viernes, 27 de octubre de 2017

EL HERMANO MAYOR

"(...) la Argentina durante mucho tiempo fue un ejemplo de cohesión social, hasta que en 1976 vino la larga noche de la dictadura militar complementada con las políticas neoliberales de los años 90, donde decía bien nuestro amigo presidente de Ecuador no sé qué mano invisible nos prometía que el país iba a crecer y después el vaso iba a desbordar y a llegar a todos los sectores. Obviamente no desbordó el vaso, no llegó la mano invisible y transferimos riquezas a los lugares concentrados de la economía de un modo muy fuerte, cosechamos pobreza, indigencia, destruimos toda nuestra estructura productiva, toda nuestra industria, fue durísimo."

"(...) Nos estamos tratando de recuperar, la verdad que cuando empecé mi gestión le comentaba al presidente Lula y a otros presidentes que ya estaban, como Lagos, que tenían experiencia, que no podía creer que la Argentina tuviera el 60 por ciento de pobreza. Hoy cuando me toca ya terminar mi mandato todavía tenemos un índice muy grande que es del 23 por ciento de pobreza, pero en cuatro años y medio pudimos bajar el 37 por ciento la pobreza, generando políticas que tiendan al desarrollo, con autonomía en la globalización, la construcción de un proyecto nacional, la construcción de un modelo nacional, integrado al mundo por supuesto, pero con sus perspectivas, con políticas de inclusión social, con políticas de redistribución del ingreso, teniendo en claro que hay un modelo neoliberal y la pobreza no es un problema de eficiencia o ineficiencia, o falta de políticas sociales, es un problema de modelos. Debemos tener un modelo inclusivo de distribución de la riqueza, de desconcentración de la economía, construir un modelo industrial en convivencia con la producción y el campo, pero un modelo que tenga fuertes raíces industriales; construir un proyecto educativo fuerte, como lo estamos haciendo en la Argentina, hemos destinado hacia el 2010, año del Bicentenario, el 6 por ciento del Producto Bruto Interno; tenemos que gobernar por propia decisión nacional."

Así hablaba, estas cosas decía en el país, América y el mundo. Y lo mejor, las hacía. La verdad es que la mayoría no lo conocíamos, fue una verdadera sorpresa. Lo votamos en un acto de fe, chamuscados ya de tanta palabrería y tanto traidor. Lo votamos pocos y ganó así, poquito, en el medio de una crisis que se había llevado puesto todo. Le tocó la reconstrucción, y vió que parece ser que es el karma de todo peronista en serio (porque los que no son en serio o se olvidaron, van de fiesta tirando manteca al techo y entregándose al enemigo).

Pero él  no. Así, desgarbado y desprolijo. A las apuradas y con quien estuviera, iba para adelante y después vemos. Teníamos que salir de un infierno, al menos para quedar en el purgatorio. El cielo quedaba para la revolución justicialista inconclusa que se hace y se deshace como nuestra historia. El flaco no tenía tiempo, y ninguno de nosotros sabía qué tan poco tiempo.

Se le dio por escribir la historia con una bic negra. Se le dio por zambullirse entre la gente, se le dio pedir perdón por los pecados de otros, garpar las deudas de otros, sacarle lustre al bronce que otros habían llenado de mierda.

Y fue el que trajo la segunda oportunidad. Quedaban lejísimos los gobiernos de Perón, y el último, terminado de golpe y a destiempo nos había dejado huérfanos. Teníamos en el pasado casi fresco una dictadura feroz; teníamos muchas promesas incumplidas y después, la chantada y la traición, el coqueteo con los liberales y la libertadora... nos habían llenado de vergüenza.

Una madre abanderada de los humildes en el corazón, un Padre Eterno en el cielo, un Tío lleno de honra que se llevó el cáncer (también), tantos hermanos como espectros. No sabíamos, cómo podíamos saber que nuestro hermano mayor venía caminando desde el sur...

Se hizo cargo. Nos levantó de golpe, nos hizo acordar de todo. Era un sueño extraordinario verlo gobernar. Era raro y maravilloso vivarlo, encontrarlo en medio de la plaza, estrechar su mano y que se te quede hablando unos segundos. Quedó dueño de una alegría contagiosa y también de todas nuestras lágrimas.

Lo tuvimos siete años, casi como a Evita la tuvieron esos peronistas de las patas en la fuente. Pero Este nos tocó a nosotros. Cuando a uno le devuelven así la esperanza es para que la cuide, para que no vuelva a perderla porque el fulano, no la perdió nunca.

"Yo soy un militante político, comprometido desde siempre y voy a seguir trabajando fuertemente por todas estas cosas que creo, como sé que lo hacen muchos otros ex presidentes y lo tienen que hacer con la misma fuerza que lo hacían cuando eran presidentes. Porque se es presidente en un tiempo de la historia nada más, pero se es ciudadano argentino, latinoamericano o del mundo, permanentemente, y hay que trabajar permanentemente por esos ideales y las convicciones que uno tiene. Porque con esos ideales, esas convicciones y esas experiencias podemos construir un mundo mejor y podemos dar las respuestas que buscábamos cuando nos incorporamos con fuerza a la política, creyendo que este mundo se podía cambiar."

Así es, querido Presidente. Compañero.


*Las citas son del discurso del Presidente Néstor Kirchner en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile; 09-11-2007; "Discursos del Presidente Néstor Kirchner 2003-2007 (2da parte); Cuadernos de la Militancia ° 3; Ediciones Punto Crítico; Buenos Aires; 2011.

miércoles, 25 de octubre de 2017

EL SUEÑO DEL FIN DEL PERONISMO


El título pertenece a un notable artículo publicado por Claudio Scaleta* en Página 12. Tienta pensar que todo tiene que ver con eso, un sueño de la oligarquía (del poder) acariciado desde 1945 y casi concretado en varias oportunidades. Esta no sería la excepción, por supuesto. De allí que el "fin de ciclo del kirchnerismo", de Cristina FK, de un modelo que no es otra cosa que peronismo concentrado y aggiornado a los tremendos tiempos que plantea la valorización financiera en este capitalismo global que vivimos y padecemos. Sería fácil, tanto para porfiar con la vigencia del peronismo, como para tratar de contagiar (sospechosamente) desánimo. De ambas posturas están llenas las redes sociales (que a veces tienen más de redes que de sociales). No vamos por allí, uno pretende pensar un poco más que eso...

