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sábado, 27 de enero de 2018

UNA DE PERONISTAS

El peronismo salió rengo de la Dictadura. Para empezar, puso la mayoría de los muertos, desaparecidos y detenidos (al parecer, una costumbre argentina contemporánea).  La "política" -esa especie de neoperonismo que siempre vuelve- tenía una fórmula que no calentaba a nadie. A pesar de los esfuerzos que puso la CGT de Saúl, a pesar de todos los de abajo que habían resistido, las urnas dijeron como sabemos que otros eran "la vida". Y allí estaba la primera derrota electoral  a manos de Renovación y Cambio, que le había juntado la cabeza a todos los radicales.

Hasta la famosa Renovación que impulsó don Antonio con su triunfo deseado, no hubo una buena, salvo esos extraordinarios choripanes en la Plaza y la 9 de Julio en los trece paros y la arenga extraordinaria del "llorón", que se arremangó la campera megáfono en mano. Así, entre muchos, paramos varias arremetidas contra los trabajadores y, quién sabe, más entrega de los que habían aflojado frente a los todopoderosos.

De la Renovación quedaron un gobierno digno y peronista en la provincia de Buenos Aires, y figuritas: el gallego De la Sota, Grosso y Menem. Tras cartón, a Cafiero le tocó perder imposiblemente una interna imposible, y ya sabemos. Siguió eso que lo más fácil es llamar "menemismo". Una entrega, si claro. Pero no es tan sencillo, porque fue una entrega peronista que mientras se remataban las joyas del Estado, iba de regalo también la abuela y caramelos para tribuna. Una locura bizarra, pero no por las bromas de racistas y gorilas, sino porque se enajenaba parte del alma, la honra, y la vergüenza. Perucas de nacimiento y condición hicieron puteada por el foro, se corrieron, se encerraron en los barrios, otros la pelearon también en la calle, y otros -como el que habla- reciénveniditos, se fueron a tentar suerte con el grupo de los Ocho (que también terminó en desastre). Y bueno.

Vimos desfilar por la plaza masas (secas) que hubieran sido tan pero tan peronistas, bajo banderas rojas o de cualquier color y pelaje, piqueteando, rezongando, agarrándose con las uñas del paravalanchas de la exclusión. Todo se fue a la mierda en el dosmiluno como siempre se dice, como si la historia contemporánea comenzara ahí. Unos corrían por los depósitos, otros se descubrían en economías alternativas e intercambios medievales, y otros solo se tapaban del sol que venía jodido y fulminaba como un verano de cuarenta y cinco grados. Hubo más de uno que hasta creyó que se reinventaba el país y que se iban a ir todos. Mientras, los banqueros iban por la de enserio y se perdonaban las deudas. Había también un peronista en el salvataje, Duhalde con su boca torcida y el peinado de contramano, serio como viuda reciente. Zafamos, y el salario se cayó a un tercio, pero zafamos.

La democracia es así, aún cuando no se sabe que más carajo hacer. Porque los que utilizan dictaduras y parlamentos saben, siempre saben cuándo es el momento de la tajada. A no dudarlo, compañero; estiran la mano y al choreo, total cargan siempre la culpa  políticos y  gremialistas.

En ese momento, como que alguien se olvidó de sujetar bien un piano, cayeron del cielo los Kirchner. Y ocurrió algo extraordinario, porque el peronismo se detuvo en el aire y dejó de patinar en la mierda. Viejas fotografías se recolorearon, del baúl de la abuela volvieron a  salir  los vestidos de domingo. Uno empezó a hablar de esos innombrables que habían dejado los huesos en una juventud maravillosa y trágica. Volvió a sonar eso de la redistribución, en una tarde de mateada en el Infierno cuando un Flaco largo y desprolijo tramaba el asalto al Purgatorio. Y ahí fue el peronismo en bandada, dibujando una sonrisa que algunos días fue carcajada. El pueblo -la parte de siempre y un poco más- se vio feliz y con  la patria agrandada.

De  golpe, estábamos de pelea con los que mandan y no aceptan ser desobedecidos, y para colmo al frente iba una Mina peronista. En el diario salió que éramos una manga de chorros, negros de mierda. Algo así como subversivos, ... a nosotros, que sólo queríamos humanizarles el capital.

No le sigo contando, imagino que usté  estuvo ahí... Por cosas de la democracia y la autosuficiencia, perdimos. Que era lo único que no podíamos hacer. Y ahora hay que ganar, que es lo único que tenemos que hacer.

