lunes, 28 de octubre de 2013

TARDE DE PERROS



La elección del domingo –como todas las elecciones- tiene varias lecturas posibles, pero debe partir de los datos duros (alguno diría objetivos, ya que son idénticos a la realidad) y eso da validez o no a los análisis que pueden montarse arriba…


Sin andar copiando números de diarios y páginas web (de paso, toda la información está en www.resultados.gob.ar), digamos que se trataba de elecciones de “medio término”, lo que vale decir, que se dan en la mitad del mandato presidencial (no, no se termina ahora, faltan dos años) y que son elecciones legislativas. El domingo se renovaban por mitades la cámara de Senadores y Diputados y también parcialmente legislaturas provinciales y de la ciudad autónoma de Buenos Aires.


El primer análisis, entonces, tiene que ver con ese objetivo: cuántos senadores y diputados obtuvo cada fuerza. Y la verdad es que el Frente para la Victoria retuvo el control de ambas cámaras: en el caso de Senadores con una mayoría simple juntos con sus aliados, y en Senadores esa mayoría simple se logra aún sin aliados (que también están). Es decir, hubo una mejoría respecto a lo que se tenía. 


El Ejecutivo (Cristina y sus equipo) no tendrá inconvenientes para transformar en leyes las ideas y acción política diseñada y a diseñar hasta terminar el mandato, no más que los que impone el consenso necesario a que se debe aspirar para ir al fondo en políticas de Estado (esas que no deberían cambiar aunque cambien los gobiernos), pero también como para no retroceder ante el chantaje parlamentario propiciado por grupos de intereses y otras chapucerías de legisladores dóciles a los que mandan dendeveras.


No existen amenazas reales de una reedición de un “grupo A”, y la luz se planta necesariamente en cómo se conduzca el bloque oficialista y aliados y los acuerdos que pueda lograr allende sus fronteras. Las herramientas están. De esto se trata la cuestión parlamentaria, pese a que a muchos tarados se les haga tragar la barbaridad de la “escribanía” para los caprichos supuestos de una Cristina inexistente, salvo en la imaginación prolífica de Mundogorila. Hará falta muñeca eso sí, como la tenía el chivo Rossi y la tiene la Di Tullio (una mina peronista).


Entonces y a la final, este tema está bien. Ningún enrevesado análisis puede hacer malabarismos para arribar a una conclusión que no sea esta, porque no se trata de una opinión sino de lo que arrojó el voto de los ciudadanos (esos tipos).


Segundo punto. Ese resultado que consagra al FPV como la más importante fuerza nacional (luego de diez años de gobierno), es resultado de muchas elecciones distritales. Y de allí las disparidades y diferencias interesantes. Ocurre que Mundogorila –como Dios según dice- atiende en BA y pareciera que todo ocurre acá. Burrada mayúscula que pretende llevarse puesto al país federal (y no lo logra nunca). 


Cada elección local responde a múltiples circunstancias, pero sobre todo a esa realidad “local” (nótese que “local” pertenece a las provincias y “nacional” a Buenos Aires, curioso ¿no?) reivindicada por intereses concretos, urgencias palpables, maravillosa vecindad y siesta saludable. 


Cosas para destacar: la espectacular elección del gobernador Capitanich en Chaco (59,31% para diputados provinciales; 60,60% en senadores); la muy buena del entrerriano Urribarri (46,61% diputados nacionales; 46,24% senadores); la de Río Negro (50,77 % diputados; 49,95% senadores y Picheto como gran ganador). Hay más claro, no mayores que estas, pero tiene una intencionalidad presentarlas así (espere un poco impaciente). 


Aclaro que todos los datos están sacados de la página oficial (la que se menciona más arriba) y son parciales de datos provisorios, pero con casi el 80% de las mesas escrutadas. Con el correr de los días variará un poco -no la tendencia- y después estarán cargados los definitivos. Ningún secreto, se trata de información pública (algo que ver con la “república”).


Una tercera consideración. Alguno se preguntará… ¿este tipo está como Boudou, disertando sobre  los resultados de una fiesta en la noche en que todos hablan de la derrota del oficialismo? Y como este blog no compite con la representación exclusiva de radioDisneylandia, va lo que sigue.


¿Sabe qué? Perdimos. Políticamente, perdimos. Como dijo un filósofo del conurbano bonaerense, en las PASO nos cagaron a palos y ahora lo ratificaron. ¿Cómo fue entonces?...


