lunes, 16 de septiembre de 2013

ACLIMATARSE

Necesidad de aclimatarse a las nuevas condiciones. Es algo a tener en cuenta porque el tiempo pasa, los humores cambian, las circunstancias se complejizan y nada, pero nada es como al principio. Después de una frase tan criptica, convendría ir a los bifes…

Estamos en el pronóstico n°… del fin del kirchnerismo, tan fuerte como en el 2009. Se habla de una derrota electoral imposible de revertir tras el resultado de las PASO. Es decir, que el kirchnerismo pierde en los principales distritos (las provincias grandes), cosa que no sería nueva y también en algunas provincias de las “chicas”, en las que antaño el predominio era incuestionable. Se agrega la anunciadísima y poco comprobada fuga de compañeros hacia el “nuevo liderazgo” de la provincia de BA (esa “hermana mayor” de la generación del 80). Algo de eso ha sufrido la legislatura en La Plata, pases abonos y boletos, así son algunos (vaya novedad). Pero de masividad en la fuga, aún al menos, ni hablar. También están secretamente  los intendentes que –en secreto- confiesan a comentaristas del multimedios opositor por excelencia, sus intenciones de pegar el salto.

Bien. Uno ya ha leído infinidad de análisis y otra cuantiosidad de pronósticos (que en alguna prensa va tomando el lugar del análisis) como para agregar uno más, y encima de entrecasa. Puede ser mucho más útil hablar un poco de lo que se siente, de lo que imagina uno y no mucho más.

Podemos hablar de ciclos, y cuando lo hacemos le ponemos números. Siempre se dice (vaya a saber por qué) de que un ciclo debería tener –caprichito- unos diez años. Y cuando da un más/menos, decimos diez igual, da siempre. Uno aporta lo suyo entonces. Al peronismo –en sus variadas expresiones- este pueblo le va dando tres de esos ciclos: la década del peronismo original (que son nueve, pero que algunos comienzan a contar desde el ’43 y entonces son doce), los largos diez años de Menem (me tienen podrido los que se creen progres por no nombrarlo o se andan manoseando si alguien lo nombra), y la presente que llegará a doce también, pero que en la actualidad son nuevamente diez.

¿Esperábamos mucho más? Digo yo, en este país turbulento, inestable, que le pasa todo y su gente vive como si hubiéramos salido recién de una guerra. Más bien diría yo que estos tres períodos y dos presidentes del 2003 para acá, han sido una gratificante anomalía. Este no es un país normal, y mejor así porque los “normales” no son buenos: unos son gendarmes del mudo y asesinos seriales, otros deben su fortuna a antiguos tráficos de gentes y mercancías, otros han sido (y son aún) piratas y amigos de lo ajeno, todos una bazofia con pasados de palacios con grandes escalinatas llenas de caca (en Versailles pasaba).

Somos América Latina y todos se han enterado con estos gobiernos. Gobiernos con fraseología más grandilocuente que lo que podían transformar, pero iban haciéndolo. Herederos (y no sepultureros) del neoliberalismo, apuntando fuerte y firme al capitalismo de estado, en un estado nacional. Viejas fórmulas de difícil concreción en un mundo post moderno (con los capitales tan globalizados  y las capitales tan cosmopolitas).

Pero así es nuestro gobierno. El que salía del infierno con un coro de ángeles negros y armaba el elenco con ex menemistas, ex duhaldistas y un pequeño grupo de pingüinos. Armar poder, armar institucionalidad, conseguir legitimidad en un país hecho puré. Y el fulano lo hizo, pero se tiró a más, quería llegar al purgatorio. Y llegó. Pudo juzgar a los milicos asesinos –que previamente había disculpado Menem mientras minaba las bases del poder militar, es innegable eso y reconozcámoslo, el fulano hizo bosta todo lo que tocó fuera bueno o malo- y dar batalla cultural a los dos demonios. Y hay asados y alegría en la ex ESMA, por suerte y a mucha honra.

Con bosta se hicieron ladrillos y con esos ladrillos esta casa que nos cobija. Los habitantes somos un poco parecidos a los materiales de construcción, a veces con idénticos resultados. Y veamos –digo por los gritos de las/las cacatúas- jueces y empresarios no elegidos, políticos y sindicalistas sometidos a elecciones cada dos años. Es una diferencia, pero la culpa de todo siempre la tienen políticos y sindicalistas. Son los dueños de la corrupción y de las calamidades. Y muchos pelotudos graznan y duermen tranquilos pensando que los acuna Marx, Proudon, Cousteau o Saint Exupery (depende del grado de pelotudez y de nivel socio cultural). Pero no, el país que añoran no existe y el que existe no pueden disfrutarlo. Alguien dirá que tienen derecho a no estar de acuerdo, al disenso y aún a la airada protesta.

Si. Pero si decís “si”, te replican que gracias por otorgarles el derecho a disentir. Te contestan con chicanas forras de gente inexperta. Agradezco no hacerme la malasangre de ellos y de vivir el mejor momento de mi vida, gobernado de la mejor manera que nunca (yo nací después del Perón original, en plena Libertadora). Y jódanse, qué puedo decir.

Vuelvo a la reflexión apasionada. Compruebo una y otra vez, una y otra elección que el bi partidismo sigue vivo, aunque no goza de buena salud. El radicalismo –más dramáticamente, como es su naturaleza republicana- y el peronismo son coaliciones inestables muchas veces pegadas con moco.

Los radicales tiene algunos signos de mejoría y los peores médicos, la agonía se prolonga y se ha hecho una forma de vida. Pero son la segunda fuerza institucional, al menos. El peronismo en cambio, se quiebra, se divide y se diferencia ejerciendo el poder político. El kirchnerismo es un sector del peronismo, a juicio de yo, el que mejor interpreta la esencia del peronismo original y las nuevas épocas. Pero sería necio y absurdo negar el peronismo llamado “federal” por conservador o neoliberal, negar el peronismo a la UPAU que trae Massa-Malgarini (Duhalde y Rico, y siguen las parejas). Como uno no niega el peronismo de Menem (y lo nombro por tercera vez, basta de tocarse).

Será una disputa intra peronista ver quiénes hegemonizan, si el PJ sale de su letargo (dicho en general, conozco las particularidades) o el movimiento sigue teniendo la vigencia que se insinuó con tantas agrupaciones y organizaciones (algo de eso hay y llegó nuevamente para quedarse).

Además, hay que decir que el kirchnerismo supo agrupar en un proyecto (o la idea de un proyecto, es otra discusión) a no peronistas. Decir “no peronistas” es, lo sé, algo injusto. Parece que uno sugiriera “ex gorilas” y no es así. Muchos vienen de otras pertenencias políticas a las que abandonaron con despecho, rabia o indiferencia. Muchos otros se incorporaron –desde la militancia a la participación  en familia en los actos o en los decires y discusiones familiares- por primera vez a un bando político. Muchos fueron por primera vez “oficialistas”. No es poco haber logrado algo así. Y esa marea se consolidó (tiene un piso de casi el 30% de las voluntades) en estos diez años. Obra de la conducción y no viento de cola. Obra de muchos predicadores y realizadores, de los estratégicos y de los muchos tácticos. Y el peronismo en el centro, pero muy convividor.

No me parece que eso se acabe. Habrá sido para muchos, lo mejor que les pasó en la vida (al menos en la vida política). Si puede ser que haya cambios a partir del 2015. No de esta elección.

Y hay que ir pensando en el 2015. No me estoy refiriendo –solamente- a candidaturas, sucesión, etc. y etc. Digo la manera de transitar estos dos años que de lujo gobierna aún Cristina (lujo, demasiado para mi país muchas veces), para que lo fundamental sea irreversible.

