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sábado, 27 de enero de 2018

UNA DE PERONISTAS

El peronismo salió rengo de la Dictadura. Para empezar, puso la mayoría de los muertos, desaparecidos y detenidos (al parecer, una costumbre argentina contemporánea).  La "política" -esa especie de neoperonismo que siempre vuelve- tenía una fórmula que no calentaba a nadie. A pesar de los esfuerzos que puso la CGT de Saúl, a pesar de todos los de abajo que habían resistido, las urnas dijeron como sabemos que otros eran "la vida". Y allí estaba la primera derrota electoral  a manos de Renovación y Cambio, que le había juntado la cabeza a todos los radicales.

Hasta la famosa Renovación que impulsó don Antonio con su triunfo deseado, no hubo una buena, salvo esos extraordinarios choripanes en la Plaza y la 9 de Julio en los trece paros y la arenga extraordinaria del "llorón", que se arremangó la campera megáfono en mano. Así, entre muchos, paramos varias arremetidas contra los trabajadores y, quién sabe, más entrega de los que habían aflojado frente a los todopoderosos.

De la Renovación quedaron un gobierno digno y peronista en la provincia de Buenos Aires, y figuritas: el gallego De la Sota, Grosso y Menem. Tras cartón, a Cafiero le tocó perder imposiblemente una interna imposible, y ya sabemos. Siguió eso que lo más fácil es llamar "menemismo". Una entrega, si claro. Pero no es tan sencillo, porque fue una entrega peronista que mientras se remataban las joyas del Estado, iba de regalo también la abuela y caramelos para tribuna. Una locura bizarra, pero no por las bromas de racistas y gorilas, sino porque se enajenaba parte del alma, la honra, y la vergüenza. Perucas de nacimiento y condición hicieron puteada por el foro, se corrieron, se encerraron en los barrios, otros la pelearon también en la calle, y otros -como el que habla- reciénveniditos, se fueron a tentar suerte con el grupo de los Ocho (que también terminó en desastre). Y bueno.

Vimos desfilar por la plaza masas (secas) que hubieran sido tan pero tan peronistas, bajo banderas rojas o de cualquier color y pelaje, piqueteando, rezongando, agarrándose con las uñas del paravalanchas de la exclusión. Todo se fue a la mierda en el dosmiluno como siempre se dice, como si la historia contemporánea comenzara ahí. Unos corrían por los depósitos, otros se descubrían en economías alternativas e intercambios medievales, y otros solo se tapaban del sol que venía jodido y fulminaba como un verano de cuarenta y cinco grados. Hubo más de uno que hasta creyó que se reinventaba el país y que se iban a ir todos. Mientras, los banqueros iban por la de enserio y se perdonaban las deudas. Había también un peronista en el salvataje, Duhalde con su boca torcida y el peinado de contramano, serio como viuda reciente. Zafamos, y el salario se cayó a un tercio, pero zafamos.

La democracia es así, aún cuando no se sabe que más carajo hacer. Porque los que utilizan dictaduras y parlamentos saben, siempre saben cuándo es el momento de la tajada. A no dudarlo, compañero; estiran la mano y al choreo, total cargan siempre la culpa  políticos y  gremialistas.

En ese momento, como que alguien se olvidó de sujetar bien un piano, cayeron del cielo los Kirchner. Y ocurrió algo extraordinario, porque el peronismo se detuvo en el aire y dejó de patinar en la mierda. Viejas fotografías se recolorearon, del baúl de la abuela volvieron a  salir  los vestidos de domingo. Uno empezó a hablar de esos innombrables que habían dejado los huesos en una juventud maravillosa y trágica. Volvió a sonar eso de la redistribución, en una tarde de mateada en el Infierno cuando un Flaco largo y desprolijo tramaba el asalto al Purgatorio. Y ahí fue el peronismo en bandada, dibujando una sonrisa que algunos días fue carcajada. El pueblo -la parte de siempre y un poco más- se vio feliz y con  la patria agrandada.

De  golpe, estábamos de pelea con los que mandan y no aceptan ser desobedecidos, y para colmo al frente iba una Mina peronista. En el diario salió que éramos una manga de chorros, negros de mierda. Algo así como subversivos, ... a nosotros, que sólo queríamos humanizarles el capital.

No le sigo contando, imagino que usté  estuvo ahí... Por cosas de la democracia y la autosuficiencia, perdimos. Que era lo único que no podíamos hacer. Y ahora hay que ganar, que es lo único que tenemos que hacer.

Usté pregunta en seguida: ¿cómo sea? Enseguida le voy viendo el desfile de traidores e impenitentes, los pecadores y los réprobos. ¿Sabe qué? muchos peronistas sabemos que traidores y chorros van al Movimiento como chancho a los choclos, porque el arrebato es más fácil entre mucha gente, y la deslealtad también. ¿Y qué?, todos sirven para algo.

El tema de los temas es el para qué, eso que alguno llama proyecto, principios, plataforma, plan, y quién sabe más qué ensalada de palabras. El peronismo siempre viene a lo mismo: rescatar la Patria hecha bosta por la pandilla garca, ponerla en valor (y siempre que  pasa, crece eso llamado "clase media") y, vamosaver. Será la utopía pensar que en algún momento pasemos a completar esa Revolución Justicialista, y el país no caiga otra vez en las manos de estos tipos, que sepamos y podamos hablar claro y calar hondo en esos que andan a los tumbos y revolean el voto sin saber que está cargado.  Lo que no se puede hacer es perder la confianza en el pueblo, que sería perderla en uno. Por más que te den unas ganas de mandarlos al carajo, por más que el daño sea tan hondo, y tan al pedo.

