lunes, 4 de julio de 2016

IN(DEPENDENCIA)



Cuarenta y cincos días exactos después del 25 de mayo, se declaró la independencia de España y de toda otra metrópoli extranjera. Un futuro promisorio para un país absolutamente consolidado desde el vamos bajo el sistema republicano federal. En el presente párrafo hay siete errores, al menos cinco... descúbralos (insisto en los siete).

La verdad es que la disputa por la independencia fue un tema de españoles, sean peninsulares o criollos, pero españoles. Y que también se emparenta con otra gran disputa -como la nuestra, irresuelta- entre liberales y absolutistas en el Reino de España. De allí nos caerá San Martín, vea usté. En definitiva, nada que ver con la argentinidad, una construcción muy posterior.

Es uno de los temas, el de las construcciones sociales y políticas que son, siempre, históricas. Es decir que, como las opiniones, tienen un antes y un antes del antes. Somos un mar de citas elaboradas y hemos olvidado ya los autores (va también la propia, eso en la elaboración seguro). Bien, al tema...

Argentina es una identidad construida largamente, porque a los doscientos años agréguele casi trescientos de colonia. A que se le había olvidado. En los colegios no se suele ver la Colonia como parte de la nacionalidad o de la historia nacional, total si no se mira es como que no existe. Como no se miraron ni por casualidad los indios, aunque ahora un poco más. ¿Sabemos acaso el nombre de caciques, de luchas, de formaciones económicas, y demás? No. Con los aztecas, los incas y los onas como que va alcanzando. La nacional es una historia blanca, y eso sin contar que algunos dicen que los argentinos descendemos de los barcos. Pero no, vea que el famoso adn argentino registra algo más de la mitad de componente aborígen, o indígena o puebloriginario, como le guste.

Dicen que Belgrano propuso una monarquía y dicen bien. Una monarquía constitucional con un descendiente de los incas como monarca. Vea que los incas andaban por acá más solos que videla en el día del amigo y de capa bien caída y raída. Si habláramos del Perú era otra cosa. Es decir, el abogado general Belgrano proponía una democracia popular con un jefe de Estado natural de América por linaje (una reivindicación, al menos de la antigua hegemonía suramericana) con tal autoridad que fuera complicado someter estas tierras nuevamente a las Uropas. La propuesta competía con proyectos de entregar la corona inventada a la casa imperial portuguesa; cuando no una restauración borbónica vía familiar de la repuesta casa española (porque Napoleón hacía un año que había sido derrotado, casi ayer). No era una pavada entonces la de don Manuel. 

Por ahí andaba San Martín piloteándola desde 1812, primero con el golpe de estado civico militar (todos lo son) que volteó al Triunvirato; en guerra abierta contra los godos y planeando locuras para terminar con el poder español en plazas fuertes como la Capitanía General de Chile y el virreinato del Perú. Un demente, claro está. Y tal era el apuro, que requería casi ya descortésmente que se declarase de una buena vez la independencia. Alguna vez diría el General que la Patria era un ejército errante que combatía al enemigo extranjero sin gobierno ni país, en bolas como sus hermanos los indios.

Pero también estaba Buenos Aires. Y Rivadavia, y los muchachos del Puerto. Por eso es que hay otra historia, porque la que conocimos la escribieron los que ganaron. En Tucumán Buenos Aires declaró su independencia y le tomó solamente cuatro años más hacer bosta los proyectos de país federal. El de Artigas, por decir, el de San Martín y Belgrano, por otro decir, el de los jefes federales. Es eso que vulgarmente se llama Anarquía del año veinte, si serán atorrantes estos historiadores liberales. Autonomías provinciales que se reconocieron en una Patria más grande que era Suramérica, de eso se trataba. Pero bueno, al menos la independencia.

Y en el trajín pasó de todo. La revolución altoperuana de Juana; la guerra gaucha de nuestro comandante General Güemes. No hubo solución, usté lo sabe, y de ahí que todo vino a terminar en Rosas, porque alguien le tenía que poner el cascabel al gato y cadenas al río. 

De noche por San Miguel en la Casa Histórica -porque allá no dicen la casa de Tucumán- para ver el espectáculo de luz y sonido un nueve de julio de hace mucho. En familia, los ojos asombrados de uno que era chico tocando la puerta y las columnatas que tantas veces habíamos dibujado en el cuaderno de tapas tela de araña azul. Las dos ventanas coloniales al frente, tal cual como lo decía Billiken que esta vez no mintió. El frío, las bufandas de lana de llama recién estrenadas. La maravilla del patio gigante de piso de ladrillo. Algo de magia. 