Se hace irreversible cuando la gente (cuando se asoma como Pueblo, que pasa poco pero pasa) toma algunas cosas como dadas y propias, es más difícil quitárselas (nunca imposible). Y pienso: la jubilación estatal, el ANSES, las reservas y este Banco Central, la inversión social, la Asignación Universal, la Sube, Aerolíneas, la incipiente estatización de FFCC, los canales culturales y la TV digital, la aplicación de la ley de medios, las regulaciones y controles estatales (también incipientes), la costumbre de tener paritarias todos los años, por decir algunas.

Puede fallar, claro que sí. Todo se puede ir al carajo con los que les parece, por ejemplo, que pueden convivir perfectamente un régimen jubilatorio estatal y otro privado; que es un buen momento para tomar deuda externa (las tasas deben andar por el piso) y que es fantástico tomar deuda del exterior para financiar déficit futuro (bueno, dicho así queda para el culo); hacer una vaquita entre todos los argentinos para pagar a los fondos buitres y que no molesten más; reconciliar a los argentinos y parar con los juicios a civiles cómplices de la dictadura; meter mano dura con los pendejos delincuentes a ver si se asustan (o se mueren).

En definitiva, corre peligro lo bueno de esta época (y se puede discutir lo objetivo de lo bueno) si el país vuelve a ser normal o como siempre, a su destino cagón y lloroso, de rebelde pelotudo que cuida a Willy, de miserables que putean pero no devuelven los subsidios, de mierdas humanas que hacen guita a lo pavote con los pavotes.

Vendrá otro tiempo, sin duda. Aunque esto de alguna manera siga, nada será como ahora ni como antes. Tendrá otra(s) impronta(s), de otro elenco. Tal vez más lento, más sonriente, menos “crispados” y más afectos al acuerdo fácilentregandoalgoperomuchomásqueantes. No es asunto  de palabrería, la contradicción estará (y lo digo sin eufemismos, por si el próximo llegara a ser Scioli o similar) en hacer más tranqui esto o matizarlo para que pase suave, hará crecer a los que no quieren que pase y quieren que se termine. A esos que les conviene la crisis sin salida, porque ellos cobran la salida.

Algo puede perderse, mucho quedará. Y si esto no siguiera, habrá otros que recojan las banderas y nuevamente las lleven a la victoria (con ese mismo nombre querido). Si se logra la continuidad, será una continuidad a libro abierto.

De todas maneras, muchos deberían ir viendo desde donde comienzan la caminata en procesión a Calafate, para agradecer/ pedir perdón, que cada uno vea.


De todas maneras, pienso que como tantas veces (y tantas no) se va a lograr. Volvimos de cada una.

viernes, 26 de julio de 2013

LA QUE (NO) ESTÁ


Pura mística. Para nosotros, la experiencia de una mística no religiosa o, mejor dicho, no confesional. Es lo que tenemos (por un lado) al ser los repetidores de anécdotas de otros… heróicas, duras, atravesadas anécdotas de gente que casi casi ya no está.

A mi me da la tentación –no se si lo sentiste- de dejar por un momento (por más de un momento) la que nos tocó, esa del cabello suelto y libre, que después uno sabe que la foto se tomó en la quinta de San Vicente, el lugar felíz. Es una versión resignificada -como toda historia- para hablar de un momento preciso que no fue cuando se tomó la foto, sino mucho después. Necesitabamos una libre, al viento y sin dogmas. Una separada del Viejo, más lejos y más adelante. Una mejor.

Dolor de época y nostalgia de otra no vivida. Somos nosotros. Pero Ella… es inasible. De la misma manera que la muerte es inalcanzable y está destinada a alcanzarnos siempre. Pero Ella con ella misma es imposible. Como La Razón de Mi Vida, ratificado, corregido y firmado por Ella como lo que quiso que supiéramos. Así es lo que sabemos tras tanta y tanta biografía (y hablo de las a favor).

Quiero imaginármela sin oligarquía. Sin enemigo enfrente. Sin grito y sin el invento persistente de la crispación. No aquella del micrófono (la que mira al BA Norte), pero tampoco la del collar (BA Sur). ¿Dónde está? Cómo percibir un gesto, alguna mirada, la forma de tomarse un café. Una charla con Paco sobre moda. Algo así.

El postmodernismo nos dejó enfermos de intimidad… tal vez. La cuestión es que cuesta un montón aceptar que no se puede tener ni un vestigio personal, ni un segundo real y encima sin recuerdos.

Queda el bocaenboca y la literatura. Y es el bocaenbocadeotraboca, repeticiones con agregados y cambios necesariamente. Literatura que trata de resaltar uno u otro aspecto, y a veces la pegamos (y muchas no).

Me queda hablar del otro lado (decía antes “por un lado”). Ese que va del garaje de la calle Austria a La Fundación en todo el país. De las apóstolas una por provincia y todo el destacamento que después se transforma en el Partido Femenino (la Rama). De las enfermeras con la capita y la profesión. Los Hogares. Las cosas y entre ellas el mar asaltado por los negritos.

Como es cierto que la historia se repite como farsa, a mi me tocó la Cruzada de la Solidaridad y los cheques que guardaba Lopecito. Me tocó un casquito infame de pelo en trajecitos de ultraje y la sentadita en la punta del sillón que quedaba enorme. Qévaser. Mal.  

Mejorando un poco me tocaron las Manzaneras de Chiche. Algo se parecía, palidamente. La verdad es que ningún gobierno –aún los peronistas- volvieron a combatir el desamparo y la miseria (dos de los hijos malditos del Capital) como con La Fundación. Nunca más nadie se atrevió a volcar el Estado –o a hacer una orga paralela con poder de Estado- para abrazar primero y empujar después, porque se necesitaba que hubiera derechos (y siempre). Me resisto a creer que La Fundación es historia. La Fundación es mandato.

Si hoy no recordáramos nada. Si hoy no hubiera ocurrido nada, o sólo lo del Moncada… Si el cáncer no hubiera sido vivado y vivido. Sería una vieja (tal vez hubiera muerto hace poco). Una señora que a lo largo del tiempo hubiera dicho y hecho muchas cosas (algunas nos hubieran servido y otras tal vez no). Como con todos los viejos que se quiere, hubiera tenido sus cosas y todas esas otras como para disculparlos. La linealidad del candor suele ser mentirosa, prefiero la vida que es más torva pero más amiga.

Si hubiera vivido. Si hubiera vivido más, porque vivió enormemente.

Esta es la flor de este año, Señora (se que la puedo llamar simplemente Evita).

martes, 16 de julio de 2013

CORAZON PARTIDO

A primera vista –tras el cierre de lista de las PASO y, por qué no, de varios cierres de lista anteriores- la tentación está en constatar la vigencia porfiada del bipartidismo. Es lo que sugieren muchos casualmente (aunque no exclusivamente), muchos nostálgicos de esa “clase” política corporativa y autocomplaciente. Pero… ¿es así? Aquí se va a sostener que de ninguna manera, pero más interesante que la refutación es la tentación –tan rehuida- de pensar y debatir el sistema político-partidario que figura en la constitución, reformada en los años de la siesta neoliberal.

De un lado del charco, en el pan-radicalismo, se escucha que desde hace un tiempo el país viene siendo obligado a participar en una interna abierta del peronismo. Eso sería así porque el peronismo gana y no para de ganar y encima tiene la mala costumbre de gobernar. Porque aclaremos (con sinceridad): Menem gobernaba y fuerte (vivando al capital) y los Kirchner gobernaron y gobiernan fuerte (repartiendo el capital). Y más, si quieren: hasta el interinato senatorial de Duhalde le hizo frente a un descomunal desbole, con sus menos, pero le hizo frente. 

