domingo, 9 de octubre de 2011

Un país en el que la Patria no corra peligro

¿Será una dictadura si sacamos una barbaridad –como el 14 de agosto- y gran parte de la oposición desaparece?… En tal caso, sería una variante curiosa de suicidio político colectivo. Es que algunos están convencidos, pero muy convencidos de un rumbo que sólo los acerca a un enorme iceberg en medio de la noche (y la banda seguirá tocando en cubierta, sin glamour pero con una indisimulable virtud por la negación). Hace mucho que están lejos de la gente y que además, la gente les chupa un huevo. Bueno, a veces la vida se toma revancha. Nos veremos el 23.

Pensemos por un momento en un país en que la Patria no corra peligro. Es decir, un país en el que la derecha no pueda volver a gobernar por unas décadas. Un país –y es otro ejemplo tomado al azar- en el que Carrió se haya declarado derrotada, en el que Duhalde termine enredado en monosilabos y lamentos, Chiche no sea senadora, Ricardito Alfonsín pare de gritar estupideces ante un auditorio replicado por la magia de la computación y deje de pensar que es un líder. Un país sin que la prédica de una desvergonzada como Patricia Bullrich llegue a ningún lado, en el que el “colorado” De Narváez pueda dejar de actuar de peronista y vuelva a sus empresas.

Eso por hablar de los francamente impresentables y que no tienen a nadie que se les anime a encararlos con un espejo. Hay otros, como el Alberto que se postula para ser anfitrión de la Isla de la Fantasía (vamos nuestro Lamas puntano), y que sólo parece buscar un container para cobijar los restos del “peronismo disidente” (y vengarse de ese otrora Padrino que dejó a oscuras al Adolfo en Chapadmalal).

Un país para confrontar proyectos si, con un Binner y hasta con un Sabatella, pensando que tenemos una mejor visión de la Argentina, una más completa, más sensible porque nuestro proyecto se basa en esa Patria (¿se acuerdan?) Justa, Libre y Soberana. Y tiene antecedentes (no sólo tragedia). Competir con otros que nos corran “por izquierda” o por la progre. Y ganar la voluntad de la mayoría del pueblo argentino.

Nos tenemos merecido un Peronismo del siglo 21 armando la sociedad para dentro de muchos años. Y estas pesadillas que se autotitulan “oposición” queden en un tacho de basura arrumbado en el cuartito del fondo, de salida para la vereda.

lunes, 3 de octubre de 2011

las ideas simples

Ideas simples, casi de entre casa. Tan alejadas de lo que aprendí a valorar como importante. Quizás, …

Comencemos con un “Que la Patria sea grande, y el Pueblo felíz”. Un programa de gobierno revolucionario. Necesario, urgente, contenedor. Decir “felíz” ya, bueno, no es lo mismo que liberarse de la explotación del hombre por el hombre, o de vivir el vértigo de haberse hecho a uno mismo.

La “patria grande”, dos por el precio de uno. Patria no figuraba en los textos, no es un término que la Academia respete demasiado, a algunos les suena a facho (así de colonizados vinimos a quedar). Y “grande”, ¿cuál, la de San Martín?, o uno se refiere a ese proceso (una palabrota) de gobiernos populares en América Latina que terminó escalonadamente en un Plan Cóndor… a ver.

“De casa al trabajo, y del trabajo a casa”. Cuánta discusión sobre esto, nos sonaba mal pero muy mal. Adios a la participación política, un burro de carga que se mete en el agujero para salir al otro día. Eso sin hablar de la mención subliminar de la familia encerrada en la palabra “casa”. Todo bien, hasta que un mal día –de esos días de mierda que tuvimos como historia reciente- los pibes fueron a comer al colegio, en Europa nos dijeron que había llegado “el fin del trabajo” y a una gran parte de la sociedad señor, nos rompieron bien el culo. Ni casa ni trabajo. Y la familia languideció, las parejas se separaron, muchos se repartieron en casas de parientes o se fueron al carajo. Haciendo laburo de encuestador durante años por el conurbano vi filas de pibes –esos que habían crecido un poco- sentados en la vereda tres cuatro de la tarde con una cerveza (no mil, una). ¿Y el cole, y el primer laburo?

La del escándalo: una “tercera posición”. Hay dos imperialismos (bueno, ahora hay más), uno subordina el hombre al capital y el otro al Estado. En ambos se sufre (y dale con el tema de la felicidad). Algunos te lo matizaban y aparecía el imperialismo bueno, porque los rusos de vez en cuando apoyaban a algún movimiento de liberación nacional. Y el malo, que es el de siempre. Sacrilegio para los oídos zurdoliberales que uno tuvo.

Pero lo del tercer mundo nos mataba, nos hablaba en un idioma para el que no había que ir a la academia cultural inglesa de olivos ni al sarcu. Algo de eso que tanto molestaba te decía desde adentro que era así y que había una tercera (y que era la nuestra). Siempre triángulos, diría el analista.

Ya cuando uno le entró a la “comunidad organizada” la cosa cambiaba. ¿Me querés decir por qué no tendría que estar organizada la comunidad?, sobre todo por eso de que “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”. Después –instrucción y lectura mediante, pero sobre todo mucha mateada- aparece el valor de la ley de Asociaciones Profesionales, la organización sindical que encuadra como factor de poder al polo “trabajo” frente al “capital”. “Armonía de capital y trabajo”, un despropósito… a menos que se generaran las condiciones para que el capital no pueda encapricharse con la ganancia. Es difícil, claro, y que dure el equilibrio lo es aún más porque el capital tiende a ser grosero con el equilibrio. Igualdad como génesis de la libertad, algo así.

Está bueno esto de las frases porque es interminable. Me quedan por ahora dos más y voy redondeando el paseo.
La subversión bien entendida empieza por casa. Entonces “donde hay una necesidad, es que existe un derecho”. Y me partió al medio esa Mina. Y entré por ahí, corazón abierto y la cabeza hecha un bollo bajo el brazo.

Uno quería conocer mundo, entender otras lenguas y se fue a la mierda. Yo no digo que se perdió el tiempo. Militar, vivir, eso no le quita facultades al tiempo. Era todo para volver a casa más grande, más curtido, un poco más entendido. Y ver, qué se yo, armar algún día esa agrupación que siempre ronda, la “Justa, Libre y Soberana”.

Qué cosa brutal las palabras. Y esa ideas tan comunes como mis tías y mis abuelas, y algún tío abuelo inmigrante que se perdió en el color azul del cielo bendiciendo estar acá donde había trabajo y no había guerra y me lo decía teniéndome a upa bajo la parra. Pensando que yo no le entendía.

jueves, 8 de septiembre de 2011

PALESTINA es un país.

Donde hay una necesidad, hay un derecho. Nosotros la tenemos con eso, pero hoy voy a usar esta frase magnifica que nos dejó Evita para referirme tal vez a una de las necesidades más fundamentales. Una que tiene que ver con la identidad y la cultura. La necesidad nacional.

No pretendo entrar en la discusión de finales del siglo XIX sobre si corresponde que cada pueblo (por “etnia”) deba necesariamente tener un “hogar” Nación con su territorio. Pero si pensar profundamente que un pueblo, unido por la cultura, un pasado en común, un proyecto de futuro y además una larga lucha por la soberanía nacional, tiene derecho a reconocerse en su país y dentro de sus fronteras. Es un derecho que afirma, sin negar al “otro”. Es el caso de Palestina.

