lunes, 16 de abril de 2012

BUSCANDO LAS JOYAS DE LA ABUELA

"Somos el único país de Latinoamérica y casi del mundo que no maneja sus recursos naturales". Contundente. No lo dice un resentido al volante de un tacho, fue la Presidenta en cadena nacional.

"Por primera vez, desde que se desnacionalizó YPF en 1998, en el año 2011 nos convertimos en importadores netos de gas y petróleo, con un déficit de 3.029 millones de dólares. Es la primera vez en 17 años que Argentina tiene que hacerlo"(…)"La reducción en el saldo comercial fue entre el 2006 y el 2011 del 150%. En 2011 se produjo la importación de 9.300 millones de dólares en combustible.”

… "el problema fue la desnacionalización’ que -afirmó- ‘atraviesa desde los sectores más primarios hasta los de más valor agregado’. Consignó que desde 1999 hasta el 2011 ‘la utilidad neta de YPF fue de 16.450 millones de dólares de 1999 a la fecha’ y que la empresa distribuyó dividendos por 13.246 millones de dólares.”

Así fue que cerca del mediodía de hoy (16-04-2012) la compañera Presidenta “anunció el envío al Congreso de un proyecto para declarar de interés público nacional la explotación de hidrocarburos con el objetivo de lograr el autoabastecimiento en la materia; para garantizar el desarrollo económico, y el crecimiento ´equitativo y sustentable de las provincias´.”

Se trata de un modelo de empresa mixta, distinto de la estatal YPF que fuera rifada en el altar de los dioses primermundistas de mercado cuando la política argentina parecía la fiesta interminable.

“Entre los artículos del proyecto se establece la necesidad de garantizar el desarrollo económico, y el crecimiento ´equitativo y sustentable de las provincias’. ‘A los efectos de garantizar el cumplimiento de los objetivos de la presente ley, declárese de utilidad pública y sujeto a expropiación el 51 por ciento del patrimonio de YPF S.A´.”

“Esas acciones, de clase D, quedarán distribuidas de la siguiente manera: 51 % para el Estado Nacional y 49 para las provincias que integran la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos.”

(…) “El proyecto oficial contempla también que las acciones expropiadas no podrán ser vendidas sin la autorización del Parlamento, que necesitará las dos terceras partes de sus miembros para su enajenación, ´la misma mayoría que se necesita para modificar la Constitución’.”

Y se hizo, algo que la verdad poníamos en duda en tren de no ilusionarnos demasiado. Recuperar el control y la decisión, es decir recuperar soberanía que es algo así como volver a pintar de celeste y blanco YPF. Encima en un modelo más acorde con estos tiempos, con la participación de empresas privadas que pueden ser nacionales y también internacionales. Y me viene una y otra vez el “retiro” hace unos días de la British Petroleum de la licitación por la plataforma submarina en Malvinas, como quien sabe de qué va la cosa y no quiere quedar fuera de la carrera cuando una recuperada petrolera nacional argentina saliera a buscar socios. Socios si, pero que ya no podrán reemplazar políticas de desarrollo estratégico nacional con políticas sectoriales de mercado y remisión de ganancias sin más. De eso se trata esto.

Ahora viene la discusión en el Congreso y vamos a ver quiénes tienen voluntad de establecer políticas de Estado y quienes nos corren por derecha y “por izquierda”. Dos tercios señores, de cara a la sociedad, por la tele, sin banelco y sin excusas (ni fotos de grupo a).

Y hablando de números, a veces viene bien saber que con el 54,11 hoy recuperamos un 51. Este es el gobierno que votamos. Qué bien.

Las comillas señalan que estoy citando la página de Presidencia de la Nación del 16-04-2012.

lunes, 2 de abril de 2012

ROMPA EL MANTO DE NEBLINAS, COMO UN SOL

Es una fecha para hablar del imperialismo, del colonialismo inglés y sus prácticas piratas. Para decir que están explotando pozos petroleros y recursos pesqueros sin control ni cuidado; que persisten en considerar como estratégicos los pasos oceánicos. Que increíblemente levantan el principio de la autodeterminación de los pueblos en favor de una población minúscula e implantada por conquistadores, sólo para rechazar el pedido persistente de una nación del tercer mundo para sentarse en una mesa de negociaciones cuyo tema principal sea la soberanía. Todo eso y más, es justo.

Pero no quiero ir por ahí, me pesan otras cosas. No me gusta la marcha de las Malvinas, me parece muy milica, muy de la dictadura. Me traen los volantes que volaban desde la ventana de un falcon con el dibujo caricaturesco de un soldado argentino cogiéndose a la Thatcher con un exocet. Concientización castrense en población civil. Ahí si nos necesitaban estos turros hijos de puta que usurpaban el uniforme de San Martín.

Una plaza llena. Es cierto. También llena de puteadas, con los gremios y algunos partidos adelante levantando consignas y también el “se va a acabar…”. Terminémosla con lo del apoyo a Galtieri. Les servía pero no hubo apoyo a la dictadura, al menos no de los que el 30 de marzo salieron a desafiarla con muchas bolas. Otros tal vez si, se sabe que estas cosas cuentan con civiles a montones.

Milité en la Caja de Ahorro con un ex combatiente. Lo conocí, lo escuché, hice un esfuerzo por entender. Todavía lo veo en el bar, los rulos, los ojos brillosos y de a ratos esquivos. “Lo que más me duele, me dijo, es que en el Canberra los ingleses nos trataron mejor que los nuestros”. Llegaba al hospital prisión flotante medio sordo de haber estado semienterrado cerca de la pista de Puerto Argentino durante los bombardeos. Atontado de miedo y después de vergüenza.

No hubo recepción a los soldados, hasta el día de hoy no la hubo (quizás en algún aniversario…). No les dijimos que, pese a todo, estamos orgullosos de ellos. Que es una cagada lo que pasó, pero que acá está nuestro abrazo. No les dijimos. Pese a las declaraciones oficiales y a los subsidios, ellos son los que quedaron tras un manto de neblinas. Como esas cruces de guerra tan blancas y tan lejos. Les tocó la colimba en un manicomio de locos furiosos.

Claro que importa. Las Malvinas importan. Uno sabe que muchos de esos que nacieron acá, piensan que los kelpers (y es despectivo llamarlos así, pero bueno) tienen suerte porque son ingleses, y que el error de nuestra historia fue no haber tirado flores en lugar de agua hirviendo (no era aceite) cuando las invasiones inglesas. A ver ahora si eran solamente 17 o 19 “intelectuales” los culorrotos. No, son muchos más. No mayoría, pero muchos más.

Televisores, peluches winni poo, relaciones carnales. También hubo eso, caerles simpáticos. No somos simpáticos, somos argentinos. La política de Estado (eso esperamos) por la vía diplomática es lo correcto y sirve. Tener un bloque que respalda es importante. Lo mejor que nos podría pasar es que esa política siguiera su curso.

Y pensar (como se dijo en una solicitada de CGT Brasil en esa época) que soberanía es todo, en Malvinas y en el resto del país. Y uno piensa, soberanía ganada frente al paradigma neoliberal; soberanía del Banco Central al servicio de un modelo de producción para incluír; soberanía de la Corte Suprema; soberanía de tener laburo; soberanía que tendrán los que sean pasados al laburo legal con aportes, jubilación, derechos; soberanía de los que aún duermen en un bajoautopista; soberanía de los que todavía comen en un comedor comunitario; soberanía del petróleo pensado para el desarrollo argentino, en una empresa del Estado o con la principalísima participación del Estado; soberanía de tener trenes nacionales; soberanía de una industria minera que tenga en cuenta el medio ambiente y la gente; soberanía de lo que ya tenemos y la soberanía de lo que nos falta y tiene que venir.

Con esa soberanía, la popular.

Otra vez esa mirada. Lejos. Desconfiado, esquivo. Un pibe de clase media. No un colimba chaqueño arrastrado al frío patagónico más extremo. Un pibe como un vecino de acá a la vuelta. Qué será de él ahora, cómo habrá seguido su vida. Sólo se que seguió peleando en su laburo, haciendo algo de sindicalismo y política, pese a todo. Y todo era que la dictadura seguía, que los habían cagado especialmente como el postre que se deja para el final, que desconfiaba de militares y civiles. No supo sobre el chocolate de Kazansew, los aros de Pierina Dealesi, ni la victoria mediática de Gente y Gómez Fuentes. Sólo los movilizaron a las islas y después, los demalvinizaron.

