jueves, 21 de junio de 2012

NO.

Todo en caliente. Así parece que manejara la política sindical la dinastía Moyano. Pero no es verdad, hay un cálculo preciso (¿mezquino?) en cada movida, en cada exabrupto y en cada redoble de apuesta. Saben cómo y saben con quiénes.

Es incomprensible el por qué y cómo el Gobierno dejó que las cosas llegaran hasta acá, por qué no se le dio el trato preferencial acostumbrado –si se sabe que uno trata con un aliado y no un propio; se suele tratar mucho mejor a los aliados que a los propios en la política criolla-; por qué no se lo llevó aparte y se le explicó que el proyecto Recalde de reparto de ganancias por ahora no podía ir, porque se venía con todo la crisis internacional. Pactar un pago de la deuda de las obras sociales en plazos, porque en caja había poco efectivo. Ver cómo ir sacando la piedra del zapato de cobrarle ganancias a los trabajadores. Ir viendo y comentarlo, aunque sea silenciosamente en reuniones que dan la idea de que el fulano está en algún círculo en donde se cocinan las cosas. Pero no fue así, parece.

Igual, esto anotado para decir en qué me parece que nuestro Gobierno mete las de andar (al pedo y seguido). Otra cosa y otro tono merecen  las actitudes de Moyano desde antes del triunfo (inobjetable e inagenciable) de Cristina para acá. La lista la conocen todos, pero digo ese acto furibundo a días de la reasunción presidencial. La renuncia absurda y despechada al PJ de la Provincia (BA), descubriendo que era una cáscara vacía, una mierda que no se entiende por qué entonces le da tanta bronca no tener.

Y la junta. Madre mía. Moyano dice que frente a él se plantan “impresentables” de la década de los noventa, y tiene razón. Pero él se sienta con un mamarracho detestable como el Momo Venegas (que, encima tiró y tira para la Mesa de Enlace como delegado de Duhalde). Lo apoya Barrionuevo, el “dirigente” de la payasesca CGT Azul y Blanca y Pablo Micheli, el lider indiscutido de pequeños gremios permanentemente movilizados junto a Barrios de Pie (esos puteadores profesionales que supimos conseguir). Me dirán que del otro lado las cosas no son mejores. Tienen razón y si no lo dicen, lo estoy diciendo yo. Solamente apelo a un poco del decoro que Moyano demostró tener muchas veces y perdió, lamentablemente.  

El trasfondo primario es la elección del 12 de julio, qué duda cabe. Y hasta Caló parece simpático, comparado con el espectacular desmadre de la conducción de Camioneros. Dejemos a los troskos pensar que es una pelea entre la burocracia sindical aliada a la burguesía, la puta son nuestros dirigentes (te guste o no, me gusten o no).

Y a mediano plazo, algo huele a podrido en Dinamarca (que queda en La Plata), ¿o no? Se van alineando los patitos.

Gremialmente hablando, la cosa es clara. Tendencia al empleo genuino, salarios que permitan el consumo (y la inclusión, que es un alguito más) y paritarias regulares (sin piso ni techo). Son las reglas y los principios, no más. El que se aparta de esto, hoy por hoy está pateando el tablero. Y siempre se patea el tablero en alguna dirección, nadie –a esas alturas- tiene un ataque de ira huracanada.

Ahora tienen el 25,5 y hay que acatar la conciliación obligatoria. La movilización a Plaza de Mayo, claro que hay que hacerla para venderla lo mejor posible en la elección del capo de la CGT, o cuando terminen entre todos de partir la CGT. Pero es eso, no tiene nada que ver con reclamos ni reivindicaciones, a menos que se marche por lo de Ganancias (lo cual sería llevar la aristocracia obrera a niveles de debate fiscal).

Un tema el poder sindical, el sindicalismo por si mismo. Una deuda pendiente de la recuperación democrática es la de democratizar la vida sindical argentina. Pero… pero no cómo lo han intentado casi todos (esa “ley Mucci”) y menos dándole letra al gorilaje siempre listo. Abrir el debate, instalarlo y dejar que los trabajadores hagan el resto. Y si quedan estos dirigentes, bueno, será así.

Moyano quiere hacer daño, empardar otra 125. Va a perder, no me caben dudas. El tema es que en el revoleo de chancletas no se anden todos tirando con los trabajadores. Habrá que ver, esto recién empieza.

miércoles, 20 de junio de 2012

La bandera de Belgrano


La derrota se filtró con la luz del primer sol. Tal vez. Una ciudad extraña lo albergó un poco y lo aguantó menos. El día de los tres gobernadores que no fueron porque en realidad el vacío político se enseñoró de Buenos Aires. Otra vez, antes de la próxima vez.

Y allí estaba Belgrano muriéndose. A lo lejos se escuchó el golpe de la cancel cuando se retiró el médico que, protestando, le tuvo que aceptar el reloj como pago. Es que él insistió y se lo puso en la mano apretándosela fuerte, no como el enfermo terminal que era, sino como el que había sido.  

Tenía la fuerza del que venció en Salta y Tucumán, del que se metió a milico de puro militante, el que asombró a San Martín y le enseñó política. La mano convencida que levantó todo un pueblo y se lo llevó lejos. La incontenible fortaleza de un funcionario colonial que pasa a ser un revolucionario. Ese, y también otras muchísimas cosas para las que no es necesario hacer una lista.

Después, sólo “El Despertador Teofilantrópico” publicó algo sobre su muerte. Nadie más, estaban todos muy ocupados.

Qué cosa, don Manuel (José Joaquín del Corazón de Jesús), qué cosa nuestra patria.
Mausoleo, maestras bobas y sarmientinas, el soporte inefable de Billiken. Un rulito, los rumores para dudar de todo, otra historia oficial para educar pelotudos.

Y mientras a uno de sus hijos lo criaba don Juan Manuel (felíz de él), y mientras la idea de la monarquía inca la pervertía Mitre (pobre de nosotros). Ganaban en todas las puntas los señoritos del puerto, los comerciantes del monopolio, los librecambistas hipócritas de Rivadavia. Ganaban los otros. Y usted perdía como siempre pasa en este país que honra las tragedias y le toma el pelo a las ideas.

Usté, mi general Belgrano, tenía un Proyecto Nacional. Balbuceado, pensado, tachoneado, medio mestizo, medio negro, medio educado. Nos lo dejó ensecretado en los pliegues del trapo que venimos defendiendo hace doscientos años. Hay que descubrirlo y sacarlo enterito para que el sol lo temple y no puedan ya desfigurarlo.

Nuestro primer Tío (porque don José es el Padre), se levanta de la cama como de una siesta y escribe una carta, una orden. Ahora está sano, a salvo.
A veces hay gente que hace una bandera y la enarbola, la lleva adelante nuestro. Pobres de aquellos que estén guachos de ideas, dirigentes y conducciones. Son los muertos que vagan perdidos sin causas, sin banderas, con la derrota como divisa.