Usté pregunta en seguida: ¿cómo sea? Enseguida le voy viendo el desfile de traidores e impenitentes, los pecadores y los réprobos. ¿Sabe qué? muchos peronistas sabemos que traidores y chorros van al Movimiento como chancho a los choclos, porque el arrebato es más fácil entre mucha gente, y la deslealtad también. ¿Y qué?, todos sirven para algo.

El tema de los temas es el para qué, eso que alguno llama proyecto, principios, plataforma, plan, y quién sabe más qué ensalada de palabras. El peronismo siempre viene a lo mismo: rescatar la Patria hecha bosta por la pandilla garca, ponerla en valor (y siempre que  pasa, crece eso llamado "clase media") y, vamosaver. Será la utopía pensar que en algún momento pasemos a completar esa Revolución Justicialista, y el país no caiga otra vez en las manos de estos tipos, que sepamos y podamos hablar claro y calar hondo en esos que andan a los tumbos y revolean el voto sin saber que está cargado.  Lo que no se puede hacer es perder la confianza en el pueblo, que sería perderla en uno. Por más que te den unas ganas de mandarlos al carajo, por más que el daño sea tan hondo, y tan al pedo.

No tenemos más que el peronismo como prueba de que la realidad no es imaginación de uno, que anda medio perdido. No tenemos más que ese atadito de ideas, buenas intenciones, realidad efectiva, ilusión para algúndíadesos, las ganas de que sea mejor. De no ver la Patria manchada por la insolencia de ricos tan ricos, por la hijaputéz de pobres tan pobres.

No es mucho pedir, le digo. Simplemente es todo.

Y ¡viva Perón!, sin agregarle nada.


domingo, 9 de noviembre de 2014

CASI 200 GRAMOS



Kirner. Kirtner. Kirch-ner (con un afectado esfuerzo sílaba por sílaba). Kisner o Kísne…(la ere final aspirada, deglutida inadvertidamente). Difícil de pronunciar, difícil de aprender. Fue el primer problema, desconfianzas aparte sobre el futuro, tan jalonadas por la experiencia que bueno… Para nosotros, fue el único problema. 

Quién hubiera podido pensar que se iba a llevar puestas todas las banderas; las de todos, aunque de diferentes maneras. 

Los estandartes orgullosos –todavía victoriosos- del llamado “neoliberalismo”, no otra cosa que un viejo Liberalismo de ahora, restaurado, desmadrado, desideologizado o bien ideologizado (enmascarado), potente, peligroso, sabedor de los hechizos que habían penetrado como nunca el alma de buena parte del pueblo. Demonio masacrador, Belcebú deformador con sus legiones (porque el lema del capitalismo es “somos legión”) haciendo ondear bien alto las banderolas del mercado sin regulación, del estado sin Estado, de la iniciativa privada libre y liberada, suelta como un animal hambriento. Sus (can)Cerveros infundiendo el temor en los pobres de espíritu (esos que tienen poco y creen que pueden perder mucho), temor a la política, temor a lo público, temor a que los roben (mientras los roban), temor al miedo, terror a que alguien hable en voz alta. Las santas banderas del sentido común orientado por la generación del ochenta, la democracia republicana –sin andar aclarando cuál iba a ser la calificación esta vez del voto-, los antiguos cómplices de la gran matanza de la que mejor no hablar. Lo “cívico” que había dejado bajo el foco del escarnio a lo “militar”…

El se paró sobre esas banderolas sin tirarlas a la basura, porque tenía que usar algunas y vestir al país muerto de frío, para dar confianza (para no putearse con todos a la vez). Para construir poder, se dice. Y porque supo antes que nadie que el ADN argentino tiene algo de derecha, a esta altura. Las fue tirando, cómo y cuándo pudo. Las fue basureando, cómo y cuándo pudo. Te fue diciendo que es Estado era nuestro, o había sido. Que era necesario traerlo de vuelta. Estado amigo, para que seas nuestro abrigo, algo así. Y él, que no era de nombrarlo demasiado, te hizo sonreir y recordar “claro, el Estado Peronista”. 

Te dijo que la Corte lo extorsionaba. Te dijo que no se la iba a bancar. Los dejó desnudos por la tele, como hace hoy tineli, pero en serio. Y La Corte se cortó. 