Nosotros, visitantes, caminando como en visita guiada. Los chicos somos chicos y nos salimos del sendero trazado. Uno se mete a escudriñar las salas como esperando descubrir cosas, no se cuáles, cosas que nadie vió y uno esperaba ver. Vamos mi hermano y yo por la Casa. Nos alejamos de todos y caemos en la Sala, esa Sala. ¿Y Laprida? Mi hermano se apoya cansado en una mesa vieja, amaga sentarse. Es esa mesa. Mirá si la estropea. No se sienta, y menos mal porque el viejo nos encuentra y nos reta. Vamos que se hizo tarde y mañana salimos para Salta. 

Somos dos chicos nomás, cuánto faltaba para entender sobre el trabajo, la familia, las cosas esas que fuimos encontrando una vez que pasamos debajo de la azulyblanca que cuidaba la puerta. La historia no era más que un relato sin gente como el eco de las voces grabadas haciendo como que se juraba la independencia.

Nos haríamos grandes y uno cuando es grande mira todo el futuro como un presente sin darse cuenta de nada. Se llama aprendizaje, experiencia, algo así. Uno va agenciando las mil veces que se entregó el país y el patriotismo se fue cartoneando por ahí. Muchos desfiles militares, mucha zanata politiquera, mucho patrioterismo de cartón y mucho, pero mucho asalto a efeemeí armado. Se trataba de mercado libre y no de mundo libre. Empresarios, curas, matones, ladrones, fisgones, y finalmente, santones niúeish.

Para uno -y es una opinión- hubieron tres meses y después doce años de felicidad en una comunidad que se realiza. Cuente usté como quiera, yo cuento así. Después de todo, así como la revolución, el país y sobre todo la Patria sigue siendo ese sueño eterno del que nos despertamos a la mañana y nos espera la noche siguiente. Siempre.

jueves, 30 de junio de 2016

PERON



A mi me tocó el tercer Perón.

La foto en la ventana de Gaspar Campos, esa de la mirada cansada pero aún con chispa, que no mira nada y ve todo. Yo se lo que veía, era un montón de gente, de compañeros que habían hecho del coqueto barrio de Vicente López un camping, un fogón al que arrimarse, un puesto de chori. Los impertinentes escalaban los techos de tejas de casas vecinas, invadían jardines laterales, eran el aluvión zoológico de los setentas llevándose puesta la tranquilidad de las calles y los árboles, de las veredas que no se veían y se pisaban de a muchos. Pero de a muchos. Estuve allí tres veces y en ninguna pude verlo, lástima. Salió en pijama, salió de entrecasa, saludó miles de veces a miles que lo saludaban. Pidió que lo dejaran dormir. Les dio los buenos días. El bombo tronaba hasta la noche, a veces se callaba y se hacía un silencio. Eran tantas las cosas. Algunas podía entenderlas, otras ni las imaginaba porque para eso había que ser más grande.

Yo creía que Perón era socialista, del socialismo nacional, algo así que tampoco sabía muy bien qué cosa vendría a ser. Leía un poco de todo e iba tejiendo balbuceos ideológicos. De pendejo vi el peronismo y después tuve -por suerte- toda una vida para saber de qué estábamos hablando. Son cosas que no se olvidan, digo esas en la casa de Perón. 

Uno tenía más la imagen de la casa de Puerta de Hierro, pocos días antes de la primera vuelta. Los caniches, los dirigentes, los muchachos de la JP. Las camperas de cuero, los peinados a la gomina o los rulos sueltos, los bigotes candado y los morrales de las chicas. Y todo eso lleva al segundo Perón, el de la Resistencia. Eso comenzó desde mismo el '55, y ahí lo tenés a Valle como símbolo pero hay otros, claro que hay muchos otros. En ese tiempo la Resistencia era de allí hasta el '73, con Montoneros como final y el luche y vuelve.

Leyendo un poco, la Resistencia se ubica para algunos entre el '56 y '59, una primera etapa, para retomar más con los gremios cuando Frondizi se hace el oso y te llevan puesto con el Plan Conintes. Después lo sabido, Onganía, el Cordobazo y todos los azos. Perón desde Madríd y los casettes, los crípticos comunicados y los delegados personales. Las ondas a derecha e izquierda del movimiento. Jodido conducir desde el exilio, jodido conducir. Y el Padre Eterno sobrevolando, sin fuerza real, general sin ejército pero con ejército, pueblo más bien. Pueblo sin ejército porque el ejército era de ocupación. Cómo se hace ese arte supremo de mantener a todos juntos cuando ya se están mirando con recelo y celosía, con proyectos cuanto menos encontrados. 

