jueves, 31 de enero de 2013

MILOCHETRECE

En el veranito de Buenos Ayres se instala la Asamblea General Constituyente, fruto de muchas expectativas independentistas y de otras no tan venturosas.

El año anterior se reagruparon los post “morenistas” y con ellos, la logia de San Martín y Alvear que habían golpeado y derrocado al primer Triunvirato, por retardatario y cuasi traidor. Se juntaban los restos de la primera aventura revolucionaria (los de 1810) con estos militares de profesión, que combatieron a Napoleón bajo los estandartes de las Juntas liberales antiabsolutistas españolas. ¿Era suficiente para recuperar Mayo y profundizarlo?

En febrero la Asamblea decreta la “libertad de vientres”, por lo cual serían libres los hijos de los esclavos. La historia conservadora-liberal (que aún reina, aunque no gobierne) siempre quiso ocultar el hecho de que en el Río de la Plata la esclavitud fue una realidad hasta ese momento y por un tiempo más. Se dice: “eran esclavos de servicio”, es decir “sirvientes” lo que los acerca más a la familia (logran que no parezcan gente sin libertad ni consideración social).

San Martín estrena granaderos en San Lorenzo con una victoria. Y otro grande, Belgrano se lleva puestos a los realistas en la batalla de Salta (es el próximo feriado de los “bicentenarios”, el 20 de febrero).

Pero no todo va bien (y comienzo a responder la pregunta del primer párrafo): Buenos Aires rechaza a los diputados que por la Banda Oriental envía Artigas. Lo que venían a decir (proponer/votar/ganar) era sencillamente la declaración inmediata de la independencia absoluta de las colonias (porque éramos una colonia, o varias colonias); la no admisión de otro sistema que no fuera una confederación como pacto recíproco de las Provincias que formarían el Estado; la conformación de un  Gobierno Supremo de la Nación que sólo se ocupara de los negocios generales del Estado; y -entre otras muchas cosas importantes- que el Gobierno General no residiera en Buenos Aires. Esta claro que los políticos-comerciantes de BA (monopolistas primero, librecambistas cuando les convino) conocían a Artígas, odiaban la idea federalista y no tuvieron problema en rechazar a los delegados sin más (total ya se preparaban para abandonar a la Banda Oriental a su suerte).

Y la Asamblea sigue: extinción de todo tributo sobre comunidades originarias junto al reconocimiento de su libertad e igualdad de derechos (que quedó en los pelpas); extinción de títulos nobiliarios y anulación de uso de emblemas de tales en las fachadas de las casas (cacerolazo urgente para su devolución); abolición de la Inquisición y prohibición de tormentos, con quema de instrumentos de tortura en la plaza pública (y habría que haber puesto en la pira a Lugones para que no naciera nunca su hijo Polo, inventor de la picana); sanción de obligaciones fiscales establecidas de modo progresivo en función de los ingresos recibidos (y algún día la AFIP lo va a lograr); aplicación de empréstitos forzosos a los capitalistas para cubrir las necesidades del Estado (¡vamo’  lasamblea!); libertades de pensamiento, religioso, de prensa; cumplimiento de obligaciones fiscales por parte de prelados y traspaso de casas hospitalarias en poder de la Iglesia a manos seculares. Y la lista es larga, los leguleyos suelen escribir mucho y más en estos casos solemnes.

Los frentes son muchos. Uno está en Buenos Aires en su clase mercantil acomodada que maneja dinero, tropas y relaciones (no les falta casi nada, solo patriotismo).
Otro en el Norte. Belgrano entra en Potosí como ejército libertador, pero hacia fin de año se suceden las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma y se pierden las provincias altoperuanas. El Norte es godo y amenaza.

Por otra parte los realistas de Montevideo reciben refuerzos de la metrópoli. Uno junta esto con el desprecio hecho por Buenos Aires a Artigas y bueno, se complica.

Mientras, España queda libre de tropas francesas y se avisora la vuelta al trono del Borbón Fernando, que no será ese rey que imaginaron los juntistas españoles sino un triste remedo del absolutismo de sus antiguos primos franceses caídos en desgracia.

La Asamblea resuelve no declarar la independencia. Al menos decide que los funcionarios no juren por Fernando VII, ordenan preparar una marcha patriótica y que en el sello aparezca un escudo. Y la moneda, que no es poco. Pero no es lo que debía hacer.

No, no era suficiente. Moreno ya no estaba, Castelli tampoco, Belgrano estaba lejos y en problemas. A San Martín pronto se lo sacarían de encima, al menos de BA. En poco tiempo, la “revolución” va a parecer una causa perdida y en dos años, para 1815, casi liquidada en manos de un Alvear que se volvería “pragmático” y “sensato”.

Para algunos la Asamblea es un “paso más en la búsqueda de la libertad”, otros la ven como una frustración. Seguramente, para el grupo revolucionario morenista y los de la Logia fue una frustración. De ahí a decir que fue una completa victoria de los intereses comerciales de BA, también hay un trecho. Pero algo de eso hubo.

La verdad es que casi nunca hay solamente dos bandos, suele haber más (que en momentos cruciales se colocan en una y otra posición y ahí si que son solamente dos). Y falta ver aún, cuánto de la “lógica colonial”  ha sobrevivido en el imaginario colectivo, cuantos “no se puede”, “mejor ahora no”, “pensémoslo bien”, “hay que ver primero quién gana”.

Y si después de doscientos años todavía tenemos Patria es porque algunos (no todos) “en algo andaban” y “algo habrán hecho”. Menos mal. 

Datos tomados de www.pais-global.com.ar; www.infonews.com.ar; y www.lagazeta.com.ar. La argumentación y las opiniones son del quía que firma.

lunes, 21 de enero de 2013

EL AMIGO AMERICANO

Un nombre común. Tenía un compañero de secundaria que se apellidaba igual. Son cuestiones como la de invasión, el mestizaje, el colonialismo, la inmigración, la nación. La pasión. 

Nombre común, que después uno se entera que es compuesto y parece más importante; como lo van a ser todos los de acá, ahora que la ley dice que el apellido materno no debe perderse.
Pero la cara. Pero el uniforme. "Pero" por derecha, "pero" por izquierda. 
Golpista, ya sabía yo. Desconfiar, que no tenemos cien años se asambleas al pedo, desconfiar siempre. Y mi otro yo dice: ¿fue o no fue San Martín el que le hizo un golpe al Segundo Triunvirato? Estos milicos. 
Fuerzas especiales, entrenamiento especial. Ojoooo. 
El golpe no salió (oia, no parece milico) y el fulano va preso. Por suerte no dice “la historia me absolverá”. Se presenta a elecciones en un país desgastado de tanta democracia “pactada”. Gana.
Charlotea mucho, adjetiva mucho; floreo de esos floreos que la burocracia colonial hispana sabe bien. Es barroco para hablar pero habla fácil. Habla lindo. Mucha consigna eso si, mucho martaharnecker dios mío. Otra vez no, mirá que la segunda es como farsa.
Mira que la peor pesadilla es que venga uno a cumplir tus sueños.
¿Será? Naaa. Milico.
Populismo, eso es. Ajá, eso es. Y uno sabe que “populismo” es como el conquistador (el colonialista) designa al Cuco (ese cuco vengador de pesadillas varias, tal vez resto de conciencia, tal vez una parva de miedo). Entonces…
Golpe, ahora si. Pero se lo dan a él. Va preso, renuncia (y van…). No renuncia. Lo rescatan. La gente va y lo rescata. Los milicos se recuperan y lo terminan de rescatar. ¿Qué pasó? Algo había de un golpista al que le dan después un golpe y el pueblo lo rescata…
Bolívar. Bolivariana. Bolivar. La espada. 
No se deja tranquilos a los grandes muertos y el padre Bolívar es un muerto glorioso pero también un muerto derrotado. Blande la espada, habla de la espada, filo, contrafilo y caricia. Es raro.
Es raro. Petróleo, y mucho. Hay plata y no se va para el mismo lado de siempre. Se cae para abajo, y no es derrame. Esta vez. Organización abajo (de abajo).
Está solo por un tiempo, hablando de una América que no existía (pero que ahora si). Empezó él y notó la soledad inmensa de la isla verde, a la que tanto se le debe. 
Y vino acá. No se conocían pero planearon juntos y nuestro animal se lo llevó al Sur, pero esta vez si bien el Sur. Arreglaron, congeniaron, confabularon, diseñaron. Se puede. 
Mucho para decir. Y uno lo vió en Mar del Plata con eso de alcaalcaalcarajo. Qué suerte que es milico, así vi uno vivo que valía la pena. Habla, canta, susurra, chistea, recomienza mil veces, inagotablemente habla y llueve sin parar. 
Y acá iba a haber crisis energética (si nos dejaron el culo hecho un colador). Pero no hubo, o no fue para tanto. Vino energía amarilla, roja, azul y también dólares color bolivariano fuerte. No era viento de cola, no, pero tampoco es que fue sin ayuda. Entiendo que es muy triste para el altivo culorroto (vecinos míos todos seguramente) pensar que le debe al menos un “gracias”. Ojalá llegara a pensar todo lo que le debe (habría que encargarse que no se pueda arreglar con un “gracias” y menos con esa cara de orto que ponen ante cualquier cosa que sea sospechosa de popular).
Bien. Señores, pasaron algunos años y los de acá sabemos lo que es el dolor, el dolor tremendo de que se te vaya un indispensable antes de tiempo (sobre todo si el tiempo es esa eternidad que creemos necesitar siempre). Sabemos, algunos sabemos bien. 
A esta altura de la suaré no vamos a andar con boludeces. Ni con análisis políticos, geopolíticos, blablá blablá. Mire, la verdá es que a mi me gustaría que vuelva. Que se cure del todo (o de lo peor, de eso que mi tía pobre no nombraba por las dudas) y vuelva. Aunque no pueda gobernar. Me doy ese lujo, calculo que un venezolano no pensará tan ligeramente igual. Sabe lo que daría por tener al Otro acá, metiendo la cola cada tanto, mirando para un lado y para otro, que el viento le vuele el saco y entre todos lo despeinemos, sabe cómo querría…
Por eso, Comandante Hugo Chávez Frías, gracias. Por todo.
Pero vuelva, ¿si?.

