miércoles, 10 de diciembre de 2014

MESAS DE ARENA



Los jefes de ejércitos siempre planearon cuidadosamente sus tácticas y estrategias de guerra. El mapa de situación que recogía el curso del conflicto bélico se solía escenificar en una gran mesa en la que se desplegaban mapas, y también se reproducía a escala el teatro de operaciones. Esas son las mesas de arena. 

Algo similar ocurre con las compulsas electorales (cuando el choque de maquinarias partidarias reemplazó al combate en campo abierto). Hace mucho que al lado de los dirigentes políticos se ubican encuestradores -dueños de consultoras de opinión- que, por lo general son empresarios, aunque pasan por analistas políticos (hay pocas excepciones, pero las hay). En algunos casos -un caso muy porteño- estos individuos son los que mueven con los punteros las tropas y explican alternativas y planes, y los políticos sólo son su público. Para eso les pagan (a ambos).

Alguna gente cree que eso es la política. Eso y la discusión por cargos electivos, además de  los cargos políticos que se derivan de la cosecha de votos. Es decir, la política es marketing y rosca. Siempre hay un boludo que menciona un proyecto, una idea, algo como para poner en un programa, y entre todos lo cagan a trompadas. Se lo merece por impertinente.
La gente también se plantea estas cosas cuando piensa que habla de política. ¿Quién va a ser el candidato? Y cosas como esas. Importante, si. No excluyente, si. Y el politizado viene a ser el que pueda reconocer unos diez nombres de políticos (vivos), más o menos.

Bien. Vamos a hablar de otras mesas de arena, o de lo que hay debajo de la mesa.

Tenemos un gobierno -el nuestro- que lleva adelante un modelo (algo así) que ha necesitado, para poder ser, una ampliación continua de la demanda. Eso es el consumo masivo, el famoso mercadointernismo, la generación y mantención de puestos de trabajo genuinos (tendiendo a que sean en blanco). Es lo que abrió el pasaporte a la “clase media” (que se duplicó en estos años y se consolidó en aquellos sectores que ya eran, pero habían quedado  agarrados de dos cerdas del pincel). 

Al mismo tiempo, el gobierno necesita controlar la oferta (el otro polo de todo mercado) justamente para que se pueda satisfacer la demanda generada. Y decir algo así, implica también el hecho de haber creado oferta desde el Estado, allí donde los privados no iban ni querían ir. El Estado, dirigido y administrado por nuestro gobierno, hizo de socio capitalista porque si no la burguesía se nos subía al techo y se llevaba la manteca  con la lengua. Paradojas de países con la tara neocolonial que sufrieron una industrialización tardía, pero efectiva (parte de la realidad efectiva, que debemos a Perón). 

En lugar de políticas que enfriaran la economía y restrinjieran el consumo, se implementaron  medidas de control a la cadena de precios, a las posiciones dispares de mercado y reglas que traten de permitir la competencia (quien lo diría, pero puede ser un remedio eficaz ante tanto pirata). Se hizo con cierta consecuencia (y cierta inconsecuencia), a veces fueron intentos como para poner en caja al Capital, pero algo se hizo. Y un comentario al margen: no se escapa a la observación que las minidevaluaciones y la más abrupta de enero pasado contuvieron el consumo, sumadas a otros problemas más relacionados con problemas estructurales de la economía dependiente de nuestro país. Pero la tendencia ha sido a la expansión y no a la contracción, a la producción más que a la especulación monetaria (como era costumbre y como la gente está acostumbrada). 

Es decir, un gobierno como el nuestro genera procesos que dependen de variables que no controla. ¿Qué por qué? Porque el Estado del neoliberalismo se reduce -se especializa- en garantizar super ganancias en las altas cumbres del capitalismo financierizado. Controlar es de pelotudos, viene a ser. 

