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sábado, 17 de febrero de 2018

Moyano or not Moyano (EN DEFENSA PROPIA)

Una marcha para salvar a Moyano... y podría ser. En un país de individuos rejuntados que forman una sociedad sin darse cuenta, sólo interesan las acciones individuales. Así piensa el que recela de todo, desconfía de todo y se asusta con todo. Camioneros hace una marcha contra el ajuste, el techo para las paritarias, los despidos... ¿Pasan estas cosas o no pasan?

Moyano convence a una parte del movimiento obrero para que lo salve de la justicia haciendo una marcha contra el gobierno. Bueno, aparecen más datos. El movimiento obrero estaría compuesto por un montón de moyanos con cosas para ocultar. Pero no todo el movimiento obrero... fijáte en los dirigentes que quieren seguir dándole cuerda a las políticas del gobierno, como la reforma previsional, la laboral. Darle más tiempo de aguante, porque el tiempo que tiene vence en el 2019, según dijeron los votos. Resulta que Moyano también le dio parte de ese tiempo de aguante. ¿Enloqueció de golpe porque hay causas en la justicia que lo involucran? ¿O son los famosos tiempos sindicales para el tire y afloje que no dan para más?

Moyano tiene una trayectoria que tuvo momentos buenos desde aquel Movimiento de los Trabajadores Argentinos plantándosele al peronismo de Menem que saqueó el país. Fue el que le revoleó la Banelco a la Alianza y se vieron los trapos sucios de los que venían a purificar la política. También le puso (no lo hizo solo) plazas extraordinarias a Néstor y también a Cristina, pero a favor. Y un día se reviró. El movimiento obrero mayoritariamente no le hizo de coro en esa oportunidad. Como sabés se partió, porque muchos dirigentes y dirigidos tenían muchísimos motivos para bancar el peronismo nacional y popular de la famosa "década ganada".

Y ahí vamos. El movimiento obrero es un conjunto gigantesco de dirigentes y bases, sindicalizados y no, que acuerdan con sus dirigentes a veces y a veces no. Y lo dicen, en el lugar que corresponde y cuando no los escuchan, también en la calle.
El secretario general de los bancarios, Palazzo, dijo que la marcha del 21 de febrero es en defensa propia, no en defensa de Moyano. Y tiene razón. Porque a esta altura de las cosas, es difícil ignorar que el proyecto político liberal viene por el trabajo argentino. Un mundo sin sindicatos, sin paritarias, sin reclamos, que se base solamente en la iniciativa privada y el esfuerzo individual; son las premisas que manejan los que privilegian el "mérito" sobre los derechos.

Un aparte (como siempre): cuando despuntaba el movimiento obrero y se iba consolidando, allá por los principios del siglo XX, las patronales ante lo inevitable de tener que negociar con trabajadores organizados en sindicatos, lo hacían muchas veces a escondidas de las corporaciones que los agrupaban, pero siempre, a la hora de acordar había una cláusula que se negaban a firmar. Era la que reconocía al sindicato como representante legítimo de los trabajadores inmersos en el conflicto que se pretendía solucionar. Eso no lo quisieron nunca, pero lo tuvieron que hacer aún antes de que los laburantes corearan la marchita.

Ahora tampoco lo quieren. Saben de sobra que la organización obrera (lo que equivale a decir de todos los trabajadores) es la única defensa frente al Capital. O sea frente a ellos. Y mirá que el movimiento obrero tuvo de todo, buenos y horribles dirigentes, heroicos, mártires, y también atorrantes y traidores. La prensa seria siempre se fijó en eso, es decir en los atorrantes y los traidores.

En los peores momentos -de esos que tuvimos demasiado- a la larga, siempre les fue mejor a los que estaban organizados. Por eso es que siempre se trató de romper la unidad, de meter cizaña en las organizaciones sindicales. Cosa de patrones.

Sobran motivos hoy para hacer que la marcha famosa sea multitudinaria. El ataque a los derechos laborales y otros derechos sociales es enorme, como nunca en democracia. Porque todo alguna vez ocurre, y esta vez, las patronales que son Gobierno ven claramente que pueden avanzar sobre esa parte de la riqueza generada por todos y que se llegó a repartir en mitades. Una mitad para los que trabajan, y toda esa parentela de excluidos que arrastramos desde que el neoliberalismo fue ganando la batalla cultural (porque la guita ya la tenían).