Lo único que se puede hacer es recuperar pedazo por pedazo la soberanía y ganar la que nunca tuvimos. Y así.

Las Malvinas son argentinas.

viernes, 30 de marzo de 2012

ESE TREINTADEMARZO

La dictadura se la agarró con los laburantes.



Es la verdad, tanto como decir que se intentó con éxito –y siguiendo lineamientos no tan criollos que emanaban de los centros internacionales de poder- reformular las bases de acumulación de nuestro país: la validación financiera en lugar de la productiva. Para lograr ese objetivo también servía golpear a los trabajadores, pero se los (nos) persiguió porque era la manera de solucionar la “situación de inestabilidad política” desde la irrupción aluvional del peronismo. La vieja “solución final” gorila llevada a cabo sistemáticamente y con método (francés).

La represión fue brutal pero no ciega. Más de la mitad de los desaparecidos eran (son) trabajadores. Desde un simple activista y/o delegado de planta hasta uno que otro secretario general de un gremio (como el caso de Oscar Smith de Luz y Fuerza).

El ataque a los trabajadores también fue institucional. Es bueno refrescar la memoria o enterarse de algunas cosas como estas:

* La ley 21.270/76 intervino el Consejo Directivo de la CGT y bloqueó sus fondos, cuentas bancarias y bienes patrimoniales.

* El decreto 9/76 suspendió “transitoriamente” las actividades gremiales en entidades de trabajadores, empresarios y profesionales (con excepción de la administración interna de las mismas).

* El decreto 10/76 prohibió las actividades de las 62 Organizaciones, o de cualquier otra que la sustituyera.

* Otros decretos pusieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a numerosos dirigentes y otros fueron incluidos en Actas Proscriptitas.

* La ley de Prescindibilidad, que permitió el despido indiscriminado de 200.000 agentes sospechados de disidentes.

* La ley 21.400 impuso penas de hasta 10 años para quienes instigaran a la huelga.

* La 21.297 destruyó la ley de Contrato de Trabajo, anulando numerosos derechos individuales de los trabajadores.

* La ley 22.269 de Obras Sociales, por la cual éstas quedaron desvinculadas de los sindicatos y pasaron a depender del Estado.

* La ley 22.105 de Asociaciones Profesionales, disolvió la CGT y prohibió la actuación de una confederación de tercer grado; prohibió la actuación política de los sindicatos; separó las obras sociales de los sindicatos; impidió la sindicalización conjunta de obreros y técnicos, supervisores y personal jerárquico; impuso como requisito para acceder a cargos sindicales de no tener antecedentes penales ni policiales; proclamó la intervención del ministerio de Trabajo en cuestiones internas de los sindicatos que podía llegar hasta la clausura del mismo, inhabilitar dirigentes, controlar fondos, vetar y modificar estatutos; limitó el derecho de reunión.

Y los laburantes lucharon desde el primer día, como los de IKA Renault por ejemplo, que el mismo 24 de marzo de 1976 bajaron la producción e hicieron pintadas contra el golpe adentro de la planta. En todos los años del Proceso hubo picos de huelgas, medidas de fuerza que iban desde petitorios, “trabajo a reglamento”, huelgas de “brazos caídos”, movilizaciones. Y todo eso en un clima de repliegue y dolor.

Porque el ’76 fue también el año de una enorme derrota política del campo popular. La pelea era desigual y dispersa, a veces con dirigentes a la cabeza y muchas veces no. Hubo de todo en la viña del señor.

La primera “Jornada de Protesta” nacional, convocada por el grupo de los 25, fue el 27 de abril de 1979. Hubo que esperar a noviembre del ’80 para que un grupo de dirigentes levantara de nuevo la sigla de la CGT (que después fue la CGT Brasil). A pocos meses vino el segundo paro general (22 de julio de 1981) y la marcha por “Paz, pan y trabajo” en San Cayetano (7 de noviembre de 1981).

Ese fue el movimiento de las cúpulas sindicales (de las que se movieron, con Saúl Ubaldini a la cabeza). Respondían a su propia interna, a las relaciones ambivalentes con el poder y también al movimiento subterráneo, continuo, multiforme de sus bases. La gente siempre luchó. No toda la gente, pero la que luchó, luchó.

Así llegamos al 30 de marzo, pero de 1982. El movimiento obrero salió a la calle y no la soltó por más carro de asalto, bala perdida, gases en lugar de aire, montada de mierda, azules pedorros que se le pusiera enfrente. Se plegaron otros que no venían organizados, porque los trabajadores cuando se organizan (y tienen razón), arrastran.

Hoy discutimos otras cosas y con otros, porque los pibes se arrimaron (después de tanto tiempo de necesitarlos). Profundizar lo mucho que tenemos, poner la sintonía fina en tanta mala política a granel, defender la base sobre la que construir otras cosas que nos merecemos. Viene bien charlar un poco de dónde y por donde venimos.



Algunos datos vienen de:
Abos, Alvaro: “Las organizaciones militares y el poder militar”.
Pozzi, Pablo: “La oposición obrera a la dictadura”

sábado, 17 de marzo de 2012

HERENCIA


Los hijos de Perón *

Por Envar El Kadri

Fuimos hijos suyos, es cierto. En todos los sentidos: hijos de su ejemplo y voluntad puesta al servicio del pueblo; hijos en el amor y respeto que se siente por un padre querido; hijos que por la magia de una palabra: “compañeros”, se transformaron en “hermanos”.

Así lo sentimos a Perón, como a un padre... Padre Eterno le gustaba llamarse, y tenía razón: sus hijos nos peleábamos como suele suceder entre los hermanos, pero guay que de afuera nos torearan: ahí formábamos uno en su defensa.

Pertenezco a la generación de los únicos privilegiados, la de quienes leíamos Mundo Infantil antes que Billiken, para descubrir después, gracias a quienes aprendieron con los Vigil, que eso era “adoctrinamiento”, y lo de ellos ¿qué? Con la diferencia que así nos formábamos con una mentalidad nacional, “flor de ceibo”, mientras que la de ellos era un adoctrinamiento hacia doctrinas de “progreso y liberalismo” que le abrían las puertas al imperialismo.

Cuando en el ’55 dejamos atrás la niñez privilegiada, esas lecturas fueron responsables de que nuestra adolescencia tuviera olor a clorato de potasio y azufre, mientras que la de los adoctrinados por Billiken podía disfrutar de chicles-goma “Bazooka” ó los beneficios del nylon importado de USA...

Crecimos de golpe en medio de bombazos y persecuciones: los padres de nuestros compañeros eran las víctimas de la “libertad recuperada”: Vergara Russo, moría el 16 de junio en Plaza de Mayo; Cogorno fusilado un año después.

Ahí nos hirvió la sangre rebelde que Evita nos inculcara: empezamos la lucha por el retorno de nuestro Padrecito con lo que teníamos y podíamos. ¿Acaso no se habían usado piedras y aceite hirviendo para contener las invasiones inglesas? ¿Por qué no podríamos hacerle la pata ancha a estos nuevos invasores disfrazados de “libertadores”? Espontaneísmo, voluntarismo, desconocimiento de las condiciones objetivas y subjetivas; amén de las climáticas y estratosféricas; de todo pueden ser acusados estos tozudos hijos de Perón que se jugaron por su retorno, que dieron su vida por él y soñaron con una patria liberada. De todo, menos hijos de puta.

Qué fácil resulta tener razón a posteriori, pero que lindo fue equivocarse defendiendo “lo que Perón nos legó: una Argentina “libre, justa y soberana”, como decía una canción de la época.

Qué lindo fue tener un padre como Perón, con perdón de los psicólogos, los sabios y los que se las saben todas.