El peronismo popular como modelo nacional se opuso siempre (cuando fue bien popular y, por tanto, bien peronista) a este modelo que destruye sociedades y que, sabemos, pensamos (¿deseamos?) no cierra de ninguna forma. Dice el fulano del artículo:

"En rigor, el neoliberalismo es insustentable en un sentido muy preciso. En el pasado, como vuelve a hacerlo en el presente, alteró la distribución del ingreso, desarticuló la estructura productiva y abortó un proceso de desarrollo, pero se extendió durante un cuarto de siglo, de 1975 a 2001, con picos en la dictadura militar 76-83 y los ‘90. La 'insustentabilidad' no es un determinismo temporal, sino salirse del camino del desarrollo con inclusión de las mayorías y optar por el desarrollo dependiente, el del país dual, un proceso que puede o no, dependiendo siempre de la entrada de capitales externos, terminar en una crisis de deuda como la de 2001, pero que al mismo tiempo puede no interferir durante plazos largos en la construcción de una hegemonía política, es decir en la consolidación de una alianza de clases capaz de dotar de sentido a la realidad social en la que se desenvuelve."

Cierto. Mucho tiene que ver lo dicho con la famosa crisis de representación de los partidos políticos que, casi siempre, se ve en el radicalismo fagocitado y cómplice de la derecha liberal triunfante (anote: 42% y 14 provincias, cuando en los cálculos augurales el presidente imaginaba un buen desempeño con un 40% de los votos y 12 provincias ganadas por la alianza "Cambiemos" y sus repetidoras). Ocurre que esa crisis también le pegó a la izquierda en versión tradicional (el inefable partido Comunista, que tras su desguace devino finalmente en oficialista del anterior gobierno), y emergió la potencia (moderada y que no molesta significativamente al Poder) de la troskada, que esta vez acertó bien con la apuesta piquetera primero, y un laburo consecuente en lo sindical. El por qué de sus límites hay que buscarlos en la orientación declamadamente anti sistema y linealmente anti burocrática; pero eso es un problema de concepción y tema para otro día.

La misma crisis de representación (a nivel mundial, aunque con caminos diferentes en cada caso) golpeó significativamente al peronismo. Institucionalmente, al PJ. Así fue posible esa cosa extraña que se llamó "menemismo" y su prédica bullanguera de la economía popular de mercado. Esas cosas a las que se echa mano para no decir "liberalismo". Y fueron posibles la "liga de los gobernadores", el "poder sindical" (visto así, como un actor político), los "barones del conurbano", y siga usté la lista como quiera. Fragmentación, pérdida de rumbo (y nadie habla de la única infiltración posible, que es la liberal). A la clásica y engañosa división entre "derecha" e "izquierda" peronistas acuñada a mediados de los años sesenta, se superpuso una enorme variedad de formas. El poder político obtenido por elecciones evitó que la crisis desbarrancara, tanto con un Ménem como después, con los Kirchner, aunque por diferentes motivos. En ese sentido, el mal llamado "kirchnerismo" puso en valor al peronismo en el siglo XXI. Hay que reconocerlo y, desde ya, agradecerlo.

Pero la crisis de representación no se diluyó, porque ese tipo de procesos que son culturales, no se detienen así como así. El peronismo "kirchnerista" en el poder supo capear esa crisis de los partidos y utilizarla a su favor (y a favor nuestro, como pueblo). Fueron doce años, algo inédito para la duración en ejecución real de un modelo popular en nuestro país. Y se acabó, al menos lo que fue. Hoy, y vuelvo al artículo, parece verdad que

" La porción del electorado que votó a Cambiemos cree que el tropezón de 2016, con caída de la actividad, altísima inflación y aumento del desempleo, fue la consecuencia indeseada de arreglar los desajustes del gobierno saliente, no de las medidas del nuevo, en tanto el freno de la caída en lo que va de 2017 expresaría que las cosas comenzaron a mejorar (...) La esperanza en un futuro mejor fue suficiente para renovar apoyos y ampliar la base de las PASO. La tesis del engaño al electorado en 2015 no perdió verdad, pero si vigencia. Como en 1991, en 2017 las reformas que se esperan no fueron ocultadas a la población, ni siquiera el aumento de las naftas del mismo lunes 23 o el anuncio del aumento del gas en un 40 por ciento adicional en los próximos meses. Tampoco fue ocultada la voluntad de la reforma laboral que ya está en gateras y hasta consensuada con parte de la dirigencia sindical, ni la renovación de la tutela de los organismos financieros internacionales, cuyas políticas se siguen incluso fuera del marco de las ayudas condicionadas clásicas en el pasado. Lo mismo corre para la reforma previsional, los recortes en ciencia y técnica o el librecomercio unidireccional..."

Esto es lo que está pasando, una descripción de vamos viviendo. Las explicaciones vendrán por otro lado y son siempre colectivas, así que no vamos a hacer de adivinos ni sabiondos...

Interesa lo del peronismo, porque sigue siendo -aún con las transformaciones que tuvieron y tienen lugar en estos tiempos de reconversiones económicas y revoluciones tecnológicas de profundidad- el movimiento nacional o, el eje dinamizador y armador del movimiento nacional. Por más progre que hayan parecido algunas cuestiones aportadas por el kirchnerismo, nada le quita la esencia peronista que por tradición, trayectoria y convicción  tiene. Ha sido el gran aglutinador de los sectores populares y aún no  ha perdido su vigencia. Tal vez si su ritmo.

¿Cómo sigue la historieta?...

Dice al final Scaleta: "Saber si el neoliberalismo que hasta hoy se aplicó sin estridencias bajo el paraguas del “gradualismo” acelerará su marcha o, como creen los empresarios y los operadores de la city, desde el pasado lunes comenzó el verdadero gobierno de Cambiamos (...)resulta difícil que un gobierno que siempre avanzó auscultando científicamente las reacciones sociales para afianzar su legitimidad política, la gran diferencia con la experiencia de la primera Alianza, se deje arrastrar de golpe por el animal spirit de sus respaldos más enardecidos..."