Entonces, primer problema: el peronismo gana y gobierna. Un segundo inconveniente: la gente (esa gente que va y vota) opta por una u otra opción peronista porque se piensa que “de poder esos saben”. Algunos dirán que porque “roban pero hacen”, porque “lo tienen en su ADN”, blablá. A nadie se le ocurriría por ahora votar otra cosa. Como me dijo un fulano (en este caso, hijo mío): “en las elecciones se trata de elegir qué clase de peronismo queremos que nos gobierne”. Si uno es peronista, la cosa cae simpática (me cae muy simpática), pero si no es así imagino la depresión (y hay depresiones que llevan al resentimiento, y de allí al odio sin más).

Los radicales son la “única opción no peronista” como dicen ellos mismos, haciendo gala de una sabiduría acumulada por más de cien años. Pero no da, al menos no cuando la compulsa trata sobre cargos ejecutivos (en las legislativas les va un poco mejor, no mucho). Ocurre que en el 2001 la uceérre estalló como piñata en cumpleaños (o velorio, dada la ocasión).
En el peronismo pasa otro tanto (hay que reír y reírse, o llorar y llorarse). No es tan cierto que por un lado se vaya la “derecha” y por el otro la “izquierda”, que esas cosas tan uropeas no son tan claras en pagos perucas. Tal vez su fortaleza envidiable se deba a tal capacidad para la diversidad. Triste que donde uno ve diversidad, otros vean sólo impurezas.

La cuestión es que el peronismo viene dividido en dos y en tres casi siempre. Uno dirá que tales o cuales no son peronistas ya… cosas del peronómetro que logró agriar mi adolescencia. Mal haría en hacer esos análisis de sangre este peronista (desde fines de los ‘80 para acá) con historia y formación en la izquierda. ¿Se puede decir que Menem no es peronista? Como decir, se puede decir todo. Pero es innegable la tradición peronista de muchos que militan junto a la derecha liberal y sus parientes conservadores. Otros, francamente, con su afectada declamatoria pro peronistas (y sus acciones pro empresarias pero sin capital en función social), me hacen pensar que yo, al lado de ellos, soy uno de los que participó el 17 de octubre. Se ponen la careta de Perón para decir y hacer cosas tan viejas como Roca, Pellegrini o Alsogaray.

Lo que se llamó la “izquierda” peronista hoy mayoritariamente camina en las filas del peronismo kirchnerista, eso es verdad y habla del kirchnerismo como un buen cover del peronismo original. Sin embargo, a todos nos caló los huesos la lluvia ácida de los ‘90s, por más enteros que nos creamos. Algo de postmodernismo se cuela por ahí. Al kirchnerismo también (¿y?).

En el “pan peronismo” hay más de dos proyectos y están en pugna. El kirchnerismo hoy es el hegemónico, el que logró la proeza de diez años de gobierno de reconstrucción y un alguito más, el que seguramente nos dará doce años de continuidad (y queremos que un alguito más). Casi casi un proyecto político, por la durabilidad y por una macro realidad de mejoría popular y mayor soberanía nacional, que se me ocurre de muy porfiado negar.

Entonces, nada de bipartidismo. Eso volcó hace mucho, y se hizo visible para todos en el 2001. Los partidos no se recompusieron más, que es muy distinto a decir que van desapareciendo. Las formas partidarias institucionales tienen una vigencia impresionante (espantosa, diría). Han perdido efectividad en cuanto a la formación y promoción de cuadros, aunque no como maquinarias electorales. Han perdido como canales de participación popular, enormemente.

¿Se habrá dicho la última palabra? Seguramente no. Es posible que los partidos se refundan y refunden. Que exista un trasvasamiento generacional (pienso que sólo en el peronismo, disentirán muchos conmigo) es muy posible. No parecen estar agonizando, ni prestos a ser reemplazados por otras formaciones. Si creo que agrupaciones sin partido, organizaciones político-sociales, son experiencias que han venido para quedarse y desarrollarse.


Veremos, como todo. Como siempre. 

lunes, 3 de junio de 2013

FELIZ DOMINGO

Algunos deben recordar aquello de… "cada domingo renace la esperanza…" de Felíz Domingo en la vieja tele. La cuestión para los futuros egresados era irse a Bariloche gratis.

Ahora mismo, en otro tiempo felizmente distinto -para uno y la mayoría aún no desmentida por la gran encuesta electoral- es "cada lunes renace la esperanza", después de la noche del domingo de Lanata y la portada y páginas medulares de Clarín del lunes a la mañana.

La esperanza blanca (de derrotar al boxeador negro/a los votantes negros que votan peronista en su versión s. XXI, 'ecir el kirchnerismo). Esa que se tiene que dar, pero tarda. Ocurre también que los "esperanzados" de lunes son de variados y distintos pelajes. Los hay gorila clásico, ya conocidos y casi una caricatura en si mismos. Esos que harían/votarían/bancarían cualquier cosa que dañara/volteara/destruyera a los K (y si los apuran poco, al peronismo en su totalidad). Esta especie estuvo en peligro de extinción en varias oportunidades, pero gracias a los cuidados de mediados de los setentas y luego con el programa de protección iniciado en 1989 -más el inestimable refuerzo de 1999-2001- se recuperó y sobre todo se amplificó culturalmente. El resto de las subespecies le debe algo.

Después están los otros (también muestran una interesante paleta policroma) que le creen de verdad a Lanata (no tanto a Clarín). Estos son los que se quedaron en el inicio de Página 12 y viven, de algún modo, en la carpa blanca de los noventas; piensan que el presente no es más que otra vuelta del menemismo neoliberal (es decir de peronistas llevando a cabo políticas neoliberales). Podríamos decir que son los que pretenden correr por izquierda, sin serlo del todo (a lo sumo cada tanto le tiran un voto milagroso a Altamira, pero de ahí no pasan). Las variantes son verdaderamente extraordinarias: ecologistas descontextualizados, indignados de toda indignación, socialistas éticos, anarcos sentimentales (de Proudon ni hablar, de Di Giovanni ni nos enteramos), new age/buena onda, amargos apolíticos, y se podría seguir. Cada quién puede agregar a algún amigo, conocido o pariente. Estos son los más numerosos, allí donde las capas medias florecen, se marchitan y nunca mueren.

Si uno pudiera aislar los temas, les podría dar la razón más de una vez. En todo proceso político -y más aún en uno popular como el que transitamos- hay cosas, medidas, actitudes, que no nos gustan o con las que no acordamos del todo o en parte. Los militantes (de esta causa popular) y sus amigos solemos tratar los desacuerdos entre compañeros y puertas adentro. Pero también en una discusión solemos dar la razón parcial cuando nos parece, sólo los muy necios pueden creerse poseedores de una verdad.

Ocurre que las cuestiones no están aisladas -lo que no quiere decir que automáticamente todo tenga que ver con todo-. Si me tomo de la medida que no me gusta y la pongo por encima del proyecto político global (si creo que eso existe), voy demoliendo el proyecto en lugar de plantear el desacuerdo. Además, plantear el desacuerdo dentro de un proyecto, me indicaría que pretendo solucionar un problema y no solamente denunciarlo. Actitudes y cosas.

Ahora otra cuestión diferente es si no estoy de acuerdo en como van las cosas y tampoco hacia adonde apuntan. Y en ese caso, todos sabemos -o deberíamos- que hay una posición a la derecha y otra a la izquierda. Pero que quede claro: no se quiere -entonces- el desarrollo de un capitalismo más equilibrado, con fuerte intervención/contralor del Estado, con inclusión de los sectores agredidos por las políticas neoliberales, con la ampliación del consumo a esos compatriotas marginados, la unidad de América Latina como bloque frente a los viejos bloques de Europa y EEUU. No se desea un proceso asi dirigido por el peronismo de esta época (cuya hegemonía se denomina "kirchnerismo"). En el marco de esta opción (ideológica y cultural) está el tratamiento de la "corrupción" y la "inseguridad" como temas insignia.

