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martes, 6 de octubre de 2015

MAR DEL PLATA

¿Vamos a Mar del Plata?



Las Cumbres, y sobre todo las de Las Américas, casi nunca coincidieron con la idea del “continentalismo” de Perón. Suena tan yanqui eso de “las Américas”. Sin hacer docencia –que no podemos- y haciendo uso sólo de la memoria y unos pocos elementos (nada de buiquipedia) las cumbres suenan a inútil, inútil frente a los poderosos, con el sólo premio consuelo de la contracumbre. En una reunión americana se rajó a Cuba de las Américas; en tantas reuniones americanas se disimularon agresiones imperialistas. En tantas.

Nosotros acá en el frío del sur intentando medio desendeudarnos, levantar cabeza, levantar el ánimo, juzgar a los asesinos de la dictadura, desandar la argentina del destrozo y autoestima bajo el piso. Nosotros acá tratando de resucitar de la mano de un tipo desgarbado que te escupe cuando habla, que te mira fijo y no sabés bien si es a vos o al de al lado, que usa mocasines siempre, el saco cruzado descruzado y sin abrochar, y que firma con una bic negra. ¿Entendés?

No, claro que no y nosotros tampoco entendíamos muy bien, sólo era el resto de la fe que nos habíamos reservado por si…

Viene Bush. Estamos cagados, más que cagados. El Area de Libre Comercio de las Américas (el famoso ALCA) avanza, y aunque no le está yendo muy bien nos vienen rodeando. ¿Te acordás cuando México era progre? Y los brasucas la quieren para ellos, eso del Mercosur y todo lo que quieras, sabés, no va a resultar. Chávez habla habla, pero viste es un milico. ¿Qué juntamos? El hambre y las ganas de comer… Y si, nosotros apenas podemos llevarles un nombre que levantamos como si fuera una bandera.

Se va a hacer un acto, hay que apoyar a los presidentes nuestros. Qué cosa, tener “presidentes” nuestros. Allá se armó la de siempre, un poco de quilombo, humo, piedras, y somos todos reantiimperialistas. Y no pasa nada después. Esta vez puede ser distinto. Entonces… vamos a Mar del Plata, dale.

Bush todo sonrisa amurallada, amable y soberbia. Se sienta a escuchar a estos negros de mierda, a los perros del patio trasero… lo que hay que hacer. Pero puede llevarse el ALCA y de buenas maneras, que no parezca extorsión. Le dan vueltas, se lo tiene que fumar a Chávez que es un comunista, un populista, un dictador, un un un sudaca milico de pelo duro (¿por qué salió mal el golpe? Nadie le contesta al presidente de los Estados Unidos). Habla sin parar como siempre, habla de cualquier cosa hasta de literatura latinoamericana. Ese que parece croata no está, dónde se metió el flaco alto y desabrido, el presidente norteamericano lo perdió de vista. Le dicen que anda muy de conversa con este, con el otro, que lo vieron mucho con Lula. ¿Algo para preocuparse? Le han dicho en la cara cosas que nadie hubiera pensado. Eso si, con respeto, pero le han maltratado las ágilas, casi casi que le han dado a entender lo de “imperialista”.  Es este populismo latinoamericano trasnochado, fuera de época (a Reagan no se lo decían). La historia terminó, sólo que estos presidentes no se dan cuenta (o no quieren).

Mar del Plata está amurallada de seguridad, plagada de servicios internacionales, de efectivos, de armas y dispositivos electrónicos, con el espacio aéreo tomado. Y el mar que apenas se lo puede ver por los ventanales. Bush nunca supo de Chapadmalal y las bandadas de pibes corriendo el mar. Por primera vez. Durmiendo en hoteles tremendos, imponentes. Por primera vez. Usando la vajilla que usan en las películas. Por primera vez. Fue en otra época, cuando los nazis gobernaban en la Argentina. Perón y Evita, la del musical que hizo Maddona. Eso lo sabía (y lo del desgraciado Braden).