Otra vez cierto, basta conocer la "muestra" de los hasta ahora doce años (también) del PRO en el gobierno de la autónoma Ciudad de BA. No se llevaron puesto todo, actuaron paso a paso y profundizando cada vez más, haciendo que lo privado parezca público, que la exclusión implicara un necesario ordenamiento de las cosas  para una "modernización" de la que los desprevenidos (por ser fino) "vecinos" de la Capital disfrutan (no todos, claro, pero muchos). Con esto uno dice que no pisan el palito de andar privatizando todo, sacando derechos a diestra y siniestra, a lo bestia y a lo pavote. Es peor... Saben lo que hacen y tienen la firme convicción de hacerlo. Terminémosla con  la subestimación de la derecha.

Esto se pelea con política, y se gana con mucho más. Lo que uno dice es que el peronismo K es una buena base para plantearse como seguir. Copiarlo y ver el futuro en el pasado, sería de tontos. Defenestrarlo, sería de tontos que corren el riesgo de ser unos hijos de puta. Y uno no quiere ninguna de las dos cosas.

Ocurre que el peronismo sigue existiendo.

*"El sueño del fin del peronismo" por Claudio Scaleta; Página 12 del 25-10-2017; https://www.pagina12.com.ar/71474-el-sueno-del-fin-del-peronismo








martes, 17 de octubre de 2017

17

17 de octubre hubo uno solo y no se repite. A veces uno piensa que cuando se declama tanto eso de la lealtad, es porque es un bien escaso. Esa Lealtad con mayúscula del '45 tenía un destinatario concreto y una intención también muy concreta.

El coronel Perón se había convertido en la única garantía de una cantidad de viejas reivindicaciones del movimiento obrero muy conocidas como para andar repitiendo, pero, como que nunca viene mal... Aumento de salarios como nunca se había visto, lo que era incrementar y mucho la capacidad adquisitiva de los trabajadores, posibilitando el ascenso social que se iba a dar en el gobierno que vendría tras el triunfo electoral de febrero de 1946. Vacaciones pagas; la extensión a muchos gremios de la jubilación de la que ya gozaban algunos más fuertes, como la Fraternidad. El famoso Estatuto de los peones del campo, que regulaba la relación brutalmente desigual de la engañosa patria rural, paternalista y cruel. El aguinaldo, para recuerdo de que se debía repartir lo generado por todos, al menos en una cuota parte viabilizada en un decimo tercer sueldo por año. Convenios colectivos de trabajo que eran para respetar por el rol que asumía finalmente el Estado para controlar su cumplimiento. Respeto también para las organizaciones obreras, tras décadas de represión, ninguneo y clasismo de las patronales.

Cosas como esas eran por las que el movimiento obrero luchaba desde su fundación, en la última parte del siglo XIX. Muchos pliegos de reclamos, paros, boicots, tomas de establecimientos, huelgas de solidaridad, muchos muertos acumulados en la memoria de los humildes, mucha sangre como para que las banderas fueran rojas, bien rojas. Nada fue gratis, todo fue a punta de pelea y derroche de coraje de gente buena, laburante, de todos los días, de abajo.

Y cómo serían las cosas que ese Coronel se convirtió en un par de años en la única garantía, la única posibilidad de que esos trabajadores pudieran escribir su historia, finalmente. No se hicieron peronistas, mejor dicho, no inventaron el peronismo por un soborno, un choriplan, ni ninguna de las turradas que imaginan los que viven cómodos, los que nunca pensaron en el otro, ni los que nacieron sencillamente hijos de puta. Sacaron a Perón del mapa, le dieron un golpe dentro del golpe, avanzaron sobre las conquistas obreras, se rieron en la cara de los delegados, se pusieron la servilleta para devorarse nuevamente al país y...

Salieron.  En grupos, en camiones, de noche, en un tumulto de silencio y coronando de ingenuidad las consignas. Se embanderaron y cruzaron los puentes. LLegaron, tomaron la capital sagrada de los puros, de la gente bien y sus mandaderos. Tenían que hacer algo, porque se perdía todo y para siempre o por mucho tiempo, por un tiempo que ya no tenían ni querían aguantar.
Todo eso era Perón. Y uno está tentado a pensar que Perón no existía y se fue inventando en esos días. Perón era un milico a punto de retiro al que le quedaba la cárcel de la oligarquía, tal vez un balazo en la cabeza de algún camarada de armas. El pueblo tuvo que inventarlo y rescatarlo. Porque nada podían esperar de los que sabían.

Los que sabían les decían que esperen. Los radicales, repodridos en el  famoso "contubernio" que apoyó desde Roca para adelante a gobiernos de mierda, antirrepublicanos, presumidamente "aristocráticos", bancaron a Justo, a la década infame y al "fraude patriótico" poniendo cara de asombrados. No todos, cierto, había  unos jóvenes y unos pocos comités populares herederos de un maltrecho yrigoyenismo que también salieron el 17. Los socialistas le decían al pueblo que espere, preocupadísimos más por la demagogia que por el sufrimiento, solamente había que votarlos para que hicieran la revolución en el Parlamento, y callarse la boca. Los comunistas veían obreros dignos solamente en la Unión Soviética, los de acá les parecían chusma, cabezas, brutos. Lindos socios se había echado la derecha, los conservadores de todo pelaje. Cómo para confiar en esa gente...

Tenían solamente a Perón, y no tenían más nada. Y entonces,  fueron por Perón.

De eso se trata la famosa lealtad. Era lealtad a uno mismo, a los compañeros. Y por eso, a Perón.

Después pasó de todo. Los días más felices y los más tristes. Más dictaduras, una derecha que fue mutando, como lo hacen las enfermedades, creció el odio porque la igualdad que lleva a la verdadera libertad da mucha bronca a la mala gente. También vino la traición, esa compañera maldita de la lealtad. Muchos no estuvieron a la altura en ese tiempo y en estos tiempos. Muchos fueron peronistas de Braden más que de Perón. Cuando se convocan aluviones, esas cosas pasan. Los piolas, los que se las saben todas, los que se quieren salvar pisando a los compañeros, todo cabe. Pero nunca dio lo mismo hacer cualquier cosa. Hay una sola forma de ser peronista y de ser compañero, siempre la hubo.

