lunes, 24 de febrero de 2014

QUÉ SUSTO EL ESTADO



“En el Congreso, 15 legisladores oficialistas, liderados por Héctor Recalde, presentaron un proyecto de ley que establece multas mayores a las actualmente previstas por casos de desasbastecimiento o suba en los precios. También facilita la expropiación de bienes que ‘sean objeto de maniobras de desabastecimiento, acaparamiento, agiotaje y/o especulación’, así como ‘disponer de la venta de productos y mercaderías’.”

“En la misma línea, el presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV), Alejandro Vanoli, dijo ayer que el organismo ‘está tomando las medidas para identificar y sancionar posibles prácticas desestabilizadoras’ del orden económico, tanto por ‘aumentos injustificados de precios’ como por ‘conductas especulativas en el mercado interno’.”

(…) “Anibal Fernández presentó una iniciativa para (que) las infracciones sean pagadas antes de que los multados presenten un recurso de amparo ante la justicia.”

(…) “La iniciativa de los diputados kirchneristas prevé endurecer las leyes de Abastecimiento (20.680), de Lealtad Comercial (22.802) y de Defensa del Consumidor (24.240) con el objeto de ‘cuidar la estabilidad, la razonabilidad y la previsibilidad de los precios, dándole plena efectividad a las penalidades consagradas en las normas’.”

(…) “Desde el Banco Central también aportan lo suyo. La orden oficial es contener el tipo de cambio por debajo de los $ 8. Tras la abrupta devaluación de enero, buscan calmar las expectativas de suba del dólar para que no se trasladen a las góndolas.”

Todo esto está precedido por (atenti): “El Gobierno avanza por distintos frentes para presionar a las empresas que decidan subir los precios.” Y Clarín titula: Más control oficial (en rojo) Amenazan con sanciones y expropiaciones a las empresas (en negro). Era el “Tema del día” del viernes 21 de febrero. Y no hay caso… para qué entrar a las puteadas, a la adjetivación (que deriva seguramente en violencia verbal) con un diario que expresa en su línea editorial una visión diametralmente opuesta a la de uno. *

Veamos un poco. Está mal (muy mal) que un gobierno tome medidas para contener un alza desmesurada de precios. Está mal que el dólar no pueda flotar sobre el nivel de un diluvio. Está mal que las empresas no puedan libremente y sin explicación alguna subir los precios. Todo lo que impida estas acciones se toma como una presión. 

De todas maneras, quién lea Clarín seguido sabe perfectamente que para cada frase hay una reflexión que la sustenta. El Gobierno no tiene plan, da manotazos de ahogado, no toma nota de las señales de los mercados (no los sigue). Se impone a decretos, resoluciones y, eventualmente legislación para regular mercados y economía nacional. Desnaturaliza la economía, que –como todos sabemos- es algo así como la naturaleza y se mueve de la misma forma. Los economistas (de la escuela neoliberal) vienen a ser los “geólogos” a los que acudir en caso de comportamientos extraños como inundaciones, erupciones, tornados, o cualquier otro signo económico de abrupta irrupción. 

Además, el diario nos anoticia de una batería de iniciativas, sobre todo las legislativas, como si se tratara de decretazos dictatoriales urdidos en una larga noche en los altillos del poder. Vamos… ojalá se produzca todo eso. La población tiene que ver que el Gobierno la defiende. Eso primero, y después las explicaciones sobre quién/es la atacan. 

Hay quienes dicen –los asiste la razón, ¿a qué dudarlo?- que el capitalismo siempre es salvaje y no sólo cuando se comporta de esta manera. Siempre trata de comportarse de esta manera, y sobre todo con gobiernos que no ejecutan el plan, el único plan que vale y que los argentinos conocemos (o deberíamos conocer) de sobra. 

Pero siempre hubo –al menos- dos maneras de encarar la gestión del capitalismo. En ambas el Estado interviene y mucho. En el plan sensato, el que nos (im)proponen siempre, el Estado garantiza las ganancias de las empresas, hace las obras de infraestructura (siempre costosas) para viabilizar el desarrollo de las empresas, custodia la acumulación del capital como primera y única preocupación. Después vienen las cosas esas: defender la soberanía, la salud y la educación. Si queda plata.
Advierto que no es este un blog que trate sobre teorías económicas, mucho menos sus técnicas, es un blog en el que se trata de pensar políticamente. 