Pasa que nosotros a los nuestros los queremos.

viernes, 18 de enero de 2013

Y EL MUNDO DEL MAÑANA

En 2012 los mayas no lograron terminar con el planeta, pero fue un año duro. El enorme andamiaje de un furioso ultra capitalismo financiero crujió y en algunos lugares se va desplomando, sin que ello signifique el colapso del sistema ni mucho menos. Suelen colapsar los sectores más desprotegidos de las sociedades mucho antes que los intereses del capital (en el primer mundo también).

“La clave del año (2013, aclaro) será la sostenibilidad del nuevo modelo económico impulsado por China y Sudamérica, que está comenzando a predominar en el mundo, luego de la crisis iniciada en 2008”. Según los recontraortodoxos economistas que escriben en la revista The Economist, se tata de “…el nuevo modelo de capitalismo de Estado”. (…) “…el auge del llamado capitalismo de Estado (China, Brasil, Venezuela, Sudáfrica, Argentina, Ecuador, Bolivia, etc) ha sido resultado de una década inusual y que ha llegado a su límite”. Pero pese a que todo se va al carajo y paradójicamente, estos “especialistas” del neoliberalismo, estiman “…que el nuevo modelo se sostendrá”.

La nota aparecida en el periódico Miradas al Sur no tiene desperdicio, a pesar de que se refiere a la representación del Sindicalismo y las nuevas bases de trabajadores y no a un modelo económico como pretendo aquí.

Y sigue:
“El principal dato del 2012 en Argentina es que, pese a la crisis, el desempleo casi no aumentó, las paritarias no fueron suspendidas y el gasto público no fue reducido. Se trata de una respuesta a la crisis que se ha hecho habitual y hasta parece ‘normal’, pero que no tiene nada de ‘normal’ y es obviamente fruto del predominio de la política sobre la economía. Despedir era casi un reflejo automático del empresariado a la primera nube y era parte de una cultura fomentada por las famosas leyes que ‘flexibilizaban’ el despido, la última de las cuales fue la Ley Banelco que obtuvo la Alianza sobornando al Senado. Los que piden volver al FMI tienen que saber (lo saben) que entre otras cosas el FMI va a volver a exigir que Argentina restablezca la cultura política y empresarial de despedir”.

Varias cosas por decir… Es cierto que está alumbrando otra manera de transitar el sistema capitalista, una que tiene que ver con reglas (con algunas reglas, pero lo nuevo es que vienen con el propósito de que se cumplan y la curiosa idea de que es el Estado el encargado de velar por semejante cuestión) y redistribución. Dice más arriba que eso ocurre porque la política dirige la economía. Bueno, siempre es así, sólo que a veces la “política” de hace invisible y se traviste de “economía”.

Lo que no me gusta es eso del “llamado capitalismo de Estado”. No es ninguna novedad y si bien es comprobable que –desde Néstor K en 2003- Argentina cambió de esquema económico, eso no significa que no sea aún rehén del neoliberalismo en muchos aspectos. No hay un “capitalismo bueno”, si tal vez un capitalismo “mejor” (en comparación con). Entiendo que se designa así a una nueva realidad en el ámbito internacional, como alternativa a un viejo bloque que se autoproclamaba “primer mundo”, hoy los de la crisis. Insisto, los de la crisis son los pueblos, los que están en la cima financiera de esas sociedades la pasan fantástico, se adaptan y siguen (total no viven de un sueldo como los pelotudos).

Nuevo modelo alternativo, entendiendo por ello “superador”, será cuando podamos plantearnos algún tipo de socialismo nacional que al menos introduzca otro concepto de propiedad y otras maneras sociales de apropiación de bienes y servicios que produce toda la sociedad. Pero por ahora, la variante “inclusiva” que nos acerque al concepto de justicia social es alentadora.

Y hay más:
“El verdadero peligro para el modelo sudamericano es la primarización, impulsada por los tratados de librecomercio. La exportación de materias primas a precios justos –por primera vez en la historia de América Latina- es fundamental para terminar la historia de saqueo y descapitalización de Sudamérica, pero es incapaz por si misma de crear suficientes empleos decentes para terminar con la exclusión. Se necesita redoblar la política de integración sudamericana, para conformar un espacio económico ‘interno’ capaz de sostener un camino de industrialización y valor agregado creciente, sostenido por el desarrollo autónomo de la ciencia y la tecnología”.

Clarito, clarito. De esto se habla en la política real y esto es lo que importa. Sabemos que el desarrollo no se puede apuntalar solamente con el bum (como las papafritas) de la soja. Consolidar el mercado interno ampliado (ampliado en estos diez años, a ver si queda claro; aunque habría que decir “justiciado” más que “ampliado”, porque están empezando a consumir y/o consumir más los que habían sido despojados de la capacidad de consumo). Pero también -y complementariamente- crear y consolidar un mercado ‘interno’ regional, entendiendo ‘regional’ por Latinoamérica. En este sentido hay que vincular la necesidad de abrir nuevos mercados con países no tradicionales (no del “primer mundo”), que es exactamente lo que está haciendo la delegación argentina en los Emiratos Arabes Unidos, Indonesia y Vietnam en estos momentos (con la Presidenta a la cabeza y el armado indispensable de Guillermo Moreno).

No es fácil abrir mercados, cuesta tiempo, dinero; tiene que ver con relaciones personales. El Estado hace de vanguardia llevando tras de si al empresariado. Bien, es lo que hay que hacer. Los frutos se ven a mediano plazo, no menos (y eso lo sabe cualquiera que conozca un algo sobre el tema).

Reemplazar gradualmente la exportación de productos primarios (aún primarios elaborados) por una producción con un alto contenido de valor agregado. Otro objetivo que se logra con políticas de largo aliento (y un Estado popular de largo aliento sobre todo). Y todo para lograr una continua y virtuosa cadena de generación de empleo “decente” (en blanco y con todo lo que tiene que tener), que es objetivo y a la vez causa de desarrollo.

