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miércoles, 5 de febrero de 2014

EL PAIS NORMAL




 
Argentina no es un país normal. Así se dice siempre, y algunossubrayan “Argentina” como “ese país” que casi no les pertenece o al que no desean pertenecer. Por no decir –está sobre entendido- ese “país de mierda”… Es duro, generalizarlo sería peor. Porque no es verdad, además. No todos los argentinos sentimos eso, diría que la mayoría no siente algo así. Ocurre que “las mayorías” son cambiantes, coyunturales y controvertidas. 

Veamos un poco. Una vez le escuche a Hernán Brienza una cuenta interesante que voy a repetir y completar un poco. 

Con un criterio amplio (en algún caso “amplísimo” y piadoso) podemos decir que Gobiernos populares, es decir, que hayan gobernado para las mayorías y teniendo en cuenta algo parecido a un Proyecto Nacional, siguieron un derrotero más o menos así:

  • §  Mariano Moreno, secretario de la Primera Junta (25-05-1811 al 04-03-1811): casi 1 año

  • §  Gobierno de los Caudillos Provinciales (en cada provincia), de 1820 a febrero 1826 (hasta la presidencia de Rivadavia): 6 años

  • §  Manuel Dorrego, gobernador de BA (agosto 1827 hasta su asesinato en diciembre 1828): 1 año y 5 meses

  • §  Juan Manuel de Rosas, gobernador de BA, Encargado de los Asuntos Exteriores y Defensa de la Confederación Argentina (varias veces), de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852: 22 años

  • §  Justo José de Urquiza, presidente de la Confederación Argentina (con la provincia de BA escindida del país), de 1854 a 1860: 6 años

  • §  Hipólito Yrigoyen, presidencias (1916 a 1922 y 1928 a 1930): 8 años

  • §  Juan Domingo Perón, presidencias (1945 a 1952, 1952 a 1955 y 1973 a 1974): 9 años y 10 meses

  • §  Raúl Alfonsín, presidencia (1983 a 1989): 5 años y 6 meses

  • §  Néstor Kirchner, presidencia (2003 a 2007): 4 años y 5 meses

  • §  Cristina Fernández de Kirchner, presidencias (de 2007 a 2011 y de 2011 hasta la actualidad): serán 8 años, van 6.

Es decir, Gobiernos que podemos considerar como del “campo popular” ocupan 70 años y 2 meses y cuando termine el mandato constitucional de Cristina serán 72 años y 2 meses. 

En el otro “campo”, se destacan dos bloques importantes. Por un lado, los “gobiernos oligárquicos” que duraron desde 1860 hasta 1916; 56 años continuos. Y para completarla, los gobiernos de facto de las “dictaduras cívico militares” que se descomponen (literalmente) de la siguiente forma:

  • §  Uriburu, setiembre de 1930 a febrero de 1932: 1 año y 6 meses

  • §  Revolución del 4 de junio (Rawson-Ramírez-Farrell), junio de 1943 a 1946: 3 años

  • §  Revolución Argentina (Onganía-Levingston-Lanusse) junio 1966 a mayo de 1973: 7 años

  • §  Proceso de Reorganización Nacional (Videla-Viola-Galtieri-Bignone) marzo de 1976 a diciembre de 1983: 7 años y 11 meses

Fueron 19 años y 5 meses.

Completando el argumento, uno dice que de 203 años de historia independiente fueron 133 años de gobiernos antinacionales y sólo 70 de gobiernos populares.

Por supuesto, que alguno no acordará con todos los períodos “populares” y dirá que habría que fraccionar los momentos en que tiraron para el pueblo y los que pactaron con los grandes poderes y demás. Pasó de todo en nuestra historia, pero a groso modo y por más que usté quite y ponga, creo que la tendencia se mantiene. La verdad es que el sinuoso y tortuoso camino de un Proyecto Nacional para la Nación Argentina ocupó mucho menos de la mitad del tiempo de existencia de la famosa Nación. 

Estamos más acostumbrados a que todo salga mal, que se la lleven los de siempre, que tengamos que ir ventajeando para no perder. A que los poderosos sean poderosos, y digan para dónde se debe ir. Eso es un país normal, aunque nadie lo admitiría porque decir que eso es la verdad, también es confesar que uno es un pelotudo, un pusilánime, un cobarde. Un sirviente. 