Nunca nos conformamos con que el pueblo estuviera bien, ni aún mejor, queremos que el pueblo sea felíz. De eso se trata el peronismo, el hecho maldito de un viejo país burgués que nunca se fue de la Plaza.

Felicidades compañeros, siempre tuvimos cosas importantes para festejar. Pese a todo. Como dijo Perón que sería en un año o en diez, pero venceremos. Que es como decir, vamos a volver.


Felíz 17 de octubre, compañeros.

domingo, 8 de octubre de 2017

PERON (qué grande...)

Era un general, no, era un coronel. Y la verdá es que el milicaje caía simpático a los oligarcas, al pueblo no, así que imagine... El pueblo era una cosa desconocida (salvo para el pueblo), la gente de bien no tenía idea. Veían sirvientas, vendedores ambulantes, a los de la feria, obreros que volvían de la fábrica (porque cuando iban era tremendamente temprano y estaba oscuro). Y no los veían mucho porque eran oscuros. El pueblo estaba en sepia y la gente era a color, algo así.

Pero volviendo a los militares. Tenían prosapia, tenían monumentos y mil guerras en su haber, por ejemplo… la de la Triple Alianza cuando se hizo bosta al Paraguay; la de la campaña al Desierto cuando se agregaron tierras riquísimas al patrimonio nacional porque en un desierto no hay nada ni nadie (y de paso se acabó con el malón, ¿vió?); y también la guerra de… bueno no es una guerra, es el orden necesario para tratar la cuestión “social”, la cuestión “obrera” que además le dicen. Vienen a ser varias masacres, si uno le pone la oreja a los disconformes de siempre. Una parte de la población criolla siempre tuvo un secreto amor y devoción por los uniformes, y la otra parte los sufrió.

Y bien militar, así, de chiquito. Criado en cuarteles que fueron familia, amigos, sociedad. Fueron todos juntos al desfile del 6 de setiembre de 1930, que era en realidad un golpe de Estado. Jugaba fuerte la época. El capitalismo se tambaleaba cada tanto, el comunismo se hacía continente, las potencias y sus repartos territoriales, sus fábricas, sus mercados, sus leyes. Nosotros y en nosotros, un grupete de milicos que ponía mala cara. No les gustaba cómo iba la cosa. Que se haga fraude “patriótico”, que la oligarquía no tenga la menor decencia, patriotismo, ni cabeza. Que todo se pueda ir al mismísimo carajo si estallaba otra gran guerra. Qué Argentina era un país débil. Injusto y débil. Que ya no se podía confiar en todos los camaradas de armas.

Un quiebre en las fuerzas armadas, ideológico, doctrinario, vivencial. Decisivo. Pero con eso, ¿qué hacemos? Faltaba que uno se asomara por la balaustrada del Círculo Militar, que saliera al aire y viera lo que pasaba más allá de un cuartel, y de esa bella plaza San Martín. Usté sígame en su cabeza, que no da para hacer toda la historieta, porque quiero hablarle otra vez del pueblo.

Ya le decía, invisible. Nadies, así mirando el montón. Pero, achinando los ojos contra el sol, se van perfilando las cosas. Ve uno, por ejemplo a la clase obrera… Tremendo espectáculo de fulanos (y fulanas, según el rubro) entrando a las fábricas, a multitud de talleres, con vidas a cuestas y a cargo. Muchos, sindicalizados. ¿Sabe lo que costó eso?... mucha vida costó. Ahí estaban los gremios con anarquistas, socialistas, comunistas, con “sindicalistas” (los pragmáticos “sindicalistas revolucionarios”), también con tipos que se metían de puro coraje y no adherían a ninguno pero hablaban con todos. Eso era. Locales sindicales, bibliotecas populares, mitines y asambleas, banderas, carné, periódico, volante, festejos, pic-nics, entierros. Eso era. Hubo un poco de entusiasmo con el Peludo Yrigoyen que los recibía seguido y, a veces, acordaba. Y, a veces, cumplía. Alguno que otro se hizo radical, la mayoría no. Había cosas que lamentar también y ya se sabe, las últimas masacres, la policía brava, los delatores. Y la malaria. Los convenios que no obligaban a los patrones y las leyes que no obligaban a los patrones.

Pueblo también son los desgarrados, los mutilados por la desgracia, los arrojados de vida y placeres, tullidos, madres solteras, los tontos, las viudas. Agregue a todo eso “pobres”, que le da dimensión exacta a la tragedia. Y el Estado con sus hospitalitos, su asistencia corta, su beneficencia. Y la Iglesia con sus rifas, sus campañas, su desprecio sin amor, su mirada severa y su infinita “caridad”. Lo que se dice, estaban “listos”.

Ocurre que los trabajadores y los humildes estuvieron listos, justo cuando ese coronel se asomó y los vio. Fue hacia ellos tranquilo, calculando quizá, quién sabe lo que se mueve en el alma de un cristiano. Pero fue a los que estaban organizados y esperaban. Ya vendría Esa que fue hacia los rotos corriendo y los abrazaría para siempre y tan fuerte para fundirse en ellos y perderse…  Quedarse; pero eso vendría después y es lo más bello de esta historia.

Los organizados vieron al coronel, su uniforme verdeoliva, las insignias, la gorra. No les gustó una mierda. Pero fueron, qué perdían, habían hablado con el diablo y pactado con cada hijo de puta. Pasó que de la “Secretaría” no se fueron más. Ellos saben por qué, y si usté no lo sabe es que tal vez nunca se dio una vuelta por el sindicato.

En un momento, fue el Presidente. Gobernó y gobernó mucho, como dos planes quinquenales, como un país que no existía y de repente comenzó a existir. Para muchos fue el principio de una historia, para otros, una pesadilla que como esa historia, aún perdura. Mire, lo han definido de muchas maneras, pero me gusta sin dudas la del gordo Cooke con eso de la “maldición del país burgués”. “La mugre” y la “rabia”, que son valores negativos empleados como un escudo de virtud, fíjese, y como ese algo que por más que se quiera quitar vuelve, reaparece. Y así fue. Golpe, exilios, fusilamientos, resistencia, prohibición. El odio desatado y su absoluta inconformidad.