Muchos de nosotros marchamos con la CGT de Moyano, para reclamar y también para festejar. Muchos criticamos a Moyano por sus posiciones políticas, cuando sentimos que no acompañaban al movimiento nacional. Son las cosas que pasan cuando el famoso movimiento obrero organizado piensa que tiene algo que decir sobre la política, aparte de defender los intereses profesionales de cada gremio. Debe ser por esa costumbre que consagró el peronismo.

Cuando se lucha, cuando se marcha, cuando se hace un paro, lo bueno es que seamos muchos y que se note la unidad que se logra en esos momentos. Porque la unidad no es un bien establecido, va y viene. Como los dirigentes. No habría que darle más vueltas a este asunto de si Moyano y blablablá, pero hay que hacerlo porque es por ese hueco que se meten los que desean un mundo sin derechos para los que trabajan.

Los dueños de todo no nos van a decir con qué dirigentes vamos a marchar. Eso siempre ha sido cosa nuestra.

Nos vemos el 21.

miércoles, 4 de enero de 2017

EL LAUDO (una de laburantes)



Hoy se cumplen cien  años del laudo arbitral del 4 de enero de 1917, con el que el Estado dirigido por el radicalismo de H. Yrigoyen intentaba cerrar el conflicto laboral en el Puerto de Buenos Aires que duró más de un mes. El documento establecía que ninguno de los participantes en la huelga quedaría cesante, que la jornada laboral sería de 8 hs en sala de máquinas y 9 en cubierta, se reconocían los feriados como no laborables, los salarios se pagarían en tiempo y forma del 1 al 10 de cada mes, se controlaría la calidad de la alimentación provista a las tripulaciones, existiría un control de horas extras con certificado del capitán de cada nave, se bregaba por el respeto a contar con un mínimo de tripulación por buque y no menos, y se reconocía que en los hechos la contratación quedaría bajo supervisión del sindicato marítimo.


Vayamos por partes. Primero nos situamos en tiempo y espacio... "Tras la represión del Centenario, la crisis económica y los primeros años de la guerra, comenzó a despuntar en el país una renovada acción gremial precisamente encabezada por los trabajadores marítimos a fines de 1916." Aclaro que las citas -habrá varias- vienen de un libro de reciente aparición: "EMBARCADOS. Los trabajadores marítimos y la vida a bordo: sindicato, empresas y Estado en el puerto de Buenos Aires, 1889-1921." de Laura Caruso (editorial Imago Mundi).


¿Por qué era importante el Puerto para el Gobierno radical? Tengamos en cuenta que, en 1919 en plena represión feroz en los hechos conocidos como Semana Trágica, los marítimos realizaron otro paro y con éxito, con el espaldarazo del presidente Yrigoyen... Ocurría que el Puerto era el punto neurálgico del país agroexportador, ese modelo de crecimiento hacia afuera por el cual Argentina se insertaba en el mundo capitalista como un proveedor privilegiado de materias primas (carne y cereales fundamentalmente). En la restauración conservadora de los '30 (la primera, después vendrían otras, hasta esta que estamos viviendo), algún preclaro funcionario diría que el país debía aprovechar sus ventajas comparativas, el tener un suelo prodigioso que hacía crecer cualquier cosa y extensiones extraordinarias para que pastara el ganado; eso hacía innecesaria cualquier inversión en una industria cara y problemática cuando se podía comprar al mundo lo necesario con las enormes ganancias que nos brindaba la naturaleza. Un maravilloso negocio que podía ser arruinado, o por lo menos interrumpido por la organización sindical que había echado raíces ente marítimos, estibadores, carreteros, changarines, portuarios en general y, para colmo, también en oficiales y contramaestres de la marina mercante (que era toda toda privada y cuya voz cantante la llevaba la Sociedad de Navegación a Vapor Nicolás Mihanovich).


¿Cómo eran las condiciones del trabajo de los marítimos? A juzgar por lo que establecía el laudo, no eran de lo mejor. Las empresas -y sobre todo Mihanovich- ejercían sus derechos de propiedad en niveles de superexplotación de los trabajadores, sin respetar prácticamente ninguna reglamentación establecida (y había bien pocas) ni normas de seguridad.  La vida a bordo era dura y las tareas del puerto muy pesadas, no eran para cualquiera. Pero esos fulanos estaban organizados.