El segundo Perón es una especie de inmortalidad, sin descender todas las tardes a la tierra como para que algún desbocado faltase el respeto. Eso decía. Si hubiera muerto allá, vendría a ser un sanmartín que nunca volvió y siempre conspiró. Pero no, tenía que ser un Rosas, quévaser. Es peor ser un Rosas y más volviendo. Ni sanmartín ni rosas, Perón es Perón. 

Casi nada sabía del primer Perón. Quedaba tan lejos, imagínese ahora... Fotos, cosas que se contaban entre compañeros y entre contreras. Porque nadie podía evitar hablar de peronismo ni de Perón. Por eso lo del decreto, ¿no? Como decir, hoy el sol no sale porque está prohibido decir que salió. ¿Qué eran los cuarentas, los cincuentas para uno? nada. Todo, aún sin saber ni una décima parte. Paradojas del destino que me dedique a dar cursos y charlas sobre ese primer Perón. Hubiera debido ser mi propio alumno, porque en esa época no sabía nada. Imaginaba mucho, eso si. La ideología tiene mucho que ver con la imaginación, después de todo. 

El primer Perón era fundacional de la realidad efectiva y del mito. Estaba Evita. Existió una vez un país en el que Eva estaba viva, dios mío, casi imposible describir ese país. El que se había caído antes de que naciera, el que se me ocultó por un largo tiempo y el que surgió de abajo del parquet en un asado. Porque allí estaba, como el piso de tierra en el que habíamos edificado la casa. Los sesentas cuando yo era chico estaban hecho sobre la antigua ciudadela peronista. Y el envión duraba, por más que le pese a quien le pese. Era viento de cola y de atrás soplaba Perón. 

Mi tercer Perón me enojó mucho, es cierto. El estaba enojado, no le obedecían, no lo entendían(mos). No era mentira que estaba lleno de gorilas el gobierno popular, pero debimos tener un poco más de respeto se me ocurre. No era cualquiera, no era un político de mierda como todos los demás. En fin, uno creía que el socialismo nacional estaba ahí a la vuelta. Y no. El sabía que no, aparte de que creía en el justicialismo nacional. El sabía que no y que los de afuera y los de adentro se confabulaban para mandar todo al mismísimo carajo. 

Un día al General se le pasó el enojo y convocó. Frío, hacía frío. Siempre se recuerda lo de la más maravillosa música, pero no era lo más importante. Habló de los enemigos de adentro, reafirmó todo eso que uno quería y esperaba escuchar desde hacía mucho. Sacó fuerza de la nada y salió al balcón. Un acto de fe. Su acto de fe. Después la lluvia que lo agarró en Paraguay. Y después...

Yo estaba mal con el tercer Perón como estuve muchas veces mal con mi viejo. Pero con este Padre no tuve tiempo de arreglar, con el otro por suerte si. Perón nos dejó huérfanos y me encontré corriendo atrás del féretro bajo la lluvia cuando salía de la Quinta. Volví a casa llorando, y no sabía bien por qué. En Villate y Maipú cuatro viejas estaban arrodilladas con velas y una foto de Perón. Rezaban y lloraban. Ahí me di cuenta de que había perdido algo que nunca más iba a encontrar. Lloré más porque sabía por qué. 

Después, bueno todo lo que sabemos. Fue un largo camino hasta llegar al punto de partida de nuevo. Al peronismo. Y ese es mi cuarto Perón, el que aprendí. El que enseño cuando puedo. El que se construyó con el tiempo en dictadura, en democracia vigilada, en democracia de entrega y en democracia completa. Todos los caminos me condujeron a Perón, como a muchos que no habíamos nacido peronistas. 

Y entonces uno repasa y le termina dando la razón al tercer Perón del Proyecto Nacional, de la reconstrucción, el que dejó un país con los convenios colectivos de trabajo más ventajosos de la historia. El que pudo superar el fistyfisty. 

Es difícil lidiar con un padre. El personal, al que uno quiere enormemente y no se lo dijo tanto. El que era General y no pude ver en Gaspar Campos. Con ambos uno tuvo una relación personalísima tras la muerte, cuando te quedás solo y vas construyendo el personaje con los que quedan. Y decís como siempre se reconoce "el viejo en algunas cosas tenía razón". En las importantes, tenía razón. 