Hay otra manera de ver el capitalismo y el rol del Estado: el control, la regulación, el disciplinamiento de las fuerzas del capital que, liberadas de todo, son profundamente destructivas. Porque, al lado de las empresas vive gente. Gente, no digamos pueblo, nada, gente. 

Gente que necesita trabajar y ganar dinero para bancar la vida, la familia, y volver a trabajar. Gente que necesita hospitales y escuelas, negocios, productos, servicios. Y como la sociedad es más compleja, la gente necesita cada vez más cosas. El Estado debe estar ahí para asegurar que todo eso ocurra. 

Dos maneras que están en confrontación permanente. Elegir un elenco de gobierno, elegir representantes tiene que ver con volcarse a quiénes puedan garantizar una u otra forma de tomar esta bestia del capitalismo. Usté elige, don y doña.

De esto habla el diario, no de las medidas del Gobierno, sino de lo que está bien y lo que está mal. Hay un contenido en “bien” y “mal”, que no es el mismo de acuerdo de a quienes beneficia cada cosa. Y ahí se complica. Ahí se le tara la cabeza al vecino y le suena al oído la vocecita que repite que lo están engañando, porque todos son corruptos, porque todos viven del esfuerzo de los de abajo y que mejor no pensar en pavadas. La única verdad es la…nota de Clarín. 

Podría terminar acá y bueno, estaría más o menos bien. Pero hay más y es sobre esto del Capitalismo. Uno no puede decir que le gusta o que no le gusta el Capitalismo y ya está. No se trata de elegir, conformarse, adaptarse. Eso es muy fácil. Por ejemplo, uno puede pensar que no hay solución a todos estos problemas dentro del sistema capitalista y entonces, hay que pasar a otro sistema. Y se pone a florearse en cómo sería ese otro sistema. Y sería fantástico, la verdá. ¿Cómo va a imaginar una porquería?… Y yastá, a uno no le gusta el Capitalismo. Media vuelta, y a dormir un rato más hasta que suene el despertador (o el radio despertador). 

El peronismo se planteó trabajar  para el tipo que se despertaba con su realidad a la mañana y medio dormido iba a los tumbos vistiéndose y saliendo para el laburo. El capitalismo era el sistema de todos los días. Había que ordenarlo, emprolijarle los dientes para que no sacara un pedazo en cada mordida. Los peronistas pensamos que, además, la gente tiene que ser felíz. Aún en el capitalismo. 

Entonces, el Estado tiene que regular a favor de la mayoría (te voten siempre o no), a favor de los que salen sin paraguas, de los que van a ligar todos los charcos, de los que no van a estar nunca en ninguna reunión empresaria, ni en ninguna reunión salvo las familiares o las de los amigos. Es una posición ideológica (es una cosa seria).

Los diputados y senadores oficialistas tienen que hacer exactamente lo que nos cuenta Clarín. El sábado que viene vamos a tener una idea sobre el rumbo legislativo de este año, y las líneas centrales que se plantea el Gobierno para estos dos años que aún restan de mandato. El sábado se abren las sesiones del Congreso, empieza el año político institucional. Como viene pasando desde hace 31 años, a Dios gracias. 

Al mismo tiempo, calentamos motores con las Paritarias para ver la relación ganancias de empresas-salarios de los trabajadores-condiciones en las que se desarrolla el trabajo y la producción. Como desde hace 10 años seguiditos. 

Tenemos herramientas para que el diluvio no ocurra. El diluvio que nos llevó puestos tantas veces y que se lleva puestos a muchos países primermundistas, mejor dicho, a la gente de esos países. 

