viernes, 12 de febrero de 2016

WANA

Cuando lo conocí le decían Wana. Vaya a saber por qué, porque era medio negro, grandote, un ensayo de peronismo como para estreno. Vaya a saber. Los de su agrupación le decían así. Le cuadraba, pero uno no se lo imaginaba diciendo “si, wana” para nada. De sólo pensarlo me sonrío, y eso que no tengo ganas de sonreir.


Eran tiempos de la Caja de Ahorro, casi finales de dictadura pero le faltaba todavía un poco más. Teníamos el sindicato intervenido… me acuerdo de reuniones en bares atrás de la Caja, del otro lado de Rivadavia, tantos bares a los que íbamos cambiando cada tanto pero siempre los mismos cinco o seis. La cana se los sabría de memoria. Para mi la militancia era política, pero aprendí a militar como delegado en el gremio… de la empresa de “concentración”. Eramos zurdos en aquel entonces y el Muro gozaba de buena salud.

El no. Era de la agrupación del peronismo bancario, aunque no tenía pinta de bancario. Los bancarios eran algo así como los radicales, pero no los de barrio que se parecen a los peronistas, sino los radicales de saco y corbata, más bien de saco de un color distinto al del pantalón. Pero él no; andaba con la camisa afuera, moviéndose cansinamente por los pasillos camino al sucucho que era la oficina de ellos. Los pelos enrulados y a veces peinados (difícil tarea). La cara de nene y ese cuerpo enorme. El hombre montaña, el gordo. Muchos apodos, ninguno tan bueno como Wana.

Había militantes de corbatita en su agrupación, más finos, más peinados (alguno a la gomina), con más facha de derecha peronista. El no. Se le salía el barrio por todos lados, inocultablemente y no era fulano de ocultar esas cosas. Era como se veía, así.

Y así lo conocí. Las dos agrupaciones, la peruca y la del pecé (que era la mía) venían haciendo buenas migas en el laburo de todos los días. Un poco la línea de entonces, otro poco que entre algunos (y no todos) nos teníamos una guardada simpatía. ¿Por qué sería? A mi se me había dicho que iba a trabajar con ellos de lleno, medio que era mi tarea. Y la hice, claro que la hice.

No se si había tipos más disímiles que Wana y yo, será por eso que enganchamos de entrada la confianza, esa que nunca hubiéramos podido construir si otras hubieran sido las circunstancias. Así fuimos de noche a reuniones medio clandestinas en el sindicato intervenido, raramente clandestinas como diciendo esto no es una reunión. Así me codeé con toda clase de perucas que andaban yirando por ese sindicato y otros. Conociendo mundo. Wana al lado, entre otros. Por distintos caminos anduvimos parecido. Me viene la CGT de Saúl en el edificio de la calle Brasil, como una foto.

No se cómo comenzó esa charla… en la que yo trataba de explicar lo del marxismo y él trataba de contar el peronismo. Qué se yo. Imagino que no queríamos convencer uno al otro, o si, al menos por deporte. Necesitábamos a cada uno en su agrupación y trabajando juntos. Recelos de ambos lados era lo que sobraba, y es tan difícil con el campo popular, hay tantas razones para mandar a la mierda al otro. Hay tantas razones para estar por separado y una sola para andar juntos. Es la razón que pasó de los Coroneles de la Caja a los boina blanca de la Caja.

Amargura del ’83. Qué fiesta de la democracia ni qué ocho cuartos; perdimos y es un garrón perder. Yo perdí después de la campaña extraordinaria de la 2 a la cabeza y la 12 a los premios (la 12 eran los diputados del PC). Fue la primera cosa que hice como un peronista más, y no lo era. Un compañero de oficina, viejo peruca, me regaló dos mates de porcelana que hacía un amigo suyo con la figura de Perón y Eva, por cómo había militado esa campaña. Aún están ahí y en uso, no de mate sino para guardar la plata cuando uno se vacía el bolsillo tras cerrar la puerta de casa.

Pensar que nos empujamos (alguna mano voló también) en el hall de la Institución cuando nos visitó en la Comisión Interna nuestro candidato a Gobernador. Herminio Iglesias, si señor. Los radicales estaban que trinaban y nosotros allí (los viejos del partido también nos miraban mal aclaro). Y nosotros allí, bancando al candidato. El acto de Lanús, qué despelote. Y él también estaba, por supuesto. En nuestras charlas aparecía la izquierda peronista, la Resistencia, Cooke, la Tendencia, El Kadri, Gullo. ¿Quién los nombraba, él o yo?

Y pasó el tiempo. Se normalizó el sindicato, la lucha se transformó en otras luchas. Otra vez Saúl, las plazas y los choris queridos. La columna que supimos sacar de la Caja para cada ocasión. Los compañeros se repiten, cosa a cosa, elecciones de la seccional Buenos Aires, distintas listas. A veces enfrente, muchas otras a los codazos adentro. Así pasábamos los días.

A Wana no le caía bien cualquier bar, a Clásica y Moderna no quiso ir. Me quedé pensando… mi viejo me había enseñado que uno debe poder entrar a cualquier lado porque lo único que te piden es que tengas la plata. Y él se preocupó por tenerla, al menos para que no le cierren la puerta en la cara. Pero no se Wana, la cuestión es que esos lugares medio caretas no le gustaban y punto.

También lo vi ponerse loco, quilombo de marcha con otra agrupación (por un casual, con gente de la mía). El gordo tenía un poco de razón, siempre había un pelotudo que se creía dirigente y lo miraba por arriba. Y yo ahí parándolo, llevándonos a tomar un poco de aire y volver más calmados a la columna. Zafarranchos del oficio.