¿Cómo era esa organización sindical? La Federación Obrera Marítima (FOM) era la heredera de las primeras organizaciones de laburantes gringos que vivían en la Boca, Barracas y la vera del Riachuelo. Con ideas que alguna vez fueron anarquistas, sus dirigentes habían mandado al diablo al Partido Socialista y creían en el sindicato como el centro de la actividad revolucionaria, como un fin en si mismo y la única organización genuina para la clase obrera. De ahí que se autodenominaran "Sindicalistas Revolucionarios" o simplemente corriente "Sindicalista". Habían llegado a controlar la Federación Obrera de la Región Argentina (FORA) en su IX° Congreso, lo que provocó la ruptura con los Anarquistas que se quedaron con la FORA V° Congreso. Y de golpe, tenían en frente a un gobierno producto del voto secreto y obligatorio consagrado por la ley Sáenz Peña. Yrigoyen creía también en el modelo agroexportador al igual que los conservadores, pero creía también (al revés que ellos) que era necesario integrar a la clase obrera a la sociedad con plenos derechos, tanto laborales como civiles. Una sociedad "armónica" debía necesariamente contar con la intervención estatal como árbitro entre las clases y allí Yrigoyen intuía que estos "Sindicalistas" podían ser un aliado muy útil. No así los anarquistas o los gremios que respondían a los socialistas. Se podía negociar con esta gente...


Las empresas navieras (el otro actor de este asunto) no reconocían a los sindicatos y consideraban que la intervención del Estado violaba el derecho a la propiedad privada. Empresas y trabajadores debían entenderse entre ellos, en forma privada y, si estallaba el conflicto, entonces el Estado debía intervenir en favor de la propiedad privada, es decir, reprimiendo a los revoltosos (gremialistas) y activistas. Llegaron a llamar a la FOM el "soviet del puerto". 


El conflicto de fondo se desarrolló en estos términos y por esos motivos: "...estos tripulantes nucleados en la federación crearon una situación excepcionalmente exitosa: el control sindical sobre la contratación y las condiciones de trabajo a bordo. Junto al ejercicio de este control, los trabajadores fomistas desarrollaron una vinculación político-gremial particular con capitanes y oficiales, una novedosa construcción considerando aquel mundo laboral de a bordo atravesado por las jerarquías." (...) "La acción de los sindicatos de foguistas y marineros, mozos y patrones, se vio potenciada por la de oficiales, capitanes, maquinistas y comisarios, dando lugar a un movimiento eficaz y exitoso en el control de su trabajo diario."


Y con ese capital se lanzaron a la construcción de un novedoso movimiento obrero organizado aprovechando la fortaleza que les daba la estratégica posición por la cual llegaban  (las vías navegables) a todos los rincones en los que estaba estructurado el modelo agroexportador. Si bien fueron derrotados en 1921, la estela de este tipo de sindicalismo tuvo una vigencia de casi tres décadas y llegó a las orillas de los que después fue el peronismo. Muchos dirigentes que se hicieron peronistas en los cuarentas, venían del "sindicalismo revolucionario". Así son las cosas.


Bueno, se hizo largo. La intención era destacar el laudo que establecía el control obrero sobre la contratación laboral en el puerto en base a registros de trabajadores sindicalizados (y no rompehuelgas, que eufemísticamente las patronales llamaban "trabajadores libres"), disputando el poder concreto a los dueños de todo. Y no fue poca cosa.


Los trabajadores tenemos historia y es imprescindible saber, siempre, de qué lado del capital se ha nacido y por lo tanto, cuáles son los intereses propios que debemos defender. ¿No le parece compañero?

martes, 27 de septiembre de 2016

la CGT



La CGT se constituyó el 27 de setiembre de 1930; trece años antes de que el Coronel Perón se hiciera cargo de la Secretaría de Trabajo y Previsión (el antiguo Departamento Nacional del Trabajo de los conservadores, que el radicalismo había intentado empoderar).

Las primeras reivindicaciones que planteó la nueva central se relacionaban con la libertad de doscientos veinticinco presos gremiales y la conmutación de la pena de muerte impuesta por un tribunal militar a tres choferes que se habían tiroteado con la policía. Además reclamaban el levantamiento del estado de sitio y la realización de obras públicas para disminuir la desocupación. De todas maneras, no pudieron evitar la deportación de ciento cincuenta trabajadores -casi todos a la Italia fascista- por imperio de la Ley de Defensa Social (una ley de Residencia potenciada).

La reclamada unidad sindical llegó por la fusión de la Confederación Obrera Argentina (COA, socialista) y la Unión Sindical Argentina (USA, sindicalista revolucionaria) y fue votada 43.487 afiliados de ambas organizaciones. En esos tiempos, los obreros organizados no eran más del 15% de la masa laboral existente (desde 1936 la CGT agrupará entre un 62 y un 75% de los trabajadores, y estallará la afiliación masiva durante el primer peronismo).
Los obreros ocupados en la industria manufacturera aumentarán un 51% entre 1935 y 1941.