Algunos porque saben que su enemigo, o aunque no lo llamen así, es el peronismo kirchnerista en primer término, a secas en general (pueden pactar momentáneamente con un Momo, un Moyano depilado, por decir un par de moda, pero eso nada modifica de sus antipatías filosóficas). Pero los otros no lo saben y lo confunden peligrosamente. Como en todo -como para curarse en salud- allá ellos (y acá nosotros).

El enemigo existe, actúa, no es una pavada, un invento ni una estrategia electoral. Este gobierno (el nuestro) se ha llevado puesta a más de una manifestación de ese enemigo, con otras ha negociado ganando tiempo para buscar mejores condiciones para el enfrentamiento (eso está demostrado, si no se quiere ver es otra cosa). Existe una línea de políticas activas en ese sentido, lo que permite hablar de un proyecto político o al menos de una clara dirección en que se construye un proyecto político.

Hay gente que no le gusta pensar que tiene un enemigo, es el lenguaje de la fuerza y la guerra. Es feo. Hay otra gente que cre que el enemigo es todo lo que está afuera de su familia y sus amigos. Existen otros con enemigos atemporales y desideologizados como la "corrupción" y la "violencia".
Algunos pensamos que hay relaciones sociales un tanto más complicadas que "buenos contra malos". Generalmente esos algunos coinciden -en gentes de algunas décadas ya- con los que tuvimos una primera desordenada - extaordinaria- y luego esta oportunidad más madura. No vamos a tirarla a los chanchos.

viernes, 24 de mayo de 2013

LA GANADA


"Sabemos que estamos ante un final de época; atrás quedó el tiempo de los líderes predestinados, los fundamentalistas, los mesiánicos. La Argentina contemporánea se deberá reconocer y refundar en la integración de tipos y grupos orgánicos con capacidad para la convocatoria transversal en el respeto por la diversidad y el cumplimiento de objetivos comunes."


Es cierto que no se debe creer todo, ni todo el tiempo. Que tanto choque de frente finalmente ha hecho de uno un ser más sensato a la larga. El fanatismo fue a las mazmorras y padeció intermitentemente de olvido, y a veces algún mal galeno lo dio por ido. Pero faltaba todavía algo, cuando nada hacía presagiar más que la monótona decadencia de los días.

"(…) Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, de nuestra generación que lo puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales."

Volver a creer, qué locura. Qué peligroso. Ojalá… (se pudiera). Los descreídos vagan con su fe fantasma encadenada, almas despenadas sin el consuelo fantástico del ateísmo. Me caigo y me levanto, decía un pariente por no putear. Igual. Por no putear.

Una vida opositora, una vida reclamante, una vida antisistema, una vida dibujando imposibles en el mantel. ¿Entonces? Estar de acuerdo puede convertirse en una traición. Aceptar que un reflejo de lo extraordinario puede ocurrir esta semana, puede ser el comienzo de un inexplicable sentido de realidad (tan parecido a la corrupción). Algo así como reflejarse en los espejos, ser visible a los vecinos, que alguien nos conteste cuando hablamos en el baño. No se, una sensación rara e incómoda. ¿Qué pasa?

"Venimos desde el Sur del mundo y queremos fijar, junto a ustedes, los argentinos, prioridades nacionales y construir políticas de Estado a largo plazo para de esa manera crear futuro y generar tranquilidad. Sabemos adónde vamos y sabemos adónde no queremos ir o volver.”

Si no dijo nada. La verdá, nada. ¿Es muy distinto a todo lo ya dicho? No, sólo que esta vez si, que con él si. ¿Y…?

Este es el país en el que gana Menem, y después se baja de la segunda vuelta porque presumiblemente perdía por afano. Pero no ocurrió y se fue invicto, esas simbologías tontas y perversas. Este es el país del silencio y de la dictadura. Del mundial y el sentido común de los pelotudos. En alguna parte, este también es nuestro país de mierda.

“A comienzos de los 80, se puso el acento en el mantenimiento de las reglas de la democracia y los objetivos planteados no iban más allá del aseguramiento de la subordinación real de las Fuerzas Armadas al poder político. La medida del éxito de aquella etapa histórica, no exigía ir más allá de la preservación del Estado de derecho, la continuidad de las autoridades elegidas por el pueblo. Así se destacaba como avance significativo y prueba de mayor eficacia la simple alternancia de distintos partidos en el poder. En la década de los 90, la exigencia sumó la necesidad de la obtención de avances en materia económica, en particular, en materia de control de la inflación. La medida del éxito de esa política, la daba la ganancias de los grupos más concentrados de la economía, la ausencia de corridas bursátiles y la magnitud de las inversiones especulativas sin que importara la consolidación de la pobreza y la condena de millones de argentinos a la exclusión social, la fragmentación nacional y el enorme e interminable endeudamiento externo."

Pero uno lo hace otra vez, sin saber (tal vez es la última). Uno sale a bancarlo a la calle y recibe el saludo sorprendido por la media ventanilla del renault importante. Quéseyo, poray esta vez la pegamos. El pensamiento menos marxista que pude tener: desearnos suerte.

Y la tuvimos. Porque como todos sabemos el pueblo -nosotros- luchamos toda la vida, y esto es el emergente de blableblabloblibla… de una enorme casualidad. Las condiciones objetivas estaban maduras y además Duhalde se pegó el resbalón de su vida (equivocarse a lo grande). La de boludeces que piensa uno para explicarse la felicidad y hacerla un poco amarguita (parecido a eso tan lindo del Cielo para ahuyentar la muerte amiga y compañera). Somos como chicos.

"En este nuevo milenio, superando el pasado, el éxito de las políticas deberá medirse bajo otros parámetros, en orden a nuevos paradigmas. (…)…concretar el bien común, sumando al funcionamiento pleno del Estado de derecho y la vigencia de una efectiva democracia, la correcta gestión de gobierno, el efectivo ejercicio del poder político nacional… (…) imponiendo la capacidad reguladora del estado ejercida por sus organismos de control y aplicación. (…) Discursos, diagnósticos sobre la crisis no bastarán ni serán suficientes. Se analizarán conductas y los resultados de las acciones. (…) Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de cuestionar al Estado.”

No mintió. Y lamentablemente es absoluto, rotundo. No mintió, y ya no puede desdecirse. Pero si hiciera falta, ahí está lo hecho. Cómo decirlo si igual muchos no van a entender, simplemente porque no pueden sentirlo (que es mucho peor que no estar de acuerdo). Estos son los diez años felices, los años  en que la realidad se me hizo pariente.

Algunos dicen (la Señora por ejemplo) que es una década ganada. Es cierto, pero es poco. Lleva inmediatamente a que hay una década perdida o varias. A qué dudarlo, la década menemista perdida. Pero ¿para quién? Para muchos a los que les anda sobrando el dni y la nacionalidad, esa fue la década ganada (con el sudor de nuestra frente). Y la dictadura, son ocho años, pero casi se puede decir otra década (si contamos desde la muerte del General, casi, porque no jodamos Isabel nunca fue Perón). Entonces hay más de una década perdida. Por decir.