Y dejemos entonces que los boludos se ocupen de titular/comentar el lujo de los hoteles, la muñeka, los asados, la rentabilidad inmediata de hacer negocios como si se tratara de poner una heladería en enero.

No va a ser fácil salir de la mortaja neoliberal, sobre todo cuando encontraron la manera de mezclarla con el ADN de una parte del pueblo. Maldición de Malinche renovada una y otra vez, de la misma manera que los antídotos (¿anticuerpos?) aparecen y las ideas aparecen.

La magia (la mística) de los pueblos también es muy importante.


Las citas son de “Sindicalismo: el desafío de representar a los nuevos incluídos” por Alberto Pepe Robles, Director de Investigaciones del Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio”; Miradas al Sur del domingo 13-01-2013.



lunes, 14 de enero de 2013

O BARBARIE

Casi siempre, los chicos eligen ser indios, no soldados. Generalmente, seguro que no siempre. Supe de una nena que se empacó mal porque la maestra no la dejó ser cacique, así de serio puede ser. 

Pero después vienen los monumentos ecuestres en bronce, muchos de ellos de famosos asesinos seriales como Roca por ejemplo. Hagamos justicia, por más que no me guste, Marín Rodríguez y Rosas tienen sus trapos sucios en esto, aunque en la época los “pueblos originarios” fueran indios patasucia que era mejor erradicar o al menos ir corriendo hasta el mar o hasta donde fuera, pero lejos. Los huincas hemos llegado a ser gente jodida, y nos alcanza el genérico por más buenas intenciones que supongamos tener (“huinca” era cómo designaban los nativos –de verdad- a los “cristianos”, “blancos”, “ladrones”; quien podría culparlos ya que las tres cosas eran verdad).
Hasta ciertas ramas de la izquierda bienpensante (es decir, europea, por más criolla que se creyera) supieron hacer desaparecer al “indio” tras los disfraces del campesino y el obrero, diluyendo la condición étnico-cultural para poner sobre la mesa una lavada (correcta) ubicación en la estructura social. Pasaban a ser parte de los explotados sin más, y de paso se borraba todo lo demás que señalaba(acusaba) a la “civilización” positivista. Y agrego algo más (ya que nos fuimos un poco al carajo): la cruel persecución al desdichado Mariátegui por parte del Comintern latinoamericano (sucursal imperial del PCUS stalinista) por haber concebido al indígena peruano como el sujeto revolucionario (en lugar de la clase obrera, sacrilegio que indicaba inequívocamente una herejía desviacionista). Pero dejemos esto.
Y vamos a lo nuestro (que siempre es incómodo). “La comunidad qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera) de Formosa amaneció ayer con otra muerte, la tercera en un mes. Juan Díaz Asijak, de 16 años y sobrino del líder Félix Díaz, falleció luego de cuatro días de internación. ‘La policía me dio que mi hijo estaba ebrio y tuvo un accidente en la moto. No le creemos. Y los médicos nos dijeron que fue una golpiza’, denunció Pablo Asijak y alertó: ‘Nos matan por nuestra lucha por la tierra’. El gobierno provincial sostuvo que se trató de un ‘accidente vial, lo que se diga en contrario son falacias”.
(…) “En junio de 2010 la comunidad decidió un corte por tiempo indeterminado en la ruta 86 por reclamo de tierras ancestrales. El 23 de noviembre de 2010, la policía reprimió el corte. Asesinaron al abuelo qom Roberto López. Un día después fue atropellado Mario López, dirigente del pueblo pilagá. Murió atropellado por un oficial de policía cuando se dirigía a solidarizarse con la comunidad La Primavera.”
“El 28 de junio pasado, a la noche una patota atacó a Abelardo Díaz, hijo de Félix Díaz.”
(…) “El 9 de agosto fue el turno de Félix Díaz, en la ruta, cuando circulaba en ciclomotor y una camioneta se le fue encima. Siete puntos en la frente, fuertes golpes en el brazo, piernas y pecho. La camioneta no se detuvo.”
“Lila Coyipé, de 10 meses y Celestina Jara, su abuela, de 49 años, murieron luego de ser atropelladas por un gendarme el 9 de diciembre pasado. Ricardo Coyipé, también atropellado, había denunciado que ‘no fue accidente, lo hizo a propósito.” (…) “…la versión policial y del gobierno fue de ‘accidente”.
“La semana pasada, en Laguna Blanca, una patota golpeó a Omar Avalos, de la comunidad La Primavera.” (…) “…los atacantes los acusaban de ser opositores al gobierno provincial. No hubo detenidos.”
Otro ejemplo de estos días (para establecer algún contraste): “En el marco de la investigación de la muerte del niño qom en Villa Bermejito (Chaco; nota mía), la fiscal Raquel Maldonado dispuso la detención de otras dos personas, hermanos de Saturnino Franco, quien hasta ayer era el único detenido.”
“De acuerdo con la denuncia de los familiares del niño Iber Flores, cuyo cadáver fue hallado el sábado a la mañana, esta familia tendría antecedentes en ataques a integrantes de la comunidad qom de esa localidad.”
(…) “El chico apareció muerto con fuertes golpes en el cráneo y en la cara. Los padres de Iber y dirigentes de su comunidad fueron recibidos el miércoles por el gobernador Jorge Capitanich, quien les prometió que la provincia sería querellante en la causa.”
Dirigentes golpeados, miembros de comunidades asesinados por policías y gendarmes, el gobierno formoseño lavándose las manos una vez más (en las últimas horas se supo que se iniciaría una investigación ya que parece que la “convicción” de que se trató de un “accidente” está muy cuestionada). Lo último fue pesado: chicos patoteados/asesinados. Mucho y durante mucho tiempo.
Desde el ciclo inaugurado en 2003 (los gobiernos K) se comenzó un trabajo en profundidad para delimitar áreas reclamadas por las comunidades indígenas y destrabar el cumplimiento de tantas cosas que dice la Constitución (la reformada) sobre los derechos de los pueblos originarios. El tema no es sencillo, porque siempre la realidad supera edulcorada ficción de las declaraciones y las buenas intenciones. Ya volveré sobre esto más adelante y con información de primera mano.
La verdadera “barbarie” es blanca, la de la civilización hipócrita que nos toca a todos. Hay que hacerse cargo de toda la historia (también de ese famoso y triste Malón de la Paz de 1946), es la única manera. Aceptar que los indios son los “otros” y que ellos tienen sus propias ideas acerca de la inclusión.
Y –por ahora- como dice la nena que quería ser cacique: he dicho.
* Las citas son de “Piden investigar la muerte de un jóven qom” por Darío Aranda, Página 12 del 11-01-2013, pág. 17.

viernes, 11 de enero de 2013

CARANCHEANDO

En otra época se las tomaban a Montevideo. Una vez, desde allí se las arreglaron para meterse a la cola del imperio del Brasil e invadir el propio país, eso si, en aras de un objetivo trascendente como era el de liberar a la Patria de la “sangrienta dictadura” de Rosas. Qué cosa, siempre se encuentra algún alto ideal, la defensa de “sagrados” valores, la salvación de la libertad, pero el método no cambia demasiado: siempre se arrima hacia el lado de los poderosos o la cuasi traición a la Patria.

Pero ahora se quedan acá (más allá de esporádicas salidas de negocio/placer). Las soluciones que encuentran a los problemas son también casi siempre las mismas. Hay que pagar a los “fondos buitres” por eso de que hay que honrar las deudas (el presidente Avellaneda había dicho “hasta con el hambre de los argentinos”). Decir “buitres” es otra expresión peyorativa que la gente de bien no tiene por qué compartir y menos usar. Demás está decir que importa bien poco que un 95% de los acreedores de la Argentina hayan aceptado quita y reprogramación de los pagos. Claro, se lo aceptaron a Néstor y después lo volvió a negociar Boudou, bajo mando de Cristina. Tampoco importa que ese altísimo porcentaje esté compuesto por bancos, empresas de países del primer mundo, defensores a rajatabla del capitalismo del que ellos se sienten amorosos cruzados. En este caso, vale sólo ese 5% de negociantes itinerantes que andan a la caza de oportunidades (como esos que entregan tarjetitas en hospitales y tragedias). Será que se parecen.