No tenemos más que el peronismo como prueba de que la realidad no es imaginación de uno, que anda medio perdido. No tenemos más que ese atadito de ideas, buenas intenciones, realidad efectiva, ilusión para algúndíadesos, las ganas de que sea mejor. De no ver la Patria manchada por la insolencia de ricos tan ricos, por la hijaputéz de pobres tan pobres.

No es mucho pedir, le digo. Simplemente es todo.

Y ¡viva Perón!, sin agregarle nada.


domingo, 9 de noviembre de 2014

CASI 200 GRAMOS



Kirner. Kirtner. Kirch-ner (con un afectado esfuerzo sílaba por sílaba). Kisner o Kísne…(la ere final aspirada, deglutida inadvertidamente). Difícil de pronunciar, difícil de aprender. Fue el primer problema, desconfianzas aparte sobre el futuro, tan jalonadas por la experiencia que bueno… Para nosotros, fue el único problema. 

Quién hubiera podido pensar que se iba a llevar puestas todas las banderas; las de todos, aunque de diferentes maneras. 

Los estandartes orgullosos –todavía victoriosos- del llamado “neoliberalismo”, no otra cosa que un viejo Liberalismo de ahora, restaurado, desmadrado, desideologizado o bien ideologizado (enmascarado), potente, peligroso, sabedor de los hechizos que habían penetrado como nunca el alma de buena parte del pueblo. Demonio masacrador, Belcebú deformador con sus legiones (porque el lema del capitalismo es “somos legión”) haciendo ondear bien alto las banderolas del mercado sin regulación, del estado sin Estado, de la iniciativa privada libre y liberada, suelta como un animal hambriento. Sus (can)Cerveros infundiendo el temor en los pobres de espíritu (esos que tienen poco y creen que pueden perder mucho), temor a la política, temor a lo público, temor a que los roben (mientras los roban), temor al miedo, terror a que alguien hable en voz alta. Las santas banderas del sentido común orientado por la generación del ochenta, la democracia republicana –sin andar aclarando cuál iba a ser la calificación esta vez del voto-, los antiguos cómplices de la gran matanza de la que mejor no hablar. Lo “cívico” que había dejado bajo el foco del escarnio a lo “militar”…

El se paró sobre esas banderolas sin tirarlas a la basura, porque tenía que usar algunas y vestir al país muerto de frío, para dar confianza (para no putearse con todos a la vez). Para construir poder, se dice. Y porque supo antes que nadie que el ADN argentino tiene algo de derecha, a esta altura. Las fue tirando, cómo y cuándo pudo. Las fue basureando, cómo y cuándo pudo. Te fue diciendo que es Estado era nuestro, o había sido. Que era necesario traerlo de vuelta. Estado amigo, para que seas nuestro abrigo, algo así. Y él, que no era de nombrarlo demasiado, te hizo sonreir y recordar “claro, el Estado Peronista”. 

Te dijo que la Corte lo extorsionaba. Te dijo que no se la iba a bancar. Los dejó desnudos por la tele, como hace hoy tineli, pero en serio. Y La Corte se cortó. 

No te repudió la deuda. Sabía que el Congreso de la democracia la había hecho suya, vaya a saber por qué debilidad, imbecilidad congénita, pero fue así. No te mintió con el “no pago de la deuda externa”, para ser felices y que no iba a pasarnos nada. Quiero pagar, dijo. Pero pagar esto y te la bajó, te la bajó… como que no la iba a pagar así como había quedado tras sucesiones incontables de saqueo. Te dejó entrever que había choreo. Que nadie nos prestaba nada ahora que queríamos salir del pozo, porque nos querían mucho en el pozo. Te mostró las caras monstruosas de los monstruos, que no eran caretas de carnaval como nos habían dicho, esas eran sus caras. Les hizo unos bigotes y lentes con la bic negra y te guiñó un ojo (ese que no se le alineaba nunca).

No te dijo que Menem (no te toques nada asqueroso/a) era un hijo de puta, eso ya lo sabías. Te dijo cómo y para qué Menem hizo mierda el Estado que habían construido Perón, Evita y tus abuelos. Y en el peronismo, en el pejotismo (él decía mucho eso, no se si estaba bien) se armó flor de quilombo. El peronismo gustó siempre de verse entre los héroes y las víctimas, no entre los hijos de una gran puta. Pero muchos ahí tenían su domicilio real. Y ojo que se la pasó reclutando cuadros peronistas de las experiencias peronistas cercadas, de la de Menem, de la de Duhalde. Algunos le respondieron vaya a saber si sinceramente, porque  bueno, era el nuevo jefe. Algunos de esos con el tiempo le aprendieron a tener respeto, lo terminaron amando. Entendieron, aprendieron (lo lloraron). Otros no. Otros se sintieron interpelados, acusados, señalados y sacaron el disfraz de peronista, el de una ortodoxia tan vieja como turra, porque fuera de época es turra y recitaron los mantras que jamás comprendieron ni quisieron aplicar. Falsos, hipócritas, más que traidores. 