"Se trata, entonces, de hacer nacer una Argentina con progreso social, donde los hijos puedan aspirar a vivir mejor que sus padres, sobre la base de su esfuerzo, capacidad y trabajo. (…) Para eso es necesario promover políticas activas que permitan el desarrollo y el crecimiento económico del país, la generación de nuevos puestos de trabajo y la mejor y más justa distribución del ingreso. Como se comprenderá el Estado cobra en eso un papel principal, en que la presencia o la ausencia del Estado constituye toda una actitud política. (…) Sabemos que el mercado organiza económicamente, pero no articula socialmente, debemos hacer que el Estado ponga igualdad allí donde el mercado excluye y abandona. (…) Es el Estado el que debe viabilizar los derechos constitucionales protegiendo a los más vulnerables de la sociedad, es decir, los trabajadores, los jubilados, los pensionados, los usuarios y los consumidores. Actuaremos como lo que fuimos y seguiremos siendo siempre: hombres y mujeres comunes, que quieren estar a la altura de las circunstancias asumiendo con dedicación las grandes responsabilidades que en representación del pueblo nos confieren. (…) A la Constitución hay que leerla completa. La seguridad jurídica debe ser para todos, no solamente para los que tienen poder o dinero.”

Una vida ganada, hermano, qué una década. Recuperar la dignidad, esa manera de levantar la vista y sostenerla sin hacer fuerza ni ponerse malo. Dignidad como la de antes (la que me  contaron de chico, pero que vi muy de vez en cuando). Y laburo, y panza más llena. Porque solamente medio lleno se puede disfrutar la dignidad. Cagado de hambre y digno, es un candidato al martirio (basta de mártires).

Pero como en todo, hay dos dignidades. Está la otra que nos tiran en la cara como un guante que nos reta a duelo, los muy cacatúas. Llenos de dignidad forra buscando el negociado, tirando mierda con escupidera y todo. Unos porque están más jugados que la lotería y otros porque padecen de guardapolvismoblanco (y se creen santos). Hiposdeunagranputa, piojos resucitados. Se les pasa siempre la macrocorrupción, la que hizo ganaderos, milicos y después empresarios siempre sobre el laburo sin derechos de la gente (que debería ser su gente). Así es, así son.

“Queremos ser la generación de argentinos que reinstale la movilidad social ascendente, pero que también promueva el cambio cultural y moral que implica el respeto a las normas y las leyes. (…)…los problemas de la pobreza no se solucionan desde las políticas sociales sino desde las políticas económicas."

Y más porque como en todo, es cuestión de sentimientos y mucho menos de política. A  mi me pasó, sólo cuando ver la foto de Evita me hacía lagrimear como un pelotudo es que me hice peronista. Antes sólo lo entendía. Y contra eso nada vale. Se podrá conseguir un voto (ese que lo perdés y lo recuperás todo el tiempo) pero el alma, eso es otra cosa. Es más difícil, y más lindo.

Qué ganas de reir a carcajadas me da ver las fotos de Néstor. Porque al mismo tiempo me parte el alma y se me parte porque yendo de su mano comencé a recuperarla. Es así (y qué). Lo dijo y quisimos creerlo:

"Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias; me sumé a las luchas políticas creyendo en valores y convicciones a las que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada."

Ahora somos nosotros los que no podemos tiradas por ahí. Cuando te devuelven la dignidad ocurre algo también: hay que saber qué hacer con ella. Pero ese ya es tema nuestro (de los argentinos).

"Vengo a proponerles un sueño: quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo. Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación: la nuestra."

*Las citas son del discurso de asunción del Presidente N. Kirchner el 25-05-2003, tomado de: "Discursos del Presidente Néstor Kirchner 2003-2007 (primera parte)"; Cuadernos de la Militancia n° 2; Ediciones Punto Crítico, BA; 2011, págs 15 a 28.




martes, 21 de mayo de 2013

MARCOS PAZ


Penal de Marcos Paz. Me gustaría ir a contármelo, me gustaría caerme y pararme en esa mañana del 24 cuando había salido a reconocer la calle (esa que nunca volvería a ser la de la primera adolescencia). Me gustaría hacerme una seña entre las esquinas de milicos parapetados tomando posiciones, invitarme a tomar un café y decirme solamente "Marcos Paz".

Es algo personal, no político. Ellos lo hicieron personal. Formatearon un país de mierda, o mejor dicho, juntaron toda la basura desde los españoles para acá, la dividieron en grupos de tareas y la soltaron sobre la vida nuestra. Se llevaron esa vida. ¿Quién quedó entero después de estos animales?, aún los que nunca saben nada se partieron. La mugre corrompe todo a su paso y los damnificados siempre son, simplemente víctimas.

Y como es algo personal, hay que hablar de esos otros que sin ser ellos no eran nosotros. Los bancadores de cualquier turrada. Esos que te mostraban -casi con orgullo personal- el titular "Todo está dicho"… y dicen que le comentó un conocido que el gobierno se va a la mierda (a la madrugada). No importa que sea un mal gobierno, tener la primicia cuenta. Ruido de tanques, movimiento en los cuarteles, estado deliberativo (de los que tampoco deben deliberar ni gobernar). Crecí con esas "novedades", los milicos –los de entonces y los de antes- estuvieron en todos y cada uno de los momentos.

Los santulones merecen un párrafo aparte (y es este). Los que leyeron "Imitación de Cristo" porque él lo leía, o porque lo habían leído y les parecía apropiado. Los que mintieron una religión mentirosa,  los sepulcros blanqueados, los mercaderes del templo. Esos, los que promovían la sangría para formar mejores cristianos. Hoy se envuelven en sus inciensos y sus putrefacciones, pero ya tuvieron la fiesta y su danza macabra. Ahora, silencio, se callan de una vez (y algún día deberán pagar su iglesia, devotos del orto en vez de que banquemos los colegios y la vida casta). Siempre hay que decir que: esto lo dice un creyente que se cansó profundamente de sus compañeros de rezos y los mandó a la reputamadrequelosparió. Saludos.

Vuelvo. Ganaron la batalla en lo militar y la perdieron en lo político y cultural. Eso se dijo-sedijeron. Una pajaronada muy turrita. Porque no hubo batalla, salieron de cacería. Eso de "político y cultural" es que no les besaran el culo y les agradecieran con actos en las plazas… Y no es que no hubiera gente dispuesta, porque del besamanos al besaculos hay apenas una flexión más pronunciada, si se quiere. Ganó la subversión entonces. Esa que enseñó derechosumanos en los colegios, a niños que hoy ya son grandotes. Debe ser esa que los enjuició (y tuvo que recular, vaya a saber y a decir cómo era la cosa). O esa que los disculpó sin quitarles la mancha (viene a ser el indulto).

La cuestión es que estaban sueltos (nunca libres). Y a la mayoría no le pasó como al granputa de Astiz que lo cagaban a patadas cada dos por tres. No, la iban de vecinos respetables. El general tal, el coronel, el almirante, el brigadier. Y una comparsa de soretes que nunca falta cuando no se lleva la bolsita y la pala.

Hasta que vinieron los pibes con ese invento puto del aerosol y les pintarrajearon todo el frente con un implacable "Acá vive un asesino" y barbaridades por el estilo. Eran los hijos, los hermanos, los que…cómo que los dejaron vivos (pero cabo ¿ud es pelotudo?).

Porque en este país no había justicia. Por mucho tiempo la impunidad mayor, la de ellos intocables, amparó la impunidad de todos. Le juro que el choreo del más tonto reloj está emparentado con esto, doña créame. Y un día sin querer, el hecho maldito vino desde el sur y les cagó la vida.

Se metieron en la ESMA (nos metimos con la ESMA). Vi felíz -aunque no se si era muy edificante- a mis hijos de saqueo en el primer piso, tirando cosas por la ventana. Y a los compañeros cantando la marcha en el patio con ventanales de vidrio repartido. Trofeo de otra guerra, esa cultural que perdieron. Trofeo, si.