Un buen día me di cuenta de que hacía mucho tiempo que las cosas eran más concretas, no tan altas ni tan perfectas, pero más bellas. Cercanas. Le dije que quería afiliarme al PJ, que trajera la ficha. Y así se hizo. Lo vi titubear cuando le dije, como que si había buscado algo así jamás lo había creído posible. Se puso muy contento, pero muy. Eso siempre se le notaba fácil. En esos días me dijo esa frase extraordinaria que ya llevo escrita en más de un relato…: “cuando estés en la Básica y se te ocurre putear a Perón, bueno, criticar a Perón, bueno, puede ser; no vas a ser el primero ni el último. Ahora guarda, que si llegás a decir alguna vez algo de Evita te rompen la cara. Mucho cuidado”.
Creo que es eso lo que selló mi recorrido. Al peronismo hacía rato había llegado por la razón, pero Eva fue la que me abrió el corazón. El gordo sabía o no, pero bueno. Oportuno, como buen baqueano.
 
No siempre estuvimos de acuerdo. Y no hablo de lo ideológico, también de lo práctico. Nos distanciamos un poco, estuvimos medio enfrentados y así nos despedimos sin darnos cuenta. El afecto quedó allí, medio guardado como para que no lo ensuciara nada. Así se quiso, así se hizo. Muchos años después, a pesar de esas cosas que uno putea del feisbuc y toda la huevada, pero así pude reencontrarlo. Sabía que también él finalmente dejó la Caja (la verdad es que la Caja nos dejó a todos) y se fue a la Costa con toda la familia (que conocí cuando todos eran jóvenes y chicos). El perfil me lo trajo hecho un alfarero, artesano pero igual, pese a las canas y a tanto tiempo. Igual, peruca y bancando al gobierno popular de Néstor y Cristina. Igual y mejor. Pero andaba mal, la salud lo quería dejar a medio tranco. Me vengo a enterar.

Uno no puede decir qué con Wana éramos amigos, no de esos que debe haber tenido. Lo que uno puede decir es que éramos compañeros. Y lo seguiremos siendo, ya para siempre. Que yo le debo el peronismo, una deuda impagable.

Gordo, hasta que volvamos a vernos. Y viva Perón.


viernes, 5 de febrero de 2016

UN DESIERTO DE SAL

Estamos atravesando los primeros kilómetros del desierto. Lo que se extiende ante nosotros es un arenal o un salar que llega hasta el horizonte. Así son los desiertos. De nada valdrá entrar a la carrera, ni agotarse antes de llegar a un oasis (que siempre los hay, sólo que hay que conocer para encontrarlos). Para hablar en criollo, lo que se discute es si serán cuatro u ocho los años de cruce.


Usté no lo cree. Bueno, es cierto que lo asisten razones de una lógica cuasi impecable. Desde ya que era una pavada que no se podía gobernar con “el peronismo enfrente”. Nadie queda igual después de una derrota, aunque ésta haya sido por un margen exiguo como es el caso. Derrotas son derrotas y quiere decir que perdimos, no estamos en el gobierno y no manejamos nada a nivel nacional. Triste, cierto. Pero tiene razón si piensa que, dada la velocidad que ha tomado el “cambio” y la destrucción sistemática de andamiaje y logros del gobierno anterior (del nuestro), es de pensar que algunas variables económicas y sociales se pueden ir por un barranco o, simplemente, al carajo. 

Y usté sigue con el análisis y ve, claramente, que entre la apretadura externa (pagoabuitres, préstamosnuevamenteydeudanuevamente) que saben conseguir y el achicamiento del mercado interno vía enfriamiento del consumo -que para allí va el asunto- la cosa puede ponerse difícil. Socialmente difícil. Es posible.

Y se podría seguir especulando. Plantearse por un casual, ¿esta gente viene para el saqueo nomás o se piensa quedar y reformular el país con la estrategia de una derecha consciente y poderosa? ¿ladrís o ideólogos? Y uno le agrega, ¿y por qué “o”?

La primera cosa que tenían que hacer era sorprender(nos) tomando rápidamente control de la situación y sacarnos de la cancha. Ahí lo ve, con la jugarreta del tipo de cambio y la compra de dólares se mandaron una primera devaluación de la moneda; de la misma forma con el verso de los “ñoquis” pasaron a realizar la reforma y ajuste del Estado para adecuarlo a las funciones del Estado mínimo que siempre desearon los liberales. Endemientras, la ponen presa a Milagro Sala y nos rompen el bloque de diputados.

¿Todo nos lo hacen? Seguro que no, de este lado también se juega. ¿Sabe qué? No estamos en nuestro mejor momento, acabamos de perder una elección importante. Acabamos de perder el poder político del país. Eso tiene consecuencias múltiples, enormes, también en lo anímico. No queda una fuerza intacta e invencible que sólo requiere de buenos líderes que la lleven adelante. Si así fuera habríamos ganado. Es una fuerza que acusa cansancio por muchos años de gobierno, por bancar muchos momentos difíciles y dejar para otro día muchas discusiones y también, digámoslo, de barrer bajo la alfombra muchas miserias humanas. Las ideas son buenas, lástima que las realizan los hombres… Ay, Carmela.

Si usté es de esos que privilegia las ideas en la vida, que piensa que sus principios es lo más importante que uno tiene, por favor deje de leer acá. Pa qué? Un movimiento como éste, y ud (para que no piense que no se que se escribe “usted”) que me piensa en el kirchnerismo por ay como si fuera una casualidad absoluta la paternidad de la criatura. Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio -precisaba pícaro Néstor- nosotros somos peronistas. Y el kirchnerismo ha sido hasta ahora una excelente versión del peronismo de Perón, y a la vez la manera de encarar el tradicional frentismo que es parte de la doctrina peronista en el siglo XXI.

