Mostrando entradas con la etiqueta neoliberalismo.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neoliberalismo.. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de julio de 2018

LA GUADAÑA EN EL AIRE


El 2001 fulminó al Radicalismo y nunca pudo volver a ser el mismo partido. Ya no lo era hacía mucho tiempo, de todas maneras. El “alfonsinismo” fue la última utopía de la boina blanca y quedó como un heroísmo postrero, pese a las inconsecuencias que lo dejaron trunco y derrotado por poderes que no iban a retirarse así como así. Claro, hablamos de la larga post dictadura que consagró la impunidad de los uniformados asesinos y también de los civiles que encubrieron asesinos en sus trajes de empresarios, jueces, lobistas de intereses extranjeros. La democracia comenzó débil y tutelada, cercada, con el aliento de las bestias detrás de escena. Alfonsín tuvo, hay que decirlo, progresismos valerosos y agachadas tremendas, ambas cosas memorables. Uno podría decir que se hizo lo que se pudo, si no se tuviera la sospecha que se podía hacer más, sin que nadie pueda hoy ni nunca saber bien a qué costo…

Por esa sombra de un Alfonsín que remedaba a un Yrigoyen -que ningún argentino de esos ochenta pudo conocer pero bueno- porque así son las leyendas cuando un colectivo social las hace encarnar en alguno. Por eso a De la Rúa le fue muy difícil. Siempre había sido un pusilánime, y del centro a la derecha. Había subido aplicadamente cada escalón del “cursus honorum” de la política tradicional argentina hasta ser el senador más joven que alumbró las Pampas. De allí lo de “chupete” que pocos recuerdan. Y siempre a la derecha del dial. Sucede también que en la historia hay fatalidades, cruces fatales, como lo fue el del casi siempre desdichado “progresismo” político que encarnaba en la segunda década infame el FREPASO de un “aguerrido” Chacho Alvarez, y el senador que estrenaba candidatura tras el hundimiento del alfonsinismo.

La crisis política, de representación, como quiera caracterizarla (sabemos de qué estamos hablando, ¿no?), dijo presente en esos tiempos. Primera cosa a notar, digamos, la presencia de ese tercer partido con posibilidades de reunir votos. Nos detenemos un cachito (¿si?) … Cuando uno habla de “tercer partido”, es porque la tradición marca “bipartidismo” que, en un tiempo fue entre conservadores y radicales (en otros países más apegados a la ciencia política de libro, el clásico era entre liberales y conservadores), para luego caer en el contemporáneo radicales vs peronistas. El tercero en discordia intentaba ser la cuña, pero en nuestro particular desarrollo no era para partir en tercios la preferencia electoral civilizadamente. En nuestro caso siempre fue necesario pensar el agotamiento del sistema político basado en el bipartidismo, para dar paso a una de dos/tres “revoluciones”. Por derecha, un tercer partido que rejuntara la experiencia del PAN roquista (Partido Autonomista Nacional, el sello político de la generación del Ochenta y el modelo agro-exportador). Así pasaron muchos, desprendimientos provinciales de oligarquías en baja política (y en tránsito económico hacia fronteras no tan productivas como lo fueron la carne y los granos), la Nueva Fuerza que se pretendía “de centro” (como siempre la derecha) y un sonriente Julio Chamizo, ese líder que ignoramos olímpicamente y era el dueño de Jabón Federal (un buen jabón, la verdá). Así hasta la Unión de Centro Democrático (UCD) del incansable Alvaro Alsogaray, el (capitán) ingeniero que nunca tuvo votos pero le juntó la cabeza al “liberalismo” argentino y con su hija María Julia y Adelina Dalesio de Viola lograron hacer lo que la “Libertadora” no pudo, hacer bosta al peronismo por dentro. Ya hablamos de eso, paciencia.

Hay que anotar otros intentos muy interesantes, protagonizados por Domingo Cavallo (entronizado en la política por el cordobés José Manuel de la Sota, en un puestito de diputado para la Fundación Mediterránea, a no olvidar) con su Acción por la República (AR) que tampoco dio que hablar por haber sacado mucho voto, sólo lo suficiente para mantener en el candelero a sus hombres clave, que darían vuelta por la política argentina en busca del paraíso perdido (y lo encontraron). Después, ya en los albores del nuevo siglo aparece Compromiso para el Cambio como partido de distrito, y ya esa digamos que es otra historia (el impulsor era Mauricio, el hijo bobo de Franco, famoso contrabandista de automóviles, entre otras cosas).