Y qué lindo fue tener hermanos como aquel Tito Bevilacqua con el que vendíamos “Palabra Argentina” y luego nos metíamos en los cines para silbar al almirante Tessaire cuando desde la pantalla denigraba a Perón y el peronismo; ó aquel otro, Felipe Vallese, “Misterix” por su impermeable blanco abotonado en doble hilera, parecido al del personaje de historieta, con el que nos escapábamos juntos después de haber recuperado “armas para el pueblo” y, sentados en el fondo del 406, decirnos mutuamente una gran mentira: “esto no es para mí, yo no me meto más en nada”;

O aquel gigante Gustavo Rearte que nos conducía con una sonrisa y se tiroteaba con la policía defendiendo su libertad; ó con Jorge Rulli refugiándose en Montevideo, sobreviviendo junto con otros compañeros, gracias a las noches de póker con que el“Gordo Cooke” hacia una diferencia para ayudar a los “muchachos”,

O el bueno de Dardo Cabo, distribuyendo gelinita a los compañeros de la Resistencia, siguiendo las huellas de su padre, preso en Caseros, porque como decía el General: “hijo de tigre, overo ha de ser”. Y después yéndose a Malvinas en un avión que no era suyo, para recuperar lo que era nuestro; ó el Petitero, el Anguila, el del Poncho Colorado, que nunca supe como se llamaba, que venía de la U.B. Facundo Quiroga, de allá por Urquiza, toda aquella barra de Corrientes y Esmeralda, “que juró lealtad al conductor /luchará si fuera hasta la muerte/ por la Patria y también por Juan Perón.

Qué lindo fue entreverarse en todos esos entreveros con tantos hermanos que sí los puedo y debo nombrar por ser ó haber sido hijos de Perón: el Vasquito Unamuno, que se nos fue apagando por esas putas enfermedades que te matan lo que el plomo de una 45 respetó; aquellos que como José Luis Nell venían del nacionalismo fierrero y se fueron entregando en cuerpo y alma en este peronismo montaraz que trataba de pegar fuerte y duro para destruir “la oligarquía y los imperialismos en simulada pugna”, porque sobraba tanto coraje y amor por el Viejo que no a uno, a una tribu entera de imperialismos nos atrevíamos los hijos de Perón.

...Y cuando nos tocaba perder, perdíamos. Calladitos, nomás. Avergonzaditos, nomás. PERO DE PIE. Con la “mirada desafiante” como decían las crónicas policiales.

Los hijos de Perón fuimos duros y tiernos, serios y jodones, dialoguistas y “apretadores”, enamoradizos y olvidadizos, cantores y gritones, apresurados y retardatarios, pobres y pobrísimos.

Nosotros, pobres de solemnidad, pobres vinimos al Movimiento, pobres lo servimos aún cuando millones pasaron por nuestras manos, y pobres seguiremos hasta el día en que nos vayamos a jugar con el Viejo arriba en alguna nube.

Pobre ejemplo le dejamos a quienes, por ser los “nietos de Perón”, tendrían que saber que la política no es un medio para enriquecerse ni servirse, para trepar y trepar.

...Los hijos de Perón seguimos creyendo que es realista pedir lo imposible; ó que podemos alcanzar las estrellas aunque estén muy altas; ó que “se puede y se debe” vivir como hermanos...

* Extraído de “Envar El Kadri. Historias del Peronismo Revolucionario”
Fuente en Internet: http://www.elortiba.org

sábado, 10 de marzo de 2012

A REZONGAR MI AMOR

¿Qué pasa cuándo la épica pasa, se acaba, se transforma en otra cosa? Hay épocas que parecen hechas para las grandes cosas, esas importantes que van a transformar todo lo que conocemos. Queremos vivir en esas épocas, porque si nos la tienen que contar es otra cuestión. La nostalgia es un sentimiento rengo.

Algo de esto está pasando. Estar en permanente cambio lo cambia todo. Llena el alma (y el tiempo libre), da la sensación de que lo urgente y lo necesario son la misma cosa. Y pasa. Siempre todo pasa.

Uno nace después de Perón, ni chiquito era cuando estaba el General. Uno nace bajo la Libertadora. ¿Qué te toca? Perder la fe que nunca se tuvo en la democracia; caricaturizar a los partidos políticos como esos comités que tienen la molestia de tener que gobernar entre dos elecciones internas por ahí, como se dijo alguna vez cuando la noche y la sinceridad se tomaban un whisky. Tampoco elegís dónde, en qué familia, en cuál barrio. Si las coordenadas se hubieran dado no te habrías perdido casi nada, ni siquiera la muerte a mediados de los setentas.

Los que vienen después ya no conocen a Perón. Leyeron (algunos) toda la historieta de los setentas porque su infancia transcurría en los ochentas. De Alfonsín poco y nada y si, mucho de Menem que también duró mucho. Son los que fueron grandes cuando llegó Néstor. Tiene mucho que ver el momento en que comienza la historia personal para comprender la Historia. Los teóricos suelen pasar de largo este detalle vivencial y entonces parece que cada generación comienza todo de nuevo. Y la verdad es que es así.

Las certezas y los convencimientos son históricos y encima, son tercamente vivenciales.

Hay un algo flotando entre nosotros como que ya está. Ya salimos del infierno; el país del dosmiluno y aún el de Menem está en algún lugar de la galaxia, pero no acá. Ese país “normal” y “serio” que prometió el primer kirchnerismo opera en el inconsciente colectivo como punto de partida de una nueva era (un pensamiento grandilocuente). Y no es así, pero andá a convencer a alguien en su fuero íntimo de semejante cosa. Es el momento que parecés un pesado o un justificador de inconsistencias del presente. O peor, un manipulador.

Ocurre también que la “épica” de este momento (y le robo un par de buenas ideas a Brienza) parece haber concluído. La “profundización del modelo” que encarnó Cristina en su primer mandato, la guerra del campo, la muerte de Néstor, la elección de octubre pasado. Todo ha pasado. Una normalidad inquietante se ha apoderado de nosotros.

No todo es como lo deseamos y no todo puede contentar a todos. De los que siempre se han opuesto ni hablar. Me refiero a los que apoyan, sobre todo a los que se plegaron en la “épica”. Cristina aparece y es sólida, no lee papelitos cuando habla y ahora habla más de tres horas. Toca todos los temas, los desmenuza, opina y también decide. Bien. Pero también se le deslizan un par de boludeces como lo de los tres meses de vacaciones y las cuatro horas de trabajo de los docentes. Apárece en el discurso un apoyo irrestricto a la minería en cualesquiera de sus formas, o parece. Como la cuestión de los transportes. Estas dos últimas no son de la categoría de la primera, pueden también ser convicciones.

¿Y qué? ¿Necesitamos mirarnos en Cristina como un espejo identitario?. Si no, ¿no sirve? ¿Hace falta hacer continuamente un detalle minucioso de lo ganado para revalorizar el presente? Yo creo que no, pero parece que hace falta. La diversidad de grises es algo poco tolerable, todo tiene que cerrar, todo tiene que encuadrar. Anhelos y realidad deben ser una misma cosa porque si no aparece la sospecha, la traición, la mentira, el escándalo, el todossonlomismo. La desilusión. Hay algo infantil y caprichoso en nuestra naturaleza. A mi me parece que hay que comenzar a admitirlo despacito.

Algunos se quejaban de la confrontación, del cambio continuo y otros de que no cambie más, del achanchamiento y la falta de asombro. La gata Flora ha hecho escuela. Y no estoy vanalizando problemas. Pero como dijo Ricardo, alguien lo tiene que decir. Lo mejor que tenemos es el pueblo, pero hay que bancarnos todos los días.

Y todo empezó con la tarjeta Sube. O con el 54,11. Existe un miedo oculto a estar de acuerdo y, a la vez, aceptar la diversidad, el desacuerdo puntual, los tiempos de cada cosa. Está el remanido tema de no tirar el agua sucia con el chico adentro, pero lo que hay que ver es que el pendejo se aferra a la palangana como un san puta.

El chico (que es el proyecto, pero también somos nosotros) tiene que querer crecer. Es el otro lado de la crítica, la queja y el saludable desacuerdo.

martes, 28 de febrero de 2012

KIRCHNERISMO (PERONISMO)

¿Qué clase de peronismo es el kirchnerismo?



Es una buena pregunta, con respuestas tentativas y múltiples (como todos los temas importantes). En la misma formulación ya uno afirma algo que es un punto de partida (ese algo que no va a discutir por principio; o da para otro debate en tal caso): el kirchnerismo es peronismo.


Me suena “levemente” gorila pensar que puede haber muchos peronismos, sobre todo porque da la posibilidad de que cada uno elija el suyo e invalide al resto (y automáticamente, como se hace en todos los casos en que lo identitario está en juego). Porque como decía Marx, “el peronismo es la síntesis de múltiples determinaciones”. Pero dejemos eso ahí.