Entonces, un movimiento como éste –le decía- tiene sus idas y venidas, internas, rupturas y arreglos, actitudes que rayan la traición y dejan la raya. En la historia de la lealtad está la historia de la traición, qué se le va a hacer. No se haga mucho problema por esto. Lo esencial, lo estratégico es que la derecha no logre partir el movimiento en forma duradera. Porque ahí sí que sonamos. Y es lo que buscan permanentemente, no por la gobernabilidad sino por la posibilidad de consumar nuevamente la dependencia en la Argentina (eso que ellos llaman pomposamente “república”). El peronismo ha sido siempre el dique de contención de la derecha en nuestro país. Si quiere otro día se lo explico, porque seguramente alguna vez escuchó decir algo distinto. Se lo aseguro, lo debato y se la gano. Ninguna duda. Quiebren el peronismo y su frente aliado, y habrán hecho mierda la Patria.

Con la mira puesta en estas cosas, yo le invito a atravesar el desierto. Caminado a paso firme y tomando sorbos de agua cada tanto sin enyenarse, sin piques ni maratones. Entre compañeros se va a hacer más fácil y por una de esas cosas, encontramos el oasis y la salida.

Vamos a llegar, que es lo mismo que volver.


lunes, 1 de febrero de 2016

AL ESTADO LE ODIO

Escribe el sociólogo y politólogo brasileño Emir Sader “Pero, cómo recordaba siempre Marx, el capital no está hecho para producir, sino para acumular. Libre de trabas, se transfirió, en proporciones gigantescas, hacia el sector financiero y todas las modalidades especulativas. Las economías no han vuelto a crecer, pero se han dado una monstruosa transferencia de renta hacia el sector financiero, que se ha vuelto hegemónico en el neoliberalismo.”

Es lo que vivimos en la era signada por Reagan y Thatcher y la llamada “revolución conservadora”, el “consenso de Washington” y sus consecuencias privatizadoras del patrimonio nacional, es el embate más furibundo contra la soberanía de los Estados independientes (aunque sea en la formalidad) bajo la cortina y la excusa de la globalización ultracapitalista. Eso que Jauretche –tomandonos una delantera asombrosa- llamó “coloniaje”, haciendo centro en la cultura hegemónica de una burguesía extranjerizante que dictaba la moda y modo de pensar a los sectores medios y, si podía, a los más subalternizados. Qué no decir de eso que vivimos no hace tantos años… y parece que no. El 2001 –que aún permanece en la memoria colectiva como un borroso recuerdo- fue la consecuencia catastrófica de estos procesos.

El neoliberalismo es liberalismo. Eso se hace concreto en la concepción del Estado. Seguimos a Sader: “El Estado mínimo es el corolario de esa centralidad del mercado. La derecha intensificó sus diagnósticos en contra del Estado, de su capacidad reguladora de la economía, de contrapeso del mercado, pero también de todas sus otras funciones.”

“El Estado sería por esencia ineficiente, despilfarrador de recursos, recaudador de demasiados impuestos que devolvería poco a la sociedad, sería la raíz fundamental de la corrupción, que cierra el mercado interno de los saludables ingresos de capitales externos y de innovaciones tecnológicas, generador de una burocracia inmensa, desincentivador de las inversiones. Además de fuente de totalitarismos políticos –tema privilegiado del liberalismo-. Es el problema al que hay que atacar todo el tiempo.”

El autor brasuca se ha hecho una panzada con nuestra historia reciente, aunque dudo que lo haya hecho a propósito. Vamos por partes… Despilfarro en planes sociales (para mantener vagos que hagan de comparsa en las cadenas televisivas y abundantes actos que protagonizaba la ex mandataria); demasiados impuestos como el de Ganancias que esquilmaban a pobres trabajadores cuyos ingresos estaban en el top five de la crema laburante, o aquel otro de Retensiones a la soja que destruyó al campo, como todos sabemos, y hoy queda un triste páramo plagado de propietarios en la inanición. Capitales externos dice, o sea arreglar con los “bonistas” que es como ahora se denominan los otrora “fondos buitres”, y pasar a tener el sacrosanto derecho de volver a ser esquilmados con comisiones, tercerizaciones y demás requisitos indispensables que conlleva contraer una deuda externa como Dios manda. Y también, lo de la dictadura que vivimos en donde nadie podía pensar ni expresarse sin ser bárbaramente reprimido, ¿no? Como todos los caceroleros, marchones en silencio y demás que fueron izados por esbirros del pasado gobierno en camiones directo al penal de Tierra del Fuego, especialmente rehabilitado a tal efecto. Época terrible la que hemos vivido, sobornados por mejoras incesantes de sueldo en paritarias y toda esa demagogia que nos llevó a comprar plasmas, autos y aires acondicionados para tapar la angustia. Y vacaciones… un espanto.

Alguna vez, ese conspicuo y preclaro representante del conservadurismo populista, el Senador (MC) Eduardo Duhalde, había sugerido “para los pobres el Estado y para los ricos el mercado”. Un colmo de la originalidad y la capacidad de síntesis que, en estos tiempos de Cambiemos, también está anacrónico. Sería más bien “el Estado para el mercado” sin pobres ni ricos, furiosa utopía incumplida. El Estado para subsidiar al mercado, para contener sus fallas y para permitir que la premisa básica de acumulación de capital en manos de los que debe estar (es decir, su cúpula financiera/especulativa) esté garantizada. Para eso debemos trabajar todos, aún los que no tienen empleo.

Planteado el objetivo, esta gente (que no viene de la política sino de una ONG que hace política) se encuentra con un Estado totalmente sobredimensionado al que le sobra gente a rolete… Claro, si el Estado no debe cumplir todas las funciones sociales y de promoción económica que el peronismo (el original, el de Perón, el mismo en el que abrevaron los Kirchner) considera que debe ser, por eso de la soberanía política, la independencia económica y la justicia social. Entonces, andan sobrando oficinas, programas y gente. La gente es “ñoqui”, que viene a ser sinónimo de trabajador estatal. Ningún sindicato estatal está dispuesto a defender a fulanos que cobran y no trabajan, pero primero hay que demostrar que eso es así. Caso contrario, el funcionario que echa gente no lo hace con la razón en la mano sino porque lo animan sentimientos turros (y puede que también algo peor si lo hace para achicar las funciones del Estado como se decía antes).

