lunes, 12 de diciembre de 2016

LA CGT BRASIL



El 27 de junio de 1975 una multitud de más de cien mil trabajadores ocuparon nuevamente la Plaza de Mayo pero esta vez, para desafiar a su propio gobierno. Isabel Perón, con sus ministros de Economía, Celestino Rodrigo, y de Bienestar Social, José López Rega, habían desconocido las paritarias recientes y se inclinaban por mantener el severo plan de ajuste implementado. Tras la crisis los dos ministros se fueron. La presidenta lo haría menos de un año después pero por el golpe militar (con participación civil) más cruento y vendepatria de la historia argentina. El movimiento obrero organizado se eclipsó y sus instituciones y hombres fueron brutalmente perseguidos y aniquilados. El fuego cayó para casi todos, para la mayoría de ellos. 

Así y todo, los trabajadores lucharon a horas de producida la asonada militar. Con los principales sindicatos intervenidos y la actividad gremial suspendida hasta más ver, la conducción de hecho pasó a manos de dirigentes de gremios no intervenidos. La unidad sindical, que venía jaqueada desde aquellas jornadas del ’75, se deshizo y la CGT pasó a ser una sigla y un fantasma. 

De esos gremios no intervenidos (en su mayoría) nació en marzo de 1977 lo que se conoció como “Comisión Nacional de los 25”. Su primera mesa de conducción se integró con representantes de Aguas Gaseosas, Alimentación. Estatales, Telegrafistas, Conductores Navales, Camioneros, Telepostales, Papeleros, Ferroviarios, Gastronómicos, sectores de Luz y Fuerza, Mecánicos, Telefónicos y Viajantes. Era una formación heterogénea, y algunos de sus miembros fundadores –como Roberto García y Roberto Digón- la veían como los herederos de la Resistencia y la CGT de los Argentinos.

Por otro lado, setenta y un organizaciones agrupadas en la Comisión Nacional del Trabajo planteaban la necesidad de negociar con los militares para recuperar los gremios intervenidos y ser un canal ordenado para las demandas crecientes. Contaban con algunos pesos pesados como Luz y Fuerza (que tenía a su secretario Oscar Smith desaparecido), Ferroviarios y la Unión Obrera Metalúrgica (que no respondía casi a un Lorenzo Miguel preso). Los encabezaba el dirigente del Plástico, Jorge Triacca. Muchos gremios, entre ellos La Fraternidad, no se nucleaban con ninguno de estos y acompañaban o no cada postura de acuerdo con las circunstancias del momento.

Los 25 creyeron llegado el momento de la acción y lanzaron la Jornada Nacional de Protesta del 27 de abril de 1979; días antes casi todos sus promotores cayeron detenidos. La Jornada fue despareja pero políticamente el desafío al Régimen estaba planteado claramente. Se convocaba por diez puntos entre los que figuraban la restitución del poder adquisitivo del salario; la plena vigencia de la ley de Convenciones Colectivas de Trabajo; la normalización sindical y de las obras sociales; la expresa oposición a una futura ley de Asociaciones Profesionales y de Obras Sociales; las modificaciones de los aportes previsionales; la prescripción de la Ley de Prescindibilidad; la libertad de los detenidos y el esclarecimiento de la situación de sindicalistas desaparecidos; la defensa de la industria nacional y la corrección de la política arancelaria.

La difícil coyuntura económica de los ’80, tras el derrumbre del Plan Martínez de Hoz que generó una profunda crisis económica y el más brutal endeudamiento externo (hasta este momento…), convenció a los dirigentes de que era el momento de institucionalizar un poder opositor y que ese poder surgía de los sindicatos. Lorenzo Miguel, que fue liberado e inmovilizado en su casa de la calle Murguiondo, comenzó a mover las 62 Organizaciones en consonancia con el grupo “combativo” (una alianza que se dio muchas veces en el movimiento obrero).

Hacia fines de 1980 aumentaron los conflictos laborales y, por insistencia y constancia militante se potenció el avance de la lucha de los organismos de Derechos Humanos. Varias fábricas fueron tomadas (Deutz, La Catábrica, Sevel, Merex), y pudieron coordinarse comunidades y trabajadores como en el caso de Tafí Viejo, el ingenio Ñuñorco, por citar alguno.

Finalmente, el 12 de diciembre de 1980, volvió la CGT con Saúl Ubaldini (Cerveceros) como Secretario General y Fernando Donaires (Papeleros) como el Adjunto. Van algunos nombres… Lesio Romero (Carne) secretario de Hacienda; Alberto Cladera (Carga y Descarga) subsecretario de Hacienda; José Rodríguez (SMATA) secretario de Gremiales e Interior; Osvaldo Borda (Caucho) subsecretario de Gremiales e Interior; Ricardo Pérez (Camioneros) secretario de Prensa; Manuel Diz Rey (Viajantes) secretario de Acción Social; Roberto Digón (Tabaco) secretario de Relaciones Internacionales. Además, las vocalías: Luis Pécora (construcción); Pablo Monardes (Alimentación); Marcos Alvaresz (SUPE); Roberto García (Taxistas); César Loza (Portuarios), entre otros. 

Los había combativos, los había más negociadores, alguno encontrará también burócratas, pero todos tenían en claro que había que terminar con la Dictadura y volver al Estado de Derecho.

La nueva CGT en el llano se instaló en un viejo edificio alquilado de la calle Brasil (n° 1482; y de ahí el nombre con que se la conoció), que era usado por agrupaciones sindicales peronistas. Todo se improvisó allí, bajo la amenazante mirada de los Servicios apostados ostensiblemente en sus Falcon verdes parados en las esquinas. Así y pese a todo, se pudieron recrear las Regionales del Interior, haciendo punta en Córdoba que tenía historia propia y se plegó inmediatamente. 

A la CGT Brasil le faltaba casi todo: legalidad, fondos, un país en libertad para cumplir con el objetivo de una central sindical normal. No había un país normal, era un país ocupado por su propio Ejército y una camarilla de fulanos que representaban los intereses del capital financiero en su expresión más salvaje, la única que tiene. En esos días difíciles la CGT fue un lugar de lucha, pero también de refugio donde sentirse acompañado. Remitía a la Resistencia aún sin serlo; era una CGT en desgracia cuyo valor más importante era dotarnos de mística.Fue la primera central obrera que vio la luz sin la figura presente de Perón. 

Le faltaba todo y entonces, se dedicó a representar. Representar fue su verdadero poder.

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