lunes, 6 de octubre de 2014

LA BUENA GENTE



Un buen tipo. Totalmente, porque lo conozco desde siempre. Y sin embargo…Me dice en un momento: “A mi lo que me molesta del gobierno, es que te obliga a definirte, a estar de un lado”. Ah, mierda.

Un tipo, viste, como la clase media (y no vengamos con esta cosa sofisticada de qué es la clase media, las clases medias, las capas medias, las medias); como la clase media que nos vota(ba). La que no da para progre pero tampoco para la derecha; la que va por ahí caminando en el ancho mundo del filo de una navaja. Como mi familia, algo así. 

Y me lo dice con cara de preocupado, casi con fastidio o mejor, con fastidio, casi preocupado. Lo joden, lo empujan para que opine, para que este de un bando o del otro. A uno se le ocurre que el fulano podría cuestionar que muchas veces no hay dos bandos, que puede haber muchos puntos de vista (y de fuga), o al menos más de dos. Pero no, nuestro interlocutor no va por ahí, se queda mucho antes. Le molesta que le hagan tomar posición sobre todo y a cada rato. Justo lo que a uno le parece fantástico. ¿Se ve la distancia?... a él lo fastidia lo que a mi me tranquiliza. 

No jodamos, uno se siente bien en el conflicto. Decidir, tomar posición –cuánto más aún optar- son esos momentos necesarios de la toma de conciencia  (y muchas veces también eso es insuficiente). 

Ocurre que la toma de posición se relaciona íntimamente con la acción. Si se pensaba si o si algo sobre algo, es que consecuentemente se iba a hacer algo (sobre ese algo), ya sea para modificar o impedir que se modifique algo. Definirse, tener una opinión, darlo a publicidad… hacer lo que hay que hacer. Encima, si se trata de una postura contra (el) poder, eso que se debe hacer seguro no es placentero ni va a reportar un beneficio inmediato. Más bien es complicarse. 

El tipo no quiere complicarse, porque bastante se complica en la oficina; cuando se queda después de hora sin extras por el balance; cuando la empresa cambia de manos y de fulanos y a él no le toca que lo echen (como otras veces que si le tocó) pero si le toca el estrés que le gotea en la nuca. Se le complicó cuando las hijas comenzaban a salir y miraba el reloj cada quince minutos hasta que llegaban. Cuando se enfermaba el perro. Cuando llovía un sábado. Cuando quiere comprar eso que quiere y no llega. Cuando cambia el auto. Cuando quiere cambiar el auto y queda para más adelante. Cuando lo cambia por un cero y se la complican cobrándole un plus hasta por el color. Cuando hay más cuandos, porque como dice un amigo “uno es de la clase y/o, o te comprás esto o te comprás lo otro, pero los dos no”. Y sobre todo eso se cargan las cuestiones de la mujer, la familia, los amigos; hay problemas para todos.

Hay que tomar posición, si. A veces es entre dos cosas. Y hay que plantarse. A poca gente le gusta el quilombo, pero a veces… Además, ¿quién es el que hace quilombo, uno que se planta o esos cosos que te empujan y hacen que tengas que plantarte? No es cuestión ahora de argumentarle al fulano demasiado porque si, es verdad, parece que quisiéramos cagarle la vida en tren de salvársela.
Por ejemplo, le digo sobre lo bueno que sería una sociedad de clase media, sin ricos ni pobres. El tipo se entusiasma (¿sabe que eso se llama peronismo?). Pero ahí se da cuenta, o uno va y le dice para ahorrar tiempo que los ricos no van a querer (y encima van a convencer a algunos pobres para que tampoco). Bardo.

“Patria si, colonia no”. Bien, pero seguro que los colonialistas se enojan. De otra manera: “liberación o dependencia”. Y de costado un ñato que te susurra “bueno, eso de la dependencia habría que ver…”.

Veamos, el tipo casi siempre estaría con la opción correcta, la de los buenos tipos, la que remite a los valores que le enseñaron en la familia (que no son un rejunte de turros). No tuvo en cuenta que eso no es lo lógico, no es natural, no está de acuerdo todo el mundo. Va a haber pelea, seguro. 

