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viernes, 7 de octubre de 2016

1895 (PERON)



Un año importante para nosotros. 


Algunas cosas como para mencionar y darse una idea. Abre con el nacimiento de John Edgar Hoover, inventor del FBI y su director durante 48 años y 8 presidentes norteamericanos, el verdadero inventor del “carpetazo” (y/o amenaza del). Unos días después estalla el escándalo del “caso Dreyfus”, acusado falsamente de traición a su patria francesa a favor del tradicional enemigo alemán, un caso turbio que sacó a la luz el antisemitismo que campeaba en el ejército francés.


Nace otro fulano que va a dejar huella en América Latina, Raúl Haya de la Torre, compitiendo por el mote de “populismo” con que los saberes hegemónicos trataron siempre de demonizar a propuestas nacionalistas, anticolonialistas y anti imperialistas. Don Raúl nunca podrá ser presidente del Perú pese a haber ganado una vez las elecciones, ya que la guardia pretoriana militar se lo impedirá.


En marzo, los hermanos Lumiére presentan un corto de 57 segundos “La salida de los obreros de la fábrica Lumiére” y hacen cine, una actividad que muchos pensaron sería una moda pasajera.


Sigue al año. Nace el italiano Rodolfo Valentino, y también Augusto César Sandino en Nicaragua, cuya sombra aún nos cobija. Pero muere José Martí en combate contra el colonialismo español. La Cuba de Fidel cumplirá el programa del Martir, más que inscribirse cabalmente en el marxismo. 


También se muere Federico Engels en Londres, ese “Alfred” de Marx y al que se le debe la mitad del asunto, si de herencias ideológicas y dignidad se trata.


Descubren los “rayos X”; el sueco Nóbel se da cuenta que se mandó una cagada con lo de la dinamita y firma el fondo para los premios de él mismo. El mundo es el del imperialismo desarrollado, un colonialismo muy adulto y complejo en el que los países centrales no se definían ya por sus fronteras históricas (tan dúctiles) sino que comenzaron a contar en su haber sus “patios traseros” (que son verdaderas fábricas, plantaciones, reservas y depósitos ecológicos, galerías de seres humanos coleccionables para mano de obra sin fin).


Faltaban 19 años aún para que la “paz” europea se hiciera pelota, y con ella la confianza ciega en el progreso indefinido del capitalismo, del orden y del progreso. 


En Argentina se iban acomodando los melones tras la crisis económica y política del ’90. Sáenz Peña (el viejo) renunciaba y asumía su vice don José Evaristo Uriburu, con el exclusivo asesoramiento/tutela de Roca, Mitre y Pellegrini (el que verdaderamente dejó atrás la crisis). El viejo régimen oligárquico ya estaba haciendo agua y pronto algunos señoritos se irían dando cuenta de que había que cambiar algo para que no cambiara nada, o eso creían. 


Se realiza el Segundo Censo Nacional: la población de la república es de 3.956.060. El país contaba con 3.325 escuelas, 509 edificios de propiedad fiscal y 285.854 alumnos en todos los niveles. Se registraron 23.000 establecimientos industriales con un capital invertido que superaba los 500 millones de pesos oro y ocupaba a más de 167.000 operarios. Había más de 5.000 fábricas textiles y un repunte en el vino: 756 bodegas.


La metrópoli prosigue su expansión hacia el oeste, y la avenida de Mayo se convierte en la espina dorsal de su movimiento céntrico.


En medio de todo esto, el 8 de octubre nació Perón. 

El niño Perón anduvo en Lobos, el campo y la Patagonia, hasta que en 1911 ingresó en el Colegio Militar y dos años después era subteniente del arma de Infantería. El Ejército será la “familia” de Perón de allí en más. Pero, ¡qué familia! Un fuerza armada surgida de la supremacía de la Guardia Nacional de Buenos Aires portuaria que subordinó y terminó cooptando a las guardias armadas provinciales (junto con su autonomía, en un curioso proyecto nacional unitario que se llamó “federal”). Un Ejército que se recibió de “nacional” marchando contra el Paraguay de Solano López y también en la guerra interna contra la disidencia federal del Chacho Peñaloza y Felipe Varela. Una banda armada que sirvió para limpiar de indios la Patagonia primero (el Huinca Malón de Roca) y el nordeste más tarde.

