miércoles, 11 de mayo de 2016

LA INDUSTRIA Y EL PERONISMO DE SÍSIFO



Lo temido y advertido: "Las exportaciones de productos primarios superaron en marzo el volumen de los despachos industriales por primera vez desde finales de los noventa. Trigo, maíz y oleaginosas fueron los bienes con mayor expansión, en tanto que plásticos, maquinaria, autos y productos de economías regionales como lácteos marcaron el mayor retroceso."

¿Qué por qué ocurrió esto?... bueno, porque: "Las actividades agropecuarias vinculadas a cereales y soja tuvieron una promoción notable en los últimos meses por la quita de retenciones y la devaluación, mientras que los establecimientos manufactureros anotaron dificultades importantes para mantener el nivel de los negocios. Los sectores de mayor valor agregado se vieron afectados por el impacto de políticas económicas que aumentaron fuertemente los costos y privilegiaron la especulación financiera sobre la producción industrial."

Bien (o mal); y ahora un poco en detalle con números: "En marzo, las exportaciones primarias ascendieron a 1305 millones de dólares y los despachos de bienes industriales se ubicaron en 1250 millones. De este modo, los commodities representaron el 29,3 por ciento del total de exportaciones, contra el 28,1 por ciento explicado por productos industriales. Las cifras adquieren relevancia si se tiene en cuenta que el año pasado los bienes primarios sumaban 20,3 por ciento de las exportaciones totales, mientras que los manufactureros representaban 39,8 por ciento. Las proporciones fueron 19,9 por ciento para los primarios, contra 41,1 por ciento de los manufactureros en 2014; 28,0 por ciento, contra 37,5 en 2013; 24,3 contra 32,1 en 2011, y 19,6 contra 41,0 en 2010. El desempeño de 2016, con exportaciones primarias superando a las industriales, no se observaba desde marzo de 1999, cuando las ventas de los commodities se ubicaron en 589 millones de dólares y los despachos de productos elaborados en 580 millones."

Lo que ocurrió políticamente hablando, es que una insignificante mayoría de los argentinos se dijo "Cambiemos" y la cosa cambió. ¿Se trata de un proceso de reprimarización de la economía nacional? El tiempo lo dirá, pero por ahora estos son los datos de la realidad más allá de los discursos y las piruetas gubernamentales. 

Argentina tuvo siempre una relación bipolar con el perfil industrial de un país moderno. Se pasó del saladero y la exportación de tasajo y cueros al mercado brasileño (del imperio del Brasil) a fines del siglo XIX a una inserción brutal en el mercado capitalista como proveedores de materia prima para la gran metrópoli manufacturera inglesa. Lanas, carnes y trigo. La primera industrialización tuvo que ver con la preparación de la materia prima y su transporte. Poner a punto la máquina proveedora del "mundo", y nada más. Endemientras, el Estado liberal garantizaba el orden interno con una hábil y descarnada política de represión a las facciones contestatarias de la división internacional del trabajo, nos metían en una guerra genocida para asesinar al Paragüay, armaba la infraestructura portuaria y ferrocarrilera, y punto. 

La Gran Guerra y la década del veinte sorprendió con un cambio de condiciones que hizo bolsa el esquema. Entonces, la oligarquía debió volverse a disgusto "dirigista" y además de firmar el Pacto Roca-Runciman institucionalizando la entrega del país a una agonizante Inglaterra perdidosa, se puso a controlar el vaivén de exportaciones-importaciones creando la Junta Nacional de Granos y su gemela de Carnes; y apareció el Banco Central como para ir modulando la (no)paridad con la moneda extranjera y todo ese lío descomunal entre las libras inconvertibles y el dólar desafiante. Comenzó una segunda ronda industrializadora para sustituir importaciones, con radicación de grandes empresas extranjeras. Los treintas, arrastrando la mega crisis del capitalismo con la quiebra del '29 demostró que la industria era un camino que había que transitar ya no como medida hasta que todo se apaciguara, sino como un destino imposible de eludir. Llegaron más grandes empresas extranjeras y nacionales. El perfil industrial estaba definido como en ningún otro país de la América dependiente.
Ante esta situación el pueblo inventó a Perón y, entre otras cosas, se ocupó al máximo esa capacidad industrial instalada y usada a medias. No fue suficiente; a fines de los cuarentas la estructura económica crujió porque el desarrollo nacional exigía pasar a la industria pesada lo más rápido posible y coronar una revolución industrial argentina. Era el proyecto nacional peronista, con la gente adentro. Entonces, la oligarquía inventó el '55. 

La Argentina del primer peronismo sobrevivió con mucho a los gobiernos de Perón y signó gran parte de los sesentas. Los obreros mejor pagos del país hicieron el Cordobazo, eso se dice y con razón. Un Perón viejo salió por la Puerta de Hierro tras dieciocho años de exilio para sentar nuevamente las bases de un Proyecto Nacional, pero ni él pudo. La Dictadura arrasó con el Estado Justicialista y con la gente. Esa sí que fue una reprimarización de la economía, aparte de un crimen de Estado. 

Después, a los tumbos. Deuda externa, Patria Contratista, Capitanes de la Industria. Salteadores de caminos devenidos en empresarios (y entre ellos, un hombre Franco). El Estado de los Argentinos siempre fue el alimento de los depredadores. En esa relación perversa hay que buscar la famosa corrupción, sería bueno que algún día el fulano de a pie lo entendiera. Hasta un presidente de orígen peronista salió a vender las joyas de la abuela (que era Evita) y se la tiró en pizza y champán. No fue el único en arrodillarse, nunca se es el único.

La desgracia inventó a Néstor, después el pueblo lo hizo suyo. Cómo un héroe griego desterrado que tiene que subir la piedra por la pendiente siempre, el peronismo sísifo está para la reconstrucción. Será por eso que no lo dejan terminar la tarea nunca, ya sea corriéndolo a tiros o como ahora, con unos miserables votos de más juntados a titulares de diarios que esperan a tipos comunes que se toman un café a las apuradas y parece que no le dan bola a la pantalla de TN en mute. 

¿Qué fue el último capítulo en la era K: ocupación de capacidad instalada, reindustrialización, nueva industrialización? Un sabedor de economía debería decidir, no es que uno quiera meterse. Los números que se desparramaron al principio orientan un poco. Porque algo se había hecho y esa es la "pesada herencia" que el Liberalismo debe hacer desaparecer y pronto. Le sobra Estado, le sobran trabajadores; le sobra país y lo entrega. Nada nuevo, así son los liberales.

La historia, la desgracia, y ojalá el pueblo, deben estar inventando a los que vendrán a rescatar la Patria. Como siempre sucede desde que hace mucho, miles de trabajadores anochecieron en la Plaza diciendo ¡Queremos a Perón!, hasta enronquecer.

*Las citas corresponden a "La industria pierde frente al campo" por Federicho Kucher; Página 12 del 11 de mayo de 2016; pág 12.

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