Vos le hablás del enemigo. Tremendo, el Enemigo. Es malo, el enemigo seguro es malo y no se la banca, algo va a hacernos. Si el enemigo encima es muy poderoso, bueno, peor. Seguro que uno tiene razón, pero no se puede ir contra intereses tan poderosos, habría que tomar otras medidas, otras formas menos, menos, menos… el tipo se embarulla. Trata de repetir lo que escucha en todos lados (en todos esos lados en que se repite una y otra vez lo que se editorializó a la madrugada para poner la agenda del día en la cabeza de la gente). ¿Se lo cree todo? No, todo no, pero algo… Pega muy fuerte la argumentación que le haría eludir el conflicto, la confrontación temida. No se lo dicen pero hay una palabra clave: rendirse. 

Vos salís con las manos en alto y no te pasa nada. Vos no te metías en cosas raras, y no te pasaba nada. Vos te hacías el boludo, los otros hacían paro y el aumento te tocaba igual. Los más débiles se vuelven buchones, los más cocoritos supervisores y a los que se van ganando, un buen día terminan nombrandote el raidor del mes. ¿Es así?

¿Entonces el tipo es primero un boludo, se descubre cagón y se vuelve traidor? No, pero por supuesto que no. Solo pasa que no le gusta que lo metan a cada rato a andar decidiendo, porque el que decide deja algo de lado (y toma otro algo pero a largo plazo). Así y todo, no podemos endulzarte el conflicto, como tampoco prometerte que no va a ocurrir. 

Antiguamente, la catarsis se hacía en los sindicatos. De alguna manera participar con otros te hace un poco valiente. Saber lo que se hace, estar convencido después de haberlo hablado con otros (esos pares) hace que la angustia abra paso a la buena conciencia de estar donde uno cree que se debe estar. Pero bueno, es otra historia.

Hay que hacer algo con el fulano, aparte de sermonearlo. Habría que escucharlo, porque entre todas las palabras que le puso esa “editorial” en la boca a la mañana se esconde su propio pensamiento. Sus ideas, a veces muy contrariadas y muy asustadas. Algunas seguro son iguales que las nuestras. Algunas, seguro que son mejores. 

De esto se trata el voto de las capas medias, esos sufragios que ganamos un día y perdemos al siguiente. El problema es que siempre con gobiernos peronistas (menos con ese) esos sectores sociales crecen porque la movilidad social ascendente ocurre. Y los perdemos… Por cuestiones culturales del país agroexportador que vive aún en el subconsciente, los perdemos. La hegemonía cultural no es la nuestra y los fulanos van siguiendo con sentido común el discurso dominante, el histórico, el de siempre, el del poder real. 

Porque por más que tengamos el gobierno a favor cada tanto, el peronismo en si es contra cultural. La buena gente suele confundir gobierno con Estado, y cuanto más gobierno con poder. Un señor un buen día habló de la necesidad de predicadores, y esos son los que esparcen una buena nueva o una causa nacional que en un país culturalmente colonial, es una buena nueva. 

Qué lindo sería pensar en el asado del domingo, la vuelta en auto con la familia, sacar a pastorear al perro, cagarse de risa con los amigos. Y nada, es muy lindo. A mi también me gusta. 

Uno podría decir como para rematar: el hecho maldito del país burgués. Tomar posición, definirse. 

Y si… (yo te espero).

viernes, 29 de agosto de 2014

SABIOS Y PRUDENTES...



¿Cómo fue que llegamos a esta foto? Llegaron ellos, por supuesto, pero el movimiento obrero organizado es un concepto que nos incumbe y abarca y por eso entonces la pregunta viene formulada de esta manera. 

