miércoles, 10 de junio de 2015

CUARENTAYUNOSESENTAYUNO



Yo no estaba cuando vinieron entrada la noche, y subieron con sigilo y prepotencia hasta el cuarto piso del edificio que se alza en el Bajo, en la calle del corsario francés que navegó en nuestra libertad. No ví al oficial dar las órdenes para que la jauría La robara y La metiera en el furgón de un camión militar. Sé que con el tiempo esos individuos desarrollaron una extraña fobia a diminutas flores azul intenso y centro amarillo…


No había nacido cuando la algarabía de los imbéciles arrastraba bustos por la calle, quemaba papeles, sábanas, colchas, rompía vajilla (o la robaba también), juguetes, ollas, cosas que tuvieran el logo cuyas siglas eran Efeepé, o que tan sólo las hubieran rozado.


No ví las fogatas, los arrestos, los disparos; no podía saber de los cesantes, los que volvían a casa y lloraban ante la foto escondida en el placard, la velita y el beso secreto de un amor prohibido. Nada me enteré del General que mira de frente y se parece a la mirada que uno imagina para Dorrego, y se lo llevan junto a los otros, esos otros que arrastraron por los basurales. Se lo llevan con custodia y él se mira las manos que se mancharon con tinta pero no con sangre. Asciende en la Penitenciería, asciende al Cielo de la gloria, con el honor enorme que no valía nada. San Martín viejo cierra los ojos y le hace la venia. No supe.


“No lo digas”. Uno nace sin saber de los desalmados; porque verá otras cosas que habrán de pasar en el país barrido, sin populismos, sin miserables demagogos y con un Tirano prófugo. “Ni lo nombres”.
Creceremos saludando a la bandera, yendo a los desfiles militares y con militares de niñera. Uniformados en una casacuartel, sin darnos cuenta. En hilera formados para ir a comulgar, con las mejores intenciones. Nos limpiarán, evitarán que nos arruinemos ahora que somos la clase media que salió quién sabe de dóndedenuestroesfuerzoynadamás. 


Al que no se mete no le pasará nada. Y la democracia dura horas, vés no sirve para nada. Lo importante es que Esos no estén. 

Una tarde leemos el evangelio y chocamos con Medellín, nos llevamos por delante el altar, el cura con el diente de oro y el incienso de los brujos, la ropa de los ricos y las balanzas de los mercaderes. Los curas nos llevan hacia el socialismo de las catacumbas, y no lo saben. 


No se nombra porque no existe. El país no existe, y todo se pudre. El rock es la bici con la que volamos por la calle, a dios gracias.

Un buen día se puede nombrar y lo digo por primera vez. Y los conozco… y Vuelve. Menos mal que tuve tiempo para enojarme, pelearme, reconciliarme y entender, poco pero entender. Porque un día se fue para siempre. Era de verdad, existía de verdad. 

Llegaron otra vez los ladrones y otra vez fue de noche. Llegaron sus asesinos. Sus civiles, sus uniformes tachonados de nación pero sin patria. Y otra vez. Pero esta vez…


Yo vi un riachito de sangre frente a casa con vainas de fal; si me enteré del buraco en la oficina de los abogados montoneros. Supe de los vampiros enfierrados enfalconeando la noche; los vi una y otra vez. 

Supe como se callaba despacito un vecino y otro y el de más allá dejaba de pensar. Aturdidos. Mientras, a los compañeros se los llevaba la niebla.

Entonces, como sucede, todo continuó hasta que llegó el día que vino antes de estos días de ahora. De la reproductora pasamos a la video y cambiamos la tv que ya era de color. También había democracia.
Llevaba a upa hijos, hacíamos las compras, y éramos como decir “felíz”. Yo que tuve tantos padres ideológicos, políticos, sociales, me quedé sin ninguno y lo peor, un día se había ido para siempre ese con el que solía discutir la política y quería a horrores, sin saber que para eso estaba y sin saber que él lo sabía. 

El odio durmió mucho, se tomó vacaciones porque nada hacía necesario que se paseara a la vista de todos. El odio se había metabolizado junto con el temor, ese hermanito menor. Resulta que cuando vinieron caminando los tipos del sur, reventó. 


Yo creía que la patria se había muerto, que la había pisado un colectivo. No sé. O que no se podría creer más en nada. Y la Patria se alzó abanderada en un saco cruzado sin abrochar y subió, subió en un mástil que nos mostraba a todos. Desde allá arriba sopló la sudestada de tanta tragedia que nos constituye y uno sonrió. Un negro peinado con laburo, hasta un deshacido como yo sonrió. Nos fuimos reencontrando. 

No era un rodete, ni fue rubia. No era bocasucia, tenía títulos. La puso alto, bien alto, pasó su mano por el escritorio mayor (ese enorme en el que se apretujaban  los humildes). La trajo de vuelta y con Ella a todo lo demás.

El odio apareció otra vez, en tiempo de cosecha. El odio en silobolsa. Los zombís salieron estirando los brazos. Pero ya no sale, ya no les sale. La muerte en un cobertizo hace de lazarillo de tanto en tanto. No hay catecismo que pueda y quévaser…

El final te lo dejo. Lo quisieron hacer otra vez, firmarlo de nuevo, que lo creyéramos y que no lo nombráramos más. Que no lo dijéramos más, que fuéramos de centroderecha o de centro izquierda pero no pe…


Ahora es el siglo veintiuno, viste. A nadie se le caen las medias por estas cosas. Ya estamos grandes para moqueos. Yo creo que lo podemos decir.

Yo creo que si (patriapatriapatriapatriapatriapatriApatrIApatRIApATRIAPATRIA).

Patria. Y viva PERON. 


El decreto 4161 prohibió mencionar a Perón, Eva Perón y todo símbolo que recordara al peronismo. Fue impuesto por la Revolución Libertadora en 1956 y cada tanto, algún traidor intenta volver a ponerlo en vigencia de muchas maneras.

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