Se voltearon los biombos tras los que se escondían al lado nuestro. Quedaron a la vista y la gente (que había dejado de ser pueblo) los empezó a ver. No hubo más remedio que llevarlos presos, que juzgarlos. Alguna cámara les demoró otro poco más, todo lo que se pudo. Pero, no se pudo. Desfilan, ahora si que desfilan como nunca lo hicieron. Pasan por los juzgados, hacen la pasada de honor frente a los Familiares, paran ante el palco oficial sin que nadie espere la respetuosa venia. Son los reos. Los condenados y los que esperan condenas. Son los milicos asesinos, sin errores ni excesos.

Son los milicos del Proceso. No son todos los milicos. Porque tenemos todavía algunas cuestiones por delante. Quién sabe si habremos sabido formar otras generaciones que puedan recuperar el uniforme apoliyado de San Martín. Jóvenes marciales que tengan la inquietud de levantar de su sueño al héroe y pedirle que los guíe por los Andes de nuevo. Contarle que estaban perdidos y que sólo un Padre de la Patria puede encontrarlos, como un Padre de la Plaza. Y hay que encontrarlos, a estos también hay que encontrarlos. Y laburar para que algún día -y no muy lejano- cuando los juicios hayan concluído, cuando toda la bosta haya sido limpiada, un día de esos se de el abrazo de tan lejos necesario. Hay que decir estas cosas, porque para eso también son la verdad y la justicia.

Entonces volvería, como pensaba antes, y le diría a ese pendejo que soy yo en un susurro "Marcos Paz" y lo dejaría ir libre. Si con eso fuera posible disolverle las barricadas, devolver a los compañeros sus compañeros. Que ese 24 fuera un día más. Pero eso no se puede.

Suena estúpido aquello de que las celdas deben ser limpias, que deben respetar la dignidad humana, que la prisión es para reeducar y resocializar al reo y no para su castigo… ¿y en este caso qué? Están aferrados a su silencio sublimando patriotismo. Son los cruzados de la fe que combatieron por occidente y vencieron a la subversión marxista. Son los que impidieron con su sacrificio el ondeo insultante de un sucio trapo rojo.

Son los chorros que se hicieron con las cosas, las casas, los muebles, los televisores y los hijos de los que chupaban. Son los guerreros que se avivaban con embarazadas atadas de pies y manos. Una prisión no sería suficiente castigo.

Primero la prisión, después el country en prisión (militar), luego la prisión domiciliaria. Pero cuando ganamos la década (que merecíamos) fue la prisión, a secas. Y un día lo sacan de la casa esposado. La simple prisión. Limpia, cómoda, común por delito común. Porque el genocidio no deja de ser la puesta en acción de  una espantosa pero posible capacidad humana. Esto era lo aterrador y también lo impensable, la caída de los dioses.

Que no se quejen, son los excesos de la democracia eso de humanizar ahí donde la humanidad fue negada. Agradezcan el verdadero cristianismo de las Madres y Abuelas que reclamaron verdad y justicia y no se vengaron.

Agradezcan que no agarramos a este pervertido sanmartín suyo y lo cagamos a patadas, no lo picaneamos, no le pusimos una bolsa de plástico en la cabeza. No lo baleamos por la espalda. Hubiera sido comprensible que así hubiera sido. Pero no fue lo que pasó, terminó preso y murió a los 87 años por causas naturales.

La democracia -en el fondo- se llama “marcos paz”.
Cuando un chico se despierta sudado a la noche con las pesadillas mordiéndole la sábana, “marcos paz”. Nada va a pasarte mi chiquito. Marcos Paz.
El futuro puede existir, ahora lo se porque nosotros escribimos la historia.

Dios se cansó de los rezos, de las velas comidas, de los reptiles de la cruz y la espada, y debe haber mirado para abajo diciendo también “marcos paz”. Porque finalmente, lo mando a cagar. Literal, como es Dios.



lunes, 13 de mayo de 2013

EL DESCONFÍO




"Conviene remontarse un poco a la historia para entender de dónde viene este proceso de la bimonetización de la economía argentina, que consiste en esta tendencia de la gente a preferir el dólar al peso, a guardar sus ahorros en dólares en lugar de la moneda nacional." (…) "El funcionario distinguió tres etapas en la historia de la 'bimonetización'. La primera va desde el golpe de Estado que derrocó a Perón, en 1955, hasta el golpe de 1976. (…) "Están la devaluación del '55, del 80 por ciento, la del '58 con Frondizi, de 347 por ciento; la del Plan Pinedo del '62, del 29 por ciento, de Lanusse en el '71, y el Rodrigazo, en 1975, del 719 por ciento. Fueron megadevaluaciones que ocurrieron durante la etapa de la industrialización, cuando la economía crecía fuertemente y necesitaba acrecentar sus importaciones, lo que producía un ahorcamiento de la balanza comercial,…" (…) "Después hubo otra etapa que fue la desindustrialización, que se inició en el '76. Ahí también ocurrieron periódicamente devaluaciones. La de la salida de la tablita de Martínez de Hoz, del 226 por ciento; la hiperinflación del '89, del 2038 por ciento, y por último, la de Duhalde, de 214 por ciento. En esta época el problema era financiero, faltaban dólares para pagar los servicios de la deuda, …" (…) "…esas devaluaciones significaron una gigantesca pérdida de valor de la moneda doméstica y una consecuente transferencia brutal de ingresos. Cada vez que se aplicó una devaluación, se desencadenó un proceso inflacionario, por el efecto directo sobre las mercancías importadas y también sobre los bienes que el país exporta, en general alimentos. Esto impactó en el salario real y en la participación de los asalariados en el ingreso. Aumentaron el desempleo y la pobreza." (…) "La historia de las devaluaciones generó en muchos argentinos la tendencia a refugiarse en el dólar esperando algunos de estos acontecimientos."

Son declaraciones de Axel Kicillof (secretario de Política Económica), aparecidas en el Página 12 del 10-05-2013 ("Una devaluación empobrece", pág. 2), durante la defensa del proyecto de ley de blanqueo de ahorro en dólares que hizo hace días el equipo económico en el Senado. Valen -más allá de la oportunidad- para refrescar la memoria de algunos y anoticiar a otros.

Habla claramente acerca de la base real de temores, desconfianzas y cuasi certezas de muchos compatriotas y apoya el argumento -nunca convincentemente demostrado- del "ciclo" de diez años (o 9. u 8, o 7) en que todo se va al carajo. Porque es así. Increíblemente y de golpe, la economía se pone estable, mejora, crece…pasan los diez años (o menos, o más) y comienzan los problemas, hasta la debacle final. Y en esa debacle te incautan los depósitos, tu plata no vale, simplemente quedás culoparriba. Vos, nosotros, los otros no (los del gobierno menos, los que siempre se salvan tampoco). Y ahora se está cumpliendo el "ciclo".

Más todavía… nadie parece saber por qué en el inicio del "ciclo" las cosas se asientan y aún, mejoran. Veamos lo que se dice. El viento de cola, por ejemplo, es decir que a pesar de no hacer nada (el gobierno), el país se ve beneficiado por una situación externa. En el caso de estas épocas K, son los extraordinarios precios de los comodities, sobre todo el precio de la soja (aunque no siempre subió). A fuerza de retenciones, se pudo acumular guita (y afanar sin que se notara, se agrega haciendo hombrito). Es lo que se piensa y lo que se difunde. Y esa explicación burda sirve también para dar pistas sobre el "agotamiento del ciclo", es decir cuando pasan esos años (10, 9, 8 o más de 10). Como el gobierno no tomó las medidas que había que tomar, todo se va al carajo. Le agregaríamos ahora que todo era una "burbuja" que, simplemente, reventó. En lugar de razonar sobre estas cosas se instala el pánico, los rumores de corridas del dólar, la temida (y acariciada por algunos mercaderes) posibilidad de la devaluación. Se impone refugiarse en la moneda real, la del valor que no se pierde, el dólar.