El pecado –que se esconde en toda denegación de derechos- se llama colonialismo. Y “coloniaje” viene a ser la justificación culturalista de todos aquellos que ayudan desde lo ideológico a la denegación de ese derecho y resulta ser que no están entre los opresores, sino entre los oprimidos o los débiles (para ser más suaves). Esto también es parte del problema, de no darse cuenta de que en esto que estamos hablando hay una injusticia que se comete contra todo un pueblo.

Los palestinos vienen de rifa en rifa, primero con el Imperio Turco, luego con los “protectores” ingleses, luego las Naciones Unidas, finalmente con Israel y sus aliados, sobre todo los Estados Unidos. Les han dicho y hecho de todo: migraciones forzadas, ataques indiscriminados, expulsión de su propia tierra, masacres, demonizaciones, deshumanización. Han sido parias, “terroristas”… o simplemente un “algo” que no debía existir. Pero los pueblos suelen ser tozudos de toda terquedad, y más cuando tienen razón.

Imaginemos en concreto lo que significa este derecho nacional… “izar la bandera, cantar a la Patria”, ir al mercado, hablar con los vecinos, sentirse parte de, sentirse acá. Una casa, un barrio, ir al colegio, hacer los deberes, tomar la leche, juntarse el domingo. Pasear por la calle, mirar vidrieras, ir al cine, comentar en el bar un montón de boludeces con los amigos. Discutir de política, de deportes, de minas y de fulanos. Sentirse a salvo, ni pensar en eso. Quejarse del gobierno, apoyar al gobierno. Que la vida simplemente fluya y que, un buen día, uno se muera y los que te conocen lloren. Y que los hijos te recuerden, que la vida te respete. Algo que tiene que ver con la Dignidad. Callada, de a diario, como una costumbre. Y sobre todo, que la Patria no corre peligro.

Tener derecho a equivocarse, a arrepentirse de un voto, a tener una burguesía, a sindicalizarse y pelear por lo que se cree justo. A recordar estos días como historia y que las historias personales reemplacen lentamente a los grandes acontecimientos.

Quererse, juntarse, separarse, encularse con alguno. Divertirse. Que los chicos crezcan. Todo eso, pero como palestinos. Todo tipo bien nacido –diría mi abuela- entiende estas cosas. Y si uno se dice peronista, mucho más aún.

En estos días, la Autoridad Palestina (el gobierno) intentará que las Naciones Unidas voten afirmativamente un estatus nacional para su pueblo, es decir, que se reconozca a Palestina como un país con plenos derechos y miembro de la comunidad internacional. El corazón de uno, y el de muchos en todo el mundo, está con ellos.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

LOST

Perdidos. Perdidos y solos en la playa observando el desastre, sin comprender cómo llegaron hasta allí. Más patético aún porque se habían imaginado como una cabecera de playa, algo así como el comienzo de un “tiempo nuevo” que nunca llegó.

En medio de los restos del avión, ya hay grupos que piensan en abandonarlos, tomar sus propios caminos o simplemente, abandonar una playa tan expuesta. Al igual que en la serie, uno como seguidor empedernido traza hipótesis: son parte de un experimente, restos de la guerra fría, están atrapados en una paradoja del tiempo… Quién sabe.

Creo –y arriesgo otra corazonada- que no existió un plan previo, o mejor dicho, un plan coordinado. Se trata más bien de micro emprendimientos de gente que no comprendió aún muy bien qué fenómeno se hizo visible catastróficamente en el 2001.

Ricardo A, por tomar un caso destacado, ve su “tiempo” tras la muerte del Padre. Mide, redescubre un partido político con trayectoria (centenaria, les gusta decir pavoneándose) en un estado de debilidad y falta de liderazgo. Aparte de ser su padre, Alfonsín fue el último gran líder que aunaba la pose de Alem, el aguante del Peludo, la verborragia de Lebenson, el cálculo de Balbín, la parsimonia y la imagen de Illia. Un último grande respetado, finalmente, por propios y extraños, dueño de alguna manera de los oropeles de la recuperación democrática. Ese que entusiasmó por segunda vez a una juventud entusiasta (la primera fue la de la JP, la última la de Néstor) y planteó, así de corrido, el Tercer Movimiento Histórico. Una mochila muy pesada de llevar, sobre todo si los trajes te quedan grandes.

Encima, el pobre malcriado oteó el horizonte y lo hizo mal. Usó la tan cacareada pertenencia a la socialdemocracia como papel de diario en baño de estación, y en lugar de spotearse con Binner se tomó una sangría con el colombiano naturalizado que camina el conurbano bonaerense. Y le cayó mal. Porque resulta que el colorado De Narvaez es un representante de la derecha (él dice que “peronista”, aunque lo seguro es lo primero). Los radicales, que todavía creen serlo, enloquecieron y mucho más después de que todo resultó mucho peor que lo esperado.

El problema –no el único- es que “lo esperado” era posicionarse en las primarias del 14 de agosto como la segunda fuerza, cerca del primero, y pensar en un escenario de segunda vuelta para octubre. Y de paso, hacer un estrago en la provincia de Buenos (Daniel) Aires. Todos sabemos lo que ocurrió.

Voy al otro ejemplo… Eduardo D (el malo, obvio) se convenció que tenía que volver de su retiro político, no le quedaba alternativa. El bañero-estratega revolvió el altillo de su bagaje cultural y encontró: la industria del país pastoril, el orden, el olvido, las buenas costumbres y la siesta colonial. Todo un combo conserva que tiene un hálito de antigua vigencia en el imaginario peronista de los cuarentas. Humanista al fin (concejal de la Democracia Cristiana en los setentas), piloto de tormentas probado, era el indicado para llevar el timón hacia el siglo XXI (evento que tuvo lugar hace once años).

Sólo tenía que juntar todo aquello que fuera herido –por acción y/u omisión- por la aplanadora K. Lo llamaron “peronismo federal”, pero duró muchísimo menos que el federalismo criollo. Lo bueno es que a los Rodríguez Saa, la Camaño, el don Luis, Puerta, Das Neves y demás, los unía y los separaba el mismo sentimiento: el espanto. Así salió.

Se tomaron tierras en el Indoamericano, se prolongaron hasta el imposible los idus del “campo”, se atormentó con todas las posibilidades y las imposibilidades del choreo al ciudadano, se jugó al temor, al terror, se fomentaron las virtudes de la amnesia. Se pronosticó el diluvio universal (sin tomar en cuenta de que el primer mundo es el que lo está viviendo) y, sólo quedó el recurso de denunciar un fraude, un falseamiento de telegramas, un algo informático. El recuento oficial de las PASO (hecho por la Justicia) le dio el incómodo tercer puesto, cerca del segundo, a años luz de la primera.

¿Cómo fue que llegaron a esa playa? Misterio del que no pueden salir. Y además hay personas perdidas como en toda catástrofe (personas “desaparecidas” tiene otra connotación que merece respeto y justicia). Lilita se perdió en las aguas profundas, uno teme por los tiburones.