Gracias don Manuel, su Patria existe.

sábado, 16 de junio de 2012

NO NOS HAN VENCIDO

Hoy, lo creían. Hoy se lo creyeron... Cacerolearon desde el cielo, cobardes como siempre fueron los chupasangres y los vendepatria. ¿Putearlos, buscarlos, vengarse? Paqué. Era mucho peor lo que les teníamos reservado. Y es esto:

NO PUDIERON. ¿Saben qué? No pudieron.
Ahí tenemos a una minita de los setenta (que les hubiera convenido bombardear señoritos) hablandole de frente al Rey León para que se den cuenta de que nos van a tener que devolver las Malvinas. Ni cuota Hilton, ni ocho cuartos. Las Malvinas. 
Y lo tenemos a la bestia, ese que vino del sur a abrir las puertas de la ESMA (la joyita de tu abuela gorila) y las puertas del país para que otra generación se haga orgullosamente peronista.
Pudieron si, nos hicieron más y más pueblo. Porque la amargura y la derrota te hacen grande, aunque es mucho mejor aprender cosas en un cumpleaños. Nos hicieron seguir a un Coronel (que era nuestro) y transformarlo en "El General", grados que no da la carrera militar, pero los da un reguero de básicas en cada pueblo. 
Se la tienen que bancar. Para siempre, porque no nos vamos nunca más. Hay un pacto de amor que ustedes (pobrecitos) jamás van a entender. Nos lo enseño Evita, nos lo cumplió Perón.
Hoy, 16 de junio, pasan por Plaza de Mayo a vuelo rasante miles de compañeros fantásticos, esos que reaparecen cuando se pelea por una Patria Justa Libre y Soberana. 
Eso pudimos.

viernes, 15 de junio de 2012

TARTA DE CIPAYITOS


Para traicionar a la Patria, primero hay que saber que existe. Este parece ser uno de los problemas del PRO, ese curioso experimento con que la derecha quiere olvidar su vertiente nazional (ese otro asuntito) y descubrirse más liberal que Alsogaray.

La cuestión parece ser liderar "algo", que se oponga brutalmente al gobierno nacional. ¿Y qué mejor que una causa definida como "nacional" (esa sí con "c" de casa, con "c" de compañero)? No estar de acuerdo con el gobierno en el reclamo por la soberanía argentina en las Islas Malvinas. Una preciosura…

Parece muy brutal, entonces ¿por qué?
Existen (deben existir) una cantidad de argentinos (hagamos un abuso del término) que no acuerdan con que las Islas Malvinas deban ser argentinas. En un esfuerzo de imaginación, voy a hacer una lista de motivos para respaldar una opinión de ese calibre:

- Fue una usurpación pero pasó hace mucho, ya no tenemos derecho a continuar con el reclamo.
- No es lógico reclamar una herencia del Imperio Español; el mundo moderno tiene otras lógicas.
- No es bueno oponernos a la política exterior de una potencia de primera magnitud como Gran Bretaña; si bien es injusto, podemos tomarlo como un pequeño precio a pagar por estar insertos en el mundo.
- Hay que tener en cuenta la opinión de los isleños que son los habitantes reales de las islas, si ellos se sienten ingleses, debemos respetarlos.
- Los supuestos derechos históricos y geográficos que alega nuestro país son discutidos por las principales potencias en los foros internacionales, corremos el riesgo de aislarnos cada vez más en una posición chauvinista y poco inteligente.
- El reclamo quedó totalmente desvirtuado por la guerra de 1982; por más que digamos que la decisión fue de un gobierno de facto, los ingleses y Europa no lo ven así, de alguna manera todos quedamos salpicados por lo que ocurrió en esa época y nos quita derechos.
- El lenguaje utilizado por este gobierno para renovar el reclamo es agresivo y antiguo, en el mundo de verdad no se habla de "situaciones coloniales", eso pertenece al repertorio del populismo.
- No podemos compararnos con un país como Gran Bretaña, no tenemos la historia, el lugar, la tradición ni el potencial económico y militar. Los reclamos tienen que ver con esos aspectos más que con antiguos derechos.
- Nunca tuvimos en cuenta a las Islas Malvinas como parte de nuestro territorio. Además tenemos una historia de abandono del Interior, no integración económica ni nacional, preeminencia de la Capital sobre el resto; primero tendríamos que hacer realidad la soberanía en la Argentina para poder ocuparnos de las Malvinas.
- Este país siempre tuvo gobiernos corruptos y un Estado sobredimensionado que actúa siempre en contra de la sociedad y coartando la libertad de los privados para comerciar, desarrollar la producción y generar ahorro. Es mejor para los malvinenses no ser parte de esto, pensemos que son ingleses…

Más o menos algo así (a muchos se les ocurrirán infinidad de pensamientos, prejuicios y razones que no figuran en el listado, que cada uno agregue lo que le parece mientras lee), podemos reducirlo a un puñado de principios básicos:

a) el reclamo interfiere en la relación con las potencias mundiales. Estar en armonía con los países poderosos es de suma importancia;

b) no tenemos razón; los países fuertes toman y hacen lo que quieren, es su historia. Nosotros somos un país subdesarrollado; y

c) nuestro país nos da vergüenza; no importa si tenemos razón, lo mejor para cualquiera es ser inglés y no argentino.

Me quedo con c). Sentirse menos, avergonzado ante la cultura que se supone hegemónica y superior, sentirse digámoslo "como un negrito" y encima sabiendo muy bien que los ingleses/europeos (los blancos de verdad) no van a distinguir entre uno y todos los negros que nos rodean, pone a alguna gente en una situación tremenda de subestimación y humillación. Es lógico que, ignorantes soberbios de la propia identidad, resulte fácil abrazarse a otras banderas y a supuestos éxitos ajenos.

Sin entrar a hacer teoría, diría que tiene que ver con la colonialidad cultural del poder. Suena bien pero trata de nombrar a un estado lamentable de degradación cultural, la pérdida absoluta de la propia cultura y el reemplazo por el discurso del amo. Y eso, que se agacha hasta la traición, es lo que verdaderamente debe dar vergüenza.

lunes, 16 de abril de 2012

BUSCANDO LAS JOYAS DE LA ABUELA

"Somos el único país de Latinoamérica y casi del mundo que no maneja sus recursos naturales". Contundente. No lo dice un resentido al volante de un tacho, fue la Presidenta en cadena nacional.

"Por primera vez, desde que se desnacionalizó YPF en 1998, en el año 2011 nos convertimos en importadores netos de gas y petróleo, con un déficit de 3.029 millones de dólares. Es la primera vez en 17 años que Argentina tiene que hacerlo"(…)"La reducción en el saldo comercial fue entre el 2006 y el 2011 del 150%. En 2011 se produjo la importación de 9.300 millones de dólares en combustible.”

… "el problema fue la desnacionalización’ que -afirmó- ‘atraviesa desde los sectores más primarios hasta los de más valor agregado’. Consignó que desde 1999 hasta el 2011 ‘la utilidad neta de YPF fue de 16.450 millones de dólares de 1999 a la fecha’ y que la empresa distribuyó dividendos por 13.246 millones de dólares.”

Así fue que cerca del mediodía de hoy (16-04-2012) la compañera Presidenta “anunció el envío al Congreso de un proyecto para declarar de interés público nacional la explotación de hidrocarburos con el objetivo de lograr el autoabastecimiento en la materia; para garantizar el desarrollo económico, y el crecimiento ´equitativo y sustentable de las provincias´.”

Se trata de un modelo de empresa mixta, distinto de la estatal YPF que fuera rifada en el altar de los dioses primermundistas de mercado cuando la política argentina parecía la fiesta interminable.

“Entre los artículos del proyecto se establece la necesidad de garantizar el desarrollo económico, y el crecimiento ´equitativo y sustentable de las provincias’. ‘A los efectos de garantizar el cumplimiento de los objetivos de la presente ley, declárese de utilidad pública y sujeto a expropiación el 51 por ciento del patrimonio de YPF S.A´.”