Hay algo mejor que tener tanta autocrítica o tan poca auto estima. Y es pensar de uno como un colonizado. Claro, que si se admite la colonialidad entonces estamos frente a un algo de conciencia. No es el caso. El gataflorismo suele encubrir el quejoso gesto cansado del sirviente colonial, sólo que en vez de lamentarse a solas en su habitación de dospordos, lo hace en voz alta, en barra y equivocando siempre el objeto de su odio. 

Es un clásico autóctono arremeter contra los únicos que tratan de beneficiarnos, o mejor dicho, de reivindicarnos. Es que esos, que vienen a ser los de los 70 años, no siempre aciertan con el lenguaje, el cuidado y la manera de dirigirse a tipos tan quisquillosos. Es difícil hacer migas con perros apaleados. 

A veces se descubre (si te lo andan diciendo todo el tiempo al oído) que los “populares” no siempre son tan prístinos, inmaculados como deberían. A veces distan muchos de los príncipes azules que van al rescate de princesas (convertidas en sapos). Imagínese a príncipes peronistas y la hacemos completa. 

La cuestión es que el ideal no se parece al real. Ocurre que lo más conveniente para el sujeto víctima de los verdaderos saqueadores, es reconocer al que defiende sus intereses más allá de los modales, porque si no…

Si no. No es raro pensar que en incontables oportunidades una porción importante del pueblo ayudó a sus victimarios, a los parásitos que viven a costillas de la mayoría, a los poderosos. Pasa. En nuestro país ha pasado muchas veces. 

Haber sido domesticados (educados se diría, quedando bien) por los que gobernaron la mayor parte del tiempo tiene consecuencias, y de todo tipo. En primer término, sepamos que la “normalidad” es un país dependiente del extranjero, vendido, arrodillado, callado, reprimido, colonizado; un país que necesitó matar lo propio para alcanzar la civilización que venía de afuera. Esto, que suena tan antiguo está en nuestro ADN. Lo que veníamos diciendo.

Lo “anormal” es el desafío, la alternativa, el cambio, la ruptura. La incertidumbre también. Sin embargo, hay una porfiada (valiente) inclinación por emprender otro camino y arriesgarse (son esos 70 años que tienen de todo, para bien o para mal, pero queriendo más para bien). 

Otra consecuencia es que no parecemos ser como pueblo patriotas ni nacionalistas. Himno, bandera, Patria, trastos viejos y jodidos que por izquierda le regalamos a la derecha. El patriotismo fue mal mirado por la izquierda “liberal”, esa izquierda que elegía como prócer a Rivadavia porque lo veían como el que había intentado la “revolución burguesa” en el Plata (antecedente necesario para la gran “revolución proletaria”). La Patria quedó para los Caudillos, la Iglesia y los milicos. Lindo favor nos hicimos.

O se regaló también por otras cuestiones. Cómo creer en la Patria si siempre te cagan… Desconfiar de todo y de todos. El temor –que es el verdadero sentimiento en estas circunstancias- vuelve a la gente agresiva, malpensada y torpe. Para qué pagar impuestos si los de arriba no los pagan, y se la tragan. El robo universal de nuestra supuesta riqueza es el justificativo de todas las miserias cotidianas. La solidaridad viene a ser una especie de boludez para que la crean… todos, porque hay que parecer solidarios. Está bueno cuando hay una catástrofe, pero si no... 

Podemos probar a entender que los poderosos, los “grandes intereses” y todos esos eufemismos que usamos cuando la claridad no nos sonríe, atacaron siempre… defendieron sus objetivos siempre. Y su objetivo es asegurar la máxima ganancia con el mínimo costo en un marco en que la producción se realiza socialmente y se apropia en forma privada. Chocolate (pero del bueno).

Uno puede berrear por tal o cual medida. Hay derecho, para eso estamos en democracia. Uno puede pensar lo que quiera y no tiene necesariamente que acordar con un gobierno porque le esté yendo mejor. Esto pasa mucho, ¿no? Como cuando, por hablar de algo en concreto, la gente más beneficiada en estos últimos años por los gobiernos de los Kirchner, odia a estos gobiernos de una manera poco vista anteriormente (salvo con la Señora de los billetes de cien). 