Perdidos, pero no víctimas. Parecen más “La isla de Guilligan” que “Lost”, pero a no engañarse. Son gente peligrosa.

miércoles, 17 de agosto de 2011

El país de don José

Don José era un tano que vivía enfrente de casa. Tosco y amable a la vez; era constructor. Es decir, seguramente albañil (como el tío Miguel, del que algún día voy a contar un par de cosas) devenido con el tiempo y el laburo (progreso inmigrante) en contratista. Hizo el edificio de cuatro pisos que se veía desde la ventana del living. Cuadrado, feucho, un muestrario de materiales, cerámicos, mármoles y decoración (todo junto),pero sólido. Un piso para ellos, un piso para cada hijo.

De alguna manera yo viví mucho tiempo en el país de don José. Pero fue cambiando…

Una tragedia se llevó algunos pedazos de lo que llamamos adolescencia. A muchos conocidos o no, porque hay desaparecidos que uno conoció después. Acá pasa todo al revés. Tuvimos un principio de modernidad, un largo período de postmodernidad y ahora, estamos intentando que dure un poco más la modernidad. Pero todo se mezcla.

Vivo en un país en el que uno se pone contento y puede estar mal antes o después, el mismo día. Que tiene los cuatro climas y todos los humores. Con gente callada, humilde, soberbia, encaprichada. La gloria convive con algunas bajezas y entre ambas, se burlan del justo medio.

Es un país para patriotas ignorados (hasta por ellos mismos) y para cobardes y traidores con mucha prensa. Supo ser casi siempre socialmente injusto, económicamente dependiente y políticamente colonizado. Los gobiernos “populares”, contándolos todos y haciéndose el generoso ocupan menos de sesenta años de los doscientos que contamos de “historia independiente”.

Encima, como dijo un inglés (del que ignoro su nombre) tuvo siempre un “centro”, Buenos Aires, la capital de un imperio que nunca existió. Problemas.

Ahora no queda otra que mirar palante y no solo eso, porque el que no pueda tener la cabeza abierta está afuera de verdad. Pasan cosas, han pasado muchas cosas después de la década del 60 y del 70. Está madurando una cultura de la democracia, a poco menos de treinta años del ’83.

Los nacidos en 1983, cumplieron dieciocho en el 2011… fueron chicos durante todo el menemismo. Descubrieron que “peronismo” tenía otros contenidos con los Kirchner. Vienen votando en las últimas elecciones. Muchos de esos son nuestros hijos, muchos no ven las cosas como nosotros, muchos igualmente votan lo mismo que nosotros.

A ellos no les quiero romper las bolas contándoles que de muy pendex (pero muy) viajé varias veces en tranvía, que conocí el troley, que fui al Ital Park, que el primer supermercado que vi era Gigante, que mi vieja me compraba para potrear un blue jean (después vaquero). No quiero que alguno sienta culpa o nostalgias de una época que no vivió (los sesentas y los setentas de nuevo), como si esta no fuera una época para ser vivida.

Es un país con ciudades para melancólicos, para inviernos largos y amores que se cuelan por una puerta entreabierta. Fulanos que escriben y no son escritores, un poco como esos cantantes que tienen el escenario bajo la ducha. Gente común. La que uno –ya humildemente de tanto errar juicios- putea y besa de tanto en tanto cuando parece que no pasa nada y está pasando.

El país de Don José. De Don José de San Martín. Ese. Y sabés… estamos siempre en un Plumerillo, armándonos, preparándonos para cuando las cosas importantes ocurran, porque casi sin darnos cuenta, como decía, ocurren. Los Andes son tomar el bondi, llegar al laburo, llegar con el sueldo, comprarse algo en cuotas. Salir de la facultad y tomarse un café con otros, preparar un exámen. Sacar conclusiones en una conversa que siempre queda ahí y siempre se retoma. Verse en familia. Llamar a tu hermano que se fue un fin de semana a Entre Ríos. Perder elecciones. Ganar elecciones.

Curarse en salud de nuestra historia. Bicentenariarse por ahí. Animarse al pensamiento de corrido y no al rejunte de consignas. Que te crean, que les creas.

Defender un par de principios que no van a cambiar por nada. Tener la mirada larga para el resto. El abrazo fácil, el orgullo en silencio como un tigre. La bandera en alto, como el resto de las banderas. Justa, Libre y Soberana. Porque lo demás no importa nada. Nada.

Vamos bien don José.

jueves, 11 de agosto de 2011

Esa mina.

Es frágil. Es fuerte. Está allá lejos, los focos me la hacen más lejana. Los focos nos dan en los ojos.

Muchos actos, tantos actos, cierres de campaña, aperturas, reivindicaciones, actos políticos, gremiales, proclamaciones de fórmulas, actos, caminatas, marchas. Campaña. Discursos, palabras, palabras bien, las que nos interpretan, las que nos dicen y dicen sobre nosotros. Palabras que encierran ideas. Rejunte de consignas, listado de realizaciones de un gobierno. Manos que levantan manos en triunfo, papelitos de a chorros, aplauso, aplausos. La marcha. El himno. La marcha afuera, la marcha de a pedazos. La marcha a destiempo. Muchos actos.

La avenida Maipú. La puerta que Isabel hizo arruinar con chapones de metal (el miedo del miedo). Carteles de “en venta” de las inmobiliarias de la zona. Gente airada, con odio, con rabia, con una rabia destemplada (como toda rabia). La yegua, que se vaya la yegua. Y uno lee el subtitulado en perfecto español: viva el cáncer. Son buenos vecinos de Vicente López, son de otros lados. Son una manga de hijos de puta.

Estoy cansado de escuchar cosas, de ver cosos por la tele. Gracias a la nueva ley de partidos, los mensajes igualitarios de todos los preprecandidatos me tienen las bolas al plato por saturación o por convección. El mismo tipo que uno no soportaba se vuelve cómico de tan repetido.

Las cosas importantes, como la rotación de la tierra, apenas son perceptibles justamente porque ocurren. Pasa con los cambios de fondo también, sucede con las revoluciones culturales. Pasa con muchas cuestiones de nuestro gobierno (este, el de la yegua). Y a veces cierro los ojos –casi dormido, casi aburrido- y veo a los pibes que levantan las noutbuc crecidos, con hijos, haciendo de grandes y de ciudadanos, haciendo de nosotros. Los pibes de la asignaciónuniversal caminando hacia el laburo, apurados, pensando en una cita que regale un buen fin de semana. Los tipos que recuperaron el laburo, los que laburan por primera vez, los veo jubilados haciendo alguna boludez en la casa, recibiendo a los nietos un domingo en casa.

Me despierto sobresaltado. ¿Esto sigue no? Si no, va a ser como los pibes de la Fundación que uno no sabe qué fue de ellos, si recordaron siempre Chapadmalal, el mar, la nieve, la montaña, los juguetes. Las chicas de las máquinas de coser… O si todo terminó en un llanto que tuvo que disimularse y se transformó en un rocío eterno todas las mañanas de invierno.

La veo en el estrado. Le queda el costado intimista, el resto lo digo Amado. Le queda hablar en familia, entre compañeros aunque todos sabemos que se transmite en directo. Pero habla de ella y de ese tipo que hoy no está. Y no puede ser que no está. Eso que le paso, lo del corazón y el pecho, para defenderla. Para quererla. Y veo que lo busca y nos mira, uno por uno, como si pudiera encontrarlo entre nosotros. La metáfora ya me mata.

Un presidente militante, una Presidenta coraje. ¿A quién impresionar con la propia militancia de entrecasa, de cabotaje?

