domingo, 9 de noviembre de 2014

CASI 200 GRAMOS



Kirner. Kirtner. Kirch-ner (con un afectado esfuerzo sílaba por sílaba). Kisner o Kísne…(la ere final aspirada, deglutida inadvertidamente). Difícil de pronunciar, difícil de aprender. Fue el primer problema, desconfianzas aparte sobre el futuro, tan jalonadas por la experiencia que bueno… Para nosotros, fue el único problema. 

Quién hubiera podido pensar que se iba a llevar puestas todas las banderas; las de todos, aunque de diferentes maneras. 

Los estandartes orgullosos –todavía victoriosos- del llamado “neoliberalismo”, no otra cosa que un viejo Liberalismo de ahora, restaurado, desmadrado, desideologizado o bien ideologizado (enmascarado), potente, peligroso, sabedor de los hechizos que habían penetrado como nunca el alma de buena parte del pueblo. Demonio masacrador, Belcebú deformador con sus legiones (porque el lema del capitalismo es “somos legión”) haciendo ondear bien alto las banderolas del mercado sin regulación, del estado sin Estado, de la iniciativa privada libre y liberada, suelta como un animal hambriento. Sus (can)Cerveros infundiendo el temor en los pobres de espíritu (esos que tienen poco y creen que pueden perder mucho), temor a la política, temor a lo público, temor a que los roben (mientras los roban), temor al miedo, terror a que alguien hable en voz alta. Las santas banderas del sentido común orientado por la generación del ochenta, la democracia republicana –sin andar aclarando cuál iba a ser la calificación esta vez del voto-, los antiguos cómplices de la gran matanza de la que mejor no hablar. Lo “cívico” que había dejado bajo el foco del escarnio a lo “militar”…

El se paró sobre esas banderolas sin tirarlas a la basura, porque tenía que usar algunas y vestir al país muerto de frío, para dar confianza (para no putearse con todos a la vez). Para construir poder, se dice. Y porque supo antes que nadie que el ADN argentino tiene algo de derecha, a esta altura. Las fue tirando, cómo y cuándo pudo. Las fue basureando, cómo y cuándo pudo. Te fue diciendo que es Estado era nuestro, o había sido. Que era necesario traerlo de vuelta. Estado amigo, para que seas nuestro abrigo, algo así. Y él, que no era de nombrarlo demasiado, te hizo sonreir y recordar “claro, el Estado Peronista”. 

Te dijo que la Corte lo extorsionaba. Te dijo que no se la iba a bancar. Los dejó desnudos por la tele, como hace hoy tineli, pero en serio. Y La Corte se cortó. 

No te repudió la deuda. Sabía que el Congreso de la democracia la había hecho suya, vaya a saber por qué debilidad, imbecilidad congénita, pero fue así. No te mintió con el “no pago de la deuda externa”, para ser felices y que no iba a pasarnos nada. Quiero pagar, dijo. Pero pagar esto y te la bajó, te la bajó… como que no la iba a pagar así como había quedado tras sucesiones incontables de saqueo. Te dejó entrever que había choreo. Que nadie nos prestaba nada ahora que queríamos salir del pozo, porque nos querían mucho en el pozo. Te mostró las caras monstruosas de los monstruos, que no eran caretas de carnaval como nos habían dicho, esas eran sus caras. Les hizo unos bigotes y lentes con la bic negra y te guiñó un ojo (ese que no se le alineaba nunca).

No te dijo que Menem (no te toques nada asqueroso/a) era un hijo de puta, eso ya lo sabías. Te dijo cómo y para qué Menem hizo mierda el Estado que habían construido Perón, Evita y tus abuelos. Y en el peronismo, en el pejotismo (él decía mucho eso, no se si estaba bien) se armó flor de quilombo. El peronismo gustó siempre de verse entre los héroes y las víctimas, no entre los hijos de una gran puta. Pero muchos ahí tenían su domicilio real. Y ojo que se la pasó reclutando cuadros peronistas de las experiencias peronistas cercadas, de la de Menem, de la de Duhalde. Algunos le respondieron vaya a saber si sinceramente, porque  bueno, era el nuevo jefe. Algunos de esos con el tiempo le aprendieron a tener respeto, lo terminaron amando. Entendieron, aprendieron (lo lloraron). Otros no. Otros se sintieron interpelados, acusados, señalados y sacaron el disfraz de peronista, el de una ortodoxia tan vieja como turra, porque fuera de época es turra y recitaron los mantras que jamás comprendieron ni quisieron aplicar. Falsos, hipócritas, más que traidores. 

