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viernes, 27 de octubre de 2017

EL HERMANO MAYOR

"(...) la Argentina durante mucho tiempo fue un ejemplo de cohesión social, hasta que en 1976 vino la larga noche de la dictadura militar complementada con las políticas neoliberales de los años 90, donde decía bien nuestro amigo presidente de Ecuador no sé qué mano invisible nos prometía que el país iba a crecer y después el vaso iba a desbordar y a llegar a todos los sectores. Obviamente no desbordó el vaso, no llegó la mano invisible y transferimos riquezas a los lugares concentrados de la economía de un modo muy fuerte, cosechamos pobreza, indigencia, destruimos toda nuestra estructura productiva, toda nuestra industria, fue durísimo."

"(...) Nos estamos tratando de recuperar, la verdad que cuando empecé mi gestión le comentaba al presidente Lula y a otros presidentes que ya estaban, como Lagos, que tenían experiencia, que no podía creer que la Argentina tuviera el 60 por ciento de pobreza. Hoy cuando me toca ya terminar mi mandato todavía tenemos un índice muy grande que es del 23 por ciento de pobreza, pero en cuatro años y medio pudimos bajar el 37 por ciento la pobreza, generando políticas que tiendan al desarrollo, con autonomía en la globalización, la construcción de un proyecto nacional, la construcción de un modelo nacional, integrado al mundo por supuesto, pero con sus perspectivas, con políticas de inclusión social, con políticas de redistribución del ingreso, teniendo en claro que hay un modelo neoliberal y la pobreza no es un problema de eficiencia o ineficiencia, o falta de políticas sociales, es un problema de modelos. Debemos tener un modelo inclusivo de distribución de la riqueza, de desconcentración de la economía, construir un modelo industrial en convivencia con la producción y el campo, pero un modelo que tenga fuertes raíces industriales; construir un proyecto educativo fuerte, como lo estamos haciendo en la Argentina, hemos destinado hacia el 2010, año del Bicentenario, el 6 por ciento del Producto Bruto Interno; tenemos que gobernar por propia decisión nacional."

Así hablaba, estas cosas decía en el país, América y el mundo. Y lo mejor, las hacía. La verdad es que la mayoría no lo conocíamos, fue una verdadera sorpresa. Lo votamos en un acto de fe, chamuscados ya de tanta palabrería y tanto traidor. Lo votamos pocos y ganó así, poquito, en el medio de una crisis que se había llevado puesto todo. Le tocó la reconstrucción, y vió que parece ser que es el karma de todo peronista en serio (porque los que no son en serio o se olvidaron, van de fiesta tirando manteca al techo y entregándose al enemigo).

Pero él  no. Así, desgarbado y desprolijo. A las apuradas y con quien estuviera, iba para adelante y después vemos. Teníamos que salir de un infierno, al menos para quedar en el purgatorio. El cielo quedaba para la revolución justicialista inconclusa que se hace y se deshace como nuestra historia. El flaco no tenía tiempo, y ninguno de nosotros sabía qué tan poco tiempo.

Se le dio por escribir la historia con una bic negra. Se le dio por zambullirse entre la gente, se le dio pedir perdón por los pecados de otros, garpar las deudas de otros, sacarle lustre al bronce que otros habían llenado de mierda.

Y fue el que trajo la segunda oportunidad. Quedaban lejísimos los gobiernos de Perón, y el último, terminado de golpe y a destiempo nos había dejado huérfanos. Teníamos en el pasado casi fresco una dictadura feroz; teníamos muchas promesas incumplidas y después, la chantada y la traición, el coqueteo con los liberales y la libertadora... nos habían llenado de vergüenza.

Una madre abanderada de los humildes en el corazón, un Padre Eterno en el cielo, un Tío lleno de honra que se llevó el cáncer (también), tantos hermanos como espectros. No sabíamos, cómo podíamos saber que nuestro hermano mayor venía caminando desde el sur...

Se hizo cargo. Nos levantó de golpe, nos hizo acordar de todo. Era un sueño extraordinario verlo gobernar. Era raro y maravilloso vivarlo, encontrarlo en medio de la plaza, estrechar su mano y que se te quede hablando unos segundos. Quedó dueño de una alegría contagiosa y también de todas nuestras lágrimas.