La mesa grande que en una punta tiene a los viejos (que ahora si cobran una jubilación rescatada), en la otra punta los chicos que van al colegio a estudiar y no a comer, en el medio los padres que llegaron de trabajar. Una imagen que se cristaliza sólo porque no estaba. ¿Y quienes son los turros que se realizan en una comunidad que no se realiza? Hallazgo en el remate de Amado, lo de la mesa grande.

El amor que va y viene desde el teatro al escenario, a esa tarima con el atril y a esa mujer que los focos no alcanzan a tapar. Veo viejos militantes, morochos duros de sindicato, grandotes de campera. Absortos, con la boca abierta y los ojos en vidrio, moqueando como pelotudos. La mina los(nos) atravesó mal. Primero nos pasamos un dedo como sacando una basurita, después refregamos los parpados con algún disimulo. Terminamos pasando un panuelo de papel, o dejando que se sequen las lágrimas, mostrándolas como una condecoración.

Algunos nos quedamos, algunos muchos, porque los queremos ver, porque queremos decirles algo. Y pasan esas cosas que te dicen que si, que es tu gobierno, algo de compañerismo y complicidades de estar en lo mismo con esta gente común que tiene responsabilidades importantes. Un bien Débora, Nilda cada día me hacés mejor, Chivo siempre con vos, palmada, manos, saludos a otro y otro que va pasando hacia la salida del Coliseo.

Los monos se mueven porque viene ella. Y viene, de negro, más baja de lo que uno piensa, chiquita pero uno la ve enorme. Con lágrimas, esas de verdad. Saluda y saluda y saluda. Quedo ante sus ojos mientras pasa. Ahora las gracias son para vos. Sonríe levemente y los ojos grandes otra vez se le nublan y sigue.

Qué Presidenta, la puta madre. El Jefe de Gabinete asiente y me sonríe.

Su mano llena de arrugas se toma de la almohada, otra vez se despertó antes de las seis. Costumbre de viejo laburante levantarse siempre temprano, aunque ya no haga falta. Mira la sábana y sus ojos apenas abiertos recuerdan la otra sábana bordada “Fundación Eva Perón”. Se sienta en la cama y (me) dice al aire: Nunca me olvidé, nunca.

lunes, 8 de agosto de 2011

Dame un poco más de ti

Ricardo Alfonsín (h) quiere llevarnos al país en el que ya estamos; Duhalde nos recuerda que cuando las papas quemaban, él nos salvó y de Mendiguren (y asociados) se comieron el guiso. Lilita Carrió nos exhorta a no ser tan putos por una vez, y apostar al desarrollo sin corrupción (sorry gorda). Hermes Binner muestra el hospital que hizo en Rosario y lucha denodadamente porque le asome la sonrisa sin que se le venga en banda el labio. Altamira y Castillo dan lástima sin solución de continuidad porque parece que si no alcanzan el 1,5% van a deportarlos. De Narváez nos muestra que vivimos en peligro, en un constante y espantoso peligro en el que los zombis van a terminar mascándonos el cerebro (y todavía debe tener un plan). Un gordo (que seguramente tiene la camisa salida del pantalón y la corbata con manchas de grasa) nos recomienda votarnos a nosotros, y no a los políticos (fiera, eso es ilegal si no oficializamos boleta antes).

Y debe haber más, es que no veo tanta TV de aire (soberbia de marquesitos). Sería extremadamente cómico, si no fuera porque no lo es. La oposición no es cómica, en algunos casos es sumamente trágica.

Duhalde miente cuando dice que enfrentó la crisis sin represión, sigue negando el puente Avellanera y a Costequi y Santillán. ¿O no tuvo que armar el bolso antes de tiempo en su interinato? Nunca será presidente elegido, espero que Dios nos siga teniendo en cuenta…

Ricardo A. (aunque no me cayera en gracia su padre, no quiero emparentar a este salame con ese presidente) me aterroriza cuando sugiere que “modificaría” y/o dejaría sin efecto la ley de medios.

No voy a buscar más ejemplos, me bastan estos dos. Carrió no está en carrera y los otros son un chiste fácil. Pero no me cabe duda que demolerían este país actual, que tirarían por la borda el esfuerzo de estos años, que se arrodillarían ante los poderosos y se pondrían duros con los humildes. No me cabe ninguna duda que retrocederíamos tanto, pero tanto, que la crisis del primer mundo nos partiría al medio en poco tiempo.

Necesitamos un rato más… un rato más para que crezcan los pibes de la Asignación Universal, para que usen hasta cansarse las netbook, para que los del primer trabajo hayan cambiado para mejor a otro y a otro, para que las viviendas se terminen de construir y que los nuevos miembros de los consorcios se preocupen por su mantenimiento, para que termine el zanjeo y la llegada del agua corriente y el gas no sea una fiesta. Necesitamos más ser un país normal que no va patrás, nunca más. Y que la gente se levante con la mirada a tono con la dignidad.

Esto es un spot. Claro. Necesitamos cuatro años más de Cristina. Y muchos años más de nosotros. A quién le importa que la Patria sea grande, si el pueblo no es feliz. Son dos cosas que van juntas.

miércoles, 3 de agosto de 2011

LA FILA

Hacen la fila. Algunos tienen cara de apurados, es domingo y siempre hay algo que hacer un domingo. Otros no, están serios. Como ven que vamos a buen ritmo, no hay enojos.


Es inevitable pensar en lo que van a votar. O mejor dicho, pensar en por qué van a votar así. Es el voto indolente, estúpido, de derecha, de la no política o de la anti política… cuántas certezas sin contrastación, sólo con la realidad como testigo y verdugo.


Viene uno que quiere pasar con los hijos. Y si. Nos tratan bien, sonríen algunos con algo de nervios, otros de educados, los hay que están muy seguros y pueden ser amables, aparecen los callados que apenas hacen un estiramiento de labios. Pero todos, todos quieren estar a la altura. Será el barrio.


A la altura de qué… Me interno de caminata de otros domingos hace mucho por la avenida de jarrones de Parque Lezama, en un invierno como este pero con más frío en el alma. Y me voy atrás, cuando fui felíz una vez antes de la posterior y antes de ahora. Me veo como si fuera otro en la cola. Veo a un fulano que soy yo con un pibe de algo más de año y medio a upa. Es el ’85, legislativas y no era invierno (o si). Dejo el documento, es la segunda vez que voto. La primera en el ’83 (me tocó perder, como ahora), antes la dictadura, yo hubiera votado por primera vez en 1977.


Entro al cuarto llevándolo de la mano. Le muestro las boletas, las revuelve, lo reto, las acomodamos de vuelta, me mira. No entiende demasiado, pero se da cuenta que es uno de esos momentos como cuando comenzó a tomar bien el tenedor, a soportar el jabón sin abrir los ojos. Acá votamos, elegimos a los que van a mandar, ves, así, el que papá piensa que es mejor, esto se llama democracia. Ahora ya está, salimos. Salgo y pide brazos otra vez, después lo hago caminar un poco, tardaremos muchísimo en hacer cuatro cuadras. Lo pensé unos años después, pero eso fue lo único, Francisco, que pude(imos) darte, te debemos la justicia social, la salud, la educación, la liberación nacional, la felicidad de todos porque si no no habrá felicidad. Te debemos. Pero no hay más milicos, hijo, no hay más.