Final de cita: “Pero algunas funciones del Estado le interesan a la derecha. La primera, esencial, es la represión, porque políticas con esos rasgos, intensifican la crisis social y requieren represión. Requieren también el control judicial, para poder legitimar gobiernos autoritarios. Requieren Bancos Centrales que garanticen la liberalización de la economía.

Es un odio selectivo a las funciones de regulación económica del Estado, de garantía de los derechos sociales, de protección del mercado interno. Y como mal pueden hacer al elogiar abiertamente al mercado –responsable central por la crisis económica internacional empezada en 2008 y sin plazo para terminar-, atacan, con odio, al Estado, que es la forma de promover la centralidad del mercado.”

Qué más agregar don Emir. Naá.


Las citas provienen de “El odio al Estado” por Emir Sader, Página 12 del 19-01-2016, pág. 12.

lunes, 18 de enero de 2016

EN CAMPAÑA

Está la nota que hoy sale en Página 12, “Cómo llegó al suicidio Nisman” firmada por Leopoldo Moreau, con un análisis interesante y sumamente lógico, desnudando la trama de una conspiración que terminó en tragedia. Pero si nos parece tendencioso (a mi, aclaro que no, estoy de acuerdo con Moreau otra vez, quién lo diría), dejémos la nota. No le hagamos caso.


Lo concreto es que se cumple un año del inicio de una feróz campaña “política” para sacar al gobierno kirchnerista de escena, desprestigiarlo, borrarlo del mapa y evitar que lo sucediera uno de igual o similar tenor. Si esa fue verdaderamente la intención, objetivo conseguido.

Y esa fue la intención. Nisman, el fiscal que salió con una insólita denuncia de complicidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner con Irán para el ocultamiento del atentado a la AMIA, está muerto hace un año. Fuera por un suicidio, la eventualidad improbable hasta ahora de un asesinato, o la figura difícil pero que a la mayoría nos cierra de un suicidio inducido, la cuestión que ese hombre, está muerto. Lo usaron en vida, usan su muerte. Aclaro que me importa un bledo la cuestión de la moralidad de Nisman, lo de la guita mal habida, las putas, y etc etc etc. No tiene que ver con saber qué pasó con su muerte, en tal caso tendría que ver con él como persona y como funcionario y eso es otra cuestión.

Seguramente hay ingredientes internacionales, necesidades de culpar a Irán en vísperas de un acuerdo nuclear con los Estados Unidos (hecho que realmente ocurrió, el del acuerdo). Pero también había necesidades locales. No jodamos, la idea era y es que la gente se convenciera que Cristina Kirchner había mandado matar a Nisman por la denuncia en su contra. Y hay gente convencida de esto, así como del odio irracional que le profesan a la ex Presidenta. Una clase peligrosa de gorilismo, porque está contra toda prueba, se basa solamente en los indicios que da la rabia, la frustración y cierto avanzado estado de inclinación hacia el autoritarismo político.

El actual gobierno de derecha que ha ganado las elecciones ¿continuará usando la muerte del fiscal contra el gobierno anterior? ¿necesita de algo así para consolidarse? Yo creo que no, pero la tentación es enorme. Hay una necesidad cuasi “vital” en perseguir (y que no se note que se hace adrede) al gobierno de Cristina F. de Kirchner. Necesidad de ensuciar al kirchnerismo, de basurearlo para que no sea una alternativa a futuro. Que sólo sea un mal recuerdo en pasado. La derecha busca ascender sobre los despojos del último peronismo, casi un clásico.

Hemos lamentado la muerte de Nisman, sin hipocresías. Primero porque a uno no le gusta que la gente se muera, que la mueran, que la obliguen a morirse. Segundo, porque era una operación en contra de los peronistas y del kirchnerismo. Tercero, porque era la antesala de una campaña despiadada y feróz que podía dar sus frutos. No los dio por eso, pero quedó flotando el prejuicio.

A los que usaron la muerte de Nisman, les importa un carajo Nisman. No tengo ninguna duda.


martes, 29 de diciembre de 2015

LOS ESTUPIDOS



A nadie le gusta que lo consideren un estúpido. Imagino que debe ser irritante que venga un fulano (uno, por ejemplo) y le demuestre con argumentos y datos que lo que piensa es una verdadera pelotudez. Si, si, que lo engañaron como a un chico; que se creyó todo, pero todo todo. Y que el fulano que lo mortifica con su prédica, se lo había dicho una y otra vez. En fin, es la vida… 

Ahora bien. ¿A quién le importa ganar una discusión, si el tipo este va a votar como votó? A mí, desde ya que no. Porque estos individuos se arremolinan en su convicción, se atercan más y más y finalmente, se les forma una masa dura en la sesera como para no escucharnos más. Y no nos escuchan, aparte de no creernos. 

Claro que estoy hablando de esa gente que podría habernos votado y ya no (que tal vez nos votó en el 2011). A los enojados, a los escuchadores de relatos hegemónicos, a los repetidores de noticias no chequeadas, a los viajadores del globo mediático sin confirmación. A los que responderían “lo dijeron en la tele; lo leí en el diario”, agregando sin decirlo “entonces seguro que es verdad”. Importa muy poco que hayan escuchado que las imágenes se trucan, que las noticias pueden ser mentiras, importa un bledo eso llamado “mirada crítica” o también eso llamado “inteligencia”, que consiste en someter razonamientos a leyes de lógica formal mínimamente, leer varias versiones de la cosa y entender que hay tantos puntos de vista como intereses a defender… y que uno, uno debe tener opinión fundada en el conocimiento y el análisis, templados ambos en el debate. Eso que hace doler la cabeza o incita al bostezo al principio, tiene que ver con evolucionar y ser un ser más pensante que antes de iniciar el proceso.