Lo tuvimos siete años, casi como a Evita la tuvieron esos peronistas de las patas en la fuente. Pero Este nos tocó a nosotros. Cuando a uno le devuelven así la esperanza es para que la cuide, para que no vuelva a perderla porque el fulano, no la perdió nunca.

"Yo soy un militante político, comprometido desde siempre y voy a seguir trabajando fuertemente por todas estas cosas que creo, como sé que lo hacen muchos otros ex presidentes y lo tienen que hacer con la misma fuerza que lo hacían cuando eran presidentes. Porque se es presidente en un tiempo de la historia nada más, pero se es ciudadano argentino, latinoamericano o del mundo, permanentemente, y hay que trabajar permanentemente por esos ideales y las convicciones que uno tiene. Porque con esos ideales, esas convicciones y esas experiencias podemos construir un mundo mejor y podemos dar las respuestas que buscábamos cuando nos incorporamos con fuerza a la política, creyendo que este mundo se podía cambiar."

Así es, querido Presidente. Compañero.


*Las citas son del discurso del Presidente Néstor Kirchner en la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile; 09-11-2007; "Discursos del Presidente Néstor Kirchner 2003-2007 (2da parte); Cuadernos de la Militancia ° 3; Ediciones Punto Crítico; Buenos Aires; 2011.

viernes, 30 de octubre de 2015

EL NOMBRE DEL FUTURO



De las contiendas bélicas más terribles, la peor a la larga es la guerra de las palabras. Las que se lanzan como consignas de lucha, las que dan vueltas y vueltas en el aire, las que cambian de contenido, las resignificadas y las banalizadas. Las que entran por la puerta que no corresponde y engañan, las tremendamente efectivas que lanzan a muchos por el pasillo del corral cuando debieran haberlos guiado a encontrar la salida del matadero.

“Cambio” es una de esas palabras. Es la bandera que blande la oposición política (y económica) para cercar al Frente para la Victoria en estas cruciales elecciones de 2015. ¿En qué momento y cómo “cambio” va en nuestra contra? Consideremos que, en doce años, lo establecido venimos a ser nosotros y nuestros gobiernos. 

Hablamos de “conservar” lo logrado, lo mucho que se ha logrado en estos años difíciles en lucha constante con enormes poderes que no siempre muestran su rostro o que, peor aún, mutan continuamente de máscara. Pero nos quedamos con la palabra “continuidad”. Con lo que se vincula como contrario a todo cambio. 

En nuestra historia nacional, se verifican solamente dos grandes cambios revolucionarios. Una es la revolución de Mayo y la guerra por la Independencia que la acompañó (en una región mucho más vasta que las fronteras del Estado-nación llamado Argentina, en una gran Patria que se extiende desde el área Caribe hasta el sur sur patagónico). La otra, la revolución Justicialista que lideró Perón. Las demás mal llamadas “revoluciones” fueron golpes de Estado cívico-militares. Si vamos a hablar de grandes cambios, tenemos esos nomás. 

Entonces, hablar de “cambio” es una cuestión de real importancia como para regalársela a un adversario y mucho menos a verdaderos traidores a la Patria, que alimentan a ese adversario político. No hablo de votantes, sino de formaciones políticas (los votantes como colectivo no son antipatriotas, jamás). En el pasado, dejamos o no pudimos evitar que la derecha más recalcitrante se quedara con grandes palabras como “Nación”, “celeste y blanca”, “Fuerzas Armadas de la Nación”, “nacionalismo”, y otras por el estilo. 

Ahora resulta que “cambio” significa: basta de planes y de vagos, basta de corrupción, basta de soberbia, basta de impuestos, basta de cepo, basta de inflación, basta de inseguridad, basta de narcotráfico. Y eso que suscita los “basta” vienen a ser las características de nuestros gobiernos. Mucha gente lo cree, la verdad es que casi la mitad de la gente lo cree. Me pregunto qué grado de parentesco tienen los “basta” con “estilo de vida occidental y cristiano”, “matrimonios contra natura”, “libertad de empresa”, “mercado libre”, “Estado mínimo”, “mano dura” y por qué no “subversión”. Seguramente a la mayoría de los votantes que no nos votan, les parecería absurdo ser metidos en esta segunda bolsa junto a estas tremendas palabras. Pero hay filiación entre una cosa y la otra. 