La multiplicidad de peronismos si me parece aceptable hablando de procesos y momentos históricos, nada más. Y entonces, me parece que el kirchnerismo –sin dejar de parecerse y diferenciarse de todos esos momentos peronistas- es nuevo y único.


En principio (y pese a la coincidencia por simpatía), intuyo que no tiene mucho que ver con el “setentismo”… No están las “pautas programáticas” de Cámpora, sino un difuso “proyecto nacional” (y ya vamos a charlar un rato sobre esto si querés); no se plantea el “socialismo nacional”, seriamente al menos. La verdad es que nos estamos cuidando bastante de considerar que andamos en un camino revolucionario. ¿Y por qué será? Porque antes no había ocurrido la cacería del ’75 ni el genocidio de la dictadura, por decir un algo. Porque también le perdimos el respeto a la Revolución, a fuerza de mas de un desengaño fulero. Otro dirá que peinamos canas y nos aburguesamos… siempre hay un pelotudo q’vaser.


De los setentas este momento tiene la impronta de la defensa de los derechos humanos y el tema de los desaparecidos, de sus hijos. El rescate de la política como la única actividad humana que puede transformar la realidad social y económica. Un dejo de principios –más o menos formulados, pero no declamados al pedo- que nos recuerdan a algunas cosas imborrables de Cacho el Kadri y que, efectivamente, no fueron colgados en la puerta de la Casa Rosada.

Hay si una cuestión generacional y por ese camino, también ideológica. Y no muchas más similitudes. Las “formaciones especiales”, la JTP, el PB, y demás no tienen nada que ver con las agrupaciones de hoy en día, y esto no es un demérito sólo decir que no hay repetición de ese pasado (sin tener en cuenta muchos otros de los ochentas y noventas).


En segundo lugar y por contrapartida, el kirchnerismo coincide poco con el peronismo “ortodoxo”. No es nostálgico, y si lo es tiene un propósito que lo aleja de la efeméride y la cita de relleno. “De Perón y de Eva hay que acordarse cuando se gobierna y no en los discursos”, le escuché decir a Néstor electo y aún no asumido.

El kirchnerismo tiene al PJ como su partido de origen, lo considera imprescindible y no sólo por un cálculo ligado a la gobernabilidad. Quiere al PJ, le tira el escudito y se pone la camiseta. Pero no lo adora y lo puede dejar de lado, zamarrear, ignorar. ¿Circunstancias del liderazgo? Puede ser, pero voy más por una ambigua relación que no se puede resolver. Algo también ligado a los setentas pero con una conciencia mayor de la necesidad del aparato en el que se referencian millones. Ojo al piojo.


Pero igual, el kirchnerismo se caga en los íconos. No tiene nada que ver con las décadas del cuarenta y cincuenta, esos tangazos grabados con un rayador de fondo, los telenovelones radiofónicos, fotos cepia, malvones y madreselvas. No construye con eso y entonces choca inevitablemente con ese peronismo básico (no de “básica”) que requería sólo de una doctrina y veinte verdades. El kirchnerismo no es mejor, pero es un animal más complejo.

Uno estaba tentado a pensar (y lo dije muchas veces) que se parece enormemente –y por lo tanto es continuación directa de- al “primer peronismo”, es decir la experiencia inicial del ’45-’55. ¿Y sabés que no tanto? Ese peronismo de Perón tenía que construir un Estado Popular, relevar y planificar, tener un plan (los Quinquenales), controlar la producción y el comercio exterior (IAPI), nacionalizar sectores de la economía, construir empresas del Estado, y poner –al mismo tiempo- en valor al trabajador para equipararlo a los otros factores de poder. Todo eso.


Néstor se planteó el camino de regreso del infierno. La “reconstrucción nacional” debía hacerse teniendo en cuenta agujeros, zonas y gente que no estaba. La generación del ‘80 había abdicado hacía mucho y sus nietos vivían afuera. No había que convertir a los talleres en pequeñas industrias, sino tratar de que hubieran pequeños talleres, mientras se negociaba con la gran industria. En los cuarentas el monstruo financiero vivía en la City londinense, se calzaba el sombrero de cowboy y sobrevolaba una Europa que se hacía puré. La verdadera “guerra mundial” de estos tiempos fue la globalización, definitiva, imperceptible, sin retorno. Este es otro mundo.


El kircherismo tomó de todos lados. También del neoliberalismo. Aprendió mucho de esa malformación peronista que se conoce como “menemismo”. Y así como no se nos ocurre pensar la vida sin celular ni internet, se comprendió que hay cagadas a las que había que buscarle la vuelta para que fueran a favor. Superávit fiscal hay que tener, no hay discusión. Algo de inflación también, pero no toda la imaginable. Las cuentas son importantes (eso de “pesito a pesito se va haciendo el montoncito”). Y defendieron en los noventas el interés de la provincia (de Santa Cruz). No podían impedir Repsol, pero podían –y debían- cobrar regalías. Y así tantas cosas.


Aprendieron en el menemismo las articulaciones del poder y sus múltiples facetas. Que no se puede descuidar ninguna. Hay algo de pérdida de la inocencia; es justo decir que todos la perdimos. No sería posible pensar este momento si prescindimos de los noventas. Algo así como decir que no le debemos nada a la postmodernidad (y no por eso nos revolcamos con la miseria de los postmodernos).


Sin embargo (a no tentarse), no se trata de un “neoperonismo”. Nada que ver con esa cabizbaja supremacía del peronismo “político” frente al poder sindical, esos temas de la “doble representación” que James le atribuyó al movimiento obrero peronista (el movimiento obrero, bah), y se terminó de hacer mierda con Luder y después la “renovación” inconclusa a lo Cafiero.

El kirchnerismo demostró que arriesga para ganar (y a veces pierde), que no es pusilánime (como el neoperonismo que corrió paralelo a la generosidad trágica y romántica de la Resistencia). Juega siempre, aún cuando parece que se guarda (porque hasta ahora, no se guarda) y redobla la apuesta. En este sentido es leal obcecadamente (así como era Cámpora) porque se remite a cuestiones fundacionales (a la teoría peronista de la que sale la doctrina para la acción). No pretende reemplazar ni prescindir de Perón, sino de repensarlo (ahora que hace mucho que no está).


Inquieto y “moderno”, incorpora cuestiones de la agenda progresista. El tema de la igualdad cultural, sexual (cuando la igualdad no es económica, porque ese es un tema exclusivamente peruca). La diversidad y sus consecuencias. Han hecho una verdadera pirueta que los enaltece, conjugando peronismo doctrinario y relativismo cultural. Aunque alguno me dirá (y coincidiré) que el peronismo contiene ese relativismo a la perfección.


Eso si, tiene un problema original, como un pecado de origen. Huérfano de una tradición que fue masacrada, sin compañeros ni mayores, se tuvo que bastar a si mismo y encontrar las respuestas sin interlocutor externo. Y por lo tanto no pudo confiar en casi nadie. Llegado al “poder”, se paró como Estado. Como un “Estado de todos”, no un Estado clasista. Como el Estado que deseamos y no el que la razón nos obliga a entender. Y desde allí los problemas con la CGT y con los demás “factores de poder”. Muchos compañeros a veces (me incluyo) tememos que la relativa independencia estatal se vaya de rosca. Otros, un poco más pelotudos (que no son compañeros y si muy gorilas), ven soberbia y tendencias “totalitarias”. Tratemos de mantener el nivel de análisis en tal caso.


El kirchnerismo es peronismo explícito. Tuvo partida de nacimiento en un desastre que se corporizó como drama en el 2001. Es tributario de la crisis de representación, de la caída libre de los partidos políticos y las instituciones. Toma nota del descreimiento y también de las ganas de creer. Es la corriente política más activa, eficiente y eficaz que existe en el país.


Y para terminar por ahora, un par de palabras a nivel personal (como que lo demás lo dice montoto). Llegué al peronismo, no estaba, lo he abrazado con la cabeza y el corazón. Uno se hace cargo de toda la historia, no se elije el pedazo que se puede bancar. Y desde ahí, uno llega al kirchnerismo porque coincide tremendamente con el peronismo que supimos tener.


Sinceramiento, explicitación de contradicciones, lo concreto en una situación concreta en base a una línea. Esas cosas que es necesario tener dando vueltas para no volcar (algo tan común en nuestro país).


