viernes, 7 de abril de 2017

POPULISMO (las pelotas)



Uno tiene la sospecha de que aquí cada tanto se viene a chorear. Cotorreo con el "costo argentino" que viene a ser que ganamos demasiado y podemos hacer demasiado con nuestra libertad laboral, por un decir. Cotorreo con la inflación, ese impuesto al pueblo que siempre va a parar a los mismos acumuladores de oportunidades. Cotorreo con el déficit fiscal y el Estado, como si se tratara de un caño roto que chorrea agua y va a parar a la calle. Pero al parecer acá se viene a chorear cíclicamente, mientras la gilada se hace un mea culpa inducido. 

Abreviemos esta parte porque es conocida de sobra. Unos sustraen del alma del Estado eso que era para repartir, cobran cometas, cobran coimas -y cuando están del otro lado del mostrador coimean-, consiguen contratos increíbles, contraen deudas increíbles, hasta compran un arsenal como para hacerle el aguante a Rusia... Hacen la diferencia, y entonces se necesita el discurso moralizador y liberalote para que la culpa de tanto estropicio la tenga... usté, todos, menos ellos.

Conocido, pero ante tanta repetición, ignorado. Mire, extraer dinero de la Argentina debe ser como cazar en el zoológico, pero... Había un problemita, y con historia. Se llamó Peronismo y supo ser -y cada tanto sabe ser- un azote, la maldición de este país burgués.

Es fácil lo que hay que hacer:  hay que destruir al Peronismo y los valores que porta, deshacer su impulso, invisibilizar sus logros.  Y ahí está la otra cuestión, que vienen por el "cambio de paradigma" mientras se chorea. Usté sabe, porque es compañero y si no debería andar sabiendo, que esto es viejo. 

Tuvieron un zacudón con la ley Sáenz Peña, cuando salió mal y ganó las elecciones el primer radical yrigoyenista; pero pasó y lo pudieron contener. Al movimiento obrero lo fueron tiroteando, golpeando, esquivando, mientras se iban sacando a esa manga de inmigrantes molestos y anarquistas. Pero… Nueve años de Perón fue la locura absoluta del país granero del mundo, exportador de vacas gordas y de tiradores de manteca al techo. El peronismo arruinó la fiesta burguesa y se quedó a hacer cultura para abajo, subiendo a los que estaban en el fondo.

Cosas novedosas ¿no? Buenas nuevas de mercado interno, consumo, mercaditos estatales en los barrios, derechos tan peleados y soñados hechos realidad efectiva, de continentalismo, de Nación de verdad que se hizo Patria de overol, taller, guardapolvo, tierra adentro. Nada fue igual y todo comenzó a ser como parece. 

La academia vino entonces en auxilio de una derecha tilinga y desvergonzada. Estudiosos al otro lado del océano dijeron que todo eso era "populismo". Algo así como una dictadura antirrepublicana, dispendiosa, sobadora de lomos oscuros, basada en el resentimiento y promotora del odio. Está clara la rabia, el corazón oligarca había quedado afuera, exilado en el propio país.  Así comienza el laburo de los envenenadores de almas.

Como era nuevo, de una se pudo prohibir el nombre del tirano depuesto, sus símbolos, sus cosas, …esa marcha. Después y ante la persistencia del fenómeno populista, la cosa se puso más difícil. Los negros resistían, todos juntos, de a grupos, te hacían un acto relámpago, te dejaban un caño, te armaban un quilombo en un frigorífico. Se radicalizaban, pero no se hacían radicales. Había cada vez más peronistas.  

La vida dio vueltas, sabemos todos, entre dictaduras y recreos democráticos para ir a jugar -menos esos chicos que estaban proscriptos y no debían ni estar en el patio- volvió la sangre, engalanaron sus ventanas con los banderones del odio.

Finalmente y a las cansadas, encontraron algunos peronistas de Braden, más dóciles, ladinos, dispuestos a entregarse y entregarnos. Y así en conjunto, los oligarcas y los miserables vendieron las joyas de la abuela, y el cadáver de la abuela también. Ese peronismo hasta les gustaba, pero no duró aunque se paseó por la rambla una década. Estaba bueno, porque después de eso ningún pendejo iba a querer ser peronista. Eso pensaban. 

La historia tiene sus inexplicables, y así en medio de una crisis de la sanputa, a los empujones le dejaron el incendio a un desgarbado que usté ya adivina. El tipo pacientemente fue curando de a uno, juntó, porfió, arremetió,  gobernó como nunca habíamos visto los que nacimos después del '55. Una reconstrucción enorme y con enormes sacrificios. La dupla se completa con la Señora y se profundiza. Nunca habían pasado doce años de peronismo explícito, así tan desaforadamente luminosos, más allá de la opacidad que nos dejó la correntada liberal. Se retomó la saga fundadora, se encendieron mil luces y florecieron mil flores.

Y se encendieron todas las alarmas en los escritorios de los que mandan. Ahora se desempolva lo del "populismo" retomando el camino de zombización de la Argentina.  Mientras chorean nos quieren quitar el alma, las ganas, y esa Patria en la que no creen y por la que no juran. 

Que quede bien claro, porque "populismo" es como los gorilas le dicen al Peronismo para no nombrarlo. Y lo dicen así porque queda bien, porque hay muchos que no entienden nada y porque nos tienen que parar otra vez. 

Los oligarcas se tienen confianza pero también sienten miedo. Y tienen miedo. Los bobos siempre temen, eso no cambia. Y entonces chucean, provocan bien a lo “Libertadora”, porque hay gorilas que son bien gorilas. Y hay salames bien salames, que les fascina hacer coritos. Pero, ¿tanto miedo nos tienen? Creo que no, porque siempre esperan que nos salte la cadena para mandarnos los perros como siempre. Pero no.

Pasa que a los "populistas" nos duele que le saquen la comida de la boca a la gente, que los miren por arriba del hombro, nos pone de la nuca que los traten de negros y los negreen. Somos gente inquieta y susceptible. Esta gente interpreta que la sensibilidad es una muestra de violencia. 

Y algunos de verdad creen que se puede llenar la Plaza, las diagonales, la av de Mayo, la 9 de Julio, las plazas provinciales, los caminos, con choripanes y micros. Parecerían demasiado pelotudos si es que no se supieran tantas  historias sobre la hijaputéz. 

De fondo, sabemos lo que quieren: transformar la tasa de ganancia empresarial y financiera a valores absolutos o similares, bajar los costos laborales, terminar con las paritarias, dividir a los sindicatos y de ser posible destruir a toda organización de trabajadores, ensuciar los valores populares, sus emblemas, sus partidos, sus dirigentes, sus ideas. Domesticar al peronismo y de ser imposible, destruirlo. Hacerlo desaparecer de la conciencia ciudadana, borrarlo de la democracia, disolverlo en el aire. 

No nombrar al Peronismo, como prohibieron ya con el decreto 4161. Entonces, se dice "populismo" y se escupe en el suelo.

Y tras este oleaje tremendo, van a ir asomando en las costas multitudes mojadas, flexibles, con la frente en alto. Pasa, estimado gorila, que los juncos siempre fueron peronistas. Lástima.

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