Algunos han llegado al colmo de proponer cuentas bancarias para recaudar los fondos necesarios para pagar esa supuesta “deuda” del honor argentino. Miserables que, como esos criminales de novela negra, pretenden volver al lugar del crimen y encontrarse con la víctima (y que colabore). Son diputados, políticos, uno piensa que debieran al menos tener un sentimiento que rozara, tendiera a, supusiera, intuyera algo cercano al patriotismo. Pero no.

Son de diversa calaña, para qué andar contando sobre todos. Apuestan mal, se equivocan en los diagnósticos, no conocen ni de casualidad al pueblo (no saben, por ejemplo, que “habitantes” no es sinónimo de “pueblo”) y por eso mismo imaginan escenarios que finalmente no se dan (y lo que se da es todo lo contrario).

Aún no lograron que el dólar esté a $ 10 y eso que vienen tratando desde el 2003. No pudieron estabilizar ni disparar una hiperinflación (eso sólo les sale cuando gobiernan ellos). No pueden hacer que los argentinos se vean reflejados en el “campo” como en un espejo. Ni siquiera saben organizar bien un “saqueo”. Y no pueden, de ninguna manera, convencer a nadie (al menos no a la mayoría) de que “los valores” están por encima del “bienestar”.

El viejo tema –se me ocurre, sólo porque soy un jodido- de la Libertad vs Igualdad. Dilema liberal de primer orden, que fuera solucionado de sobra por el Peronismo. Sería algo así como: nivelados los sectores sociales (no jodamos con las “clases” en este tramo), para decirlo más concretamente -como a Evita le gustaría- elevados los trabajadores y los humildes por sobre el resto porque venían muy de atrás, y cuando todos pueden sentarse más o menos “de igual a igual” en la mesa. Es decir, con los mismos derechos sociales/políticos/económicos, con poder adquisitivo (proporcional a cada uno, esto no es igualitarismo duro) real, entonces ahí puede empezar el reino de la “Libertad”. Igualdad/Libertad son una misma palabra que se dice de dos maneras diferentes. Eso de contraponerlas es cosa de liberales, unitarios e hijos de puta. Hasta acá, ¿támo? ... bien.

Pero para ellos no es así (siempre tan librepensadores, tan diferentes, tan que no estoy de acuerdo nunca). Los “valores” como la libertad, democracia y otros (total en boca de ellos todo pierde significado real y pasa a tener significado ficcional) vienen a cubrir libertad de empresa (mentira también: son los privilegios de algunas empresas más poderosas), subordinación de la mayoría a la minoría (y eso si es una dictadura), subordinación a intereses extra-anti nacionales (como la curiosa manera de “pagar” la deuda por ejemplo). Uno diría que son traidores y una extensa ristra de adjetivos-insultos. La verdad es que son cagones, muy cagones. Fijése si no, que antes andaban pidiendo que una patota (esas “patotas cívico-militares”) te golpee, secuestre, picanee, te tire al mar con cemento en los pies.

Y están también esos otros que no son culpables de nada, los que se bañan en el Jordán todos los días, los “puros” de toda pureza. Y eso porque se autoproclaman “socialistas”, como si decirse fuera serlo. Y que me perdonen por un momento los socialistas de verdad. De estos truchos hay muchos, los que se dan lustre y trabajan de “izquierdistas” como quién ha puesto una florería enfrente de un cementerio.

Pero entonces: ¿somos los únicos buenos? ¿habrá que pensar como nosotros? ¿es cierto que si hacés una crítica o tenés pensamiento propio son un gorila y un turro? Así no somos nosotros, pero si nuestro cliché. Por supuesto que si piensan como nosotros, mucho mejor. Pero la verdad es que todos estos "opositores" trabajan para nosotros. Son tan desastrosos y meten tanto miedo (también miedo a su incapacidad manifiesta para gobernar) que aún los que nos desconfían nos terminan votando. Al menos así fue hasta ahora.

Yo quisiera, la verdad,  que esta puta derecha se hundiera, que dejara de ser un ave rapaz sobrevolando mi Patria, no tener que temer que todo se vaya al carajo si no estamos: que no peligre de nuevo YPF, que no se vuelvan a afanar la plata de la Seguridad Social, que no hipotequen generaciones de argentinos ni nos aten otra vez al FMI, que no levanten los ramales de trenes que se pudieron recuperar, que no se queden sin jubilación los que tienen patrones chorros que no les hacen los aportes, que no devuelvan la ESMA ni hagan un monumento a Videla y Massera, que no impidan que se case el que quiera con quien quiera, que no se pierdan puestos de trabajo, que no deje de haber paritarias, que haya una ley que impida los monopolios en los medios de comunicación y en todo, que los científicos no se tengan que ir de nuevo. Y más, porque es mucho lo que se hizo/hicimos los argentinos desde el 2003.
Y tampoco quiero la sombra de ese vuelo negro porque quiero más cosas (que todavía no están, pero que es posible desear y realizar): que la minería sea una actividad industrial cuidada para sus trabajadores y el ambiente, que Monsanto se vaya a la mierda, que los géneros sean iguales y respetados, que no haya más gatillo fácil, que la Policía no pueda ser acusada de “narco” ni de “trata” (porque se liberaron de esos estigmas), que vuelvan los trenes del Estado (y sean muchos), que tributen más los que más tienen, un plan Procrear multiplicado, la victoria tras pelear una guerra contra la pobreza (y no contra los pobres). El orgullo por ver un desfile militar. Y más, siempre más.

Mis hijos tienen críticas, sus amigos, nosotros mismos. ¿O de qué hablamos en la sobremesa entre compañeros? Un proyecto se construye discutiendo, disintiendo también, pero tiene que haber una conducción y decisiones. El asunto es que acá hay las dos cosas, digo para los que se dicen de “adentro” pero se la pasan despotricando cuando alguna medida los perjudica un poco. Porque hay de todo en la viña del señor.

Y claro que hacen falta críticos adentro (y si querés también al costado, o de frente) que nos corran por izquierda, pero sin abrazarse enseguida con los enemigos de la Patria.

martes, 8 de enero de 2013

EN POBLADO Y EN BANDA



La pregunta es: ¿por qué no salen de comprar?

