miércoles, 2 de septiembre de 2015

...LO QUE ES DEL PUEBLO.



Entre tanto bombardeo politiquero y mediatiquero tratando de demostrar que los votos que ganan elecciones no son válidos si apoyan al oficialismo, me parece que estaría bueno reparar en algunas cosas que ocurren cuando existe un Gobierno que trabaja en favor del pueblo y la soberanía económica. Por ejemplo (y vaya qué ejemplo), el proyecto de ley para proteger el patrimonio del Estado que se discute en el Parlamento.

Vamos a los datos entonces…
Se trata de “…un proyecto de ley para crear la Agencia Nacional de Participaciones Estatales en Empresas (ANPE) y buscará asegurar que la Anses sólo pueda vender las acciones que posee en empresas privadas a través de una mayoría parlamentaria especial.”1 

Lo explicó largamente la Presidenta, en una de esas extensas cadenas nacionales que muchos no soportan ni escuchan, y se pierden saber de primera mano de qué manera se defienden sus intereses: “Para que nadie más pueda disponer alegremente del patrimonio de los argentinos. Esta es plata de todos que había sido prestada en su momento sin intervención de nadie. Ahora no es que no queremos que se venda. Que se venda, pero con discusión en el Parlamento, donde están representadas todas las fuerzas políticas…”2

De yapa, va un motivo más: “Eso le permite al Gobierno tener representantes con derecho a voto en los directorios, con incidencia sobre las decisiones corporativas y, tal vez más importante, acceso privilegiado a información de las firmas.”3

¿De qué se trata esto de “blindar” el patrimonio del Estado? ¿De dónde sale ese Patrimonio? “…consiste en que la venta de las acciones de distintas empresas que posee la Anses sólo podrá ejecutarse previa discusión en el Parlamento y aprobación de las dos terceras partes de los legisladores.” (…) “El Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) se conformó a partir de la cartera de activos, principalmente bonos y acciones, que tenían las AFJP. Eran préstamos al Estado nacional y a las empresas privadas que las administradoras del sistema de pensiones otorgaban con el dinero de la capitalización individual aportado mensualmente por los trabajadores activos.” (…)  “Con la nacionalización del sistema previsional el flujo de ingresos de la seguridad social compuesto por los aportes y contribuciones, junto al stock de activos, pasó al Estado. Este último se convirtió en el FGS.”4

Le paso sólo algunos datos de la participación estatal en empresas privadas como para tener una idea: Banco Macro (31%); San Miguel (26,96%); Gas Natural BAN (26,63%); Edenor (26,81%); Distribuidora de Gas Cuyana (26,12%); Siderar (26,03%); Telecom Argentina (24,99%); Transportadora de Gas del Sur (23,11%); Grupo Financiero Galicia (20,32%); Molinos Río de la Plata (20,04%); Transener (19,57%); Solvay Indupa (16,71%); Banco Patagonia (15,29%); Petrobras Energía (11,85%); Petrobras Argentina (11,85%); Aluar Aluminio Argentino (9,35%); Grupo Clarín (9%); Metrovías (8,55%); Metrogas (8,13%); BBVA Banco Francés (7,90%); Quickfood (5,27%); Banco Hipotecario (4,94%); IRSA (4,48%); Inversora Eléctrica (2,09%); Central Puerto (1,75%); Alto Palermo (1,38%); Transportadora de Gas del Norte (0,73%); Ledesma (0,36%); Alpargatas (0,01%); y siguen las firmas.

¿Para qué usa este Fondo el Gobierno? “Con el flujo de ingresos, junto a recursos de la recaudación tributaria, se pagan las jubilaciones, la Asignación Universal y el Progresar, mientras que el stock constituye un ‘reaseguro’ para el sistema.”5

El Anses, que algunos tratan de hacernos creer es el “dinero de los jubilados”, es mucho más que eso. En este Gobierno (y por este Gobierno), se transformó en la base de la Seguridad Social. No sé si se acuerda (usté compañero, seguro) pero todo el asunto viene de aquella genial idea de privatizar el sistema jubilatorio que dio como resultado que el Estado tuviera que garantizar una jubilación mínima porque los privados jugaban a la timba financiera o a la libertad del mercado, que viene a ser lo mismo. Cosas de los noventas… Viene al caso y es de estricta justicia recordar también que fue un señor llamado Amado Boudou el que le fue con la idea de recuperar estos fondos a Néstor Kirchner y a la compañera Cristina, que ya era Presidenta. Así fue que la Anses maneja esos dineros y el Estado participa en muchas empresas. 