No es imprescindible estar de acuerdo y ponerse una camiseta. Pero es imprescindible no ser cobarde, no ser hipócrita y reconocer que se está mejor y que los argentinos deberíamos saber lo que pasa cuando gobiernan esos 133 años. Lo que nos pasa.

Saludablemente muchos compañeros estamos de acuerdo y nos ponemos una camiseta. Tampoco por eso dejamos el criterio colgado en la puerta de casa. ¿Quién puede estar de acuerdo con todo y todo el tiempo? 

Las mayorías son volubles. Cuando las tenemos en contra y también cuando nos favorecen. El kirchnerismo, con toda la buena nueva que viene siendo desde hace diez años, también pasará. Vendrá otro tiempo con otros hombres y mujeres en la conducción. El tema es que podamos enganchar el hilo del proyecto nacional (con minúscula, como para no panfletear) y no lo soltemos más. Se trata de eso; porque los 133 pesan en el cuerpo y mucho más en la cabeza.   






viernes, 15 de junio de 2012

TARTA DE CIPAYITOS


Para traicionar a la Patria, primero hay que saber que existe. Este parece ser uno de los problemas del PRO, ese curioso experimento con que la derecha quiere olvidar su vertiente nazional (ese otro asuntito) y descubrirse más liberal que Alsogaray.

La cuestión parece ser liderar "algo", que se oponga brutalmente al gobierno nacional. ¿Y qué mejor que una causa definida como "nacional" (esa sí con "c" de casa, con "c" de compañero)? No estar de acuerdo con el gobierno en el reclamo por la soberanía argentina en las Islas Malvinas. Una preciosura…

Parece muy brutal, entonces ¿por qué?
Existen (deben existir) una cantidad de argentinos (hagamos un abuso del término) que no acuerdan con que las Islas Malvinas deban ser argentinas. En un esfuerzo de imaginación, voy a hacer una lista de motivos para respaldar una opinión de ese calibre:

- Fue una usurpación pero pasó hace mucho, ya no tenemos derecho a continuar con el reclamo.
- No es lógico reclamar una herencia del Imperio Español; el mundo moderno tiene otras lógicas.
- No es bueno oponernos a la política exterior de una potencia de primera magnitud como Gran Bretaña; si bien es injusto, podemos tomarlo como un pequeño precio a pagar por estar insertos en el mundo.
- Hay que tener en cuenta la opinión de los isleños que son los habitantes reales de las islas, si ellos se sienten ingleses, debemos respetarlos.
- Los supuestos derechos históricos y geográficos que alega nuestro país son discutidos por las principales potencias en los foros internacionales, corremos el riesgo de aislarnos cada vez más en una posición chauvinista y poco inteligente.
- El reclamo quedó totalmente desvirtuado por la guerra de 1982; por más que digamos que la decisión fue de un gobierno de facto, los ingleses y Europa no lo ven así, de alguna manera todos quedamos salpicados por lo que ocurrió en esa época y nos quita derechos.
- El lenguaje utilizado por este gobierno para renovar el reclamo es agresivo y antiguo, en el mundo de verdad no se habla de "situaciones coloniales", eso pertenece al repertorio del populismo.
- No podemos compararnos con un país como Gran Bretaña, no tenemos la historia, el lugar, la tradición ni el potencial económico y militar. Los reclamos tienen que ver con esos aspectos más que con antiguos derechos.
- Nunca tuvimos en cuenta a las Islas Malvinas como parte de nuestro territorio. Además tenemos una historia de abandono del Interior, no integración económica ni nacional, preeminencia de la Capital sobre el resto; primero tendríamos que hacer realidad la soberanía en la Argentina para poder ocuparnos de las Malvinas.
- Este país siempre tuvo gobiernos corruptos y un Estado sobredimensionado que actúa siempre en contra de la sociedad y coartando la libertad de los privados para comerciar, desarrollar la producción y generar ahorro. Es mejor para los malvinenses no ser parte de esto, pensemos que son ingleses…

Más o menos algo así (a muchos se les ocurrirán infinidad de pensamientos, prejuicios y razones que no figuran en el listado, que cada uno agregue lo que le parece mientras lee), podemos reducirlo a un puñado de principios básicos:

a) el reclamo interfiere en la relación con las potencias mundiales. Estar en armonía con los países poderosos es de suma importancia;

b) no tenemos razón; los países fuertes toman y hacen lo que quieren, es su historia. Nosotros somos un país subdesarrollado; y

c) nuestro país nos da vergüenza; no importa si tenemos razón, lo mejor para cualquiera es ser inglés y no argentino.