No estoy hablando, entonces, de aquel/aquellos que tenían una posición “anti” desde el vamos. Radicales que asumieron el gorilismo desde temprano, guardan un considerable resentimiento, y festejan la caída de cualquier peronismo y si es por las urnas, mejor. O el anti política y pronegocio, el garca, el que se salva solo pisando las cabezas de los giles que no son tan vivos como él. 

No hablo del militante de derecha, ni tampoco de los buenos y buenas señoras de convencida derecha. Estoy hablando del gran resto.

De esos, a algunos no les llegamos nunca y por alguna razón nos tuvieron tirria desde siempre. Las cosas no hicieron más que corroborar que estaban en lo cierto. Para ellos, tal vez el tema de la corrupción sea el más importante. Uno no va a entender nunca (y es una lástima, porque hace falta entender) cómo es posible que mucha gente considere que los gobiernos kirchneristas han sido más corruptos que el menemismo… ¿Cómo hacen para minimizar el descomunal negocio de la deuda, de la venta del patrimonio estatal? No sé, pero a muchos los convencieron. ¿Es que Lanata, Magneto y Durán Barba son tan geniales? ¿Será que nosotros somos tan pelotudos? La realidad no suele ser tan binaria…

Solemos apelar al raciocinio, a la comprensión; queremos explicar como lo hacía la Señora en las Cadenas (las que nosotros aplaudíamos y muchos no soportaban). Es lógico, somos gente que necesita entender para ir a la acción. Y me paro acá para matizar un poco el párrafo. ¿Habemus cabeza de termo que lo subís a un micro con una banderita? Seguro que sí. Y me consta que no son mayoría ni mucho menos en cualesquiera de nuestras movilizaciones. Recuerdo los famosos primeros de marzo cuando la gente bajo el solazo cruel en la Plaza de los dos Congresos, se quedaba como lagartijas escuchando a Cristina. Eso no lo logra un billete ni un chori, se trata de algo más. También tenemos compañeros blanquinegros, a todo o nada, es esto o lo contrario, gente maniqueísta y con una simpleza de pensamiento abrumador. ¿La ventaja? Están de este lado, no encuentro otra.

Esta gente de la que venimos hablando tiene otra forma de percibir las cosas. Parece ser que necesitan certezas y no argumentos. Ver y no tocar, creer en lo que de alguna manera ya creían. Y allí está el problema… creo que ratifican en nuestro discurso y nuestra actitud las cosas que les hacían sospechar desde el pesado toldo mediático. Nosotros éramos los malos de entrada, sólo había que comprobarlo una y otra vez.

Recibían aumentos de salario, subsidios, servicios, un sinnúmero de cosas que irán(iremos) perdiendo. Pero seguramente era nada al lado de la que se llevaba el Gobierno, y el kirchnerismo en general. No hay con qué darles, no les entra un argumento.

Encima repiten cosas que son tentadoras. Un coso va y te dice “en este Gobierno hay toda gente nueva”. Cómo le decís lo de Prat Gay, por nombrar uno. Cada uno tiene antecedentes y estuvo en la función pública no una sino muchas veces, pero ellos no se acuerdan o nunca lo supieron. Y si se los recordas (la figura es esa, no es que uno piense que no tenían ni idea), ahí se te ofenden, como que los tratás de salames. Bueno. 

Es una cuestión imposible, reitero la idea porque es pertinaz, sacarles de la cabeza el tema de la corrupción. Lo traigo de nuevo porque me parece que hay que hilar un poco más fino. En el caso de los que piensan (convencidamente) que "son todos chorros" los políticos, difícilmente se les ocurra que pueden serlo también empresarios, sacerdotes, titulares de oenegés, a menos que el nihilismo anarco sin utopía que subyace en ellos supere esos límites de urbanidad burguesa. Además, está la cuestión del Estado. Hay prejuicios muy difundidos y muy burgueses (históricamente burgueses) de cuando se planteó la sociedad civil como distinta y contraria al Estado (monárquico, aristocrático); ese Estado condicionaba el desarrollo del mercado con trabas impositivas, aduaneras, con tasas de todo tipo. Un verdadero esquilmador del esfuerzo ajeno. Y si bien alguna vez y en Europa esta postal pudo ser veraz, no lo ha sido tan así por estas tierras. Hay una larga precedencia de concepciones subconscientes que remedan percepciones de otras épocas y sociedades. La desconfianza hacia el Estado (y sus administradores, los políticos) sin duda encuentra base en las múltiples trastadas que se han hecho en la Argentina. Es cierto, salvo que ocurrió en períodos en los que justamente no gobernaban ni Néstor ni Cristina Kirchner. Al contrario, el Estado de estos últimos años políticos practicó la inclusión social y duplicó el número de los sectores medios. Cosas que tienen que ver con el trabajo, los derechos, el mercado interno y el consumo.

En el medio se cometieron errores, pero no fueron por los que se trata de justificar un voto a Cambiemos. Pero no se gaste, es inútil. Cada argumento que usté intente desarrollar será interrumpido con un airado "entonces yo soy un estúpido, es lo que me querés decir". Sería mejor a veces decirles que sí, que es lo que uno piensa. Y sabemos también que así no llegamos a nada.

Por un tiempo habrá que moderar el discurso. Quiero decir, no llevarlos por delante todo el tiempo. Dejar que saquen las conclusiones que deban sacar, sin correrse de su lado como un copiloto molesto y no elegido. Decir alguna cosa, callar muchas. Tampoco pintar un panorama aterrador, aunque usté piense que es precisamente lo que va a ocurrir. Mire, si no ocurre inmediatamente, al día siguiente a ser vaticinado, le dirán que usté es un alarmista o que sangra por la herida. Y se generará una nueva discusión en la que indefectiblemente el tipo se sentida tratado como un estúpido. Yo no le digo que se calle, mucho menos que no salgamos a defender lo que hay que defender. Pero todo en su medida y armoniosamente. 