Acá están los tres protagonistas estelares de la nueva coalición sindicalopositora. Está el Momo Venegas, mandamás de los peones de campo y de Necochea, corresponsable y titular del gremio que más gente en negro registra (o no registra en ningún lado), observador incansable de esas “costumbres del campo” –que en la ciudad no se entienden- como se justificaba Etchevehere  para describir relaciones cuasi feudales y reducciones a la esclavitud como las que vino a terminar el Coronel Perón. Está Moyano, el despechado, que tuvo una participación digna y destacada en la dura prueba que el peronismo tuvo con el Menem style (y que pocos pudieron sortear como él), que fue puntal del primer kirchnerismo con Néstor vivo y aún en el principio de Cristina, pero que renegó como si alguien le hubiera quitado algo a lo que se creía acreedor. Y está Barrionuevo, un excremento de la peor derecha peronista a la usanza 3 a pero en minúscula, un ratero de la clase obrera. 

Faltan actores… Falta la tía Micheli agitando desvergonzadamente la figura de Abdala y vociferando por izquierda,  cuando se viene sentando por derecha con cuanto (oli)garca venga adosado al servicio de buffet. Falta el PO, Pitrola con cara de amargo obrero y Altamira con su lucidez teórica y su delirio práctico. Falta el PTS, el MST, el PTP, el STP, el LTA y cuantas combinaciones puedan soportar media docena de letras. Es decir, la pata circense de piquete y corte conpocagente. Actores secundarios si, actores necesarios también. 

Esa es la foto ampliada. Pero la idea de este comentario es ir un poquito más allá del paro y de la bronca que te da que justo a un Gobierno como éste, y cómo son funcionales a… y todo eso que los compañeros dicen hasta el cansancio (o hasta que se entienda). ¿Qué pasa con el movimiento obrero?, cosas así de importantes como para salir un poco del día a día.

Porque del otro lado están unos que… bueno, que estén bancando no quiere decir que uno se coma el paquete de galletitas con gusto. Uno piensa en el gitano Cavalieri (ese que en épocas del Turco te recibía sonriendo a la entrada de Parque Norte), en el constructor Martínez del que uno duda y malicia 601 veces. Por mencionar solamente dos. Esos son los “nuestros”. 

Parafraseando a un viejo filósofo: los hay de la CGT Azopardo, de la oficial, de la CTA, pero burócratas, burócratas son todos. Dicho en general y haciendo la salvedad del panorama que se observa por arriba. Por supuesto hay excepciones y también reglas, el movimiento obrero es mucho más que dirigentes circunstanciales aunque la circunstancia dure décadas. 

Una compañera me decía: “paros eran los de Ubaldini, no esto”. Cierto, la CGT de Ubaldini rebelde, incorrecta, más humilde y más de abajo, sobre todo en su gloriosa etapa de lucha contra la Dictadura (y su digna lucha contra el plan de ajuste alfonsinista también). Ese si que congregaba multitudes y no se te atoraba el chori en la plaza. Otros tiempos, formativos para muchos de nosotros (que estamos comenzando a estar maduros, por ser fino).

Después de aquello vino el menemismo y la dirigencia (no todos, no todo el tiempo) se hizo bosta, pero bosta bosta. El sindicalismo cambió y se acomodó (un viejo tema de la ortodoxia), y muchos se hicieron patrones de empresas tercerizadas, aprovecharon los negocios que surgían con las privatizaciones. Se mudaban, cambiaban. Como Pedraza. Esa época hace que uno mire con cierta ternura hasta a un jodido como Vandor. 

El país cambió para siempre y para mal, tanto que aún no podemos recuperarnos. El aire envenenado invadió todo y sobre todo se quedó en la cabeza. Hasta que explotó y saltaron por el aire desocupados acumulados, derechos abandonados, riqueza que ya no iba a ser, y todo eso. Aún así, los que estuvieron sindicalizados tuvieron alguna tabla de la que agarrarse, aún con esos dirigentes (que suelen ser mejores que los patrones).

La organización sindical parece resistirlo todo, aún las estructuras sindicales, aún la burocracia, aún la traición. Es que el movimiento obrero es la gente y la organización, lo demás es menos importante (y si esto lo entendieran todos los laburantes, estaríamos ya fondeando en la bahía del Paraíso).