Bueno, motivo por demás para que muchos empresarios sepan muy bien por qué no les gusta el modelo. A veces decimos empresarios, pero algunos no pasan de ser asaltantes que vivieron del Estado en virtud de esa máxima extraordinaria que postula “ganancias privadas, pérdidas públicas”.
El macrismo, expresión preclara de esos sectores, no tuvo vergüenza (jamás la tiene) de proponer la subasta en el mercado mundial de este Patrimonio público, en caso –Dios no lo permita- de acceder al gobierno. Imagínese, ejecutivos gringos sentándose en el directorio de todas esas empresas en los lugares que hoy ocupa el Estado. Son expertos en globalización o globología, el clásico festejo farandulario de este renovado y viejo partido conservador. 

Ocurre que medidas como ésta molestan y molestan mucho: el Estado sentado en las reuniones de directorio, como un accionista más; el Estado accediendo a información privilegiada de cómo se manejan esas empresas; el Estado distribuyendo con el beneficio que le otorga su participación accionaria. Y el Estado, como dicen en la escuela, somos todos. 

El proyecto de ley tiene dictamen de la Comisión correspondiente en el Senado, que se obtuvo sin la concurrencia de la oposición (vaya a saber esta vez por qué no asistieron) y por las mayorías que otorgó el voto popular. Será ley, esperemos, antes de las elecciones de octubre, porque acá se sigue gobernando hasta el último minuto del último día de mandato.

Para decirlo con toda claridad: “Uno de los puntos centrales del proyecto es la declaración de ‘interés público’ de las acciones que el Estado obtuvo como producto de la recuperación de los fondos jubilatorios, en 2008. Al momento de su estatización, las AFJP, creadas por el menemismo en 1993, tenían entre sus carteras acciones de 44 empresas. Por ese motivo, la Anses, a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad, heredó el manejo de esos activos, hoy valuados en 63 mil millones de pesos. Actualmente el Estado posee representantes en el directorio de 27 de esas compañías.”6

Y si, jode. Pero no a nosotros, los fulanos de a pie. Le jode a lo que Perón (el viejo General Cangallo) llamaba la antipatria. Porque sin hacer la revolución socialista, sin hacerle un asco al capitalismo, el Frente para la Victoria que gobierna la Argentina y que tiene como fuerza mayoritaria y central al peronismo, reparte más y mejor, custodia la soberanía y el patrimonio de los argentinos. De eso hay que darse cuenta. 

Podemos tener muchos defectos, y los tenemos pero vea, la celeste y blanca la ponemos hasta en la sopa y la causa del pueblo se la enseñamos a los pibes desde que nacen. 

Fíjese cuando queman urnas, fíjese en estas cosas. Se va a dar cuenta por qué se queman. Y por qué hay que cuidar lo que es nuestro.

1 a 5 de “Poner a resguardo el patrimonio del Estado” por Javier Lewkowicz; Página 12, viernes 21-08-2015; págs. 2 y 3.
6 de “Una iniciativa que va camino al recinto” por S.A.; Página 12, jueves 27-08-2015, págs. 10 y 11.






viernes, 17 de julio de 2015

ESTACIÓN SAVIO



A fines de abril ingresó en la Legislatura porteña un proyecto de ley que propone sustituir el nombre actual de la estación “Ministro Carranza” de subterráneo línea D, por el de “General Manuel Savio”. A primera vista de un ciudadano medianamente desinformado, esto parece algo de poca importancia, algo en lo que los legisladores pierden su tiempo y gastan el erario público. Pero, claro, no es así en absoluto, porque las denominaciones de lugares públicos –y una estación de subte lo es- se relaciona directamente con la identidad y la memoria de un pueblo. Veamos un poco el proyecto…