Massa y su armado apurado nos sacó 12 puntos en la provincia de Buenos Aires, como usté bien sabe; en Capital Filmus perdió la senaduría a manos de Pino Solanas; Cobos arrasó en Mendoza; la Córdoba de De la Sota sigue siendo de él; Santa Fe bailó al ritmo inigualable de Binner. Por nombrar lo más destacable. Todo eso da una sensación de derrota importante y se siente, claro que se siente.

Dicho todo esto, voy a la cuarta parte que es la más interesante y la más desprolija. Vamos a opinar un poco que es gratis. 


Es inevitable caer en la tentación de hablar de octubre de 2013 como si fuera octubre del 2015… y también es una estupidez. Lo hacemos igual (un poco estúpido es uno así que). Hoy por hoy el gobernador Daniel Scioli tiene un problemita: se cargó la campaña al hombro y perdió, perdió él junto con Insaurralde (insisto, menos mal lo de Jésica que si no) que era un buen candidato, pero no para pelearle a Ubietto, perdón, Massa. El tipo puso la misma cantidad de cámaras que el tigrense, pero el otro tenía la patente del monitoreo ciudadano. Dificultades de instalación y el otro con un proyecto claro que tiene por lo menos dos años de recorrido. 


Nosotros somos unos genios (nada que envidiar al Dr Víctor Von Frankenstein): Massa jefe de gabinete, Cobos vicepresidente, y si seguimos podemos recordar a Alberto (el Fernández malo), ni hablar del ministro de economía que inventó la 125, el compañero Lousteau. Una máquina de hacer traidores, pero así son las cosas (hay que tomar nota). 


Volvamos a la idea. Scioli aparecía demudado en la fiesta, no era para menos. Su proyecto presidencial sufrió un traspié. Nada de lo que no pueda recuperarse, pero se las verá fea con una legislatura implacable. Y no hay que ser hipócritas, a más de uno (y uno se incluye) veía con buenos ojos a Daniel que de pronto no era Scioli tras las PASO como la última esperanza, eso de bajemos varios cambios y quedemos un poco mejor con las capas medias y el stablishment. Nunca pensé que Scioli fuera (y no lo creo) un traidor ni mucho menos, es un hombre de este proyecto. Pasa que lo vive a su manera, y su manera es así como él, como habla, como actúa. Tiene cosas que a uno lo preocupan porque no le ve la fuerza que se necesita para tener a raya a tanto buitre suelto. Y porque tiene agachadas (o convicciones, lo que puede ser peor). 


De todas maneras, Scioli sigue en carrera, pese a que pinchó, le sale humo del capot y está viendo cómo sigue desde la banquina. 


Los otros “presidenciales” (y también “vicepresidenciables”) son Capitanich, Urribarri, Picheto. Lo agregaría a Randazzo. ¿Y las minas? Algunos pensarán en Alicia, no se (me parece que no). Di Tullio es una posibilidad. Y si seguimos nos vamos a la mierda con tanta especulación. Estoy convencido que estas elecciones no adelantaron el 2015. Son muchas las cosas que hay que ver aún, muchas variables, muchos escenarios que cambiarán. 


En principio, se vendrá la vuelta de Cristina, una presidenta que siempre jugó en toda la cancha y todo el tiempo (por suerte, pese a que a veces uno hubiera deseado menor exposición para que no aguantara con el cuerpo todos los pelotazos). Si todo sigue como hasta ahora, estará completamente recuperada (atenti, que es muy potente eso) a mediados de noviembre o fines. Uno desea que se tome todo el tiempo que necesite, porque algún equipo se ha demostrado que hay como para hacer el aguante. 


Cristina vuelve y gobierna no una transición, sino los dos años que restan y hasta el último día. Seguramente será una “gran electora”, lo que no significa la imposición del dedo sino cosas más serias y complejas. Pero el tiempo que viene tras el 2015, será el tiempo de otros. 


Es de pensar, en base a la experiencia de estos años y de muchas circunstancias difíciles (más aún que esta, y los que entienden saben de qué hablo), que el rumbo se profundizará. Hay una dirección y un proyecto, no se va a rifar todo por ganar votos de van de acá para allá movidos por el rating. Sería deseable (y necesario) abrir más el juego, explicar más, perder más tiempo con la gente y menos con nosotros (militantes, amigos, los que van a estar siempre si o si).