Todos sabemos que esta es una foto de los “saqueos” de diciembre de 2012. Pero primero despejemos un poco la mesa: se llevan “plasmas” (LCD, HD, LED) y no comida (y si buscás, vas a encontrar otras fotos con gente que se lleva comida); están encapuchados, está “armado”, organizado. Si. Hubo instigadores, cómplices y también frustrados beneficiarios (políticos) de una generalización del descontrol que no ocurrió. Hay procesos abiertos con sospechosos, incriminados, detenidos. Muchos irán a juicio en algún momento. Alguno que otro será condenado por robo en poblado y en banda, destrucción de la propiedad, y otras calificaciones que desconozco. Y si, es lógico y licito que la democracia actual se autodefienda, tiene leyes a mano para eso. 
Está también eso otro de la “conspiración” que tiene tantos padres y madres como imaginación el opinador (y grado de paranoia). Pero sin exagerar, los rasgos conspirativos fueron a trazo grueso. Cómo para no notarlo. Después valen también las consideraciones de situaciones locales, internas cruzadas, territorializadas, revanchas, vendettas (¿es casual que haya habido muertos en Rosario, epicentro de las denuncias de narcotráfico policial?).
Son todas cosas aparte para quedarme sólo con la cuestión del principio: ¿por qué no salen de comprar?, preguntado en profundidad y sin la respuesta fácil incriminadora que lleva a un calificativo polisémico: porque son lúmpenes. Y “lúmpenes” es también una palabreja de gatillo fácil: dispara al bulto y disipa en el humo de la descarga la responsabilidad colectiva. Oh, oh, qué estamos diciendo… Hagamos un recorrido rápido: lumpen vs trabajador (prolijo, disciplinado, conciente de su rol); lumpen como divorciado de buenas costumbres, familia, sanidad, educación (cultura, sobre todo cultura). Lumpen como inadaptado social. Un candidato a la segregación finalmente aceptada, casi como un acto de justicia o autodefensa (del cuerpo social). Y también es lumpen la mano de obra barata para la desestabilización (como señala el caso). Incorregible, simiesca, drogona. Le cabe todo. 
Sin embargo, se puede decir (acorde con los clichés de la época): nadie nace lumpen. Y no, porque producir lumpenaje sale mucha plata y ocupa mucho tiempo.
Es difícil que varias generaciones humildes puedan mantener la coherencia espiritual (y los valores de buena sociedad burguesa y liberal, todo esto dicho sin sorna ni sarcasmo) durante tanto tiempo de desastre. Y en esta frase, dos cosas: hay que hablar de esos tiempos y del desastre. 
Los tiempos: me tienta decir que los frutos de la promovida Argentina Peronista se vieron confirmados en la bonanza económica de los trabajadores de los sesentas (políticamente, todo para el carajo), justamente de esos “mejores pagos” que iban a hacer el “Cordobazo” por ejemplo. En los setentas esa sociedad se comenzó a desmontar, a desmembrar, y bien puede incluirse el fenómeno en un río tumultuoso que se llevaba puesta la seguridad social como víctima sacrificial en el altar del mercado neoliberal. Así las cosas, así el mundo (cuanto peor, peor). Golpe, dictadura, democracia vigilada, democracia desfachatada, democracia hipócrita, dosmiluno. Es la secuencia temporal del desastre. 
El desastre: agujeros, como en un bombardeo, agujeros que se abrieron y se tragaron las casas, los trabajos, la educación pública, las obras sociales, la “cultura del trabajo”, la vida de miles y miles de fulanos. No era daño colateral, eran los blancos fijos. La teoría del “ejército de reserva” para regular el precio de la fuerza de trabajo se fue a la mierda y se cambió por “población sobrante”. Sobraban, así como había “provincias inviables”. 
Claro que no fue como con los desaparecidos. Estos hijos de la desgracia quedaron vivos vagando por los barrios, juntándose alrededor de una birra, sin ver jamás a papá, a mamá y al tío salir a laburar. Peleas, separaciones, vergüenza. Trabajadores humillados que ante el encuestador (por un decir) admitían que eran “amos de casa” porque la patrona había pegado unas horas limpiando casas de familia (no sabían mucho de la cuestión de género, la humillación era tan real, había que verlo en sus ojos). 
Por supuesto que muchos, muchísimos la remaron con la dignidad que tal vez les llegó más entera y no se hicieron chorros, ni dilers (se escribe de otra manera pero qué). La inseguridad social apadrinó ejemplarmente la “inseguridad” de la propiedad, sin que esto signifique establecer un causa-consecuencia (pero no boludeemos).
Nadie nace lúmpen, son decisiones políticas tomadas en el más alto nivel lo que produce la lumpenización de la sociedad, la economía y la política. Y acá esto se hizo en muchos años. No se con qué cara de pelotudo se puede creer que vivimos en un país “normal” y quejarse como si de repente la sociedad perfecta que teníamos se hubiera hecho mierda por la “corrupción”, la “violencia” u otras palabras que parecieran tener un sentido explicativo per se. Atrás de cada una de ellas hay relaciones sociales, malas relaciones sociales que cuentan como una parte minoritaria de la población (de aquí y de afuera) se fueron quedando con la vida, el destino y los proyectos del resto. 
Y ahora demos otra vuelta de tuerca más a esto. Si los de la foto salieran de comprar lo que llevan en los changuitos querría decir que sus ingresos les permitieron consumir más y consumir otros bienes. Bienes de confort y diversión por ejemplo. Como que más de la mitad de la población se vaya de vacaciones en verano, otro ejemplo. Estar más integrado de alguna manera si, lo que no significa formar parte de algo. 
Cuestiones espirituales que dicen que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Formar parte de la Patria, ser la Patria. Eso es otra cosa. Claro que no se puede hablar de esto, sin arreglar primero lo otro. Panza llena y bolsillo contento dan orejas amables y al poco tiempo, espíritus activos, creativos (y hasta críticos, última de las virtudes y no la primera). 
Esa era la promesa de la Argentina Peronista, no otra. Esa era la Revolución Justicialista y no otra. Tendremos que ver cómo vamos y lo que falta, navegando por este río furioso que no nos ha dejado parar a tomar un descanso. Y eso que, mirando a la distancia, estamos tan mejor.

miércoles, 15 de agosto de 2012

DERECHA (algo de discurso)

Frases cortas, contundentes. De a ratos pausado, de repente enérgico y con un enojo que cede en seguida, como le pasaría a cualquiera que casi casi pierde la paciencia. Pero no, el Jefe de Gobierno de la Ciudad de BA se contiene. Vuelve la mesura, la lógica del sentido común. Aún no enmenda la corrida de letras hacia el final de frase que recuerda la procedencia, tal vez nunca fue un objetivo enmendarla.

Pero arma un discurso con un par de ideas claras. Un discurso sin decurso, atropellado y con poca ilación, pero se entiende.

Apelo a la memoria, sin citas, la reflexión parte de haber visto algo de “Hora Clave” (el programa eterno de un eterno M. Grondona, ahora casi en off) el pasado domingo (12/08/2012). El tema puntual era el prolongado paro de subtes y los famosos “metrodelegados”.  Los mismos que, apenas un rato antes, suspendían la medida de fuerza tomándose de éxitos parciales en cuando a condiciones de trabajo (y dejando para los días que vendrán la conclusión de la casi única paritaria abierta, luego de más de 1.500 firmadas en lo que va del año… porque en este país hay paritarias todos los años desde 2004).

Y ahí aparece el “abordaje” del Jefe Porteño: los metrodelegados son un invento kirchneristas. Menudo invento que le costó al propio Néstor paro tras paro de subterráneos cuando estos delegados, aún casi no despegados de la UTA (Unión Tranviarios Automotor), pelearon con éxito la consideración (nuevamente) de su trabajo como “insalubre” (recordemos que trabajan bajo tierra) y el reconocimiento de su organización, amén de la rejerarquización salarial de la actividad entre un mar de otras cosas. Muchos coincidíamos con las reivindicaciones, pero nos disgustaba el abuso del recurso de huelga prolongada, “estos troskos” decíamos. Algunos de esos dirigentes se volvieron K, K de críticos también porque cualquiera que los escuche se da cuenta de que no acuerdan “disciplinadamente” con el Gobierno.

Pero lo que tenía que quedar en claro es que el paro –de 10 días- se terminaba si Cristina o uno de sus esbirros levantaba el teléfono y le daba la orden a Pianelli o a Segovia. Que se trató de un paro “político” (es decir, subversivo, casi obra de Al Qaeda) contra la gestión del PRO en la Ciudad. Y el periodista (el muleto de Grondona) que le tira un centro: ¿Ud cree que si se baja de la carrera presidencial esto se soluciona? Impecable.
En ese momento empieza la otra parte, la de las dos ideas.

La primera: Cristina va por todo. La hegemonía K. Desde diciembre del año pasado (lo del casi 55% es un detalle que no vale la pena recordar parece, o seguramente ahora es mucho menos, o las mayorías circunstanciales no dan derecho a hegemonizar, o estos negros de mierda votan cualquier cosa, o la democracia es una garcha la verdá), el Gobierno –Cristina- se lanzó a una política sistemática de destrucción de toda oposición. Claro, a la mayoría no hizo falta hacerle nada, porque ya se lo había hecho la gente en dos elecciones. Pero ahí están las desventuras de Scioli y los ataques contra la Ciudad de BA para demostrarlo. Los gobernadores cooptados (esos corruptos), muchos “K” que dicen lo que piensan (en contra de su propio Gobierno) pero después llegan hasta el muñón de tanto aplauso. En fin. Queda él.

Macri, el abanderado de los soberbios, está dispuesto a dar la batalla cultural, porque desde el vamos no la define como política (y mucho menos económica). Y dice: nos dicen cuántos dólares podemos comprar, adonde podemos viajar, qué bienes podemos tener, no podemos importar, las empresas no encuentran financiamiento ni pueden producir, no podemos contraer deuda en el exterior a tasas favorables (¿será en Andorra?). Y más, tanto como para llegar a Chávez. Un chavismo a la argentina.