Eso por derecha. Por izquierda, nada de tercer partido, porque la izquierda (la marxista) siempre aspiró a construir el partido “de la clase” (la clase obrera, que era y es, aún hoy, mayoritariamente peronista, un detalle). No obstante, como estrategia electoral en tiempos de democracia (burguesa) bien valía un “tercero”, más con una crisis orgánica (perdón, don Antonio) del capitalismo y la dominación de la burguesía. No pasó nada, como siempre. Pero mucha lucha. Es que la gente es tan hija de puta…

Por centro izquierda, por el lado progresista, ahí si se lograron avances. Por si no recuerda o es demasiado joven (y de leer mucho no), Oscar Alende armó el PI (Partido Intransigente) y la famosa Alianza Popular Revolucionaria (…) en aquella mítica elección de 1973 en la que ganó Cámpora (y Perón). Pero su costadito tuvo la experiencia, y por primera vez el progresismo tuvo un lugar y no haciéndose los zurdos en el radicalismo o puteando en casa. La otra gran experiencia exitosa, fue sin duda, el Frente Grande. Primero heredero del Grupo de los 8, y luego metamorfoseado en un partido en el que convergerían peronistas, intransigentes, ex radicales, ex izquierdistas, y fulanos de que se decían “socialistas” sui géneris en confesiones de invierno. Alguna vez me dijo un peruca del FG sobre su grupo que eran como 43/70, negros pero más suaves (nota de color).

Sabemos cómo terminó. En ese cruce del que hablábamos. Y eso nos lleva de nuevo a la crisis política del 2001. La Alianza (frente compuesto principalmente por la UCR y el FREPASO) no dio vuelta la página del ensayo neoliberal del menemismo e intentó, inclusive, salir de ese modelo con herramientas que no manejaba… Terminó en estallido y con 39 muertos, de esos que salen de un solo lado (del nuestro). El Radicalismo como tal entró en una crisis terminal, no sólo se dividió en pedazos por personalidades (López Murphy, Carrió, Stolbizer, y otros) sino que perdió, definitivamente  su componente “progresista”. Sus antiguos líderes alfonsinistas, esa loca juventud del Renovación y Cambio de los ochenta envejeció y rumbeó decididamente a la derecha (menos el digno y respetable Leopoldo Moreau, que sigue en la misma y por eso lo rajaron del partido que ya no era ese partido). El Radicalismo perdió su alma o la vendió al diablo, puso a disposición de la derecha liberal su andamiaje nacional –vacío, pero aún con algún poder de decisión en muchos lugares- y se abalanzó sobre su merecido plato de lentejas. Un final que será tan largo como indigno, según lo que puede verse.

Dicho todo esto, podemos comenzar el tema. ¿El peronismo no tuvo su crisis política? Si y no. En primer lugar, el peronismo orgánico evitó esa crisis de representación política y social porque estuvo en el poder (en la parte de poder que se puede tener en una democracia como la nuestra). Tras el naufragio del alfonsinismo, emergió un Menem fortalecido por haberle ganado una interna increíble a don Antonio Cafiero (ese padre biológico de la renovación peronista). Quedó solo en el escenario político como pocas veces, con todo a favor y la esperanza renovada. Lástima, porque decidió traicionar absolutamente y a fondo no solamente el ideario peronista, la doctrina y la historia, sino que comandó la apertura definitiva a las teorías neoliberales dentro del peronismo. Y acá otro aparte necesario…

Ya con las ideas “desarrollistas” (y no en estado puro como las del Frondizi de “Petróleo y Política”, sino con las multinacionales adentro) habían penetrado lentamente en el peronismo en la década del sesenta. El llamado “neoperonismo” flirteaba con un keynesianismo del subdesarrollo que no le hacía un asco al encuadramiento en las buenas maneras y las limitaciones de la dependencia. La tumultuosa década del 70 y la radicalización de la juventud (gloriosa) retrasó y en parte inutilizó esas avanzadas, pero pudo neutralizarlas. La represión hizo el resto, dejándonos sin los miles que hubieran debido ser nuestros dirigentes y candidatos en los años por venir. Tras la tormenta, reaparecieron las teorías del peronismo como nuevo “partido del orden” que, junto a conceptos como “populismo” son la psicogénesis del gorilismo adentro del proyecto nacional. Es necesario reconocer estas cosas y estar atento… Es cuando se plantea un peronismo “partido” y menos “movimiento”, más conservador para ocupar un lugar en la diáspora. Son los antecedentes del menemismo y también del duhaldismo (que no son lo mismo, pero que nacieron juntos). Mientras, se apagaba en soledad Saúl querido y parte de la mística. Porque daba vergüenza el “peronismo” de los menemistas, un pecado colectivo aunque no de todos los peronistas. La “masa” quedó en silencio, como chamuscada.

