta decir pavoneándose) en un estado de debilidad y falta de liderazgo. Aparte de ser su padre, Alfonsín fue el último gran líder que aunaba la pose de Alem, el aguante del Peludo, la verborragia de Lebenson, el cálculo de Balbín, la parsimonia y la imagen de Illia. Un último grande respetado, finalmente, por propios y extraños, dueño de alguna manera de los oropeles de la recuperación democrática. Ese que entusiasmó por segunda vez a una juventud entusiasta (la primera fue la de la JP, la última la de Néstor) y planteó, así de corrido, el Tercer Movimiento Histórico. Una mochila muy pesada de llevar, sobre todo si los trajes te quedan grandes.

Encima, el pobre malcriado oteó el horizonte y lo hizo mal. Usó la tan cacareada pertenencia a la socialdemocracia como papel de diario en baño de estación, y en lugar de spotearse con Binner se tomó una sangría con el colombiano naturalizado que camina el conurbano bonaerense. Y le cayó mal. Porque resulta que el colorado De Narvaez es un representante de la derecha (él dice que “peronista”, aunque lo seguro es lo primero). Los radicales, que todavía creen serlo, enloquecieron y mucho más después de que todo resultó mucho peor que lo esperado.

El problema –no el único- es que “lo esperado” era posicionarse en las primarias del 14 de agosto como la segunda fuerza, cerca del primero, y pensar en un escenario de segunda vuelta para octubre. Y de paso, hacer un estrago en la provincia de Buenos (Daniel) Aires. Todos sabemos lo que ocurrió.

Voy al otro ejemplo… Eduardo D (el malo, obvio) se convenció que tenía que volver de su retiro político, no le quedaba alternativa. El bañero-estratega revolvió el altillo de su bagaje cultural y encontró: la industria del país pastoril, el orden, el olvido, las buenas costumbres y la siesta colonial. Todo un combo conserva que tiene un hálito de antigua vigencia en el imaginario peronista de los cuarentas. Humanista al fin (concejal de la Democracia Cristiana en los setentas), piloto de tormentas probado, era el indicado para llevar el timón hacia el siglo XXI (evento que tuvo lugar hace once años).

Sólo tenía que juntar todo aquello que fuera herido –por acción y/u omisión- por la aplanadora K. Lo llamaron “peronismo federal”, pero duró muchísimo menos que el federalismo criollo. Lo bueno es que a los Rodríguez Saa, la Camaño, el don Luis, Puerta, Das Neves y demás, los unía y los separaba el mismo sentimiento: el espanto. Así salió.

Se tomaron tierras en el Indoamericano, se prolongaron hasta el imposible los idus del “campo”, se atormentó con todas las posibilidades y las imposibilidades del choreo al ciudadano, se jugó al temor, al terror, se fomentaron las virtudes de la amnesia. Se pronosticó el diluvio universal (sin tomar en cuenta de que el primer mundo es el que lo está viviendo) y, sólo quedó el recurso de denunciar un fraude, un falseamiento de telegramas, un algo informático. El recuento oficial de las PASO (hecho por la Justicia) le dio el incómodo tercer puesto, cerca del segundo, a años luz de la primera.

¿Cómo fue que llegaron a esa playa? Misterio del que no pueden salir. Y además hay personas perdidas como en toda catástrofe (personas “desaparecidas” tiene otra connotación que merece respeto y justicia). Lilita se perdió en las aguas profundas, uno teme por los tiburones.

Perdidos, pero no víctimas. Parecen más “La isla de Guilligan” que “Lost”, pero a no engañarse. Son gente peligrosa.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El país de don José

Don José era un tano que vivía enfrente de casa. Tosco y amable a la vez; era constructor. Es decir, seguramente albañil (como el tío Miguel, del que algún día voy a contar un par de cosas) devenido con el tiempo y el laburo (progreso inmigrante) en contratista. Hizo el edificio de cuatro pisos que se veía desde la ventana del living. Cuadrado, feucho, un muestrario de materiales, cerámicos, mármoles y decoración (todo junto),pero sólido. Un piso para ellos, un piso para cada hijo.