Está el amplio kirchnerismo y está también el PJ, una amalgama compleja e inédita como para detenerse a pensarlo un poco. No son construcciones desplazables una a otra, se trata de complementariedades, no exentas de confrontación, contradicción ni sobresaltos. El gran PJ –que es lo que acaba de crujir, no jodamos- busca su cauce y hay de todo en la viña del Señor. Algunos necesitan un Proyecto, ideas claras y firmes, otros un Jefe firme y claro. Hasta ahora lo tuvieron, pero los que se vandearon en la fiesta inolvidable de los noventa (y más aún los que se criaron en ella) se asustan pronto y creen que la identidad es esa cosa que se masca y se escupe cuando pierde el gusto. Siempre va a ver dos (o más) maneras de vivir el peronismo. 


Es decir, el tema del peronismo es más que importante. Muy lejos estamos de colocarlo en una vitrina o imprimirlo en una remera para vender en hard rock. 


Esto se hace largo, hay mucho más que decir sobre todo de lo particular (la cuestión capital, que prometo para una próxima por si a alguno le interesa) pero, si a le parece que esto habla sólo de lo que pasa en el FPV, en el oficialismo, bien, tiene toda la razón. Se puede hablar de la oposición, la variada y localista oposición, y eso también lo dejo para otra vez. ¿Otro mate?

viernes, 18 de octubre de 2013

LEALES





Hoy se cumple un nuevo aniversario de la huelga general declarada por la CGT para el 18 de octubre de 1945. Y es así, sin chicana. ¿O a usté no se le escapó nunca la tortuga? Y tampoco tanto, porque algunos de esos sindicalistas sabían muy bien lo que hacían, y tenían una clara percepción de los tiempos. 


Sabían, por ejemplo, que el 16 –cuando tenía lugar la crucial reunión de la dirección de la central obrera- en muchos lugares de trabajo se venía parando de hecho, que en otros pagos la movilización iba y venía esperando una señal tan sólo (esa que ellos les iban a dar). Sabían que la cosa no daba para más. 


¿Sabe cuál era la discusión? Tenía que ver con que si la central de los trabajadores argentinos podía salir a pelear por la libertad de un coronel (por mejor conceptuado que se lo tuviera por su accionar a favor de conquistas históricas del movimiento obrero) o, si había que atenerse a los principios. Y uno de ellos sobre todo, el que hacía una religión de la independencia de la organización obrera de las patronales y el Estado. 


Los que ganaron la votación (por cinco o seis votos, de un total que hoy parecería ridículo, porque así de chico era el movimiento obrero organizado) argumentaban que el Coronel representaba las conquistas ganadas (al fin y después de tanto) y que si permitían su caída, signaban la suerte de esas conquistas. La venganza de la patronal ya se comenzaba a sentir. 


Además, se autocondenaban. Porque las bases laburantes iban a salir igual y les iban a pasar por encima. 


Tenían razón en ambas cosas. Pero ganaron la votación. La gente ya había comenzado a salir, a subirse a esos camiones en blanco y negro, a correr por las calles de las barriadas con los brazos en alto. Habían comenzado a entrar a la Capital como en una invasión de ensueño. Sonriendo de verse. Como un encuentro demorado tanto tiempo. Saludarse de vereda a vereda porque ya se conocían, desde aquella primera vez que se estaban viendo todos juntos. 


Queremos a Perón.


Hacía casi dos años que algunos se daban cuenta de que eran peronistas, porque el peronismo todavía no existía. Y entonces… 


La historia de la lealtad se mezcla con la otra historia de su media hermana, la traición. Parece ser que no hay una sin la otra. O no, o es un verso que inventan los traidores.


El peronismo tiene las dos historias y tan a flor de piel que da muchas veces pasto a los que malquieren para que se ceben mal. Y es tan linda la gente que da pena el odio. Porque los traidores son la mejor escusa de la cobardía de los que nunca se ven manchados. 


El peronismo tiene la tradición del buen ladrón que se le confiesa a Jesús –cuando se estaba muriendo- y le confiesa su fe y su amor. El Cristo se lo lleva al cielo, porque como se dice que se ven malos que se vuelven buenos (y es terriblemente difícil que un tonto se vuelva inteligente). Y así, el peronismo perdona y salva. 