Después del Flaco, y aún más con la Señora estos “peronistas” se pusieron imposibles, se sintieron como que les tocaban el culo. Feo no, con lo sucio que lo tenían. Ahí saltó uno que pudo tener un lugar en la historia del movimiento obrero, y terminó siendo un forro de la oligarquía. Y aquel charlatán de feria de los judiciales que hablaba de los derechos humanos… Con el tiempo llegó Massa, ese buen alumno con la manzana lustrada en la mano para envenenar a la maestra y llegar a celador. Hagamos un aparte…

Massa aparece de la mano de Adelina, cuando el liberalismo había decidido prostituirse ya que el peronismo se había hecho fiolo. Y ahí va él, jóven y promisorio… apadrinado también por uno de esos personajes incomprensibles y fisurados, el Pato (hola suegro). Por esas putadas y porque no todo sale bien, se mete en este proyecto y este Proyecto compra, eleva… a quienes no debe (porque no es el único). Con el asunto de que quería gobernar Tigre, se va y gana Tigre. Toma la gestión Ubieto –otro caso de enmilicamiento que la democracia lavó- que le había cambiado la cara al Tigre y lo había dejado a punto de caramelo para explotarlo con los nuevos ricos que surcaban las marrones aguas del delta. Delta chic; mucha pero mucha guita. Tigre es enorme y tiene infinidad de situaciones, pero la hegemónica fue la que Sergio consiguió popularizar. Todos creen que es esa. Un ejemplo nada más (más allá de candidaturas y elecciones): se comienza a construir un top y mas hight complejo habitacional junto al río (como narcoDelta pero mucho más)… al lado de la villa El Garrote, viejo asentamiento bravo que todavía debe tener (seguro a medio terminar, no se) el barrio que estaba construyendo Madres (esas locas de Hebe) hasta que un monje negro decidió nuevamente liquidar a la vieja. Todo un detalle. 

Tiene socios y muchos, pero me detengo en uno porque es otro caso de…no se (digo no se, por no poner de hijodeputa, porque no quiero bardear). Fernández, pero el traidor, el corneta del multimedios. Alberto. Fue el único capitalino que el Flaco reconoció (hizo mal porque había otros, o mejor dicho otra) y mientras el gobierno fue nacional y popular sin cuestionar el multipoder de las comunicaciones concentradísimas todo fue bien. Pero cuando la Señora plantó la ley de medios… aunque el quilombo fue antes, discúlpeme usté el desorden, fue con la 125. Esa ley que inventó un pendejo ruliento (este si que de peruca no tenía nada) al que se le dieron varias bolsitas de cumpleaños sin merecerlo. El desbole del campo, cuando se pretendió cobrar algo de la enorme ganancia sojera. Insolencia que Fernández –el malo- no toleró y corrió a contárselo a los que lo conchababan de verdad. Tenía que estar en este fresco (que es más una salpicada contra la pared). 

Los hubo que descubrieron que el kirchnerismo no era peronista. Por muchas razones. Porque era montonero y Perón los había echado de la plaza. Risas en la tribuna, no da ni para explicar pero algo vamos a decir. Si uno se fija bien, el programa recuperador de los K (vamos a abreviar) se parece mucho, pero mucho, a ese que algunos medio puteamos o que nos pareció poco de puro no cazar nada de política a fuerza de tanta energía pendejeril, el programa de gobierno del último Perón, el del ’74. Algo así como un pacto social (que no salió entonces, y le faltaba más de un jugador ahora), paz, reconstrucción del Estado, apertura comercial más allá de los límites del imperio norteamericano, integración latinoamericana y con los Países no Alineados. Trasponga, compañero, haga un esfuerzo y verá las similitudes. Ni que hablar de las Pautas Programáticas de Campora en el ’73…no llegamos a esas formulaciones.  O sea que tamaña acusación es una buchonada por derecha hecha por gente de derecha. Digo esto, teniendo en cuenta el respeto que uno tiene por los compañeros que conformaron la Tendencia y organizaciones como las FAP, FAR, Montoneros, Descamisados, Peronismo de Base. No es decir que los K no eran montoneros porque eran buenos (y lo otro era malo), que quede claro. 

Otra descalificación es el tema de la transversalidad; no son peronistas porque le abren espacio al progresismo, porque relegan al Justicialismo. Más, Cristina no quiere al PJ. La puta, de dónde carajo salieron esos dos si no es del peronismo. El Flaco decía (y este escribiente lo escuchó en persona, una suerte inmensa) que a Perón se lo debe homenajear cuando se gobierna y no nombrándolo a cada rato. Es Cristina la que se las arregla para nombrarlo cada vez que puede, con cada medida de gobierno la Mina te va diciendo la coherencia con las líneas maestras trazadas desde el ’45 y la nombra mucho más a Evita, la homenajea tratando de ponerse a su sombra enorme, casi con timidez. Mirá vos. Estos dos lavaron si el peronismo, porque le sacaron toda la mugre que se le había pegado en el menemismo, toda esa basura liberal, todo el conservadurismo paternalista del duhaldismo, y se lo mostraron a los pibes como una camiseta que no daba vergüenza llevar, que daba, que da mucho orgullo. Eso hicieron desde y por el peronismo. El PJ, bueno, tendrá que hacer lo suyo, ellos le abrieron futuro al Movimiento como corresponde, como sabemos que se debe hacer. Habría que preguntarse si todos esos desvergonzados son todavía peronistas, y ni hablar de los que se juntaron como “pata” para hacernos una Propuesta Republicana, y cuando hacen la V les sale una L.