En este movimiento obrero, sólo los ferroviarios agrupaban a la mayor cantidad de trabajadores de su sector (más del 80%). Tres sindicatos del transporte (Unión Ferroviaria, La Fraternidad y la Unión Tranviaria) controlaban en 1939 el 40% de los delegados al congreso de la CGT. Aliados con el sector terciario (Confederación General de Empleados de Comercio –CGEC-, Asociación de Trabajadores del Estado –ATE- y UOEM) se aseguraban la mayoría en los cuerpos directivos de la central. La disputa sería siempre por el control de Ferroviarios, en ese momento bajo la conducción de la tendencia "sindicalista".

Ya que estamos, hablemos un poco de esta gente... los "Sindicalistas", una escisión de trabajadores del Partido Socialista de principios del siglo XX que ganó la conducción de la Federación Obrera Regional Argentina (fundada por Anarquistas) en 1915, lo que resultó en la división de la antigua central en FORA del V° Congreso (la que continuó anarquista) y FORA del IX Congreso (la que dirigieron los "Sindicalistas Revolucionarios"). Las ideas de los "sindicalistas revolucionarios" fueron hegemónicas en el movimiento obrero (salvo para los sindicatos por oficio que dirigían los anarquistas) y por lo tanto influyeron en las dos grandes facciones que se funden en 1930 (tanto la COA como la USA eran ideológicamente sindicalistas revolucionarias, una más orgánica con el Partido Socialista y la otra independiente absolutamente).

Los dirigentes y cuadros obreros del momento que se reconocían "sindicalistas revolucionarios" ponían el acento en el sindicato como organización fundamental de la sociedad, que daría pie a una nueva sociedad. El sindicato lo era todo, la organización que agrupaba a los trabajadores en tanto tales sin las divisiones "artificiales" que proponía la política. Desconfiaban de políticos, policías, jueces, funcionarios, militares. Solo un trabajador podía ser un compañero, y si era del sindicato tanto mejor. Creían en la acción directa y que había que dar un paso después del otro, hoy se diría que se movían tácticamente sin mayores preocupaciones por coberturas ideológicas. El lenguaje era el acostumbrado... "revolucionarios" se dice, pero a la hora de los bifes sabían negociar con cualquiera que quisiera negociar. En 1916 lo pudieron hacer con un Presidente que solía llamarlos y recibirlos en la Rosada, don Hipólito Yrigoyen. Y pese a que se ha dicho mucho, no se casaron con él ni con el radicalismo... al menos no por mucho tiempo.

La CGT de los treinta fue muy criticada por seguidista del general Uriburu (el del golpe), por rosquear con el general Justo (su "democrático" sucesor y gran esperanza blanca del liberalismo), y seguramente fue cierto. Fueron los primeros "sabios y prudentes" de los que hablaría otro general en una plaza colmada un 1° de mayo en muy otras y remotamente abismales circunstancias. Fueron el movimiento obrero que había entendido que sus hijos también serían trabajadores porque el ascenso social no se daba en la tierra de promisión, eso era para los patrones. Entonces, quisieron el paraíso en la tierra, mejorar condiciones de trabajo, de contratación, seguridad laboral, asistencia médica y social, y salarios. Quisieron Convenios Colectivos que las patronales respetasen. Nunca quisieron al Estado husmeando en las organizaciones gremiales, pero no le hicieron un asco cuando el Estado se acercó fuera con elenco radical o conservador.

Los "sindicalistas revolucionarios" puros se irían eclipsando, perderían la dirección de la Unión Ferroviaria y resucitarían decadentemente la vieja sigla USA en el treinta y siete. Sin embargo, su estela sería larga... Socialistas y comunistas se harían cargo de la central obrera casi en seguida y casi en seguida habría dos CGT. Todo eso antes del peronismo, y vamos a decirlo, el peronismo se hará con estos tipos, muchos de los cuales habían sido y se sabían "sindicalistas revolucionarios".

Hicieron la CGT. Hay que saberlo y recordarlos porque algo deben tener que ver con todos nosotros.

Porque la historia del movimiento obrero es, indisolublemente, nuestra historia.












miércoles, 30 de marzo de 2011

30 DE MARZO

Salimos de la Caja de Ahorro a la tarde temprano, éramos una columna de…trescientos, cuatrocientos compañeros. Veo claramente nuestro banderón con la “nena” de la alcancía, la verdad es que no recuerdo bien cuántos éramos, aunque para ese momento no era poco. Cantábamos, salimos como para llevarnos todo puesto, mucho entusiasmo. Ssevacabaar, sebacabaaar, ladictaduuuramiliitaar. Claro, qué íbamos a cantar.