La salida de la crisis del 2001 fue capitaneada por un peronista conservador como Duhalde, y terminó en el puente Pueyrredón y la cacería de Avellaneda. Más tragedia. El bastón de mando quedó en el aire y fue a parar a las manos de un santacruceño casi desconocido. Néstor Kirchner es el salvador del peronismo, el que nos devolvió la esperanza y el orgullo, el que nos empujó hasta que entre todos nos vimos dignos. Es impagable la deuda que el movimiento nacional tiene y tendrá para siempre con ese hombre. Gran parte de mi generación, ve su foto y la besa en un acto de fe que explica más que mil bibliotecas la ideología política y la realidad efectiva. Y después Cristina, la gran continuadora y la actualidad insoslayable de un peronismo que, como la Patria, existe.

Por esto es que el peronismo no tuvo la crisis de representación que si destruyó al Radicalismo como espacio político. Pero…

La guadaña está en el aire. La fractura del bloque popular (y entendemos con esto, a todo ese arco que bancó gran parte de la “década ganada”) permitió que la derecha triunfara de la mano del voto popular por primera vez. Si el peronismo como tal no logra ahora alcanzar la unidad, teniendo en cuenta el proyecto nacional y popular 2003-2015 como base, está expuesto a ser víctima de esa crisis en suspenso. Se corre el peligro de que, finalmente, termine consolidándose la división del Justicialismo como definitiva y no –como fue hasta ahora- por el devenir de la coyuntura.

En un país como el nuestro, subdesarrollado y dependiente, con el neoliberalismo desplegando nuevamente –y peor- su modelo de subordinación financiera y destrucción del aparato estatal recuperado por el último peronismo, no hay cabida para experiencias de un peronismo dócil y aceptable para el poder real. Cuando ese peronismo “sensato” colabora dando luz verde para pagar la libra de carne a los fondos buitres, o cuando sugiere que podría acompañar reformas tributarias, laborales, previsionales diseñadas por el FMI, entonces ciertamente se está a un paso de cumplir la maldición. Lo mismo ocurre con la esperanza no corroborada y puramente teórica de “la ancha avenida del medio”, que sólo serviría para que la transitaran los camiones de Prosegur rumbo a Ezeiza (igual).

La única manera es la unidad del peronismo en torno a un programa peronista, que tome a los logros de los gobiernos kirchneristas como piso (nunca es al cuete repetir esto).

Resumiendo (mal y pronto):

El Radicalismo selló su destino dando aire a sus componentes más reaccionarios que terminaron sellando una alianza con el neoliberalismo, y completó de esta manera, el ciclo de caída libre que estalló en el 2001;

La emergencia del “tercer partido” se demostró efectiva cuando pudo ser un elemento progresista dentro del Frente Nacional construido y liderado por el peronismo. De eso se trató el Frente para la Victoria, la última versión frentista del peronismo, que se potenció haciéndose verdaderamente transversal. Queda si, un desafío para el progresismo, de levantar un programa superador dentro del espacio y ganar voluntades;

Si el peronismo repite esquemas presentándose como cabeza de varias coaliciones (es decir, por separado) colaborará con el neoliberalismo y posibilitará que la destrucción de la Nación continúe. El peligro, además, es que consolide su propia división y finalmente, los herederos de la Libertadora logren la inutilización del movimiento nacional por mucho tiempo.

Así las cosas… para analizar cómo sería que nos vaya bien, hay tiempo y es más fácil. Y se la dejo para otra vez.

Viva Perón.



martes, 3 de abril de 2018

LA GRIETA (SOCIAL)



¿A usté no le parece que cuando se habla tanto de la unidad (por caso, del peronismo) es que estamos lejos aún de lograrla? Enseguida se pasa revista a los sectores contrapuestos, a los dirigentes de uno y otro lado... Y nos quedamos con los dirigentes, si éste estuvo acá o allá, de las agachadas y múltiples cambios de vereda. Lo dijimos muchas veces matizando hasta lo imposible las palabras, sobre todo la palabra "traición", porque sabemos -y cada vez somos  más los que caemos en la cuenta- que sin unidad del peronismo en primer lugar y del campo popular en general (¿no mi General?) vamos a tener un tiempo más de este neoliberalismo de salteadores de caminos. ¿Llegaremos a eso de que "Hay 2019”?...