Uno estuvo en la primavera setentista sin haber sacado entrada, de puro pendejo que curiosea. Nos tocó un viejo General, el famosos león hervíboro, que volvía y en su larga muerte nos llenó de intemperie. Y bueno.

Así se formó uno, en un país de la mitad de acá y a su sombra. Que después de tantas cosas que han pasado, como que se lo entiende bien, aún en esas cuestiones tácticas que se lleva la vida y te devuelve la práctica. Muchas charlas contra el aire imitándole la voz, tratando de leer un cachito más y poner su dicho justo en el lugar justo. Amar el país convertido en Patria, amar a un pueblo que iba en su rescate y al mismo tiempo lo siguió. Qué mas hace falta.

El tiempo va deshaciendo hasta la organización, es cierto. Pero sepa que hasta ahora no pudo con esos tipos con  las patas en la fuente.

Eso, mi General.




miércoles, 27 de septiembre de 2017

C.G. del TRABAJO

¿Qué sentís cuando te dicen "CGT"?

Seguramente para algunos, los compañeros, surgen un montonazo de sensaciones mezcladas. Primero, seguro, una mística que nos lleva al tanque de agua con la sigla gigante en la calle Azopardo; a la esquina con el mascarón de proa de una nave invencible y Evita, en ese cuarto piso en que se la custodió (y del que la robaron los originales difusores de la grieta).

También amarguras por tanto traidor, por burócratas que no andamos publicitando ni puteando delante de todo el mundo, porque algunos creemos que somos familia y esos trapos se lavan en casa. Otros que no.

Y tenés la historia de la CGT peronista, la de la resistencia, la extraordinaria de los Argentinos. La CGT de la calle Brasil frente a la Dictadura. Tenés  a un Vandor, a un Coria, a un Triaca, pero tenés a muchos Framinis, Borros, Toscos, Ubaldinis, porque la lista es interminable. Y tenés también a los más conservas que a veces jugaron para acá, en esa cosa tan sin etiquetas posibles que supera largamente eso de la burocracia o la anti burocracia.

Congresos, delegados, asambleas, votaciones a mano alzada, cantar la marcha, saludarse con los compañeros, una mirada compinche, la marcha hacia la Plaza... Pero todo eso tiene una historia previa.

También están los argentinos que fruncen la cara porque la sigla asusta, disgusta en tanta tipología del sindicalista que se roba todo, que hace lo que se le canta rodeado de matones, y concluye que a lo mejor eso que dicen los patrones (y por ay hasta no imaginan que lo dicen los patrones) de que no debería existir el sindicalismo es para mejor. O como siempre, que vayan todos presos, y sanseacabó. Simple, al pedo, pero simple.

Bueno, se trata de hoy de recordar a un montón de tipos que llegaron un día con sus organizaciones a cuestas y con historia encima también. Socialistas, socialistas disidentes que habían armado eso tan interesante e increíble por su realismo que era la corriente "sindicalista revolucionaria", algunos comunistas, muchos anarquistas también que venían pegando la vuelta de tantas vueltas. Tenían siglas... la Confederación Obrera Argentina (COA) bien socialista, la Unión Sindical Argentina (bien "sindicalista), los independientes (bichos anarcos de la Federación Obrera de la Región Argentina del quinto y del noveno Congreso). Y tenían a la dictadura de José Félix de Uriburu, un general que no pudo implantar un régimen fascista pero trató, pisándoles los talones.

¿Qué traían encima? Te digo...el 1° de mayo de 1890 por primera vez en la calle, la semana roja de 1909, las arremetidas del comisario Falcón, la huelga de los inquilinos, la semana trágica de 1917, las tremendas huelgas del Puerto de Buenos Aires de 1915 a 1922, las luchas y matanzas del ingenio Las Palmas, la Forestal, la Patagonia Rebelde, el método de golpear y negociar que ensayaron y aprendieron desde Yrigoyen para acá. La ilusión de imaginar una sociedad sin  explotadores ni explotados. Y también la desilusión. Traían sangre, banderas rojas deshilachadas, cajas de resistencia, hermandades, sindicatos de oficios, delegados, secretarios, juntas,  reclamos, derroche de heroísmo. Historias de la pobreza y la indiferencia, de crueldades indecibles, de palabras desechadas e ingenuidades deshechas.

Y siguieron. Fundaron un día como hoy  la Confederación General del Trabajo, el 27 de setiembre de 1930. Casi a escondidas, casi derrotados. Sin sede, sin ley. Tenían un mandato, la fe de muchos compañeros, y a veces estuvieron a la altura. Otras tantas, no.

Es importante. Para mi, para vos, porque un tiempo después de eso un coronel que se abría la camisa y dejaba de lado las  palmas de general, les dijo que

HAY UNA SOLA CLASE DE HOMBRES, LOS QUE TRABAJAN

Hasta ahora, nadie pudo desmentirlo sin que eso significara la verdadera corrupción, la verdadera traición. La que te lleva a olvidar quién es uno.


Entonces, felíz día, compañero.

viernes, 22 de septiembre de 2017

SE CONSOLIDA EL CRECIMIENTO



La Nación dice, lo más campante: “Gracias a la inversión y el consumo, se consolida el crecimiento de la economía”. Y debe ser, porque un diario serio como ese no puede mentir. Cita, además, al informe de evolución del PBI (Producto Bruto Interno) para el segundo trimestre del año que difundió el INDEC. Y debe ser, porque ahora ese organismo ya no miente más.

Inversión y Consumo, motores del crecimiento. Suena bien, suena bárbaro. Y dice por ahí: “La variación del consumo privado se explica por un alza en el consumo de servicios nacionales (transporte de pasajeros, Internet y telecomunicaciones) y un fuerte crecimiento de los bienes y servicios de consumo importados (automotores, productos farmacéuticos y gastos de turismo en el exterior)…” Lo que se dice consumo de primera necesidad (y que le gustaría consumir a todos, sin duda). En el caso de los remedios, garrón garrón, eso sí es de primera necesidad.