“Esas acciones, de clase D, quedarán distribuidas de la siguiente manera: 51 % para el Estado Nacional y 49 para las provincias que integran la Organización Federal de Estados Productores de Hidrocarburos.”

(…) “El proyecto oficial contempla también que las acciones expropiadas no podrán ser vendidas sin la autorización del Parlamento, que necesitará las dos terceras partes de sus miembros para su enajenación, ´la misma mayoría que se necesita para modificar la Constitución’.”

Y se hizo, algo que la verdad poníamos en duda en tren de no ilusionarnos demasiado. Recuperar el control y la decisión, es decir recuperar soberanía que es algo así como volver a pintar de celeste y blanco YPF. Encima en un modelo más acorde con estos tiempos, con la participación de empresas privadas que pueden ser nacionales y también internacionales. Y me viene una y otra vez el “retiro” hace unos días de la British Petroleum de la licitación por la plataforma submarina en Malvinas, como quien sabe de qué va la cosa y no quiere quedar fuera de la carrera cuando una recuperada petrolera nacional argentina saliera a buscar socios. Socios si, pero que ya no podrán reemplazar políticas de desarrollo estratégico nacional con políticas sectoriales de mercado y remisión de ganancias sin más. De eso se trata esto.

Ahora viene la discusión en el Congreso y vamos a ver quiénes tienen voluntad de establecer políticas de Estado y quienes nos corren por derecha y “por izquierda”. Dos tercios señores, de cara a la sociedad, por la tele, sin banelco y sin excusas (ni fotos de grupo a).

Y hablando de números, a veces viene bien saber que con el 54,11 hoy recuperamos un 51. Este es el gobierno que votamos. Qué bien.

Las comillas señalan que estoy citando la página de Presidencia de la Nación del 16-04-2012.

lunes, 2 de abril de 2012

ROMPA EL MANTO DE NEBLINAS, COMO UN SOL

Es una fecha para hablar del imperialismo, del colonialismo inglés y sus prácticas piratas. Para decir que están explotando pozos petroleros y recursos pesqueros sin control ni cuidado; que persisten en considerar como estratégicos los pasos oceánicos. Que increíblemente levantan el principio de la autodeterminación de los pueblos en favor de una población minúscula e implantada por conquistadores, sólo para rechazar el pedido persistente de una nación del tercer mundo para sentarse en una mesa de negociaciones cuyo tema principal sea la soberanía. Todo eso y más, es justo.

Pero no quiero ir por ahí, me pesan otras cosas. No me gusta la marcha de las Malvinas, me parece muy milica, muy de la dictadura. Me traen los volantes que volaban desde la ventana de un falcon con el dibujo caricaturesco de un soldado argentino cogiéndose a la Thatcher con un exocet. Concientización castrense en población civil. Ahí si nos necesitaban estos turros hijos de puta que usurpaban el uniforme de San Martín.

Una plaza llena. Es cierto. También llena de puteadas, con los gremios y algunos partidos adelante levantando consignas y también el “se va a acabar…”. Terminémosla con lo del apoyo a Galtieri. Les servía pero no hubo apoyo a la dictadura, al menos no de los que el 30 de marzo salieron a desafiarla con muchas bolas. Otros tal vez si, se sabe que estas cosas cuentan con civiles a montones.

Milité en la Caja de Ahorro con un ex combatiente. Lo conocí, lo escuché, hice un esfuerzo por entender. Todavía lo veo en el bar, los rulos, los ojos brillosos y de a ratos esquivos. “Lo que más me duele, me dijo, es que en el Canberra los ingleses nos trataron mejor que los nuestros”. Llegaba al hospital prisión flotante medio sordo de haber estado semienterrado cerca de la pista de Puerto Argentino durante los bombardeos. Atontado de miedo y después de vergüenza.

No hubo recepción a los soldados, hasta el día de hoy no la hubo (quizás en algún aniversario…). No les dijimos que, pese a todo, estamos orgullosos de ellos. Que es una cagada lo que pasó, pero que acá está nuestro abrazo. No les dijimos. Pese a las declaraciones oficiales y a los subsidios, ellos son los que quedaron tras un manto de neblinas. Como esas cruces de guerra tan blancas y tan lejos. Les tocó la colimba en un manicomio de locos furiosos.

Claro que importa. Las Malvinas importan. Uno sabe que muchos de esos que nacieron acá, piensan que los kelpers (y es despectivo llamarlos así, pero bueno) tienen suerte porque son ingleses, y que el error de nuestra historia fue no haber tirado flores en lugar de agua hirviendo (no era aceite) cuando las invasiones inglesas. A ver ahora si eran solamente 17 o 19 “intelectuales” los culorrotos. No, son muchos más. No mayoría, pero muchos más.

Televisores, peluches winni poo, relaciones carnales. También hubo eso, caerles simpáticos. No somos simpáticos, somos argentinos. La política de Estado (eso esperamos) por la vía diplomática es lo correcto y sirve. Tener un bloque que respalda es importante. Lo mejor que nos podría pasar es que esa política siguiera su curso.

Y pensar (como se dijo en una solicitada de CGT Brasil en esa época) que soberanía es todo, en Malvinas y en el resto del país. Y uno piensa, soberanía ganada frente al paradigma neoliberal; soberanía del Banco Central al servicio de un modelo de producción para incluír; soberanía de la Corte Suprema; soberanía de tener laburo; soberanía que tendrán los que sean pasados al laburo legal con aportes, jubilación, derechos; soberanía de los que aún duermen en un bajoautopista; soberanía de los que todavía comen en un comedor comunitario; soberanía del petróleo pensado para el desarrollo argentino, en una empresa del Estado o con la principalísima participación del Estado; soberanía de tener trenes nacionales; soberanía de una industria minera que tenga en cuenta el medio ambiente y la gente; soberanía de lo que ya tenemos y la soberanía de lo que nos falta y tiene que venir.

Con esa soberanía, la popular.

Otra vez esa mirada. Lejos. Desconfiado, esquivo. Un pibe de clase media. No un colimba chaqueño arrastrado al frío patagónico más extremo. Un pibe como un vecino de acá a la vuelta. Qué será de él ahora, cómo habrá seguido su vida. Sólo se que seguió peleando en su laburo, haciendo algo de sindicalismo y política, pese a todo. Y todo era que la dictadura seguía, que los habían cagado especialmente como el postre que se deja para el final, que desconfiaba de militares y civiles. No supo sobre el chocolate de Kazansew, los aros de Pierina Dealesi, ni la victoria mediática de Gente y Gómez Fuentes. Sólo los movilizaron a las islas y después, los demalvinizaron.

Lo único que se puede hacer es recuperar pedazo por pedazo la soberanía y ganar la que nunca tuvimos. Y así.

Las Malvinas son argentinas.

viernes, 30 de marzo de 2012

ESE TREINTADEMARZO

La dictadura se la agarró con los laburantes.



Es la verdad, tanto como decir que se intentó con éxito –y siguiendo lineamientos no tan criollos que emanaban de los centros internacionales de poder- reformular las bases de acumulación de nuestro país: la validación financiera en lugar de la productiva. Para lograr ese objetivo también servía golpear a los trabajadores, pero se los (nos) persiguió porque era la manera de solucionar la “situación de inestabilidad política” desde la irrupción aluvional del peronismo. La vieja “solución final” gorila llevada a cabo sistemáticamente y con método (francés).

La represión fue brutal pero no ciega. Más de la mitad de los desaparecidos eran (son) trabajadores. Desde un simple activista y/o delegado de planta hasta uno que otro secretario general de un gremio (como el caso de Oscar Smith de Luz y Fuerza).