El camino con esta parte del pueblo (porque de eso se trata y ya le dije antes qué parte) va a ser arduo y cuesta arriba. Demandará de una paciencia oriental y una templanza de santos... Si, lo entiendo, usté los mandaría a la concha de la lora. Y bueno, a veces no está mal ser absolutamente sincero. Humaniza, siempre y cuando se pueda volver. La tarea militante no es solamente cuando nos juntamos en alguna plaza, cuando organizamos cosas y movidas, es también este fulano a fulano que tanto nos irrita a veces y  desmoraliza cuando las cosas salen como salen. 

Sabemos que muchos de estos tipos van a darse cuenta, tarde, pero darse cuenta de que tal vez no estuvieron tan bien votando como lo hicieron. Algunos en un colmo de honestidad lo reconocerán, otros dirán que no lo votaron, otros más le echarán la culpa a cualquiera con tal de no confrontarse con ellos mismos.

La gente es así. También es como uno, como nosotros, pero resulta que llegamos nomás al 49, entonces... Por un tiempo, la culpa de todo la tendrá el Gobierno anterior; la victoria de Cambiemos será la prueba de verdad de cuanta barbaridad se haya propalado contra el kirchnerismo. Y a medida que la cosas vaya poniéndose complicada, es posible también que suba la porfía. Porque a nadie le gusta que lo consideren un estúpido. Y mucho menos, saber que se ha sido un estúpido.

Entonces, cuente hasta donde le den los números, un poco más de paciencia y vuelva a intentarlo, a repetir todo más calmo y sin pretender ganarle. Haga sus críticas generales, plantee las dudas que tuvo en cada momento (si hay confianza), hágalo mínimamente porque tampoco es cuestión de dar pasto a las fieras. Humanícese, que lo vean con el fulano que es y no uno con una pechera. Comprenda y sea duro también, porque siempre es importante ver a alguien con ideas claras. Diga si se equivocó, no le escape al asunto. Y haga todo esto cuando lo pueda soportar, pero fíjese que si le dura demasiado, será difícil hablar con esta gente cabezona. 

Piénselo... no son traidores a la Patria, tal vez sean medio estúpidos.



lunes, 21 de diciembre de 2015

OPOSITORES

Llevo de oficialista poco más de los últimos doce años. El poco más vendrían a ser los tres meses de Cámpora, el difícil año de un Perón monumental que hacia el final volvió a reinventarse y pasó de nuestra historia a la Historia. En fin, en esa época aún no votaba.

Pueden pasar como oficialismo también otros tres meses de Ménem hasta la irrupción de los grandes empresarios y la cachetada de los Alsogaray boys&girls. Y en tren de contar miserias, unos seis meses de Alianza por qué no, hasta el leve e inconsecuente portazo del Chacho. Acá está todo a la vista, señores, pasen y vean.

El gran resto de la vida política de uno (imagino que de unos cuantos) ha transcurrido en la oposición. Clandestina a veces, abierta, silenciada de muchas maneras, pero oposición. No sería de extrañar que ahora uno vuelva a ser eso, salvo que estos doce años pasaron y pesaron, cambiaron hábitos y costumbres, se articularon mucho más que un tiempo transcurrido. Parece más y parece también que oficialista uno hubiera sido siempre. Entonces, el llano desgarra aún más y gravita enormemente en el ánimo.

A no enloquecer. No del todo, por decir un algo. Somos opositores, allí nos puso el electorado que ganó. Claramente, hay un oficialismo con el cual no compartimos visión, historia, objetivos, métodos, imaginario ni proyección de futuro. Incómodamente, tenemos que compartir el país. No somos un “equipo”, las diferencias no se han borrado, importa poco que graciosos sin gracia y con culpas hablen de “la grieta” o pavadas por el estilo para encubrir toda una historia en la que proyectos de país se han enfrentado y confrontado permanentemente.

A ver, ¿qué tenemos? Un bloque de Senadores y de Diputados que se han expresado con absoluta claridad sobre el hecho de ser oposición. No poner palos en la rueda, no significa claudicar en la defensa de los principios y políticas concretas de estos años, dijeron palabra más palabra menos. Intendentes que con Ferraresi como portavoz han dejado el concepto bien en claro en presencia de la Gobernadora de Buenos Aires. Un ex candidato a Presidente que sostiene lo que pregonó en la campaña (y que fue lo que votaron algo más de doce millones de argentinos).

Un montón de gente se reconoce como oposición. Es un hecho de mayor magnitud -no de mayor importancia- que la de definir rápidamente cuáles vendrían a ser los límites y la Conducción de la oposición. Y aquí vuelven a aparecer los apresurados y sus gemelos, los retardatarios.

Unos pretenden imponer sin discusión alguna a Cristina como única conducción, otros prefieren ignorarla, y de ser posible, retirarla de la política. El tema tiene que ver, sin duda, con la confrontación entre “kirchnerismo” contra “pejotismo”. En primer término se podría decir que es una falsa opción, muy a gusto de los enemigos del movimiento nacional y popular. Un gran favor al poder real que usando la herramienta llamada “Cambiemos” se ha hecho también con el poder político.

En segundo lugar, separemos los términos y veamos. El “kirchnerismo” efectivamente es más grande que el peronismo. Trasciende sus fronteras y lo complementa, aún con fulanos que no son peronistas. Es claramente la construcción de un peronismo frentista (como lo era Perón) que ocurrió en esta época. El PJ ha podido ser el eje vertebrador y reaseguro final de una coalición versátil, heterogénea, movilizada y movilizadora, como nunca ocurrió en la historia argentina. El kirchnerismo ha demostrado ser algo más que la suma de sus agrupamientos políticos constituyentes, y de allí su dinamismo (algo que los peronistas practicamos desde adentro en una manera movimientista de vivir la política).