El Frente para la Victoria es la expresión electoral del viejo frente que armaba el peronismo. Una fuerza contundente –aún ahora, tras tantos años- que se expresa políticamente como Partido Justicialista (al cual sigue siendo un honor pertenecer) y aglutina –por las políticas nacionales y populares aplicadas desde el 2003 hasta la fecha- a sectores progresistas, socialistas, comunistas, humanistas, y otros que los debe haber. A qué tanto lío y tanta paspadura de orto.

Pero hablábamos de banderas, ahora hablemos entonces del progresismo. Del otro, ese que no sucumbió… En su momento Lilita le había exigido a Néstor abandonar el justicialismo para conformar una fuerza de  centro izquierda, algo nuevo (sabemos que es una febril hacedora de partidos, frentes y agrupaciones). El fulano se negó, le explicó que pensaba pelearla desde su partido y la Líder del progresismo se enojó para siempre. Con la Señora es pura envidia, no me caben dudas. Al lado también estaba el nunca reconocido Lula argentino, el inegable Víctor de Genaro, uno que Néstor convocó primero y tardó mucho, pero mucho, pero mucho en decidirse (con la Mesa de Enlace tuvo más iniciativa y más velocidad). Eran los dueños del progresismo tras la debacle del Frente Grande, eran los elegidos de la Ilustración… Y Néstor los cagó, hizo todo bien y mejor solamente para hacerlos quedar como unos pelotudos. Seguramente. Entonces, no les quedó más remedio que ampliar sus alianzas a la derecha. Lilita, porque era en realidad tan gorila como Rojas y Aramburu, De Genaro porque es un pusilánime (y a esta altura un mal bicho). Aparecieron algunos socialistas enojados también como si la barra brava de otro club les hubiera afanado los trapos. La sombra de Norteamérico Ghioldi ondea fuerte en ese partido más que centenerio (e ideológicamente milenario). Para más datos el tal Ghioldi, líder de un sector del socialismo argentino fue funcionario de la dictadura (otro “cívico”), aunque esa es otra historia. 

Ibarra, último tablón flotante del naufragio (el Leonardo Caprio que llegó a la orilla), tuvo siempre una posición ambivalente, poco comprensible y ahora, de capa caída (y mejor no hablemos) acompaña, o sea que nadie le robó las banderas, él se encargó de perderlas. Es por eso que lo dejo afuera de este relato- análisis, que no es otra cosa que una frondosa puteada (como siempre). 

El kirchnerismo dividió, aglutinó, gobernó (gobierna) y logró diferenciar a la sociedad política, a la sociedad en general, poniendo blanco sobre blanco miserias y virtudes. Muchos se pusieron del otro lado de los márgenes que trazaba y debajo de los puentes que tendía. Muchos no quisieron estar, otros querían que quedara claro que no tenían nada que ver. Así son los tiempos de definiciones, así son los tiempos de cambios y de recuperación. Así fue siempre. 

Un periodista, uno que puso la luz de giro hacia Walsh y le pegó derecho hacia Neustadt y Grondona, dijo hace poco que la oposición, todos estos de los que venía hablando, no junta ni doscientos gramos de bosta… En un ataque de furia y como para advertirles que puede que el tan ultrajado kirchnerismo, con su “relato” y su inmensa corrupción podría no estar acabado, podría tener muchos más días que los que cuenta el “renovador” Massa. Y sabe que los mejores días –los de verdad- siempre fueron peronistas. 

Ojalá. Más allá de los sinuosos caminos que Dios ponga a disposición de nuestro libre albedrío, y con todo… 

Ojalá no la junten, para que el futuro no sea simplemente una mierda otra vez.

lunes, 19 de diciembre de 2011

DIECINUEVE (primera parte)

El 3 de diciembre de 2001 el gobierno de De la Rúa estableció el "corralito" (decreto 1570), que imponía serias restricciones a la libre disponibilidad de depósitos, plazos fijos y cuentas sueldo. Se trataba de contener el inevitable colapso de diez años de "convertibilidad" y sistemática destrucción de las funciones del Estado (desde la década del '30 para acá y muy especialmente el desarmado del Estado Justicialista de los cuarentas y cincuentas).

La Alianza no fue mejor que el menemismo. Impensadamente -para la mayoría de los militantes y votantes- fue su continuidad y caída. Implicó también la fase terminal de un mal progresismo que no supo qué hacer con la realidad. Veamos un poco esto, antes de hablar del 19 y el 20.

La década infame de los noventas mostró claramente que los partidos políticos sufrían de una crisis de representatividad y sobre todo, legitimidad. Carreras políticas estructuradas (con postgrados y masters) iban rapidamente reemplazando al militante de antaño. Militantes-empleados, farandulización de la acción política, irrupción de la imagen mediática por sobre el trabajo territorial. Una putrefacción paralela a la de ambitos privados, sin lugar a dudas. Un subproducto del triunfo arrollador del factor financiero sobre el factor producción.