¿Y lo de la inversión? Bien, porque “La suba de la inversión, según el documento del organismo estadístico, se debió al crecimiento del 11.5% de la inversión en construcciones, a la baja en 9,4% de otras construcciones, al aumento en un 5,5% en maquinaria y equipo y a un aumento del 14% en equipo de transporte. Dentro de maquinaria y equipo, el componente nacional creció un 4,9% y el componente importado, un 5,9%. En equipo de transporte el componente nacional disminuyó un 4,2% y el importado subió un 42,7%.” Clarito, y resulta que la importación viene a ser un rubro de la producción. Y bué.

Pero no terminan ahí las buenas noticias. Es muy lindo lo que estamos haciendo juntos… “El crecimiento se siente cada vez más en todos los sectores, y eso se ve en el consumo, que crece cada vez más rápido. No se observaba un aumento del consumo de esta magnitud desde el tercer trimestre de 2013”… Ay, y la venimos a cagar con el último dato, porque no faltará el KuKa que se pregunte ¿quién gobernaba hasta ese tercer trimestre de 2013?

Sigamos sin mirarlos. “(…) Para Labour, Capital & Growth (LCG), ese consumo aportó 1,6 puntos porcentuales a la mejora del PBI (…) los cambios en los patrones de consumo dejaron obsoletos muchos de estos indicadores por no reflejar la demanda en los canales mayoristas y de cercanía y el boom del e-commerce, señaló Sica.” Aclaramos, que Dante Sica, es el director de la consultora Abeceb, y también opina en la nota. “El economista agregó que la caída en las exportaciones y el aumento de las importaciones pueden ser otro ‘buen augurio’: la vuelta de la inversión privada.”
 
¡Albricias!, y usté rompiendo las bolas con el mercado interno, el compre nacional, las cooperativas de producción, y toda esa sarta de pelotudeces que lo tienen encadenado a la Yegua. ¡Por dios! A ver si se aviva, haga el e-commerce en lugar de ir al chino como un pajuerano y salga a cortar las calles con un cartel que diga “importar más, es agrandar la nación”.

Hasta acá, la maravillosa nota de La Nación del viernes 22-09-2017, tapa y página 18, pa más dato. Ahora veamos el vinagre que tiran los reventados de Página 12 (mismo día, páginas 13 y 13). Y dicen los resentidos estos: “(…) El segundo y el tercer trimestre de 2016 fueron períodos de muy mal desempeño económico, luego del impacto de la devaluación de diciembre, la quita de retenciones, tarifazos y avalancha importadora. Los sectores de la economía y los componentes de la demanda se confrontan este año con los valores deprimidos de 2016. Por ejemplo, el PBI subió 2,7 por ciento frente a un período en el que había bajado 3,7 por ciento. La industria avanzó 2,5 por ciento, pero hace un año caía un 8,2 por ciento, mientras que la construcción mejoró un 9,7 por ciento pero hace un año mermaba un 15,4 por ciento. Los datos muestran, de tal modo, que la mejora este año no alcanza a restituir la pérdida de 2016.” Lo que decimos siempre, es la pesada herencia de 2016.

Pero no se contentan con arruinar hasta el día de la primavera (ayer cayeron de punta), sino que van por más: “Si bien los datos del Ministerio de Trabajo muestran la creación de 159.800 puestos de trabajo desde que asumió el gobierno de Cambiemos, si se descuenta el efecto de regularización de monotributistas el resultado es distinto. Entre los asalariados, se perdieron 73.251 puestos en rubros con remuneraciones superiores a la media, frente a una creación de 40.277 puestos en ramas donde los salarios se ubican por debajo del promedio. El resultado neto es un retroceso de 33.000 empleos.” ¿Y qué tiene que ver? Encima esos deben ser los empleos -“empleos”- de la Cámpora, vamos.

Nadie puede quitarnos la alegría que nos dio La Nación. Aunque no lea el informe ni el diario, la foca ve la tele y retempla su espíritu. Mientras, sigue aplaudiendo.

viernes, 15 de septiembre de 2017

EL DIABLO ENTRA POR EL BOLSILLO

Esa fue la frase que descargó el Papa Francisco en Medellín en una misa multitudinaria y ante la iglesia colombiana,  en su reciente visita a ese país.

Y más allá de vericuetos escatológicos, vale lo dicho para meterse en cuestiones más que interesantes... Es tradicional la crítica de la Iglesia Católica al  lucro (en la Edad Media se oponía al cobro de interés por considerarlo usurario, a la par que acumulaba propiedades donadas por la nobleza), al consumo deidificado, a la vanalidad del ascenso social desenfrenado como guía para la realización personal. Algo de razón tienen, pero no toda.

El peronismo es la doctrina y realidad (efectiva) que más se ha preocupado por el  ascenso social vía aumento de salarios y posibilidades para las clases subalternizadas (por la oligarquía y sus secuaces a lo largo de la historia contemporánea). Le ha metido plata en el bolsillo a mucha gente, y ha tratado de mostrar el camino de la realización individual en la única posibilidad deseable de la realización social. Es eso de que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza. Exactamente lo contrario al  liberalismo depredador que impulsa siempre una carrera insolidaria en la que debe haber si o si, ganadores y perdedores.

El último peronismo (el peronismo K, tan denostado hoy en día) duplicó el número de fulanos y fulanas que pueden considerarse como de "clase media". Por ingresos, por nivel educativo,  por acceso a los deleites de un mundo globalizado... ¿Se olvidó de los valores? Un tanto, si no dígame cómo se  explica que tantos energúmenos piensen que su esfuerzo personal es omnipotente, que de hacer velas y practicar el trueque en el 2001 hayan pasado a auto, vacaciones, mejor laburo, y más... Algo falló.