No te repudió la deuda. Sabía que el Congreso de la democracia la había hecho suya, vaya a saber por qué debilidad, imbecilidad congénita, pero fue así. No te mintió con el “no pago de la deuda externa”, para ser felices y que no iba a pasarnos nada. Quiero pagar, dijo. Pero pagar esto y te la bajó, te la bajó… como que no la iba a pagar así como había quedado tras sucesiones incontables de saqueo. Te dejó entrever que había choreo. Que nadie nos prestaba nada ahora que queríamos salir del pozo, porque nos querían mucho en el pozo. Te mostró las caras monstruosas de los monstruos, que no eran caretas de carnaval como nos habían dicho, esas eran sus caras. Les hizo unos bigotes y lentes con la bic negra y te guiñó un ojo (ese que no se le alineaba nunca).

No te dijo que Menem (no te toques nada asqueroso/a) era un hijo de puta, eso ya lo sabías. Te dijo cómo y para qué Menem hizo mierda el Estado que habían construido Perón, Evita y tus abuelos. Y en el peronismo, en el pejotismo (él decía mucho eso, no se si estaba bien) se armó flor de quilombo. El peronismo gustó siempre de verse entre los héroes y las víctimas, no entre los hijos de una gran puta. Pero muchos ahí tenían su domicilio real. Y ojo que se la pasó reclutando cuadros peronistas de las experiencias peronistas cercadas, de la de Menem, de la de Duhalde. Algunos le respondieron vaya a saber si sinceramente, porque  bueno, era el nuevo jefe. Algunos de esos con el tiempo le aprendieron a tener respeto, lo terminaron amando. Entendieron, aprendieron (lo lloraron). Otros no. Otros se sintieron interpelados, acusados, señalados y sacaron el disfraz de peronista, el de una ortodoxia tan vieja como turra, porque fuera de época es turra y recitaron los mantras que jamás comprendieron ni quisieron aplicar. Falsos, hipócritas, más que traidores. 

Después del Flaco, y aún más con la Señora estos “peronistas” se pusieron imposibles, se sintieron como que les tocaban el culo. Feo no, con lo sucio que lo tenían. Ahí saltó uno que pudo tener un lugar en la historia del movimiento obrero, y terminó siendo un forro de la oligarquía. Y aquel charlatán de feria de los judiciales que hablaba de los derechos humanos… Con el tiempo llegó Massa, ese buen alumno con la manzana lustrada en la mano para envenenar a la maestra y llegar a celador. Hagamos un aparte…

Massa aparece de la mano de Adelina, cuando el liberalismo había decidido prostituirse ya que el peronismo se había hecho fiolo. Y ahí va él, jóven y promisorio… apadrinado también por uno de esos personajes incomprensibles y fisurados, el Pato (hola suegro). Por esas putadas y porque no todo sale bien, se mete en este proyecto y este Proyecto compra, eleva… a quienes no debe (porque no es el único). Con el asunto de que quería gobernar Tigre, se va y gana Tigre. Toma la gestión Ubieto –otro caso de enmilicamiento que la democracia lavó- que le había cambiado la cara al Tigre y lo había dejado a punto de caramelo para explotarlo con los nuevos ricos que surcaban las marrones aguas del delta. Delta chic; mucha pero mucha guita. Tigre es enorme y tiene infinidad de situaciones, pero la hegemónica fue la que Sergio consiguió popularizar. Todos creen que es esa. Un ejemplo nada más (más allá de candidaturas y elecciones): se comienza a construir un top y mas hight complejo habitacional junto al río (como narcoDelta pero mucho más)… al lado de la villa El Garrote, viejo asentamiento bravo que todavía debe tener (seguro a medio terminar, no se) el barrio que estaba construyendo Madres (esas locas de Hebe) hasta que un monje negro decidió nuevamente liquidar a la vieja. Todo un detalle. 

Tiene socios y muchos, pero me detengo en uno porque es otro caso de…no se (digo no se, por no poner de hijodeputa, porque no quiero bardear). Fernández, pero el traidor, el corneta del multimedios. Alberto. Fue el único capitalino que el Flaco reconoció (hizo mal porque había otros, o mejor dicho otra) y mientras el gobierno fue nacional y popular sin cuestionar el multipoder de las comunicaciones concentradísimas todo fue bien. Pero cuando la Señora plantó la ley de medios… aunque el quilombo fue antes, discúlpeme usté el desorden, fue con la 125. Esa ley que inventó un pendejo ruliento (este si que de peruca no tenía nada) al que se le dieron varias bolsitas de cumpleaños sin merecerlo. El desbole del campo, cuando se pretendió cobrar algo de la enorme ganancia sojera. Insolencia que Fernández –el malo- no toleró y corrió a contárselo a los que lo conchababan de verdad. Tenía que estar en este fresco (que es más una salpicada contra la pared). 