La estación “Ministro Carranza” (a la altura de Avenida Santa Fe 5300 de la orgullosa BA) se llama así en homenaje a Roque Carranza, que fuera ministro de Obras y Servicios Públicos y más tarde de Defensa en el gobierno de Raúl Alfonsín. Pero el señor tenía pasado…“El 15 de abril de 1953 Carranza participó de la organización y ejecución del atentado terrorista en la Plaza de Mayo, el que consistió en la detonación de dos bombas mientras se realizaba un acto organizado por la CGT frente a la Casa de Gobierno. Como resultado murieron seis personas (Santa Festigiata D’ Amico, Mario Pérez, León David Roumeaux, Osvaldo Mouché, Salvador Manes y José Ignacio Couta) y más de 90 quedaron heridas, entre ellos 19 mutilados. Las bombas fueron colocadas en la estación  Plaza de Mayo de la línea A de subterráneos y estallaron mientras Perón se dirigía a los trabajadores desde la Casa Rosada. Los terroristas también habían colocado bombas sobre la azotea del edificio del Banco de la Nación, con la intención de que la mampostería se desplomara sobre la multitud apiñada en sus cercanías. Afortunadamente, estas bombas que hubieran causado un número mucho mayor de víctimas no estallaron.”
            “Tras el atentado los responsables fueron detenidos y procesados por la Justicia ante los jueces competentes, con acuerdo a todas las garantías de la Constitución y de la ley. Roque Carranza fue detenido como autor material del atentado. Carranza negó haber colocado las bombas, aunque reconoció haber conocido el lugar donde las mismas se armaban…”

 Un “comando civil”. Pregunte a usted a viejos peronistas sobre el concepto y recibirá como respuesta señas sobre del inicio de la violencia contemporánea en la Argentina, del brutal desprecio por todo lo vinculado a lo popular que es lo que significa el mote de “gorila”. Un desprecio que se transformó en crimen y terrorismo. La bomba preparada en los treintas, detonada en los cincuentas y multiplicada en los setentas. Los “comandos” fueron los abanderados de la venganza oligárquica, miserables al servicio de los amos consuetudinarios de la Argentina. Y su odio concentrado, se dirigió siempre en contra la causa popular que los combatió desde mediados de los cuarenta y que se llamó “peronismo”.

La estación de subte originalmente se iba a llamar “General Savio”, la antítesis del personaje que finalmente ligó los honores:

“…el General Savio puso su principal preocupación y actividad en el desarrollo de una industria siderúrgica pesada en el país. Fue autor de la ley 12.709 de 1941 de creación de la Dirección General de Fabricaciones Militares, de la que fue designado director. En esa función fundó los Altos Hornos Zapla, en Jujuy, aprovechando los yacimientos ferríferos allí presentes. Bajo su dirección, dichos hornos realizaron el 11 de octubre de 1945 la primera colada de arrabio. Desde Fabricaciones Militares impulsó la industria química pesada, creando las plantas químicas de Río Tercero, José de la Quintana y Tucumán.(..) Diseñó también el plan de producción de caucho natural y sintético y un proyecto de ley para proteger las industrias de materias primas básicas. Creó el Plan Siderúrgico Argentino aprobado por Ley 12.987 de 1947, conocido como Plan Savio. Por dicha ley se creó SOMISA, de la que Savio fue el primer presidente.”

Savio fue un patriota y también uno de esos hermosos soldados de San Martín, un fulano que lució el uniforme con honor al servicio del pueblo que le confió las armas. Se merece al menos una estación de subte.

La iniciativa pertenece a un legislador del Frente para la Victoria que termina su mandato (corto, ya que asumió tras la partida de Cabandié) en diciembre, se trata de Jorge “Quito” Aragón y es el compañero que dirige la Corriente Nacional Martín Fierro. Bien ahí, Quito.


Las citas corresponden al expediente n° 855/2015, Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. La foto que ilustra esta nota es de la estación de subte Plaza de Mayo, en la cual detonó una de las bombas colocadas por los comandos civiles en 1953.

viernes, 19 de junio de 2015

EL TIO DE LA PATRIA

Son gente rara los héroes; ellos no saben que lo son. Pueden imaginarlo en ocasiones desastrosas en las que nada sale, todo está en contra y el objetivo es una de esas cosas que nadie diría que va a terminar bien. Seguramente, así le pasó a don Manuel muchas veces.
Porque don Manuel es un prócer que hizo las cosas al revés, fíjese si no en la bandera… la que a él se le ocurrió  y la que izó al borde del Paraná tenía una franja celeste al medio de dos blancas. Será que las cosas cambian, ¿no? Tanto, que cuando yo era chico el general Belgrano era Nacho Quiróz y ahora parece que es Pablo Rago. La historia cambia.