A la altura de eso. Se trata de eso y tienen cara de eso, más allá de lo que están votando. Veo en los ojos la seguridad de tiempo tomado, les gusta votar, les parece bien votar. No tengo ninguna duda. Puta, es un motivo de abrazo. Aunque más no sea el único. No se.


Ya a esa altura en el ’85 aún no estaba Emi. Se iba a casar mi hermano. Hacía menos de tres años que se había muerto el viejo. Euge llegaría en menos de cuatro años. Mi vida daría muchas vueltas. Durante mucho tiempo dejaría de militar. En otro tiempo dejaría de trabajar en el lugar que lo hacía. La vida comenzaría una y otra vez, como si fueran varias vidas. Calculo que a muchos les pasa.


Fui fiscal muchas veces, general, de mesa (como esta vez), uno lo sabe de memoria, mira con piedad, suficiencia o paciencia a los presidentes de mesa. Confraterniza por lo general con otros fiscales, soporta a los fiscales generales de partidos chicos que hacen las 24 horas de Le Mans en ochocientas mil mesas, critica la comida (o no), tiene expectativas (o no), se cansa y se aburre, se tensa en el escrutinio (o no). Un día distinto al del resto de los mortales que sólo hacen fila, votan y vuelven a su domingo.


Es algo normal y en este país (este país) no es muy normal este tipo de costumbre. Para nada y sin embargo, parece que siempre hubiera sido así. Y esto más allá de lo que voten, si se taran de tanto en tanto, si infantilizan la percepción del derecho en si, si tienen malos momentos. Uno no siempre se lleva bien con la democracia.


Y también está la política, las ideas. Ideologías. Tachín, tachín. Para uno es serio y está bueno de tanto en tanto reírse un poco de uno. Porque es en serio, muy en serio.


Y porque… algunas deudas se están pagando, lento, medida a medida, pero se están pagando. Carajo. Ojalá esos hijos algún día me digan, cuando ya esté dispensado de hacerlo: Papá, querés ir a votar, te acompaño.

martes, 26 de julio de 2011

LOS FANATICOS

Solamente los fanáticos -que son idealistas y son sectarios- no se entregan. Los fríos, los indiferentes, no deben servir al pueblo. No pueden servirlo aunque quieran. Para servir al pueblo hay que estar dispuestos a todo, incluso a morir. Los fríos no mueren por una causa, sino de casualidad. Los fanáticos si.



Me gustan los fanáticos y todos los fanatismos de la historia. Me gustan los héroes y los santos. Me gustan los mártires, cualquiera sea la causa y la razón de su fanatismo. El fanatismo que convierte a la vida en un morir permanente y heróico es el único camino que tiene la vida para vencer a la muerte. Por eso soy fanática. Daría mi vida por Perón y por el pueblo. Porque estoy segura que solamente dándola me ganaré el derecho de vivir con ellos por toda la eternidad.


Así, fanáticas quiero que sean las mujeres de mi pueblo. Así, fanáticos quiero que sean los trabajadores y los descamisados. El fanatismo es la única fuerza que Dios le dejó al corazón para ganar sus batallas. Es la gran fuerza de los pueblos: la única que no poseen sus enemigos, porque ellos han suprimido del mundo todo lo que suene a corazón. Por eso los venceremos. Porque aunque tengan dinero, privilegios, jerarquías, poder y riquezas no podrán ser nunca fanáticos. Porque no tienen corazón. Nosostros si. Ellos no pueden ser idealistas, porque las ideas tienen su raíz en la inteligencia, pero los ideales tienen su pedestal en el corazón. No pueden ser fanáticos porque las sombras no pueden mirarse en el espejo del sol. Frente a frente, ellos y nosotros, ellos con todas las fuerzas del mundo y nosotros con nuestro fanatismo, siempre venceremos nosotros.


Tenemos que convencernos para siempre: el mundo será de los pueblos si los pueblos decidimos enardecernos en el fuego sagrado del fanatismo. Quemarnos para poder quemar, sin escuchar la sirena de los mediocres y de los imbéciles que nos hablan de prudencia. Ellos, que hablan de dulzura y del amor, se olvidan que Cristo dijo: "¡Fuego he venido a traer sobre la tierra y que más quiero que arda!" Cristo nos dio un ejemplo divino de fanatismo. ¿Qué son a su lado los eternos predicadores de la mediocridad?.



(de "Mi Mensaje", último escrito de Eva Perón).

lunes, 18 de julio de 2011

LA INSOPORTABLE LEVEDAD DEL SER (una más y no jodemos más)

El Proyecto Nacional en vigencia (desde 2003) nunca gobernó la Ciudad de Buenos Aires. Es decir también que, el peronismo, puesto en valor nuevamente por el kirchnerismo tras la deformación menemista, no ha sido gobierno de esta Ciudad. Esto es verdad, y no pretendo deshacerme de las gestiones delegadas por el Ejecutivo de entonces de Grosso y Dominguez.

La otra verdad es que la Ciudad Autónoma le es esquiva a este Proyecto. El gorilismo de décadas, un antiperonismo larvado que pasa a primer plano cuando el conflicto aparece. Una explicación (pero no toda).

Siempre se dice que hay un porcentaje de voto convencido a la derecha, así como también existe una franja similar de voto progresista (que puede incluir al peronismo o que el peronismo puede articular), y otro tercio (porque así de esquemática es la división) sería flotante, desideologizada, que va de un polo a otro según convenga. Otra explicación (más descriptiva que explicativa).


Es cierto que existe un voto “volátil”, que puede cambiar de un día para otro. Uno le encuentra sentidos: pragmatismo (hago lo que me parece que me conviene a mi, a mi entorno íntimo de familia y amigos); de “justo medio” (equilibro poder, Ciudad y Nación, ejecutivos-legislativos, distintas opciones para cada categoría); desideologizado (la gestión debe ser eficiente, no es de derecha ni de izquierda). El “volátil” es inasible, no se deja cooptar, convencer, persuadir, atrapar. Se piensa “libre” y, por lo tanto, es impredecible.

Venimos bien, pero es momento de problematizar minimamente estos esquemas conocidos… El antiperonismo de la Ciudad se me cae un poco cuando veo la propuesta de los peronistas que están en el PRO y que se identifican como tales. Digamos que Buenos Aires no ha tenido problemas con los peronistas, mientras no los vea como peronistas de izquierda o más socialdemócratas de lo que corresponde.


El “setentismo”, los Derechos Humanos, la reivindicación de caudillos y combatientes revolucionarios caídos, de líderes históricos de la Resistencia Peronista, de toda esa historia que está tan bien contada en “La Voluntad”, unido al peronismo, ya no cae tan bien. Y se desata la furia antiperonista, con este peronismo. Porque los que son gorilas, lo son todo el día y a toda hora, no hacen distinciones de peronistas. Todo peruca y todo lo que huele a popular les cae mal.



Hay un peronismoalqueletengomiedo. Ese es el problema. Como todo miedo debe ser justificado, comienzan a aparecer las explicaciones pero del otro lado: son agresivos (es decir, no me banco la pluralidad de ideas y menos si eso trae conflicto); son corruptos (porque todos los políticos lo son, y desconfío del Gobierno).


El hombre libre, el ciudadano de BA, es autónomo (hace veinte años le venimos diciendo eso) y entonces, percibe que poner en concordancia Ciudad y Nación, es como resignar parte de esa autonomía. Un problema.