La Cumbre termina para el carajo (como el Alca). Bush se va inmediatamente. Saluda formal y cortésmente, echa una mirada desde abajo al álamo de saco desabrochado que lo despide. En realidad lo despide, ese y los otros acaban de hacer mierda el Tratado. Habrá otros, lo sabe, otros tratados y otros presidentes, la cosa no está para mirar torcido a Latinoamérica. Pero hay que parar a estos tipos, en realidad son peligrosos. Se va con esa incómoda sensación de que en algún lugar algo huele a fracaso.

La reunión sigue, envalentonadamente sigue. Los dueños de casa son varios, ya no están en Argentina, sienten que están en América (la del Sur) y no en lasAméricas.

También le han permitido a Chávez hacer un acto en el estadio mundialista. Ese fue Néstor. Y ahí estamos, esperando en las gradas y con un tiempo de porquería amenazando lluvia. Hay compañeros de otras agrupaciones peronistas, no peronistas, vamos llenando lentamente, algunas banderas. Llueve de a ratos. Toca Silvio, qué cosa.

En el viaje de ida casi nos hacemos pelota. El micro que debía ser no fue y fue cualquier otro, parece que íbamos al hipódromo un domingo. Medio que el chofer se quedó dormido y el bondi se le mandó al otro carril cruzando la banquina que es bastante ancha. Un compañero llegó rápido y pegó el volantazo, que si no. Pero llegamos bien y a tiempo, no como para andar paseando sino para ir derechito al estadio. Algo vamos sabiendo de la Cumbre, cosa de no creer.

Saluda Maradona y ya está Chávez ahí, ancho, sonriente, esplendido. Habla Chávez bajito, bromea, discurre, y la lluvia arremete salvajemente contra nosotros. El Comandante la conjura, pero la conjura de verdad y después de un rato la lluvia para. Igual estamos empapados. Y qué importa. Nos lleva por su selva verde y sus llanos, nos pasea por la revolución americana de toda la vida, nos tienta, nos alienta, nos saca el miedo a todo con su voz de locutor de FM. Y en el medio de la charla, nos canta un poco entonando bien. Es Chávez, y lo demás no importa nada.

A la tarde partimos en nuestro micro extaordinario, vemos pasar a algunos que tuvieron más suerte en unidades cinco estrellas. A no quejarse. Volvemos cantando, incrédulos aún por tanto. Algo de preocupación, nos dicen que en la ciudad hay quilombo. Después de semejante triunfo. Quévaser. Nos vamos, la idea es sacar a la militancia de Mar del Plata para que los poderes heridos no se hagan un picnic, para que sea verdaderamente una derrota nos vamos. Qué se queden los revolucionarios de siempre haciendo el circo de la rebelión.

Ruta, paramos cerca de Dolores. Paramos en una parrilla de la ruta y nos mandamos achuras, algo de vacío, chorizos, brindis de vino. Compañeros, que eso somos y eso hemos venido a hacer.


Fue a principios de octubre de 2005, hace tanto, hace tan poco. Me quedo un poco colgado pensando, un poco con Néstor exultante, un Néstor que se rie de veras con sus compañeros presidentes (con esos dos). Y ahora. Pasa tanto el tiempo y acá estamos, viendo que sigue después de haber conocido en persona a un par de próceres. Y alca, alca, ALCARAJO.

martes, 16 de abril de 2013

AHÍ



Ahí. Pero ahí, ahí. ¿Extrañados?, no deberíamos. Sucede que a veces uno se cansa de leer las cosas y los días y se entrega a la fascinación de las fantasías que se autocumplen. Pero la realidad -en la terquedad inmensa de la verdad que es tal aunque sea de a ratos- está a un paso de uno, la veas o no (la quieras ver o no).



Se ganó en Venezuela por poco. Se ganó, qué tanto. Sin Chávez… (o es la última elección que ganó Chávez). Y ahora habrá que ver en esto de andar inventando paralelismos… Coroneles que se levantan para cambiar las barajas de las oligarquías, si el 14 de abril (2002) fue su 17 de octubre en el milagro popular de Miraflores, y si aún esta victoria -casi deslucida, si no fuera por las tremendas circunstancias- habla de un movimiento que quiere sobrevivir a su creador. Cosas, para parecérsenos aún deben joder sesenta años como una maldición del país burgués.