El ataque a los trabajadores también fue institucional. Es bueno refrescar la memoria o enterarse de algunas cosas como estas:

* La ley 21.270/76 intervino el Consejo Directivo de la CGT y bloqueó sus fondos, cuentas bancarias y bienes patrimoniales.

* El decreto 9/76 suspendió “transitoriamente” las actividades gremiales en entidades de trabajadores, empresarios y profesionales (con excepción de la administración interna de las mismas).

* El decreto 10/76 prohibió las actividades de las 62 Organizaciones, o de cualquier otra que la sustituyera.

* Otros decretos pusieron a disposición del Poder Ejecutivo Nacional a numerosos dirigentes y otros fueron incluidos en Actas Proscriptitas.

* La ley de Prescindibilidad, que permitió el despido indiscriminado de 200.000 agentes sospechados de disidentes.

* La ley 21.400 impuso penas de hasta 10 años para quienes instigaran a la huelga.

* La 21.297 destruyó la ley de Contrato de Trabajo, anulando numerosos derechos individuales de los trabajadores.

* La ley 22.269 de Obras Sociales, por la cual éstas quedaron desvinculadas de los sindicatos y pasaron a depender del Estado.

* La ley 22.105 de Asociaciones Profesionales, disolvió la CGT y prohibió la actuación de una confederación de tercer grado; prohibió la actuación política de los sindicatos; separó las obras sociales de los sindicatos; impidió la sindicalización conjunta de obreros y técnicos, supervisores y personal jerárquico; impuso como requisito para acceder a cargos sindicales de no tener antecedentes penales ni policiales; proclamó la intervención del ministerio de Trabajo en cuestiones internas de los sindicatos que podía llegar hasta la clausura del mismo, inhabilitar dirigentes, controlar fondos, vetar y modificar estatutos; limitó el derecho de reunión.

Y los laburantes lucharon desde el primer día, como los de IKA Renault por ejemplo, que el mismo 24 de marzo de 1976 bajaron la producción e hicieron pintadas contra el golpe adentro de la planta. En todos los años del Proceso hubo picos de huelgas, medidas de fuerza que iban desde petitorios, “trabajo a reglamento”, huelgas de “brazos caídos”, movilizaciones. Y todo eso en un clima de repliegue y dolor.

Porque el ’76 fue también el año de una enorme derrota política del campo popular. La pelea era desigual y dispersa, a veces con dirigentes a la cabeza y muchas veces no. Hubo de todo en la viña del señor.

La primera “Jornada de Protesta” nacional, convocada por el grupo de los 25, fue el 27 de abril de 1979. Hubo que esperar a noviembre del ’80 para que un grupo de dirigentes levantara de nuevo la sigla de la CGT (que después fue la CGT Brasil). A pocos meses vino el segundo paro general (22 de julio de 1981) y la marcha por “Paz, pan y trabajo” en San Cayetano (7 de noviembre de 1981).

Ese fue el movimiento de las cúpulas sindicales (de las que se movieron, con Saúl Ubaldini a la cabeza). Respondían a su propia interna, a las relaciones ambivalentes con el poder y también al movimiento subterráneo, continuo, multiforme de sus bases. La gente siempre luchó. No toda la gente, pero la que luchó, luchó.

Así llegamos al 30 de marzo, pero de 1982. El movimiento obrero salió a la calle y no la soltó por más carro de asalto, bala perdida, gases en lugar de aire, montada de mierda, azules pedorros que se le pusiera enfrente. Se plegaron otros que no venían organizados, porque los trabajadores cuando se organizan (y tienen razón), arrastran.

Hoy discutimos otras cosas y con otros, porque los pibes se arrimaron (después de tanto tiempo de necesitarlos). Profundizar lo mucho que tenemos, poner la sintonía fina en tanta mala política a granel, defender la base sobre la que construir otras cosas que nos merecemos. Viene bien charlar un poco de dónde y por donde venimos.



Algunos datos vienen de:
Abos, Alvaro: “Las organizaciones militares y el poder militar”.
Pozzi, Pablo: “La oposición obrera a la dictadura”

sábado, 17 de marzo de 2012

HERENCIA


Los hijos de Perón *

Por Envar El Kadri

Fuimos hijos suyos, es cierto. En todos los sentidos: hijos de su ejemplo y voluntad puesta al servicio del pueblo; hijos en el amor y respeto que se siente por un padre querido; hijos que por la magia de una palabra: “compañeros”, se transformaron en “hermanos”.

Así lo sentimos a Perón, como a un padre... Padre Eterno le gustaba llamarse, y tenía razón: sus hijos nos peleábamos como suele suceder entre los hermanos, pero guay que de afuera nos torearan: ahí formábamos uno en su defensa.

Pertenezco a la generación de los únicos privilegiados, la de quienes leíamos Mundo Infantil antes que Billiken, para descubrir después, gracias a quienes aprendieron con los Vigil, que eso era “adoctrinamiento”, y lo de ellos ¿qué? Con la diferencia que así nos formábamos con una mentalidad nacional, “flor de ceibo”, mientras que la de ellos era un adoctrinamiento hacia doctrinas de “progreso y liberalismo” que le abrían las puertas al imperialismo.

Cuando en el ’55 dejamos atrás la niñez privilegiada, esas lecturas fueron responsables de que nuestra adolescencia tuviera olor a clorato de potasio y azufre, mientras que la de los adoctrinados por Billiken podía disfrutar de chicles-goma “Bazooka” ó los beneficios del nylon importado de USA...

Crecimos de golpe en medio de bombazos y persecuciones: los padres de nuestros compañeros eran las víctimas de la “libertad recuperada”: Vergara Russo, moría el 16 de junio en Plaza de Mayo; Cogorno fusilado un año después.

Ahí nos hirvió la sangre rebelde que Evita nos inculcara: empezamos la lucha por el retorno de nuestro Padrecito con lo que teníamos y podíamos. ¿Acaso no se habían usado piedras y aceite hirviendo para contener las invasiones inglesas? ¿Por qué no podríamos hacerle la pata ancha a estos nuevos invasores disfrazados de “libertadores”? Espontaneísmo, voluntarismo, desconocimiento de las condiciones objetivas y subjetivas; amén de las climáticas y estratosféricas; de todo pueden ser acusados estos tozudos hijos de Perón que se jugaron por su retorno, que dieron su vida por él y soñaron con una patria liberada. De todo, menos hijos de puta.

Qué fácil resulta tener razón a posteriori, pero que lindo fue equivocarse defendiendo “lo que Perón nos legó: una Argentina “libre, justa y soberana”, como decía una canción de la época.

Qué lindo fue tener un padre como Perón, con perdón de los psicólogos, los sabios y los que se las saben todas.