Los hubo que descubrieron que el kirchnerismo no era peronista. Por muchas razones. Porque era montonero y Perón los había echado de la plaza. Risas en la tribuna, no da ni para explicar pero algo vamos a decir. Si uno se fija bien, el programa recuperador de los K (vamos a abreviar) se parece mucho, pero mucho, a ese que algunos medio puteamos o que nos pareció poco de puro no cazar nada de política a fuerza de tanta energía pendejeril, el programa de gobierno del último Perón, el del ’74. Algo así como un pacto social (que no salió entonces, y le faltaba más de un jugador ahora), paz, reconstrucción del Estado, apertura comercial más allá de los límites del imperio norteamericano, integración latinoamericana y con los Países no Alineados. Trasponga, compañero, haga un esfuerzo y verá las similitudes. Ni que hablar de las Pautas Programáticas de Campora en el ’73…no llegamos a esas formulaciones.  O sea que tamaña acusación es una buchonada por derecha hecha por gente de derecha. Digo esto, teniendo en cuenta el respeto que uno tiene por los compañeros que conformaron la Tendencia y organizaciones como las FAP, FAR, Montoneros, Descamisados, Peronismo de Base. No es decir que los K no eran montoneros porque eran buenos (y lo otro era malo), que quede claro. 

Otra descalificación es el tema de la transversalidad; no son peronistas porque le abren espacio al progresismo, porque relegan al Justicialismo. Más, Cristina no quiere al PJ. La puta, de dónde carajo salieron esos dos si no es del peronismo. El Flaco decía (y este escribiente lo escuchó en persona, una suerte inmensa) que a Perón se lo debe homenajear cuando se gobierna y no nombrándolo a cada rato. Es Cristina la que se las arregla para nombrarlo cada vez que puede, con cada medida de gobierno la Mina te va diciendo la coherencia con las líneas maestras trazadas desde el ’45 y la nombra mucho más a Evita, la homenajea tratando de ponerse a su sombra enorme, casi con timidez. Mirá vos. Estos dos lavaron si el peronismo, porque le sacaron toda la mugre que se le había pegado en el menemismo, toda esa basura liberal, todo el conservadurismo paternalista del duhaldismo, y se lo mostraron a los pibes como una camiseta que no daba vergüenza llevar, que daba, que da mucho orgullo. Eso hicieron desde y por el peronismo. El PJ, bueno, tendrá que hacer lo suyo, ellos le abrieron futuro al Movimiento como corresponde, como sabemos que se debe hacer. Habría que preguntarse si todos esos desvergonzados son todavía peronistas, y ni hablar de los que se juntaron como “pata” para hacernos una Propuesta Republicana, y cuando hacen la V les sale una L.

El Frente para la Victoria es la expresión electoral del viejo frente que armaba el peronismo. Una fuerza contundente –aún ahora, tras tantos años- que se expresa políticamente como Partido Justicialista (al cual sigue siendo un honor pertenecer) y aglutina –por las políticas nacionales y populares aplicadas desde el 2003 hasta la fecha- a sectores progresistas, socialistas, comunistas, humanistas, y otros que los debe haber. A qué tanto lío y tanta paspadura de orto.