A Perón no hay que nombrarlo todos los días en un acto, hay que reconocerlo cuando se gobierna. Algo así le escuché decir a Néstor cuando ya era presidente electo. En los doce años del gobierno peronista del kirchnerismo se reactualizó y se nos apareció muchas veces Perón. 

Podría terminar con un Viva Perón y quedaría bien. Pero no, porque Perón vive, qué duda cabe. Qué vivamos los compañeros, que viva la Patria. O que la bandera flamee sobre sus ruinas.

martes, 14 de junio de 2016

QUE COMAN TORTA



La Señora mira de frente; su vestido veraniego de faldas largas y el sombrero parasol dicen cosas sobre quién es. Mira pero distraída, ya que estar distraída es parte de la condición. Se dibuja en el pasillo de columnas de la Rambla "francesa"; y unos pocos pasos más adelante, apenas, empujando el cochecito carroza al borde de unos breves escalones de piedra, está la sirvienta que mira fijo al objetivo de la cámara, tan fijo que los ojos atraviesan la gigantografía hasta calar los huesos. La cofia, el uniforme “de verano” blanco virado al sepia, la morenidad y el pelo recogido en el que se adivina un azabache escondido. El delantal de pasear y atender, una marca. Tal vez mira absorta el artefacto sobre el trípode y el señor de levita que la captura en esa rareza de la fotografía. La foto está expuesta en el vestíbulo del palacete Ortíz Basualdo o Museo Castagnino en Mar del Plata, se la puede ver. 

La "distraedad" fue la virtud que escondía miradas feroces detrás de ojos cándidos o plácidos; y se hizo educación cívica ya que nos fue legada y derramó -así se cumplió cabalmente la teoría del derrame- sobre los espíritus comunes. Estar distraído mientras se mueven alrededor los oscuros personajes que montan la escena. Un impertinente puede llamarlo "clasismo".

Desde las ganancias que daba el hollín en los pulmones de los trabajadores ingleses -o de cualquier lugar- el liberalismo ha sido siempre igual a si mismo. Sólo la cultura lo diferencia por épocas en la aterradora historia del capitalismo. La hegemonía de la cultura hace que un fulano de a pie se dispare en el pie, que es como suelen ocurrir las desgracias. 

Nunca puede uno repetirlo lo suficiente, pero es mucho más el tiempo en que han gobernado liberales, conservadores -que acá vienen a ser dos cualidades del mismo sujeto, y no como en Uropa-, gente de derechas. El Estado Nacional, la Constitución, la mar en coche. ¿Vió? todo eso mezcladito como para que pase por La Historia. Los emigrados unitarios que venían con las fragatas francoinglesas a tomar su propio país. Pero el criminal, sabemos, fue Rosas. Un ignorado dorrego llamado General Valle que se entrega todos los años sin tener feriado, ni placa que dure entera en la penitenciaría invisible de Las Heras. La vida patas para arriba. Algo así.

Como ahora. 

El esperanzado espera, es su tarea, da tiempo. Se le dijo hasta el hartazgo que iba a pasar lo que pasa, pero... no (nos) creyó. Y ahí está esperando dios sabe cuánto, porque no puede ser que le hayan mentido. No puede ser. Pero lo feo es cuando no mienten: el comienzo de un tarifazo se pagaba con dos pizzas; vivimos en una fantasía que nos llevó a creer que podíamos viajar al exterior, consumir, tener. Eso, lo dicen de verdad. Uno que es resentido piensa que es desprecio. Otro dirá revancha. Hay los que buscan antecedentes en la Historia y los encuentran, aunque nada es lo mismo de lo que fue como eso de que nadie se baña en un río dos veces (ni siquiera una, como decía el compañero Heráclito).

Hay desprecio de clase, aunque sean todos unos recienllegados de una burguesía sin prosapia. Aunque se hayan parado con la Dictadura, martirizado a Don Raúl y ascendido finalmente con Cálos. Ninporta. Tienen la miradita de arriba del hombro, la insidia del self made man (a costa de other men). Tuercen la boca para parlotear sobre el populismo (nosotros) y las iniquidades de la distribución. Parece que se te cagan de risa mientras desprecian. Y es verdad.

Han dicho, alguno de los copetudos funcionarios ha dicho que la cosa iba a cambiar cuando la izquierda aprendiera macroeconomía y la derecha tuviera corazón... Apuesta a que la primera no se dio (por supuesto) y la segunda, bueno, la segunda vendrían a ser ellos. Y convencieron, al menos por un rato. Ocurre que el peronismo (la única izquierda que ha gobernado y peleado por mi querida Patria) hace rato que aprendió macroeconomía, macropolítica, macrorelacionesexteriores; y estos señoritos apenas macri. En fin. 

