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lunes, 2 de mayo de 2016

LABURANTES

“Entre diciembre de 2015 y marzo de este año hubo 141.542 despidos, según registró un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). De ese total de despidos, el 52 por ciento correspondió a trabajadores del ámbito privado y el 48 por ciento restante a empleados del Estado.”

(…) “…los trabajadores más afectados por los despidos fueron los de menor calificación y los precarizados. ‘De los 80.446 despidos en el sector privado, 71,88 por ciento corresponde al sector construcción, 23.40 por ciento a industria y 4,72 por ciento al sector servicios’ (…) A su vez, en el sector público las cesantías se repartieron entre dos grandes áreas: el Estado nacional (38,28 por ciento) y las provincias (48,56).”

“Las ventas minoristas evidencian una caída de 5,8 por ciento en marzo. La construcción presenta cuatro meses consecutivos de caída de la actividad desde diciembre de 2015, la producción siderúrgica experimentó un claro declive a partir de noviembre de 2015, acelerándose esta caída a partir de diciembre. El complejo automotriz redujo sus exportaciones…”

(…) “Sobre el poder de compra de los sueldos, el estudio apunta que mientras las paritarias ‘adelantan un nivel de recomposición salarial que llegaría al 18,01 por ciento para el primer semestre’, el índice de precios minoristas subió un 24 por ciento en los últimos seis meses.”

Tremendo panorama. Alguno de esos que quieren darle tiempo al gobierno podrá decir que el CEPA tiene tufillo a K; entonces bien pueden indagar en la información periodística publicada en estos meses (incluso la prensa hegemónica que leen gratarola en los bares), y de sindicatos y cámaras empresariales. Esas son las fuentes de las que se vale el informe del CEPA.

Dicho esto… tremendo panorama. Pocas veces se ha destruido tanto en tan poco tiempo. Y ni una vez se logró con el acompañamiento del voto popular, es esta la única vez y da vértigo pensarlo. A una situación como la apuntada se deba tal vez la impresionante convocatoria gremial al monumento al trabajo del 29 de abril pasado.

El elenco gubernamental liberal ha logrado lo que nadie en estos largos últimos años: dar un motivo a las cúpulas sindicales -enfrentadas abiertamente y desde hace mucho- para dejar de lado sus diferencias y llevar a cabo un impresionante acto de unidad que, encima, amenaza con ser sólo el principio.

¿Ha enloquecido el gobierno liberal?

No se duda (por lo menos no desde aquí) del poder de convocatoria genuino (es decir no solamente “aparato”) de las centrales obreras y sus sindicatos. Lo han demostrado una y otra vez, cada uno en su proporción y a lo largo del tiempo. El que aún piense que todo eso se debe a “aprietes” y demagogia, la verdad es que se ha perdido gran parte de la historia argentina (y universal). Mencionemos dos casos… el primero Camioneros, ya que más allá de las posiciones políticas de Moyano (que desde aquí repudiamos, aunque no importe demasiado), es innegable que el sindicato está bien conducido y va hacia buen puerto desde hace mucho. Si usté conoce a un camionero pregúntele y verá (tenemos amigos y compañeros camioneros a los que les hemos preguntado).

El otro caso que arbitrariamente menciono es el de ATE. Desde la recuperación de ATE Capital recientemente, no solamente se incrementó la afiliación sino que se nota el entusiasmo en la calle cuando existe una conducción que responde a los trabajadores. Nuevamente, vale aclarar que se toman dos ejemplos y que podrían ser otros, cada uno tendrá los suyos. Pero lo general y notable es que había ganas de participar, ganas de marchar, ganas de hacerse oír.

Un dato para destacar también es el comportamiento de las distintas y diversas columnas. Convivencia entre centrales y sindicatos que no siempre han podido hacerlo tranquilamente, que han sostenido posturas (y voto) antagónicos. Y todo tranqui, como que lo que unifica es la condición de trabajadores. Esa cosa que se respira en convocatorias como esta y que no da ningún acto político de la política. Y esta es una opinión personal, así se siente uno tal vez marcado desde siempre por la militancia sindical.

Bueno, pero volvamos… ¿qué expectativas de gobernabilidad a mediano y largo plazo tiene este gobierno liberal con las políticas que aplica? En primer término, no parecen percibir estas políticas como negativas o que conlleven algún problema. El nivel de autismo político es importante. Además, el discurso utilizado sigue siendo el de campaña, cuando no con una dosis de cinismo que desafía el buen gusto y el don de gentes. Pero es sabido, la derecha tiene estas cosas que encubren actitudes y conductas claramente psicópatas.