Me quedo con c). Sentirse menos, avergonzado ante la cultura que se supone hegemónica y superior, sentirse digámoslo "como un negrito" y encima sabiendo muy bien que los ingleses/europeos (los blancos de verdad) no van a distinguir entre uno y todos los negros que nos rodean, pone a alguna gente en una situación tremenda de subestimación y humillación. Es lógico que, ignorantes soberbios de la propia identidad, resulte fácil abrazarse a otras banderas y a supuestos éxitos ajenos.

Sin entrar a hacer teoría, diría que tiene que ver con la colonialidad cultural del poder. Suena bien pero trata de nombrar a un estado lamentable de degradación cultural, la pérdida absoluta de la propia cultura y el reemplazo por el discurso del amo. Y eso, que se agacha hasta la traición, es lo que verdaderamente debe dar vergüenza.

lunes, 2 de abril de 2012

ROMPA EL MANTO DE NEBLINAS, COMO UN SOL

Es una fecha para hablar del imperialismo, del colonialismo inglés y sus prácticas piratas. Para decir que están explotando pozos petroleros y recursos pesqueros sin control ni cuidado; que persisten en considerar como estratégicos los pasos oceánicos. Que increíblemente levantan el principio de la autodeterminación de los pueblos en favor de una población minúscula e implantada por conquistadores, sólo para rechazar el pedido persistente de una nación del tercer mundo para sentarse en una mesa de negociaciones cuyo tema principal sea la soberanía. Todo eso y más, es justo.

Pero no quiero ir por ahí, me pesan otras cosas. No me gusta la marcha de las Malvinas, me parece muy milica, muy de la dictadura. Me traen los volantes que volaban desde la ventana de un falcon con el dibujo caricaturesco de un soldado argentino cogiéndose a la Thatcher con un exocet. Concientización castrense en población civil. Ahí si nos necesitaban estos turros hijos de puta que usurpaban el uniforme de San Martín.

Una plaza llena. Es cierto. También llena de puteadas, con los gremios y algunos partidos adelante levantando consignas y también el “se va a acabar…”. Terminémosla con lo del apoyo a Galtieri. Les servía pero no hubo apoyo a la dictadura, al menos no de los que el 30 de marzo salieron a desafiarla con muchas bolas. Otros tal vez si, se sabe que estas cosas cuentan con civiles a montones.

Milité en la Caja de Ahorro con un ex combatiente. Lo conocí, lo escuché, hice un esfuerzo por entender. Todavía lo veo en el bar, los rulos, los ojos brillosos y de a ratos esquivos. “Lo que más me duele, me dijo, es que en el Canberra los ingleses nos trataron mejor que los nuestros”. Llegaba al hospital prisión flotante medio sordo de haber estado semienterrado cerca de la pista de Puerto Argentino durante los bombardeos. Atontado de miedo y después de vergüenza.

No hubo recepción a los soldados, hasta el día de hoy no la hubo (quizás en algún aniversario…). No les dijimos que, pese a todo, estamos orgullosos de ellos. Que es una cagada lo que pasó, pero que acá está nuestro abrazo. No les dijimos. Pese a las declaraciones oficiales y a los subsidios, ellos son los que quedaron tras un manto de neblinas. Como esas cruces de guerra tan blancas y tan lejos. Les tocó la colimba en un manicomio de locos furiosos.

Claro que importa. Las Malvinas importan. Uno sabe que muchos de esos que nacieron acá, piensan que los kelpers (y es despectivo llamarlos así, pero bueno) tienen suerte porque son ingleses, y que el error de nuestra historia fue no haber tirado flores en lugar de agua hirviendo (no era aceite) cuando las invasiones inglesas. A ver ahora si eran solamente 17 o 19 “intelectuales” los culorrotos. No, son muchos más. No mayoría, pero muchos más.