Y este gobierno, no te deja. Prácticamente han prohibido ahorrar en la moneda verde, "atesorar" le dicen técnicamente deslizando un toque peyorativo, porque todos sabemos que en Argentina los únicos que "atesoran" son los chorros del gobierno (y dale que va, total). Los demás, simplemente tratan de salvarse.

Algo se escapa sutilmente: ¿cuáles son las medidas que habría que tomar y el gobierno no toma? Acompáñeme y hagamos una listita (o memoria): tomar crédito externo (es decir, deuda) a las tasas usuales (es decir muy altas); invertir en consultoras, algo en producción recapitalizando empresas (que fugarán del sistema esos capitales frescos traducidos a dólares); permitir que las provincias hagan otro tanto; garantizar las deudas privadas de empresas privadas. ¿Suena a algo? Si todo esto -por esas casualidades- trae descapitalización del país, liquidación de reservas, incompetitividad en el comercio exterior, destrucción de mercado interno, destrucción del salario y luego del empleo (es decir, desocupación)… es una desgracia que de ninguna manera debe adjudicarse a las políticas que debían tomarse (no se, a mi me mandaron, yo no fui). Total, en unos años más uno hasta puede ser senador por el mismo partido y criticar a los que hacen lo contrario y notablemente les va bien.

Profundicemos un poco más sobre algunos de los argumentos explicitados. Todo Estado actúa, por acción o por omisión, y sus realizaciones (o no realizaciones) son producto de decisiones políticas. Nunca existió el Estado "bobo" (en tal caso fue el Estado "hijodeputa"). Para que un "viento de cola" te eleve por los aires virtuosamente, alguien (este Estado, es el caso) tuvo que parar con algunas horas de gym ese culo caído que nos dejó el neoliberalismo, para que el vientito haga su efecto. Medidas económicas claras, activas, como romper la materno-dependencia con el FMI, renegociar la deuda externa con una importantísima quita (algo que no pasa todos los días, desde ya que no en todos los gobiernos), darle máquina al MERCOSUR negociando palo a palo con Brasil (cosa ardua de a ratos), buscar mercados, llevar de gira a los empresarios (a los de las pymes también), mantener altas las divisas, movilizar los recuperados fondos de ANSES… por poner algo, sabemos que hay más. Entonces, "viento de cola" las pelotas.

El otro "argumento" por el que voy… Eso de que los ciclos se terminan como algo "natural" (nacen, se desarrollan, no se pero por ay también se reproducen, y mueren). No es así, los ciclos de bonomía (seamos cautos y no digamos "bonanza) se terminan porque las variables del comercio-finanzas internacionales varían, siempre y cuando el país sea totalmente dependiente de esas variables. Como el  país pastoríl que alguna vez fuimos y muchos añoran. Y no ignoro que en esta economía capitalista (y casi única, al menos por ahora) globalizada, las variables internacionales, las crisis de otros países (y parece ser que hay crisis en otros países) nos afectan. Que afecten o que sean catastróficas depende de cuán fuerte sea la propia economía, de cuánto se apueste a la producción y al trabajo, de cómo se financia el crecimiento.

No se trata de acordar con este gobierno, porque todos pueden tener sus ideas sobre cómo debe crecer el país, hacia dónde debe ir la economía. Pero no lo contrario -como confesó el triste senador del partido centenario- que nos vaya mal a todos (al país) para que a este gobierno no le pueda ir bien. Y pienso más aún: que le vaya mal al país (a todos nosotros) para que redunde en beneficios de otras economías, de otros países, de intereses que no son los de nuestro pueblo. Los calificativos que corresponden a tal actitud, son los que corresponden y estoy seguro que más temprano que tarde se unirán a sus sustantivos gentilicios (¿no es fino?, todo ese palabrerío en vez de decir "traidores a la Patria").

La ignorancia tiene sus disculpas, con la estupidez es más difícil. Allá todos esos impolutos que se rasgan las vestiduras noche a noche de domingo con el "periodista" de canal 13, allá ellos. Nosotros tendremos que ver cómo se hace para que un proceso complicado de recuperación de la soberanía en todos sus términos, llegue a impedir la más mínima sospecha de corrupción (que de eso se nos acusa). Bien, es una tarea y todos los procesos de cambio la tienen, en todos los países de América Latina que están cambiando neoliberalismo por Nación (y nación popular encima).

Ahora, ser un forro de los poderosos es triste, lamentable y triste. Ojalá tenga retorno.


viernes, 3 de mayo de 2013

LA REPÚBLICA PERDIDA

Hay un hecho que me parece irrefutable: Elisa Carrió es auténticamente representativa de una amplia franja de argentinos (acostumbren votarla o no). La expresión siempre crispada (no encuentro otra palabra), el tono admonitorio, la certeza en el juicio y sobre todo en el pre-juicio, la indignación apenas contenida, la convicción de la verdad, lo accesorio que puede parecer el soporte argumentativo -no hablemos ya de elementos probatorios- a las denuncias de cualquier tipo.

El cualquiercosismo reemplaza al debate político. Sarmiento -ni santo, ni de mi devoción- pensaba en prósperos sectores medios rurales que pagaban sus impuestos, accedían a los bienes culturales, debatían políticamente -como corresponde a todo ciudadano conciente de sus responsabilidades- y eran ávidos lectores de periódicos. La persistente vigencia de la oligarquía arruinó sus sueños y su idea de república.

Como a Carrió, a muchos argentinos -"biennacidos"- les parece de sentido común todo lo que opinan, sobre cualquier tema. Cualquier argumentación en contra, o que relativice sus juicios, forma parte de una conspiración oscura, secreta, sólo visible a los iniciados. Es imposible sugerir la duda, producir algo cercano a la comunicación con fulanos como esos, todo remitirá a lo mismo: la conspiración, de la cual uno mismo se transforma en eslabón necesario, sospechoso de complicidad conciente (y si me dan un minuto, absolutamente culpable). Además es inapelable, ya que todo lo que puede decirse para defender otro punto de vista no hace más que alimentar la sospecha (o la certeza). Es como un fascismo no asumido.

Tal vez sean estas características las que llevan al tema que los embandera y distingue: la corrupción, o mejor dicho, la anti-corrupción. Parece ser que existió un pasado intocado que fue corrompiéndose; hay un destino argentino robado, usurpado. Los nostálgicos de la "era dorada" ven todo como una pérdida continua y catastrófica del país ideal (parecen estar seguros de su existencia, pero en realidad no les importa, basta que les calme la ansiedad).

Sin embargo, el tema es la "corrupción" como sustantivo, con entidad propia, casi queda opacado el objeto de la corrupción (y tiene sus motivaciones este orden y estos olvidos). La "corrupción" impugna a la política y a los políticos en su totalidad, conceptualmente. De eso se trata. Hay palabras que se pretenden universales y se posicionan por encima de los contenidos ideológicos. "Corrupción" es una, "violencia" es otra. Desidiologizarlas y descontextualizarlas es no sólo una postura ideològica, sino un ardid ideológico que busca un efecto. Y el que busca encuentra, tampoco cabe duda.