El elemento distintivo es el favor de una parte de la población. La buena imagen que reflejan las encuestas, el tiempo de expectativa, la tirria contra Cristina y el kirchnerismo. Eso puede cambiar, sobre todo cuando se trata de gente que no es rica, ni vive en un country y que por más que fantasee “no pertenece”. Esos pueden cambiar de opinión y de humor, y pueden hacerlo rápido ya que son propensos a ver la vida bipolarmente en “blanco o negro” (menos la personal, ahí si que aparecen los grises y esos gatos que de noche son siempre pardos). El gobierno liberal no debería contar con la “lealtad” de estos votantes que le dieron una estrecha victoria (aunque victoria al fin).

Y la duda final: ¿estos tipos vienen al choreo, o pretenden un laburo ideológico en la sociedad para terminar con el “populismo”, es decir con nosotros?... Por lo que aparece y el apuro que tienen, se mueven más como fulanos que reventaron la persiana y están cargando las cosas en una chata puesta de culata. Pero es parte de un debate.

Por ahora, y más allá de las conducciones sindicales que siempre son coyunturales, los laburantes vamos a seguir ganando la calle.



* Las citas son de “El desempleo que Macri no ve” por Laula Vales; Página 12 del 26 de abril de 2016; pág 2.

lunes, 24 de febrero de 2014

QUÉ SUSTO EL ESTADO



“En el Congreso, 15 legisladores oficialistas, liderados por Héctor Recalde, presentaron un proyecto de ley que establece multas mayores a las actualmente previstas por casos de desasbastecimiento o suba en los precios. También facilita la expropiación de bienes que ‘sean objeto de maniobras de desabastecimiento, acaparamiento, agiotaje y/o especulación’, así como ‘disponer de la venta de productos y mercaderías’.”

“En la misma línea, el presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Alejandro Vanoli, dijo ayer que el organismo ‘está tomando las medidas para identificar y sancionar posibles prácticas desestabilizadoras’ del orden económico, tanto por ‘aumentos injustificados de precios’ como por ‘conductas especulativas en el mercado interno’.”

(…) “Anibal Fernández presentó una iniciativa para (que) las infracciones sean pagadas antes de que los multados presenten un recurso de amparo ante la justicia.”

(…) “La iniciativa de los diputados kirchneristas prevé endurecer las leyes de Abastecimiento (20.680), de Lealtad Comercial (22.802) y de Defensa del Consumidor (24.240) con el objeto de ‘cuidar la estabilidad, la razonabilidad y la previsibilidad de los precios, dándole plena efectividad a las penalidades consagradas en las normas’.”

(…) “Desde el Banco Central también aportan lo suyo. La orden oficial es contener el tipo de cambio por debajo de los $ 8. Tras la abrupta devaluación de enero, buscan calmar las expectativas de suba del dólar para que no se trasladen a las góndolas.”

Todo esto está precedido por (atenti): “El Gobierno avanza por distintos frentes para presionar a las empresas que decidan subir los precios.” Y Clarín titula: Más control oficial (en rojo) Amenazan con sanciones y expropiaciones a las empresas (en negro). Era el “Tema del día” del viernes 21 de febrero. Y no hay caso… para qué entrar a las puteadas, a la adjetivación (que deriva seguramente en violencia verbal) con un diario que expresa en su línea editorial una visión diametralmente opuesta a la de uno. *

Veamos un poco. Está mal (muy mal) que un gobierno tome medidas para contener un alza desmesurada de precios. Está mal que el dólar no pueda flotar sobre el nivel de un diluvio. Está mal que las empresas no puedan libremente y sin explicación alguna subir los precios. Todo lo que impida estas acciones se toma como una presión. 

De todas maneras, quién lea Clarín seguido sabe perfectamente que para cada frase hay una reflexión que la sustenta. El Gobierno no tiene plan, da manotazos de ahogado, no toma nota de las señales de los mercados (no los sigue). Se impone a decretos, resoluciones y, eventualmente legislación para regular mercados y economía nacional. Desnaturaliza la economía, que –como todos sabemos- es algo así como la naturaleza y se mueve de la misma forma. Los economistas (de la escuela neoliberal) vienen a ser los “geólogos” a los que acudir en caso de comportamientos extraños como inundaciones, erupciones, tornados, o cualquier otro signo económico de abrupta irrupción. 