Esta también es la ciudad “delquesevayantodos”, del desconsuelo y la desilusión, que bien podría estar agitando manitos como los “indignados” españoles. Una ciudad de la furia y de la mucha calma. Así, sin términos medios.

Pero a la mayoría todas estas cosas pueden caberles o no, están muy lejos de todos estos planteos. No quieren que les hinchemos las pelotas, y la verdad es que Macri se las rompe poco. No hay grandes devaneos ideológicos, ni importantes alternativas entre las que debatirse, la Patria no corre peligro y todo parece sencillo, sin que la política venga a arruinarlo.

Somos minoría, aceptémoslo. No hay que rebajar las propuestas, bajar las banderas para caer simpático. Hoy la mitad al menos, prefiere al PRO para gobernar.

El verdadero peligro es que esta foto se haga película y la sociedad porteña se acomode votando a la derecha y pensando a la derecha. Que esto se consolide y eche raíces. Nada bueno deviene de valores que incitan al individualismo, el creer que todo se debe al mérito propio, la no solidaridad, un aún disimulado racismo y xenofobia. Creo de verdad que en nuestra sociedad democrática (de la Capital) también hay anticuerpos como para que estos disvalores no prosperen.

Avanzar en este distrito (nuestro distrito) va a llevar tiempo. Repito, nunca fuimos gobierno por el voto popular, no podemos perder lo que nunca tuvimos.

Lo más importante ahora es garantizar el triunfo de Cristina en octubre. Yo se que alguno pensará que debería decir algo del 31, pero no. La Capital debe aportar al triunfo de octubre y es responsabilidad nuestra (no única) de que así sea. Recuerdo que Néstor dijo alguna vez que Capital debía esforzarse por aportar un 20% a la Presidencial. Andamos mucho mejor que eso, pasando el 35, algunos dicen que el 40%. No se, veremos.

Octubre tiene un escalón pronto, el 14 de agosto en lo que se da en llamar “las primarias”. Hay que explicar qué es eso, poca gente entiende esa votación que es nueva.

Pienso que para el 31… ir decididamente porque hay que mostrar que estamos y que vamos a hacer respetar las leyes de la democracia. Eso primero, fiscalizar, votar. Retener y, en lo posible, aumentar la votación del 10. Eso también.

Pero que esté claro, nuestro Proyecto se juega en octubre.

miércoles, 13 de julio de 2011

Peronismo (algo sobre la identidad)

Son preguntas y más preguntas. Análisis. Demostrar la cuadratura del círculo, el famoso sexo de los ángeles… renuncio a comprender. Así y sin más, como tantas otras veces. ¿Por qué uno debe ser tan dócil al paradigma occidental (positivista) del conocimiento? La omnicomprensión necesaria que nos garantiza ilusoriamente la posesión de herramientas eficaces para producir mutaciones de la realidad. Boludeces.


A veces escuchar (y escucharse) no está mal, siempre y cuando uno no lo haga con la intención inmediata de obtener un resultado. Nos vinimos grandes y eso hace que la sinceridad y los atajos se conviertan en aliados inestimables. Y yo no diría que este palabrerío es una introducción…pero.


Este proceso inicado… blabla en 2003, la Argentina actual que no nació de un repollo, sino que viene siendo consecuencia de repollos pasados, lluvia ácida, desconcierto y mediciones de consultoras privadas. ¿Qué es esto? Una oportunidad, decía yo al principio. Si. Pero duraba y sigue, entonces hay que hacer algo con la oportunidad. Y no digo con el país, digo uno. Porque al país lo gobierna Cristina y un elenco de fulanos. Digo uno, nosotros (que también podríamos decir que somos muchos “uno”). Está el Gobierno Nacional, los gobiernos provinciales, los municipios, instituciones que conforman el aparato del Estado. Esta forma de organizarlo, administrarlo, gobernarlo, politizarlo que tiene el peronismo del siglo 21 (basta de pelotudeces romanas), los K. Todo eso, por más que uno lo sienta propio, en un punto está en otra dimensión.


Y digo, a riesgo de que se me caiga una biblioteca en la cabeza: los pueblos no hacen la historia, pero cuando participan, la cambian. Existen los hombres y las mujeres providenciales, y si no que Dios te ayude. Nosotros hablamos, trabajamos, estudiamos, vamos al super o al chino, vamos al cine, escuchamos música, boludeamos en los ratos libres (o no), vemos a los amigos, un domingo con la familia, vacaciones si se puede. Militamos, algunos siempre, algunos de a ratos (hay rachas, hay épocas y mucho más lejos, hay conciencia). No gobernamos, no decidimos las líneas de un gobierno, los cuando, los cómos. No jodamos. Tiramos consignas, leemos clásicos, hacemos cada tanto un volante, una declaración, participamos en actos, marchas, hacemos algo en el barrio o en algún lugar con alguna gente. Y eso sube, porque el calor y el humo suben, y los que están arriba –si son nuestros- se atienen a la líneas generales (en eso, bueno, si participamos).


Los de arriba circunstanciales (cuando les tocó) si son nuestros, saben que peronismo tiene que ver con una construcción más o menos así: trabajo genuido (y digno), consumo masivo, inclusión social, producción nacional, valor agregado argentino, unidad latinoamericana, justicia social, trabajadores columna vertebral, movimiento (por último, partido), soberanía política, independencia económica, pueblo, compañero, san martín, rosas, perón. Evita.


Mis hijos pensaban que el peronismo era Menem. Mi hija, la menor, se asombró cuando a sus diez años se iba a elegir presidente. ¿No era Menem?, preguntaba y uno le explicaba que se eligen los presidentes (por suerte se eligen) y pueden cambiar. Eso era lo que no podía comprender, porque sus diez años eran también los de Menem. Y les constó entender también que esta construcción: mercado, libre importación, producción extranjera, estar en el mundo, trabajo ocasional, trabajo sin estabilidad, menos Estado, privatización, individuo, individuo, individuo, exitosos, perdedores, Estados Unidos, primer mundo… que esa otra construcción no era peronista. Pero la llevaba a cabo un presidente peronista. Difícil.


Ahora se entiende todo, creo yo.


Viví pensando en “liberación o dependencia”, es decir el esquema en el que hay un “enemigo”. Y un enemigo es irreconciliable, es él o nosotros (por eso se puede invertir y el enemigo dice lo mismo). El conflicto fundamental, los conflictos secundarios. Contradicción antagónica. Correlación de fuerzas. Cuadro de situación. Acción política.


En la recuperación democrática del ’83 se arrumbó todo eso en el cuarto del fondo. Después el cuarto desapareció y fue un lugar virtual: “se quedaron en el ’45”, las ideas viejas de un paradigma hecho de los bloques del muro de Berlín.


Pasa que ustedes son facciosos, me dijo un día mi hijo mayor, como los unitarios y los federales. Y me lo decía bien, con mucho cariño.


De todo este berenjenal (no se cómo es un berenjenal, se me da que es un quilombo), saco como conclusión algo imposible, porque no se sigue de lo que vengo diciendo. El tema de la identidad.


Cuesta tanto la identidad, a algunos más que a otros por las vueltas que se dieron con identidades que no eran. Cuenta tanto la identidad.


Tengo ante mi un peronismo gobernante, que tiene la bitácora del primer peronismo (el del ’43 al ’55) a la vista, que también tiene la herencia de los sesentas y setentas, y el bagaje cultural del neoliberalismo y la postmodernidad. Todo eso. Y la verdad es que me gusta. Me representan.