Ahora bien, “pejotismo” es una descalificación y como tal fue usada para hablar de esa maquinaria política que se había entregado al neoliberalismo. Es una terminología histórica y no debería ser utilizada indiscriminadamente y mucho menos como un sinónimo de Partido Justicialista. Ofende.  

Hay ejemplos a tener en cuenta. Podría hablar de situaciones provinciales donde el PJ tiene peso y es una realidad militante, pero no voy a meterme en cuestiones que no manejo aunque conozco. Parémonos entonces en La Matanza, el lugar desde el que comenzamos a volver según palabra de la Intendenta Verónica Magario. Ese PJ, con Espinoza al frente, tradicional y blabláblá, supo enhebrar una síntesis de todos estos años, hablando de peronismo. Así, el ex secretario de Salud bonaerense, Alejandro Collia, es secretario de Salud local; el ex diputado nacional y ex secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo Nacional, Roberto Feletti, quedó al frente de la secretaría de Economía y Hacienda; la ex ministra de Industria Nacional, Débora Giorgi, está a cargo de la secretaría de Producción; el jefe de gabinete es Alejandro “Topo” Rodríguez, ex ministro bonaerense de Asuntos Agrarios; la cartera de Educación quedó a cargo de la pedagoga y ex directora del Programa Conectar Igualdad, Silvina Gvirtz. Algunos nombres, múltiples procedencias representativas del peronismo y el kirchnerismo (peronista).

Ahora bien, “pejotismo” es una descalificación y como tal fue usada para hablar de esa maquinaria política que se había entregado al neoliberalismo. Es una terminología histórica y no debería ser utilizada indiscriminadamente y mucho menos como un sinónimo de Partido Justicialista. Ofende.

Hay ejemplos a tener en cuenta. Podría hablar de situaciones provinciales donde el PJ tiene peso y es una realidad militante, pero no voy a meterme en cuestiones que no manejo aunque conozco. Parémonos entonces en La Matanza, el lugar desde el que comenzamos a volver según palabra de la Intendenta Verónica Magario. Ese PJ, con Espinoza al frente, tradicional y blabláblá, supo enhebrar una síntesis de todos estos años, hablando de peronismo. Así, el ex secretario de Salud bonaerense, Alejandro Collia, es secretario de Salud local; el ex diputado nacional y ex secretario de Política Económica y Planificación del Desarrollo Nacional, Roberto Feletti, quedó al frente de la secretaría de Economía y Hacienda; la ex ministra de Industria Nacional, Débora Giorgi, está a cargo de la secretaría de Producción; el jefe de gabinete es Alejandro “Topo” Rodríguez, ex ministro bonaerense de Asuntos Agrarios; la cartera de Educación quedó a cargo de la pedagoga y ex directora del Programa Conectar Igualdad, Silvina Gvirtz. Algunos nombres, múltiples procedencias representativas del peronismo y el kirchnerismo (peronista).

Hay tiempos para plasmar una Conducción, lo que no quiere decir que no exista ninguna endemientras. Vamos viendo. Lo importante es estar atentos y con esa capacidad de movilización que se demostró desde el 9 de diciembre (en esa monumental despedida de Cristina) hasta aquí. Cada uno va cumpliendo su papel y bien. La destemplanza y la discusión ilimitada es una cagada, sin más, cosas aptas para insomnes y gente que no tiene una alegría muy a menudo…

Hay una gran responsabilidad frente a esos votantes que perdimos la elección. Hay que resistir… puede ser (aunque no me gusta el término, lo tengo reservado para algo que ocurrió tras el golpe de la Fusiladora). Hay que defender lo conquistado en estos años, ciertamente. Hay que impedir que hagan mierda el país, en todo lo que se pueda. Pero hay también que construir la alternativa para las parlamentarias de 2017 y pensar en las presidenciales de 2019. Hay gente que espera eso de todos nosotros porque han decidido ir con nosotros aún pegándose unos golpes en la refalada.

Viendo estas cosas, sin ir a la carrera y quedar solo punteando ni tomando tantas precauciones que se termine a salvo pero fuera de la pista, tenemos que ir construyendo en la práctica eso de que “a volver, vamos a volver”.

lunes, 14 de diciembre de 2015

A LOS OJOS



Llegamos a la plaza de siempre. Pudimos haber viajado en columna pero no, como muchos preferimos ir con nosotros mismos a cuestas. Muchos días amargos tras el 25 de octubre, mucha discusión, algún que otro mal gesto, cosas de cuando se ve claramente que se acerca un día. Ese día.

Pero ¿qué hacer? Qué hacer cuando la palabra “derrota” que está tan cargada de tragedia, no es trágica. Cuando “por poco” comprobamos y comprueban que el país si está partido casi al medio. Eso es una circunstancia, los números, pero lo partido tiene toda una historia, que es nuestra historia, la argentina. Y uno sabe por experiencia y porque se va aprendiendo que nunca quedan de un lado todos los buenos y del otro todos los malos, ni todos los leales contra todos los traidores. La cosa suele ser más tozudamente compleja, como la vida, como los amores y las miserias.

¿Era tarde, vinimos a horario? Había una convocatoria medio así pero no estaba clara la hora de llegar, simplemente fuimos viniendo y llenando todos los claros, ubicándonos como el agua lenta pero inexorablemente y sin contención posible. 

Había un último acto adentro. Inesperadamente, la imagen de un amigo. Uno que se acercó para bancar el momento, hacerle la segunda, decirnos con el gesto lo mucho que vale el respeto, tal vez de puro agradecido se quedó mirando fijamente a quién sonreía levemente ahora en el mármol. Entre los dos corrieron la bandera que lo cubría, lentamente. Nunca vamos a olvidar a Evo, nuestro hermano y querido Evo. El Fulano apareció con la mirada clara y también difícil, como cuando entonces. Grande, blanco, con la banda, fantástico. Don Héctor lo miraba también desde su mármol y el sinfín de caminos por los que hizo aquel triste desfile con la lealtad. 