Además, el diario nos anoticia de una batería de iniciativas, sobre todo las legislativas, como si se tratara de decretazos dictatoriales urdidos en una larga noche en los altillos del poder. Vamos… ojalá se produzca todo eso. La población tiene que ver que el Gobierno la defiende. Eso primero, y después las explicaciones sobre quién/es la atacan. 

Hay quienes dicen –los asiste la razón, ¿a qué dudarlo?- que el capitalismo siempre es salvaje y no sólo cuando se comporta de esta manera. Siempre trata de comportarse de esta manera, y sobre todo con gobiernos que no ejecutan el plan, el único plan que vale y que los argentinos conocemos (o deberíamos conocer) de sobra. 

Pero siempre hubo –al menos- dos maneras de encarar la gestión del capitalismo. En ambas el Estado interviene y mucho. En el plan sensato, el que nos (im)proponen siempre, el Estado garantiza las ganancias de las empresas, hace las obras de infraestructura (siempre costosas) para viabilizar el desarrollo de las empresas, custodia la acumulación del capital como primera y única preocupación. Después vienen las cosas esas: defender la soberanía, la salud y la educación. Si queda plata.
Advierto que no es este un blog que trate sobre teorías económicas, mucho menos sus técnicas, es un blog en el que se trata de pensar políticamente. 

Hay otra manera de ver el capitalismo y el rol del Estado: el control, la regulación, el disciplinamiento de las fuerzas del capital que, liberadas de todo, son profundamente destructivas. Porque, al lado de las empresas vive gente. Gente, no digamos pueblo, nada, gente. 

Gente que necesita trabajar y ganar dinero para bancar la vida, la familia, y volver a trabajar. Gente que necesita hospitales y escuelas, negocios, productos, servicios. Y como la sociedad es más compleja, la gente necesita cada vez más cosas. El Estado debe estar ahí para asegurar que todo eso ocurra. 

Dos maneras que están en confrontación permanente. Elegir un elenco de gobierno, elegir representantes tiene que ver con volcarse a quiénes puedan garantizar una u otra forma de tomar esta bestia del capitalismo. Usté elige, don y doña.

De esto habla el diario, no de las medidas del Gobierno, sino de lo que está bien y lo que está mal. Hay un contenido en “bien” y “mal”, que no es el mismo de acuerdo de a quienes beneficia cada cosa. Y ahí se complica. Ahí se le tara la cabeza al vecino y le suena al oído la vocecita que repite que lo están engañando, porque todos son corruptos, porque todos viven del esfuerzo de los de abajo y que mejor no pensar en pavadas. La única verdad es la…nota de Clarín. 

Podría terminar acá y bueno, estaría más o menos bien. Pero hay más y es sobre esto del Capitalismo. Uno no puede decir que le gusta o que no le gusta el Capitalismo y ya está. No se trata de elegir, conformarse, adaptarse. Eso es muy fácil. Por ejemplo, uno puede pensar que no hay solución a todos estos problemas dentro del sistema capitalista y entonces, hay que pasar a otro sistema. Y se pone a florearse en cómo sería ese otro sistema. Y sería fantástico, la verdá. ¿Cómo va a imaginar una porquería?… Y yastá, a uno no le gusta el Capitalismo. Media vuelta, y a dormir un rato más hasta que suene el despertador (o el radio despertador). 

El peronismo se planteó trabajar  para el tipo que se despertaba con su realidad a la mañana y medio dormido iba a los tumbos vistiéndose y saliendo para el laburo. El capitalismo era el sistema de todos los días. Había que ordenarlo, emprolijarle los dientes para que no sacara un pedazo en cada mordida. Los peronistas pensamos que, además, la gente tiene que ser felíz. Aún en el capitalismo. 

Entonces, el Estado tiene que regular a favor de la mayoría (te voten siempre o no), a favor de los que salen sin paraguas, de los que van a ligar todos los charcos, de los que no van a estar nunca en ninguna reunión empresaria, ni en ninguna reunión salvo las familiares o las de los amigos. Es una posición ideológica (es una cosa seria).