El gobierno menemista tuvo opositores de verdad: en el ambito sindical el Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) con Hugo Moyano a la cabeza, y también el naciente Congreso de los Trabajadores Argentinos (CTA). Paros generales, marcha y carpa blanca son hitos a recordar y no solamente la pasividad y complicidad de la CGT dirigida por Daher y los Gordos. En la política, lo nuevo fue la Comisión de los 8 y más tarde el FREPASO. No es la intención hacer la historia del agrupamiento, sólo destacar algunas cuestiones puntuales.

No era nueva la idea del "tercer partido". Una alternativa (con votos) al bipartidismo justicialista-radical, en línea con la "utopía" socialdemócrata que ya en Europa casi no se conseguía. De cómo esa perspectiva terminó de socio menor (pero muy menor) con un radicalismo desgastado y

De la Rúa como candidato, es algo que hay que preguntarle a los protagonistas privilegiados del momento: un Chacho Alvares, una Fernández Meijide, un Aníbal Ibarra, un Darío Alessandro (y paremos ahí, seguramente se pueden agregar fulanos/as).

Es cierto que el vicepresidente Chacho Alvarez había renunciado a los seis meses para ir a dar clases a la Universidad de Quilmes. Pero muchos de sus compañeros se quedaron haciendo el aguante. La salpicada también les llega, más allá de que el helicóptero de diciembre de 2001 llevara a un único y confundido pasajero.

Y atención: De la Rúa no es un tonto, o un incapaz. De la Rúa es un hijo de puta. El responsable de treinta y ocho muertes, aunque la Justicia lo haya sobreseído (y sin embargo no me caben dudas de su "falta de méritos").

Bien. Ahora hablemos del 19 y el 20…

Ensayo general de la conspiración duhaldista. Intendentes (un par que recuerdo) que avanzan atrás o al costado de turbas saqueadoras de supermercados en la ruta de la infamia conurbanera.

Y uno recuerda el más de un millón de dólares diarios durante la gobernación de Duhalde para el Fondo de Recuperación del Conurbano… Calles de tierra, sin cloacas, barriadas tapadas por el pasto alto, desocupación. Cosas que uno vió cuando hacía encuestas y almorzaba un choripán en Constitución antes de sumergirme en el sur profundo, el oeste profundo. Los pibes tomándose el yogur de la góndola, agarrando lo que podían en changuitos que salían a los pedos. Atorrantes llevándose bebidas blancas en la parte de atrás de la camioneta. Vagos que se iban con la registradora y algunos televisores. Gente que se agolpaba afuera porque decían que se iban a repartir alimentos y al final entraban levantando la cortina metálica.

Habrá habido manija conspirativa, pero también había terreno fértil para que prosperara. La gente estaba hecha mierda y eso es objetivo, no valen las excusas.

Casi una semana de incertidumbre, como que en el aire respirabas que algo malo estaba (por) pasar (pasando). Y en las barriadas se metía sigiloso el veneno del rumor, el gran terror metido por canas oscuros y personajes de avería. "Van a tomar el barrio, se vienen de más allá, esta noche van a tomar terrenos, cuiden las casas". Todos bajo sospecha. Uno se olvida un poco de los vecinos y comerciantes en la terraza de sus casas y negocios con una escopeta, palos. Las fogatas.

Cavallo hablando por la tele. Otra vez Cavallo (y lo trajo, y se lo sugirió al Presidente …) con transformar la Convertibilidad, la canasta de monedas, el blindaje. La mar en coche con más y mejor neoliberalismo en el momento que los dueños de todo te miran y dicen "bueno, te tocó perder", "fue lindo mientras duró".

A eso de las 20 nos enteramos por boca de un Presidente serio "Que han acontecido en el país actos de violencia colectiva que han provocado daños y puesto en peligro personas y bienes, con una magnitud que implica un estado de conmoción interior" y que, por lo tanto, se declaraba el Estado de Sitio (decreto 1678; http://www.lanacion.com.ar/360540-el-estado-de-sitio-regira-por-30-dias). Una figura ominosa en la historia nacional, que siempre fue usada contra el pueblo. Y esta vez, el pueblo no se lo bancó.

Miles salieron a la calle. El Cid Campeador, Congreso, distintos puntos de la ciudad de BA. Un fenómeno que se repetía en las principales ciudades del país. En ese momento, legalidad y legitimidad fueron dos términos antagónicos.

Sin embargo, la gente enfurecida no cuestionaba al gobierno constitucional como tal. Simplemente, decían a quién tuviera que (o debiera) escucharlos, que ya era demasiado. La democracia que debía curar, dar de comer y educar había dejado sus miserias a la vista de todos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LOST

Perdidos. Perdidos y solos en la playa observando el desastre, sin comprender cómo llegaron hasta allí. Más patético aún porque se habían imaginado como una cabecera de playa, algo así como el comienzo de un “tiempo nuevo” que nunca llegó.

En medio de los restos del avión, ya hay grupos que piensan en abandonarlos, tomar sus propios caminos o simplemente, abandonar una playa tan expuesta. Al igual que en la serie, uno como seguidor empedernido traza hipótesis: son parte de un experimente, restos de la guerra fría, están atrapados en una paradoja del tiempo… Quién sabe.

Creo –y arriesgo otra corazonada- que no existió un plan previo, o mejor dicho, un plan coordinado. Se trata más bien de micro emprendimientos de gente que no comprendió aún muy bien qué fenómeno se hizo visible catastróficamente en el 2001.