Televisores, peluches winni poo, relaciones carnales. También hubo eso, caerles simpáticos. No somos simpáticos, somos argentinos. La política de Estado (eso esperamos) por la vía diplomática es lo correcto y sirve. Tener un bloque que respalda es importante. Lo mejor que nos podría pasar es que esa política siguiera su curso.

Y pensar (como se dijo en una solicitada de CGT Brasil en esa época) que soberanía es todo, en Malvinas y en el resto del país. Y uno piensa, soberanía ganada frente al paradigma neoliberal; soberanía del Banco Central al servicio de un modelo de producción para incluír; soberanía de la Corte Suprema; soberanía de tener laburo; soberanía que tendrán los que sean pasados al laburo legal con aportes, jubilación, derechos; soberanía de los que aún duermen en un bajoautopista; soberanía de los que todavía comen en un comedor comunitario; soberanía del petróleo pensado para el desarrollo argentino, en una empresa del Estado o con la principalísima participación del Estado; soberanía de tener trenes nacionales; soberanía de una industria minera que tenga en cuenta el medio ambiente y la gente; soberanía de lo que ya tenemos y la soberanía de lo que nos falta y tiene que venir.

Con esa soberanía, la popular.

Otra vez esa mirada. Lejos. Desconfiado, esquivo. Un pibe de clase media. No un colimba chaqueño arrastrado al frío patagónico más extremo. Un pibe como un vecino de acá a la vuelta. Qué será de él ahora, cómo habrá seguido su vida. Sólo se que seguió peleando en su laburo, haciendo algo de sindicalismo y política, pese a todo. Y todo era que la dictadura seguía, que los habían cagado especialmente como el postre que se deja para el final, que desconfiaba de militares y civiles. No supo sobre el chocolate de Kazansew, los aros de Pierina Dealesi, ni la victoria mediática de Gente y Gómez Fuentes. Sólo los movilizaron a las islas y después, los demalvinizaron.

Lo único que se puede hacer es recuperar pedazo por pedazo la soberanía y ganar la que nunca tuvimos. Y así.

Las Malvinas son argentinas.

lunes, 21 de marzo de 2011

TERRORISTAS ATACAN LIBIA

El canciller Timerman condenó el ataque militar contra Libia y reflexionó sobre la viabilidad del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas:

“Las operaciones militares se deciden en el Consejo de Seguridad en el cual los cinco vencedores de la Segunda Guerra deciden solos. Argentina forma parte del grupo mayoritario en la ONU que busca democratizar” ese organismo, sostuvo el jefe de la diplomacia nacional en su cuenta de Twitter.”

“Además, recordó que ‘Argentina (Perón) fue el primer país en oponerse en permitir que los vencederos de la segunda guerra tengan derecho a veto. Visionario." (La Nación, 20-03-2011).

Venezuela, Uruguay, Paraguay y otros países de la región rechazaron la intervención armada oficialmente. Aún no se expide oficialmente la UNASUR, y sería necesario que lo hiciera para fijar una posición como bloque. La tremenda agresión e intervención en asuntos internos de un país debe ser condenada con energía y denunciados los intereses de sus perpetradores.

Brasil albergaba al Presidente de los EEUU, cuando este monitoreaba las acciones bélicas desde su hotel. Obscenidades que –más allá de toda consideración emotiva que suelen traer los demócratas para muchos colonizados- nos recuerdan que el Imperio puede tener al frente hijos de puta de variados colores, en este caso, café.

Cuando “occidente” bombardea un país del (ex)Tercer Mundo las cosas cambian totalmente. Defienden intereses petroleros, estratégicos y/u ocultan “eticas” que por ejemplo le pueden haber permitido a Sarkozy financiar su campaña (como le recordara el “lider” libio). Sólo algún pelotudo (buscaba otro término pero no lo encontré en mi limitado vocabulario) puede pensar que se defiende la libertad y la democracia lanzando misiles desde el mar y acotando el espacio aéreo de un país soberano.

Los EEUU invadieron Panamá (fines de 1989) con el objetivo de capturar al General de las Fuerzas de Defensa y jefe de Estado Manuel Antonio Noriega, porque era un “narcotraficante” corrupto. Panamá no está mejor después de eso.

También atacaron Afganistán persiguiendo a Bin Laden, y derrocaron a los talibanes, unos turros de aquellos. Aún ese país es un caos y Al Kaeda sigue bien gracias.