A no confundirse, que no todo da lo mismo y hay una larga historia para el que quiera andar viendo. Los leales no andan pregonando su lealtad, la viven. Y está. Declaman los otros, y me viene esa desconfianza que descubrí en algunos ojos muy percudidos por la traición que llevaba los nombres de la lealtad. Hay algunos perros que parecen malos, pero es que les pegaron mucho. No son temas fáciles. 


Conocí a un peronista del 45 que decía –sobre todo en sobremesas de domingo- que los primeros zapatos de cuero y cordones los había calzado gracias a Perón, y la primera ida al cine, y la luna de miel en un hotel de lujo. Un rosario de las mismas anécdotas que uno no se cansaba de escuchar. Y también que –eran tiempos de Menem- mejor sería sacar el cajón de Perón y ponerlo en el balcón y que gobierne, que lo iba a hacer mejor. 


También decía que el peronista era un fanático, se le inyectaban los ojos y crispaba las manos grandes. Le asomaba una lágrima impertinente y nombraba a Eva. Cosas de viejo, como cuando salía con los nietos y les compraba de todo –de todo eso que no tuvo- y los mal(bien)criaba. Así era el abuelo de mis hijos. 


También supe de un militar que hizo honor a su nombre. Iba y venía llevando y trayendo nieve, y en un momento dijo que no y se plantó con su uniforme y sus generales de verdad (don José y don Manuel). El general Leal, a quien pude agradecer cuando lo reconocí en el tren del Mitre por haber guardado algo de mis soldaditos que desfilaban mi niñez, en medio de tanto frío. 


Siempre hay que ser agradecido y más cuando uno (y no sólo uno) encontró a su familia después de tantos tumbos, que era cierto eso que decía una vieja peronista sobre los que no sabíamos que éramos peronistas. Ovejas perdidas, peronistas encontrados. Buena historia.


Y ahora esta que se está escribiendo. Porque ya no habrá que hacer hacer memoria para irse al peronismo de Perón, a mediados de los cuarenta y los gestos de Evita. Que también, pero por suerte quedó más cerca y los pendejos que nos abrumaban en la plaza de este 17 no se olvidarán, ni los mandarán a su casa, ni les dirán que se callen. Hay descendencia asegurada. Debe ser el viento de cola, de la cola de un vestido que Paco le hizo a Eva para que recibiera a los grasitas. 


Y quién sabe adónde llevarán al peronismo estos pibes. Su peronismo. 


En realidad, la historia del 17 es muy simple, nada más querían a Perón (y lo seguimos queriendo).

lunes, 16 de septiembre de 2013

ACLIMATARSE

Necesidad de aclimatarse a las nuevas condiciones. Es algo a tener en cuenta porque el tiempo pasa, los humores cambian, las circunstancias se complejizan y nada, pero nada es como al principio. Después de una frase tan criptica, convendría ir a los bifes…

Estamos en el pronóstico n°… del fin del kirchnerismo, tan fuerte como en el 2009. Se habla de una derrota electoral imposible de revertir tras el resultado de las PASO. Es decir, que el kirchnerismo pierde en los principales distritos (las provincias grandes), cosa que no sería nueva y también en algunas provincias de las “chicas”, en las que antaño el predominio era incuestionable. Se agrega la anunciadísima y poco comprobada fuga de compañeros hacia el “nuevo liderazgo” de la provincia de BA (esa “hermana mayor” de la generación del 80). Algo de eso ha sufrido la legislatura en La Plata, pases abonos y boletos, así son algunos (vaya novedad). Pero de masividad en la fuga, aún al menos, ni hablar. También están secretamente  los intendentes que –en secreto- confiesan a comentaristas del multimedios opositor por excelencia, sus intenciones de pegar el salto.

Bien. Uno ya ha leído infinidad de análisis y otra cuantiosidad de pronósticos (que en alguna prensa va tomando el lugar del análisis) como para agregar uno más, y encima de entrecasa. Puede ser mucho más útil hablar un poco de lo que se siente, de lo que imagina uno y no mucho más.