De alguna manera yo viví mucho tiempo en el país de don José. Pero fue cambiando…

Una tragedia se llevó algunos pedazos de lo que llamamos adolescencia. A muchos conocidos o no, porque hay desaparecidos que uno conoció después. Acá pasa todo al revés. Tuvimos un principio de modernidad, un largo período de postmodernidad y ahora, estamos intentando que dure un poco más la modernidad. Pero todo se mezcla.

Vivo en un país en el que uno se pone contento y puede estar mal antes o después, el mismo día. Que tiene los cuatro climas y todos los humores. Con gente callada, humilde, soberbia, encaprichada. La gloria convive con algunas bajezas y entre ambas, se burlan del justo medio.

Es un país para patriotas ignorados (hasta por ellos mismos) y para cobardes y traidores con mucha prensa. Supo ser casi siempre socialmente injusto, económicamente dependiente y políticamente colonizado. Los gobiernos “populares”, contándolos todos y haciéndose el generoso ocupan menos de sesenta años de los doscientos que contamos de “historia independiente”.

Encima, como dijo un inglés (del que ignoro su nombre) tuvo siempre un “centro”, Buenos Aires, la capital de un imperio que nunca existió. Problemas.

Ahora no queda otra que mirar palante y no solo eso, porque el que no pueda tener la cabeza abierta está afuera de verdad. Pasan cosas, han pasado muchas cosas después de la década del 60 y del 70. Está madurando una cultura de la democracia, a poco menos de treinta años del ’83.

Los nacidos en 1983, cumplieron dieciocho en el 2011… fueron chicos durante todo el menemismo. Descubrieron que “peronismo” tenía otros contenidos con los Kirchner. Vienen votando en las últimas elecciones. Muchos de esos son nuestros hijos, muchos no ven las cosas como nosotros, muchos igualmente votan lo mismo que nosotros.

A ellos no les quiero romper las bolas contándoles que de muy pendex (pero muy) viajé varias veces en tranvía, que conocí el troley, que fui al Ital Park, que el primer supermercado que vi era Gigante, que mi vieja me compraba para potrear un blue jean (después vaquero). No quiero que alguno sienta culpa o nostalgias de una época que no vivió (los sesentas y los setentas de nuevo), como si esta no fuera una época para ser vivida.

Es un país con ciudades para melancólicos, para inviernos largos y amores que se cuelan por una puerta entreabierta. Fulanos que escriben y no son escritores, un poco como esos cantantes que tienen el escenario bajo la ducha. Gente común. La que uno –ya humildemente de tanto errar juicios- putea y besa de tanto en tanto cuando parece que no pasa nada y está pasando.

El país de Don José. De Don José de San Martín. Ese. Y sabés… estamos siempre en un Plumerillo, armándonos, preparándonos para cuando las cosas importantes ocurran, porque casi sin darnos cuenta, como decía, ocurren. Los Andes son tomar el bondi, llegar al laburo, llegar con el sueldo, comprarse algo en cuotas. Salir de la facultad y tomarse un café con otros, preparar un exámen. Sacar conclusiones en una conversa que siempre queda ahí y siempre se retoma. Verse en familia. Llamar a tu hermano que se fue un fin de semana a Entre Ríos. Perder elecciones. Ganar elecciones.

Curarse en salud de nuestra historia. Bicentenariarse por ahí. Animarse al pensamiento de corrido y no al rejunte de consignas. Que te crean, que les creas.

Defender un par de principios que no van a cambiar por nada. Tener la mirada larga para el resto. El abrazo fácil, el orgullo en silencio como un tigre. La bandera en alto, como el resto de las banderas. Justa, Libre y Soberana. Porque lo demás no importa nada. Nada.

Vamos bien don José.

jueves, 11 de agosto de 2011

Esa mina.

Es frágil. Es fuerte. Está allá lejos, los focos me la hacen más lejana. Los focos nos dan en los ojos.