Aconsejo vivir la vida lo mejor que se pueda… Guarda con comenzar a revistar en la agrupación "Cardiópatas peronistas" de tanto tragar saliba y mierda. A pesar de todo, a uno no le deben afanar la alegría. Para sonreír usté ni yo necesitamos a un pelotudo que nos de un curso, con saber que nadie se realiza en una comunidad que no se realiza y que las pautas programáticas se resumen en que la Patria sea grande y el Pueblo felíz nos ha bastado en los últimos setenta años. 

Entre elegir soberbias me quedo con la de la Mina que sabía mucho, hablaba de todo, levantaba el dedo y te contaba de yapa lo que andaba haciendo nuestro gobierno, esas cosas ficticias que vivimos durante el largo sueño de doce años. Prefiero esa y no la soberbia de los poderosos que ahora se compraron un corazón y que te quieren de cómplice. Porque como dicen que dijo Lincoln (el de las galletitas) se puede mentir a mucha gente durante mucho tiempo, pero no se puede mentir a toda la gente todo el tiempo. 

Le termino con una más atravesada... Se había armado la podrida en París y el quilombo llegaba a Versalles. Una noche de velada paqueta, la reina María Antonieta le preguntó a un quía a qué se debían las protestas. “Es el pueblo”, contestó, “se les acabó el pan”. La austríaca giró la cabeza y lo miró casi divertida. Con una media sonrisa le dijo "Que coman torta". De esto se trata lo que le venía diciendo.

Y un aparte. Si en algún momento siente que se le cae el ánimo, porque pasa cuando todo lo que pasa está pasando, piense en cosas bellas. Piense en Evita, piense en las Viejas. Tome aire, tome coraje, tómese un ferné. Nos vemos, que siempre que llovió, paró.

miércoles, 11 de mayo de 2016

LA INDUSTRIA Y EL PERONISMO DE SÍSIFO



Lo temido y advertido: "Las exportaciones de productos primarios superaron en marzo el volumen de los despachos industriales por primera vez desde finales de los noventa. Trigo, maíz y oleaginosas fueron los bienes con mayor expansión, en tanto que plásticos, maquinaria, autos y productos de economías regionales como lácteos marcaron el mayor retroceso."

¿Qué por qué ocurrió esto?... bueno, porque: "Las actividades agropecuarias vinculadas a cereales y soja tuvieron una promoción notable en los últimos meses por la quita de retenciones y la devaluación, mientras que los establecimientos manufactureros anotaron dificultades importantes para mantener el nivel de los negocios. Los sectores de mayor valor agregado se vieron afectados por el impacto de políticas económicas que aumentaron fuertemente los costos y privilegiaron la especulación financiera sobre la producción industrial."

Bien (o mal); y ahora un poco en detalle con números: "En marzo, las exportaciones primarias ascendieron a 1305 millones de dólares y los despachos de bienes industriales se ubicaron en 1250 millones. De este modo, los commodities representaron el 29,3 por ciento del total de exportaciones, contra el 28,1 por ciento explicado por productos industriales. Las cifras adquieren relevancia si se tiene en cuenta que el año pasado los bienes primarios sumaban 20,3 por ciento de las exportaciones totales, mientras que los manufactureros representaban 39,8 por ciento. Las proporciones fueron 19,9 por ciento para los primarios, contra 41,1 por ciento de los manufactureros en 2014; 28,0 por ciento, contra 37,5 en 2013; 24,3 contra 32,1 en 2011, y 19,6 contra 41,0 en 2010. El desempeño de 2016, con exportaciones primarias superando a las industriales, no se observaba desde marzo de 1999, cuando las ventas de los commodities se ubicaron en 589 millones de dólares y los despachos de productos elaborados en 580 millones."

Lo que ocurrió políticamente hablando, es que una insignificante mayoría de los argentinos se dijo "Cambiemos" y la cosa cambió. ¿Se trata de un proceso de reprimarización de la economía nacional? El tiempo lo dirá, pero por ahora estos son los datos de la realidad más allá de los discursos y las piruetas gubernamentales. 