El kircherismo es el peronismo del siglo XXI. Y si algún compañero tiene otro que lo ponga arriba de la mesa.

viernes, 24 de febrero de 2012

AGRANDAR LA NACION

A principios de la Dictadura (1976-1983), el equipo económico que dirigía J.A. Martínez de Hoz sintetizaba sus anhelos en una publicidad muy difundida: “Achicar el Estado, es agrandar la Nación”. Y si bien el aparato estatal creado durante el primer peronismo (1946-1955) no fue desmontado entonces, si se avanzó en el desmantelamiento industrial siguiendo la lógica de reestructurar la sociedad en un ajuste estructural regresivo, con una clara hegemonía financiera. Cómo sabemos (y hay algunos que al parecer aún no se enteraron), la represión ilegal y feroz tenía como objetivo precisamente eso. Y moldear cabezas (objetivo cumplido).

Pasó el tiempo, se recuperó (como se pudo) la democracia y los vientos del “Consenso de Washington” soplaron neoliberalismo huracanado con su receta (también conocida, pero nunca está mal la reiteración): disciplina fiscal, prioridad del gasto público en educación y salud, reforma tributaria, tasas de interés positivas determinadas por el mercado, tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberales, mayor apertura e la inversión extranjera, privatización de empresas públicas, desregulación y protección de la propiedad privada. Y mucha guita (prestada así, “de onda”) a todos los países subdes que hicieran buena letra (como la Argentina, por decir un algo).

Y ahí nomás cae Menem con la “Ley de Emergencia Económica” y la “Reforma del Estado”, para dar el tiro de gracia a un fulano que estaba de rodillas (el país, nosotros). Completar el desmantelamiento industrial y hacer carne esa lógica que reemplazaba la producción por la dictadura de los centros financieros internacionales (el traidor siempre es un compañero, remember).

Se privatizaron la petrolera YPF, Aerolíneas Argentinas, ENTEL (teléfonos), gas del Estado, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Obras Sanitarias, los aeropuertos, el correo, la energía eléctrica, la seguridad social, dos plantas siderúrgicas, el Mercado de Hacienda de Liniers, las radios, los canales de televisión, las carreteras, los ferrocarriles.

Y dicho todo esto, vamos a las historias mínimas…

Algunos dirán que la gente pedía a gritos que se privatizara todo. No es así, pero la idea de que el Estado era un mal gerenciador y había avanzado sobre la sociedad civil, es decir, reemplazado el rol de los privados en la economía, se hizo hegemónica.

Los teléfonos eran un desquicio. Había esperas de hasta quince años para tener uno, trámites kafkianos, burocracia enfermiza. Tener una línea era una cuestión remarcable.
No se vinculaba a todo esto la lucha del gremio telefónico y la histórica Lista Marrón que planteaba la cuestión estratégica de las comunicaciones para un proyecto de liberación nacional. Sólo que los teléfonos eran difíciles de conseguir.

Nadie sabia (no se acordaban, nadie se los contó) que el Sindicato de Luz y Fuerza se cogerenciaba SEGBA (Servicios eléctricos del gran Buenos Aires) en los setentas y no le estaba yendo mal (mucho menos que su Secretario General, Oscar Smith, todavía está desaparecido por encabezar la defensa de la empresa y los trabajadores).

Que la Caja de Ahorro (junto con el INDER, Instituto Nacional de Reaseguros) establecía el precio testigo de las pólizas en el ámbito nacional y era una barrera para la voracidad de las Aseguradoras internacionales sobre un mercado de enorme importancia. La hicieron mierda desde adentro, asegurando imposibles y sacando dinero como si se tratara de una cantera para cubrir otras áreas del Estado deficitario.

Todas las semanas aparecían Neustadt (Dios no lo libere del pozo en que lo debe tener metido) y Grondona (aún no fumaba habanos en cámara) limando la cabeza de una audiencia que reproducía slogans, ideas sin mucho fundamento y un incuestionable ideario reaccionario con pretensiones de “sentido común”. El Estado es un mal administrador. Se gasta el esfuerzo de todos los argentinos en corrupción de funcionarios y políticos. Los servicios son malos. Lo privado es mejor. Los privados son dinámicos, eficientes y modernos. La competencia (entre privados) es saludable y mucho mejor que los monopolios estatales. Basura que se demostró una y mil veces como falsa, pero que aún integra el “ideario” de muchos argentinos.

Y así se entregó todo. Con la imprescindible complicidad de funcionarios (estatales), políticos, congresos y sindicalistas que venían curtiendo la onda cipaya desvergonzadamente. Muchos están todavía, …esas cosas.

Todo esto viene a cuento por estos días de tragedia y acusaciones cruzadas. Cuando se queden solos los deudos y los heridos, cuando los medios cambien la pantalla, será momento de ir viendo abajo del agua (esas que bajaban turbias).

Desde acá (este blog), claramente uno es “estatista”: todas las empresas privatizadas deben volver a la gestión estatal. Para empezar. Y ver… cómo construir un Estado serio que ponga a raya a empresarios (porque la economía está mixta y globalizada), también a sindicatos (porque a veces se nos salta la cadena) y a los políticos que traen inflación de contratos y burocracia (esos, no todos).

Uno sabe que este (estos) gobierno K agarra los problemas de a uno o de a dos, pero tiene clara la lista. No se si Cristina opina que el Estado debe tener empresas (como las tenía el Estado Peronista original), si se que fue capaz de imponer y cumplir una agenda que jamás hubiéramos soñado. No es poco.

El último elemento que me falta en esta reflexión son esas “cabezas moldeadas”. Algo así como que hay que reeducar al Soberano. Que son esos tipos y minas apiñados entre los hierros, los que vagan por la estación, esos boludos y boludas (como uno) que shoqueados frente a la cámara se indignan, lloran, se desarman y te hielan los huesos.


Saqué datos e ideas de:

"Continuidades y estrategias del neoliberalismo a 35 años del Golpe y 20 del Plan de Convertibilidad" por Arturo H. Trinelli en www.elortiba.org

www.portalplanetasedna.com.ar

sábado, 11 de febrero de 2012

SAYHUEQUE


Indio malo por mis ojos blancos

señor gaucho, compadre de mis hermanos

soy el señor de las Manzanas que vuelve.


Y la tierra era algo más que tu desierto.

No somos lo que debes perseguir

-para esclavo de tus clavos ya tienen a Jesucristo-

de nuestra sangre solo sale sangre.


Señor:

el ganado tuyo es el nuestro

nuestras las plumas y las mantas.


Viajaré hasta Buenos Ayres en el ferrocarril

O por el mar que es otro país

Y no vas a recibirme.


Yo voy a perderme entre tu gente...


Indio malo por los únicos ojos que van a verlos

la pampa es el mar en el que navegan tus huesos,

perdido e invisible.

Tus chinas

mis sirvientas

Tus mozos

mis peones.

Tu galope de malón en mis museos

ya verás, varón.


Señor gaucho:

Manzaneros somos y venimos aquí

a jurar por la República Argentina

como ciudadanos de antes,

tengo una mesa para tus oficiales,

para los colonos y los de la ciudad.

Tengo una mesa sin servir porque no tengo

qué ponerle arriba.


Setecientas lanzas traigo

y me siguen dos mil quinientos más.

Respeto traigo

derrota callo;

mi mano está tendida

¿dónde está la tuya?

Me das una tierra,

tengo aún la mía en algún lugar

¿qué vamos a hacer bajo el cielo

aún con la ley

cuando dejes de buscarme?

Ya he venido.

Se acabó la guerra

temo que no sobreviviremos a la paz.


Tengo el honor de noticiarle a ud que esta tierra

ha sido redimida

y que los parciales que aún rondan

vagan sin sus caciques y capitanejos

bandidaje pronto a ser capturado

por el bien de la República.


Señor gaucho

Jefe del país de las Manzanas

yo me he entregado.

¿Porque nunca vas a entregarte?

Volarás y no llegarán a esa Europa

Señores,

aquí están las remington y las lanzas

el alcohol, los uniformes y los documentos de identidad

las planillas con los nombres que nos han puesto.

Mi lanza colgada en una pared

para que la vean todos los turistas

y las artesanías

para que las compren todos los turistas argentinos que vendrán.


Estoy perdido entre tu gente…


Son ellos los que malonean ahora

¿no vas a hacer nada?

No voy a bajar del bronce

que los hermanos me han hecho en su corazón,

No voy a ayudarte.