Muchos actos, tantos actos, cierres de campaña, aperturas, reivindicaciones, actos políticos, gremiales, proclamaciones de fórmulas, actos, caminatas, marchas. Campaña. Discursos, palabras, palabras bien, las que nos interpretan, las que nos dicen y dicen sobre nosotros. Palabras que encierran ideas. Rejunte de consignas, listado de realizaciones de un gobierno. Manos que levantan manos en triunfo, papelitos de a chorros, aplauso, aplausos. La marcha. El himno. La marcha afuera, la marcha de a pedazos. La marcha a destiempo. Muchos actos.

La avenida Maipú. La puerta que Isabel hizo arruinar con chapones de metal (el miedo del miedo). Carteles de “en venta” de las inmobiliarias de la zona. Gente airada, con odio, con rabia, con una rabia destemplada (como toda rabia). La yegua, que se vaya la yegua. Y uno lee el subtitulado en perfecto español: viva el cáncer. Son buenos vecinos de Vicente López, son de otros lados. Son una manga de hijos de puta.

Estoy cansado de escuchar cosas, de ver cosos por la tele. Gracias a la nueva ley de partidos, los mensajes igualitarios de todos los preprecandidatos me tienen las bolas al plato por saturación o por convección. El mismo tipo que uno no soportaba se vuelve cómico de tan repetido.

Las cosas importantes, como la rotación de la tierra, apenas son perceptibles justamente porque ocurren. Pasa con los cambios de fondo también, sucede con las revoluciones culturales. Pasa con muchas cuestiones de nuestro gobierno (este, el de la yegua). Y a veces cierro los ojos –casi dormido, casi aburrido- y veo a los pibes que levantan las noutbuc crecidos, con hijos, haciendo de grandes y de ciudadanos, haciendo de nosotros. Los pibes de la asignaciónuniversal caminando hacia el laburo, apurados, pensando en una cita que regale un buen fin de semana. Los tipos que recuperaron el laburo, los que laburan por primera vez, los veo jubilados haciendo alguna boludez en la casa, recibiendo a los nietos un domingo en casa.

Me despierto sobresaltado. ¿Esto sigue no? Si no, va a ser como los pibes de la Fundación que uno no sabe qué fue de ellos, si recordaron siempre Chapadmalal, el mar, la nieve, la montaña, los juguetes. Las chicas de las máquinas de coser… O si todo terminó en un llanto que tuvo que disimularse y se transformó en un rocío eterno todas las mañanas de invierno.

La veo en el estrado. Le queda el costado intimista, el resto lo digo Amado. Le queda hablar en familia, entre compañeros aunque todos sabemos que se transmite en directo. Pero habla de ella y de ese tipo que hoy no está. Y no puede ser que no está. Eso que le paso, lo del corazón y el pecho, para defenderla. Para quererla. Y veo que lo busca y nos mira, uno por uno, como si pudiera encontrarlo entre nosotros. La metáfora ya me mata.

Un presidente militante, una Presidenta coraje. ¿A quién impresionar con la propia militancia de entrecasa, de cabotaje?

La mesa grande que en una punta tiene a los viejos (que ahora si cobran una jubilación rescatada), en la otra punta los chicos que van al colegio a estudiar y no a comer, en el medio los padres que llegaron de trabajar. Una imagen que se cristaliza sólo porque no estaba. ¿Y quienes son los turros que se realizan en una comunidad que no se realiza? Hallazgo en el remate de Amado, lo de la mesa grande.

El amor que va y viene desde el teatro al escenario, a esa tarima con el atril y a esa mujer que los focos no alcanzan a tapar. Veo viejos militantes, morochos duros de sindicato, grandotes de campera. Absortos, con la boca abierta y los ojos en vidrio, moqueando como pelotudos. La mina los(nos) atravesó mal. Primero nos pasamos un dedo como sacando una basurita, después refregamos los parpados con algún disimulo. Terminamos pasando un panuelo de papel, o dejando que se sequen las lágrimas, mostrándolas como una condecoración.

Algunos nos quedamos, algunos muchos, porque los queremos ver, porque queremos decirles algo. Y pasan esas cosas que te dicen que si, que es tu gobierno, algo de compañerismo y complicidades de estar en lo mismo con esta gente común que tiene responsabilidades importantes. Un bien Débora, Nilda cada día me hacés mejor, Chivo siempre con vos, palmada, manos, saludos a otro y otro que va pasando hacia la salida del Coliseo.