Después del Flaco, y aún más con la Señora estos “peronistas” se pusieron imposibles, se sintieron como que les tocaban el culo. Feo no, con lo sucio que lo tenían. Ahí saltó uno que pudo tener un lugar en la historia del movimiento obrero, y terminó siendo un forro de la oligarquía. Y aquel charlatán de feria de los judiciales que hablaba de los derechos humanos… Con el tiempo llegó Massa, ese buen alumno con la manzana lustrada en la mano para envenenar a la maestra y llegar a celador. Hagamos un aparte…

Massa aparece de la mano de Adelina, cuando el liberalismo había decidido prostituirse ya que el peronismo se había hecho fiolo. Y ahí va él, jóven y promisorio… apadrinado también por uno de esos personajes incomprensibles y fisurados, el Pato (hola suegro). Por esas putadas y porque no todo sale bien, se mete en este proyecto y este Proyecto compra, eleva… a quienes no debe (porque no es el único). Con el asunto de que quería gobernar Tigre, se va y gana Tigre. Toma la gestión Ubieto –otro caso de enmilicamiento que la democracia lavó- que le había cambiado la cara al Tigre y lo había dejado a punto de caramelo para explotarlo con los nuevos ricos que surcaban las marrones aguas del delta. Delta chic; mucha pero mucha guita. Tigre es enorme y tiene infinidad de situaciones, pero la hegemónica fue la que Sergio consiguió popularizar. Todos creen que es esa. Un ejemplo nada más (más allá de candidaturas y elecciones): se comienza a construir un top y mas hight complejo habitacional junto al río (como narcoDelta pero mucho más)… al lado de la villa El Garrote, viejo asentamiento bravo que todavía debe tener (seguro a medio terminar, no se) el barrio que estaba construyendo Madres (esas locas de Hebe) hasta que un monje negro decidió nuevamente liquidar a la vieja. Todo un detalle. 

Tiene socios y muchos, pero me detengo en uno porque es otro caso de…no se (digo no se, por no poner de hijodeputa, porque no quiero bardear). Fernández, pero el traidor, el corneta del multimedios. Alberto. Fue el único capitalino que el Flaco reconoció (hizo mal porque había otros, o mejor dicho otra) y mientras el gobierno fue nacional y popular sin cuestionar el multipoder de las comunicaciones concentradísimas todo fue bien. Pero cuando la Señora plantó la ley de medios… aunque el quilombo fue antes, discúlpeme usté el desorden, fue con la 125. Esa ley que inventó un pendejo ruliento (este si que de peruca no tenía nada) al que se le dieron varias bolsitas de cumpleaños sin merecerlo. El desbole del campo, cuando se pretendió cobrar algo de la enorme ganancia sojera. Insolencia que Fernández –el malo- no toleró y corrió a contárselo a los que lo conchababan de verdad. Tenía que estar en este fresco (que es más una salpicada contra la pared). 