Y va la segunda idea, la del autosacrificio. El le va a decir “basta”. En nombre de todos los argentinos bienpensantes (a derecha y a izquierda) que, como él, creen que otro país es posible. Pero están cansados, hartos pero sobre todo cansados (del peronismo). Por suerte Macri está más que descansado. Y los quiere liderar.

El argumento –porque detrás de los balbuceos y la mandíbula trabada hay un argumento- hace base en otro primigenio de la Madre de todas las Batallas, la doctora Elisa Carrió (que, como La Momia, trae secuelas) y es este: los gobiernos son legales (por mayoría de votos) pero también tienen que ser legítimos (porque construyen y/o defienden la República). Algo así como decir que existe una forma de zafar de las mayorías electorales y autodenominarse guardián de las esencias del régimen democrático (aunque para ello haya que violarlo). Es una vieja idea fabricada por el Pentágono, el Consenso de Washington y distribuida por las Embajadas del Imperio (y sus Fundaciones, en las que abrevan muchos de estos simpáticos “políticos” opositores). Ese algo cuya esencia tan bien denunciaron nuestros “intelectuales” en Carta Abierta (sigo prefiriendo “pensadores nacionales”) como “destituyente”.

Es la derecha neoliberal. No, es la derecha a secas, la que padecimos de Roca para acá, con esporádicas y breves (en algunos casos “gloriosas”) irrupciones de lo popular.

Cada uno es dueño de sus verdades (y responde por sus silencios), pero hay un momento en que se tiene que estar de un lado o del otro. Porque hay dos lados. Y no tiene nada que ver con perder el pensamiento crítico, más bien se trata de todo lo contrario.

jueves, 26 de julio de 2012

YO NO LA VI

Yo no la vi.

Luces de esperanza en Retiro difuminadas en los vapores del andén; carga la valija, puede con ella, afuera está todo. Y no debe haber sido fácil entre las marquesinas que no la nombran en Corrientes angosta, Corrientes esquiva. Café con leche, madrugada, arreglar y planchar la misma ropa para que parezca distinta, esperar. Esperar nerviosa, con una actividad que se come el estómago. Actuar.

Sin embargo el nombre iba y venía en los relatos de mi viejo antiperonista, pero con un reverencial respeto por la Señora que saludaba a esos (a él) muchachos del Central cuando se iban tarde, fichando las horas extras. Porque ella se iba a ir más tarde. Algo así como respeto y admiración, bajo rencores de clase media estrenada en esa época. Cuello blanco, no overol. ¿Dónde estaban esas oficinas que les daban un cruce casi cotidiano? Nunca supe, no se me ocurrió preguntar ni interrumpir.

Iba y venía insospechablemente. La abuela Minga contando la historia maravillosa de su prima -entre licorcito y licorcito en noches de nieto que se queda en casa de abuela y ya es grande, pero allí no- Ezpeleta, campo (esto ya lo escribí pero va de nuevo a las apuradas), la prima juntando chicas que vaya a saber qué hubiera sido, venidas del interior profundo de la provincia (como Esa), llevándolas a su casa y haciendo primero una especie de pensión y luego un emprendimiento. Coser, bordar, esas cosas de una época malvada y al mismo tiempo ingenua. La carta, las máquinas de coser que bajan del camión en fila india. Las chicas en fila en el antiguo living meta trabajar. Y un día, el cochazo negro levantando polvareda en la puerta… Era ella. Ella que venía a ver esos proyectos de mujeres detrás de las máquinas de coser.

¿Hacer una historia? Y para qué si todos la conocen. Se vieron, se frecuentaron. El le dio aire, le vio las alas de gorrión atrevido. ¿Se habrá dado cuenta de todo, pudo haberlo presentido? En esa actriz, la verdad que no. Pero el tipo redobló la apuesta. El departamentito, el medio secreto a la vista de todos. De todos los milicos que tenían amantes, no novias. De tanto cacatúa con uniforme que comulgaba y se iba de putas. Pero claro, la única puta del país tenía que ser esta. Esta.

Hay un relato sobre el rencor. Que era por eso, el odio. Ladraba desde el micrófono. Ladraba. Y la tercera palabra: fanática. La mancha de lo ilegítimo, las veleidades de actriz (y cuantas cosas más que se dicen bajando la voz y frunciendo la boca). Es que se estaba por hacer mierda el fantástico país de la Generación del 80, ese en el que se decía lo que había que decir, con las manos juntitas, la boca cerradita y el pelito planchado. El país donde las mujeres honestas eran nenas para siempre y un buen día se convertían en viejas de mierda. Bajo la atenta mirada de los hombres.

Yo no se si ella vino a sacarles la lengua, si todo era a propósito. Algunas cosas si, y dios mío que locura extraordinaria. Nací en un país en el que ella no existía. Donde estaba prohibido que existiera. El "tirano prófugo" de alguna manera tenía existencia, gravitaba sobre todo, aún cuando no se lo nombraba ni por los eufemismos. ¿Pero ella qué era? Un recuerdo guardado entre los creyentes, una velita que se prende en un altar escondido, un beso al aire antes de acostarse. ¿Qué era? Sólo una máscara robada, un cadáver desaparecido. Y basta. Yo nací en el país que decía rabiosamente ¡basta! (y lo lamentaría).

¿Cómo sería viajar a Europa? Los días en el barco, esa emoción de ser recibida, de tener que ser aceptada por la vieja Europa. Uno hace una seguidilla de fotos y va viendo paso a paso los boatos de la monarquía franquista, los boatos impasibles del Vaticano. Vestidos increíbles como en esas películas de Sisí Emperatriz, espectacular y deslumbrante, justo, justo como debe ser. Y seguramente el lenguaje de siempre, el ácido, chongo, de calle, en el hotel con esa amiga con la que se puede, en esas altas horas en que todos los días finalmente terminan.

La foto del tren, alargando manos entre la gente. El tour por las provincias y el desborde imperceptible. Sin vuelta atrás. En el desdoble -del que ella misma habla- va a quedar sólo una. Es un milagro político, o simplemente un milagro. Y de allí son solamente cinco años de actividad política. No es una carrera. Es un degolpe.

Yo estaba ahí, pero mucho después. Casi en los mismo lugares, que se habían transformado en otros lugares. Primero me topé con el Viejo y reparé en el uniforme de fotos pintadas. Caramba un milico, se sabe que a mi generación todos los uniformes (de lo que sea) nos van mal. Pero bueno, un liderazgo. Y todos lo empiezan a decir, los pibes más grandes van y vienen, las revistas, los libros. Y Latinoamérica, aunque vale aclarar que el furor por la revolución cubana pasó antes. Yo hablo de cuando se separaron los Beatles y el rock nacional nos empezó a mover el piso, de esa época.

Uno venía con el corazón a la izquierda, mezclado con la religiosidad popular y todo eso con lo que nos parapetamos para que la certeza implacable de los paradigmas no nos hiele el alma. Pero la “ciencia” entró igual, rompió los vidrios y salpicó un poco de marxismo en las zapatillas y el vaquero. Uno se cargó algún libro en el morral, hizo una ensalada con todo eso y la realidad que de prepo se autoimpuso. Laburo de villa, esas cosas de quién llega medio con la lengua afuera corriendo para subirse al pueblo. Y se tira dando el salto porque ese es un tren que va al paso, como esperando y dando chance (hay que ser muy boludo para no darse cuenta, sobre todo si uno no le tocó estar adentro desde el vamos).

La revolución era tan grande que todos cabíamos y hasta era posible tomar caminos diferentes. Al final era como andar dando vueltas por el patio. Pero había animales ahí afuera, ojos que perforaban la luz de la tarde y espiaban escondidos en los árboles. Había monstruos entre nosotros, y seguramente algún lobo mordía a alguno que andaba en ese patio y esperaba a la próxima luna llena. Hubo derroche y se tiró manteca al techo, la juventud tiró valor por todos lados.

La tenía en las fotos con el cabello suelto, esas de San Vicente en que aparece feliz (así la tengo ahora también en un cuadro), pero no la buscaba.