No será con una “cláusula gatillo” como defenderemos el poder adquisitivo del salario, ni tampoco encuevándonos en un dólar blue (ni en el green tampoco a la larga). Tendrá que ser parando la ola remarcadora; y me parece que esa consigna capitalista de mucha competencia para lograr un precio justo no está tan mal. Mucha competencia, mucho mercadito, mucha almacén, ¿mercaditos estatales? También. Ojo, que el culo no está globalizado.

Retrocesos hay, si, o que fue si no la devaluación (aún, la administrada), pero tiene que darse dentro de un avance y mostrando el avance. Pasa con el dólar, deberá pasar con los precios, deberá pasar con la cadena de valor que da como resultado el factor “precios”. 

Venimos desde noviembre con movidas tipo catástrofe: que la cana y sus planteos, los saqueos programados, el tiempo inclemente (siempre se pone inclemente), las lluvias, los calores, las corridas del dólar. Venimos así. Ahora estamos casi en marzo y parece que Clarín se dio cuenta. Por eso los titulares. Qué susto el Estado, qué susto ¿no?

* Clarín, viernes 21-02-2014, págs 3 y 4.

miércoles, 5 de febrero de 2014

EL PAIS NORMAL




 
Argentina no es un país normal. Así se dice siempre, y algunossubrayan “Argentina” como “ese país” que casi no les pertenece o al que no desean pertenecer. Por no decir –está sobre entendido- ese “país de mierda”… Es duro, generalizarlo sería peor. Porque no es verdad, además. No todos los argentinos sentimos eso, diría que la mayoría no siente algo así. Ocurre que “las mayorías” son cambiantes, coyunturales y controvertidas. 

Veamos un poco. Una vez le escuche a Hernán Brienza una cuenta interesante que voy a repetir y completar un poco. 

Con un criterio amplio (en algún caso “amplísimo” y piadoso) podemos decir que Gobiernos populares, es decir, que hayan gobernado para las mayorías y teniendo en cuenta algo parecido a un Proyecto Nacional, siguieron un derrotero más o menos así:

  • §  Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta (25-05-1811 al 04-03-1811): casi 1 año

  • §  Gobierno de los Caudillos Provinciales (en cada provincia), de 1820 a febrero 1826 (hasta la presidencia de Rivadavia): 6 años

  • §  Manuel Dorrego, gobernador de BA (agosto 1827 hasta su asesinato en diciembre 1828): 1 año y 5 meses

  • §  Juan Manuel de Rosas, gobernador de BA, Encargado de los Asuntos Exteriores y Defensa de la Confederación Argentina (varias veces), de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852: 22 años

  • §  Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina (con la provincia de BA escindida del país), de 1854 a 1860: 6 años

  • §  Hipólito Yrigoyen, presidencias (1916 a 1922 y 1928 a 1930): 8 años

  • §  Juan Domingo Perón, presidencias (1945 a 1952, 1952 a 1955 y 1973 a 1974): 9 años y 10 meses

  • §  Raúl Alfonsín, presidencia (1983 a 1989): 5 años y 6 meses

  • §  Néstor Kirchner, presidencia (2003 a 2007): 4 años y 5 meses

  • §  Cristina Fernández de Kirchner, presidencias (de 2007 a 2011 y de 2011 hasta la actualidad): serán 8 años, van 6.

Es decir, Gobiernos que podemos considerar como del “campo popular” ocupan 70 años y 2 meses y cuando termine el mandato constitucional de Cristina serán 72 años y 2 meses. 

En el otro “campo”, se destacan dos bloques importantes. Por un lado, los “gobiernos oligárquicos” que duraron desde 1860 hasta 1916; 56 años continuos. Y para completarla, los gobiernos de facto de las “dictaduras cívico militares” que se descomponen (literalmente) de la siguiente forma:

  • §  Uriburu, setiembre de 1930 a febrero de 1932: 1 año y 6 meses

  • §  Revolución del 4 de junio (Rawson-Ramírez-Farrell), junio de 1943 a 1946: 3 años

  • §  Revolución Argentina (Onganía-Levingston-Lanusse) junio 1966 a mayo de 1973: 7 años

  • §  Proceso de Reorganización Nacional (Videla-Viola-Galtieri-Bignone) marzo de 1976 a diciembre de 1983: 7 años y 11 meses

Fueron 19 años y 5 meses.