Saddam Hussein debía morir y murió ahorcado. Un detestable dictador sacado a patadas en medio de una lluvia de fuegos artificiales, porque eso parecen los bombardeos por la CNN.

Ahora hay que impedir que Muamar Gadafi (o Kadafi, como se quiera) tome Benghazi, el bastión “rebelde” y siga masacrando a su propio pueblo. La lucha contra los malos nunca termina. Nada tiene que ver en esto el interés del pueblo libio ni las cuestiones internas que “occidente” no le dejará resolver por si mismo.

En Libia hay una guerra civil, llena de militares de ambos bandos. Hay un sistema que gobierna hace 41 años y un hombre que pasó de héroe nacional a dictador en ese tiempo. Un buen amigo (y cómplice) de la bien pensante Europa, de su ex metrópoli Italia. Los colonialistas de toda la vida juzgan a feroces dictadores.

¿Se trata de ver quién es el más malo? No, se equivocan los que ven la política internacional desde un tribunal de ética universal. Hasta la vieja teoría del imperialismo “malo” (EEUU) y el “bueno” pasó a la historia, o a la fantasía. El punto de toque sigue siendo el conflicto Norte-Sur, de países altamente desarrollados y países “desalineados”.

Europa como genérico y los EEUU han dado pruebas concretas de lo que son capaces: inventores y regeneradores del más brutal colonialismo, imperialistas confesos, contrabandistas, ladrones y asesinos seriales y en escala. Todo eso no convierte a los Gadafis en lo contrario de lo que parece, pero permite saber quiénes acusan y por qué.

El Movimiento de Países No Alineados tenía un par de preceptos interesantes: la no intervención en asuntos internos de los países y el respeto a la autodeterminación de los pueblos. Sería bueno que la comunidad internacional se guiara por ese par de verdades y no por la barbarie de terroristas “occidentales”. Las Naciones Unidas son hoy una cáscara absurda y malintencionada para encubrir la necesidades de gente muy, pero muy peligrosa (mucho más peligrosa que Muamar Gadafi).

Esto no quiere decir que debamos sentarnos a ver cómo en un país se hacen bosta en virtud del respeto, podemos exigir un alto el fuego, conferencias de paz, negociaciones entre los bandos beligerantes (los opositores libios son eso y no “manifestantes”), mediaciones de terceros confiables a todos los sectores en pugna. Muchas opciones, estamos obligados a tener muchas opciones todos.

El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es un anacronismo y una hijaputéz. La burocracia de las Naciones Unidas destila sangre. Es hora de revisar un orden que está cambiando a pasos acelerados y pasar a una globalización que se base por el interés de los pueblos. Acá en Sudamérica estamos demostrando que es posible.

Pero tiene que ser pronto, porque el terrorismo europeo y estadounidense es insoportable.

viernes, 4 de febrero de 2011

EGIPTO, aquel viejo aliado

Mientras escribo, una multitud sigue convocándose en la plaza Tahrir (“de la Liberación”) de El Cairo, para exigir la renuncia del Presidente Mubarak y su régimen. Según lo que se difunde por cadenas internacionales el conflicto, que lleva (en este caso) casi dos semanas, cuenta con alrededor de 300 muertos y mas de un millar de heridos.

Es difícil para occidentales como nosotros comprender y mucho más, analizar, estos acontecimientos del mundo árabe. Inmediatamente imponemos nuestras categorías –de derecha o de izquierda, pero todas tributarias más o menos lejanas de la Ilustración y la Revolución Francesa- y, para peor, con nuestras propias taras remanentes de una mentalidad colonial que está en el sustrato inconsciente –que en algunos aflora desvergonzadamente- de nuestra cultura. Sobre estas dos cuestiones cabalga la ignorancia, los temores y prejuicios, y la propaganda convertida en relato hegemónico (que llevan adelante los EEUU, Israel y muchas potencias europeas). Hecha la salvedad –de la cual tampoco me salvo del todo- voy a lo que venía…