Sin embargo hay otros aspectos -más  importantes- desde donde ver el tema de la unidad y tiene que ver con cuestiones estructurales. Mire esto y seguimos charlando...

“(…) la destrucción del tejido industrial y la mutación del mundo del trabajo vienen produciendo desde hace ya un par de décadas una fragmentación del universo popular que, a grandes rasgos, hoy se divide entre los desocupados, los trabajadores informales y los trabajadores formales (el “moyanismo social”, cuya emigración primero al massismo y luego al PRO produjo el quiebre de la coalición kirchnerista –y su derrota-)…” (…) “estos modos diferentes de inserción laboral generan posiciones, visiones del mundo y hasta ideologías distintas, que profundizan la distancia incluso entre quienes viven medianera de por medio: la distancia entre el trabajador cuya vida, aún con un salario bajo, sigue organizada por el trabajo, pautada por la semana laboral y protegida por un sindicato, y el que se ve obligado a rebuscárselas con las changas y los planes. Esto genera a su vez demandas distintas entre los sobrevivientes de la Argentina salarial que reclaman por el impuesto a las ganancias y la obra social y los hundidos del siglo XXI, que piden el socorro del Estado.”

Se dijo en otro posteo hace un tiempo, pero lo repito: en los 2000 uno veía desfilar por Av de Mayo hacia la Plaza contingentes  de lo que histórica y estructuralmente era la base social del peronismo. Trabajadores convertidos por la magia (mafia) del mercado en ex trabajadores. Marchaban con banderas propias, trapos desteñidos con barrios atrás, pibes, pibas que no  salían del anonimato. Y que no debían salir porque en la Argentina decadente de los liberales, hay sobrantes sociales y no "ejército de reserva" para regular el salario y aumentar la tasa de ganancia empresarial. A la fragmentación del mundo del trabajo se le adosaron dosis insoportables de marginalidad y pobreza (que no son sinónimos). La brecha se agrandó como para no cerrarse nunca más. Y entonces si hablamos de fractura social, ahora entre trabajadores formales y trabajadores informales, más los ex trabajadores. Nos quieren vender una “grieta” con sectores de la mal llamada clase media, cuando lo que subyace es un quiebre mucho mayor. 

El peronismo original (ese que comandó Perón en persona) organizó la vida social en base al trabajo y los sindicatos. Ya estaban allí las patronales, y sin embargo, se erigieron nuevas que provenían de antiguos talleres y fabriquitas más de barrio. La famosa “burguesía nacional” que el peronismo creyó encontrar finalmente (encontrar, crear, serían solo matices semiológicos). El mundo del trabajo se completaba con sindicatos fuertes en organización, afiliados y también recursos para brindar estabilidad laboral, garantizar el incremento del poder adquisitivo de los salarios (que funcionaba como engranaje necesario de la ampliación del mercado interno), y también salud en clínicas propias, vacaciones en complejos turísticos manejados por los gremios, obras sociales. Sindicatos de organización compleja, verticales en la cúpula y horizontales en las organizaciones de base, así se planteó el modelo sindical del peronismo. Lo que quedaba afuera, la sociedad descarnada de los sin oportunidades, los humildes al decir de la presidenta de la Fundación de Ayuda Social (Eva Perón), se atendía por esa vía. Terminado el período de gloria, los sucesivos golpes de Estado y pasajeras democracias tuteladas, el esquema sindical siguió intacto y el Estado asumió parte del trabajo que llevara la Fundación Eva Perón, pero mal y sin querer.

Lo que explotó luego de la Dictadura Cívico-Militar (1976-1983) fue el esquema general, la Comunidad se desorganizó finalmente y emergieron las islas del neoliberalismo. Flexibilización laboral, las poli funciones y posiciones en la organización productiva, las empresas que a la especulación financiera le agregaron valor, y también mano de obra sobrante. Pero sobrante para siempre. No se ha podido recomponer el esquema original, como tampoco ensayar la superación del tema una vez aceptado que la super informalidad laboral venía para quedarse. 