Completando el argumento, uno dice que de 203 años de historia independiente fueron 133 años de gobiernos antinacionales y sólo 70 de gobiernos populares.

Por supuesto, que alguno no acordará con todos los períodos “populares” y dirá que habría que fraccionar los momentos en que tiraron para el pueblo y los que pactaron con los grandes poderes y demás. Pasó de todo en nuestra historia, pero a groso modo y por más que usté quite y ponga, creo que la tendencia se mantiene. La verdad es que el sinuoso y tortuoso camino de un Proyecto Nacional para la Nación Argentina ocupó mucho menos de la mitad del tiempo de existencia de la famosa Nación. 

Estamos más acostumbrados a que todo salga mal, que se la lleven los de siempre, que tengamos que ir ventajeando para no perder. A que los poderosos sean poderosos, y digan para dónde se debe ir. Eso es un país normal, aunque nadie lo admitiría porque decir que eso es la verdad, también es confesar que uno es un pelotudo, un pusilánime, un cobarde. Un sirviente. 

Hay algo mejor que tener tanta autocrítica o tan poca auto estima. Y es pensar de uno como un colonizado. Claro, que si se admite la colonialidad entonces estamos frente a un algo de conciencia. No es el caso. El gataflorismo suele encubrir el quejoso gesto cansado del sirviente colonial, sólo que en vez de lamentarse a solas en su habitación de dospordos, lo hace en voz alta, en barra y equivocando siempre el objeto de su odio. 

Es un clásico autóctono arremeter contra los únicos que tratan de beneficiarnos, o mejor dicho, de reivindicarnos. Es que esos, que vienen a ser los de los 70 años, no siempre aciertan con el lenguaje, el cuidado y la manera de dirigirse a tipos tan quisquillosos. Es difícil hacer migas con perros apaleados. 

A veces se descubre (si te lo andan diciendo todo el tiempo al oído) que los “populares” no siempre son tan prístinos, inmaculados como deberían. A veces distan muchos de los príncipes azules que van al rescate de princesas (convertidas en sapos). Imagínese a príncipes peronistas y la hacemos completa. 

La cuestión es que el ideal no se parece al real. Ocurre que lo más conveniente para el sujeto víctima de los verdaderos saqueadores, es reconocer al que defiende sus intereses más allá de los modales, porque si no…

Si no. No es raro pensar que en incontables oportunidades una porción importante del pueblo ayudó a sus victimarios, a los parásitos que viven a costillas de la mayoría, a los poderosos. Pasa. En nuestro país ha pasado muchas veces. 

Haber sido domesticados (educados se diría, quedando bien) por los que gobernaron la mayor parte del tiempo tiene consecuencias, y de todo tipo. En primer término, sepamos que la “normalidad” es un país dependiente del extranjero, vendido, arrodillado, callado, reprimido, colonizado; un país que necesitó matar lo propio para alcanzar la civilización que venía de afuera. Esto, que suena tan antiguo está en nuestro ADN. Lo que veníamos diciendo.

Lo “anormal” es el desafío, la alternativa, el cambio, la ruptura. La incertidumbre también. Sin embargo, hay una porfiada (valiente) inclinación por emprender otro camino y arriesgarse (son esos 70 años que tienen de todo, para bien o para mal, pero queriendo más para bien). 

Otra consecuencia es que no parecemos ser como pueblo patriotas ni nacionalistas. Himno, bandera, Patria, trastos viejos y jodidos que por izquierda le regalamos a la derecha. El patriotismo fue mal mirado por la izquierda “liberal”, esa izquierda que elegía como prócer a Rivadavia porque lo veían como el que había intentado la “revolución burguesa” en el Plata (antecedente necesario para la gran “revolución proletaria”). La Patria quedó para los Caudillos, la Iglesia y los milicos. Lindo favor nos hicimos.