Los hubo que descubrieron que el kirchnerismo no era peronista. Por muchas razones. Porque era montonero y Perón los había echado de la plaza. Risas en la tribuna, no da ni para explicar pero algo vamos a decir. Si uno se fija bien, el programa recuperador de los K (vamos a abreviar) se parece mucho, pero mucho, a ese que algunos medio puteamos o que nos pareció poco de puro no cazar nada de política a fuerza de tanta energía pendejeril, el programa de gobierno del último Perón, el del ’74. Algo así como un pacto social (que no salió entonces, y le faltaba más de un jugador ahora), paz, reconstrucción del Estado, apertura comercial más allá de los límites del imperio norteamericano, integración latinoamericana y con los Países no Alineados. Trasponga, compañero, haga un esfuerzo y verá las similitudes. Ni que hablar de las Pautas Programáticas de Campora en el ’73…no llegamos a esas formulaciones.  O sea que tamaña acusación es una buchonada por derecha hecha por gente de derecha. Digo esto, teniendo en cuenta el respeto que uno tiene por los compañeros que conformaron la Tendencia y organizaciones como las FAP, FAR, Montoneros, Descamisados, Peronismo de Base. No es decir que los K no eran montoneros porque eran buenos (y lo otro era malo), que quede claro. 

Otra descalificación es el tema de la transversalidad; no son peronistas porque le abren espacio al progresismo, porque relegan al Justicialismo. Más, Cristina no quiere al PJ. La puta, de dónde carajo salieron esos dos si no es del peronismo. El Flaco decía (y este escribiente lo escuchó en persona, una suerte inmensa) que a Perón se lo debe homenajear cuando se gobierna y no nombrándolo a cada rato. Es Cristina la que se las arregla para nombrarlo cada vez que puede, con cada medida de gobierno la Mina te va diciendo la coherencia con las líneas maestras trazadas desde el ’45 y la nombra mucho más a Evita, la homenajea tratando de ponerse a su sombra enorme, casi con timidez. Mirá vos. Estos dos lavaron si el peronismo, porque le sacaron toda la mugre que se le había pegado en el menemismo, toda esa basura liberal, todo el conservadurismo paternalista del duhaldismo, y se lo mostraron a los pibes como una camiseta que no daba vergüenza llevar, que daba, que da mucho orgullo. Eso hicieron desde y por el peronismo. El PJ, bueno, tendrá que hacer lo suyo, ellos le abrieron futuro al Movimiento como corresponde, como sabemos que se debe hacer. Habría que preguntarse si todos esos desvergonzados son todavía peronistas, y ni hablar de los que se juntaron como “pata” para hacernos una Propuesta Republicana, y cuando hacen la V les sale una L.

El Frente para la Victoria es la expresión electoral del viejo frente que armaba el peronismo. Una fuerza contundente –aún ahora, tras tantos años- que se expresa políticamente como Partido Justicialista (al cual sigue siendo un honor pertenecer) y aglutina –por las políticas nacionales y populares aplicadas desde el 2003 hasta la fecha- a sectores progresistas, socialistas, comunistas, humanistas, y otros que los debe haber. A qué tanto lío y tanta paspadura de orto.

Pero hablábamos de banderas, ahora hablemos entonces del progresismo. Del otro, ese que no sucumbió… En su momento Lilita le había exigido a Néstor abandonar el justicialismo para conformar una fuerza de  centro izquierda, algo nuevo (sabemos que es una febril hacedora de partidos, frentes y agrupaciones). El fulano se negó, le explicó que pensaba pelearla desde su partido y la Líder del progresismo se enojó para siempre. Con la Señora es pura envidia, no me caben dudas. Al lado también estaba el nunca reconocido Lula argentino, el inegable Víctor de Genaro, uno que Néstor convocó primero y tardó mucho, pero mucho, pero mucho en decidirse (con la Mesa de Enlace tuvo más iniciativa y más velocidad). Eran los dueños del progresismo tras la debacle del Frente Grande, eran los elegidos de la Ilustración… Y Néstor los cagó, hizo todo bien y mejor solamente para hacerlos quedar como unos pelotudos. Seguramente. Entonces, no les quedó más remedio que ampliar sus alianzas a la derecha. Lilita, porque era en realidad tan gorila como Rojas y Aramburu, De Genaro porque es un pusilánime (y a esta altura un mal bicho). Aparecieron algunos socialistas enojados también como si la barra brava de otro club les hubiera afanado los trapos. La sombra de Norteamérico Ghioldi ondea fuerte en ese partido más que centenerio (e ideológicamente milenario). Para más datos el tal Ghioldi, líder de un sector del socialismo argentino fue funcionario de la dictadura (otro “cívico”), aunque esa es otra historia. 