Los monos se mueven porque viene ella. Y viene, de negro, más baja de lo que uno piensa, chiquita pero uno la ve enorme. Con lágrimas, esas de verdad. Saluda y saluda y saluda. Quedo ante sus ojos mientras pasa. Ahora las gracias son para vos. Sonríe levemente y los ojos grandes otra vez se le nublan y sigue.

Qué Presidenta, la puta madre. El Jefe de Gabinete asiente y me sonríe.

Su mano llena de arrugas se toma de la almohada, otra vez se despertó antes de las seis. Costumbre de viejo laburante levantarse siempre temprano, aunque ya no haga falta. Mira la sábana y sus ojos apenas abiertos recuerdan la otra sábana bordada “Fundación Eva Perón”. Se sienta en la cama y (me) dice al aire: Nunca me olvidé, nunca.

lunes, 8 de agosto de 2011

Dame un poco más de ti

Ricardo Alfonsín (h) quiere llevarnos al país en el que ya estamos; Duhalde nos recuerda que cuando las papas quemaban, él nos salvó y de Mendiguren (y asociados) se comieron el guiso. Lilita Carrió nos exhorta a no ser tan putos por una vez, y apostar al desarrollo sin corrupción (sorry gorda). Hermes Binner muestra el hospital que hizo en Rosario y lucha denodadamente porque le asome la sonrisa sin que se le venga en banda el labio. Altamira y Castillo dan lástima sin solución de continuidad porque parece que si no alcanzan el 1,5% van a deportarlos. De Narváez nos muestra que vivimos en peligro, en un constante y espantoso peligro en el que los zombis van a terminar mascándonos el cerebro (y todavía debe tener un plan). Un gordo (que seguramente tiene la camisa salida del pantalón y la corbata con manchas de grasa) nos recomienda votarnos a nosotros, y no a los políticos (fiera, eso es ilegal si no oficializamos boleta antes).

Y debe haber más, es que no veo tanta TV de aire (soberbia de marquesitos). Sería extremadamente cómico, si no fuera porque no lo es. La oposición no es cómica, en algunos casos es sumamente trágica.

Duhalde miente cuando dice que enfrentó la crisis sin represión, sigue negando el puente Avellanera y a Costequi y Santillán. ¿O no tuvo que armar el bolso antes de tiempo en su interinato? Nunca será presidente elegido, espero que Dios nos siga teniendo en cuenta…

Ricardo A. (aunque no me cayera en gracia su padre, no quiero emparentar a este salame con ese presidente) me aterroriza cuando sugiere que “modificaría” y/o dejaría sin efecto la ley de medios.

No voy a buscar más ejemplos, me bastan estos dos. Carrió no está en carrera y los otros son un chiste fácil. Pero no me cabe duda que demolerían este país actual, que tirarían por la borda el esfuerzo de estos años, que se arrodillarían ante los poderosos y se pondrían duros con los humildes. No me cabe ninguna duda que retrocederíamos tanto, pero tanto, que la crisis del primer mundo nos partiría al medio en poco tiempo.

Necesitamos un rato más… un rato más para que crezcan los pibes de la Asignación Universal, para que usen hasta cansarse las netbook, para que los del primer trabajo hayan cambiado para mejor a otro y a otro, para que las viviendas se terminen de construir y que los nuevos miembros de los consorcios se preocupen por su mantenimiento, para que termine el zanjeo y la llegada del agua corriente y el gas no sea una fiesta. Necesitamos más ser un país normal que no va patrás, nunca más. Y que la gente se levante con la mirada a tono con la dignidad.

Esto es un spot. Claro. Necesitamos cuatro años más de Cristina. Y muchos años más de nosotros. A quién le importa que la Patria sea grande, si el pueblo no es feliz. Son dos cosas que van juntas.

miércoles, 3 de agosto de 2011

LA FILA

Hacen la fila. Algunos tienen cara de apurados, es domingo y siempre hay algo que hacer un domingo. Otros no, están serios. Como ven que vamos a buen ritmo, no hay enojos.