Ascender socialmente no es sólo poder consumir más, es cierto. Pero es imprescindible poder consumir más o simplemente consumir las cosas que un mundo globalizado muestra hasta partir la cabeza por todos los medios digitales a su alcance y a tu alcance. La gente se entera que hay otra vida... y que no es la de ellos. Eso genera esa desagradable idea de que uno "no está adentro". Y rencor. Ahora, la cosa es que también generó rencor el haber consumido, rencor hacia los que posibilitaron que el famoso esfuerzo personal (romperse el culo o el lomo, como prefiera) vale porque hay una sociedad más igualitaria en la que eso "vale".

El peronismo siempre regala, por ejemplo regaló hasta el cansancio la normalidad de una situación que nunca fue normal en la Argentina. Lo del país con oportunidades... una mierda, sólo con el peronismo hubo oportunidades. La derecha jamás dio oportunidad a nadie que no fueran los que estuvieron siempre llenos de oportunidades. La victoria de los ganadores. Y encima...

Nos la pasamos hablando de derechos, de conquistas y todo eso. Y a veces me anda pareciendo que no queda claro qué queremos decir. Aún muchos beneficiarios de los "derechos" se vuelven como perros rabiosos hacia la mano que les dió... Pasa. Y entonces es en ese momento en que estoy de acuerdo con la frase de que el diablo entra por el bolsillo. No es por el dinero, sino por la fantasía de la autorrealización en soledad, en contra de otros.

Hay déficit de "predicadores", como esos que Perón envió por los caminos desde la Secretaría de Trabajo y Previsión hace mucho, hace milenios. Porque la militancia, con todo su enorme valor, no puede suplir a una porción importante de la población convencida de estas cosas de los derechos, la justicia y la solidaridad social, y que de tanto estar convencidos, van y las enseñan. No están convencidos y no lo estuvieron en estos doce años. La fácil es pensar que la culpa ha de ser de Cristina, como lo del huracán Irma y el calentamiento global, Hotesur y la trágica muerte de Kennedy.

La difícil -porque nos involucra- sería ver que al pueblo en general, y no en particular, se lo conquista en cada época y que no se tiene la vaca atada. Y también que somos muy gente difícil,  nosotros incluidos.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

ESTADO DE DERECHA

La democracia política se ha instalado como idea central desde aquel entusiasmo alfonsinista de 1983. Es una realidad que a muchos de nosotros -venidos de épocas verdeoliva y de otro planeta tecnológico, casi mecánico- tardamos en reconocer. Pero está y es un valor que sólo una minoría insignificante puede discutir. Se trató en estos años de ver qué tipo de democracia se acomodaba mejor al pueblo argentino. Y se probó... para qué hacer el raconto, debería ser cosa sabida.

La gran novedad es que la derecha ha conseguido llegar al gobierno por medio de elecciones, ganando con votos (y no botas). Para los enamorados de la alternancia y ese tipo de cambios, debería ser una prueba de la vitalidad del sistema y, a la vez, una garantía de futuro. Para otros, cabe la oscura duda sobre si la derecha  es capaz de minar las bases del acuerdo que permitió que la democracia política llegara a ser ese valor tan deseado y tan escamoteado a la vez por tanto tiempo.

En la mitad del período presidencial se verifican los cambios operados que nos ubican más cercanos al "mundo", claramente como periferia. Lejos quedó  aquel crecimiento del 2,5 exhibido por este gobierno para anunciarse como demandante del crédito internacional en los primeros días de su mandato, y que claramente legitimaba el repunte que el anterior gobierno "populista" del peronismo había logrado. Era para afuera (y ratificaba lo que los de afuera ya sabían), porque puertas adentro el panorama relatado era devastador. La derecha iba a reconstruir el país y ponerlo en su lugar, solamente "haciendo lo que hay que hacer".

Ese "deber ser y deber hacer" se tradujo en limpieza de los empleos estatales primero, en un magistral boleo en el orto de todo aquello que se calificó como  "basura militante" (kirchnerista) y que, en realidad, era el personal de todos los programas y políticas que el elenco de Cambiemos consideraba que el Estado no debía seguir llevando a cabo. Básicamente, cuestiones asistenciales y de promoción social, cuando no instrumentación práctica de derechos reconocidos y adquiridos por sectores vulnerados (y no vulnerables) de la población. En paralelo, se provocó una devaluación jugando con el precio del dólar y se desarticuló el mercado interno. Las víctimas fueron la pequeñas y medianas industrias, y el dato del desempleo privado aumentó. Se pusieron a los pies del "mercado" cuestiones básicas. Si antes los pobres seguían siendo pobres, pero comían, se vestían y soñaban con algún escalón en el ascenso social, las políticas del gobierno les sacaron violentamente  el piso y cayeron. La pobreza aumentó y sus lacras también.

Los sectores medios -en su amplia, dinámica y enloquecedora diversidad de situación- se agarraron al colchón generado en los años pérfidos en que gobernaba la "cretina" y aguantaron mejor que los otros; aún aguantan. Esta crisis generada desde arriba (¿habrá algún otro tipo de  crisis?) no los agarró como en el 2001, sino un tanto más rellenitos, más viajados y más  cómodos, más allá de toda representación  imaginaria en contrario que se venda por ahí. Y los acomodados de siempre, que antes ganaron mucho, ahora ganaron sin trabas y jugando con reglas propias, es decir sin reglas.

El desconsuelo de algunos, póngale desengaño, dígale arrepentimiento, o llámale H, no llegó a expresarse en el voto de medio término, no al menos en las recientes PASO. La apuesta por la promesa liberal (tan conserva) continúa y continuará. Así y todo, no pudo ser doblegada la fuerza política más importante de oposición ni su candidata, tan vituperadas, puteadas, estigmatizadas, basureadas, insultadas, piscopateadas, ambas dos. Conserva el tercio de hierro y altivo, si  bien estamos lejos de aquel casi 55% milagroso. Bien, hasta aquí solamente alternativas cotidianas de la política.

El componente inquietante apareció con los cambios en el manejo de las fuerzas de seguridad, con más maniobras represivas que consensuales, con más ferretería antidisturbios comprada en un lejano país especializado en la política antimotín interna y exhibida aún en cuotas homeopáticas. El gas pimienta como arma ofensiva, la manguereada de los hidrantes y la carga de infantería contra manifestantes de cualquier cosa se hizo cotidiana. Y se agrega peligrosamente la inocultable desaparición forzada de un manifestante, Santiago Maldonado.