Nos debemos la cuestión sindical, eso es lo que dice la foto. Pero eso es sólo cosa de laburantes, de laburantes sindicalizados. 

Hablemos entonces de la fuerza del trabajo. No me vengan con el impuesto “al trabajo” y el berreo de la cúspide de esa fuerza laboral. Y decir también que si esos representan un 10% de los trabajadores en blanco, quiere decir que el otro 90% cobra menos de quince lucas… El tema principal, me parece, es ese conglomerado enorme (dicen un 40%, o aunque fuera un 30 igual es mucho) de trabajadores “en negro” o fuera de las leyes laborales, de convenio, de todo. Una masa para la que todo es posible, desde convenientes salarios pactados a la baja y en blanco más un plus de otro plus y dieciocho mil ítems (que no irán a la jubilación), hasta pagas por debajo del salario mínimo (o unos centímetros arriba, estamos en la misma). Ese es un tema para andar protestando. 

No tenemos unificada legalmente a la masa laboral. Es lógico que tampoco la tengamos organizada. Esta es la deuda y no es para cobrársela a este Gobierno, cuyo pecado principal parece ser haber recreado el mundo y la cultura del trabajo en la Argentina, como dignos hijos que Néstor Kirchner y Cristina Fernández son de Juan Perón y Eva Duarte de Perón. 

Los dirigentes, estos dirigentes “sabios y prudentes”, “han sabido mantener incólumes las organizaciones sindicales” como dijo Perón un día que estaba muy cabrero, es cierto. Ahí están los sindicatos, las clínicas (en dispares estados y funcionamiento), los hoteles, los clubes, las prestaciones de todo tipo. Ahí está la tradición de un movimiento obrero que es ejemplo en toda América y uno de los más importantes del mundo. 

Pero sabemos que algo no anda bien en nuestras organizaciones, y ese algo da como resultado (o como advertencia) esta foto. No puede haber cinco centrales obreras, ni dirigentes que vayan  del oficialismo (de un gobierno peronista) a la oposición como si se tratara de un paseo de compras. 

Llegado a este punto uno plantearía la “democratización” de los sindicatos. A mi no con eso, por favor. Ese fue el tema preferido de los que de afuera de los sindicatos nos daban sermones y consejos. Los radicales por ejemplo. Ni tampoco de transformar las organizaciones sindicales en ateneos de lucha por la revolución socialista… Y esta es mi opinión, uno acá viene y opina (o de quien es el bló). Cómo una organización sindical es más o menos democrática lo deciden los que forman parte de ella; el Estado y los patrones aparte. Las oenegés también (vayan a salvar ballenas, que los trabajadores queremos arreglarnos entre nosotros).

Una sola central, un sindicato por rama. También independencia, teniendo muy en cuenta de que el movimiento obrero y la mayoría de los laburantes todavía y por suerte, somos peronistas. 

Hay mucho por hacer, aparte de quejarnos por la foto.

martes, 26 de agosto de 2014

PATRIA O.



En un país que puede armarse con consignas marketineras, ocasionalmente efectiv(istas)as, sentidocomuneras, sensatas, huecamente lógicas, que caen por su peso y tapan tanta oscuridad; en un país pensado turísticamente o fastidiosamente, depende… 


En un país así –que bien podría ser el nuestro y no nuestro-, qué lugar tendrán las otras consignas que derrochaban sentido –no común- incómodo, urgente, maldito, inquieto, con cansancio de abusos y abusos. Y abusos.


Patria o Buitres, dicen y lo pegotean en carteles. A alguien le molesta, pero no por los “buitres” que, en todo caso, pasa como exabrupto descortés, chicana, insulto, porque no hay forma de decir educadamente “buitre”…y “hold out” quiere decir otra cosa (no es la forma fina de decir el contundente Buitre). Entonces va, la consigna marca la cuestión y también la situación. 