Importa mucho quién es uno, y por lo tanto, quién no es uno. Es un punto de partida y también uno de llegada. La identidad peronista en eso es generosa, te permite reconocerte en el colectivo (fundido ahí como una sola cosa, no como uno más) y, al mismo, tiempo el vozarrón del Viejo que te dice que cada uno es artífice de su propio destino.


Tras la devastación que se data siempre mal en el 2001 (porque parece un hecho puntual, un suceso que como la Revolución no tiene historia), nada representa a nadie a priori; la crisis no está solucionada y es entonces que el tema de la identidad política (que es un resultado cultural después de todo) es relevante.


Muchos han pensado en terceras vías, terceros partidos (está en curso el intento número X de hacer bien el Frente Grande), reformulaciones de solidaridades, lealtades, identidades políticas. En lo personal, me opongo totalmente a eso.


En lo personal pienso que la identidad política propia es vital para la construcción política. Hace años ya que llegué al peronismo y me costó bastante encontrar el camino a casa. “Kirchnerismo” será el nombre de esta forma, etapa, como se quiera decir, con que designar al movimiento que logró construir el peronismo en este principio de siglo 21.


Y lo de la identidad peronista vale también para la Capital y nuestra maltrecha elección. Y eso que estoy harto de los análisis.

(muchos) JUDAS

Existe una operación encubierta, no es paranoia si no lógica. La lógica de un enemigo que no tiene plazos sino objetivos, como alguna vez dijera uno de sus representantes. No le es posible, en las actuales circunstancias de la sociedad argentina, reivindicar la “lucha antisubversiva”, lograr el reconocimiento “por haber ganado una guerra”, pero si minar la credibilidad de su enemigo. El enemigo de nuestro enemigo –en este caso- son los organismos de Derechos Humanos.


Son muchos los ataques a lo largo de los años. Ataques personales, virtuales, propagandísticos, ataques que tienen que ver con las creencias de una proporción no desdeñable de la sociedad. Hasta el advenimiento de los Kirchner, eran acciones de auto preservación para mantener lo más intacto posible el aparato represivo encubierto en la democracia y sus cuadros más salientes. Ahora no, hay que ir más allá porque la política, finalmente, fue más allá.


Una de las bases de legitimidad del gobierno de Néstor y el actual de Cristina, es la política de verdad y justicia relativas a las atrocidades cometidas en la “guerra sucia” de los que asaltando el poder, implantaron el Terrorismo de Estado.


Durante años –pienso, especulo, analizo- siguieron de cerca la actividad de algunas organizaciones de Derechos Humanos (de todas, pero de algunas en particular señalo). Tal vez las infiltraron, seguramente captaron gente, reclutaron quebrados (tienen buen ojo para detectarlos), quebraron gente, y también supieron aprovechar circunstancias y sobre todo debilidades.


No es casual que el tema haya explotado por el lado de la Misión Sueños Compartidos de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Hebe de Bonafini y las Madres de la Asociación habían tomado un camino “peligroso” al pretender cumplir algunos de los sueños de los hijos desaparecidos. La inclusión social a través del trabajo genuino vinculado a la construcción de viviendas dignas, al mejor precio del mercado y de rápida realización, fue demasiado. Los barrios comenzaron a levantarse donde reinaba por décadas el desaliento y la marginalidad. Alrededor de 5.000 trabajadores se metieron en la piel de los excluídos. Eran los deshechos de una sociedad de “ganadores” impiadosa con los no competitivos, a los que previamente se había privado de toda capacidad de competencia.


Los Shocklender fueron apareciendo como por casualidad. Sergio fue esa topadora que hizo posible avanzar con el proyecto y tuvo un poder real considerable. Más allá del trato osco y distante, de los problemas personales, de esas cuestiones que hicieron alejarse a mucha gente valiosa en muchos casos, más allá de todo Hebe confió y las Madres de la Asociación confiaron. ¿Un error? Seguramente si, un enorme error que, como muchas veces, partió del puro amor. No tengo datos ni certezas para pensar que los hermanos Shocklender fueron reclutados por ese Estado Represivo Paralelo, sin duda que no. Pero lo concreto es que armaron una empresa donde debía haber otra cosa, una empresa en los hechos que se movía como tal, más allá del conocimiento de las Madres (que no especularon).


Si hubo o no desvío de fondos públicos es algo que se deberá probar en el ámbito de la Justicia. Lo real es que hicieron daño, un enorme daño que compromete hoy todo el emprendimiento. Y que sirvió para sembrar dudas y golpear bien bajo en el lugar que duele. Al otro día del escándalo Sergio se paseo por Clarín, TN, C5N. Perfil lo multiplicó, todos los reductos se alinearon y en muchas paredes de Capital aparecieron pintadas de “Hebe chorra” y la imagen imposible tras los barrotes, carteles miserables con la leyenda “Shocklender se escribe con K”, propagandas electorales oportunistas y cretinas como las de Pino Solanas en igual sentido. Se cagaron en todo. Algo habrán logrado para con aquellos que siempre dudaron, que creyeron que los desaparecidos veraneaban eternamente en Europa, para que votaran en contra (muchos al PRO, que era el antagonista ideal).


Ahora aparecen las dudas con la computadora de una fulana que trabajó en el Banco de Datos Genéticos, sobre si esos archivos pudieron pasar a otras manos (en el caso presente en relación a la causa Noble-Herrera). Un solo objetivo de fondo: poner en duda la veracidad del Banco de Datos, de la identidad de los nietos recuperados, de la posibilidad de seguir recuperándolos.
Es la mano del enemigo.


El Judas clásico es Cobos. Abiertamente traidor, un vacilante que encubre la cobardía con argumentos de patriotismo como esos criollos que se ponían al servicio del Imperio Español en el siglo diecinueve. Un “maturrango”, abusando de San Martín. Un Cobos es sencillo de digerir, porque está todo claro de tan absurdo y torpe. Pero estas traiciones de las que hablo (y esto si es seguro) son más peligrosas. Bastardean el núcleo de la credibilidad y apuntan a la legitimidad del Proyecto Nacional que se inició en mayo de 2003.


Parecen todas “operaciones” de campaña electoral, pero se trata de algo muy superior. Se trata de la descalificación de la lucha de los Derechos Humanos, la reivindicación de la Guerra Sucia y la amenaza latente de una sociedad vigilada, más allá del paso del tiempo esperando que los espirales de la historia les den nuevamente la posibilidad de entrar en operaciones.


Hay que tomar muy en serio estas cosas.

martes, 12 de julio de 2011

BUENOS AIRES (querida)

Tendría que titular esto “Defensa de la Porteñidad” pero me parece demasiado pretencioso y me ubicaría en un afuera en el que no estoy, soy tan pasible de las críticas que se deslizarán aquí como cualquiera.

Parto de dos premisas básicas. La primera, uno puede pelearse con cualquiera menos con la realidad. La otra, nunca debe echarse la culpa de un resultado electoral a los votantes. Ahora si uno no se interesa por la política, puede no darle pelota a ninguna de las dos estupideces que dije antes.