Maldonado. Un tipo alto, flaco, jipón, que sale en defensa de la causa mapuche en legendaria disputa  contra Benetton. Insospechable de activista  político partidario, y menos un K. A muchos nos gustaría tragarnos la saliva y las palabras, y que Santiago apareciera perdido por ahí y vivo. Diríamos  "exceso de celo" por cuidar la democracia y la vida de las personas. Lo que sea, pero estaría  vivo y seguiría con su vida de la manera que el eligiera, porque podría elegir. Pero las miradas, de acá y de afuera, se dirigen a Gendarmería sin que el gobierno  haga otra cosas que inventar pistas falsas, encubrir y mostrar su profundo desprecio por  cualquier tipo de militancia que no se avenga con el (su) sistema. Y para coronar, tras la multitudinaria y familiera marcha que exigía la aparición con vida de Maldonado, el gobierno monta un espectáculo grotesco y canalla de distubio y antidisturbio, con los mismos actores de reparto.

Nos habíamos mal acostumbrados a  las puestas en escena de funcionarios (con presidente incluido) saludando a la nada y tomados por cámaras más que amigas, recorridas por barrios con mucha utilería y casuales encuentros guionados con vecinos-actores. Era inquietante, pero lo último fue peligroso.
Si se agrega el manejo desprolijo -que raya lo fraudulento- de las elecciones Primarias, cargando en el Correo datos a conveniencia del gobierno, falseando actas de mesas en las que la principal oposición aparecía con cero votos,  bueno... Creo que para dos años es un poco como demasiado.

La derecha no entiende la democracia, salvo que sea la vanalidad del esfuerzo individual  con visos manualisticos de auto-ayuda. No entiende el concepto de  partido político y  lo confunde con una organización no gubernamental, o una fundación cuyos fondos no se registran ni se supervisan. Tenemos una derecha torpe, una derecha bruta.

La locura contra Cristina Kirchner comenzó cuando se avanzó con los juicios al Terrorismo de Estado, cuando se avanzó con esos "no uniformados" que participaron en la planificación, el diseño y la ejecución del Proceso de Reorganización Nacional. La dictadura es Cívico-Militar y estaban dispuestos a entregar militares (Videla murió en el baño de su celda común), pero no quieren permitir que se juzgue ni se cuestione a los civiles. Muchos eran muy jóvenes y aún actúan, muchos nutren a este gobierno que está legitimado por el voto ciudadano.

Pese a todo, uno tiene esa confianza inexplicable sobre las reservas democráticas del pueblo, aún por las de muchos que han votado a derecha. Porque, como se decía al principio, la democracia política es un valor compartido que ha llegado para quedarse.

Ninguno de nosotros quiere enarbolar banderas sobre las ruinas de la Patria. La amamos mucho.

Demasiado. Porque de verdad creemos que la Patria es el otro. 

jueves, 17 de agosto de 2017

A CADA FULANO LE LLEGA SU SAN MARTIN

Todos tenemos un San Martín. Por lo general, encaja con el que elaboró Mitre en noches de liberal y fecunda borrachera literaria para enseñarnos al Padre de la Patria, y de paso, decirnos qué debíamos pensar sobre qué cosa era una patria. Mitre fue el presidente que llevó a la Argentina -recién estrenada- a su primer conflicto internacional, una carnicería asqueante llamada pomposamente "guerra del Paraguay" e inauguró un ejército "nacional" que era la exacta contracara de los regimientos que comandara Don José. Ejército colonial, ejército Libertador. Y así comenzaron las representaciones.

El montado en el caballo blanco que se le movía el brazo con sable, cuando se jugaba a los soldaditos y no eran yanquis en la segunda guerra. El de la estampita de billiken, serio, con  la bandera de  fondo. El de los desfiles militares, el de los militares. Qué cada uno piense cuál es su San Martín.

A mí el General me pareció siempre popular, antioligárquico y anti imperialista. Vale decir que los dos últimos términos no se usaban en su época como pudimos entenderlos de los sesentas para acá; pero si se condice con las cosas que pasaron. Fue popular si uno se fija en su obra secreta (ocultada) que fue el gobierno de Cuyo. Realidad efectiva, banque a los sectores más humildes, integración de indios, altos impuestos a los pudientes, y todo eso para bancar la guerra de la Independencia contra España  o, mejor dicho, en ese conflicto que fue una guerra civil entre americanos, unos  a favor de España (que algunas veces también marchaban con tropas peninsulares) y otros a favor de algo difuso pero sentido, que el General llamaba "la Patria Grande". Remiso y arisco con la "aristrocracia" criolla, que iba de la mano con los comerciantes (contrabandistas) de la Portuaria BA... de Rivadavia ni hablar. Y lo de anti imperialista es más fácil, porque se recita desde la primaria con  eso de que liberómediocontinente... del imperio Español. Y agregamos: y de cualquier  otra dominación extranjera.

Bancador de una clase de gente especial: de caudillos, que muchos fueron antes de eso sus soldados; de conjurados y él lo fue en un par de logias; de belgranos, de Belgrano. Disciplina militar en la tropa, claro, y también viveza criolla en la pelea, guerra de zapa (o, para buenos entendedores: guerra de guerrillas). A nada de esto el Gran Capitán le hizo un asco.

Eso de San Martín, Rosas, Perón  puede ser un tanto forzado, una construcción  de la segunda mitad del siglo XX, es cierto. Pero es infinitamente más sincero y real que un San Martín, Caseros, Roca. Y nunca va a ser San Martín, Uriburu, Videla. Nunca. Entonces...

San Martín también te llega. Mire usté, la patria estaba en ruinas -como cada tanto- y apenas la bandera flameaba en algún lado. Uno había perdido la fe en la Patria que inventó San Martín. Y apareció uno, que no era libertador, ni puede desde ya empardarlo, pero apareció de  la nada y, a mi, me devolvió la Patria de San Martín con creces. Fue en mayo también, pero del 2003. Porque la Patria es una esperanza.

¿De qué lejano exilio volverá en la próxima? Pasa que San Martín siempre vuelve, y la venia hoy se la hacemos con los dedos en V.