El gobierno (aún el nuestro, tan fuerte, soberbio y dictatorial) no decide en la formación de la cadena de valor de la producción ni en la elaboración del insumo básico de la economía de la Argentina pícara, es decir, no fabrica dólares. 

Aparte tiene otro problema -que a los sujetos de la City les chupa un huevo- y es que al crecer como se ha crecido en este período (por obra y magia de conscientes políticas aplicadas) es preciso consumir mucha más energía. Y resulta que la Argentina había dejado de producir energía, si total la podía comprar y endeudarse para comprarla. El déficit energético es lo que debería preocupar sanamente a nuestros sanguangos compatriotas mediáticamente pelotudizados. Debe ponerse más atención y valoración a movidas como la recuperación de YPF (aún como sociedad mixta), por ejemplo. No basta con hacerse el boludo como el jefe de gobierno porteño ahora y cuando había que hacer algo así como una patriada haber resuelto votar en contra, sin más.   

En el fondo nos proponen, como “fin de ciclo”, legitimar con el voto popular a un elenco que quiera/proponga/anhele/suspire por endeudarse. Pero no estas deudas de mierda para hacer cosas (como las que ha contraído nuestro gobierno), estamos hablando del endeudamiento para endeudarse, del financiero, el de verdad. Honrar una historia de argentina con minúscula. Algunos, hasta lo dicen.  

La verdad es que alguien tenía que empezar a marcarles la cancha a los titulares del poder real. Este gobierno con sus más y sus menos lo hizo, lo hace, y ese es tal vez uno de sus mejores legados. Ocurre que para semejante tarea (sumamente ingrata y que genera ingratos) es necesario contar un  impresionante poder político. Oponerse al deseo privado de las corporaciones requiere de un enorme poder político, que tiene correlato económico (que algunos empresarios vean que es de su interés también apoyarte), se relaciona directamente con el consenso y el apoyo concreto de los fulanos ciudadanos (y cuando esto ocurre se transforman en pueblo). 

Digamos la verdad… las opciones electorales que hoy por hoy aparecen con imaginarias posibilidades en las encuestas, remiten a un conservadurismo inquietante, aún desde nuestras filas. 

¿Alguien tiene alguna duda de que, de no ocurrir algún imponderable, le estamos buscando un vice a Scioli? Ojalá nos convenza si tiene que ser él (uno no podría negarle legitimidad a sus aspiraciones, como tampoco enrostrarle traiciones). En el mejor de los casos, lo que venga (si se confirman los presagios) no será como lo vivido hasta ahora. En el peronismo el presidente (de ser peronista) suele ser el conductor y jefe, no para aplicar un verticalismo absoluto pero digamos que tiene un enorme margen de acción e iniciativa para todo el movimiento. Así fue siempre, pretender que va a ocurrir otra cosa es no entender cómo es el peronismo (y esto es peronismo). De allí las preocupaciones.  

También puede ocurrir que de acá a la hora de las definiciones aparezcan perfilados otros, no se (parece difícil, pero nada es imposible hasta que caemos en la cuenta de que no ocurrió). No vale echarle la responsabilidad a la Señora (el que Ella diga) no seamos pelotudos, somos nosotros los que decidiremos a la final si hay que bailar no con la más agraciada por el hecho de que hay que seguir en el baile hasta que se vaya el último, o si nos vamos a casa antes de las doce (en lo personal, no acuerdo con una postura como esta última, amo más a mi país que a mis principios). 

Estamos hablando más allá de la oposición, como de entrecasa (ya se agregarán variables que compliquen el análisis). Por eso sale lo de los candidatos propios. Cualquiera que diga ser el continuador de este modelo deberá atenerse a estos condicionantes de hierro. Acepta los riesgos y le mete para adelante o termina como otra frustración de las acostumbradas o peor, porque estos tres períodos kirchneristas marcan algo. Se llame como se llame. 

Se pudo hacer flamear la bandera otra vez, se trata ahora de que no sea sobre las ruinas.

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