Y qué lindo fue tener hermanos como aquel Tito Bevilacqua con el que vendíamos “Palabra Argentina” y luego nos metíamos en los cines para silbar al almirante Tessaire cuando desde la pantalla denigraba a Perón y el peronismo; ó aquel otro, Felipe Vallese, “Misterix” por su impermeable blanco abotonado en doble hilera, parecido al del personaje de historieta, con el que nos escapábamos juntos después de haber recuperado “armas para el pueblo” y, sentados en el fondo del 406, decirnos mutuamente una gran mentira: “esto no es para mí, yo no me meto más en nada”;

O aquel gigante Gustavo Rearte que nos conducía con una sonrisa y se tiroteaba con la policía defendiendo su libertad; ó con Jorge Rulli refugiándose en Montevideo, sobreviviendo junto con otros compañeros, gracias a las noches de póker con que el“Gordo Cooke” hacia una diferencia para ayudar a los “muchachos”,

O el bueno de Dardo Cabo, distribuyendo gelinita a los compañeros de la Resistencia, siguiendo las huellas de su padre, preso en Caseros, porque como decía el General: “hijo de tigre, overo ha de ser”. Y después yéndose a Malvinas en un avión que no era suyo, para recuperar lo que era nuestro; ó el Petitero, el Anguila, el del Poncho Colorado, que nunca supe como se llamaba, que venía de la U.B. Facundo Quiroga, de allá por Urquiza, toda aquella barra de Corrientes y Esmeralda, “que juró lealtad al conductor /luchará si fuera hasta la muerte/ por la Patria y también por Juan Perón.

Qué lindo fue entreverarse en todos esos entreveros con tantos hermanos que sí los puedo y debo nombrar por ser ó haber sido hijos de Perón: el Vasquito Unamuno, que se nos fue apagando por esas putas enfermedades que te matan lo que el plomo de una 45 respetó; aquellos que como José Luis Nell venían del nacionalismo fierrero y se fueron entregando en cuerpo y alma en este peronismo montaraz que trataba de pegar fuerte y duro para destruir “la oligarquía y los imperialismos en simulada pugna”, porque sobraba tanto coraje y amor por el Viejo que no a uno, a una tribu entera de imperialismos nos atrevíamos los hijos de Perón.

...Y cuando nos tocaba perder, perdíamos. Calladitos, nomás. Avergonzaditos, nomás. PERO DE PIE. Con la “mirada desafiante” como decían las crónicas policiales.

Los hijos de Perón fuimos duros y tiernos, serios y jodones, dialoguistas y “apretadores”, enamoradizos y olvidadizos, cantores y gritones, apresurados y retardatarios, pobres y pobrísimos.

Nosotros, pobres de solemnidad, pobres vinimos al Movimiento, pobres lo servimos aún cuando millones pasaron por nuestras manos, y pobres seguiremos hasta el día en que nos vayamos a jugar con el Viejo arriba en alguna nube.

Pobre ejemplo le dejamos a quienes, por ser los “nietos de Perón”, tendrían que saber que la política no es un medio para enriquecerse ni servirse, para trepar y trepar.

...Los hijos de Perón seguimos creyendo que es realista pedir lo imposible; ó que podemos alcanzar las estrellas aunque estén muy altas; ó que “se puede y se debe” vivir como hermanos...

* Extraído de “Envar El Kadri. Historias del Peronismo Revolucionario”
Fuente en Internet: http://www.elortiba.org

sábado, 10 de marzo de 2012

A REZONGAR MI AMOR

¿Qué pasa cuándo la épica pasa, se acaba, se transforma en otra cosa? Hay épocas que parecen hechas para las grandes cosas, esas importantes que van a transformar todo lo que conocemos. Queremos vivir en esas épocas, porque si nos la tienen que contar es otra cuestión. La nostalgia es un sentimiento rengo.

Algo de esto está pasando. Estar en permanente cambio lo cambia todo. Llena el alma (y el tiempo libre), da la sensación de que lo urgente y lo necesario son la misma cosa. Y pasa. Siempre todo pasa.

Uno nace después de Perón, ni chiquito era cuando estaba el General. Uno nace bajo la Libertadora. ¿Qué te toca? Perder la fe que nunca se tuvo en la democracia; caricaturizar a los partidos políticos como esos comités que tienen la molestia de tener que gobernar entre dos elecciones internas por ahí, como se dijo alguna vez cuando la noche y la sinceridad se tomaban un whisky. Tampoco elegís dónde, en qué familia, en cuál barrio. Si las coordenadas se hubieran dado no te habrías perdido casi nada, ni siquiera la muerte a mediados de los setentas.

Los que vienen después ya no conocen a Perón. Leyeron (algunos) toda la historieta de los setentas porque su infancia transcurría en los ochentas. De Alfonsín poco y nada y si, mucho de Menem que también duró mucho. Son los que fueron grandes cuando llegó Néstor. Tiene mucho que ver el momento en que comienza la historia personal para comprender la Historia. Los teóricos suelen pasar de largo este detalle vivencial y entonces parece que cada generación comienza todo de nuevo. Y la verdad es que es así.

Las certezas y los convencimientos son históricos y encima, son tercamente vivenciales.

Hay un algo flotando entre nosotros como que ya está. Ya salimos del infierno; el país del dosmiluno y aún el de Menem está en algún lugar de la galaxia, pero no acá. Ese país “normal” y “serio” que prometió el primer kirchnerismo opera en el inconsciente colectivo como punto de partida de una nueva era (un pensamiento grandilocuente). Y no es así, pero andá a convencer a alguien en su fuero íntimo de semejante cosa. Es el momento que parecés un pesado o un justificador de inconsistencias del presente. O peor, un manipulador.

Ocurre también que la “épica” de este momento (y le robo un par de buenas ideas a Brienza) parece haber concluído. La “profundización del modelo” que encarnó Cristina en su primer mandato, la guerra del campo, la muerte de Néstor, la elección de octubre pasado. Todo ha pasado. Una normalidad inquietante se ha apoderado de nosotros.

No todo es como lo deseamos y no todo puede contentar a todos. De los que siempre se han opuesto ni hablar. Me refiero a los que apoyan, sobre todo a los que se plegaron en la “épica”. Cristina aparece y es sólida, no lee papelitos cuando habla y ahora habla más de tres horas. Toca todos los temas, los desmenuza, opina y también decide. Bien. Pero también se le deslizan un par de boludeces como lo de los tres meses de vacaciones y las cuatro horas de trabajo de los docentes. Apárece en el discurso un apoyo irrestricto a la minería en cualesquiera de sus formas, o parece. Como la cuestión de los transportes. Estas dos últimas no son de la categoría de la primera, pueden también ser convicciones.

¿Y qué? ¿Necesitamos mirarnos en Cristina como un espejo identitario?. Si no, ¿no sirve? ¿Hace falta hacer continuamente un detalle minucioso de lo ganado para revalorizar el presente? Yo creo que no, pero parece que hace falta. La diversidad de grises es algo poco tolerable, todo tiene que cerrar, todo tiene que encuadrar. Anhelos y realidad deben ser una misma cosa porque si no aparece la sospecha, la traición, la mentira, el escándalo, el todossonlomismo. La desilusión. Hay algo infantil y caprichoso en nuestra naturaleza. A mi me parece que hay que comenzar a admitirlo despacito.

Algunos se quejaban de la confrontación, del cambio continuo y otros de que no cambie más, del achanchamiento y la falta de asombro. La gata Flora ha hecho escuela. Y no estoy vanalizando problemas. Pero como dijo Ricardo, alguien lo tiene que decir. Lo mejor que tenemos es el pueblo, pero hay que bancarnos todos los días.

Y todo empezó con la tarjeta Sube. O con el 54,11. Existe un miedo oculto a estar de acuerdo y, a la vez, aceptar la diversidad, el desacuerdo puntual, los tiempos de cada cosa. Está el remanido tema de no tirar el agua sucia con el chico adentro, pero lo que hay que ver es que el pendejo se aferra a la palangana como un san puta.