Leo en la Red Voltaire (para ver el artículo completo, del cual provienen las citas que siguen, moleste con el cursor
acá): “Hace una semana que los medios de prensa occidentales vienen haciéndose eco de las manifestaciones y de la represión en marcha en las grandes ciudades egipcias. Esos medios establecen un paralelismo entre estos hechos y los que desembocaron en la caída de Zine el-Abidine Ben Ali, en Túnez, y hablan de un aire de rebelión que recorre el mundo árabe. También según esos medios, este movimiento puede extenderse a Libia y a Siria y debe beneficiar a los demócratas laicos, no a los islamistas, …”

Para desmentir estas afirmaciones, el artículo señala una serie de argumentos, de los cuales me quedo con algunos que ayudan a comprender un poco la situación:
“… las manifestaciones de Egipto comenzaron hace meses. Los medios de prensa occidentales no les prestaban atención porque pensaban que no llegarían a nada. Los tunecinos no contagiaron a los egipcios sino que les abrieron los ojos a los occidentales sobre lo que está sucediente en la región.” (…) “los tunecinos se rebelaron contra un gobierno y una administración corruptos que poco a poco comenzaron a expoliar a toda la sociedad, privando así de toda esperanza a un número cada vez mayor de categorías sociales. La rebelión egipcia no está dirigida contra ese modo de explotación sino contra un gobierno y una administración que están tan ocupados en servir a los intereses extranjeros que no les queda energía para responder a las necesidades básicas de su propia población.”

En la múltiples manifestaciones anteriores a este estallido, las consignas y motivaciones fueron de diversa índole y sobrepasaron la crítica puntual a la prolongación de un gobierno autoritario: “Los manifestantes se refieren simultáneamente a los acuerdos de Camp David, el bloqueo contra Gaza, los derechos de Egipto sobre las aguas del Nilo, la división de Sudán, la crisis de la vivienda, el desempleo, la injusticia y la pobreza.”

Es que para los medios occidentales, “…los ‘malos’ son los gobiernos que se oponen –o que parecen oponerse– a la política occidental. Sin embargo, para los pueblos, los tiranos son quienes los explotan y los humillan.”

Y sabemos de memoria que los “malos” son “extremistas islámicos” (los extremistas evangélicos a la yanqui, extremistas católicos, sionistas ultraconservadores y demás por supuesto no existen). Por eso es interesante este párrafo: “Los pueblos del Medio Oriente no aspiran a reemplazar las dictaduras policiales o militares que los oprimen por dictaduras religiosas. No existe un peligro islamista. Simultáneamente, el ideal revolucionario islámico, que ya dio lugar al nacimiento del Hezbollah en el seno de la comunidad chiíta libanesa, está influenciando ahora al Hamas en la comunidad sunnita palestina. También puede ser capaz de desempeñar un papel en los movimientos que ya se encuentran en marcha, y ya lo está haciendo en Egipto.” Una cuestión de matices en el análisis que está ausente en el discurso de muchos “especialistas” criollos (todólogos mediáticos).

No se trata del “que se vayan todos” ni de promover la llegada al poder de opositores aceptados por Occidente. Sobre esto, ilustra la nota de la Red Voltaire: “… en realidad sólo existen dos organizaciones de masas, implantadas en la población, que se oponen desde hace mucho a la política actual: los Hermanos Musulmanes por un lado y la iglesia cristiana de los coptos por el otro…” (…) “Unas elecciones beneficiarían a los Hermanos Musulmanes y a los coptos. De ellas saldría un gobierno que abriría la frontera con Gaza y que liberaría al millón de personas allí encerradas.”

De producirse un desenlace tal, y más allá del desarrollo posterior de los acontecimientos, sería un problema real para la política colonial de EEUU e Israel en la región.

No se trata de encontrar “buenos” y “malos”, ni de adivinar cómo se insufla el vivificante oxígeno “democrático” en las sociedades de Medio Oriente. La cosa a remarcar es que los pueblos siguen debatiéndose en un contrapunto de “liberación o dependencia”. Algo que, con particularidades y procesos diferentes sigue uniendo a los Países del (viejo) Tercer Mundo, que alguna vez preocupó a los imperialismos por aquello de “No Alineados”.

Ojalá la situación se resuelva con el menor costo (no más que el ya registrado) y que Egipto pueda alumbrar un período de democracia popular y justicia social, que sólo podrá ser posible en el tiempo si es “a la egipcia”. Y ahí, deciden ellos.