Lo que molesta, lo que les molesta es la palabra “patria”. Patria, eso que tenía sentido y mucho sentido en todas las épocas. Pero no para todos. Patria divide, Patria acusa, Patria te pone de un lado o del otro. Patria es así, jodida.


Es por eso que Patria si y Colonia no. Porque Patria excluye, al mismo tiempo que incluye. Patria no es para todos. Patria es para patriotas. La Patria dejará de ser colonia, o la bandera flameará sobre sus ruinas (razón de vida de la chica del rodete rubio que ladra al norte y enjoya al sur). 


No es la de los pater familiae, no la de las familias patricias, aunque si la de los Patricios que dieron un golpe de estado contra un virrey. 


Y esta gente nuestra que ahora, en un afán de abrazo, te dice que la Patria es el Otro. Otros, no yo. Otro, no cualquiera. Algunos creen que la Patria es otra, no ésta. 


Antes se dijo Patria o muerte. Epoca brava, Patria brava. Patrias cuarteadas en fronteras de una Patria perdida, enormemente soñada desde abajo del río Bravo hasta las Malvinas. 


Contenido de Patria, la libre o muerta, jamás esclava.


Resulta relativamente fácil comprender lo de Buitres, para quien quiera entender y ande bien de memorias, a quien no le patine el pedal demasiado y pueda ponerse a recordar lo que hace poco se había hecho con la Patria. Por eso -cuando alguno hace ese truco de pensar- nos previenen sobre lo malo que puede ser la lógica “amigo-enemigo”, deseando que “enemigo” sea un término a olvidar y un concepto a no tener en cuenta. El enemigo no existe, señores. Una Patria con adversarios circunstanciales, sin contradicciones fundamentales, sin tensiones estructurales. Sólo con el problema de la corrupción, la delincuencia, la droga y la mala política. Sólo eso. 


El Buitre viene a ser el enemigo. El Enemigo un buitre. Si se piensa un ratito, se entiende. La historia de la Patria está llena de enemigos, que no pueden dejar de existir por los tantos decretos del olvido.

Lo difícil es la Patria, como siempre. Lo que cuesta, lo que obliga, lo que inquieta. 


Detenida-desaparecida por la derecha (infame). Soltada por lo que no aguantaron y necesitaban una escusa tras la cual esconderse. Buscada incansablemente por anónimos patriotas. Encontrada de a ratos. Amada en silencio y también a los gritos. Recuperada. Aferrados a la Patria, sin condiciones, sin promesas, sin vergüenza, sin límites, al borde de la desesperación. Pasional y tercamente. 


Hasta la victoria siempre, Patria.


Cuando se sintió esto, lo demás no importó nada.

viernes, 21 de marzo de 2014

¿QUÉ PERONISMO ES EL PERONISMO?



El peronismo ha sido –desde su nacimiento- el gran afirmador y, al mismo tiempo, el más tenáz refutador del sistema capitalista en la Argentina.

La doctrina y la ideología profunda que la sustenta, diseñan en el imaginario un tipo de capitalismo de Estado, regulador de las tensiones provocadas por las distintas facciones del capital por un lado, y árbitro indispensable para lograr los equilibrios sociales necesarios para la reproducción de la sociedad (capitalista). Un Estado que interviene activamente en la economía, impulsa el crecimiento de la industria y redistribuye el ingreso en favor de los trabajadores y los humildes. 

Bien. Eso ha sido el peronismo de Perón en sus tres presidencias. Si, en las tres. Del período “original” (1946-1955) conocemos los trazos gruesos. Los controles que el conservadurismo liberal de la “década infame” habían ensayado –Junta Nacional de Carnes y Junta Nacional de Granos; Banco Central- se potenciaron con el IAPI , las nacionalizaciones de los transportes y la energía. Se utilizó al máximo la capacidad industrial instalada y se pasó definitivamente del viejo taller a la fábrica, por ser esquemático. Los Planes Quinquenales de aquel peronismo fundacional establecían los caminos para arribar al estadio de la industria pesada, indispensable para un despegue nacional autónomo (tal vez la única posibilidad contemplada en el esquema capitalista).