O se regaló también por otras cuestiones. Cómo creer en la Patria si siempre te cagan… Desconfiar de todo y de todos. El temor –que es el verdadero sentimiento en estas circunstancias- vuelve a la gente agresiva, malpensada y torpe. Para qué pagar impuestos si los de arriba no los pagan, y se la tragan. El robo universal de nuestra supuesta riqueza es el justificativo de todas las miserias cotidianas. La solidaridad viene a ser una especie de boludez para que la crean… todos, porque hay que parecer solidarios. Está bueno cuando hay una catástrofe, pero si no... 

Podemos probar a entender que los poderosos, los “grandes intereses” y todos esos eufemismos que usamos cuando la claridad no nos sonríe, atacaron siempre… defendieron sus objetivos siempre. Y su objetivo es asegurar la máxima ganancia con el mínimo costo en un marco en que la producción se realiza socialmente y se apropia en forma privada. Chocolate (pero del bueno).

Uno puede berrear por tal o cual medida. Hay derecho, para eso estamos en democracia. Uno puede pensar lo que quiera y no tiene necesariamente que acordar con un gobierno porque le esté yendo mejor. Esto pasa mucho, ¿no? Como cuando, por hablar de algo en concreto, la gente más beneficiada en estos últimos años por los gobiernos de los Kirchner, odia a estos gobiernos de una manera poco vista anteriormente (salvo con la Señora de los billetes de cien). 

No es imprescindible estar de acuerdo y ponerse una camiseta. Pero es imprescindible no ser cobarde, no ser hipócrita y reconocer que se está mejor y que los argentinos deberíamos saber lo que pasa cuando gobiernan esos 133 años. Lo que nos pasa.

Saludablemente muchos compañeros estamos de acuerdo y nos ponemos una camiseta. Tampoco por eso dejamos el criterio colgado en la puerta de casa. ¿Quién puede estar de acuerdo con todo y todo el tiempo? 

Las mayorías son volubles. Cuando las tenemos en contra y también cuando nos favorecen. El kirchnerismo, con toda la buena nueva que viene siendo desde hace diez años, también pasará. Vendrá otro tiempo con otros hombres y mujeres en la conducción. El tema es que podamos enganchar el hilo del proyecto nacional (con minúscula, como para no panfletear) y no lo soltemos más. Se trata de eso; porque los 133 pesan en el cuerpo y mucho más en la cabeza.   






lunes, 18 de noviembre de 2013

SIN NOVEDAD



Nada. Es un decir, porque  ocurrieron cosas… pero nada que el corrupto vice -vapuleado a más no poder desde el mismo día de la jura del 2011- no pudiera pilotear con su particular estilo “optimismo siempre” (compitiendo con Daniel*, que se puso serio ahora).

* Daniel es Scioli, esta es una manera de rebobinar y aceptar que puede ser nuestro candidato en un par de años (o no, pero…) y también para confirmar que no tenemos ideología, como piensan muchos gorilas a la izquierda. 

Pasaron las PASO por ejemplo, augurando una derrota de proporciones que fue superada en las legislativas posteriores al recuperarse más de un millón de votos y mantener el manejo de ambas cámaras (el manejo democrático, ese en el que pesa el número de las mayorías o primeras minorías como es el caso del Frente para la Victoria y sus aliados). Pasó la derrota que fue importante en la provincia de BA, dura en la Capital ya que perdimos al senador, derrota esperada y no por ello menos real en Santa Fe, Córdoba y Mendoza. Así y todo, el partido de gobierno ratificó el predominio electoral nacional, tras diez años de ejercicio continuado (todo un dato en la República Argentina).

Pasó también más quilombo con los trenes, y la estatización del Sarmiento. Que Randazzo tomó la decisión solito, que no la consultó, que se pasó por el forro al vice, y toda una sarta de boludeces que llenaron comentarios de los “que saben” (leer y escribir, porque de analizar nada). El pobre Randazzo la rema y la rema en un mar de dulce de leche, y al menos augura que de la década perdida en ferrocarriles, vamos ganando año y pico (y que hay que seguir pegándole porque asoma como posible candidato a algo, siempre). 

