sábado, 2 de abril de 2016

LUCES EN EL CIELO



Yo no se qué pasará en esos lugares en el que la gente vió partir a los pibes en uniforme. Cómo habrá sido acompañarlos hasta que subieron de culata a los camiones y despedirlos porque los conocían, si eran todos de ahí. Y no lo se porque vivía en Buenos Aires, y acá la gente no se saluda, imagináte ir a despedir a un conscripto.


Pero si me acuerdo de una noche (fueron dos) en que los milicos hicieron un simulacro de oscurecimiento. Se fueron apagando los edificios y poco a poco las luces de la calle. Andaba con alguno por Corrientes, porque salimos todos a ver de cerca eso de la guerra. Un montón de gente en la calle mirando el simulacro... la puta, esto se hace cuando se viene un bombardeo. Alguna película uno vió. Creo que en un momento caímos en que la cosa se había puesto como el carajo... mirá si bombardean Buenos Aires. 


Dicen que en el Sur si se sintió Malvinas. Uno sabe que Malvinas también quedaba en Corrientes, y en Chaco, por decir dos que me pegaron. 


Releo y pienso "qué tilingo" de mi mismo, qué porteño, qué pelotudo. Así es...


En esa época laburaba en la Caja de Ahorro. Militaba, entre expediente y expediente. La Caja estaba dirigida por Coroneles. Había soretes civiles que le hacían la comparsa porque era cierto eso de lo cívico-militar. Y había fulanos que uno llamaba compañeros con los que intentabamos reflotar la Comisión Gremial Interna. 


Los mediodías cuando se almorzaba un sanguchito juntando los escritorios, nunca faltaba el especialista en Sea Harrier; otro que de golpe era un estratega en el teatro de operaciones y nos contaba cómo había que hacer para esperar a los ingleses. Hasta un coso dibujaba el mapa de las islas y el que pasaba tiraba una opinión que es gratis, así que... No me estoy burlando, a veces pienso que el temor se manifiesta de muchas maneras y a algunos les da por hablar y convencerse de que saben de lo que hablan. Eso de tener la justa, de no verse como un papanata que trabaja en una oficina perdida en los innumerables pisos y pasillos del Estado. 


Tiempo después, cuando ya todo había acabado y mal como sabemos, bastante después de aquel 15 de junio en el que algunos salieron a la calle a entender lo que no se entendía, a ver cómo era que nos rendimos y de paso tirar un par de baldosazos a la cana que decoraba el clima con gases por todos lados... A la mañana Galtieri había dicho que no se iba y la arremetía con lo del imperialismo y no se qué mierda dictada por el compañero Johnny Walker. 


Decía... un tiempo después conocí a un pibe que comenzó a militar con nosotros. Era un ex combatiente y había estado en Puerto Argentino boca abajo mientras el cielo se le caía encima. Era impetuoso, de enojarse fácil y difícil de contener políticamente. Será que nuestra línea (y no te voy a decir cuál, porque no viene al caso) era complicada de entender y mucho más de aplicar, pero bueno, éramos lo que había y en ese tiempo los laburantes no tenían mucho para elegir y nos elegían.


Charlaba mucho con él, volanteábamos juntos, y esas cosas. Discutíamos también. Entramos en confianza y me contó una bocha de cosas de allá. Como que lo sacaron en el Camberra, ese barco hospital inglés, y con lágrimas en los ojos repetía que lo habían tratado mejor que los oficiales nuestros. La puta. Mientras escribo como que lo estoy viendo, y mirá que no me acuerdo su nombre... con su pelo medio enrulado y su mirada desconfiada, sus gestos y un brillo muy en el fondo de las pupilas que decían que era un buen tipo. Porque era un buen fulano, un buen laburante y un buen compañero. 


Qué se yo, no nos volvimos a ver. Fue lo más cerca que estuve de la guerra. 


Y entonces, por un momento me gustaría haberlo conocido antes y haber estado esperandolo afuera del cuartel al que debe haber vuelto y darle un abrazo, convidarle un pucho o un café. Decirle algo o nada, sólo estar ahí para recibirlo. 


Andaba enojado con la patria. Lo del imperialismo lo tenía claro. 


Hoy es 2 de abril. Resulta que el gaucho Rivero tenía lo suyo y vino a hacer de héroe en las islas porque alguien tenía que ser un héroe en 1833. Y ahora lo de la plataforma y la mar en coche con los putos mapas. 


Es una mierda mirar el cielo y ver haces de luz que buscan y buscan los aviones que no vinieron a Buenos Aires. 


Cuando uno alza la celeste y blanca, hay que pensar un cachito digo. La bandera también duele, y duele acá donde uno de golpe se acuerda de ese pibe ex combatiente que militaba con nosotros. Alguién lo tenía que escuchar y por suerte me tocó a mi.


Por vos entonces. LAS MALVINAS SON ARGENTINAS.

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