martes, 23 de diciembre de 2014

QUE LINDA ES



Te encontrás de todo (como en cualquier parte). Desde la vieja amable te hospeda en su casa, de pocas palabras, pero cuando entra en confianza y cuenta –son muchas historias en las arrugas coquetas- de golpe se pone firme, con los ojos de agua clara perdidos en un horizonte que ella ve (y nosotros no) y está lista para que el Comandante aún ordene (tan viejo como ella, en algún lugar que no sabemos), dura como la isla, suave como la sonrisa que le vuelve, miliciana siempre. 

Hay otro que se queja mientras camina al paso de uno, viendo los barcos que entran y salen custodiados por cañones españoles en la bahía, y se queja porque quiere progresar y no puede y no sabe cómo. Ante la disyuntiva -uno de puro atrevido se la plantea, niega con la cabeza y los brazos que no, que con esto (y se queja otro rato), que dentro de esto, con los de afuera no. Un maestro, gana poco. 

En el campo, ese extraño campo sin vacas gordas, ni tranqueras, ni pampas, un campo de café, tabaco, palmeras reina y mogotes, en ese campo los comités de defensa se multiplican, te miran altivos, te señalan la banderita colgada en su casa, te abren su casa y te muestran que son dueños. Uno dice de la casa, de la tierra, él te dice del país. 

El conductor del taxi (viejo bote de los cincuentas mil veces reciclado), mulato hablador que se esperanza con miami, que se quiere ir y que se va a ir donde los parientes. Los parientes duelen, gusanos o no tanto, familias que no se ven y se extrañan. Hay que entender la vida, aparte de los libros. 

Otros otros, miles de otros con los que no se hablará, sólo unas decenas, cada uno con su opinión. Discuten de beisbol, política y el costo de la vida en el parque central, cerca del Parlamento en refacciones.

La Habana en refacciones. Barrios multicolores del Vedado, y más al fondo, Miramar. Por el malecón derecho se llega a eso que eufemísticamente es la oficina de negocios, pero es la Embajada. No la tapan ya con las banderas, pero como una topadora de jardín le pusieron el espacio del anti imperialismo. Y es un espacio que se llena de gente, aunque de paso en un día cualquiera no haya nadie. Y el sol cae como una tormenta y se mete en el cuerpo.

Es su país. Es para aprender entre que uno ve el Caribe y el Atlántico y enloquece con el agua turquesa. Uno se ve los pies. En Cuba se ve todo. 

¿Cómo será restablecer relaciones con los Estados Unidos? No se. Si se que seguro están contentos, lo querían. Así como quieren profundamente a Cuba. Pasando los días el patriotismo te da envidia, te lo aseguro. 

Solemne anuncio de Raúl. Volvieron los tres, y los cinco están en casa. Uno podría pensar que es propaganda oficial, los afiches, las pintadas prolijas, los cartelones en las carreteras. Pero no, encontrás a los cinco en todos lados, pintados con pulso no tan firme en la columna de una estación de tren, garabateados en una pared medio derrumbada, a mano en las maderitas que hacen de cerca de una casa en medio del campo, en carteles de cartón a los que le pasó más de un aguacero. Y son Gerardo, Ramón, Fernando, Antonio y René, como conocidos de todos. Triunfo. 

¿Qué sigue, cómo sigue?

El presidente color chocolate del imperio dice que la política de aislamiento y de restricción a Cuba ha sido un fracaso. No es poco el reconocimiento. Lo podían haber dicho otros, pero lo dijo este. El imperio está en más de tres guerras a la vez, más de lo que puede. A la larga… América dejadita a solas se ha estado reconstituyendo. Deben sonar como un eco los alcarajo del gran Hugo, molestar el guiño del argentino desgarbado y su rosca latinoamericana, en las propias narices de Bush. Pasó hace tan poco, hace tanto. Pasó. No es que seamos una amenaza, no se compite con los portaaviones, la tecnología bélica extraordinaria. Nuestro asunto es otro y tan mal no nos va. Y como nos faltaba Cuba, fuimos todos a buscarla. Hace tanto, hace tan poco. 

El yanqui de color la invita a la Cumbre de las Américas, a la OEA. ¿Y el bloqueo?

El bloqueo seguirá. Los republicanos saltaron como leche hervida, algunos demócratas también. La pequeña Habana ni hablar. Que no. Hasta que en algún momento alguno (y el presidente demócrata de color lo sabe bien) intente la reconquista para la que el bloqueo sólo molesta, un bahía cochinos de interné y celulares (que se multiplican en las manos de los cubanos). Penetrar con la cultura, con lo que sea, volver el tiempo atrás. No creo, porque esta gente pasó por demasiado, aún los que se hacen los que nacieron ahora. En persona son más locuaces que en las fotos (los íconos).

La penetración capitalista, claro, es el problema. Por ahí salen algunos bienintencionados advirtiéndole a los cubanos de los peligros… no se les puede explicar a ellos qué es ser cubano, qué es defender lo logrado, qué es lo que les conviene. Cuanto menos, no se debe. Ellos sabrán, y lo que pase será parte de su historia como hasta ahora. 

La revolución es dura, vaya  que lo es. Como las farmacias con sus anaqueles y cajitas blancas, sin marcas, sin farmaciti. Desilusiona un poco, no parece una farmacia, faltan las luces y las propagandas. Pero está lo que se busca, está. Así es la isla. 

Cuba es pobre. Pero si uno tuviera que caer en la pobreza sería bueno que te pase en Cuba (como soltó en una síntesis mi compañera). Y Cuba es bella, tremendamente bella. 

Tal vez ahora se invierta más, con eso de que vienen los yanquis, seguro los rusos (que no se fueron del todo) y los chinos (que están llegando) se apuran, invierten. Europeos pálidos que parecen brochetes al solazo. Gringos, hotelesolinclusiv, Varadero, pronto Camaguey. Nosotros.

Es imposible entender todo tan rápido, los idealismos y los libros se te parten en la cabeza. Te cantan. Se sientan en cualquier lado, arrancan con la música y cantan. Alguno te tira el mangazo, otros te conversan por el sólo placer de ejercer el idioma. Un deporte nacional.

El futuro siempre es tan incierto como la historia de esta Patria Grande (la que siempre trata de llegar a ser lo que se había soñado que fuera). Nada podemos decir sobre lo que vendrá, ni allá ni aquí. Sólo seguir sintiendo ese profundo amor por la isla, esa cosa que llena el pecho en medio del calor húmedo y el sol abrumador. 

Y desde lo alto de Casablanca, en una ventana vigila todas las noches la mirada del Che. Calma, atenta, confiada.

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