Ricardo A, por tomar un caso destacado, ve su “tiempo” tras la muerte del Padre. Mide, redescubre un partido político con trayectoria (centenaria, les gusta decir pavoneándose) en un estado de debilidad y falta de liderazgo. Aparte de ser su padre, Alfonsín fue el último gran líder que aunaba la pose de Alem, el aguante del Peludo, la verborragia de Lebenson, el cálculo de Balbín, la parsimonia y la imagen de Illia. Un último grande respetado, finalmente, por propios y extraños, dueño de alguna manera de los oropeles de la recuperación democrática. Ese que entusiasmó por segunda vez a una juventud entusiasta (la primera fue la de la JP, la última la de Néstor) y planteó, así de corrido, el Tercer Movimiento Histórico. Una mochila muy pesada de llevar, sobre todo si los trajes te quedan grandes.

Encima, el pobre malcriado oteó el horizonte y lo hizo mal. Usó la tan cacareada pertenencia a la socialdemocracia como papel de diario en baño de estación, y en lugar de spotearse con Binner se tomó una sangría con el colombiano naturalizado que camina el conurbano bonaerense. Y le cayó mal. Porque resulta que el colorado De Narvaez es un representante de la derecha (él dice que “peronista”, aunque lo seguro es lo primero). Los radicales, que todavía creen serlo, enloquecieron y mucho más después de que todo resultó mucho peor que lo esperado.

El problema –no el único- es que “lo esperado” era posicionarse en las primarias del 14 de agosto como la segunda fuerza, cerca del primero, y pensar en un escenario de segunda vuelta para octubre. Y de paso, hacer un estrago en la provincia de Buenos (Daniel) Aires. Todos sabemos lo que ocurrió.

Voy al otro ejemplo… Eduardo D (el malo, obvio) se convenció que tenía que volver de su retiro político, no le quedaba alternativa. El bañero-estratega revolvió el altillo de su bagaje cultural y encontró: la industria del país pastoril, el orden, el olvido, las buenas costumbres y la siesta colonial. Todo un combo conserva que tiene un hálito de antigua vigencia en el imaginario peronista de los cuarentas. Humanista al fin (concejal de la Democracia Cristiana en los setentas), piloto de tormentas probado, era el indicado para llevar el timón hacia el siglo XXI (evento que tuvo lugar hace once años).

Sólo tenía que juntar todo aquello que fuera herido –por acción y/u omisión- por la aplanadora K. Lo llamaron “peronismo federal”, pero duró muchísimo menos que el federalismo criollo. Lo bueno es que a los Rodríguez Saa, la Camaño, el don Luis, Puerta, Das Neves y demás, los unía y los separaba el mismo sentimiento: el espanto. Así salió.

Se tomaron tierras en el Indoamericano, se prolongaron hasta el imposible los idus del “campo”, se atormentó con todas las posibilidades y las imposibilidades del choreo al ciudadano, se jugó al temor, al terror, se fomentaron las virtudes de la amnesia. Se pronosticó el diluvio universal (sin tomar en cuenta de que el primer mundo es el que lo está viviendo) y, sólo quedó el recurso de denunciar un fraude, un falseamiento de telegramas, un algo informático. El recuento oficial de las PASO (hecho por la Justicia) le dio el incómodo tercer puesto, cerca del segundo, a años luz de la primera.

¿Cómo fue que llegaron a esa playa? Misterio del que no pueden salir. Y además hay personas perdidas como en toda catástrofe (personas “desaparecidas” tiene otra connotación que merece respeto y justicia). Lilita se perdió en las aguas profundas, uno teme por los tiburones.

Perdidos, pero no víctimas. Parecen más “La isla de Guilligan” que “Lost”, pero a no engañarse. Son gente peligrosa.

miércoles, 2 de febrero de 2011

NUESTRO HOMBRE EN EL CAIRO



Tiene experiencia
sabe de lo que habla

Está capacitado para gobernar
y lo hizo en el momento en que nadie quería hacerlo

Es un hombre para tiempos duros
porque sabe manejar los tiempos
y no se deja tutear por la fama
ni la popularidad

Es el hombre que se necesita
Por el trabajo
Por la producción
Por la paz social
con orden social en el presente
Olvidando todo lo malo del pasado

Siempre se para en la línea blanca
de lo posible


No pacta con las dificultades
las resuelve sin importar
los costos
ningún costo

Lo hizo una vez
Se muere por volverlo a hacer


…y este año está al pedo

DUHALDE PRESIDENTE DE EGIPTO 2011

viernes, 24 de diciembre de 2010

BALANCE P'ALANTE

En la “guerra del fin del mundo” es imposible percibir matices. Y como siempre parece que hay que salir a defender la Patria, el debate “amigo-enemigo”, “bueno-malo”, volatiliza la necesaria posibilidad de navegar la promiscua gama de grises en los que suele transitar la realidad. Comienzo un tanto postmoderno para un análisis que no lo es…

La política como actividad incluye las “internas” de todo tipo y estas se dan generalmente entre compañeros, entre los que dicen compartir un mismo proyecto. En un país políticamente “normal” esta afirmación no asustaría a nadie. Esto es un asunto y poder verlo en detalle –para lo cual es necesario recabar mucha y variada información, que no es el caso- pondría ante los ojos profanos una diferenciación de métodos, construcciones sociales y aún de metas que darían para el asombro. Casi, casi rozando los bordes de lo que podríamos llamar “compartir un mismo proyecto”.