Pero hablábamos de banderas, ahora hablemos entonces del progresismo. Del otro, ese que no sucumbió… En su momento Lilita le había exigido a Néstor abandonar el justicialismo para conformar una fuerza de  centro izquierda, algo nuevo (sabemos que es una febril hacedora de partidos, frentes y agrupaciones). El fulano se negó, le explicó que pensaba pelearla desde su partido y la Líder del progresismo se enojó para siempre. Con la Señora es pura envidia, no me caben dudas. Al lado también estaba el nunca reconocido Lula argentino, el inegable Víctor de Genaro, uno que Néstor convocó primero y tardó mucho, pero mucho, pero mucho en decidirse (con la Mesa de Enlace tuvo más iniciativa y más velocidad). Eran los dueños del progresismo tras la debacle del Frente Grande, eran los elegidos de la Ilustración… Y Néstor los cagó, hizo todo bien y mejor solamente para hacerlos quedar como unos pelotudos. Seguramente. Entonces, no les quedó más remedio que ampliar sus alianzas a la derecha. Lilita, porque era en realidad tan gorila como Rojas y Aramburu, De Genaro porque es un pusilánime (y a esta altura un mal bicho). Aparecieron algunos socialistas enojados también como si la barra brava de otro club les hubiera afanado los trapos. La sombra de Norteamérico Ghioldi ondea fuerte en ese partido más que centenerio (e ideológicamente milenario). Para más datos el tal Ghioldi, líder de un sector del socialismo argentino fue funcionario de la dictadura (otro “cívico”), aunque esa es otra historia. 

Ibarra, último tablón flotante del naufragio (el Leonardo Caprio que llegó a la orilla), tuvo siempre una posición ambivalente, poco comprensible y ahora, de capa caída (y mejor no hablemos) acompaña, o sea que nadie le robó las banderas, él se encargó de perderlas. Es por eso que lo dejo afuera de este relato- análisis, que no es otra cosa que una frondosa puteada (como siempre). 

El kirchnerismo dividió, aglutinó, gobernó (gobierna) y logró diferenciar a la sociedad política, a la sociedad en general, poniendo blanco sobre blanco miserias y virtudes. Muchos se pusieron del otro lado de los márgenes que trazaba y debajo de los puentes que tendía. Muchos no quisieron estar, otros querían que quedara claro que no tenían nada que ver. Así son los tiempos de definiciones, así son los tiempos de cambios y de recuperación. Así fue siempre. 

Un periodista, uno que puso la luz de giro hacia Walsh y le pegó derecho hacia Neustadt y Grondona, dijo hace poco que la oposición, todos estos de los que venía hablando, no junta ni doscientos gramos de bosta… En un ataque de furia y como para advertirles que puede que el tan ultrajado kirchnerismo, con su “relato” y su inmensa corrupción podría no estar acabado, podría tener muchos más días que los que cuenta el “renovador” Massa. Y sabe que los mejores días –los de verdad- siempre fueron peronistas. 

Ojalá. Más allá de los sinuosos caminos que Dios ponga a disposición de nuestro libre albedrío, y con todo… 

Ojalá no la junten, para que el futuro no sea simplemente una mierda otra vez.

lunes, 17 de octubre de 2011

LAS RAZONES 1: La noche del Titanic

"Las razones" es una serie de reflexiones que fundamentan para mi el voto del 23 de octubre próximo. Te los largo de a uno y seguiditos, esperando compartir las sensaciones y las respuestas que yo encontré en estos años. Va.


Pudo haber sido casualidad. A veces lo pienso, pero no. En América (o en el Tercer Mundo, categoría aún válida) hablemos de arbitrariedad o de azar, pero no de casualidad por favor. Sucede que ahora, que casi no van quedando los que no estaban de acuerdo (como siempre ocurre en los triunfos), parece obra de la lógica.


Pero no lo es. Dosmiltres era un año que comenzaba mal, luego de un par de años malos y otros también malos. Esas imágenes tan europeas de los indignados, eran moneda corriente con sólo caminar por Florida así como ahora lo hacen los turistas. Está la gran puerta, magnífica, del (ex)Bank of Boston resguardada aún por una lisa de chapa gruesa, que no está lisa ni lo estuvo de tanto golpe incansable de martillos y loquesea. Devuelvanmelosahorros… decían los nuevos náufragos. Recuerdo al que se instaló con su familia en el hall de otro banco con reposeras, sombrilla, baldecitos y heladerita porque la retención forzada de su dinero le impedía pasar las vacaciones en otro lado. Un sector medio ofendido, vulnerado, tomado por pelotudo. Humillación, no humillados.


Los Humillados eran otros, pero no se veían. Estaban lejos, no tenían cuentas en esos bancos ni en ninguno, y tampoco acostumbraban pasear por Florida. Cartoneaban, y si la base era la 31 entonces si, esa y la de los hoteles que merodean Plaza San Martín, era su zona.