El desarrollo social propiciado históricamente por el peronismo se condice con ese diseño de base económica. Si se entiende a los empresarios y al capital como un polo poderoso, es necesario equilibrar mínimamente al otro polo, el del trabajo, para ponerse a tono en un proyecto de “empresa nacional”. Además, en un diseño de fuerte crecimiento del mercado interno y culminación del proceso de sustitución de importaciones, es clave contar con consumidores a la altura del desafío. Trabajadores sin ley y al libre arbitrio del capital desatado, genera a la larga o a la corta dos problemas que ningún gobierno con proyecto nacional desea tener: por un lado un obstáculo insalvable para la sustentación del desarrollo económico; y por el otro, la rebelión de los de abajo (más temprano o más tarde).

Si esto lo escribiera un exponente de la izquierda (aún la llamada “nacional”), lo siguiente sería pasar a la fundamentación de un hallazgo recurrente: el peronismo aparecería como “bonapartismo”, “populismo”, o lisa y llanamente como la mejor y más osada herramienta de la burguesía (o de un sector preclaro de ella) para consolidar y asegurar la reproducción del capital y el sistema mismo.

Por suerte (para mi) no es así. Aún acordando con lo esencial del planteo, creo que al asunto le falta la vuelta más interesante. La casualidad de los hechos -más que las causalidades-, entendiendo por “casualidad” el resultado que ocurre sin que fuera el buscado, pero que figuraba cuya posibilidad en el bagaje con el que se abordaba la realidad… repito, ese tipo de casualidad hizo que la alianza de los famosos militares “industrialistas” que lideraba Perón (él y un puñado de camaradas de armas) se estableciera con dirigentes sindicales que conformaban –pero no dominaban aún- la CGT, más sus representados. 

Quedará para la especulación si Perón pretendía un movimiento nacional articulador de una nueva Argentina con antiguos partidos políticos (caso la UCR) y los empresarios comprometidos con el despegue al que aludíamos antes. Si la clase obrera era uno más de los convidados. Lo real suele ser lo verdadero (queda como que lo pensó uno) y el tema es que la clase obrera argentina en su conjunto (mayoritariamente) y con muchos de sus dirigentes a la cabeza fueron el socio, el amigo y el hermano. Así, el peronismo se hizo en familia. 

Teniendo en cuenta este elemento, se entiende la enorme potencialidad que adquirió su programa social, proclamado al tiempo que se hacía realidad efectiva desde que a fines del ’43 Perón pide la Secretaría de Trabajo y Previsión. Lo sabido: todos los derechos del trabajador (la lista es larga, por suerte). Y más aún, cuando Evita se desata con la Fundación y la legislación que se hizo ley con la Constitución de 1949 y el voto femenino. Ampliación de derechos, resarcimientos, homenajes y reivindicaciones. En algunos casos, algo más que una mano en el hombro o una promesa de plegaria. El peronismo se define por la justicia social. Fue justicialismo. 

Había una base social que empujaba y bancaba un programa así. No lo exigía; en base a lo visto entre 1943 y 1946, lo esperaba y por eso habían votado como habían votado. Si no se cumplía, entonces si, en la calle y en la fábrica y gritado bien alto para que se enterara Perón. Porque no se les ocurría culpar a Perón por las demoras y los incumplimientos, sabían muy bien que se trataba de la patronal malaganera, los especuladores y todos esos cosos que la habían pasado de película hasta ese momento. 

Mi amigo Edelmiro F. siempre me dice que el peronismo fue como un colador para las infiltraciones, pero no se refería “a la zurda”. La izquierda nacional como los muchachos de FORJA antes, dice, hicieron un aporte; no vendían gato por liebre. El amigo se refiere en primer lugar al “desarrollismo” de Frondizi y Frigerio que trató de convencer a los compañeros que era posible un Estado de Bienestar con la ayuda de las multinacionales. En la práctica terminó con el plan CONINTES y la represión a los laburantes. 