Como dije: yo no la vi. Entonces me puse a buscarla. Pero fue cuando me abandonó todo. El marxismo se me hizo un agua podrida entre los pies, no por esa ideología que respeto (que tomo y me toma, pero ya no de cuerpo entero ni mucho menos), sino que se me fue la izquierda al costado, tan cerca de las ideas que estaba y tan al desamparo. Ocurrió apenas después de que los santos se me huyeron una noche y me dejaron con los rezos hechos solo de palabras sin ton ni son. La fe perdida dos veces en una vida me parece como mucho, las dos catedrales –la de incienso y la roja- haciendo de ruinas en mi paisaje. En fin, y ahí me la encontré.

Tenía el gesto de mi otra abuela recalentando la plancha, revolviendo almidón y haciendo prolija la pila que mi viejo –un pibe en bici- iba  a entregar en los caserones de Coghlan. Andaba alcanzándole los lentes que la tía Ema usaba a caballito de la ñata y por arriba de las orejas, cosequetecose, y la hora que vuela como el matrimonio y los hijos que la modista de barrio tuvo, mi tía vieja de batón hecho por ella y mis pijamas, hechos por ella. Era también el Chinito, ese tío abuelo tarambana que se levantaba al alba para ser el carnicero de la feria, con el gorrito blanco y el delantal impecable, sonriendo intencionado a las doñas. Ese que hacía flotar los boletos del tren en una palangana para desfigurarles la fecha.

Ella estaba en mi tía Adela, en Sofía, las de Ezpeleta que trabajaron en La Estrella, y esa casa vieja de enrejados de madera pintados de verde con las bochas de vidrio (deshechos de la fábrica) en la entrada. Latía seguro con Ernesto, el tío que manejaba las palancas de los cambios de la estación del tren y que se perdió un día por no callarse la boca en una paliza de policía brava. Esta parentela de trabajadores con pocas palabras y mucho gesto, mucha mirada, que me decían “Grabiel”. Y se reían cuando metía el pie en la zanja. Yo no se si alguno de ellos era peronista, se que tenían orgullo por las marcas del laburo en las manos.

Ella me fue entrando qué se yo cuándo ni cómo, se me hizo nudo en el estómago, me dio fiebre y también me curó. Ahora se que me seguía al costado de la ruta 3, o en Mármol, en Calzada con la parva de encuestas en la mano. Me tiraba encima el conurbano peruca para que yo sacara mis propias conclusiones. Sin mostrarse nunca, sin soplarme las respuestas. Y no las encontré, lo que me andaban sobrando eran las preguntas.

Hace años que había entendido, pero con eso nunca es suficiente. Algo me estaba pasando. No la ví y comencé a extrañarla. Ella se las había arreglado para meterme en las fotos de cualquier manera. Me salpicaban los pibes entrando en malón al mar nunca visto en Chapadmalal, la gritería de triunfo de tantos parientes sin mar. En el pecho se me abrió paso una gratitud que no era mía, me la estaban contando otros. Yo no los conocí, pero subo y bajo seguido las escaleras que ellos pisaron esperando verla, cuando la Legislatura era el Palacio en que la Señora los atendía. Y todos los días alguno me habla sin que lo note, me enseñan como sólo el pueblo enseña, a mi que no soy un buen alumno.

Es raro todo esto. La madurez viene a ser como empezar de nuevo, pero bien. Y esto lo digo porque es “por opción”, tuvo que ser pensado pero para ser de verdad, tuvo que ser sentido. Y si, uno volvió al viejo General, que se convirtió en el personaje preferido de “cursos”, charlas, mates, y uno ahí presentándolo, explicándolo, contándolo. Es raro como el hereje termina siendo un predicador. Pero es así.

No la vi, y ella estuvo siempre.

miércoles, 25 de julio de 2012

El Angel

Acabamos por aceptar que nos íbamos a encontrar una y otra vez, y que nunca nos dirigiríamos la palabra, a menos que una circunstancia excepcional lo hiciera absolutamente necesario. No pensé que la ocasión pudiera darse, pero aquí estoy.

Lo veo como tantas tardes, buscando casi sin decidirse un ángulo que lo mimetice entre un vértice de la cama y el rayo de sol que entra por la ventana apagando el resto de la habitación. Es como un trabajo. Silencioso, paciente, ¿necesario?... Sus ojos acerados y casi azules esquivan los míos, mi demasiada curiosidad en la puerta apenas entreabierta.

Hoy tengo esa urgencia. La sola cercanía me aleja un rato de la congoja, por una esperanza que no debería tener, por la osadía de acudir a él habiéndolo evitado tantas veces. La nuestra es una relación de distancias o de escondidas. Sabe perfectamente que una noche entre tantas noches podría vencer el pacto explícito y dar los pasos que la comprensión siempre me ha negado. Cómo no hacer lo que, de todas maneras, es inevitable. Tal vez un error. Hay ocasiones en que un error es la única súplica que una persona puede balbucear.

Repaso en un minuto la lista de los encuentros en silencio de los últimos meses… Al principio lo tomé como una visita, pero la reiteración me puso sobre aviso. Tampoco era personal del hospital, aunque bien podría pasar por uno de los tantos médicos que deambulan por aquí. O no, es un fulano extraño que, sin embargo, tiene el don de pasar desapercibido como una sombra de alguien que no está. Si tuviera que describirlo, por ejemplo para contarle a un investigador, dar parte a un policía, recordar con el propósito de reconocerlo para la próxima vez, no sé. Sin embargo, ha llegado a serme inconfundible. Sospecho que los habitué de este lugar no lo registran, que nadie lo percibe, sólo lo ven pasar, entrar o salir de las habitaciones. Nadie parece calcular los momentos, sacar las conclusiones que están a la vista. Y los parientes generalmente están demasiado extraviados en otras cuestiones como para notarlo. Después de todo, cada uno lo tiene cerca unas pocas veces y después de lo que viene a hacer, nunca más.

Pasa largamente los cuarenta creo, aunque su rostro no muestra las marcas que debería. Delgado y alto anda en suspenso, no recuerdo sus pasos por los pasillos. Me impresionan sus manos, algo pálidas pero firmes. Tiene un aspecto reconcentrado y manso, pero siempre dudé de la bondad que debería tener. Esos ojos se revuelven en ocasiones, atacan con ferocidad aprendidamente domada. Intacta. Deberían temerle, aún antes de tomar conciencia de la tarea. La violencia no le pertenece y, sin embargo, sería perfectamente capaz de ejercerla. Es una decisión no hacerlo, lo presiento. Casi creo conocerlo, adivinarlo. Puedo sentir su presencia, hace que me de vuelta sólo para notar si lo estoy buscando. Es posible que al percibir mi obstinada persecución, quiera tenerme a la vista. Es que, aunque parezca imposible, puedo ser el único que lo sabe.

Estudié su modus operandi, que es muy simple. Llega una tarde o una noche y se fija cuidadosamente el nombre del paciente para cerciorarse. Se para ante la puerta del cuarto como alguien que se ha perdido. Queda un momento ausente, hasta parece que dudara antes de entrar. Nadie le pregunta nunca quién es, si es un familiar, un amigo; nadie le hace notar que ha terminado el horario de visitas si ese es el caso. Se que es imposible, pero nadie lo ve realmente. Distracciones en el momento menos oportuno, que es como ocurren. Se queda a un costado, escucha con atención a los médicos explicando el estado terminal al cercano que escucha sin poder creer que su enfermo no va a salir de esa habitación. Esos son los casos que atiende y la reiteración, que llamó mi atención, me llevó a descubrir la imperturbable misión. El se los lleva. Ejecuta un permiso dado secretamente, cumple un designio del que no es parte. Nada lo delata: gestos, miradas, un mínimo sudor, un parpadeo de más.