Un Ejército, en definitiva, que fue el brazo armado de la oligarquía para contener a una clase obrera que surgía organizada por la izquierda en sus múltiples manifestaciones. ¿Cómo se habrá filtrado “la cuestión social” en los estudios liceístas del púber Perón? Está claro que el tema le preocupaba, y más le preocupaban las soluciones que sus camaradas habían ensayado entendiendo a la calle, las fábricas y los campos como un teatro de operaciones. Perón querría otra cosa, y en eso que quería se le fue la mano. Según como se mire, claro. 

A Perón le interesó la educación militar, pero no tanto la del “arte de la guerra”, sino las del arte de la política, de la diplomacia, del alto juego de las potencias y de algunas sospechas que iba teniendo. La pelea de las potencias por la hegemonía mundial, la posibilidad de nuevas guerras mundiales, el desarrollo económico y de infraestructura, los peligros para un país rico con pueblo pobre como el nuestro. Cosas que el joven oficial iba masticando y charlando con algunos. Desde los cuarteles siguió la experiencia radical y a ese personaje tremendamente popular que fue el Peludo Yrigoyen. Perón marchó junto a los cadetes del Colegio Militar en 1930 contra el viejo presidente, y años después se sintió un boludo. Se dio cuenta cómo la oligarquía manejaba a sus perros armados, y se debe haber hecho un par de promesas lanzadas hacia un futuro incierto pero posible. 

Los que mandaron siempre en el país, junto a la prensa seria, junto a la Iglesia tradicional, andaban siempre esperando una esperanza blanca corporizada en un militar católico que devolviera la Argentina al buen curso, de vuelta al mundo capitalista. ¿Y no estaba allí? Para el pensamiento integrista católico no, porque la democracia de masas (por qué no también la ley Sáenz Peña) traía esa maldición del “populismo”, la demagogia y toda esa mierda. Se referían al yrigoyenismo y su chusma. Alguno que otro veía el peligro comunista, pero no como también lo veía Perón como un avance de la Unión Soviética en tono imperial, sino como peligro contra la propiedad privada y los beneficios de ser “la élite” del país tercermundista. Ese alto oficial no pudo ser Uriburu (el otro, el del golpe) que estaba medio chapita con su proyecto corporativo; desde ya no podía serlo el general Justo por demasiado liberal y zorrito. Tendría que haber sido Perón. Pero no fue, sino que más bien operó como un dique de contención de la derecha en la Argentina (y mire cómo se lo digo). Destruyó el proyecto político de la derecha real y generó una alternativa que recogía la tradición popular nacional y la potenciaba en un proyecto político realizable.

El niño Perón seguramente jugaba con el viento, sin imaginar en lo más mínimo estas cosas y mucho más cerca de esa carta que le escribiría una montaña de tiempo después a Eva (que tardaría en nacer) planteándole irse al campo o a una casa en el Tigre a criar gallinas y perderse en el tiempo.

Y un buen día, al niño Perón lo ascendieron a Coronel. Estaba por comenzar otra historia (la nuestra).

Felíz cumpleaños, General.




* Los datos que se tiran en la nota, salen de: http://www.hechoshistoricos.es/html/eventos1895.html;
http://www.todo-argentina.net/historia/gen80/uriburu/1895.html;
y http://www.jdperon.gov.ar/material/biografiaperon.html




viernes, 12 de junio de 2015

CARTA DE VALLE



(Carta del Gral Valle al Gral Aramburu antes de ser fusilado por levantarse contra la llamada Revolución Libertadora)

Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado. Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los únicos responsables de lo acaecido.

Para liquidar opositores les pareció digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos faltó astucia o perversidad para adivinar la treta.

Así se explica que nos esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes, escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones, desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de asesinatos.

Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará jamás tantas ejecuciones.

La palabra ‘monstruos’ brota incontenida de cada argentino a cada paso que da.

Conservo toda mi serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir respeto a las instituciones y templos y personas. En las guarniciones tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa, sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero, sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido.

Es asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país alineada al servicio de ustedes.

Como cristiano me presento ante Dios, que murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conozca un día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias en sangre. Ruego a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.”

Juan José Valle. Buenos Aires, 12 de junio de 1956.*


JUAN JOSÉ VALLE
General de San Martín
Mártir del Pueblo
¡PRESENTE!
¡Viva Perón!

*Tomado de www.elhistoriador.com.ar  Fuente: Roberto Baschetti (recopilación y prólogo), Documentos de la Resistencia Peronista 1995-1970, Buenos Aires, Puntosur Editores, pág. 84.