Podemos hablar de ciclos, y cuando lo hacemos le ponemos números. Siempre se dice (vaya a saber por qué) de que un ciclo debería tener –caprichito- unos diez años. Y cuando da un más/menos, decimos diez igual, da siempre. Uno aporta lo suyo entonces. Al peronismo –en sus variadas expresiones- este pueblo le va dando tres de esos ciclos: la década del peronismo original (que son nueve, pero que algunos comienzan a contar desde el ’43 y entonces son doce), los largos diez años de Menem (me tienen podrido los que se creen progres por no nombrarlo o se andan manoseando si alguien lo nombra), y la presente que llegará a doce también, pero que en la actualidad son nuevamente diez.

¿Esperábamos mucho más? Digo yo, en este país turbulento, inestable, que le pasa todo y su gente vive como si hubiéramos salido recién de una guerra. Más bien diría yo que estos tres períodos y dos presidentes del 2003 para acá, han sido una gratificante anomalía. Este no es un país normal, y mejor así porque los “normales” no son buenos: unos son gendarmes del mudo y asesinos seriales, otros deben su fortuna a antiguos tráficos de gentes y mercancías, otros han sido (y son aún) piratas y amigos de lo ajeno, todos una bazofia con pasados de palacios con grandes escalinatas llenas de caca (en Versailles pasaba).

Somos América Latina y todos se han enterado con estos gobiernos. Gobiernos con fraseología más grandilocuente que lo que podían transformar, pero iban haciéndolo. Herederos (y no sepultureros) del neoliberalismo, apuntando fuerte y firme al capitalismo de estado, en un estado nacional. Viejas fórmulas de difícil concreción en un mundo post moderno (con los capitales tan globalizados  y las capitales tan cosmopolitas).

Pero así es nuestro gobierno. El que salía del infierno con un coro de ángeles negros y armaba el elenco con ex menemistas, ex duhaldistas y un pequeño grupo de pingüinos. Armar poder, armar institucionalidad, conseguir legitimidad en un país hecho puré. Y el fulano lo hizo, pero se tiró a más, quería llegar al purgatorio. Y llegó. Pudo juzgar a los milicos asesinos –que previamente había disculpado Menem mientras minaba las bases del poder militar, es innegable eso y reconozcámoslo, el fulano hizo bosta todo lo que tocó fuera bueno o malo- y dar batalla cultural a los dos demonios. Y hay asados y alegría en la ex ESMA, por suerte y a mucha honra.

Con bosta se hicieron ladrillos y con esos ladrillos esta casa que nos cobija. Los habitantes somos un poco parecidos a los materiales de construcción, a veces con idénticos resultados. Y veamos –digo por los gritos de las/las cacatúas- jueces y empresarios no elegidos, políticos y sindicalistas sometidos a elecciones cada dos años. Es una diferencia, pero la culpa de todo siempre la tienen políticos y sindicalistas. Son los dueños de la corrupción y de las calamidades. Y muchos pelotudos graznan y duermen tranquilos pensando que los acuna Marx, Proudon, Cousteau o Saint Exupery (depende del grado de pelotudez y de nivel socio cultural). Pero no, el país que añoran no existe y el que existe no pueden disfrutarlo. Alguien dirá que tienen derecho a no estar de acuerdo, al disenso y aún a la airada protesta.

Si. Pero si decís “si”, te replican que gracias por otorgarles el derecho a disentir. Te contestan con chicanas forras de gente inexperta. Agradezco no hacerme la malasangre de ellos y de vivir el mejor momento de mi vida, gobernado de la mejor manera que nunca (yo nací después del Perón original, en plena Libertadora). Y jódanse, qué puedo decir.

Vuelvo a la reflexión apasionada. Compruebo una y otra vez, una y otra elección que el bi partidismo sigue vivo, aunque no goza de buena salud. El radicalismo –más dramáticamente, como es su naturaleza republicana- y el peronismo son coaliciones inestables muchas veces pegadas con moco.

Los radicales tiene algunos signos de mejoría y los peores médicos, la agonía se prolonga y se ha hecho una forma de vida. Pero son la segunda fuerza institucional, al menos. El peronismo en cambio, se quiebra, se divide y se diferencia ejerciendo el poder político. El kirchnerismo es un sector del peronismo, a juicio de yo, el que mejor interpreta la esencia del peronismo original y las nuevas épocas. Pero sería necio y absurdo negar el peronismo llamado “federal” por conservador o neoliberal, negar el peronismo a la UPAU que trae Massa-Malgarini (Duhalde y Rico, y siguen las parejas). Como uno no niega el peronismo de Menem (y lo nombro por tercera vez, basta de tocarse).