Ibarra, último tablón flotante del naufragio (el Leonardo Caprio que llegó a la orilla), tuvo siempre una posición ambivalente, poco comprensible y ahora, de capa caída (y mejor no hablemos) acompaña, o sea que nadie le robó las banderas, él se encargó de perderlas. Es por eso que lo dejo afuera de este relato- análisis, que no es otra cosa que una frondosa puteada (como siempre). 

El kirchnerismo dividió, aglutinó, gobernó (gobierna) y logró diferenciar a la sociedad política, a la sociedad en general, poniendo blanco sobre blanco miserias y virtudes. Muchos se pusieron del otro lado de los márgenes que trazaba y debajo de los puentes que tendía. Muchos no quisieron estar, otros querían que quedara claro que no tenían nada que ver. Así son los tiempos de definiciones, así son los tiempos de cambios y de recuperación. Así fue siempre. 

Un periodista, uno que puso la luz de giro hacia Walsh y le pegó derecho hacia Neustadt y Grondona, dijo hace poco que la oposición, todos estos de los que venía hablando, no junta ni doscientos gramos de bosta… En un ataque de furia y como para advertirles que puede que el tan ultrajado kirchnerismo, con su “relato” y su inmensa corrupción podría no estar acabado, podría tener muchos más días que los que cuenta el “renovador” Massa. Y sabe que los mejores días –los de verdad- siempre fueron peronistas. 

Ojalá. Más allá de los sinuosos caminos que Dios ponga a disposición de nuestro libre albedrío, y con todo… 

Ojalá no la junten, para que el futuro no sea simplemente una mierda otra vez.

lunes, 6 de octubre de 2014

LA BUENA GENTE



Un buen tipo. Totalmente, porque lo conozco desde siempre. Y sin embargo…Me dice en un momento: “A mi lo que me molesta del gobierno, es que te obliga a definirte, a estar de un lado”. Ah, mierda.

Un tipo, viste, como la clase media (y no vengamos con esta cosa sofisticada de qué es la clase media, las clases medias, las capas medias, las medias); como la clase media que nos vota(ba). La que no da para progre pero tampoco para la derecha; la que va por ahí caminando en el ancho mundo del filo de una navaja. Como mi familia, algo así. 

Y me lo dice con cara de preocupado, casi con fastidio o mejor, con fastidio, casi preocupado. Lo joden, lo empujan para que opine, para que este de un bando o del otro. A uno se le ocurre que el fulano podría cuestionar que muchas veces no hay dos bandos, que puede haber muchos puntos de vista (y de fuga), o al menos más de dos. Pero no, nuestro interlocutor no va por ahí, se queda mucho antes. Le molesta que le hagan tomar posición sobre todo y a cada rato. Justo lo que a uno le parece fantástico. ¿Se ve la distancia?... a él lo fastidia lo que a mi me tranquiliza. 

No jodamos, uno se siente bien en el conflicto. Decidir, tomar posición –cuánto más aún optar- son esos momentos necesarios de la toma de conciencia  (y muchas veces también eso es insuficiente). 

Ocurre que la toma de posición se relaciona íntimamente con la acción. Si se pensaba si o si algo sobre algo, es que consecuentemente se iba a hacer algo (sobre ese algo), ya sea para modificar o impedir que se modifique algo. Definirse, tener una opinión, darlo a publicidad… hacer lo que hay que hacer. Encima, si se trata de una postura contra (el) poder, eso que se debe hacer seguro no es placentero ni va a reportar un beneficio inmediato. Más bien es complicarse. 