Era entonces. Otros tiempos que corrieron con el General que vivía y atronaba, protegía, destemplaba; era cuando nuestra juventud no sabía que era tan pero tan joven. Ay, lástima. Y aquí estábamos llegando como siempre, porque doce años parece como siempre. Y no es así.

Nuestra costumbre es una rareza en la Argentina atroz, esa que no quisimos ver, la que negamos, la que sin embargo aparece una y otra vez porque no está sanada. Estábamos y fuimos porque somos lo que somos y no podemos ya ser otra cosa. Al menos no todos, sabemos siempre que algunos siempre irán corriendo tras bastidores acomodándose para agradar y recibir.

Pero no fue Daniel uno de esos. Y la plaza al fin, por fin, lo reconoció. Tuvo que vestir la mortaja apretada de la derrota apretada para merecer el elogio de que “siempre acompañó”. Y un minuto… Daniel no nos traicionó, pasa que es un poco más educadito y de barrio que muchos, que será un bienaprendido que sabe que lo cortés no quita lo caliente (ay, guardémonos de los que gritan y declaman…). Va a ser importante preservarlo porque el futuro requiere también de fulanos como Daniel. 

La Señora salió finalmente al único espacio que no traiciona, al único aire que puede respirar tranquila. Era una despedida, la más fastuosa y espectacular porque estaba llena de gente que se pasó el plan y el chori bien por el orto y enarboló las convicciones que Néstor no dejó en la puerta. Y la puta que me hubiera gustado que hubiera dejado al menos alguna colgada con tal de tenerlo vivo y putearlo por algo y no en ese mármol y la puta madre que lo parió al dolor que te chumba y te tarasconea desde adentro, con espuma de rabia y sin consuelo posible. Acá se quedó tirado lo mejor. Néstor es nuestro caído por un país que quizás no lo merecía. 

Salió y habló fuerte y claro. A los ojos, directo a la boca, hermano. Como siempre. Nos tiró todo el discurso, el despliegue maravilloso de la gran oradora, la que ya no tendremos, la de la Conductora que acertó y se equivocó en partes iguales, al menos intensamente iguales. Y qué si es la mariscala de la derrota, beso la derrota por esa mujer, carajo. 

Cristina, nuestra Cristina. La que se va escoltada por una Plaza, pareja del Otro que también se fue escoltado por una Plaza. Del Partido fundado por un milico que dejó las palmas de general por la descamisada manera del pueblo peronista y se llevó todas las plazas. 

Vendrán otros y si, amigos, enemigos, enemigos, aterrizarán en la plaza los aviones de la marina que volvieron del Uruguay. Lo que quieras, pero nosotros siempre vamos a estar porque este es nuestro país, aunque empiece a no parecerlo. 

Necesitamos un poco de calma, che. Un poco de sentarse y tomar mate, un poco de silencio. No es necesario desensillar del todo porque aclara cada vez más rápido. Y tal vez poco importe si esto se trata solo de la sucesión interminable de destrucciónrreconstrucción. Pobrecita nuestra historia que cada tanto empieza de nuevo como si nada pudiera aprenderse. Pero si, imperceptiblemente un ladrillo se pone arriba del otro y así… Es desesperante como el pueblo elige hacer la historia, el tiempo tremendo que se toma(mos).

Y así. A los ojos. Nos mira derecho a los ojos porque puede. Y no es que todo estuvo bien, vos sabés que no.

Tengo el orgullo de haber ayudado a criar pibes que muchas veces no acuerdan conmigo y ser a sus ojos más conservador de lo que me gusta aceptar, pero el orgullo de que cuando las papas quemaban y hacía falta estar de un lado claramente, allí estaban. Se llaman hijos. Los nuestros, los que nos cuestionan como nosotros cuestionamos antes. 

Ellos tienen a Cristina para pelearse y también para reconciliarse, porque Perón les queda lejísimos. Mirá si les hubiéramos dejado solamente al Carlos, hubiera sido como para que el enojo les durara para siempre. Pero tuvieron a Néstor y a Cristina y por suerte, la dialéctica volvió a salvarse.

Puedo mirarla a los ojos en el silencio de la noche, cuando la Plaza se desarma casi dos horas después de que se fue. Si Dios lo permite, quiero ser como ese viejo peruca que consolaba a Lara (que lloraba para ella nomás)

diciéndole “nosotros siempre volvimos, y ahora también vamos a volver”. Quiero ser ese, algún día. 

Alguna vez éramos la rabia de Perón porque como decían que muerto el perro se acabó la… Y nos abofetearon con que eran la vida. Y nos la bancamos. Todavía estoy como un pelotudo esperando los cómputos de la Provincia que no llegaron jamás en el ochenta y tres. Ahora tampoco, porque el único que tiene la vaca atada es milka.

Vamos a sufrir el paseo de los globos y las burlas o el silencio, como si jamás hubiéramos existido. Hay tantas formas de decretar el 4161, cuando no se podía nombrar al quetejedi. Era mi niñez y por suerte no la de todos estos pibes que se iban llorando. Pero vivos. 

Algo hicimos. No mucho, pero si algo como generación política, con todos los charcos que tenemos y no llegan a lago y mucho menos a mar. No sé, tantas cosas se podrían decir, pero esto no es un análisis de nada sino una sobria borrachera.

Algún día mi nieto (que ya existe) puede que me pregunte cómo era Néstor y Cristina. Le puedo decir que los vi, les di la mano, les di un beso y los mire a los ojos. Y lo que había en sus ojos cuando miraban. 

Y hoy… bueno, que estamos empezando a volver pero todavía no se nota.
Todo tiene que ver con poder mirarnos a los ojos. Así.
(viva Perón)