Será una disputa intra peronista ver quiénes hegemonizan, si el PJ sale de su letargo (dicho en general, conozco las particularidades) o el movimiento sigue teniendo la vigencia que se insinuó con tantas agrupaciones y organizaciones (algo de eso hay y llegó nuevamente para quedarse).

Además, hay que decir que el kirchnerismo supo agrupar en un proyecto (o la idea de un proyecto, es otra discusión) a no peronistas. Decir “no peronistas” es, lo sé, algo injusto. Parece que uno sugiriera “ex gorilas” y no es así. Muchos vienen de otras pertenencias políticas a las que abandonaron con despecho, rabia o indiferencia. Muchos otros se incorporaron –desde la militancia a la participación  en familia en los actos o en los decires y discusiones familiares- por primera vez a un bando político. Muchos fueron por primera vez “oficialistas”. No es poco haber logrado algo así. Y esa marea se consolidó (tiene un piso de casi el 30% de las voluntades) en estos diez años. Obra de la conducción y no viento de cola. Obra de muchos predicadores y realizadores, de los estratégicos y de los muchos tácticos. Y el peronismo en el centro, pero muy convividor.

No me parece que eso se acabe. Habrá sido para muchos, lo mejor que les pasó en la vida (al menos en la vida política). Si puede ser que haya cambios a partir del 2015. No de esta elección.

Y hay que ir pensando en el 2015. No me estoy refiriendo –solamente- a candidaturas, sucesión, etc. y etc. Digo la manera de transitar estos dos años que de lujo gobierna aún Cristina (lujo, demasiado para mi país muchas veces), para que lo fundamental sea irreversible.

Se hace irreversible cuando la gente (cuando se asoma como Pueblo, que pasa poco pero pasa) toma algunas cosas como dadas y propias, es más difícil quitárselas (nunca imposible). Y pienso: la jubilación estatal, el ANSES, las reservas y este Banco Central, la inversión social, la Asignación Universal, la Sube, Aerolíneas, la incipiente estatización de FFCC, los canales culturales y la TV digital, la aplicación de la ley de medios, las regulaciones y controles estatales (también incipientes), la costumbre de tener paritarias todos los años, por decir algunas.

Puede fallar, claro que sí. Todo se puede ir al carajo con los que les parece, por ejemplo, que pueden convivir perfectamente un régimen jubilatorio estatal y otro privado; que es un buen momento para tomar deuda externa (las tasas deben andar por el piso) y que es fantástico tomar deuda del exterior para financiar déficit futuro (bueno, dicho así queda para el culo); hacer una vaquita entre todos los argentinos para pagar a los fondos buitres y que no molesten más; reconciliar a los argentinos y parar con los juicios a civiles cómplices de la dictadura; meter mano dura con los pendejos delincuentes a ver si se asustan (o se mueren).

En definitiva, corre peligro lo bueno de esta época (y se puede discutir lo objetivo de lo bueno) si el país vuelve a ser normal o como siempre, a su destino cagón y lloroso, de rebelde pelotudo que cuida a Willy, de miserables que putean pero no devuelven los subsidios, de mierdas humanas que hacen guita a lo pavote con los pavotes.

Vendrá otro tiempo, sin duda. Aunque esto de alguna manera siga, nada será como ahora ni como antes. Tendrá otra(s) impronta(s), de otro elenco. Tal vez más lento, más sonriente, menos “crispados” y más afectos al acuerdo fácilentregandoalgoperomuchomásqueantes. No es asunto  de palabrería, la contradicción estará (y lo digo sin eufemismos, por si el próximo llegara a ser Scioli o similar) en hacer más tranqui esto o matizarlo para que pase suave, hará crecer a los que no quieren que pase y quieren que se termine. A esos que les conviene la crisis sin salida, porque ellos cobran la salida.

Algo puede perderse, mucho quedará. Y si esto no siguiera, habrá otros que recojan las banderas y nuevamente las lleven a la victoria (con ese mismo nombre querido). Si se logra la continuidad, será una continuidad a libro abierto.

De todas maneras, muchos deberían ir viendo desde donde comienzan la caminata en procesión a Calafate, para agradecer/ pedir perdón, que cada uno vea.


De todas maneras, pienso que como tantas veces (y tantas no) se va a lograr. Volvimos de cada una.