domingo, 7 de mayo de 2017

"NADIE SINO EL PUEBLO ME LLAMA EVITA"



¿Quién era esa mujer?, lo que para la época y los ajenos era decir ¿cómo pudo pasar?, que no es lo mismo.



Se da determinadamente; como todo lo que la rodea. Uno puede hablar de lo que Eva no es hasta cansarse; destrozar la calumnia y rehuir el mito… pero ¿es lo más interesante? Eva y el peronismo componen una biografía en paralelo, porque en ambos casos, ocurre lo que había una tremenda necesidad de que ocurriera (aunque nada sea obligatorio ni fatal). 


Los peronistas -que no lo eran- van al encuentro de Perón; y Perón, que venía por ellos como por tantos otros, queda atado para siempre a los trabajadores –esos que renunciaron a la independencia de clase y se quedaron con la de él- y todos fueron peronistas. Ellos y también Perón. Eva llegó justo cuando todo estaba empezando y se les mezcló de tal manera, que todo tuvo que empezar. 


La vida política de Evita dura seis años: viaje a Europa, la pelea por el voto femenino, la relación con la CGT y los sindicatos, la Fundación y la acción social. No pudo proyectarse más allá porque no le quedó tiempo y entonces, los verdaderos deudos la trajeron hasta acá. Es eterna porque esa turba llevó una y otra vez su nombre como una bandera a la victoria. Y cuando tocó derrota, la levantaron otra vez, otra vez, y otra vez. 


Eva adjura del feminismo y al mismo tiempo afirma el rol activo de la mujer como nunca; hace política desaforadamente, hostiga, divide, pero también compone, disculpa, arrima. Acata verticalmente a Perón a la par que lo matiza, lo discute, lo actualiza permanentemente. Es inescindible de Perón y a la vez, opera como la puerta de entrada privilegiada al movimiento nacional. Su figura cuestiona, afirma, arremete, aún al mismo movimiento, aún a los dirigentes. Salvo a Perón.


Evita es como el peronismo. Un movimiento que no es y es partido; una doctrina clavada entre el capitalismo y el marxismo que forma parte del primero y se atreve a levantar las banderas del segundo. Una marcha y contramarcha que siempre va para adelante. Una parada en el camino, un refresco para el alma, una caricia para el herido. Una mujer que no fue madre y tiene millones de hijos. Por eso el gorilaje no entenderá nunca al peronismo ni a Eva; son otros los lenguajes, otras utopías que requieren de un orden absoluto e imposible en la vida real. 


Nos hemos formado a su sombra y detrás de su aliento, sin poder atraparlo nunca. Hemos estado muchas veces dos pasos atrás, casi por alcanzarla como si fuera posible (que no lo es). Y a pesar de eso, uno tuvo muchas veces la sensación de su presencia, la veneración de la cotidianeidad. Hizo escuela. Enormes minas de rodete aún sin hacérselo, las “tías” de la Resistencia, las doñas de los barrios y la Básica, las que están siempre y Esa otra, la que llegó más alto que todas y la puso en el billete de cien.


Ahora es fácil Evita, casi folclore, hasta para turistas. ¿Y si hubiera vivido más? ¿cuántas Evitas que pueden no habernos gustado hubieran aparecido? ¿cuántas opiniones con el peso de su gigantesca autoridad?... Habría que haberla conocido para saber, habría que haber charlado y discutido con ella, habría que haber estado allí para plantarse detrás de su figura y bancar todo, aún lo que creemos que no se podía. Porque ella lo hizo. 


De todos los títulos, le quedaba mejor el de ser el puente entre Perón y el pueblo, entre los anhelos del pueblo y las manos hacedoras de Perón, como lo dijo. Y todos pasamos sobre ella para llegar a la Patria libre, justa y soberana. Así lo quiso. 


“Los opositores dicen que esto es fanatismo, que soy fanática de Perón y del pueblo, que soy peligrosa porque soy demasiado sectaria y demasiado fanática con el General Perón y con los descamisados de la Patria.

Yo les contesto con Perón: el fanatismo es la sabiduría del espíritu. ¡Qué importa se fanático en la compañía de los mártires y de los héroes!

Al fin de cuentas, la vida alcanza su verdadero valor no cuando se la vive de manera egoísta, nada más que para uno mismo, sino cuando uno se entrega a la vida toda íntegra, fanáticamente, en aras de un ideal que vale más que la vida misma. Yo contesto que sí soy fanática de Perón y de los descamisados de la Patria.”


Felíz cumpleaños, Señora… Evita.


*Citas y consultas de “Evita”, de Marysa Navarro; Edhasa; 2005.

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