Va pasando el dólar y las maquinaciones para que se devalúe el peso, para que todos nos convenzamos de que los intereses de los exportadores son los intereses de todos.
Y las especulaciones sobre el futuro, el inmediato y el otro. Todo mezclado con la salud de la Presidenta, y ahí anduvo la carrera de ver quién sabe más y la competencia de boludeces. Que tiene afectada el habla, que el ACV, que no se sabe si vuelve, o cuándo vuelve. Son demasiados pelotudos para un solo país. 

El futuro. Los candidatos. Lo que va a hacer Mazza. Lo que va a hacer Macri (el primer interesado en saberlo es el mismísimo Mauricio). La oposición triunfante y con cinco bancas menos en diputados. El fin de la resaca (que también es peronista, digo la fiesta, la resaca, y la lucidez posterior). Y en el medio estos dos años que quedan increíblemente hasta el ‘15.

Batacazo del PO, me olvidaba. Tampoco tanto, pero algo y no tan poco. ¿Cómo será que te corran por izquierda? Porque por derecha estamos reacostumbrados. Habrá que probar, por ahí hasta los troskos se vuelven responsables (qué comentario burgués ¿no?).

Pasó el Cacerolazo, que memoraba al que salió bien. Ahí estaban como comunistas en la base Marambio, agitando bandera, mirándose y desconfiándose, putéandose por las “redes” (el “yo os hará pescadores de hombres” trocado en un incómodo “yo os haré pescados”). Blandiendo el odio como los últimos Templarios acosados no ya por los sarracenos, sino por las acusaciones de sodomía. 

Y los cambios de gabinete. Sacamos a Abal Medina, ponemos a Urribarri o a Domínguez o a Capitanich o a otro, ponemos-sacamos-damos vueltas y al final decimos que todo lo decide Cristina y que no sabemos un pomo. Decimos la verdad, como si fuera otra especulación. 

Todos te hacen la agenda. Todos saben lo que pasa y sobre todo lo que va a pasar. Y la tormenta que se viene, que amenaza permanentemente. Y uno dice, que ya sé, no hay que ser ingenuo y negar todo -jamás llueve en Disneylandia- y que hay problemas que solucionar y que hay cuestiones que no habría que patear para adelante. Que hay baches en diez años y cosas que no se movieron. Y que hay gente que sigue figurando como pendiente. Si.

La cuestión es que en estos cuarenta días la mayoría siguió laburando y cobrando el sueldo. Algunos le ganaron a la inflación, otros más o menos y otros no (pero por poco). Las cosas aumentaron, pero no se descontrolaron (como era costumbre). Los pibes siguieron usando las net en cualquier lado, en cualquier pueblo de cualquier provincia. Las minas siguieron cobrando la Asignación, cargando con los hijos (no teniéndolos para cobrar, forro hijo de puta), llevándolos al cole y dándoles las vacunas. Los hospitales públicos siguieron siendo públicos. El Estado siguió como si nada –y eso que pasaban cosas- porque la máquina anda. Y esa es la novedad argentina, que la máquina anda.

No era normal. Una vez un fulano nos prometió un país normal, y cumplió. Porque en un país tan poco serio como el nuestro (y eso que se parece a Europa, dicen), lo peor es que nadie empezaba, o si, pero no se seguía, todo quedaba como el Warnes. Era un constante ’55 con Libertadoras y libertadores de prestado. 

Mientras, Cristina es la presidenta, Boudou es vice y la vida pasa. Como todos los días. Y si se quiere, también podríamos debatir. Pero de verdad, aunque cueste mucho en el país de las certezas y los que lo saben todo.

lunes, 11 de noviembre de 2013

CAYO MORDOR



Todo llega, aunque tarde cuatro años. 

Se ha dicho hasta el cansancio –no quiere decir que todos lo sepan- pero en esto trabajó mucha gente durante mucho tiempo. Cuando se habla de “democratizar la palabra” se está dando en el punto justo del asunto. Porque esta es una ley antimonopólica, una de las pocas (Estados Unidos tiene más). Se trata que un mismo multimedios no tenga la parva de licencias que tiene MundoClarín; que no pueda un solo Grupo manejar a su antojo los medios audiovisuales de cada una de las localidades del país. Es que ese es el caso, son más de trescientas y pico de licencias. Van a tener que reducirlas a las legales (que no son pocas tampoco).