El tipo no quiere complicarse, porque bastante se complica en la oficina; cuando se queda después de hora sin extras por el balance; cuando la empresa cambia de manos y de fulanos y a él no le toca que lo echen (como otras veces que si le tocó) pero si le toca el estrés que le gotea en la nuca. Se le complicó cuando las hijas comenzaban a salir y miraba el reloj cada quince minutos hasta que llegaban. Cuando se enfermaba el perro. Cuando llovía un sábado. Cuando quiere comprar eso que quiere y no llega. Cuando cambia el auto. Cuando quiere cambiar el auto y queda para más adelante. Cuando lo cambia por un cero y se la complican cobrándole un plus hasta por el color. Cuando hay más cuandos, porque como dice un amigo “uno es de la clase y/o, o te comprás esto o te comprás lo otro, pero los dos no”. Y sobre todo eso se cargan las cuestiones de la mujer, la familia, los amigos; hay problemas para todos.

Hay que tomar posición, si. A veces es entre dos cosas. Y hay que plantarse. A poca gente le gusta el quilombo, pero a veces… Además, ¿quién es el que hace quilombo, uno que se planta o esos cosos que te empujan y hacen que tengas que plantarte? No es cuestión ahora de argumentarle al fulano demasiado porque si, es verdad, parece que quisiéramos cagarle la vida en tren de salvársela.
Por ejemplo, le digo sobre lo bueno que sería una sociedad de clase media, sin ricos ni pobres. El tipo se entusiasma (¿sabe que eso se llama peronismo?). Pero ahí se da cuenta, o uno va y le dice para ahorrar tiempo que los ricos no van a querer (y encima van a convencer a algunos pobres para que tampoco). Bardo.

“Patria si, colonia no”. Bien, pero seguro que los colonialistas se enojan. De otra manera: “liberación o dependencia”. Y de costado un ñato que te susurra “bueno, eso de la dependencia habría que ver…”.

Veamos, el tipo casi siempre estaría con la opción correcta, la de los buenos tipos, la que remite a los valores que le enseñaron en la familia (que no son un rejunte de turros). No tuvo en cuenta que eso no es lo lógico, no es natural, no está de acuerdo todo el mundo. Va a haber pelea, seguro. 

Vos le hablás del enemigo. Tremendo, el Enemigo. Es malo, el enemigo seguro es malo y no se la banca, algo va a hacernos. Si el enemigo encima es muy poderoso, bueno, peor. Seguro que uno tiene razón, pero no se puede ir contra intereses tan poderosos, habría que tomar otras medidas, otras formas menos, menos, menos… el tipo se embarulla. Trata de repetir lo que escucha en todos lados (en todos esos lados en que se repite una y otra vez lo que se editorializó a la madrugada para poner la agenda del día en la cabeza de la gente). ¿Se lo cree todo? No, todo no, pero algo… Pega muy fuerte la argumentación que le haría eludir el conflicto, la confrontación temida. No se lo dicen pero hay una palabra clave: rendirse. 

Vos salís con las manos en alto y no te pasa nada. Vos no te metías en cosas raras, y no te pasaba nada. Vos te hacías el boludo, los otros hacían paro y el aumento te tocaba igual. Los más débiles se vuelven buchones, los más cocoritos supervisores y a los que se van ganando, un buen día terminan nombrandote el raidor del mes. ¿Es así?

¿Entonces el tipo es primero un boludo, se descubre cagón y se vuelve traidor? No, pero por supuesto que no. Solo pasa que no le gusta que lo metan a cada rato a andar decidiendo, porque el que decide deja algo de lado (y toma otro algo pero a largo plazo). Así y todo, no podemos endulzarte el conflicto, como tampoco prometerte que no va a ocurrir. 

Antiguamente, la catarsis se hacía en los sindicatos. De alguna manera participar con otros te hace un poco valiente. Saber lo que se hace, estar convencido después de haberlo hablado con otros (esos pares) hace que la angustia abra paso a la buena conciencia de estar donde uno cree que se debe estar. Pero bueno, es otra historia.

Hay que hacer algo con el fulano, aparte de sermonearlo. Habría que escucharlo, porque entre todas las palabras que le puso esa “editorial” en la boca a la mañana se esconde su propio pensamiento. Sus ideas, a veces muy contrariadas y muy asustadas. Algunas seguro son iguales que las nuestras. Algunas, seguro que son mejores. 