Y también la reacción, los lenguaraces de la oligarquía (escuálidos allá, gorilas de acá) tratando de hacer su Marcha de la Libertad, su bombardeo a la Plaza, su 55.



Pero todos sabemos que los paralelismos no existen tan así y que cada uno hace lo que puede en su casa, lo que quiere en su casa. A veces es magnífico, como esta elección. Había que levantarse después de una muerte tan absoluta, había que hacerlo.



Todo lo que tenemos -pienso a veces- son estas votaciones que nos mantienen arriba. Y hubo mucho tiempo de andar culo para arriba, si lo sabremos. Tanta costumbre de ser opositor, de estar afuera. Por acá, proscriptos, ilegales, ensubversivizados, derrotados en las urnas, marginados. Tantos desastres. Después de ver cómo sobrevivía una cultura política (que de eso se trata, en tren de ser un poco específico) más allá de la gloria, la caída, la resistencia, el exilio, la vuelta, el cielo al alcance de las manos, la traición, la feróz caída y la muerte, la persecución, la desaparición.



Ver cómo se iba a la mierda otra juventud maravillosa que hubiera prometido (esos ochentas…), mareada por los albores tempranos de un neoliberalismo implacable y la necesidad de ser visto todo el tiempo, con la vida en un spot. Costó. La renovación terminó en chanchada.



La porquería también era peronista. ¿Quién mejor para traicionar una historia? Quién mejor para saltimbanquear los mercados, vender los trenes, entregar vida y hacienda de los argentinos, mandar el petróleo por una manguera al otro mundo (al Mundo), secar la Argentina, y todo a cambio de unos tornasolados espejitos que se consiguen en Miami. Mala suerte.



No era todo. Pero quedamos sin todo eso. Bien a la intemperie.



La democracia no gozó de mucha fe, la verdá. Antes porque éramos tan jóvenes. La muerte le dio jerarquía de refugio, de tentempié, hasta que se ganó el respeto. Hoy le tenemos respeto, pero menos. Algunos descubrieron que las puebladas voltean presidentes. Y quedó algo así como debilidad institucional. Una "pueblada" no es un golpe, si no hay tanques, es otro horizonte. Luz naranja, luz naranja.



Alumbró un nuevo peronismo sin triunfos; no era para celebrar el 22,5 (menos con un 25 de Menem). La ecuación infierno-purgatorio, porque el cielo es del primer mundo (o era). Pero caló y caló muy hondo. Digo para los que no entienden el fenómeno, digo para los que están con nonoynó y nononó y se creen puros, santos, de izquierda, demócratas, a salvo. A salvo de peronismo, a salvo de iniquidad. A salvo de posibilidad. En fin. Este es un proceso (con perdón del término) que hay que cuidar. Hay que saber cuidar este tiempo porque se puede acabar (todo concluye al fin, nada puede escapar).



A veces pienso que los votos son lo único que tenemos. A final de todo era esta democracia que no sirve para hacer revoluciones, pero que puede habilitar reformas de la gran puta. Acá no andamos en el socialismo del siglo XXI y por suerte tampoco en el del siglo XX. Es un toque más sencillo (lo complicado es que es más real), y desde ya menos extraordinario.



Asumir ser peronista es dejar de lado para siempre quedar bien. Uno queda mal, salvo que esté entre compañeros. Hay que aceptarlo. Por eso se me ocurre que debe ser importante querer siempre ser mayoría. Y podés ponerle los títulos que quieras, el Proyecto y la mar en coche, todo lo que quieras, eso del "relato" que nos achacan (y algo de eso tienen todos).



No importa, los que no nos quieren no nos querrán. Los que dudan sistemáticamente, nos querrán si nos hacemos querer.



En esta Argentina -en esta América- desolada tras el toldo con el que ocultaron el sol, nada parece definitivo, menos consolidado. Estamos ahí, por poco, pero ahí. Hay que saber valorarlo.