El chico (que es el proyecto, pero también somos nosotros) tiene que querer crecer. Es el otro lado de la crítica, la queja y el saludable desacuerdo.

martes, 28 de febrero de 2012

KIRCHNERISMO (PERONISMO)

¿Qué clase de peronismo es el kirchnerismo?



Es una buena pregunta, con respuestas tentativas y múltiples (como todos los temas importantes). En la misma formulación ya uno afirma algo que es un punto de partida (ese algo que no va a discutir por principio; o da para otro debate en tal caso): el kirchnerismo es peronismo.


Me suena “levemente” gorila pensar que puede haber muchos peronismos, sobre todo porque da la posibilidad de que cada uno elija el suyo e invalide al resto (y automáticamente, como se hace en todos los casos en que lo identitario está en juego). Porque como decía Marx, “el peronismo es la síntesis de múltiples determinaciones”. Pero dejemos eso ahí.

La multiplicidad de peronismos si me parece aceptable hablando de procesos y momentos históricos, nada más. Y entonces, me parece que el kirchnerismo –sin dejar de parecerse y diferenciarse de todos esos momentos peronistas- es nuevo y único.


En principio (y pese a la coincidencia por simpatía), intuyo que no tiene mucho que ver con el “setentismo”… No están las “pautas programáticas” de Cámpora, sino un difuso “proyecto nacional” (y ya vamos a charlar un rato sobre esto si querés); no se plantea el “socialismo nacional”, seriamente al menos. La verdad es que nos estamos cuidando bastante de considerar que andamos en un camino revolucionario. ¿Y por qué será? Porque antes no había ocurrido la cacería del ’75 ni el genocidio de la dictadura, por decir un algo. Porque también le perdimos el respeto a la Revolución, a fuerza de mas de un desengaño fulero. Otro dirá que peinamos canas y nos aburguesamos… siempre hay un pelotudo q’vaser.


De los setentas este momento tiene la impronta de la defensa de los derechos humanos y el tema de los desaparecidos, de sus hijos. El rescate de la política como la única actividad humana que puede transformar la realidad social y económica. Un dejo de principios –más o menos formulados, pero no declamados al pedo- que nos recuerdan a algunas cosas imborrables de Cacho el Kadri y que, efectivamente, no fueron colgados en la puerta de la Casa Rosada.

Hay si una cuestión generacional y por ese camino, también ideológica. Y no muchas más similitudes. Las “formaciones especiales”, la JTP, el PB, y demás no tienen nada que ver con las agrupaciones de hoy en día, y esto no es un demérito sólo decir que no hay repetición de ese pasado (sin tener en cuenta muchos otros de los ochentas y noventas).


En segundo lugar y por contrapartida, el kirchnerismo coincide poco con el peronismo “ortodoxo”. No es nostálgico, y si lo es tiene un propósito que lo aleja de la efeméride y la cita de relleno. “De Perón y de Eva hay que acordarse cuando se gobierna y no en los discursos”, le escuché decir a Néstor electo y aún no asumido.

El kirchnerismo tiene al PJ como su partido de origen, lo considera imprescindible y no sólo por un cálculo ligado a la gobernabilidad. Quiere al PJ, le tira el escudito y se pone la camiseta. Pero no lo adora y lo puede dejar de lado, zamarrear, ignorar. ¿Circunstancias del liderazgo? Puede ser, pero voy más por una ambigua relación que no se puede resolver. Algo también ligado a los setentas pero con una conciencia mayor de la necesidad del aparato en el que se referencian millones. Ojo al piojo.


Pero igual, el kirchnerismo se caga en los íconos. No tiene nada que ver con las décadas del cuarenta y cincuenta, esos tangazos grabados con un rayador de fondo, los telenovelones radiofónicos, fotos cepia, malvones y madreselvas. No construye con eso y entonces choca inevitablemente con ese peronismo básico (no de “básica”) que requería sólo de una doctrina y veinte verdades. El kirchnerismo no es mejor, pero es un animal más complejo.

Uno estaba tentado a pensar (y lo dije muchas veces) que se parece enormemente –y por lo tanto es continuación directa de- al “primer peronismo”, es decir la experiencia inicial del ’45-’55. ¿Y sabés que no tanto? Ese peronismo de Perón tenía que construir un Estado Popular, relevar y planificar, tener un plan (los Quinquenales), controlar la producción y el comercio exterior (IAPI), nacionalizar sectores de la economía, construir empresas del Estado, y poner –al mismo tiempo- en valor al trabajador para equipararlo a los otros factores de poder. Todo eso.


Néstor se planteó el camino de regreso del infierno. La “reconstrucción nacional” debía hacerse teniendo en cuenta agujeros, zonas y gente que no estaba. La generación del ‘80 había abdicado hacía mucho y sus nietos vivían afuera. No había que convertir a los talleres en pequeñas industrias, sino tratar de que hubieran pequeños talleres, mientras se negociaba con la gran industria. En los cuarentas el monstruo financiero vivía en la City londinense, se calzaba el sombrero de cowboy y sobrevolaba una Europa que se hacía puré. La verdadera “guerra mundial” de estos tiempos fue la globalización, definitiva, imperceptible, sin retorno. Este es otro mundo.


El kircherismo tomó de todos lados. También del neoliberalismo. Aprendió mucho de esa malformación peronista que se conoce como “menemismo”. Y así como no se nos ocurre pensar la vida sin celular ni internet, se comprendió que hay cagadas a las que había que buscarle la vuelta para que fueran a favor. Superávit fiscal hay que tener, no hay discusión. Algo de inflación también, pero no toda la imaginable. Las cuentas son importantes (eso de “pesito a pesito se va haciendo el montoncito”). Y defendieron en los noventas el interés de la provincia (de Santa Cruz). No podían impedir Repsol, pero podían –y debían- cobrar regalías. Y así tantas cosas.


Aprendieron en el menemismo las articulaciones del poder y sus múltiples facetas. Que no se puede descuidar ninguna. Hay algo de pérdida de la inocencia; es justo decir que todos la perdimos. No sería posible pensar este momento si prescindimos de los noventas. Algo así como decir que no le debemos nada a la postmodernidad (y no por eso nos revolcamos con la miseria de los postmodernos).


Sin embargo (a no tentarse), no se trata de un “neoperonismo”. Nada que ver con esa cabizbaja supremacía del peronismo “político” frente al poder sindical, esos temas de la “doble representación” que James le atribuyó al movimiento obrero peronista (el movimiento obrero, bah), y se terminó de hacer mierda con Luder y después la “renovación” inconclusa a lo Cafiero.

El kirchnerismo demostró que arriesga para ganar (y a veces pierde), que no es pusilánime (como el neoperonismo que corrió paralelo a la generosidad trágica y romántica de la Resistencia). Juega siempre, aún cuando parece que se guarda (porque hasta ahora, no se guarda) y redobla la apuesta. En este sentido es leal obcecadamente (así como era Cámpora) porque se remite a cuestiones fundacionales (a la teoría peronista de la que sale la doctrina para la acción). No pretende reemplazar ni prescindir de Perón, sino de repensarlo (ahora que hace mucho que no está).


Inquieto y “moderno”, incorpora cuestiones de la agenda progresista. El tema de la igualdad cultural, sexual (cuando la igualdad no es económica, porque ese es un tema exclusivamente peruca). La diversidad y sus consecuencias. Han hecho una verdadera pirueta que los enaltece, conjugando peronismo doctrinario y relativismo cultural. Aunque alguno me dirá (y coincidiré) que el peronismo contiene ese relativismo a la perfección.