Era la época del peronismo heróico y esforzado, sufrido de la Resistencia que, si uno mira generosamente es esa época difícil que va desde el ’55 al triunfo del ’73. Un tiempo de radicalización política y lucha que algunos quisieron ver con temor como una desvirtuación del peronismo. Pero la desvirtuación venía de otro lado, de esa pretensión que se hizo costumbre de querer manejar, ponerle cabeza, al gigante bobo. 

Perón volvió y gobernó otra vez. Y más allá de todo (en lo que no vamos a entrar ahora porque nos vamos a otro lado), el año 1974 marcó una recuperación económica incipiente. Cuántos años nos pasamos reclamando los convenios colectivos y el nivel salarial de 1975…

El sufrimiento ideológico mayor fue en los noventas. Con lenguaje peronista se desmanteló el Estado Justicialista y se terminó de pulverizar lo que la dictadura había agarrado a mazazos. No es cuestión de andar contando lo que todos deberían saber. Hasta los trabajadores dejaron de serlo. 

Ahí si fue posible que cualquier cosa fuera peronismo. Sus defectos no pasaban porque alguno metiera la mano en la lata, se aficionara enormemente al turf o corrompiera con cabarutes a los delegados que venían del Interior. No señor, ahora se iba a hacer en serio. El liberalismo podía ser peronista y las marchas fueron de desocupados y de nuncaocupados. 

El problema no era que el peronismo no tuviera doctrina, o que su ideología no saliera del capitalismo. El problema era que muchos peronistas no tenían vergüenza. 

Pero no se notaba tanto, parecía otra desgracia que caía desde el cielo en un país que se hacía anarco sin anarquistas, anómico y puteador del Estado, como enseñaban los señores que habían sido los dueños del Estado. 

De golpe llegó ese peronista que no nombraba a Perón al pedo, el de los mocasines. El de la bic negra. Y se notó. El peronismo fue otra vez peronista, y para muchos pibes fue el primer peronismo. Uno no va a ser la apología del kirchnerismo, negar sus idas y venidas, las zonas sinuosas en que la década ganada tuvo derrotas y errores, porque alcahuetes hubo siempre y aplaudidores también. Pero lo que queda claro, es que el peronismo está vivo. En estos años tuvo y tiene este sello que fue capáz –como genuino peronismo- de ser frentista liderando partidos y movimientista conteniendo nuevas realidades políticas de lo más variadas. Progresistas incluídos. 

En este año y medio, días más días menos, que restan del mandato de Cristina se irá conformando el futuro, más allá de quién sea el ungido del 2015. El peronismo irá hacia una nueva síntesis y a otra etapa de su increíble historia. 

Es cierto que la democracia entiende de números y que los votos son votos. Perón decía que si se quedaba sólo con los buenos, se quedaba con pocos. Para esto hacen falta mayorías, como siempre hicieron falta. Imaginemos ¿no? Que si para transitar un proceso que va del infierno del capitalismo salvaje al purgatorio en el que vivimos, muchas veces no conseguimos hacer que vengan todos los que tenían que venir… que si algunos por esas cosas de la vida le ponen el voto a fulanos que van para atrás (y dicen que van a ir para atrás acelerando). ¿Cómo sería plantear ir para adelante enfrentando a cada poderoso, a cada inflacionador de precios, a cada chorro que vive como un duque y paga impuestos como un jubilado con la mínima, a cada especulador que se las da de empresario? 

Y encima afuera está el mundo, ese mundo desarrollado angloparlante con sus fondosmonetarios, sus clubesdeparís, sus consejosdeseguridad, sus oenegés multinacionales, sus enormes ejércitos. Aunque no salga mucho de todo esto en los noticieros y todo aparezca como una mezcla de corrupción oficial y policiales. 

Este peronismo del siglo vientiuno vino a digitalizar esa foto vieja de fulanos en la fuente, los del techo del tranvía, en una plaza colmada a la noche esperando que les hablaran, pero sobre todo que los entendieran. El peronismo es así, como la SUBE, parece que hubiera existido siempre y entonces uno se olvida… 

O no.