No obstante: “(…) Durante su larga década en el poder, el kirchnerismo logró suturar esta herida abierta en el campo popular mediante la acción enérgica del Estado y el talento de su liderazgo. Sucedida la derrota, la fractura reemerge, más ardiente que nunca. Por eso el proceso de recuperación del peronismo, si finalmente se produce, debe contemplar la realidad de este universo social astillado…”

Así es el costado social de la unidad. Somos una sociedad partida, vulnerada, maltratada a control remoto y a la vez por sus  propios dueños (ahora elevados a la categoría de gobierno constitucional, de acuerdo a las normas de un Estado de derecho). Hay que atender a estas cosas primero en lugar de discutir alegremente sobre dirigentes. Porque ¿qué pasa con los no dirigidos?, los afueradetodo. Las diferencias con los incluídos no pueden ser más elocuentes. Mire, en la marcha famosa ya de febrero (la de Camioneros y otros gremios y organizaciones sociales, la que tuvo a Moyano como  orador principal) esto se hizo visual. Los sindicalizados estaban bien vestidos en su estilo, alimentados, organizados institucionalmente, y los otros no. Con la caída en picada de los estándares de vida ocasionado por el saqueo del “cambio”, se nota más que nunca.

Los que discuten paritarias (a través de sus organizaciones y con sus dirigentes, buenos o malos) son todavía mayoría en la Población Económicamente Activa, cosas de la Argentina peronista. Un casi 40% -que es muchísimo- queda a la intemperie. Si usté junta a los que laburan en blanco pero no están bajo Convenio, o no pueden (quieran o no) sindicalizarse, con los que no tienen trabajo formal,  y los que viven de changas y/o completan con algún plan  estatal, bueno, allí  tiene la fractura social verdadera.

Todo esto actúa sobre  la política y también la parte. Solamente  con una conciencia real del desastre, se puede comenzar a entender lo imprescindible de la unidad y dejar esos maravillosos escrúpulos (y tantos principios) para el ágora ateniense que, entre nosotros, era esclavista. Parecido a lo que hablábamos, al menos en la metáfora. 

La "grieta" que nos venden no dejan de ser deshilachadas discusiones de panzasllenas (entre los que me incluyo). Sin propósito de banalizar el debate político (o lo que sea eso) es necesario mirar más allá si se quiere hacer un análisis que no solo intente interpretar la realidad, sino que pueda proyectarse al futuro.

Algo así, ¿no?...


Las citas son de “Todos unidos volveremos” por José Natanson; Le Monde Diplomatique; edición 225; marzo 2018; págs.. 2 y 3.

miércoles, 21 de junio de 2017

LAS IDEAS NO SE MATAN

De camino al exilio en Chile, se dice que Sarmiento escribió en una piedra "las ideas no se matan" (y lo puso en francés, el muy fino). Lo que sigue no tiene nada que ver con el gran sanjuanino (ponga usté gran qué cosa, a gusto), sino conque es cierto que hay ideas que no se sacan así nomás. No hablo de grandes ideales, de valores como la justicia social, la solidaridad o el mero compañerismo, que se sienten o se aprenden a sentir desde el vamos... o no. Tampoco de esos pensamientos complejos sobre la economía política, que da sustento a eso de "patria si, colonia no". Todo eso no suele fijarse en la cabeza como los preconceptos, los prejuicios y algunas burradas que se adhieren como chicles y hacen nido, se alojan, se mimetizan y se transustancian.

"Cristina es chorra" por ejemplo (o su genérico más gorilón, aunque sincero: "los peronistas son todos chorros"). Cristina es dueña de una cadena de hoteles en el sur y los alquila a precios exorbitantes a conocidos que benefició siendo Presidenta y se guardó la guita. Mientras Devido se choreó todo con la obra público y le pasaba a CFK su parte de las coimas. Toda la guita iba a parar a múltiples cuentas en el exterior. Y más, como si usté y yo estuviéramos en esos livings que se arman a la tarde en programas de "noticias" para hablar de cualquier forrada. Las pruebas te las debo, eso sí. Las causas no van ni para atrás ni para adelante, y eso que la corporación judicial -que es la mafia judicial, y no el poder judicial- tiene ahora las terminales bien alineadas con Balcarce 50 y/o una cuadrita al costado tirando hacia Retiro, cerca del Nación, donde una placa tapa lo que siempre fue, la Side.