Hay -como en todo- al menos dos versiones de este fenómeno. Es que detrás de una Lilita suele haber un Pino. No son iguales, es mas, en algunas cuestiones se podría decir que son antagónicos (al menos contrarios). Sin embargo, este tipo de progresistas (o centroizquierdistas, porque progresistas hay de derecha tambièn) suelen estar indignados, y còmo. La megaminerìa, el avasallamiento del medio ambiente, las relaciones clientelares, finalmente la corrupción (todos temas importantes, que después de un rato quedan asimilados a charlas en una peluquería pituca). Puntos de contacto hay, pero sobre todo lo emocional, la desaforada forma de enojarse y personalizar el pecado. En realidad buscan pecadores, el pecado siempre queda impune. Por "izquierda" también surge el costado megalómano que da pie a intrincadas teorías conspirativas.

Bien. Insisto: lo dicho no implica que los temas denunciados, personajes, tramas, y demás sean un invento. No todo, si parte. Se trata de temas serios que no solo deben ser debatidos en serio, sino admitiendo y buscando los contenidos ideológicos, políticos, económicos, sociales que tienen que ver con la vida real de gente real de un país real. Lo que no coincide con nuestras fantasías (me incluyo), no debe ofendernos; es parte del desarrollo de la personalidad la aceptación de la frustración.

Por derecha se encubre que lo que realmente molesta es la lucha por la igualdad; por izquierda imagino que la resultante es un ataque de impotencia o irritación por un imaginario "robo de banderas". De todas maneras no se puede ser tajante, lo se.

Y me parece que a esta altura anda merodeando otro gran tema, hablando de los prejuicios, son los que derivan de una concepción concreta de lo que es la "república" (otra gran palabra).

Así como el imaginario de amplios sectores "medios" (y altos por supuesto, sin suponer ni por un minuto que algunos "bajos" también) sobre el mito del país rural se sintiò agredido por la resolución 125 en el 2008, esos mismos fulanos (no todos, gran parte, culturalmente muchos) se sienten "defensores" de la República (y la piensan en mayúscula). ¿Y de qué se trata esta República? Bueno, división de poderes, respeto a la opinión las minorías (sobre todo la opinión individual), garantías a la libertad de prensa. Creo que fundamentalmente es eso. Sienten que estas cuestiones están siendo seriamente vulneradas. Los que corren por izquierda (centroizquierda, no estoy metiendo a la izquierda trotskista en esto, son un poco mas inteligentes o al menos tienen mas lectura encima), piensan que siempre estuvieron vulneradas, no solamente ahora (y que siempre lo estarán). Nadie habla de la defensa irrestricta del derecho a la propiedad privada -y consiguientemente los derechos de la propiedad privada, sin límites de ningún tipo- como elemento formativo de la idea republicana… Ellos sabrán (sólo algunos, a la mayoría ni se le ocurre).

La República es atemporal, incuestionable, sacrosanta. Con la República no (como si se tratara de un niño a punto de ser violado). La República nos sacó del estado de barbarie. Y es por allí que podemos encarrilar el tema…

Barbarie, eso es perder la república. Esta gente vive perdiéndola, desde la irrupción social y política de los sectores populares (temen muchísimo su "irrupción económica"). El peronismo es para esto la clásica bestia negra (en más de un sentido), pero también -aunque con una convicción bipolar- el yrigoyenismo. Porque la República es patrimonio de la Generación del 80, pivote en el que se referenció hasta el cansancio la última dictadura (tan militar y tan cívica).

La "república" fue un proyecto de país que aplastó a otros proyectos de país. Fue el que ganó, a sangre y fuego. Sus enemigos partieron al exilio, murieron o se amoldaron. La victoria fue absoluta, completa y asimilante al punto de la aculturación. El problema del revisionismo histórico es que -al menos antes, espero que no ahora- en su posición esencialmente binaria, uno de los términos (pueblo) permanecía intocado y eso, lamentablemente, no es así. La cultura del vencedor "corrompe" todo el universo del vencido, escapar de eso es horrorosamente difícil.

La expresión normativa de esa República es la Constitución. Decía una "vecina" recientemente a la cámara que le ponían en una manifestación ciudadana -vulgarmente conocida como "cacerolazo"- que la Constitución es como la Biblia, lo que se espera de los políticos es que la cumplen y no la maltraten. La biblia (ahora si con minúscula) es un libro primordial del pueblo hebreo que la tradición cristiana elevó a dogma de fe (y no cualquier biblia, para los católicos fue la Vulgata). Se pretende algo similar con la Constitución… la "verdadera" es la de 1853 (parece provenir de una época genial en donde se legisló sobre lo fundamental). Se fue reformando, nadie ignora (creo) que eso está previsto en el mismo texto de la Constitución, pero todo remite a la original. Demás está decir que la reforma de 1949 no figura ni a place (es una aberración , por motivos formales muy parecidos a los que se invocan para impugnar hoy mayorías parlamentarias). Si se enteraran que los yanquis se la pasan votando modificaciones a su carta magna en cada elección, se enferman (pero no hay ningún peligro de que se enteren).

Palabras fetichizadas, objetos de culto. Así viven la democracia y el ser ciudadano, de a uno parafraseando esas barbaridades como que "la sociedad es la sumatoria de todos los individuos", o "el cambio empieza en uno y va sumando así, de a uno". Lo colectivo se les escapa, a algunos en la implementación (jamás participarían en nada que no los reconociera únicamente como ciudadano-individuo), otros en la concepción apriorística de las cosas (no actúan como parte de un colectivo, no lo sienten en la vida cotidiana).

Entonces decir por ejemplo que "nadie se realiza en una sociedad que no se realiza", no les dice nada, absolutamente nada. Porque muchos piensan que no tiene nada que ver una cosa con la otra, y la realidad les muestra que muchos se han podido "realizar" (ven la realización económica como valor) aún en "malas épocas".

En nuestra "corta" historia como "país independiente" contamos con otras alternativas de organización social, previas a la tan mentada "república". En esta nota me propongo reivindicar y poner en valor la idea de la Confederación (cada uno es libre de elegir la manera de volcar, esta es la mía).

Confederación hace referencia a pacto (la república también es un pacto, anque desigual), en nuestro caso de entidades preexistentes: las provincias. Es cierto, en un momento (y después en varios más) las provincias -esas antiguas fundaciones hispanas- acordaron coaligarse porque se reconocían con una historia en común, y distintas de formaciones vecinas. No estuvo claro desde el comienzo, sería bueno repasar las intersecciones con Paraguay y Uruguay por decir un algo. La idea confederal les permitía conservar su soberanía, delegando sólo las relaciones exteriores y los asuntos económicos del conjunto. Ni siquiera se les prohibía tener sus propias fuerzas armadas, cosa que atenta absolutamente con la concepción weberiana de Estado.

Hubo aquí varias formas de concebir la Confederación. Alguno matizará, pero la propuesta artiguista me parece la primera. La de los federales más puros es otra, uno piensa en Dorrego. La pesada y más desarrollada es la rosista, con sus más y sus menos. En algunas estaba prevista la integración de los indígenas (con mayor o menor respeto por sus culturas). Estamos hablando de casi sesenta años de historia argentina, no es poco en un país que acaba de celebrar su bicentenario.
 
Entonces y abreviando (que ya se dijo demasiado): la república es una concepción liberal (en el más o menos y en el peor de los sentidos), nació de un genocidio cometido contra la población indígena (no me jodan con "pueblos originarios", esos serían los primeros sapiens-sapiens) y las capas populares de la ciudad y la campaña, contra los negros, contra los mulatos y mestizos. La república está hecha de bosta de vaca y carne enfriada/congelada en barcos ingleses para Inglaterra; de leguas y leguas de tierra ajena y cercada; de "rangers" y guardias armadas para vigilantear a los laburantes como en la Forestal. La república es una hijaputéz para hijos de puta.

La democracia es lo que los sectores populares lograron hacer con esa república. Empecemos a hablar de eso. Carajo.