Miro la pampa y el mar

miro adentro mio

y te veo.


Dios volverá huinca,

Dios que es blanco te mirará mal.

Habrá un lugar en mi toldería

para llorar

y redimir juntos esta tierra.


De otra manera.


Sayhueque se presentó en el fuerte Junín de los Andes junto a 700 indios de lanza y 2500 de chusma el 1ª de enero de 1885. Fue el último cacique pampa en rendirse en ese episodio de la barbarie argentina conocido como la “Conquista del Desierto”.

martes, 7 de febrero de 2012

ORA PRO NOBIS (que yo ya no quiero)

“¿Es que tu has matado a un hombre, niño?”

La voz del capellán en susurro atravesaba la rejilla del confesionario, y hasta podía ver brillar su diente de oro como cuando levantaba la hostia grande en la consagración. Ojos pequeños, acuosos y sin vida. Lejanos. Una pelada absoluta y el tono extranjero.

Claro que no había matado a un hombre. Quería conocer un poco acerca de la relación entre la naturaleza humana, el alcance y dimensión del perdón de Dios y el concepto trascendente de la justicia. A los ocho años. Y no. Si un hombre mata y luego se arrepiente, ¿Dios es capaz (y quiere) del perdón? La respuesta me desilusionó y fue la primera incomunicación con la Iglesia.


La religión es así. Sin embargo, a principios de junio del ´63 volví llorando a casa. “Se murió el papa”, le dije a mamá buscando su abrazo. Nos habían enseñado el luto y el valor del respeto a la muerte. Y la del Papa era la más importante. Mucho después me enteré algo más acerca de Juan XXIII y su Concilio Vaticano II (y la apertura de mis ojos hacia muchas otras ventanas).

Era un colegio lasallano, privado con aporte del estado (esa cosa que dura y dura) pero no acomodado. Se trataba de que se mezclaran las clases y las situaciones. Así tenía compañeritos de familias bien (comerciantes bien) y algún otro que venía de la villa, o de familias “disfuncionales” (es decir, aparecía la madre nada más).


El hermano Nicasio blandía la campana en su mano regordeta e imponía respeto y disciplina. Algún sopapo también. Adoctrinamiento, también. Le recuerdo el ruido de cadenas de los pecadores que bien podían andar por los pasillos de casa, el asalto de la noche y la necesidad de estar preparados para morir, la fragilidad e inutilidad de la vida humana y la fastuosidad del reino de Dios. El peligro constante del Diablo. Su ceguera de un ojo nublado, la expresión bonachona tras la ferocidad de la sotana y la figura imponente, la renguera, el pelo gris y al ras. Nos preparaba para la primera comunión dejando bien claro que era un cambio de estado, más que de vida. Pertenecíamos a la comunidad de los cristianos (católicos, que era lo mismo) por el bautismo, pero aún no éramos miembros plenos de la Iglesia. Ensayamos con hostias no consagradas y me sorprendió esa levedad que recordaba lejanamente a la masa y se disolvía al instante en la boca. No tocarla con la lengua ni con los dientes. Alguno se atragantó de los nervios. Manos juntas, se va en doble fila y se retiran por los costados en perfecto orden y silencio. Y silencio.

El que haya organizado los viernes de la confesión, debe haber sido un estratega o un ingeniero oculto bajo los hábitos. Eramos un grupo numeroso y pasábamos por interminables filas de bancos largos, de esos que tienen el apoya rodillas para rezar (y que no se debe pisar) haciendo filas, hileras, pero varias porque abastecían a cuatro o cinco confesionarios. Y así nos ibamos entrecruzando, siguiendo el turno y la dirección correspondiente al confesionario asignado. Todos sabíamos y a nadie se le ocurría preguntar nada. En la Iglesia (el edificio) no se habla en voz alta. No se habla, es lo mejor. Dios está presente en todos lados, pero en su casa mucho más. La altura, las imágenes, el aire medieval y simil piedra, los bancos, la nave central y las dos laterales más chicas, el altar mayor y los secundarios, todo eso aplasta la individualidad y la hace diminuta. El poder de Dios, sólo eso. La luz entra apenas por los vitrales desde lo alto.

Uno de los mayores problemas que recuerdo de esa primaria fue un viernes que nos comimos algunos caramelos antes de la misa y no pudimos comulgar. La culpa hizo uno de sus primeros ensayos, buscando en el tiempo mayores motivaciones para hacer nido en el alma y alimentarse de mi para siempre.

Sin embargo, no tengo recuerdos espantosos ni pesadillas con la educación religiosa, y me costó mucho entender las críticas que compartí mucho después y las marcas tortuosas que dejo todo eso en muchos niños y niñas que crecieron con la Iglesia detrás.


Me formó la Iglesia, la trato como a una vieja nodriza que enloqueció y comenzó a matar bebés. En algún lado la cobijo, como un zombi con síndrome de Estocolmo, por amor.

martes, 31 de enero de 2012

CGT

Las declaraciones de hombres de la CGT cercanos a Hugo Moyano, como Omar Viviani (taxistas), Omar Plaini (canillitas) y Carlos Gdansky (metalúrgico; uno de los pocos sindicalistas que accedieron a las listas de diputados y que hoy ocupa una banca) están para repasar y pensar un poco (Página 12 del 31-01-2012: “Con un camión atravesado en el hall de la CGT”, por Nicolás Lantos). En lo que sigue, vamos con las de Plaini:

“Con el apoyo que tuvo el Gobierno en octubre es el momento de discutir algunas herramientas con las que la Presidenta gobierna, que vienen de la dictadura genocida, como la Ley de Entidades Financieras”, propuso Plaini, que aclaró: “Nosotros no somos ni antagónicos ni enemigos de este proyecto, pero tenemos una agenda propia.”

Y los temas de la agenda son conocidos: “…el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, una reforma tributaria, la actualización de las asignaciones familiares, la ‘grave’ situación de las obras sociales y la participación en las ganancias de las empresas por parte de los trabajadores. En muchos de esos temas hay coincidencias con la Presidenta y en otros se tratan de posiciones negociables, no resultan novedosos.”

(…) “El canillita prefiere diferenciar el rol de la CGT en “tres niveles”: el primero es ‘el proceso político, que comenzó en el 2003 y en eso los trabajadores han dado sobradas muestras del apoyo, hasta en los peores momentos’, definió, ante la consulta de este diario. ‘Después está el plano de la agenda de la CGT y en ese plano tenemos reivindicaciones que se pueden negociar, pero que nunca dejaremos de lado’, y, por último, ‘el tercer plano es lo que sucede al interior de cada organización y en los lugares de trabajo’, adonde circunscribe el actual conflicto de Camioneros.”

(..)“Se equivocan los que creen que le discute poder a Cristina, nosotros no estamos haciendo un planteo político”, aseguró. Plaini también lea restó entidad a las versiones que indicaban que la CGT tomaría medidas de fuerza contra el Gobierno asociada con otras entidades sindicales y políticas opositoras, como el ala disidente de la CTA. “No hubo charlas concretas con Pablo Micheli ni con su gente”, aclaró el dirigente cegetista.”

Da para decir un par de cosas (que nunca son dos). Primero, que es impensable un gobierno peronista sin CGT, en contra de la CGT, y viceversa. A la gorilada amiga y a la otra, por favor, no exagerar con los deseos porque cuando no se cumplen generan resentimiento (y sabemos algo de eso, ¿no?). Usar algunos exabruptos de Moyano (o algunas opiniones con las que muchos no acordamos sobre todo en las formas en que se exponen) para salpicar la relación del gobierno (peronista) con los sindicatos -que, en primera instancia, es la relación con los dirigentes sindicales-, es gorila. Y lo es porque pretende negar la validez (y perdurabilidad) de una identificación de la mayoría de los trabajadores con la ideología y cultura peronista.

Una segunda cuestión, eso de que la CGT tiene “agenda propia”. Algún trasnochado sobreviviente de la primavera democrática de los ochenta pensará “como toda corporación”. Error (o no estoy de acuerdo, más bien). Los trabajadores organizados no son simplemente una “corporación”, sus intereses coinciden y definen los intereses nacionales y populares per se, ya que son los más interesados en un desarrollo autónomo del país (protagonistas y primeros beneficiarios). Esto lo sabe cualquier marxista sin ir más lejos. Los dirigentes gremiales –reunidos en la organización de tercer grado que es la CGT- deben tener una serie de temas que plantear y no sólo sobre lo específico de su competencia, sino acerca de los temas más variados y abarcadores. Por ejemplo, cómo debe profundizarse el Proyecto Nacional (este modelo que está vigente desde el 2003). O también, cuáles serían los puntos, sectores, prioridades de la “sintonía fina”.