La palabra “cambio” en boca de Cambiemos es el nombre del pasado. De una Argentina dilapidada a la que le habían cortado las piernas. Es imposible volver al 2001, no asustemos más con eso que la historia no va para atrás ni se repite. El futuro puede ser peor que la evocación de las corridas bancarias, el corralito, los piquetes, los desocupados, la clase media haciendo velas y tortas para cambiarlas en el club del trueque. Puede ser peor. Si queremos argumentar pesado, vayamos con eso porque el Cuco existe y salió de abajo de la cama. 

No tenemos ninguna contradicción con otro trabajador, con un vecino, con un familiar, con un amigo que votó a otros. Nuestra pelea es con gente de mucho más cuidado.

Nosotros no podemos entregar el “cambio”. Nosotros somos ese cambio, somos el contenido de la palabra. No sólo por procedencia histórica (que la tenemos), casi ni es necesario remontarse a los gobiernos de Perón ni a la Resistencia. Hay que irse a doce años para acá. 

“Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de cuestionar al Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados y sus consecuencias: la desilusión constante, la desesperanza permanente.”
“En esta nueva lógica, que no sólo es funcional sino también conceptual, la gestión se construye día a día en el trabajo diario, en la acción cotidiana que nos permitirá ir mensurando los niveles de avance. Un gobierno no debe distinguirse por los discursos de sus funcionarios, sino por las acciones de sus equipos.”
“Deben encararse los cambios con decisión y coraje, avanzando sin pausas pero sin depositar la confianza en jugadas mágicas o salvadoras ni en genialidades aisladas. Se trata de cambiar, no de destruir; se trata de sumar cambios, no de dividir. Cambiar importa aprovechar las diversidades sin anularlas.”
“Se necesitará mucho trabajo y esfuerzo plural, diverso y transversal a los alineamientos partidarios. Hay que reconciliar a la política, a las instituciones y al Gobierno con la sociedad.”
“Por eso, nadie piense que las cosas cambiarán de un día para el otro sólo porque se declamen. Un cambio que pueda consolidarse necesitará de la sumatoria de hechos cotidianos que en su persistencia derroten cualquier inmovilismo y un compromiso activo de la sociedad en ese cambio.”
“Ningún dirigente, ningún gobernante, por más capaz que sea, puede cambiar las cosas si no hay una ciudadanía dispuesta a participar activamente de ese cambio…”

Lo dijo Néstor Kirchner en su largo discurso de asunción de mando el 25 de mayo de 2003. Cuando nos habló de un país normal con toda la gente adentro. 

Porque… “Cambio es el nombre del futuro”.


miércoles, 5 de febrero de 2014

EL PAIS NORMAL




 
Argentina no es un país normal. Así se dice siempre, y algunossubrayan “Argentina” como “ese país” que casi no les pertenece o al que no desean pertenecer. Por no decir –está sobre entendido- ese “país de mierda”… Es duro, generalizarlo sería peor. Porque no es verdad, además. No todos los argentinos sentimos eso, diría que la mayoría no siente algo así. Ocurre que “las mayorías” son cambiantes, coyunturales y controvertidas. 

Veamos un poco. Una vez le escuche a Hernán Brienza una cuenta interesante que voy a repetir y completar un poco. 