Un abogado jamás podría ser un héroe, menos aún un prócer. Por eso creo que no hacía carrera para darle nombre a colegios, calles de pueblo, avenidas, parques, radios. No, de eso ni hablar. Pintaba para burócrata imperial en la colonia Buenos Aires, dedicado a los delicados asuntos de la Hacienda Real, hipotecas, certificados de propiedad, lindes, tierras, esas cosas. Ninguna pavada, si se me permite, derechito a los derechos de propiedad de los que comenzaban a ser dueños de grandes propiedades aún no consumadas por tanta ganadería y tanta estancia.

Así nos lo quisieron legar, con voladitos y el rulito en la frente medio aputosado, medio rosado, ajeno, neutral, humanista, rodeado de papeles y plumas. Y un día, seguro, buscando el secante se miró el dedo manchado de tinta y dijo para adentro “la patria es un borrón”. Un borrón como una mancha de tinta en un documento que no debía estar, un error, una distracción.

Para qué problematizar las cosas. Para un fisiócrata soñador (y lo era) no había límites en tanta pampa. Agricultura sistematizada, progreso, educar a la gente para los trabajos y los oficios. Prosperar la colonia… prosperar. Enseguida le vienen los petates y oropeles de los enviados borbónicos que se dan dique y no conocen a un solo Borbón, a los petimetres de fiesta y baile, señoritas, salones, moños. Españoles, o mejor, Peninsulares, porque españoles somos todos. El abogado se aleja del escritorio donde se despatarran los papeles y va a la ventana. Es de noche, pasa el sereno, la calle hecha un barrial por la lluvia se pierde hacia el río. Se asoma y aspira el olor de su río, se llena los pulmones y queda así pensando hasta que tocan las doce. Dormirá, soñará Belgrano con nosotros, que no existimos.

Otra noche lo invitan a la casa de un fulano importante. Están unos cuantos que conoce bien y deciden seguirla en otro lado, en otras noches, mejor ahí en la jabonería que en la casa que es muy conocida. Noches vehementes de tabaco, licor o caña, una comida como para disimular el estómago. Son cosas serias estas, las que pueden costarte la posición, la fortuna y la cabeza. Escribe don Manuel. Quema los papeles, pero no puede dejar de escribirlos.

Una noche le presentan al militar. Es importante, altivo, plateado, como una estatua. Confiar, se necesitan. Don Manuel es un buen puente para que todos puedan pasar sin empujarse. Igual, se recelan. Mariano recela, don Manuel lo entiende y no lo dice porque esto se hace todos juntos, o no se hace.
Se hace. Casi como golpe de estado, casi con escaramuza armada, casi con vecinos políticos. Que viva el Rey (y que se vaya el Virrey). El vocal Belgrano va al Paraguay como comandante de una expedición militar para contrarrestar a las fuerzas realistas locales. Pero… no es militar, es abogado. Arrastrará ese problema bibliografía tras bibliografía y generación tras generación. Desde aquello que escribiera el General (manco) Paz en sus memorias sobre que el susodicho como militar era un gran abogado, o un gran patriota no recuerdo ahora pero da lo mismo. Avalado por semejante personaje, un militar de carrera y tal vez uno de los tres que había en estos pagos (San Martín era uno y Alvear el otro), al pobre general (en minúscula) se le negaron las dotes marciales para toda la posteridad. Y en Paraguay pierde. Te dicen… fundó pueblos y escuelas, Curuzú Cuatiá y otros. O también que interpretó el sentir de los asunceños contra la dominación española y azuzó los espíritus hacia la revolución. Pero los paraguayos hicieron la propia y después, que tampoco era cuestión de salir de la corte de Madrid y entrar de polizón en la mucho más pobretona de Buenos Aires. Justo Asunción, madre de ciudades y faro de la América del Sud sin exagerar.

Belgrano dejó la provincia del Paraguay que creciendo la sombra del Dr Francia, la independencia y el progreso popularmente concebido. Algo tuvo que ver, lástima que no ganó una batalla lo que para una historia liberal castrense es un pecado.