No es una mera opinión de un sector, se trata de opiniones de representantes de la mayoría del pueblo en su condición de trabajadores (que no es política en su acepción institucional, porque para eso elegimos diputados). Si las opiniones de los dirigentes representan o no el sentir de las bases, eso es otra cuestión. Muchas veces si, y otras no (como todo y como todos, ¿vio?).

A muchos les jode lo de la “agenda propia”. Si lo vemos desde la perspectiva del poder (los poderes concretos, por ejemplo el poder del capital), se entiende que hasta la organización gremial jode un poco. Claro, sería mejor volver al siglo XIX y que nadie dijera que es una barbaridad, pero bueno es así y tienen que aceptarlo. Pero en otros casos, es porque le tienen un miedo tremendo a los negros, y no hay nada peor que un negro organizado (y otra vez, eso es gorilismo).

Y por último, un comentario chiquito para “los apoyos” logrados. Lo de Barrionuevo bueno, es casi una broma del catamarqueño (residente en cualquier lado menos en Catamarca) pero lo de Pablo Micheli no tiene desperdicio. Un gorila profesional (hago abuso del término hoy) y sindicalizado como él, antiperonista y anti K genético, que no tuvo reparos en posar con su amigo Bussi pensando que estaban tomando el palacio de Invierno (junto al resto de la Mesa de Enlace), un burócrata que tiene poco que envidiar a la criticada “burocracia sindical” (lo suyo es sólo un problema de escala), apoya al lider de la CGT si está en contra del gobierno. Y pretende marchar contra ese gobierno, soñando esta vez que la gente se la ponga la CGT.

Yo no se si es verdad que cuando los peronistas nos peleamos, es que nos estamos reproduciendo, lo que se es que tan boludos no somos.

viernes, 27 de enero de 2012

LAS CUESTIONES SILENCIOSAS DE LA LEALTAD

Un poco preocupado terminando el año pasado. Y si, lo admito. El cuestionamiento presidencial del proyecto de ley para el reparto de ganancias de las empresas justo frente a la crema de los empresarios, el frío con la CGT, el acto de Moyano, algunos desajustes en la comunicación con la paulatina quita de subsidios, las subas de precios. La salpicadura mediática de que habría un techo del 18% para las próximas paritarias, el fogoneo incesante con las internas intragubernamentales. La verdad es que –esto ya lo dije, y lo digo de nuevo- la desaparición electoral y/o ausencia colectiva de una oposición (aún tan boba como la autóctona), nos traía la confrontación adentro. Siempre pasa.

Un primer dato tranquilizador lo acerca una paritaria tempranera: los compañeros aceiteros cerraron un 24% y no hubo piso, techo, ni injerencia (por lo que uno puede saber) del Ejecutivo. Me dirán que el gremio de aceiteros no mueve el amperímetro y que hay que esperar a los “grandes”. Puede ser, pero el dato es real. En marzo comenzarán las grandes rondas de casi todos los sindicatos y podremos ver cómo se desarrolla el tema. Sabemos –desde el 2003- que hay negociaciones colectivas todos los años (y por experiencia propia, algunas veces se las ha podido mantener abiertas por varios meses, negociando una y otra cosa que se tradujo en dinero al bolsillo del trabajador y también mejoras en condiciones laborales y escalafonarias). Esta “costumbre” peronista aleja bastante el choque con los sindicatos que muchos auguran a derecha y a izquierda. Eso no quiere decir que, en una economía en crecimiento, la puja distributiva no cause sobresaltos. Más bien, yo diría que eso es saludable.

La contracara de este asunto es la suba de precios. Insisto, suba de algunos (tal vez muchos) precios y no suba generalizada, abrupta y continua de todos los precios que sería propiamente “inflación”. Y acá todos podemos opinar, disentir y argumentar: qué cómo se establece la cadena de valor, la real intervención del Estado en la formación de los precios, los controles necesarios, el valor de la competencia, si los índices del INDEC y bla bla bla. Sin duda es uno de los temas que importan a todos, vayan o no a las marchas, lean o no los diarios, vean o no 678.

El otro gran tema es el crecimiento de la economía nacional y, claro, su relación con el marco internacional en el que está inserta. Antes nos iba bien por el “viento de cola” y ahora corremos el riesgo de seguir creciendo solitos, o solitos con la región (¿será “viento de arrastre”?). Y lo que nos preocupa a muchos es que afuera –y afuera es el gran afuera, el mundo desarrollado al cual debíamos parecernos y por suerte no- está todo para el carajo. Se caen economías, la alianza francogermana (con el acento en el segundo componente de esta curiosa y histórica palabra compuesta) se lleva puesta Europa y la eurozona. Los yanquis con un déficit ya difícil de calcular. Todo ese panorama va a impactar sin duda, y mucho dependerá de los mecanismos regionales que ya está poniendo en marcha la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y deberíamos agregar, más específicamente, la UNASUR y el MERCOSUR. Y también, en lo interno, las políticas gubernamentales para mantener una relación sana (y virtuosa, dicen los economistas) entre superávit fiscal, reservas, exportaciones e importaciones.

Hay un tembladeral ahí afuera y no es pavada. Mantener este modelo de desarrollo sin bajar los niveles (y los ritmos) de distribución progresiva es el tema. Digamos que un buen gobierno se ocupa de eso (y contar desde el 2003 es poco tiempo como para hablar de una tradición incorporada).

Y entonces todo me lleva por un lado a lo institucional y, para hablar mejor y más claro, a lo político. Por eso, ver ayer a la Señora volviendo, hablando, teleconferenciando, gobernando, como que da una tranquilidad importante. Tengamos en cuenta que nuestro sistema político está parado sobre muy poco. Una figura, un equipo. La militancia, si, la gente, si, pero sabemos que no alcanza. Es precario todo esto, no jodamos. A ver si la desaparición de Néstor no nos hizo un agujero infinito… Pensar, por un minuto, qué pasaba si esta intervención quirúrgica a la Presidenta se hubiera dado con el miserable de Cobos haciendo la segunda. Dios mió.

¿Hay que callarse la boca para preservar este tiempo político? ¿Hay que minimizar lo de Famatina, los muchos que están en negro y no los representa nadie, los muchos que cobran el mínimo o un poco más? ¿Hay que hacerse el boludo con lo que aún queda –y no es poco- de neoliberalismo? No. NO.

Pero hay que saber cuidar lo que tenemos. Esto no es una pelotudez, es madurez política. Ni confianza ciega en los gobernantes (aunque sean los de uno), ni confianza ciega en la “acción de las masas”, por favor. Sentido común, confianza, lealtad, ponerse en el lugar de los otros, estar atento. Esas cosas tan peronistas.

Nuestro país tiene una historia corta, para tantos y tan largos períodos de mierda. Hoy no estamos en camino al socialismo (y que me digan qué carajo vendría a ser eso hoy), no incorporamos a todos los que se cayeron, la economía crece y hay que ver si se desarrolla. Estamos ahí, con muchas posibilidades de seguir avanzando o de volver a los primeros casilleros. Me parece muy terrible pensar que tenemos por delante los cuatro años de Cristina y después, que Dios nos ayude. Aunque esté en el terreno de las posibilidades, uno no puede vivir como si el recreo esta vez fuera más largo.

Hay que defender este tiempo (el nuestro).

martes, 24 de enero de 2012

EL JARDIN DE LÓPEZ

Hermano, me dejaste huérfano.
Y cuando alguna noche me siento en un café, te tengo del otro lado apurando el pucho, llevando los ojos grises quién sabe adónde. Es una bocanada de humo que sale de muy lejos. Al rato viene tu voz, el guiño y la picardía de la media lengua. Tu bendición hacia un comentario que hice y estuvo más o menos bien (y siempre lo agradezco cerrando los ojos apenas).

¿Por qué me creíste bueno, si no coincidíamos mucho? Me sumabas a la fiesta, porque aparte de ser un ateo de futuro, estabas armado de ganas de creer.