Con un criterio amplio (en algún caso “amplísimo” y piadoso) podemos decir que Gobiernos populares, es decir, que hayan gobernado para las mayorías y teniendo en cuenta algo parecido a un Proyecto Nacional, siguieron un derrotero más o menos así:

  • §  Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta (25-05-1811 al 04-03-1811): casi 1 año

  • §  Gobierno de los Caudillos Provinciales (en cada provincia), de 1820 a febrero 1826 (hasta la presidencia de Rivadavia): 6 años

  • §  Manuel Dorrego, gobernador de BA (agosto 1827 hasta su asesinato en diciembre 1828): 1 año y 5 meses

  • §  Juan Manuel de Rosas, gobernador de BA, Encargado de los Asuntos Exteriores y Defensa de la Confederación Argentina (varias veces), de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852: 22 años

  • §  Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina (con la provincia de BA escindida del país), de 1854 a 1860: 6 años

  • §  Hipólito Yrigoyen, presidencias (1916 a 1922 y 1928 a 1930): 8 años

  • §  Juan Domingo Perón, presidencias (1945 a 1952, 1952 a 1955 y 1973 a 1974): 9 años y 10 meses

  • §  Raúl Alfonsín, presidencia (1983 a 1989): 5 años y 6 meses

  • §  Néstor Kirchner, presidencia (2003 a 2007): 4 años y 5 meses

  • §  Cristina Fernández de Kirchner, presidencias (de 2007 a 2011 y de 2011 hasta la actualidad): serán 8 años, van 6.

Es decir, Gobiernos que podemos considerar como del “campo popular” ocupan 70 años y 2 meses y cuando termine el mandato constitucional de Cristina serán 72 años y 2 meses. 

En el otro “campo”, se destacan dos bloques importantes. Por un lado, los “gobiernos oligárquicos” que duraron desde 1860 hasta 1916; 56 años continuos. Y para completarla, los gobiernos de facto de las “dictaduras cívico militares” que se descomponen (literalmente) de la siguiente forma:

  • §  Uriburu, setiembre de 1930 a febrero de 1932: 1 año y 6 meses

  • §  Revolución del 4 de junio (Rawson-Ramírez-Farrell), junio de 1943 a 1946: 3 años

  • §  Revolución Argentina (Onganía-Levingston-Lanusse) junio 1966 a mayo de 1973: 7 años

  • §  Proceso de Reorganización Nacional (Videla-Viola-Galtieri-Bignone) marzo de 1976 a diciembre de 1983: 7 años y 11 meses

Fueron 19 años y 5 meses.

Completando el argumento, uno dice que de 203 años de historia independiente fueron 133 años de gobiernos antinacionales y sólo 70 de gobiernos populares.

Por supuesto, que alguno no acordará con todos los períodos “populares” y dirá que habría que fraccionar los momentos en que tiraron para el pueblo y los que pactaron con los grandes poderes y demás. Pasó de todo en nuestra historia, pero a groso modo y por más que usté quite y ponga, creo que la tendencia se mantiene. La verdad es que el sinuoso y tortuoso camino de un Proyecto Nacional para la Nación Argentina ocupó mucho menos de la mitad del tiempo de existencia de la famosa Nación. 

Estamos más acostumbrados a que todo salga mal, que se la lleven los de siempre, que tengamos que ir ventajeando para no perder. A que los poderosos sean poderosos, y digan para dónde se debe ir. Eso es un país normal, aunque nadie lo admitiría porque decir que eso es la verdad, también es confesar que uno es un pelotudo, un pusilánime, un cobarde. Un sirviente. 

Hay algo mejor que tener tanta autocrítica o tan poca auto estima. Y es pensar de uno como un colonizado. Claro, que si se admite la colonialidad entonces estamos frente a un algo de conciencia. No es el caso. El gataflorismo suele encubrir el quejoso gesto cansado del sirviente colonial, sólo que en vez de lamentarse a solas en su habitación de dospordos, lo hace en voz alta, en barra y equivocando siempre el objeto de su odio. 

Es un clásico autóctono arremeter contra los únicos que tratan de beneficiarnos, o mejor dicho, de reivindicarnos. Es que esos, que vienen a ser los de los 70 años, no siempre aciertan con el lenguaje, el cuidado y la manera de dirigirse a tipos tan quisquillosos. Es difícil hacer migas con perros apaleados. 

A veces se descubre (si te lo andan diciendo todo el tiempo al oído) que los “populares” no siempre son tan prístinos, inmaculados como deberían. A veces distan muchos de los príncipes azules que van al rescate de princesas (convertidas en sapos). Imagínese a príncipes peronistas y la hacemos completa. 