Pero el portador de la idea fija lo cree todo, porque para eso tenía la idea pegada, para recibir la sospecha y reconocerla como propia. Decir que eso es antiperonismo nos diluye el problema y encima enaltece al mequetrefe vociferador a la categoría de pensador y poseedor de una ideología que no es tal. Se trata de estupidez lisa y llana, de la que se valen los que no son ningunos estúpidos y les chorrea hijaputéz por todos los poros.

Porque vea, que si de Cristina no pudiera probarse que es una chorra, queda lo de soberbia, altanera, maestra ciruela. Todas cuestiones molestas si le apetece, pero que no llevan a una sanción ética. Puede ser que la Señora despierte algún sentimiento de inferioridad y sabemos que cuando un forro se siente forro, puede ser peligroso.

Y otra pregunta que se me aparece como una manifestación de la primavera: ¿por qué justo cuando se reivindican cuestiones populares, derechos, historias "no oficiales", por qué cuando se cuestiona al neoliberalismo y se gobierna un poco para los de abajo y los del medio abajo, surge la fiebre de la corrupción? Porque hay que voltearlos y punto. Y con esta Señora no se pudo, entonces hay que llenarla de mierda, para que ni usté ni yo vayamos por ahí diciendo barbaridades sobre la curiosa relación que hay entre una necesidad y un derecho, como para calentar motores.

El patrón dice chito, el celador dice chito. Entonces se me calla. Que nos de un ataque de vergüenza, depresión, impotencia, o simplemente que nos de un ataque. Y nos callemos, y no votemos. Que desaparezca ese cuestionamiento, esa mirada de reprobación, el ímpetu de pelear y de volver y volver y volver y volver. El sueño de la oligarquía es que el mismo pueblo, o una parte importante del pueblo, nos rodee y nos haga callar. O nos eche, o nos escupa. O que simplemente y finalmente, desaparezcamos de la faz de la tierra.

Recuerdo una cosa que decía una señora por ahí, algo como "estos hacen las cosas bien, sólo porque quieren ganar las elecciones". Y de esto se compone o descompone la idea del "populismo" que pretende reemplazar al concepto "peronismo". Este abuso pornográfico de lo popular parece que produce engatusamiento, una fuerza interior de tozudez hecha programa político y doctrina (que es peor, mire). No sé, enloquecen, se ve que da miedo.

Y mire qué curioso, esa conciencia nacional, de derechos sociales, políticos, económicos, de continentalismo, todo eso que se malconfunde bajo el rótulo miserable de "populista" (en lugar de decir peronista, progresista, zurdo, y siga más allá de la pared si quiere), no funciona como la idea incrustada en el cerebro que le decía.

No. Para tener estas ideas hay que sentir (no "sospechar"), saber (que conlleva "aprender") y pensar. Es tremendamente difícil y te duele la cabeza. Tan difícil que lo puede hacer cualquiera que no haya sido penetrado (ay) por la merda del sistema que te roba siempre las vértebras esas cuya función es mantener la cabeza alta y la posición erguida.

Ahora bien, ¿significa esto que nuestros compatriotas, esos que portan el prejuicio antiperonista como el balazo que llevaba Mitre metido en la frente, no tienen remedio? Tienen remedio, eso sí, aunque no todos. Porque ser prejuicioso y aún medio gorila no siempre significa que el proceso sea irreversible. Hace falta si que el fulano o fulana no se regodee demasiado con la desgracia ajena para sentir el placer propio, porque eso sí que es jodido. Hace falta que no sea un envidioso empedernido. Estos casos suelen ser graves porque el enfermo no reconoce padecer del mal.

Y uno dice, o un coso me dice ¿para usté todo el que no está de acuerdo con ustedes es un enfermo? No sucumbo a la tentación y le digo que no, que de ninguna manera. Hay gente que no acuerda con uno y está cargado de argumentos. Es más, gente con la cual uno debió coincidir pero no podía blanquearlo mucho porque estaba cuidando la Patria -digamos- o creía que así estaba bien aunque no todo fuera del todo bien.

Pruebe en darle a esos otros menganos la razón en un par de cosas -seguro que hay un par- y manténgase firme contra lo que es pura manipulación mediática, pura alucinación gorila sin prueba alguna (y con mucha prueba en contra, agrego). De eso no nos bajemos, pero de lo otro sí. Y va a ver como la cosa cambia; y si no llega a un acuerdo al menos verá que la distancia está un poco más corta.

