lunes, 29 de febrero de 2016

TRABAJADORES DEL ESTADO (tadodelestadodelestadodelesta)

A catorce día de asumido, el Presidente firmó un decreto ordenando a los nuevos responsables de la Administración Pública la revisión de los contratados en empleos estatales o que hubieren concursado en los últimos tres años. Se pensaba (una terrible ingenuidad) que se haría una especie de “auditoría”, una cuestión hasta lógica desde que se producía un cambio total de elenco gubernamental por una coalición política de distinto signo que el gobierno anterior. Eso implicaba suponer que estarían bajo la lupa los “empleos” sospechados de encubrir algún desliz administrativo, es decir, esa forma tan curiosa de bancar la política con dineros públicos (y no con dineros empresariales y/o extranjeros, como algunos creen que es lo correcto). Es decir, buscando gente que consta en un listado y labura en otro lado o no trabaja, gente que atiende un local partidario, gente que hace “comparsa” en actos. Esas cosas. Y por ahí, también se filtraba un tanto de persecución a los vencidos, un poco de revanchismo altanerizado por ser la primera vez que la derecha llegaba con votos.

No fue así, en lo más mínimo. Se le dijo (y se le seguirá diciendo) a la sociedad que el Estado estaba lleno de ñoquis, que el déficit fiscal tenía que ver con la enorme contratación de gente adicta al gobierno saliente y más precisamente a miembros de La Cámpora, esa maldita agrupación seguidora impenitente de la ex  presidenta Cristina F. de Kirchner. Entonces, barremos sin esperar informes de consultoras, sin atenernos a nada más que el afán de tirar todo por la ventana. Desguazar el Estado administrado por el kirchnerismo, lamentando los límites que impone una democracia que se puede torcer pero no violar sistemáticamente (o si, como es el caso), lamentando que esto no sea el 16 de setiembre de 1955. Lo hicieron como los tremendos gorilas que son.

Tras la “excusa ñoqui”, lo que hay en concreto es la destrucción de las políticas sociales del Estado, de las políticas concretas de control del Estado. Si la idea es achicar el mercado interno, dar vía libre a las empresas patrocinantes, endeudarse con “el mundo”, ¿de qué serviría un Estado armado como el kirchnerista?… más bien molesta, si no como impedimento del desguace (en algún caso, si) al menos como un testigo inconveniente al que hay que silenciar.

La derecha siempre viene al saqueo; son los boludos los que asaltan supermercados para tomarse el yogur o distraerse un plasma. El saqueo es como la historia argentina de la generación del Ochenta (flor de corrupta) y la Década Infame (jardines colgantes de corrupción). La deshonestidad medida en teras es de derecha. Nacieron, crecieron y se desarrollaron como ladrones.

Veinticinco mil estatales en la calle, de los cuales se pudo reinstalar apenas a cinco mil. Veinticinco mil más para fines de marzo. Los planes de exterminio del Estado Social. Y los exterminadores en sus puestos para llevar a cabo la tarea. En el medio las historias mínimas, familiares, sensibleras. Pibes que laburaban en un puesto estatal (algunos concursados), que cumplían horario, que le ponían las ganas al trabajo, que trabajaban. Que crecieron y formaron pareja, algunos con chicos ya. A la mierda. Otros, de largos años de contrato en el Estado, porque el Estado es así de hijo de puta y la administración kirchnerista (la nuestra) tampoco es que hizo demasiado para mejorar la situación del laburo precarizado del Estado, dígase claramente. Contratados de años, decía, que accedieron al bendito concurso de una vez, y a la mierda porque el concurso es K.

Sobra tilinguería en este gobierno. Sobra turréz. Allí están con cara de comulgar recién, o de volver de una fiesta cool y te bajan cifras de la necesaria “modernización”, achicamiento, refuncionalización y todas esas palabras que se usan para sacarle el trabajo a la gente.

Y hay que hacerlo rápido. Porque ahora está todo fresco, la sociedad (o gran parte de ella) mira para otro lado como ese perro del bote. Y van quedando claras algunas cosas…

La primera: la Asociación de Trabajadores del Estado ha sido el primer sindicato en hacerle un paro nacional con movilizaciones (en plural) al gobierno liberal. Es así, y quedará para la historia grande o chica.

La segunda: UPCN no se ha mostrado muy defensor del puesto de trabajo empleado del Estado en esta crucial oportunidad, más bien su dirigencia espera que alguien haga algo. Por suerte sus bases y dirigentes intermedios, no. Muchos de ellos acompañaron el reclamo.

La tercera: ATE ha sabido congregar en torno al gremio a ambas CTA (también la de la tía Michelli tras su furia sojera) y a una variopinta estela de movimientos sociales. El caso de la TUPAC con el escabroso tema de la libertad de Milagro Sala (presa política del gobierno de Cambiemos), es todo un símbolo.

La cuarta: ATE ha logrado ser un eje convocante para sectores del gremialismo enrolado en las CGT, de mucha base también. De muchos otros que no tenían cauce ni gremio tampoco. Ha logrado convocar también a los cultores del voto en blanco, que parecen haber descubierto ahora que no todos eran lo mismo.


El Gobierno debe tomar nota de este paro y movilización. El paro seguramente debe haber sido desparejo, como desparejas son las situaciones lugar por lugar. Igualmente, se han sentido sus efectos. Más aún debe tomar nota de las movilizaciones que también tuvieron un carácter nacional. Se movió gente en Córdoba, Mendoza, Salta, Neuquén, Chaco, Tucumán, Jujuy, Río Negro, Catamarca, Entre Ríos, y seguramente provincias y lugares que no estoy mencionando. Es un dato objetivo a tener muy en cuenta: carácter nacional y masivo. Eso quiere decir que pueden existir ejes de aglutinamiento y esa tarea siempre la cumplieron bien los sindicatos.

Quién lo hubiera dicho… ATE más allá de las declamaciones, era un sindicato con divisiones profundas, pedorradas, nuevas burocracias, actitudes progres hasta la exageración, hasta estupidez. Pero también capacidad de recuperación, cuadros con las ideas un poco más claras, espíritu de lucha y algo de la mística que quedó de los noventas. La convocatoria partió de la felizmente recuperada ATE Capital y se extiendió. Por suerte, es bueno tener a todos los dirigentes a la cabeza, jamás hay que renegar de la consigna imprescindible de la unidad. Y no porque uno sea un apóstol, sino porque uno no es así de boludo. Los sindicatos sin unidad no sirven para una mierda.

Y termino. Siguiendo en progresión las medidas que va tomando el Gobierno y sus efectos en el corto plazo (ni hablar del mediano), es de pensar que la cosa se va a poner tensa. Y si en febrero te salió el primer sindicato y resultó esta jornada de lucha… Este es el piso, el humor de la gente no tiene techo y eso está claro en la historia argentina reciente (de poco antes de los doce años que muchos tratan de olvidar y desmentir).



Más allá de cómo siga la cosa, le cabe a ATE el honor de haber sido el que picó en punta, el que interpretó bien a la base, el que estuvo como había que estar y cuando había que estar. No es poco. 

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