viernes, 9 de diciembre de 2011

MAÑANA

Ahora si, no falta nada. Mañana a las once frente al Congreso, después la salida de Cristina y Boudou con los granaderos hacia la Rosada por Av. de Mayo. La gente corriendo de valla en valla, agolpándose donde ya hay otros porque si se enciman es que está pasando alguien. Los fotógrafos corriendo atrás de los coches, tratando de ponerse a la par de esa ventanilla.

El humo del choripán haciendo tornados por entre las cabezas y los banderones. El sol que nos parte al medio y encima varios se vienen con los chicos alzados. Los que bajaron de los micros y los que salieron del subte, los que vinieron por las avenidas y los que la balconean desde las pizzerías.

Algunas fotos se repiten, pero otras no y sobre todo esas que no fueron sacadas. Estarán los que estaremos, bisnietos de aquellos fulanos de la fuente o familiares que no se veían y se agregaron después. Una gran familia que siempre se reencuentra.

Y fantasmas, también fantasmas.

Rugen los motores sobre un cielo que no es este, de todos los condenados que vuelan a la Plaza para matar al tirano. Irán y volverán todo el día como ese día de junio, y nadie los verá porque hay nubes que los tapan. No se oirán los discursos con volutas de oratoria (esos radicales y esos socialistas de antaño). El Congreso estará abierto pero a la vez en grises carros de asalto y tanquetas vendrán a cerrarlo y a pasarle CAL.

Nadie va a ver lo que estoy diciendo, seguramente. Pero no es menos cierto. Que, por ejemplo, por Callao de contramano venga bramando una columna de Luz y Fuerza con Smith adelante, y que aparezca el Gringo en la bocacalle. Banderas de aire y viento, no distingo los colores. Muchachos y pendejas de una usanza de grano grueso que se va, pelos planchados, bigotes en U invertida, vaqueros Oxford. Fotos de desaparecidos.

Por Rivadavia una marcha bajo la lluvia (que no habrá mañana). Y tras su manto de neblina, enhebra chaqueños, correntinos, lugareños con los brazos empuñando la patria bajo los capotes, desdeñando ese inglés que no entienden.

Columnas anónimas como las que si habrá. Y fulanos que cabecean para ver mejor, en los que nadie repara. El Abuelo de los chicos por un decir, que me anda de aquí para allá queriendo abarcar toda la plaza y todo el trayecto. Pensando, con la seriedad que le dan sus mostachos a lo Pellegrini que esto está bien, que al fin está bien, como aquella vez en que Perón (decía, y no se cuánto exageraba) le enseñó a andar con la cabeza alta, le hizo posible usar calzado como los bacanes, ir con su mujer de vacaciones y conocer el cine. Alza los ojos y si, siente que esta mujer se parece bastante, bastante a Evita (y baja los párpados sonriendo por la impertinencia).

Y estaremos los vivos, los que ganamos tiempo sin saber ya casi para qué y aquí estamos, recobrando el sentido (y el aliento). Los vivos, los comunes, y la gente que va de casa al trabajo y del trabajo a casa y, de tanto en tanto se para un rato a hacer historia.

No falta nada, y sabemos todo lo que falta. Allá atrás de los caballos de la fuente y agarrado a la reja, Néstor hace señas de “aguantá un poco” y se da vuelta para abrazar a alguien que lo tomará por un conocido “y el tiempo que no nos vemos, y vos acá qué alegría”.

Aguantamos. Claro. Es a nosotros que nos dice “SI, JURO”.

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