Los diputados y senadores oficialistas tienen que hacer exactamente lo que nos cuenta Clarín. El sábado que viene vamos a tener una idea sobre el rumbo legislativo de este año, y las líneas centrales que se plantea el Gobierno para estos dos años que aún restan de mandato. El sábado se abren las sesiones del Congreso, empieza el año político institucional. Como viene pasando desde hace 31 años, a Dios gracias. 

Al mismo tiempo, calentamos motores con las Paritarias para ver la relación ganancias de empresas-salarios de los trabajadores-condiciones en las que se desarrolla el trabajo y la producción. Como desde hace 10 años seguiditos. 

Tenemos herramientas para que el diluvio no ocurra. El diluvio que nos llevó puestos tantas veces y que se lleva puestos a muchos países primermundistas, mejor dicho, a la gente de esos países. 

No será con una “cláusula gatillo” como defenderemos el poder adquisitivo del salario, ni tampoco encuevándonos en un dólar blue (ni en el green tampoco a la larga). Tendrá que ser parando la ola remarcadora; y me parece que esa consigna capitalista de mucha competencia para lograr un precio justo no está tan mal. Mucha competencia, mucho mercadito, mucha almacén, ¿mercaditos estatales? También. Ojo, que el culo no está globalizado.

Retrocesos hay, si, o que fue si no la devaluación (aún, la administrada), pero tiene que darse dentro de un avance y mostrando el avance. Pasa con el dólar, deberá pasar con los precios, deberá pasar con la cadena de valor que da como resultado el factor “precios”. 

Venimos desde noviembre con movidas tipo catástrofe: que la cana y sus planteos, los saqueos programados, el tiempo inclemente (siempre se pone inclemente), las lluvias, los calores, las corridas del dólar. Venimos así. Ahora estamos casi en marzo y parece que Clarín se dio cuenta. Por eso los titulares. Qué susto el Estado, qué susto ¿no?

* Clarín, viernes 21-02-2014, págs 3 y 4.

viernes, 27 de enero de 2012

LAS CUESTIONES SILENCIOSAS DE LA LEALTAD

Un poco preocupado terminando el año pasado. Y si, lo admito. El cuestionamiento presidencial del proyecto de ley para el reparto de ganancias de las empresas justo frente a la crema de los empresarios, el frío con la CGT, el acto de Moyano, algunos desajustes en la comunicación con la paulatina quita de subsidios, las subas de precios. La salpicadura mediática de que habría un techo del 18% para las próximas paritarias, el fogoneo incesante con las internas intragubernamentales. La verdad es que –esto ya lo dije, y lo digo de nuevo- la desaparición electoral y/o ausencia colectiva de una oposición (aún tan boba como la autóctona), nos traía la confrontación adentro. Siempre pasa.

Un primer dato tranquilizador lo acerca una paritaria tempranera: los compañeros aceiteros cerraron un 24% y no hubo piso, techo, ni injerencia (por lo que uno puede saber) del Ejecutivo. Me dirán que el gremio de aceiteros no mueve el amperímetro y que hay que esperar a los “grandes”. Puede ser, pero el dato es real. En marzo comenzarán las grandes rondas de casi todos los sindicatos y podremos ver cómo se desarrolla el tema. Sabemos –desde el 2003- que hay negociaciones colectivas todos los años (y por experiencia propia, algunas veces se las ha podido mantener abiertas por varios meses, negociando una y otra cosa que se tradujo en dinero al bolsillo del trabajador y también mejoras en condiciones laborales y escalafonarias). Esta “costumbre” peronista aleja bastante el choque con los sindicatos que muchos auguran a derecha y a izquierda. Eso no quiere decir que, en una economía en crecimiento, la puja distributiva no cause sobresaltos. Más bien, yo diría que eso es saludable.

La contracara de este asunto es la suba de precios. Insisto, suba de algunos (tal vez muchos) precios y no suba generalizada, abrupta y continua de todos los precios que sería propiamente “inflación”. Y acá todos podemos opinar, disentir y argumentar: qué cómo se establece la cadena de valor, la real intervención del Estado en la formación de los precios, los controles necesarios, el valor de la competencia, si los índices del INDEC y bla bla bla. Sin duda es uno de los temas que importan a todos, vayan o no a las marchas, lean o no los diarios, vean o no 678.

