martes, 14 de junio de 2016

QUE COMAN TORTA



La Señora mira de frente; su vestido veraniego de faldas largas y el sombrero parasol dicen cosas sobre quién es. Mira pero distraída, ya que estar distraída es parte de la condición. Se dibuja en el pasillo de columnas de la Rambla "francesa"; y unos pocos pasos más adelante, apenas, empujando el cochecito carroza al borde de unos breves escalones de piedra, está la sirvienta que mira fijo al objetivo de la cámara, tan fijo que los ojos atraviesan la gigantografía hasta calar los huesos. La cofia, el uniforme “de verano” blanco virado al sepia, la morenidad y el pelo recogido en el que se adivina un azabache escondido. El delantal de pasear y atender, una marca. Tal vez mira absorta el artefacto sobre el trípode y el señor de levita que la captura en esa rareza de la fotografía. La foto está expuesta en el vestíbulo del palacete Ortíz Basualdo o Museo Castagnino en Mar del Plata, se la puede ver. 

La "distraedad" fue la virtud que escondía miradas feroces detrás de ojos cándidos o plácidos; y se hizo educación cívica ya que nos fue legada y derramó -así se cumplió cabalmente la teoría del derrame- sobre los espíritus comunes. Estar distraído mientras se mueven alrededor los oscuros personajes que montan la escena. Un impertinente puede llamarlo "clasismo".

Desde las ganancias que daba el hollín en los pulmones de los trabajadores ingleses -o de cualquier lugar- el liberalismo ha sido siempre igual a si mismo. Sólo la cultura lo diferencia por épocas en la aterradora historia del capitalismo. La hegemonía de la cultura hace que un fulano de a pie se dispare en el pie, que es como suelen ocurrir las desgracias. 

Nunca puede uno repetirlo lo suficiente, pero es mucho más el tiempo en que han gobernado liberales, conservadores -que acá vienen a ser dos cualidades del mismo sujeto, y no como en Uropa-, gente de derechas. El Estado Nacional, la Constitución, la mar en coche. ¿Vió? todo eso mezcladito como para que pase por La Historia. Los emigrados unitarios que venían con las fragatas francoinglesas a tomar su propio país. Pero el criminal, sabemos, fue Rosas. Un ignorado dorrego llamado General Valle que se entrega todos los años sin tener feriado, ni placa que dure entera en la penitenciaría invisible de Las Heras. La vida patas para arriba. Algo así.

Como ahora. 

El esperanzado espera, es su tarea, da tiempo. Se le dijo hasta el hartazgo que iba a pasar lo que pasa, pero... no (nos) creyó. Y ahí está esperando dios sabe cuánto, porque no puede ser que le hayan mentido. No puede ser. Pero lo feo es cuando no mienten: el comienzo de un tarifazo se pagaba con dos pizzas; vivimos en una fantasía que nos llevó a creer que podíamos viajar al exterior, consumir, tener. Eso, lo dicen de verdad. Uno que es resentido piensa que es desprecio. Otro dirá revancha. Hay los que buscan antecedentes en la Historia y los encuentran, aunque nada es lo mismo de lo que fue como eso de que nadie se baña en un río dos veces (ni siquiera una, como decía el compañero Heráclito).

Hay desprecio de clase, aunque sean todos unos recienllegados de una burguesía sin prosapia. Aunque se hayan parado con la Dictadura, martirizado a Don Raúl y ascendido finalmente con Cálos. Ninporta. Tienen la miradita de arriba del hombro, la insidia del self made man (a costa de other men). Tuercen la boca para parlotear sobre el populismo (nosotros) y las iniquidades de la distribución. Parece que se te cagan de risa mientras desprecian. Y es verdad.

Han dicho, alguno de los copetudos funcionarios ha dicho que la cosa iba a cambiar cuando la izquierda aprendiera macroeconomía y la derecha tuviera corazón... Apuesta a que la primera no se dio (por supuesto) y la segunda, bueno, la segunda vendrían a ser ellos. Y convencieron, al menos por un rato. Ocurre que el peronismo (la única izquierda que ha gobernado y peleado por mi querida Patria) hace rato que aprendió macroeconomía, macropolítica, macrorelacionesexteriores; y estos señoritos apenas macri. En fin. 

Aconsejo vivir la vida lo mejor que se pueda… Guarda con comenzar a revistar en la agrupación "Cardiópatas peronistas" de tanto tragar saliba y mierda. A pesar de todo, a uno no le deben afanar la alegría. Para sonreír usté ni yo necesitamos a un pelotudo que nos de un curso, con saber que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza y que las pautas programáticas se resumen en que la Patria sea grande y el Pueblo felíz nos ha bastado en los últimos setenta años. 

Entre elegir soberbias me quedo con la de la Mina que sabía mucho, hablaba de todo, levantaba el dedo y te contaba de yapa lo que andaba haciendo nuestro gobierno, esas cosas ficticias que vivimos durante el largo sueño de doce años. Prefiero esa y no la soberbia de los poderosos que ahora se compraron un corazón y que te quieren de cómplice. Porque como dicen que dijo Lincoln (el de las galletitas) se puede mentir a mucha gente durante mucho tiempo, pero no se puede mentir a toda la gente todo el tiempo. 

Le termino con una más atravesada... Se había armado la podrida en París y el quilombo llegaba a Versalles. Una noche de velada paqueta, la reina María Antonieta le preguntó a un quía a qué se debían las protestas. “Es el pueblo”, contestó, “se les acabó el pan”. La austríaca giró la cabeza y lo miró casi divertida. Con una media sonrisa le dijo "Que coman torta". De esto se trata lo que le venía diciendo.

Y un aparte. Si en algún momento siente que se le cae el ánimo, porque pasa cuando todo lo que pasa está pasando, piense en cosas bellas. Piense en Evita, piense en las Viejas. Tome aire, tome coraje, tómese un ferné. Nos vemos, que siempre que llovió, paró.

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