Belgrano como militar, un fiasco. Rumbo al Norte, entonces… ¿Qué era el Norte? Una frontera inexistente, salvo en nuestras ideas avaladas por los diarios de los lunes. Esto es de antes de marcar la línea que divide países. Lo envían ahí para evitar la cuña realista (maturranga, diría el General San Martín) penetrando con furia hasta alcanzar Córdoba y estrangular la capital virreinal. Lo que no le dicen es cómo lograr todo eso. Lo nombran general (con minúscula) de un ejército descompuesto y en descomposición. Arréglese, Belgrano (y no siga pidiendo plata ni recursos).

Y se arregló. Tanto se arregló que a sabiendas que no los podía parar ensayó la guerra de “tierra arrasada” por primera vez. Les quemó todo, les inutilizó todo, las casas, los pastos, las cosechas, la tierra, el agua, el aire (porque se lo llevaron para respirarlo en otro lado). Un milico hace eso, arrasar. Lo que es más complicado es que la gente –cuyo terruño arrasarás- te lo permita, participe, lo tome como propio y se vaya con vos. Sin que la obligues o con esa obligación que te marca una dentellada en la conciencia. Belgrano muerde, infecta el miedo y te sale como un desprecio por haber dudado. Belgrano te saca patriota, mientras te saca todo. Y te vas con él, caminando o en carro o a caballo o en burro atrás de su uniforme destrazado, polvoriento. Con los ojos llorosos por el humo de las quemas y por el corazón desgarrado por Jujuy. Exodo. Pueblo. Belgrano.

Lo vivan cuando pasa, los changos corren tras el caballo común que lo lleva porque nunca habían visto a un general tan de cerca, sólo deslumbrantes charreteras godas del Perú. ¿Qué saben? Las cosas de la casa, de la madre y un padre que de tanto en tanto pasa. Saben trabajar para otros y lo seguirán sabiendo. No le han leído al brillante caballerito de Salamanca y Valladolid sus escritos de economía política o educación, nada de nada saben ni sabrán sobre la fisiocracia ni filosofía de la Ilustración, un carajo de Rousseau, Montesquieu ni Voltaire… No saben leer. Pero escribirán con sus sangre más temprano que tarde la historia con minúscula (como su general) de un capitulo inolvidable que empieza “libres o muertos, jamás esclavos…” Nunca hablarán con Belgrano, pero uno de estos soldaditos una noche entre las tiendas le alcanzará el mate y de sobrevivir, lo contará de viejo bajo la enrramada a quién quiera escucharlo como un tesoro. Porque lo que si sabrán seguramente, es por qué lo han seguido hasta perderle el rastro.

Uno de ellos, ya soldado, redoblará el repiqueteo de tambor, mientras otro ya soldado irá tirando de la cuerda lentamente, muy lentamente, la vista al cielo, el corazón en la boca, viéndola subir. Subir a otro cielo donde todos eran buenos, donde todos eran libres, donde todos sabían por fin quiénes debían ser. Blanca, celeste, blanca. Belgranera del Paraná, el barrilete de la Patria al viento. Ilegal, perjura. Solo ella, como sólo él izándola y su general (con minúscula) al lado.

A juicio Belgrano, condenado Belgrano y un Coronel casi andaluz que llega y putea descubriendo cagones y los primeros traidores. Dice que un gobierno no es bueno si pone preso a Belgrano. El gobierno se va (huyendo por la av. Rivadavia).

Vamos a conocer al correntino, se dice Manuel, y debería estar felíz de dejar este ejército que no tiene disciplina, ni sabe de estrategias militares, ni garantiza ya nada. El sabrá, dicen que es militar, dicen que combatió contra Napoleón. Ahora va a tener que luchar contra Fernando. ¿Se podrá confiar…? Mirará por encima del hombro, humillará con su figura, criticará con lengua filosa sin palabras en punta, pero. Y este dolor de estómago que no pasa. Y la fiebre que va y que viene. Algo de tos… si siempre ando comiendo mierda. Como todos los hombres que comando. Que sanmartín tenga algo de Santo, la patria se nos cae de fatiga. Cómo será San Martín. Viene el abrazo del cuadro, lo habrán visto.