Es inevitable pensar en lo que van a votar. O mejor dicho, pensar en por qué van a votar así. Es el voto indolente, estúpido, de derecha, de la no política o de la anti política… cuántas certezas sin contrastación, sólo con la realidad como testigo y verdugo.


Viene uno que quiere pasar con los hijos. Y si. Nos tratan bien, sonríen algunos con algo de nervios, otros de educados, los hay que están muy seguros y pueden ser amables, aparecen los callados que apenas hacen un estiramiento de labios. Pero todos, todos quieren estar a la altura. Será el barrio.


A la altura de qué… Me interno de caminata de otros domingos hace mucho por la avenida de jarrones de Parque Lezama, en un invierno como este pero con más frío en el alma. Y me voy atrás, cuando fui felíz una vez antes de la posterior y antes de ahora. Me veo como si fuera otro en la cola. Veo a un fulano que soy yo con un pibe de algo más de año y medio a upa. Es el ’85, legislativas y no era invierno (o si). Dejo el documento, es la segunda vez que voto. La primera en el ’83 (me tocó perder, como ahora), antes la dictadura, yo hubiera votado por primera vez en 1977.


Entro al cuarto llevándolo de la mano. Le muestro las boletas, las revuelve, lo reto, las acomodamos de vuelta, me mira. No entiende demasiado, pero se da cuenta que es uno de esos momentos como cuando comenzó a tomar bien el tenedor, a soportar el jabón sin abrir los ojos. Acá votamos, elegimos a los que van a mandar, ves, así, el que papá piensa que es mejor, esto se llama democracia. Ahora ya está, salimos. Salgo y pide brazos otra vez, después lo hago caminar un poco, tardaremos muchísimo en hacer cuatro cuadras. Lo pensé unos años después, pero eso fue lo único, Francisco, que pude(imos) darte, te debemos la justicia social, la salud, la educación, la liberación nacional, la felicidad de todos porque si no no habrá felicidad. Te debemos. Pero no hay más milicos, hijo, no hay más.


A la altura de eso. Se trata de eso y tienen cara de eso, más allá de lo que están votando. Veo en los ojos la seguridad de tiempo tomado, les gusta votar, les parece bien votar. No tengo ninguna duda. Puta, es un motivo de abrazo. Aunque más no sea el único. No se.


Ya a esa altura en el ’85 aún no estaba Emi. Se iba a casar mi hermano. Hacía menos de tres años que se había muerto el viejo. Euge llegaría en menos de cuatro años. Mi vida daría muchas vueltas. Durante mucho tiempo dejaría de militar. En otro tiempo dejaría de trabajar en el lugar que lo hacía. La vida comenzaría una y otra vez, como si fueran varias vidas. Calculo que a muchos les pasa.


Fui fiscal muchas veces, general, de mesa (como esta vez), uno lo sabe de memoria, mira con piedad, suficiencia o paciencia a los presidentes de mesa. Confraterniza por lo general con otros fiscales, soporta a los fiscales generales de partidos chicos que hacen las 24 horas de Le Mans en ochocientas mil mesas, critica la comida (o no), tiene expectativas (o no), se cansa y se aburre, se tensa en el escrutinio (o no). Un día distinto al del resto de los mortales que sólo hacen fila, votan y vuelven a su domingo.


Es algo normal y en este país (este país) no es muy normal este tipo de costumbre. Para nada y sin embargo, parece que siempre hubiera sido así. Y esto más allá de lo que voten, si se taran de tanto en tanto, si infantilizan la percepción del derecho en si, si tienen malos momentos. Uno no siempre se lleva bien con la democracia.


Y también está la política, las ideas. Ideologías. Tachín, tachín. Para uno es serio y está bueno de tanto en tanto reírse un poco de uno. Porque es en serio, muy en serio.


Y porque… algunas deudas se están pagando, lento, medida a medida, pero se están pagando. Carajo. Ojalá esos hijos algún día me digan, cuando ya esté dispensado de hacerlo: Papá, querés ir a votar, te acompaño.