Lo que está pasando de un tiempo a esta parte, creo que tiene que ver con otra cosa (y volvemos a las dicotomías de la Patria en constante estado de necesidad). Desde la desaparición física de Néstor –y tras un breve período concedido a la viudéz y al dolor manifiesto e inocultable de millones- el proceso iniciado en mayo del 2003 volvió a estar en la mira. Y esta vez –como se podía intuir en la “crisis” del llamado campo- comenzaron a disparar.

Comenzó con el ataque de una patota al servicio de la burocracia ferroviaria de Pedraza contra trabajadores “tercerizados”, dirigidos por el Peó. Los troskos son inchapelotas, qué duda cabe. Pero los animales fueron a matarlos, se llevaron la vida de uno y dejaron a dos muy mal heridos. Curioso tema el de “dirigentes sindicales” que tienen –per se o por testaferros- empresas que tercerizan servicios (una genialidad de la precarización laboral que infiltró el menemismo), manteniendo “empleados” sin convenio, con contrataciones basura, sin derechos, sin estabilidad y a discreción de la caprichosa voluntad de punteros (perdón, de “referentes”).

Continuó con el “enfrentamiento” de la valiente policía formoseña con miembros de la etnia Qom. Resultado, un policía y dos indígenas muertos. Heridos, detenidos, expulsados. El tema es de larga data: tierras y derechos no reconocidos de comunidades originarias. Gildo Infrán afirma que su policía actuó correctamente. Infrán es un gobernador que se dice “kirchnerista”, pero que tiene mucho más que ver con Roca que con Kirchner.

Se agravó mucho con las “tomas” de predios. Los “ocupas” (xenófobo y racista zócalo mediático con que se los denota) acamparon en el Parque Indoamericano, y en siete locaciones más en lo que parecía ser una toma masiva de tierras y un desborde multitudinario de ocupantes sin vivienda. Desalojo con la Federal y la Metropolitana, dos muertos, reacción de los “vecinos”, otro muerto. Gendarmería, negociaciones, desalojo voluntario. El tema de fondo, la falta de vivienda. La no construcción de viviendas que porfiadamente exhibe como política el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Aún hay “tomas” vigentes, sobre todo la del Club Albariño que mezcla punterismo rancio, avivadas, dinero de subsidios, necesidad(es) básica(s) insatisfecha(s).

En estas acciones se intentó la metodología del saqueo a supermercados, pero no prendió.

Ya casi sobre la Navidad, otro quilombo en Constitución (y van…). Supuestos “tercerizados” ferroviarios (también encolumnados con el Peó) que cortan vías en Avellaneda. La gente que se agolpa en Constitución sin poder volver a sus hogares en el lejano Sur, el extremo calor, el agobio, las fiestas que se vienen. Un grupito organizado que tira literalmente la piedra y el desmadre violentísimo de algo visiblemente armado para tirárselo por la cabeza al Gobierno. La tele (sobre todo CrónicaTV y C5N, claro que TN) mostrando los incidentes sin solución de continuidad durante horas, muchas veces sin mencionar (o con un miserable cartelito que aparece y desaparece mágicamente) que se trataba de “imágenes ya emitidas”, cosa que parezca una especie de guerra suburbana que duró casi un día.

En el medio el gobierno porteño con un Macri que insiste en revolear la media y darle siempre a Cristina. Agresivo, fascista, amenazante, con los ojos celestes acerados diciendo “yo no fui, son ellos”. En el medio Schiavi, un ex jefe de campaña de Macri devenido en K y responsable de las líneas ferroviarias del sur que no pega una pero habla demasiado.

Y también un Gobierno que crea el Ministerio de Seguridad, coloca allí a Nilda Garré –la mina de los trabajos pesados- y ratifica que las fuerzas de seguridad no van a reprimir (a los tiros, como quieren tantos) el conflicto social. Ni siquiera el “armado” como en muchos casos. Ojo, no dijeron que no van a hacer inteligencia ni que no van a usar como corresponde la Justicia.

Entre tanto humo y tanto río revuelto, se ven dos actitudes y más de dos actores. Allí está la candidatura de bocatorcida Duhalde, lanzada impúdica e irrespetuosamente un 20 de diciembre con una mal aprendida coreografía de pastor protestante yanqui. Están también los “peronistas” que, como Ritondo, cofundaron el PRO macrista y saben un poco de cómo utilizar y hacer plata con los pobres y armar quilombos.

Está también alguna izquierda imbécil, catalogada así no por no apoyar al kirchenismo sino por servir sin desmayos al enemigo, creyendo (con seguridad que sus militantes lo creen y son honestos en esto) que lo enfrentan.

Está la derecha. Uno recuerda lo que decía el valiente Rivas (ese socialista) que de los Kirchner lo que más le gustaba eran sus enemigos. A uno le gustan algunas cosas más, pero vale lo dicho. Cuando toda esa calaña y esos intereses se ensañan con este Gobierno, macho ¿no te dice nada? ¿es una pelea intraburguesa? ¿vos sos pelotudo?

El asunto de fondo es que tienen que evitar un tercer período, que comenzaría a consolidar conquistas de los últimos años y daría un aire de continuidad por demás peligroso para esos intereses.