La cuestión es que el ideal no se parece al real. Ocurre que lo más conveniente para el sujeto víctima de los verdaderos saqueadores, es reconocer al que defiende sus intereses más allá de los modales, porque si no…

Si no. No es raro pensar que en incontables oportunidades una porción importante del pueblo ayudó a sus victimarios, a los parásitos que viven a costillas de la mayoría, a los poderosos. Pasa. En nuestro país ha pasado muchas veces. 

Haber sido domesticados (educados se diría, quedando bien) por los que gobernaron la mayor parte del tiempo tiene consecuencias, y de todo tipo. En primer término, sepamos que la “normalidad” es un país dependiente del extranjero, vendido, arrodillado, callado, reprimido, colonizado; un país que necesitó matar lo propio para alcanzar la civilización que venía de afuera. Esto, que suena tan antiguo está en nuestro ADN. Lo que veníamos diciendo.

Lo “anormal” es el desafío, la alternativa, el cambio, la ruptura. La incertidumbre también. Sin embargo, hay una porfiada (valiente) inclinación por emprender otro camino y arriesgarse (son esos 70 años que tienen de todo, para bien o para mal, pero queriendo más para bien). 

Otra consecuencia es que no parecemos ser como pueblo patriotas ni nacionalistas. Himno, bandera, Patria, trastos viejos y jodidos que por izquierda le regalamos a la derecha. El patriotismo fue mal mirado por la izquierda “liberal”, esa izquierda que elegía como prócer a Rivadavia porque lo veían como el que había intentado la “revolución burguesa” en el Plata (antecedente necesario para la gran “revolución proletaria”). La Patria quedó para los Caudillos, la Iglesia y los milicos. Lindo favor nos hicimos.

O se regaló también por otras cuestiones. Cómo creer en la Patria si siempre te cagan… Desconfiar de todo y de todos. El temor –que es el verdadero sentimiento en estas circunstancias- vuelve a la gente agresiva, malpensada y torpe. Para qué pagar impuestos si los de arriba no los pagan, y se la tragan. El robo universal de nuestra supuesta riqueza es el justificativo de todas las miserias cotidianas. La solidaridad viene a ser una especie de boludez para que la crean… todos, porque hay que parecer solidarios. Está bueno cuando hay una catástrofe, pero si no... 

Podemos probar a entender que los poderosos, los “grandes intereses” y todos esos eufemismos que usamos cuando la claridad no nos sonríe, atacaron siempre… defendieron sus objetivos siempre. Y su objetivo es asegurar la máxima ganancia con el mínimo costo en un marco en que la producción se realiza socialmente y se apropia en forma privada. Chocolate (pero del bueno).

Uno puede berrear por tal o cual medida. Hay derecho, para eso estamos en democracia. Uno puede pensar lo que quiera y no tiene necesariamente que acordar con un gobierno porque le esté yendo mejor. Esto pasa mucho, ¿no? Como cuando, por hablar de algo en concreto, la gente más beneficiada en estos últimos años por los gobiernos de los Kirchner, odia a estos gobiernos de una manera poco vista anteriormente (salvo con la Señora de los billetes de cien). 

No es imprescindible estar de acuerdo y ponerse una camiseta. Pero es imprescindible no ser cobarde, no ser hipócrita y reconocer que se está mejor y que los argentinos deberíamos saber lo que pasa cuando gobiernan esos 133 años. Lo que nos pasa.

Saludablemente muchos compañeros estamos de acuerdo y nos ponemos una camiseta. Tampoco por eso dejamos el criterio colgado en la puerta de casa. ¿Quién puede estar de acuerdo con todo y todo el tiempo? 

Las mayorías son volubles. Cuando las tenemos en contra y también cuando nos favorecen. El kirchnerismo, con toda la buena nueva que viene siendo desde hace diez años, también pasará. Vendrá otro tiempo con otros hombres y mujeres en la conducción. El tema es que podamos enganchar el hilo del proyecto nacional (con minúscula, como para no panfletear) y no lo soltemos más. Se trata de eso; porque los 133 pesan en el cuerpo y mucho más en la cabeza.