De esto se trata el voto de las capas medias, esos sufragios que ganamos un día y perdemos al siguiente. El problema es que siempre con gobiernos peronistas (menos con ese) esos sectores sociales crecen porque la movilidad social ascendente ocurre. Y los perdemos… Por cuestiones culturales del país agroexportador que vive aún en el subconsciente, los perdemos. La hegemonía cultural no es la nuestra y los fulanos van siguiendo con sentido común el discurso dominante, el histórico, el de siempre, el del poder real. 

Porque por más que tengamos el gobierno a favor cada tanto, el peronismo en si es contra cultural. La buena gente suele confundir gobierno con Estado, y cuanto más gobierno con poder. Un señor un buen día habló de la necesidad de predicadores, y esos son los que esparcen una buena nueva o una causa nacional que en un país culturalmente colonial, es una buena nueva. 

Qué lindo sería pensar en el asado del domingo, la vuelta en auto con la familia, sacar a pastorear al perro, cagarse de risa con los amigos. Y nada, es muy lindo. A mi también me gusta. 

Uno podría decir como para rematar: el hecho maldito del país burgués. Tomar posición, definirse. 

Y si… (yo te espero).

viernes, 29 de agosto de 2014

SABIOS Y PRUDENTES...



¿Cómo fue que llegamos a esta foto? Llegaron ellos, por supuesto, pero el movimiento obrero organizado es un concepto que nos incumbe y abarca y por eso entonces la pregunta viene formulada de esta manera. 

Acá están los tres protagonistas estelares de la nueva coalición sindicalopositora. Está el Momo Venegas, mandamás de los peones de campo y de Necochea, corresponsable y titular del gremio que más gente en negro registra (o no registra en ningún lado), observador incansable de esas “costumbres del campo” –que en la ciudad no se entienden- como se justificaba Etchevehere  para describir relaciones cuasi feudales y reducciones a la esclavitud como las que vino a terminar el Coronel Perón. Está Moyano, el despechado, que tuvo una participación digna y destacada en la dura prueba que el peronismo tuvo con el Menem style (y que pocos pudieron sortear como él), que fue puntal del primer kirchnerismo con Néstor vivo y aún en el principio de Cristina, pero que renegó como si alguien le hubiera quitado algo a lo que se creía acreedor. Y está Barrionuevo, un excremento de la peor derecha peronista a la usanza 3 a pero en minúscula, un ratero de la clase obrera. 

Faltan actores… Falta la tía Micheli agitando desvergonzadamente la figura de Abdala y vociferando por izquierda,  cuando se viene sentando por derecha con cuanto (oli)garca venga adosado al servicio de buffet. Falta el PO, Pitrola con cara de amargo obrero y Altamira con su lucidez teórica y su delirio práctico. Falta el PTS, el MST, el PTP, el STP, el LTA y cuantas combinaciones puedan soportar media docena de letras. Es decir, la pata circense de piquete y corte conpocagente. Actores secundarios si, actores necesarios también. 

Esa es la foto ampliada. Pero la idea de este comentario es ir un poquito más allá del paro y de la bronca que te da que justo a un Gobierno como éste, y cómo son funcionales a… y todo eso que los compañeros dicen hasta el cansancio (o hasta que se entienda). ¿Qué pasa con el movimiento obrero?, cosas así de importantes como para salir un poco del día a día.

Porque del otro lado están unos que… bueno, que estén bancando no quiere decir que uno se coma el paquete de galletitas con gusto. Uno piensa en el gitano Cavalieri (ese que en épocas del Turco te recibía sonriendo a la entrada de Parque Norte), en el constructor Martínez del que uno duda y malicia 601 veces. Por mencionar solamente dos. Esos son los “nuestros”. 

Parafraseando a un viejo filósofo: los hay de la CGT Azopardo, de la oficial, de la CTA, pero burócratas, burócratas son todos. Dicho en general y haciendo la salvedad del panorama que se observa por arriba. Por supuesto hay excepciones y también reglas, el movimiento obrero es mucho más que dirigentes circunstanciales aunque la circunstancia dure décadas. 