Quise escribir la historia, muchas veces. En el fondo la tuya, pero me contaste poco y nada. Me dijiste, la verdad, todo lo que había que decir. Intento una lista de cosas, como quien sale de viaje…
Te gusta reivindicarte como parte de la paleo izquierda –como decía el perro casi todos los domingos-, y eso a pesar de aborrecer los esquemáticos vuelos de gallina de esos fulanos. Calculo que admiración por la disciplina sin la torpe dureza. Justo vos, uno de los más libres y solitarios bichos. Convicción cerrada del mundo bipolar, tu coherencia imposible en medio de la pasión desatada y escondida.

Decían que es mejor tenerte de amigo en esta vida, que ser tu pareja o mujer. Fulano inimputable, con sacras mentiras que si podías perdonar a la legión de ex fulanas que después, parece que sólo les quedaba admirarte entre alguna puteada. Tómelo o déjelo, tómelas y déjelas.

Fue poco tiempo de verte, unos años, para seguir acá en medio de la gente. Y vos… Sos ese hereje que ya no pueden perseguir y mucho menos agarrar. Vos ganaste. Indomesticado, más allá del humo.

Mis hijos recuerdan al tipo que hacía del asado un arte. Escribieron en la pared del cuarto: “la vida es una sucesión de asados”. Y suscribís, claro. Yo veo a un guerrillero. Un sobreviviente que cayo preso en el setentaycinco y llegó entero al ochentaytres. Con marcas, con surcos, con una lágrima atorada que necesitaba vino para seguir de largo.

Extraño las discusiones políticas, las horas pasadas tinto y cigarros mediante, tira y vacío, lentejeadas. Y la madrugada ahí para despabilarnos. Extraño la casona prestada de Defensa, la terraza a cuadra y media de la Bombonera. Extraño la delicadeza de la amistad y la deferencia de los silencios. Extraño la sonrisa abierta y las canas bien tenidas, los anillos y el encendedor siempre a mano. Esos cds de Amalia Rodríguez, los redondos, Ross y la burla por mi populista defensa de Nebbia. Las goriladas que ya no podré disculparle a nadie.
Me dejaste con charla pendiente. Con un libro sin escribir sobre los amigos del monte. Y pude ver la rompiente del glaciar sin poder acercarme más.

Uno podría descubrir la sombra del orgullo en la penumbra de la humildad. Me llevaste a casa de tus viejos, a Llavallol remontando el Roca. La casa obrera de cortinas bordadas, mantel de hule y la enorme cocina en desuso del fondo. Esa que dejaste en buenas manos, como tu jardín que pasó a otra terraza y sigue viaje.

Sabías lo que hacías con nosotros. Pero yo, ¿qué sabía? ¿Era el tiempo de irse, hermano, era el tiempo de irse dormido en el asiento trasero de un auto tucumano? Un viaje al centro de la noche que se come tu aliento metro a metro. La misma noche de una dictadura que nunca termina en algún rincón. Una juventud inconciente que no sabe de agachadas, pero no tiene ningún futuro.

Nunca te van a arruinar la parrilla con un pescado. Como no pudieron arruinarte un principio, correrte una coma, ni hacerte entrar en una ruedita para dar vueltas en una pecera sin agua. Sin embargo siempre te rehusaste a ser nuestro ejemplo, y te estoy viendo sonreír de costado. Como para creerte. Te gustaba el reconocimiento hasta la incomodidad (y todos necesitamos que se diga que valía la pena).

En el alma estábamos de acuerdo, era eso. Una de rockeros, bebedores y zurdos puestos a prueba siempre para testimoniar verdades relativas, verdades sublimes y sublimadas. ¿Cómo saber lo que te comiste? Ir en tu relato no dicho, como un lanchón a la deriva. Te pesqué desprevenido en el asadón de tus cincuenta, cercado de amigos, compañeros de celda. Botella, gimnasia, concentración para que no entren en la cabeza y se hagan el festín. Se podía y pudiste. Te rompieron las latitas, la vajilla inventada, te tiraban todo y el botellero juntaba. Es lo que contó el gordo borracho y te dejaba a la intemperie. Casi te avergüenza y sentí que regalabas la prisión ese día, para quedarte adentro y libre.

Qué tipo difícil de conocer y tan fácil de extrañar. Prendí el último cigarrillo en tu honor y puedo escribir toda la noche sin llegar a ningún lado, que es donde estás ahora. O estás acá sin que te vea. Salud hermano, un último brindis.

Es un limonero en un tonel azul, son plantas que no recuerdo y que hace mucho no veo ni veré ya. Tus árboles, tu jardín en el que paseas de mañana mirando si se levanta viento, si se viene el socialismo, o si tal vez pasa otro gaucho del pago. Es todo lo que me queda.

En memoria de Néstor López, de algo que escribí en 2006 y se me cae ahora de puro recordarlo.

lunes, 9 de enero de 2012

Desde estas maravillosas playas (en las que no estoy)

Enero te pone flexible, o es que uno elige a enero. Buenos Aires que se funde después del mediodía cuando alcanza la térmica que te anunciaron desde el día anterior. Y no pasa nada. Mejor. Alguno dirá que siempre pasan cosas, allá él. La vida da para el chimento de la tele, ese libro que no hojearías en otro mes, la media película que están pasando y no importa cómo empezó ni cuál es el título, esa playa en la que en este momento no estoy. Bué.

El balance fue hace unos días -algunos en la vida, otros en la oficina- y las fiestas pasaron hace dos milenios. El tiempo pasa lento y va a los tumbos, como si se hubiera levantado recién (y no se qué hora es ahora que leés esto). Voy a decir algo interesante, el problema es que no se cuándo…

Es duro mantener un blog. Uno le dio un perfil (que no es eso que uno dijo de uno), un estilo de "comentarismo político", de profesión de fe peronista porque como no se es un N&C parece que hay que dar exámen ante uno mismo que es el tribunal de todo. Veo que otros blogs son la mar de activos. Si uno es un simulacro de escritor, habrá simulacros de periodismo. No me putéen, es sin mala onda. No se con quién estoy hablando. La verdá es que en el furor de los posteos, pasaron por acá no más de 37 o 40 fulanos. Para otro sería un desastre y para mí también, pero ¿qué pretende usted de mi?

A veces me gustaría publicar (qué expresión esta, "publicar") cosas que nada que ver con la política. Y no se por qué no lo hago, porque puedo hacer acá cualquier cosa. Es más, voy a hacerlo. Y ya está. Pero uno cree que tiene que mantener una línea, tratar de que no se lo lleve puesto el Inadi, parecerse a ese gran tipo que uno pretende ver en el espejo. Y así.

Y a veces hablar de lo que anda bien, de que uno anda bien. Y de que de a ratos se es felíz. Después de todo, es lo único que hay que hacer. Y lo de la comunidad y todo eso, ya se y no pude nunca ser feliz sin eso, digo feliz de verdad como cuando fue la primera vez que me di cuenta de que era feliz.

De golpe veo a mi abuela paterna que se enojaba y mucho cuando alguien no era educado en la mesa, o se bañaba poco, o no era amable, o no era prolijo (ella le daba mucho al almidón hay que decir). Venía de un conventillo la vieja. Era planchadora (con el carbón me contaron, y ese almidón Colman). Quiero decir que no la careteaba. Pensaba que los pobres (eso que mis hermanos y yo no fuimos, pero ella si) tenían que ser buenos y tenían que querer mejorar. Peinados, diría como una rebeldía adolescente, una irreverencia hacia la vieja. Y no. La abuela no cazaba una de política, imagino que jamás leyó una puta teoría sociológica y no escuchó hablar de los paradigmas. Tampoco se si fue feliz. Y tal vez lo fue también de a ratos. Por ejemplo creo que cuando estaba conmigo y me hacía la cama en las sillas al lado de la suya, era muy feliz. Digo yo.

La cosa es cómo empezar el año después de enero. Que sea productivo (y no estamos necesariamente hablando de guita), que algunos proyectos mal llevados se encarrilen, que algunos deseos (esas formas intimistas de los proyectos personales) se vayan cumpliendo. Qué se yo. Salir de la meseta y la siesta colonial que a veces se toma un tiempo con la vida de uno. Y de allí la utilidad de uno, si es que vale hablar de eso. Con lo propio y con las ganas (es que va haciendo tanto calor).

Bueno, eso por ahora (vacaciones mediante).