El otro gran tema es el crecimiento de la economía nacional y, claro, su relación con el marco internacional en el que está inserta. Antes nos iba bien por el “viento de cola” y ahora corremos el riesgo de seguir creciendo solitos, o solitos con la región (¿será “viento de arrastre”?). Y lo que nos preocupa a muchos es que afuera –y afuera es el gran afuera, el mundo desarrollado al cual debíamos parecernos y por suerte no- está todo para el carajo. Se caen economías, la alianza francogermana (con el acento en el segundo componente de esta curiosa y histórica palabra compuesta) se lleva puesta Europa y la eurozona. Los yanquis con un déficit ya difícil de calcular. Todo ese panorama va a impactar sin duda, y mucho dependerá de los mecanismos regionales que ya está poniendo en marcha la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) y deberíamos agregar, más específicamente, la UNASUR y el MERCOSUR. Y también, en lo interno, las políticas gubernamentales para mantener una relación sana (y virtuosa, dicen los economistas) entre superávit fiscal, reservas, exportaciones e importaciones.

Hay un tembladeral ahí afuera y no es pavada. Mantener este modelo de desarrollo sin bajar los niveles (y los ritmos) de distribución progresiva es el tema. Digamos que un buen gobierno se ocupa de eso (y contar desde el 2003 es poco tiempo como para hablar de una tradición incorporada).

Y entonces todo me lleva por un lado a lo institucional y, para hablar mejor y más claro, a lo político. Por eso, ver ayer a la Señora volviendo, hablando, teleconferenciando, gobernando, como que da una tranquilidad importante. Tengamos en cuenta que nuestro sistema político está parado sobre muy poco. Una figura, un equipo. La militancia, si, la gente, si, pero sabemos que no alcanza. Es precario todo esto, no jodamos. A ver si la desaparición de Néstor no nos hizo un agujero infinito… Pensar, por un minuto, qué pasaba si esta intervención quirúrgica a la Presidenta se hubiera dado con el miserable de Cobos haciendo la segunda. Dios mió.

¿Hay que callarse la boca para preservar este tiempo político? ¿Hay que minimizar lo de Famatina, los muchos que están en negro y no los representa nadie, los muchos que cobran el mínimo o un poco más? ¿Hay que hacerse el boludo con lo que aún queda –y no es poco- de neoliberalismo? No. NO.

Pero hay que saber cuidar lo que tenemos. Esto no es una pelotudez, es madurez política. Ni confianza ciega en los gobernantes (aunque sean los de uno), ni confianza ciega en la “acción de las masas”, por favor. Sentido común, confianza, lealtad, ponerse en el lugar de los otros, estar atento. Esas cosas tan peronistas.

Nuestro país tiene una historia corta, para tantos y tan largos períodos de mierda. Hoy no estamos en camino al socialismo (y que me digan qué carajo vendría a ser eso hoy), no incorporamos a todos los que se cayeron, la economía crece y hay que ver si se desarrolla. Estamos ahí, con muchas posibilidades de seguir avanzando o de volver a los primeros casilleros. Me parece muy terrible pensar que tenemos por delante los cuatro años de Cristina y después, que Dios nos ayude. Aunque esté en el terreno de las posibilidades, uno no puede vivir como si el recreo esta vez fuera más largo.

Hay que defender este tiempo (el nuestro).

sábado, 17 de diciembre de 2011

Disenso

Estoy de acuerdo con muchas cosas que dijo el compañero Moyano en Huracán el 15 de diciembre pasado….

Que las Paritarias no tienen –ni deben tener- pisos ni techos, sólo los márgenes que se impongan en una negociación entre empleadores y trabajadores con la presencia (a distancia) del Estado.

Que el proyecto de ley para la distribución de un porcentaje de las ganancias empresarias entre los trabajadores debe seguir el trámite parlamentario, y no es bueno que un tema de semejante volumen esté sujeto a los vaivenes de una negociación paritaria. ¿Y por qué? Porque los trabajadores que aún están en negro no participan de ninguna paritaria y eso está contemplado de alguna manera en el proyecto del diputado y compañero Recalde. Porque no todos los gremios tienen igual poder de convocatoria, presión y presencia y, por lo tanto, los más chicos podrían verse perjudicados. Y también porque sería muy bueno debatir en el Congreso un tema que es práctica común en los países capitalistas desarrollados.