San Martín está loco, me admira y no sé lo que he hecho para tanto elogio. Unos días y somos amigos, unos días y lo conozco de siempre. Unos días y me voy al Puerto brutal que va a tragarse todo. Y lo sé. Dejo a Usted esta patria de soldados, su hambre, sus amores y sus deseos, vida, hacienda, nada. No le dejo nada, salvo esta gente. No los abandone, mi General.

Escribe Belgrano, no descansa. La noche lo alcanza siempre.

Ha malgastado todo. Fortuna, que ya no tiene. Sueldos que ha donado. Casas que tiene y no tiene. Hijos. Mujeres. Fama. Todo se le escapa. Lo mandan afuera de embajador, a cortes de la Europa. Le sienta, pensar que así podría haber sido. Esos jardines, esa francia. Esa inglaterra. Buena vida, paseando como tantos que antes o después, diciendo lo que se debe decir y lo que otros quieren escuchar, andar por ahí sin sobresalto y con bajo perfil. Es fácil. Pero es Belgrano…

Por fin, Tucumán. Otra vez, Tucumán. Ahí se le ocurre decir lo de la monarquía inca y a la mierda con todo. Los porteños lo putean, algunos ya lo ven muerto, políticamente muerto. Quién escucha a Belgrano. Lo escucha y lo lee San Martín. Lo miran los que serán Caudillos.

Es un peligro, siempre lo fue. Y un idealista, el loco de la revolución (y no será el único). El que mantuvo vivo al partido de Moreno. Un conspirador. Belgrano pintaba para niño que llevaba la manzana a la maestra y terminó como el peor del grado; cagadas que hace una Revolución trastocando las cosas, volviendo locos a los hombres como una caña subida sobre las buenas caderas de una mujer. Está loco de Revolución, loco de amor.

No le da el cuerpo. No le basta el aire. Su médico, un amigo, se lo dice. Se toma lo que sea, pero tiene que estar despierto porque la patria se duerme. Desespera por las noches. Sueña con los ojos afiebradamente abiertos. Lo cuidan, pero no se puede cuidar a Belgrano.

No es su cama, no es su casa. Le queda el reloj y los papeles. Un escritorio revuelto. Las sábanas sudadas. Buenos Aires es una cagada de escarcha y desvelo. Su General anda por el Perú y Bolívar, el orgulloso Bolívar salta y golpea. Juntos, que vayan juntos…

Me muero. Lo sé. No hay nadie. No es de noche ni de día. Una mariposa de noche baila con el pabilo encendido y una tonada sube por la barranca. Belgrano canta sin mover los labios que le queman. Es el minué sobre los tablones de una salón al que ya no lo invitan, pero danza con la soldadera en un campamento que no quiso pero como quiso. Ay.

Si hasta el crucero que se acercó a Malvinas le hundieron… Y él seguirá siempre ahí, mirando a la Rosada con el dedo en alto y la bandera enredada en el viento, arengando a gobernantes con la esperanza secreta de que alguno cada tanto le responda. Es el único habitante, el guardián de la Plaza. El que cuidó a las Madres. Le deben responder a él… a quién más, sino a Belgrano. Ay.

En la noche final Buenos Aires duerme. Los asesinos asesinan. Los niños lloran y la madre los tranquiliza. Los amantes se hunden mojados, sudados, se abrazan. El cura cierra el misal. Los perros retoman la calle bajando al río. El río manso de plata negra se estira, toca la Banda Oriental donde de a ratos duerme Artigas. Lo que pasa, pasa. La vecina se pregunta si respira bien el general (con minúscula). A esas horas nadie piensa. El día se resigna y va desvistiéndose. Alguna calma viene a la boca de los que la habían perdido. Afuera cae el gobierno. En la noche las sombras se mueven. La colonia se mueve rápido con la libertad contrariada. Todo es muy veloz para Belgrano.

Yo no soy el padre de esa patria, mi amigo. Cuando traté de salvarla era porque él ya la había hecho, señor. No se confunda. Es él. Y yo con tanto honor y gloria no puedo evitar que una muerte tan puta… San Martín está acá mientras pienso esto y se tapa los ojos. Está viejo como en esos billetes de cuando todos éramos chicos y el país no nos pertenecía (de nuevo), cuando no nos habíamos enterado de las desgracias y pegábamos la figurita en el cuaderno en las fechas esas.