Argentina tuvo siempre una relación bipolar con el perfil industrial de un país moderno. Se pasó del saladero y la exportación de tasajo y cueros al mercado brasileño (del imperio del Brasil) a fines del siglo XIX a una inserción brutal en el mercado capitalista como proveedores de materia prima para la gran metrópoli manufacturera inglesa. Lanas, carnes y trigo. La primera industrialización tuvo que ver con la preparación de la materia prima y su transporte. Poner a punto la máquina proveedora del "mundo", y nada más. Endemientras, el Estado liberal garantizaba el orden interno con una hábil y descarnada política de represión a las facciones contestatarias de la división internacional del trabajo, nos metían en una guerra genocida para asesinar al Paragüay, armaba la infraestructura portuaria y ferrocarrilera, y punto. 

La Gran Guerra y la década del veinte sorprendió con un cambio de condiciones que hizo bolsa el esquema. Entonces, la oligarquía debió volverse a disgusto "dirigista" y además de firmar el Pacto Roca-Runciman institucionalizando la entrega del país a una agonizante Inglaterra perdidosa, se puso a controlar el vaivén de exportaciones-importaciones creando la Junta Nacional de Granos y su gemela de Carnes; y apareció el Banco Central como para ir modulando la (no)paridad con la moneda extranjera y todo ese lío descomunal entre las libras inconvertibles y el dólar desafiante. Comenzó una segunda ronda industrializadora para sustituir importaciones, con radicación de grandes empresas extranjeras. Los treintas, arrastrando la mega crisis del capitalismo con la quiebra del '29 demostró que la industria era un camino que había que transitar ya no como medida hasta que todo se apaciguara, sino como un destino imposible de eludir. Llegaron más grandes empresas extranjeras y nacionales. El perfil industrial estaba definido como en ningún otro país de la América dependiente.
Ante esta situación el pueblo inventó a Perón y, entre otras cosas, se ocupó al máximo esa capacidad industrial instalada y usada a medias. No fue suficiente; a fines de los cuarentas la estructura económica crujió porque el desarrollo nacional exigía pasar a la industria pesada lo más rápido posible y coronar una revolución industrial argentina. Era el proyecto nacional peronista, con la gente adentro. Entonces, la oligarquía inventó el '55. 

La Argentina del primer peronismo sobrevivió con mucho a los gobiernos de Perón y signó gran parte de los sesentas. Los obreros mejor pagos del país hicieron el Cordobazo, eso se dice y con razón. Un Perón viejo salió por la Puerta de Hierro tras dieciocho años de exilio para sentar nuevamente las bases de un Proyecto Nacional, pero ni él pudo. La Dictadura arrasó con el Estado Justicialista y con la gente. Esa sí que fue una reprimarización de la economía, aparte de un crimen de Estado. 

Después, a los tumbos. Deuda externa, Patria Contratista, Capitanes de la Industria. Salteadores de caminos devenidos en empresarios (y entre ellos, un hombre Franco). El Estado de los Argentinos siempre fue el alimento de los depredadores. En esa relación perversa hay que buscar la famosa corrupción, sería bueno que algún día el fulano de a pie lo entendiera. Hasta un presidente de orígen peronista salió a vender las joyas de la abuela (que era Evita) y se la tiró en pizza y champán. No fue el único en arrodillarse, nunca se es el único.

La desgracia inventó a Néstor, después el pueblo lo hizo suyo. Cómo un héroe griego desterrado que tiene que subir la piedra por la pendiente siempre, el peronismo sísifo está para la reconstrucción. Será por eso que no lo dejan terminar la tarea nunca, ya sea corriéndolo a tiros o como ahora, con unos miserables votos de más juntados a titulares de diarios que esperan a tipos comunes que se toman un café a las apuradas y parece que no le dan bola a la pantalla de TN en mute. 

¿Qué fue el último capítulo en la era K: ocupación de capacidad instalada, reindustrialización, nueva industrialización? Un sabedor de economía debería decidir, no es que uno quiera meterse. Los números que se desparramaron al principio orientan un poco. Porque algo se había hecho y esa es la "pesada herencia" que el Liberalismo debe hacer desaparecer y pronto. Le sobra Estado, le sobran trabajadores; le sobra país y lo entrega. Nada nuevo, así son los liberales.

La historia, la desgracia, y ojalá el pueblo, deben estar inventando a los que vendrán a rescatar la Patria. Como siempre sucede desde que hace mucho, miles de trabajadores anochecieron en la Plaza diciendo ¡Queremos a Perón!, hasta enronquecer.

*Las citas corresponden a "La industria pierde frente al campo" por Federicho Kucher; Página 12 del 11 de mayo de 2016; pág 12.