Y un día por ahí se reconstruye ese 54% que no es todo propio, que lo hicieron estos también. ¿O usté piensa que importamos gente de otro lado en aquella oportunidad? ¿O usté piensa que gano Carrió en el 2011 pero le afanamos casi el 40% de los votos?... porque mire que esto también se dijo. Entonces, el famoso frente ciudadano -a mí tampoco me gusta el nombre- no es, como uno pensaba, para ir a buscarlos a la casa y cagarlos a trompadas, sino que es para reencontrarnos, que nos viene haciendo falta. Y vio... la Señora sabe, aunque no te diga todo. Y ahí cuando menos se pensaba, la Mina nos puso la Unidad Ciudadana como para ir parando el espantajo que el neoliberalismo nos trajo de vuelta.

Como le decía, no se pueden matar esas ideas fijas; yo sugiero que le vayamos de costado. Que le ganemos la confianza en base de ser más sinceros, más críticos, menos pelotudos, menos infantiles, menos estalinistas (ya se que no se escribe así). Brutal, me lo digo, no es que se lo digo. Y no por eso vamos a dejar de estar donde hay que estar y en el momento en que hay que estar. Será que es posible vencer ese cerco imperialista que bloquea las mentes, deshace las sonrisas y pretende que se acepten cosas que son absolutamente inaceptables. Y que van contra la vida y hacienda del pueblo (o pueblismo).

El gobierno y el poder mienten mucho y todos los días. Descaradamente. Tienen como hacerse oír, tienen sus perros y sus escribas, tienen casi todo. Nosotros tenemos lo de siempre y vea que va dando resultado. Como el hecho maldito, de un país burgués.

Es cuestión de hacérselos otra vez.



viernes, 7 de abril de 2017

POPULISMO (las pelotas)



Uno tiene la sospecha de que aquí cada tanto se viene a chorear. Cotorreo con el "costo argentino" que viene a ser que ganamos demasiado y podemos hacer demasiado con nuestra libertad laboral, por un decir. Cotorreo con la inflación, ese impuesto al pueblo que siempre va a parar a los mismos acumuladores de oportunidades. Cotorreo con el déficit fiscal y el Estado, como si se tratara de un caño roto que chorrea agua y va a parar a la calle. Pero al parecer acá se viene a chorear cíclicamente, mientras la gilada se hace un mea culpa inducido. 

Abreviemos esta parte porque es conocida de sobra. Unos sustraen del alma del Estado eso que era para repartir, cobran cometas, cobran coimas -y cuando están del otro lado del mostrador coimean-, consiguen contratos increíbles, contraen deudas increíbles, hasta compran un arsenal como para hacerle el aguante a Rusia... Hacen la diferencia, y entonces se necesita el discurso moralizador y liberalote para que la culpa de tanto estropicio la tenga... usté, todos, menos ellos.

Conocido, pero ante tanta repetición, ignorado. Mire, extraer dinero de la Argentina debe ser como cazar en el zoológico, pero... Había un problemita, y con historia. Se llamó Peronismo y supo ser -y cada tanto sabe ser- un azote, la maldición de este país burgués.

Es fácil lo que hay que hacer:  hay que destruir al Peronismo y los valores que porta, deshacer su impulso, invisibilizar sus logros.  Y ahí está la otra cuestión, que vienen por el "cambio de paradigma" mientras se chorea. Usté sabe, porque es compañero y si no debería andar sabiendo, que esto es viejo. 

Tuvieron un zacudón con la ley Sáenz Peña, cuando salió mal y ganó las elecciones el primer radical yrigoyenista; pero pasó y lo pudieron contener. Al movimiento obrero lo fueron tiroteando, golpeando, esquivando, mientras se iban sacando a esa manga de inmigrantes molestos y anarquistas. Pero… Nueve años de Perón fue la locura absoluta del país granero del mundo, exportador de vacas gordas y de tiradores de manteca al techo. El peronismo arruinó la fiesta burguesa y se quedó a hacer cultura para abajo, subiendo a los que estaban en el fondo.

Cosas novedosas ¿no? Buenas nuevas de mercado interno, consumo, mercaditos estatales en los barrios, derechos tan peleados y soñados hechos realidad efectiva, de continentalismo, de Nación de verdad que se hizo Patria de overol, taller, guardapolvo, tierra adentro. Nada fue igual y todo comenzó a ser como parece. 