Había humo en lugar de aire. Recuerdo de fogatas, fuego de caucho y corte. Y se dio eso brevemente, lo que se le ocurrió a un antiguo militante piqueteycacerola…


La corporación política en la tele tras la defección de aquel hijo dilecto. ¿Cómo hubieran podido pensar las viejas que lo saludaban de lejos en la asunción del primer lord mayor electo de Buenos Aires –porque les valló el intento de tocarlo- que iba a terminar en el helicóptero blanco y grande que compró Menem? Se decía que si alguno veía a De la Rúa entrando a un banco con un arma y una bolsa, hubiera dicho “mirá, el Chupete va a depositar”. Confianza, la Ciudad Puerto al menos se la tenía. Y el progre desahuciado que desesperado decía “yo lo voté por el Chacho”. Pero el Chacho se las había tomado porque fue un pionero en eso de “vi algo que no me gustó”. La Alianza fue el mal gobierno de los cobardes. Jóvenes sushi chorros, saltimbanquis progresistas con cara de yonofui. Una larga manga de turros, hijos de puta y canallas. Residuos de los ochentas y noventas, malogradas camadas de politiqueros basura. Un verdadero fin de las ideologías y la muerte de la historia. Telón.


Puerta, Camaño, Rodríguez Saa… siete días, cinco noches, Chapadmalal (all inclused), corte de luz, corrida, San Luis, renuncia. Default. Grosso devaluado hasta la lástima con su prontuario a cuestas. El país se acaba. Cacerolazo. La Plaza tierra de nadie. El Cid Campeador. Cortes en el sur, cortes en todos lados.


Uno termina respirando el humo, porque tenemos que ver con algo de todo, algo apoyamos, en algo nos equivocamos. Todos jugamos. No todos tenían el gran juego, claro y como siempre. Y un buen día se ordenó (¿?). El Senador se hizo cargo. Llovieron Jefas y Jefes para parar a los negros. El corralito se hizo corralón. Rescate bancario en alta mar. Rescate empresario en tierra firme.


Había un susto... A veces pienso si era verdad que el país se hundía, si ese insumergible era el Titanic. No se, pero es lo que decían. Guerra civil… ¿quién contra quién? No se, unitarios y federales, porteños librecambistas contra industrias provinciales, no se qué nombre les(nos) pusieron. Pero de golpe, la rueda del infortunio se detuvo y todos quedamos como estábamos medio frizados. El deterioro social corre igual como las quemaduras cuando ya no hay fuego. Pero eso no se ve, claro.


La idea no es hacer una cronología; pero como terminar el párrafo sin subir al puente, sin correr por todos lados, sin recluirse en la estación Avellaneda, sin encontrarse con la mirada de hiena de Franciotti. Venían agitando, venían pidiendo un muerto y tuvieron dos. Y se tuvieron que ir meses después, pero antes de lo que se esperaba.


El Senador no se pudo presentar (nunca por el voto popular parece). Aparecieron las fuerzas vivas, los progresistas de todo pelaje y juntos. Lilita era de centroizquierda. La CTA con las firmas del petitorio aún en la mano (a tres años casi) daba salvoconductos de santidad. Y el gobernador de Santa Cruz no quería abandonar el PJ… se presentó junto con otro “peronista”. En un momento los encuestólogos dibujaban algo así como el último círculo del infierno: una segunda vuelta entre Menem y López Murphy.


Como para morir con las botas puestas (o los escarpines, vaya uno a saber), una opción fue votar al gobernador de nombre impronunciable (en primera vuelta, por las dudas). Era la última opción de Duhalde malhumorado. El Lole asumía su renunciamiento permanente sin honores y desde ya sin lucha, De la Sota no medía. Pocos sabían del grupo Calafate, un lunfardo patagónico. Pocas esperanzas que arrancaron con un 2% y un desconocimiento enorme.


Refresco la memoria, Menem ganó con un 25%. Kirchner sacó un 22, 5 (creo). Iban a una segunda vuelta miserable. No quiero ser hipócrita: qué país de mierda en el que gana semejante hijo de puta.


Todos lo sabemos, no hubo segunda vuelta. El nuncaderrotado se bajó y nos dejó otra vez en bolas. Con los resultados brillantes de la década neoliberal, los desocupados, la miseria, los humillados, las generaciones perdidas. El sistema político nos dejó con bronca, y el sabor feo de que la democracia no cura, no da de comer, no educa.


Esa noche, Kirchner y nosotros nos quedamos solos y a oscuras. Todos los demás se habían ido. No había ya un país.