Y hay gente que te habla de los “derechos adquiridos”, el cambio de reglas de juego que perjudican los “derechos de propiedad”, y más y mucha más argumentaciones escucharemos en estos días de aquellos que, ahora, descubren que la Corte Suprema es independiente de verdad (y yo lo dudo, pero parece que fue demasiado). Uno no la va ahora de abogado ni nada de eso, pero si de sentido común (vamos a reivindicarlo, que está muy devaluado). ¿Cómo fue que el diario que todos leíamos se convirtió en esto? Hubo una época en que decir “son desarrollistas” los acercaba a la defensa de la industria nacional, a cierto progresismo, hasta una especie de peronismo reestructurado o “modernizado”. Pero se convirtieron en esto. Pasó la dictadura, pasó la fiesta inolvidable del menemismo y crecieron, crecieron, coparon, se expandieron. Y cuando uno comete una grosa como la de Papel Prensa, lo demás no importa. Es más de lo mismo y lógica de mercado, de ese mercado y ese momento en que “me llevo todo”. 

Vino un gobierno popular o, mejor dicho, apareció un fulano con escarcha y el veintidós por ciento, el bolsillo vacío, mocasines y sin corbata. Una bic negra. Pactó, ganó tiempo mientras construía poder político en clave de legitimidad popular. Claro, como eso no se usaba no le dieron mucha pelota, ni lo veían desde la perspectiva del escritorio.

El flaco rompe con el padrino, con EL peronismo conocido y va juntando peronistas sin preguntar de dónde venían sino si estaban dispuestos, y avanza. Después viene la Crispada y Alberto se va a la mierda (porque no se puede servir a dos amos, con perdón, pero como dice el evangelio). Ley de Medios que era un reclamo de muchísimos fulanos que laburan en medios, que la tocan porque la conocen y no de oído, porque se luchó y mucho y porque se consultó a todo el mundo. Desde ese escritorio tan alto y tan grande no se veía, ha de ser eso.

Porque de golpe te estabas metiendo con la “libertad”, con la “república”, con sus negocios. Te metiste con ellos y sus políticos te saltaron al cuello, que para eso se paga. Sus comunicadores (esos que no podían tener comisión gremial interna en el gran diario argentino). Sus intelectuales. ¿Ves? Ahora son todos libres, ya pueden decir lo que quieren, trabajar donde quieran, ya no tienen que sobreactuar, hasta los que se hacían los progres ya no tienen que defender al multimedios porque la ley está vigente plenamente (¿qué harán?).

Ahora hay que cumplirla. Ahora hay que hacer (y no patear más para adelante). A partir de ahora nos tenemos que dar cuenta de que hay cosas que están cambiando en los medios. Porque aunque estos tipos van a seguir jodiendo, su poder tiene que disminuir o tendrán que buscar otras estrategias al menos. Hay que actuar todo lo rápido que se pueda y cumplir. Cada vecino tiene que darse cuenta de que la ley de Medios lo beneficia y que no da lo mismo que exista o que no. 

Porque si no pasa esto, no lo van a tomar como algo propio y menos como una conquista y ni que hablar que como un derecho. La gente cree cuando ve (así somos).

Cayó Mordor, es una buena noticia. Ahora estamos en el día después. Las radios comunitarias, los medios alternativos, los canales locales, la producción para la tele de cada lugar, los con o sin fines de lucro. Todos, muchos. Si no es así, habrá sido al pedo y en este país, nada pasa porque si. 

Siguiendo con la metáfora del Señor de los Anillos, será preciso que los aldeanos de la Comarca salgan de su chiquitismo –que es muy acogedor- y que se sienta que algo nuevo está pasando. 

Y cuando todo esto se logre (cuando lo logremos) entonces, si, será el tiempo de hacerle ajustes a la ley para que sea mejor porque la realidad es más grande. Sería tan saludable empezar a corrernos por izquierda…