Eso si, tiene un problema original, como un pecado de origen. Huérfano de una tradición que fue masacrada, sin compañeros ni mayores, se tuvo que bastar a si mismo y encontrar las respuestas sin interlocutor externo. Y por lo tanto no pudo confiar en casi nadie. Llegado al “poder”, se paró como Estado. Como un “Estado de todos”, no un Estado clasista. Como el Estado que deseamos y no el que la razón nos obliga a entender. Y desde allí los problemas con la CGT y con los demás “factores de poder”. Muchos compañeros a veces (me incluyo) tememos que la relativa independencia estatal se vaya de rosca. Otros, un poco más pelotudos (que no son compañeros y si muy gorilas), ven soberbia y tendencias “totalitarias”. Tratemos de mantener el nivel de análisis en tal caso.


El kirchnerismo es peronismo explícito. Tuvo partida de nacimiento en un desastre que se corporizó como drama en el 2001. Es tributario de la crisis de representación, de la caída libre de los partidos políticos y las instituciones. Toma nota del descreimiento y también de las ganas de creer. Es la corriente política más activa, eficiente y eficaz que existe en el país.


Y para terminar por ahora, un par de palabras a nivel personal (como que lo demás lo dice montoto). Llegué al peronismo, no estaba, lo he abrazado con la cabeza y el corazón. Uno se hace cargo de toda la historia, no se elije el pedazo que se puede bancar. Y desde ahí, uno llega al kirchnerismo porque coincide tremendamente con el peronismo que supimos tener.


Sinceramiento, explicitación de contradicciones, lo concreto en una situación concreta en base a una línea. Esas cosas que es necesario tener dando vueltas para no volcar (algo tan común en nuestro país).


El kircherismo es el peronismo del siglo XXI. Y si algún compañero tiene otro que lo ponga arriba de la mesa.

viernes, 24 de febrero de 2012

AGRANDAR LA NACION

A principios de la Dictadura (1976-1983), el equipo económico que dirigía J.A. Martínez de Hoz sintetizaba sus anhelos en una publicidad muy difundida: “Achicar el Estado, es agrandar la Nación”. Y si bien el aparato estatal creado durante el primer peronismo (1946-1955) no fue desmontado entonces, si se avanzó en el desmantelamiento industrial siguiendo la lógica de reestructurar la sociedad en un ajuste estructural regresivo, con una clara hegemonía financiera. Cómo sabemos (y hay algunos que al parecer aún no se enteraron), la represión ilegal y feroz tenía como objetivo precisamente eso. Y moldear cabezas (objetivo cumplido).

Pasó el tiempo, se recuperó (como se pudo) la democracia y los vientos del “Consenso de Washington” soplaron neoliberalismo huracanado con su receta (también conocida, pero nunca está mal la reiteración): disciplina fiscal, prioridad del gasto público en educación y salud, reforma tributaria, tasas de interés positivas determinadas por el mercado, tipos de cambio competitivos, políticas comerciales liberales, mayor apertura e la inversión extranjera, privatización de empresas públicas, desregulación y protección de la propiedad privada. Y mucha guita (prestada así, “de onda”) a todos los países subdes que hicieran buena letra (como la Argentina, por decir un algo).

Y ahí nomás cae Menem con la “Ley de Emergencia Económica” y la “Reforma del Estado”, para dar el tiro de gracia a un fulano que estaba de rodillas (el país, nosotros). Completar el desmantelamiento industrial y hacer carne esa lógica que reemplazaba la producción por la dictadura de los centros financieros internacionales (el traidor siempre es un compañero, remember).

Se privatizaron la petrolera YPF, Aerolíneas Argentinas, ENTEL (teléfonos), gas del Estado, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Obras Sanitarias, los aeropuertos, el correo, la energía eléctrica, la seguridad social, dos plantas siderúrgicas, el Mercado de Hacienda de Liniers, las radios, los canales de televisión, las carreteras, los ferrocarriles.

Y dicho todo esto, vamos a las historias mínimas…

Algunos dirán que la gente pedía a gritos que se privatizara todo. No es así, pero la idea de que el Estado era un mal gerenciador y había avanzado sobre la sociedad civil, es decir, reemplazado el rol de los privados en la economía, se hizo hegemónica.

Los teléfonos eran un desquicio. Había esperas de hasta quince años para tener uno, trámites kafkianos, burocracia enfermiza. Tener una línea era una cuestión remarcable.
No se vinculaba a todo esto la lucha del gremio telefónico y la histórica Lista Marrón que planteaba la cuestión estratégica de las comunicaciones para un proyecto de liberación nacional. Sólo que los teléfonos eran difíciles de conseguir.

Nadie sabia (no se acordaban, nadie se los contó) que el Sindicato de Luz y Fuerza se cogerenciaba SEGBA (Servicios eléctricos del gran Buenos Aires) en los setentas y no le estaba yendo mal (mucho menos que su Secretario General, Oscar Smith, todavía está desaparecido por encabezar la defensa de la empresa y los trabajadores).

Que la Caja de Ahorro (junto con el INDER, Instituto Nacional de Reaseguros) establecía el precio testigo de las pólizas en el ámbito nacional y era una barrera para la voracidad de las Aseguradoras internacionales sobre un mercado de enorme importancia. La hicieron mierda desde adentro, asegurando imposibles y sacando dinero como si se tratara de una cantera para cubrir otras áreas del Estado deficitario.

Todas las semanas aparecían Neustadt (Dios no lo libere del pozo en que lo debe tener metido) y Grondona (aún no fumaba habanos en cámara) limando la cabeza de una audiencia que reproducía slogans, ideas sin mucho fundamento y un incuestionable ideario reaccionario con pretensiones de “sentido común”. El Estado es un mal administrador. Se gasta el esfuerzo de todos los argentinos en corrupción de funcionarios y políticos. Los servicios son malos. Lo privado es mejor. Los privados son dinámicos, eficientes y modernos. La competencia (entre privados) es saludable y mucho mejor que los monopolios estatales. Basura que se demostró una y mil veces como falsa, pero que aún integra el “ideario” de muchos argentinos.

Y así se entregó todo. Con la imprescindible complicidad de funcionarios (estatales), políticos, congresos y sindicalistas que venían curtiendo la onda cipaya desvergonzadamente. Muchos están todavía, …esas cosas.

Todo esto viene a cuento por estos días de tragedia y acusaciones cruzadas. Cuando se queden solos los deudos y los heridos, cuando los medios cambien la pantalla, será momento de ir viendo abajo del agua (esas que bajaban turbias).

Desde acá (este blog), claramente uno es “estatista”: todas las empresas privatizadas deben volver a la gestión estatal. Para empezar. Y ver… cómo construir un Estado serio que ponga a raya a empresarios (porque la economía está mixta y globalizada), también a sindicatos (porque a veces se nos salta la cadena) y a los políticos que traen inflación de contratos y burocracia (esos, no todos).

Uno sabe que este (estos) gobierno K agarra los problemas de a uno o de a dos, pero tiene clara la lista. No se si Cristina opina que el Estado debe tener empresas (como las tenía el Estado Peronista original), si se que fue capaz de imponer y cumplir una agenda que jamás hubiéramos soñado. No es poco.

El último elemento que me falta en esta reflexión son esas “cabezas moldeadas”. Algo así como que hay que reeducar al Soberano. Que son esos tipos y minas apiñados entre los hierros, los que vagan por la estación, esos boludos y boludas (como uno) que shoqueados frente a la cámara se indignan, lloran, se desarman y te hielan los huesos.