Son dos o tres visitas, a veces más. En cada una cambia de posición, si se toma como referencia la cama y el enfermo. Si se ubica a los pies, la mirada ausente, las manos aferradas imperceptiblemente a los hierros de la cama, es la última vez. En unos momentos, el paciente simplemente partirá. Y él ha venido como la compañía que nos atemoriza o nos incomoda. Alguna vez lo vi acercarse y tomar levemente la mano del desahuciado. Su rostro cambió y pude notar claramente sufrimiento en sus párpados. El enfermo no quería. Con algo de espanto, fui testigo de cómo lo convencía. Protector, comprensivo, reconfortante, fatal. Pero fue sólo una vez, ya que casi siempre están inconcientes. La morfina, los sedantes y demás hacen su tarea, ahorrando lo peor de la suya. Cuando ocurre el deceso, afloja sus dedos del pie de hierro, se aleja un paso y observa desapasionadamente el espectáculo más común y desconcertante de la muerte. Suspira un par de veces, mira distraídamente por la ventana y vuelve a la ausencia de las sombras. Se queda unos momentos hasta que entra alguien o, hasta que los que asisten al momento abandonan también la vida que no pudieron salvar. En la mayor de las desesperanzas, es el único que sabe qué es lo que ocurre en profundidad.

Es eso lo que me desconcierta de su actitud: no tiene capacidad de asombro. Parece haberlo visto todo. En otras oportunidades sale de la habitación, vaga unos momentos sin alejarse demasiado y sus labios se mueven imperceptiblemente. ¿Reza?, ¿se comunica con alguien, informa? No lo se.

En los últimos días me ha estado evitando, ya que me dejó muchas veces espiar sus actividades. No le preocupo demasiado, me tiene como dije de alguna manera vigilado. No es correcto, soy yo el que vigila, él sólo me mantiene en un círculo próximo, cercado. Es lógico pensar que, dada la naturaleza del trabajo, no se acostumbra compartir impresiones con mortales, ni debe ser deseable que nosotros hagamos conjeturas y menos aún que las compartamos. Llegué a preocuparme por mi suerte, pero en este momento es lo de menos. Si pudiera servir para algo lo que voy a intentar.

Vamos a mi caso, a lo que me hizo compartir con él un mismo espacio. No fue casual, veo. Soy un tipo común, que a veces sueña que nació en otra época y que olvidó cuestiones fundamentales. A veces tengo la sensación de no haber nacido, pero tiene que ver con temores propios de la situación. Nunca me interesaron demasiadas cosas ni me conmueve lo que a todos. Hasta hace unos pocos años, en que todo podía suceder.

Hasta que la vi una tarde bajar del auto y entrar por una puerta lateral al palacio de Perú al 100. Me confundí entre el gentío que esperaba bajo el solazo de marzo; imposible acercarse, imposible hablar con alguien. La cola era inmensa. El desfile del abandono humillado, la desolación de los que no tenían aliento para respirar. Contemplé los rostros durante minutos, uno a uno hasta donde me dio la vista, y al rato estaba casi llorando porque todo era imposible. Las muletas, las miradas bajadas por la maldición del resto, ojos secos junto a manos deshechas de tanto taparse, los viejos de saco gris gastado, las viejas que eran jóvenes en algún lado invisible. Unas chicas los iban ordenando en fila porque todos iban a entrar si no ese día, pronto.

Son las ocho de la noche. El se queda en el marco de una puerta presintiendo que estoy más cerca que los últimos días. Sabe. Se da vuelta y me ve, no puede evitarme como siempre. Camina en mi dirección, sus pupilas me buscan y siento un frío interior viajando por la espalda. Ahora se detiene, duda. Mira en otra dirección, ¿deberé ir a su encuentro, es eso lo que espera? ¿Qué es lo que está permitido hacer y que no? Se que se han cancelado los permisos de visita hoy; algo vuela en el aire y petrifica las cosas. Debo apurarme. Alguien puede reparar en que no debería estar aquí y echarme. Lo mismo vale para él, pero se que no es así. Los médicos y las enfermeras caminan apurados, comentan cosas que no entiendo. Pasan a mi lado sin reparar en nada. Soy invisible para todos, menos para él. 

Esa tarde fue tan larga que cuando llegó la noche parecía otro día. Nadie se movió, la cola avanzaba lentamente. No entré, sólo me quedé por curiosidad. Volví varias veces a conversar con los que esperaban. Sus relatos son parte de un evangelio que aún no se escribe y deben quedar en secreto porque el dolor más profundo es una intimidad que corre el peligro de ser violada. Sentí pudor de entrar en tantos mundos desgraciados, sólo para escuchar. Algunos venían de un país lejano que los transeúntes que cruzan a diario la Plaza no conocen, al que no irían de vacaciones ni les gustaría oír en una reunión familiar. Historias de la dejadez y sus ruinas que escuché mientras la gente salía por otra puerta enorme. Algunos secaban las lágrimas, otros sonreían con pocos dientes, alguno tomaba aliento apoyándose en un árbol de Diagonal Sur. Salían otros, diferentes a los que habían entrado. ¿Quién hacía los milagros en ese edificio tan ajeno?

Me quedaba hasta que salía, muy tarde. Quería verla de cerca y nunca pude. Era rubia, muy rubia. Podría contar muchas cosas, pero los pueblos tienen historias que son personales. Lo importante pasa desapercibido casi siempre y ocurre en un rosario de minutos, de horas, de días, tan lejos de lo que algunos piensan que merece recordarse.

Ahora son las ocho y once; él va a entrar a esa habitación. Debo detenerlo, no debe pasar la puerta. Apuro el paso. Trato de vencer un miedo antiguo que me tira para un costado. Es importante que llegue. Estoy a sus espaldas y puedo notar sus ojos mirándome (y seguramente los tiene cerrados). ¿Cómo va a deshacerse de mi, que se de su trabajo? Le toco el abrigo y se vuelve. Estamos cara a cara. Cierra los párpados levemente, es por las buenas pero no voy a irme. Lo miro y pienso que no debe entrar. Me escucha.

No voy a entrar, no soy yo esta vez.
Entonces, no es el día.
Es el día.
Hay que hacer algo, no se puede ir. Vi lo que hace, ustedes tienen que saber lo que ella hace.
Me mira en silencio. Yo también estuve en las colas, siempre detrás tuyo. No entiendo qué ibas a pedirle.
Nada, sólo estaba viendo.
Entonces, ¿sabías todo el tiempo por qué estoy acá cerca de su cuarto? Están varios de ustedes, todos los que pueden verme y todos por lo mismo. Creyentes sin propósito que se van descubriendo, los que no pudieron creer como los que hacen las colas. Tenían que ver, siempre tienen que ver. ¿Qué va a pasar ahora?
Esta vez el silencio me parte en dos. Se va hoy, ahora.
No puede ser, ¿qué vamos a hacer si se va?
Van a estar sin ella.
¿Quién viene a buscarla entonces?
Soy sólo una guardia que espera, no me está permitido entrar. A ella se la lleva Dios.

Me deja, se aleja y quedo mirando como se va por el pasillo. Me siento en un banco sin saber qué es lo que debe sentirse, sin ánimo para nada. Levanto la vista, son las ocho y veinticuatro. En un minuto me quedo dormido y sueño, tal vez el mejor sueño. Estamos bajando de un micro en fila y uno de los pibes grita: ¡el mar! Bajamos mirando nuestros sacos nuevos, los pantalones cortos planchados, los zapatos lustrados que va ensuciando la arena. Corremos y nos retan pero no importa. A la noche cenamos en un comedor inmenso. Hay carne al horno con papas y podemos repetir. Hay servilletas y unos cubiertos pesados que brillan. Uno mira las cortinas de flores y los manteles como si estuviera contemplando la Gioconda. Deletreo con dificultad el nombre que está escrito en un cartel de bienvenida Cha-pad-ma-lal. En eso se arma un alboroto. Los que sirven aplauden cuando entra una señora delgada rubia, muy rubia. Con un gesto los detiene. Pasa por las mesas y conversa con los chicos. Pasa a mi lado, le hace una caricia a mi compañero de al lado. La veo, al fin la veo.

Fue un cerrar de ojos, de sueño por tantas noches en vela. Miro el reloj de nuevo, las ocho y media. Está oscuro y no se escucha nada. No veo las puertas, los sillones, no hay médicos ni monjas, no hay nadie. Hay si un abandono enorme en la penumbra. El está sentado en el mismo banco, a centímetros mío. No me atrevo a hablarle, apenas trato de mirarlo de costado. Está ausente, sin mirada.

De pronto se lleva una mano a los ojos y se pone a llorar en silencio.