Una compañera me decía: “paros eran los de Ubaldini, no esto”. Cierto, la CGT de Ubaldini rebelde, incorrecta, más humilde y más de abajo, sobre todo en su gloriosa etapa de lucha contra la Dictadura (y su digna lucha contra el plan de ajuste alfonsinista también). Ese si que congregaba multitudes y no se te atoraba el chori en la plaza. Otros tiempos, formativos para muchos de nosotros (que estamos comenzando a estar maduros, por ser fino).

Después de aquello vino el menemismo y la dirigencia (no todos, no todo el tiempo) se hizo bosta, pero bosta bosta. El sindicalismo cambió y se acomodó (un viejo tema de la ortodoxia), y muchos se hicieron patrones de empresas tercerizadas, aprovecharon los negocios que surgían con las privatizaciones. Se mudaban, cambiaban. Como Pedraza. Esa época hace que uno mire con cierta ternura hasta a un jodido como Vandor. 

El país cambió para siempre y para mal, tanto que aún no podemos recuperarnos. El aire envenenado invadió todo y sobre todo se quedó en la cabeza. Hasta que explotó y saltaron por el aire desocupados acumulados, derechos abandonados, riqueza que ya no iba a ser, y todo eso. Aún así, los que estuvieron sindicalizados tuvieron alguna tabla de la que agarrarse, aún con esos dirigentes (que suelen ser mejores que los patrones).

La organización sindical parece resistirlo todo, aún las estructuras sindicales, aún la burocracia, aún la traición. Es que el movimiento obrero es la gente y la organización, lo demás es menos importante (y si esto lo entendieran todos los laburantes, estaríamos ya fondeando en la bahía del Paraíso).

Nos debemos la cuestión sindical, eso es lo que dice la foto. Pero eso es sólo cosa de laburantes, de laburantes sindicalizados. 

Hablemos entonces de la fuerza del trabajo. No me vengan con el impuesto “al trabajo” y el berreo de la cúspide de esa fuerza laboral. Y decir también que si esos representan un 10% de los trabajadores en blanco, quiere decir que el otro 90% cobra menos de quince lucas… El tema principal, me parece, es ese conglomerado enorme (dicen un 40%, o aunque fuera un 30 igual es mucho) de trabajadores “en negro” o fuera de las leyes laborales, de convenio, de todo. Una masa para la que todo es posible, desde convenientes salarios pactados a la baja y en blanco más un plus de otro plus y dieciocho mil ítems (que no irán a la jubilación), hasta pagas por debajo del salario mínimo (o unos centímetros arriba, estamos en la misma). Ese es un tema para andar protestando. 

No tenemos unificada legalmente a la masa laboral. Es lógico que tampoco la tengamos organizada. Esta es la deuda y no es para cobrársela a este Gobierno, cuyo pecado principal parece ser haber recreado el mundo y la cultura del trabajo en la Argentina, como dignos hijos que Néstor Kirchner y Cristina Fernández son de Juan Perón y Eva Duarte de Perón. 

Los dirigentes, estos dirigentes “sabios y prudentes”, “han sabido mantener incólumes las organizaciones sindicales” como dijo Perón un día que estaba muy cabrero, es cierto. Ahí están los sindicatos, las clínicas (en dispares estados y funcionamiento), los hoteles, los clubes, las prestaciones de todo tipo. Ahí está la tradición de un movimiento obrero que es ejemplo en toda América y uno de los más importantes del mundo. 

Pero sabemos que algo no anda bien en nuestras organizaciones, y ese algo da como resultado (o como advertencia) esta foto. No puede haber cinco centrales obreras, ni dirigentes que vayan  del oficialismo (de un gobierno peronista) a la oposición como si se tratara de un paseo de compras. 

Llegado a este punto uno plantearía la “democratización” de los sindicatos. A mi no con eso, por favor. Ese fue el tema preferido de los que de afuera de los sindicatos nos daban sermones y consejos. Los radicales por ejemplo. Ni tampoco de transformar las organizaciones sindicales en ateneos de lucha por la revolución socialista… Y esta es mi opinión, uno acá viene y opina (o de quien es el bló). Cómo una organización sindical es más o menos democrática lo deciden los que forman parte de ella; el Estado y los patrones aparte. Las oenegés también (vayan a salvar ballenas, que los trabajadores queremos arreglarnos entre nosotros).