Que es lógico subir el mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias. Y que es ilógico cobrárselo a los trabajadores, por lo que deberíamos estar exentos absolutamente. ¿O acaso el salario –no importa si bajo, medio, alto o altísimo- es una “ganancia” como si los trabajadores fuésemos empresarios? Además, que muchos trabajadores estén “alcanzados” por este verdadero impuesto al trabajo y que muchos gremios hayan logrado en sus negociaciones colectivas superar determinados límites salariales (y enhorabuena y bien por el Gobierno que implementó las medidas económicas correctas como para recuperar la economía y sostener el crecimiento), debe permitir que estos –nosotros, los trabajadores- puedan no sólo llegar a fin de mes o consumir más, sino también comenzar a ahorrar. Si nos corren con la 4ª categoría, esto no será posible y es una verdadera injusticia.

Es cierto, y en esto el Secretario General de la CGT representa cabalmente a los trabajadores frente a las patronales, las corporaciones empresaria y también, y también nuestro propio Gobierno.

El tema de las Obras Sociales es un poco más complejo. Moyano reclamó unos 15 o 17 mil millones de pesos que el Estado estaría debiendo por la entrega gratuita que las Obras Sociales relacionadas con los Sindicatos hacen de medicamentos oncológicos y el HIV. Moyano dice que no sabe dónde está ese dinero (¿sugiere que se lo roba el Gobierno?). La imprecisión que me deja 2 mil millones en el aire no ayuda mucho. Y menos aún la (digamos) información errónea de que el (ex) dirigente bancario Zanola fue liberado por falta de pruebas en la causa de los medicamentos truchos. Lo concreto es que Zanola pasó dos años detenido sin que aún el juez diera comienzo a la instrumentación del juicio correspondiente por el que el (ex) dirigente sindical está acusado de ser el jefe de una asociación ilícita. No es falta de pruebas sino cumplimiento de una ley el motivo de la “liberación” que, dicho sea de paso, fue acompañada por el pago de una fianza de $ 700.000.- Una mala asociación discursiva que opaca el reclamo.

Tampoco uno va con el tema del PJ bonaerense. Es sabido que los Intendentes del conurbano recibieron de mala manera el liderazgo del cegetista. Cuestiones de interna más que de vaciamientos ideológicos. En tal caso, la crisis de los partidos políticos también toca al Justicialismo y es un tema largo, que merece debate y participación, en primer lugar de los militantes.

Pretender –cosa que no dijo el compañero Moyano, pero por las dudas- que existe una contradicción entre “kirchnerismo” y peronismo es una locura peligrosa. Y una falsedad también. El llamado kirchnerismo le puso alma y vida al peronismo del siglo XXI, recuperó un proyecto nacional y está poniéndolo en práctica. Y todo eso después de la traición y la infiltración ideológica neoliberal del menemismo, el pseudo progresismo de la Alianza y la siesta colonial y prebendaria del duhaldismo. A no equivocarse con esto. Si algunos progresistas y no peronistas se suman a este Proyecto, mucho mejor. Pero es el peronismo el que conduce y del que salieron dirigentes como Néstor y Cristina.

Hay que acostumbrarse a que el Secretario General de la CGT puede criticar aspectos del Gobierno al que adhiere (y de eso no me cabe ninguna duda), y que lo puede hacer en un acto público, si así le parece. Hay que acostumbrarse a que en esta Argentina el debate puede y es necesario que sea posible. Corrida de la escena (por ahora) una oposición destituyente y berreta, es lógico que comencemos a pensar, cuestionar, debatir, proponer y disentir los que estamos adentro de la coalición social oficialista. No es nada terrible.

Otra cosa es el fogoneo vergonzoso y malparido de los medios que buscan oponer a Cristina con Moyano, a la CGT (a la que siempre detestaron) con el Gobierno, a los pibes que se integran al peronismo con un pasado nostálgico y pretendidamente incuestionable. Patéticos y maledicentes los que presentan a una basura como Sergio Shocklender mintiendo descaradamente para ensuciar nada menos que a las Madres de Plaza de Mayo y a Hebe de Bonafini, nada más que por su empatía y apoyo a Cristina. A todos esos los conocemos bien.

El segundo mandato de Cristina recién comienza. Muchos pensamos que el modelo por el que tanto luchó Néstor Kirchner y también la compañera Presidenta en su primer turno, va por su consolidación definitiva. Ese no es el fín de la historia, sino el principio de otra Historia. El compañero Moyano planteó altisonantemente algunas cuestiones, hay que escucharlo.

Y la Patria no corre peligro.