lunes, 19 de diciembre de 2011

DIECINUEVE (primera parte)

El 3 de diciembre de 2001 el gobierno de De la Rúa estableció el "corralito" (decreto 1570), que imponía serias restricciones a la libre disponibilidad de depósitos, plazos fijos y cuentas sueldo. Se trataba de contener el inevitable colapso de diez años de "convertibilidad" y sistemática destrucción de las funciones del Estado (desde la década del '30 para acá y muy especialmente el desarmado del Estado Justicialista de los cuarentas y cincuentas).

La Alianza no fue mejor que el menemismo. Impensadamente -para la mayoría de los militantes y votantes- fue su continuidad y caída. Implicó también la fase terminal de un mal progresismo que no supo qué hacer con la realidad. Veamos un poco esto, antes de hablar del 19 y el 20.

La década infame de los noventas mostró claramente que los partidos políticos sufrían de una crisis de representatividad y sobre todo, legitimidad. Carreras políticas estructuradas (con postgrados y masters) iban rapidamente reemplazando al militante de antaño. Militantes-empleados, farandulización de la acción política, irrupción de la imagen mediática por sobre el trabajo territorial. Una putrefacción paralela a la de ambitos privados, sin lugar a dudas. Un subproducto del triunfo arrollador del factor financiero sobre el factor producción.

El gobierno menemista tuvo opositores de verdad: en el ambito sindical el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) con Hugo Moyano a la cabeza, y también el naciente Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA). Paros generales, marcha y carpa blanca son hitos a recordar y no solamente la pasividad y complicidad de la CGT dirigida por Daher y los Gordos. En la política, lo nuevo fue la Comisión de los 8 y más tarde el FREPASO. No es la intención hacer la historia del agrupamiento, sólo destacar algunas cuestiones puntuales.

No era nueva la idea del "tercer partido". Una alternativa (con votos) al bipartidismo justicialista-radical, en línea con la "utopía" socialdemócrata que ya en Europa casi no se conseguía. De cómo esa perspectiva terminó de socio menor (pero muy menor) con un radicalismo desgastado y

De la Rúa como candidato, es algo que hay que preguntarle a los protagonistas privilegiados del momento: un Chacho Alvares, una Fernández Meijide, un Aníbal Ibarra, un Darío Alessandro (y paremos ahí, seguramente se pueden agregar fulanos/as).

Es cierto que el vicepresidente Chacho Alvarez había renunciado a los seis meses para ir a dar clases a la Universidad de Quilmes. Pero muchos de sus compañeros se quedaron haciendo el aguante. La salpicada también les llega, más allá de que el helicóptero de diciembre de 2001 llevara a un único y confundido pasajero.

Y atención: De la Rúa no es un tonto, o un incapaz. De la Rúa es un hijo de puta. El responsable de treinta y ocho muertes, aunque la Justicia lo haya sobreseído (y sin embargo no me caben dudas de su "falta de méritos").

Bien. Ahora hablemos del 19 y el 20…

Ensayo general de la conspiración duhaldista. Intendentes (un par que recuerdo) que avanzan atrás o al costado de turbas saqueadoras de supermercados en la ruta de la infamia conurbanera.

Y uno recuerda el más de un millón de dólares diarios durante la gobernación de Duhalde para el Fondo de Recuperación del Conurbano… Calles de tierra, sin cloacas, barriadas tapadas por el pasto alto, desocupación. Cosas que uno vió cuando hacía encuestas y almorzaba un choripán en Constitución antes de sumergirme en el sur profundo, el oeste profundo. Los pibes tomándose el yogur de la góndola, agarrando lo que podían en changuitos que salían a los pedos. Atorrantes llevándose bebidas blancas en la parte de atrás de la camioneta. Vagos que se iban con la registradora y algunos televisores. Gente que se agolpaba afuera porque decían que se iban a repartir alimentos y al final entraban levantando la cortina metálica.

Habrá habido manija conspirativa, pero también había terreno fértil para que prosperara. La gente estaba hecha mierda y eso es objetivo, no valen las excusas.

Casi una semana de incertidumbre, como que en el aire respirabas que algo malo estaba (por) pasar (pasando). Y en las barriadas se metía sigiloso el veneno del rumor, el gran terror metido por canas oscuros y personajes de avería. "Van a tomar el barrio, se vienen de más allá, esta noche van a tomar terrenos, cuiden las casas". Todos bajo sospecha. Uno se olvida un poco de los vecinos y comerciantes en la terraza de sus casas y negocios con una escopeta, palos. Las fogatas.

Cavallo hablando por la tele. Otra vez Cavallo (y lo trajo, y se lo sugirió al Presidente …) con transformar la Convertibilidad, la canasta de monedas, el blindaje. La mar en coche con más y mejor neoliberalismo en el momento que los dueños de todo te miran y dicen "bueno, te tocó perder", "fue lindo mientras duró".

A eso de las 20 nos enteramos por boca de un Presidente serio "Que han acontecido en el país actos de violencia colectiva que han provocado daños y puesto en peligro personas y bienes, con una magnitud que implica un estado de conmoción interior" y que, por lo tanto, se declaraba el Estado de Sitio (decreto 1678; http://www.lanacion.com.ar/360540-el-estado-de-sitio-regira-por-30-dias). Una figura ominosa en la historia nacional, que siempre fue usada contra el pueblo. Y esta vez, el pueblo no se lo bancó.

Miles salieron a la calle. El Cid Campeador, Congreso, distintos puntos de la ciudad de BA. Un fenómeno que se repetía en las principales ciudades del país. En ese momento, legalidad y legitimidad fueron dos términos antagónicos.

Sin embargo, la gente enfurecida no cuestionaba al gobierno constitucional como tal. Simplemente, decían a quién tuviera que (o debiera) escucharlos, que ya era demasiado. La democracia que debía curar, dar de comer y educar había dejado sus miserias a la vista de todos.

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