Saqué datos e ideas de:

"Continuidades y estrategias del neoliberalismo a 35 años del Golpe y 20 del Plan de Convertibilidad" por Arturo H. Trinelli en www.elortiba.org

www.portalplanetasedna.com.ar

sábado, 11 de febrero de 2012

SAYHUEQUE


Indio malo por mis ojos blancos

señor gaucho, compadre de mis hermanos

soy el señor de las Manzanas que vuelve.


Y la tierra era algo más que tu desierto.

No somos lo que debes perseguir

-para esclavo de tus clavos ya tienen a Jesucristo-

de nuestra sangre solo sale sangre.


Señor:

el ganado tuyo es el nuestro

nuestras las plumas y las mantas.


Viajaré hasta Buenos Ayres en el ferrocarril

O por el mar que es otro país

Y no vas a recibirme.


Yo voy a perderme entre tu gente...


Indio malo por los únicos ojos que van a verlos

la pampa es el mar en el que navegan tus huesos,

perdido e invisible.

Tus chinas

mis sirvientas

Tus mozos

mis peones.

Tu galope de malón en mis museos

ya verás, varón.


Señor gaucho:

Manzaneros somos y venimos aquí

a jurar por la República Argentina

como ciudadanos de antes,

tengo una mesa para tus oficiales,

para los colonos y los de la ciudad.

Tengo una mesa sin servir porque no tengo

qué ponerle arriba.


Setecientas lanzas traigo

y me siguen dos mil quinientos más.

Respeto traigo

derrota callo;

mi mano está tendida

¿dónde está la tuya?

Me das una tierra,

tengo aún la mía en algún lugar

¿qué vamos a hacer bajo el cielo

aún con la ley

cuando dejes de buscarme?

Ya he venido.

Se acabó la guerra

temo que no sobreviviremos a la paz.


Tengo el honor de noticiarle a ud que esta tierra

ha sido redimida

y que los parciales que aún rondan

vagan sin sus caciques y capitanejos

bandidaje pronto a ser capturado

por el bien de la República.


Señor gaucho

Jefe del país de las Manzanas

yo me he entregado.

¿Porque nunca vas a entregarte?

Volarás y no llegarán a esa Europa

Señores,

aquí están las remington y las lanzas

el alcohol, los uniformes y los documentos de identidad

las planillas con los nombres que nos han puesto.

Mi lanza colgada en una pared

para que la vean todos los turistas

y las artesanías

para que las compren todos los turistas argentinos que vendrán.


Estoy perdido entre tu gente…


Son ellos los que malonean ahora

¿no vas a hacer nada?

No voy a bajar del bronce

que los hermanos me han hecho en su corazón,

No voy a ayudarte.

Miro la pampa y el mar

miro adentro mio

y te veo.


Dios volverá huinca,

Dios que es blanco te mirará mal.

Habrá un lugar en mi toldería

para llorar

y redimir juntos esta tierra.


De otra manera.


Sayhueque se presentó en el fuerte Junín de los Andes junto a 700 indios de lanza y 2500 de chusma el 1ª de enero de 1885. Fue el último cacique pampa en rendirse en ese episodio de la barbarie argentina conocido como la “Conquista del Desierto”.

martes, 7 de febrero de 2012

ORA PRO NOBIS (que yo ya no quiero)

“¿Es que tu has matado a un hombre, niño?”

La voz del capellán en susurro atravesaba la rejilla del confesionario, y hasta podía ver brillar su diente de oro como cuando levantaba la hostia grande en la consagración. Ojos pequeños, acuosos y sin vida. Lejanos. Una pelada absoluta y el tono extranjero.

Claro que no había matado a un hombre. Quería conocer un poco acerca de la relación entre la naturaleza humana, el alcance y dimensión del perdón de Dios y el concepto trascendente de la justicia. A los ocho años. Y no. Si un hombre mata y luego se arrepiente, ¿Dios es capaz (y quiere) del perdón? La respuesta me desilusionó y fue la primera incomunicación con la Iglesia.


La religión es así. Sin embargo, a principios de junio del ´63 volví llorando a casa. “Se murió el papa”, le dije a mamá buscando su abrazo. Nos habían enseñado el luto y el valor del respeto a la muerte. Y la del Papa era la más importante. Mucho después me enteré algo más acerca de Juan XXIII y su Concilio Vaticano II (y la apertura de mis ojos hacia muchas otras ventanas).

Era un colegio lasallano, privado con aporte del estado (esa cosa que dura y dura) pero no acomodado. Se trataba de que se mezclaran las clases y las situaciones. Así tenía compañeritos de familias bien (comerciantes bien) y algún otro que venía de la villa, o de familias “disfuncionales” (es decir, aparecía la madre nada más).


El hermano Nicasio blandía la campana en su mano regordeta e imponía respeto y disciplina. Algún sopapo también. Adoctrinamiento, también. Le recuerdo el ruido de cadenas de los pecadores que bien podían andar por los pasillos de casa, el asalto de la noche y la necesidad de estar preparados para morir, la fragilidad e inutilidad de la vida humana y la fastuosidad del reino de Dios. El peligro constante del Diablo. Su ceguera de un ojo nublado, la expresión bonachona tras la ferocidad de la sotana y la figura imponente, la renguera, el pelo gris y al ras. Nos preparaba para la primera comunión dejando bien claro que era un cambio de estado, más que de vida. Pertenecíamos a la comunidad de los cristianos (católicos, que era lo mismo) por el bautismo, pero aún no éramos miembros plenos de la Iglesia. Ensayamos con hostias no consagradas y me sorprendió esa levedad que recordaba lejanamente a la masa y se disolvía al instante en la boca. No tocarla con la lengua ni con los dientes. Alguno se atragantó de los nervios. Manos juntas, se va en doble fila y se retiran por los costados en perfecto orden y silencio. Y silencio.

El que haya organizado los viernes de la confesión, debe haber sido un estratega o un ingeniero oculto bajo los hábitos. Eramos un grupo numeroso y pasábamos por interminables filas de bancos largos, de esos que tienen el apoya rodillas para rezar (y que no se debe pisar) haciendo filas, hileras, pero varias porque abastecían a cuatro o cinco confesionarios. Y así nos ibamos entrecruzando, siguiendo el turno y la dirección correspondiente al confesionario asignado. Todos sabíamos y a nadie se le ocurría preguntar nada. En la Iglesia (el edificio) no se habla en voz alta. No se habla, es lo mejor. Dios está presente en todos lados, pero en su casa mucho más. La altura, las imágenes, el aire medieval y simil piedra, los bancos, la nave central y las dos laterales más chicas, el altar mayor y los secundarios, todo eso aplasta la individualidad y la hace diminuta. El poder de Dios, sólo eso. La luz entra apenas por los vitrales desde lo alto.

Uno de los mayores problemas que recuerdo de esa primaria fue un viernes que nos comimos algunos caramelos antes de la misa y no pudimos comulgar. La culpa hizo uno de sus primeros ensayos, buscando en el tiempo mayores motivaciones para hacer nido en el alma y alimentarse de mi para siempre.

Sin embargo, no tengo recuerdos espantosos ni pesadillas con la educación religiosa, y me costó mucho entender las críticas que compartí mucho después y las marcas tortuosas que dejo todo eso en muchos niños y niñas que crecieron con la Iglesia detrás.


Me formó la Iglesia, la trato como a una vieja nodriza que enloqueció y comenzó a matar bebés. En algún lado la cobijo, como un zombi con síndrome de Estocolmo, por amor.