Veamos lo que hay que “evitar”: el avance del trabajo genuino y en blanco; la incorporación lenta pero continuada de vastos sectores sociales sumergidos al empleo, consumo, salud y educación; la consolidación del superávit fiscal como política de Estado (y no verso neoliberal logrado con el enfriamiento de la economía); el reestablecimiento de la participación de los trabajadores en la redistribución del ingreso (el fistifisti de Néstor); la reaparición del Estado como regulador y orientador de la actividad económica; el progreso del bloque americano en el MERCOSUR y la UNASUR jugando como un actor de peso en la discusión de la política global; el triunfo de la Justicia y los Derechos Humanos y la derrota definitiva de la impunidad; la recuperación de las FFAA como el brazo armado del pueblo…

Y la dignidad. Lo peor es que continúe este proceso intenso de que nos sintamos orgullosos de ser argentinos. De aceptar al Che como el héroe de esta época, que cada vez más pibes se pongan remeras con la cara de Eva para que les abrace el corazón y los cuide, de que buena parte de la Historia en serio empiece con Perón, de que lloremos con la desazón de Belgrano y nos levantemos con él cuándo nos mira desde la pantalla y nos dice ¡viva la Patria!

Es que la derecha sabe que todo comenzó un día cuando un fulano desgarbado que no conocía nadie se calzó el traje estrambótico del Eternauta, porque la lluvia de nieve ácida nos estaba calando los huesos.

La Historia no es lineal, pero muchas veces puede recomenzar.

domingo, 14 de marzo de 2010

LOS MISERABLES: El Cabezón

En los años de la chatura más grande que pude ver y sentir, el ruido más común que te acompañaba caminando las barriadas del conurbano sur bonaerense (villas, asentamientos, caseríos perdidos entre rutas que no iban a ningún lado) era el de las botellas plásticas de agua semienterradas en las calles terrosas sin vereda. Distinguías las parejas sin infancia ni adolescencia porque uno de los dos -vestidos igual de buzo y pantalones deportivos- llevaba panza de embarazo. Eran los tiempos del “Fondo del Conurbano”, casi un millón de pesos-dólar (1 a 1) diarios para reivindicar a la provincia más grande y más poblada de la Argentina. Eran los tiempos en que gobernaba Duhalde.


El bañero de Banfield. El hombre de la “renovación” que le había torcido la boca a Cafiero para irse a la aventura con Menem. Don Corleone, la merca como pago político como te contaban todos los vecinos en voz baja (y la corto acá con esto porque uno no tiene las pruebas y tampoco el cinismo de la Dra. Carrió como para pedirle disculpas delante de un juez y sin periodistas).


Un hombre desagradable y tributario de tantos punteros conservadores de la provincia de Buenos Aires que abonaron el primer peronismo, no por identificación con el coronel líder de los trabajadores, sino por odio al yrigoyenismo “corrompido y obrerista” que les sacó la administración nacional en virtud de la ley Sáenz Peña. Ese “peronismo” de la tradición, la “famiglia” y la propiedad privada en que se refugian también hoy reaccionarios de toda laya.


De todas maneras, no es algo personal. Es estructural. Recordemos cuando el Senador se hizo cargo del Ejecutivo flamígero entre el humo del 2001, su mejor perfil. No había llegado por los votos (que siempre le son y le serán esquivos) pero finalmente había llegado. No hay que ser hipócritas (no hay que parecérseles): casi todos respiramos aliviados, alguien se hacía cargo del barco perdido. Comenzó a tomar medidas, a poner paños tibios, a componer el desastre. Respiramos aliviados pero así y todo hay que ir por partes, que no son detalles menores.


Con la pesificación asimétrica el ingreso de cada argentino se redujo a una tercera parte, una meta que las patronales no vislumbraban ni en su mejor utopía. Las empresas –y más que ninguna, los bancos “acorralados”- licuaron sus deudas de la noche a la mañana. Corrieron “salvatajes” estatales, de esos que el liberalismo no quiere oír hablar o, mejor dicho, de esos que son la función especial que el liberalismo le otorga al Estado: privatizar las ganancias, socializar las pérdidas. Hecho esto, el notable Mendiguren dejó el ministerio de la Producción. Misión cumplida.


Planes para los piqueteros, planes para los Intendentes. Colchón a la bronca y poco a poco la “revolución asamblearia” se extinguió junto a su ideología de lavandina. Todo se fue haciendo más o menos normal, el robo a gran escala del neoliberalismo (alias “la década del noventa” de la que el Senador Presidente había sido protagonista insustituible) también.


Hasta hubo tiempo para ponerse duro de nuevo y soltar los perros. El perro Franchiotti por ejemplo en el puente Avellaneda. Dos piqueteros muertos. Zafarrancho de la política y vergüenza de la democracia. El Senador torció la boca y se achicó el “mandato”. Otra causa al viento.


Lo de “la producción” vino después. El Movimiento Argentino Productivo y la verborragia como si se tratara del Primer Plan Quinquenal, pero sin el ímpetu industrializador y redistribucionista de Perón. Una mueca de Perón.


Y allí está, con muchos menos amigos, con mucho menos manejo, pero con mucha capacidad de daño. Rumiando rencores, lamiéndose heridas. Detrás de cualquiera porque no puede estar al frente. Diciendo que lo obligan a volver, que debe llevarse al “monstruo” que trajo (a Néstor), que nadie como él interpreta al Justicialismo. Y quién pondría en duda que representa a ese Justicialismo “disidente” en derrota, anacrónico y patéticamente conservador.