Una sola central, un sindicato por rama. También independencia, teniendo muy en cuenta de que el movimiento obrero y la mayoría de los laburantes todavía y por suerte, somos peronistas. 

Hay mucho por hacer, aparte de quejarnos por la foto.

martes, 26 de agosto de 2014

PATRIA O.



En un país que puede armarse con consignas marketineras, ocasionalmente efectiv(istas)as, sentidocomuneras, sensatas, huecamente lógicas, que caen por su peso y tapan tanta oscuridad; en un país pensado turísticamente o fastidiosamente, depende… 


En un país así –que bien podría ser el nuestro y no nuestro-, qué lugar tendrán las otras consignas que derrochaban sentido –no común- incómodo, urgente, maldito, inquieto, con cansancio de abusos y abusos. Y abusos.


Patria o Buitres, dicen y lo pegotean en carteles. A alguien le molesta, pero no por los “buitres” que, en todo caso, pasa como exabrupto descortés, chicana, insulto, porque no hay forma de decir educadamente “buitre”…y “hold out” quiere decir otra cosa (no es la forma fina de decir el contundente Buitre). Entonces va, la consigna marca la cuestión y también la situación. 


Lo que molesta, lo que les molesta es la palabra “patria”. Patria, eso que tenía sentido y mucho sentido en todas las épocas. Pero no para todos. Patria divide, Patria acusa, Patria te pone de un lado o del otro. Patria es así, jodida.


Es por eso que Patria si y Colonia no. Porque Patria excluye, al mismo tiempo que incluye. Patria no es para todos. Patria es para patriotas. La Patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas (razón de vida de la chica del rodete rubio que ladra al norte y enjoya al sur). 


No es la de los pater familiae, no la de las familias patricias, aunque si la de los Patricios que dieron un golpe de estado contra un virrey. 


Y esta gente nuestra que ahora, en un afán de abrazo, te dice que la Patria es el Otro. Otros, no yo. Otro, no cualquiera. Algunos creen que la Patria es otra, no ésta. 


Antes se dijo Patria o muerte. Epoca brava, Patria brava. Patrias cuarteadas en fronteras de una Patria perdida, enormemente soñada desde abajo del río Bravo hasta las Malvinas. 


Contenido de Patria, la libre o muerta, jamás esclava.


Resulta relativamente fácil comprender lo de Buitres, para quien quiera entender y ande bien de memorias, a quien no le patine el pedal demasiado y pueda ponerse a recordar lo que hace poco se había hecho con la Patria. Por eso -cuando alguno hace ese truco de pensar- nos previenen sobre lo malo que puede ser la lógica “amigo-enemigo”, deseando que “enemigo” sea un término a olvidar y un concepto a no tener en cuenta. El enemigo no existe, señores. Una Patria con adversarios circunstanciales, sin contradicciones fundamentales, sin tensiones estructurales. Sólo con el problema de la corrupción, la delincuencia, la droga y la mala política. Sólo eso. 


El Buitre viene a ser el enemigo. El Enemigo un buitre. Si se piensa un ratito, se entiende. La historia de la Patria está llena de enemigos, que no pueden dejar de existir por los tantos decretos del olvido.

Lo difícil es la Patria, como siempre. Lo que cuesta, lo que obliga, lo que inquieta. 


Detenida-desaparecida por la derecha (infame). Soltada por lo que no aguantaron y necesitaban una escusa tras la cual esconderse. Buscada incansablemente por anónimos patriotas. Encontrada de a ratos. Amada en silencio y también a los gritos. Recuperada. Aferrados a la Patria, sin condiciones, sin promesas, sin vergüenza, sin límites, al borde de la desesperación. Pasional y tercamente. 


Hasta la victoria siempre, Patria.


Cuando se sintió esto, lo demás no importó nada.