No es posible que ahora, que nos rompieron el culo otra vez, descubramos que los porteños son una basura. Si hubiéramos ganado o pasado a una segunda vuelta con dos o tres puntos abajo, serían ciudadanos concientes y hasta les diríamos “pueblo”, en un derroche de entusiasmo. Pero no, casi la mitad de los votantes eligieron Macri y entonces todos los porteños (y los por opción también) son una mezcla de fascistas y derechosos infernales, egoístas, pelotudos y gorilas… Afirmo que el electorado de Buenos Aires es como cualquier otro y merece el mismo respeto que cualquier otro. Y si no pensás eso, dejá de leer porque yo también soy porteño (nací en San Isidro y desde el ’82 vivo permanentemente en esta Ciudad de BA).

Distinto sería pensar que, tal vez digo, por ahí, enunadesas, no la pegamos con los vecinos de Buenos Aires, no llegamos con nuestras propuestas ni enganchamos con los intereses de la mayoría. Y esto no toca la cuestión ideológica, porque ahí si, uno siempre es una parcialidad y una minoría que aspira a ser la primera, la más grande minoría. No, estoy hablando de la comunicación y de los intereses, comunicar bien primero lo que interesa y pasar en el combo lo que a primera vista no interesa pero sabemos que debería interesar. La política es persuasión, convencimiento y, de última, fuerza.

El “posibilismo” tomaría los intereses manifiestos y laburaría allí. Es lo que hace la derecha y encima también dirige porque toma esos intereses y le encuentra el costado más individual, el del fulano a solas con sus miedos y le encuentra un enemigo, el Estado por ejemplo, la política, el “otro” (desconocido, distinto y posible agresor). Persuadir tiene que ver con tomar la posición que aparece como dato de la realidad. No se puede cambiar una realidad que se desconoce, y menos una que se niega. Tomar ese dato y darse una estrategia de penetración, aceptando lo que aparece y llevándolo en la marejada de nuestros pensamientos, acciones, ideología. Integrar si es posible, confrontar si se debe, pensando siempre en que el otro debe ser acercado a mis posiciones. Debe haber un núcleo duro que uno no va a modificar, son dos o tres principios y no más, y el resto es la dialéctica de la relación. No jodamos.

Seguramente muchos, pero muchísimos de los que votaron a Macri (y lo volverán a votar el 31 de julio) lo harán en octubre por Cristina. Y no es una contradicción, es puro pensamiento práctico. Optar por lo que me hace bien ahora, no cambiar al pedo. Y entonces, habría que admitir que la visión sobre el gobierno de la CABA no es la que tenemos nosotros.

Un par de ejemplos (podrían ser otros) para pensar… La creación de la Policía Metropolitana es un anhelo sentido, la gente quiere sentirse segura (los pobres también, si no miremos los sectores más vulnerados del sur, hablemos con ellos sobre este tema) y valora a un gobierno que, finalmente, lleva a la práctica lo que prometieron todos. La policía propia, también un gesto indudable de autonomía. Y lo hizo el PRO, ni De la Rúa, ni Ibarra, ni Telerman.

Lo del Fino Palacios, los cuadros adictos al proceso como entrenadores, la posibilidad represiva, la forma de conformarla, su distribución, son todas cuestiones que están dando vueltas sobre el tema principal y cometemos el error de ponerlo como el tema principal. También muchos vecinos, y muchos, están contentos por ver patrullar sus barrios a Gendarmería y Prefectura, no es que estén emberretinados con la Metropolitana.

Otro tema, tal vez menos sentido pero que hace al discurso: las Comunas. Invento radical, conversado hasta el cansancio durante años, después la ley miserable que sacó la Legislatura. Macri remoloneó pero finalmente, las elecciones de Comunas ocurrieron… en esta gestión. Sabemos perfectamente que, ni bien pueda, envía una modificación a la ley porque no le gusta como está, van a reducir a uno los rentados (sólo el Presidente, tiemblen compañeros punteros) y también las atribuciones (sobre todo las concurrentes con el Ejecutivo en materia de salud, educación y obras públicas).

Lo que quiero decir es que estamos obligados a abrir la cabeza y dejar los termos (uno vive en un termo varias veces al día), no armar cuadros de situación en base a lo que conocemos de un barrio, escuchar a los otros y sobre todo al adversario (al enemigo con más razón).

No planteo esto para dar vuelta este resultado que ya está. Sinceramente pienso que es irremontable. Por supuesto que iremos (en mi caso así será) como buenos soldados a hacer la campaña que haya que hacer en estos días y sentar el culo el 31 en la mesa que nos toque. Planteo y me planteo esto porque el laburo es más de fondo y a largo plazo.

Esta Ciudad (mi Ciudad) tuvo politicamente hablando, muchos vaivenes. Algunos dicen que en cada elección o cada tantas pero pocas, cambia y vota a otro. Un poco y un poco. Es una Ciudad que ha sabido mantener liderazgos prolongados, el caso de De la Rúa es paradigmático (imagen intachable desde la senaduría del ’73 hasta la caída del 2001). La idea del “tercer partido” y el ejemplo del Frente Grande también es un producto del electorado porteño. Y de allí el “ibarrismo”, la misma figura de Ibarra desde el Consejo Deliberante (era el “fiscal Ibarra”), la Constitución de la Ciudad (que era el “estatuto” de la Ciudad), hasta el humo de Cromagnon (ocho o nueve años de duración no es poco banque).

Lo que si se puede decir es que este electorado es decididamente liberal, hacia la izquierda (ma non tropo) se hace “progresista”, o hacia la derecha como ahora. Nunca extremos, ojo que el PRO tampoco son contingentes de “fasci di combatimento”. Es lógico que el peronismo sea ajeno, porque justamente plantea una tradición anti liberal. Sus aristas más conservadoras y de derecha, ya están en el PRO, así como sus primos hermanos radicales. Pero el núcleo peronista y su maltrecha sigla (el PJ) no se entregan, asi como la Ciudad tampoco termina de tomarlos, aunque no los suelta. Y hay que ver este tema, porque creo (y es personal) que hay que construir en base a la identidad propia, primero haciendo funcionar -con todos los peronistas que apoyamos al Gobierno Nacional- el Partido Justicialista de la Ciudad de BA.

Estamos bajo el agua. Tenemos un Proyecto Nacional de la puta madre y no podemos convencer a esta Ciudad, no a la mayoría que hace falta. Cristina lo va a hacer, pero nosotros no los pudimos convencer de que nos dejen gobernarlos. Es así, por ahora es así. Lo primero es aceptarlo. No se trata de bajar ninguna bandera, no me intimidan las mayorías electorales. “Creo en la minoría de uno” dijo una vez Caputo, haciendo un alarde maravilloso de individualismo. No es ese el problema, la cuestión es que como nos interesa la política y eso necesariamente tiene que ver con gobernar la Ciudad, son pertinentes todos los debates en torno a estos planteos.

Pasaremos con toda la dignidad posible el 31 de mayo, enfrentaremos el 14 de agosto tratando de demostrar el apoyo al Proyecto Nacional y, finalmente, haremos todo por concretar un segundo mandato de Cristina en las elecciones de octubre. Las fechas estaban en la agenda. Lo que hay que poner ahora es esto: veamos cómo ser una fuerza política que, teniendo al Peronismo como núcleo aglutinante, consiga convencer y aunar voluntades para gobernar la Ciudad de Buenas Aires, en el menor tiempo posible.

Si te sirve de algo, a mi también me dolió (y mucho).