miércoles, 13 de julio de 2011

(muchos) JUDAS

Existe una operación encubierta, no es paranoia si no lógica. La lógica de un enemigo que no tiene plazos sino objetivos, como alguna vez dijera uno de sus representantes. No le es posible, en las actuales circunstancias de la sociedad argentina, reivindicar la “lucha antisubversiva”, lograr el reconocimiento “por haber ganado una guerra”, pero si minar la credibilidad de su enemigo. El enemigo de nuestro enemigo –en este caso- son los organismos de Derechos Humanos.


Son muchos los ataques a lo largo de los años. Ataques personales, virtuales, propagandísticos, ataques que tienen que ver con las creencias de una proporción no desdeñable de la sociedad. Hasta el advenimiento de los Kirchner, eran acciones de auto preservación para mantener lo más intacto posible el aparato represivo encubierto en la democracia y sus cuadros más salientes. Ahora no, hay que ir más allá porque la política, finalmente, fue más allá.


Una de las bases de legitimidad del gobierno de Néstor y el actual de Cristina, es la política de verdad y justicia relativas a las atrocidades cometidas en la “guerra sucia” de los que asaltando el poder, implantaron el Terrorismo de Estado.


Durante años –pienso, especulo, analizo- siguieron de cerca la actividad de algunas organizaciones de Derechos Humanos (de todas, pero de algunas en particular señalo). Tal vez las infiltraron, seguramente captaron gente, reclutaron quebrados (tienen buen ojo para detectarlos), quebraron gente, y también supieron aprovechar circunstancias y sobre todo debilidades.


No es casual que el tema haya explotado por el lado de la Misión Sueños Compartidos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Hebe de Bonafini y las Madres de la Asociación habían tomado un camino “peligroso” al pretender cumplir algunos de los sueños de los hijos desaparecidos. La inclusión social a través del trabajo genuino vinculado a la construcción de viviendas dignas, al mejor precio del mercado y de rápida realización, fue demasiado. Los barrios comenzaron a levantarse donde reinaba por décadas el desaliento y la marginalidad. Alrededor de 5.000 trabajadores se metieron en la piel de los excluídos. Eran los deshechos de una sociedad de “ganadores” impiadosa con los no competitivos, a los que previamente se había privado de toda capacidad de competencia.


Los Shocklender fueron apareciendo como por casualidad. Sergio fue esa topadora que hizo posible avanzar con el proyecto y tuvo un poder real considerable. Más allá del trato osco y distante, de los problemas personales, de esas cuestiones que hicieron alejarse a mucha gente valiosa en muchos casos, más allá de todo Hebe confió y las Madres de la Asociación confiaron. ¿Un error? Seguramente si, un enorme error que, como muchas veces, partió del puro amor. No tengo datos ni certezas para pensar que los hermanos Shocklender fueron reclutados por ese Estado Represivo Paralelo, sin duda que no. Pero lo concreto es que armaron una empresa donde debía haber otra cosa, una empresa en los hechos que se movía como tal, más allá del conocimiento de las Madres (que no especularon).


Si hubo o no desvío de fondos públicos es algo que se deberá probar en el ámbito de la Justicia. Lo real es que hicieron daño, un enorme daño que compromete hoy todo el emprendimiento. Y que sirvió para sembrar dudas y golpear bien bajo en el lugar que duele. Al otro día del escándalo Sergio se paseo por Clarín, TN, C5N. Perfil lo multiplicó, todos los reductos se alinearon y en muchas paredes de Capital aparecieron pintadas de “Hebe chorra” y la imagen imposible tras los barrotes, carteles miserables con la leyenda “Shocklender se escribe con K”, propagandas electorales oportunistas y cretinas como las de Pino Solanas en igual sentido. Se cagaron en todo. Algo habrán logrado para con aquellos que siempre dudaron, que creyeron que los desaparecidos veraneaban eternamente en Europa, para que votaran en contra (muchos al PRO, que era el antagonista ideal).


Ahora aparecen las dudas con la computadora de una fulana que trabajó en el Banco de Datos Genéticos, sobre si esos archivos pudieron pasar a otras manos (en el caso presente en relación a la causa Noble-Herrera). Un solo objetivo de fondo: poner en duda la veracidad del Banco de Datos, de la identidad de los nietos recuperados, de la posibilidad de seguir recuperándolos.
Es la mano del enemigo.


El Judas clásico es Cobos. Abiertamente traidor, un vacilante que encubre la cobardía con argumentos de patriotismo como esos criollos que se ponían al servicio del Imperio Español en el siglo diecinueve. Un “maturrango”, abusando de San Martín. Un Cobos es sencillo de digerir, porque está todo claro de tan absurdo y torpe. Pero estas traiciones de las que hablo (y esto si es seguro) son más peligrosas. Bastardean el núcleo de la credibilidad y apuntan a la legitimidad del Proyecto Nacional que se inició en mayo de 2003.


Parecen todas “operaciones” de campaña electoral, pero se trata de algo muy superior. Se trata de la descalificación de la lucha de los Derechos Humanos, la reivindicación de la Guerra Sucia y la amenaza latente de una sociedad vigilada, más allá del paso del tiempo esperando que los espirales de la historia les den nuevamente la posibilidad de entrar en operaciones.


Hay que tomar muy en serio estas cosas.

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