La academia vino entonces en auxilio de una derecha tilinga y desvergonzada. Estudiosos al otro lado del océano dijeron que todo eso era "populismo". Algo así como una dictadura antirrepublicana, dispendiosa, sobadora de lomos oscuros, basada en el resentimiento y promotora del odio. Está clara la rabia, el corazón oligarca había quedado afuera, exilado en el propio país.  Así comienza el laburo de los envenenadores de almas.

Como era nuevo, de una se pudo prohibir el nombre del tirano depuesto, sus símbolos, sus cosas, …esa marcha. Después y ante la persistencia del fenómeno populista, la cosa se puso más difícil. Los negros resistían, todos juntos, de a grupos, te hacían un acto relámpago, te dejaban un caño, te armaban un quilombo en un frigorífico. Se radicalizaban, pero no se hacían radicales. Había cada vez más peronistas.  

La vida dio vueltas, sabemos todos, entre dictaduras y recreos democráticos para ir a jugar -menos esos chicos que estaban proscriptos y no debían ni estar en el patio- volvió la sangre, engalanaron sus ventanas con los banderones del odio.

Finalmente y a las cansadas, encontraron algunos peronistas de Braden, más dóciles, ladinos, dispuestos a entregarse y entregarnos. Y así en conjunto, los oligarcas y los miserables vendieron las joyas de la abuela, y el cadáver de la abuela también. Ese peronismo hasta les gustaba, pero no duró aunque se paseó por la rambla una década. Estaba bueno, porque después de eso ningún pendejo iba a querer ser peronista. Eso pensaban. 

La historia tiene sus inexplicables, y así en medio de una crisis de la sanputa, a los empujones le dejaron el incendio a un desgarbado que usté ya adivina. El tipo pacientemente fue curando de a uno, juntó, porfió, arremetió,  gobernó como nunca habíamos visto los que nacimos después del '55. Una reconstrucción enorme y con enormes sacrificios. La dupla se completa con la Señora y se profundiza. Nunca habían pasado doce años de peronismo explícito, así tan desaforadamente luminosos, más allá de la opacidad que nos dejó la correntada liberal. Se retomó la saga fundadora, se encendieron mil luces y florecieron mil flores.

Y se encendieron todas las alarmas en los escritorios de los que mandan. Ahora se desempolva lo del "populismo" retomando el camino de zombización de la Argentina.  Mientras chorean nos quieren quitar el alma, las ganas, y esa Patria en la que no creen y por la que no juran. 

Que quede bien claro, porque "populismo" es como los gorilas le dicen al Peronismo para no nombrarlo. Y lo dicen así porque queda bien, porque hay muchos que no entienden nada y porque nos tienen que parar otra vez. 

Los oligarcas se tienen confianza pero también sienten miedo. Y tienen miedo. Los bobos siempre temen, eso no cambia. Y entonces chucean, provocan bien a lo “Libertadora”, porque hay gorilas que son bien gorilas. Y hay salames bien salames, que les fascina hacer coritos. Pero, ¿tanto miedo nos tienen? Creo que no, porque siempre esperan que nos salte la cadena para mandarnos los perros como siempre. Pero no.

Pasa que a los "populistas" nos duele que le saquen la comida de la boca a la gente, que los miren por arriba del hombro, nos pone de la nuca que los traten de negros y los negreen. Somos gente inquieta y susceptible. Esta gente interpreta que la sensibilidad es una muestra de violencia. 

Y algunos de verdad creen que se puede llenar la Plaza, las diagonales, la av de Mayo, la 9 de Julio, las plazas provinciales, los caminos, con choripanes y micros. Parecerían demasiado pelotudos si es que no se supieran tantas  historias sobre la hijaputéz. 

De fondo, sabemos lo que quieren: transformar la tasa de ganancia empresarial y financiera a valores absolutos o similares, bajar los costos laborales, terminar con las paritarias, dividir a los sindicatos y de ser posible destruir a toda organización de trabajadores, ensuciar los valores populares, sus emblemas, sus partidos, sus dirigentes, sus ideas. Domesticar al peronismo y de ser imposible, destruirlo. Hacerlo desaparecer de la conciencia ciudadana, borrarlo de la democracia, disolverlo en el aire. 

No nombrar al Peronismo, como prohibieron ya con el decreto 4161. Entonces, se dice "populismo" y se escupe en el suelo.

Y tras este oleaje tremendo, van a ir asomando en las costas multitudes mojadas, flexibles, con la frente en alto. Pasa, estimado gorila, que los juncos siempre fueron peronistas. Lástima.