Entonces, la vela… El Despertador Teofilantrópico lo publicará mañana. Una noticia entre tantas otras. Un solo diario. Nada.

No llega a la mañana. Alza los brazos, busca algo en el aire. Busca algo. Ay, Patria mía. Ay, Patria mía.

Belgrano busca algo.

Cada tanto le encontramos la Patria, ojalá sea eso.




lunes, 15 de junio de 2015

QUE VES DEL CIELO



En los aviones decía “Cristo Vence”. Pero Cristo fue vencido ese día. 

Hace sesenta años aves de rapiña piloteando aviones de la Marina, aviones de combate del Estado Argentino, se abalanzaban desde las nubes sobre la Casa Rosada buscando el pecho de Perón para abrirlo con la metralla y hacer estallar el corazón del pueblo.

Aviadores militares, algunos conspicuos dirigentes cobardes del radicalismo también. Traidores a la Patria, infames traidores a la Patria bombardearon la Plaza de Mayo e iniciaron una Danza de la Muerte con un acto de terrorismo contra su propia gente. 

Pero claro, no era su gente, eran Argentinos. Eran esa mujer en la foto que mira casi impasible la pierna destrozada que le falta. Era ese hombre con sobretodo tumbado cerca de unos hierros retorcidos. Eran pedazos de pies, brazos; era sangre huérfana de cuerpo manchando la vereda, barriendo la vergüenza que iba a enseñorarse de la historia. 

Hoy es un día de infamia. No sabemos cuántos murieron, algunos dicen cuatrocientos, otros hablan de casi mil heridos. Y otros no dicen nada, como en ese día no dijeron nada.

Fueron tres interminables pasadas de la mañana hasta la tarde. Y un micro con pibes de provincia iba dando la vuelta para visitar la Casa de Gobierno, el Cabildo, el Centro que no conocían y no conocieron porque los reventó una bomba.

Hace sesenta años murió la Justicia, pero menos mal que una hija menor (en esa época) sobrevivió y arrastrándose entre el humo y los gritos, se paró contra un muro del Ministerio de Hacienda y resistió. Era apenas una niña la Justicia Social, pero entre todos los que llegaron en camiones a defender a Perón con lo que tenían, la subieron y la cobijaron. Llegaría el tiempo en que la guardarían de casa en casa, junto a la foto de Eva con una vela, para que reapareciera en las manifestaciones del pueblo una y otra vez, hasta la victoria de estos días (esa victoria que supimos conseguir). 

Pasó el tiempo. Muchos nacimos, otros de aquellas plazas de Perón se fueron. Quedan, tras muchas remodelaciones, huellas en los mármoles del ala ministerial sobre Av. Alem y el monumento que recuerda los nombres que sabemos, en donde ahora se planta el museo del Bicentenario justo a la entrada de la Aduana Taylor. 

Las huellas que no se ven duraron mucho, mucho más que los miserables dragones que vomitaron su fuego y su porquería sobre la gente. Las huellas no se van y se agolparon junto a treinta mil más recientes, con miles y miles sin esperanza más recientes. Ocultas, invisibles a la historia de historiadores funcionales y funcionarios. Porque nadie debía recordar el día en que el cielo fue peligroso.

Nada hay que pueda devolver la paz del día anterior al 16 de junio. Sólo se puede asumir un legado que divide siempre entre patria y antipatria, por más que a algunos argentinos les parezca terrible definir en antítesis las cosas. Pero así es. 

Yo soy un bombardeado en Plaza de Mayo, se debería decir para estar a tono. ¿O no?
Y con toda seguridad, los asesinos vencieron a Cristo un día. Ese día, el 16 de junio de 1955.

Viva Perón.

viernes, 12 de junio de 2015

CARTA DE VALLE



(Carta del Gral Valle al Gral Aramburu antes de ser fusilado por levantarse contra la llamada Revolución Libertadora)

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.

Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.”

Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.*


JUAN JOSÉ VALLE
General de San Martín
Mártir del Pueblo
¡PRESENTE!
¡Viva Perón!

*Tomado de www.elhistoriador.com.ar  Fuente: Roberto Baschetti (recopilación y prólogo), Documentos de la Resistencia Peronista 1995-1970, Buenos Aires, Puntosur Editores, pág. 84.