Enfilamos paralelo a Entre Ríos, por la plaza embaldosada que todavía se unía con el monumento. Derechito para agarrar Callao y meterle hasta Corrientes. Seguramente buscar el amparo de otras columnas y más adelante, tras la 9 de julio, ver si había una de la Bancaria, la del Nación, la del Provincia, la del BANADE, la de los bancos cooperativos. Y ahí ya estaríamos pisando la Plaza. Era lo que conversábamos en los primeros metros de marcha.

Había de todo. Peronistas (de aquí y de allá, de varias agrupaciones e historias), comunistas (la juventud, los del partido estaban cesantes), socialistas varios, un par de troskos, radicales, uno que otro desarrollista, pibes de izquierda suelta, y muchos, muchos que no tenían agrupación ni partido. Compañeros de oficina, algunos disimulando el susto del estreno porque no habían ido nunca a una marcha. Estaban los de Balvanera y los del Anexo Velazco, los del ítem III (alguno con el mameluco de laburo). Compañeras y compañeros, todos nos tratábamos así con un cada vez menos disimulado orgullo del lugar de origen. La Caja de Ahorro era para nosotros la parte del Estado que debíamos defender, algo más que el laburo que nos daba de comer. 30 de marzo de 1982 – La CGT y las 62 Organizaciones convocan a una movilización a Plaza de Mayo para “expresar el rechazo del pueblo al gobierno militar” y reclamar por la normalización institucional y la mejora de la situación socioeconómica. Es violentamente reprimida. En Callao se hizo un silencio raro, mucha cana, mucho aparato. A la altura de Rodríguez Peña un carro de asalto se nos vino encima a una velocidad que daba miedo. Nos cortó la columna y empezaron los gases. Allí terminó nuestra marcha. Nos dispersaron y sanseacabó.

Seguimos en grupitos sueltos tratando siempre de reagruparnos, pero nunca lo logramos. No dudo que algunos se las habrán tomado, cómo juzgarlos. Todos teníamos miedo. La tarde se convirtió en un quilombo de proporciones. Se escuchaban sirenas y estallidos por todos lados, corridas, gritos. Nos buscábamos con la mirada. Recuerdo a un par paraditos en la parada de un bondi, trajeados, como esperando ajenos a todo. Eran compañeros, la cana les pasó al lado sin darles bola porque casi ni respiraban.

Terminé de la mano de una compañera –con la que había discutido política a rabiar un par de días antes y habíamos terminado distanciados- corriendo por una de las laterales. Estaba el hidrante y la guardia de infantería llevándose gente. Nos metimos en un garaje cuerpo a tierra hasta que pasaron. Teníamos olor a gas hasta en el pelo. Salimos y anduvimos juntos un rato más, después nos separamos cuando estábamos seguros que el otro estaba a salvo. Ya por la tarde la Plaza estaba virtualmente cercada por patrulleros, carros de asalto, camiones hidrantes, helicópteros y policía a caballo. Los manifestantes dieron vuelta al área de la plaza por varias horas desafiando a las fuerzas represivas.

Nos juntamos de uno, con otro, nunca más de tres porque era más fácil. Nos reagrupábamos con otros grupitos y rompíamos las bolas. Les daba una bronca terrible el desafío. Sonaban los itakazos, o los lanza granadas de gas. Nunca supe. A las 16 hs la policía interceptó en puente Pueyrredón una gruesa columna de obreros que intentaba cruzar el Riachuelo. Fue reprimida también una manifestación en Tribunales y otra de estibadores en el puerto.

Se hizo la noche y los turros habían logrado que muchísima gente se prendiera de pura bronca que daba tanta represión. Estaban todos indignados. Los bares con la persiana baja albergaban gente, te escondían de la cana. Comenzaron entonces a tirar gases por debajo de las cortinas metálicas. Por la noche, el centro de la ciudad era un caos. Los manifestantes -y simpatizantes desde los balcones- resistía a la policía. Hubo entre 1.000 y 3.000 detenidos. Todos tenían que ser corridos, algunos cazados. Pero la gente no se iba, por primera vez no se iba.

Cuando tironeaban a uno para llevarlo, lo tratábamos de rescatar. No se había perdido el miedo, se había superado. Policíafederalaverguenzanacional, hijosdeputahijosdeputa. En el Interior se hicieron actos paralelos. En Mendoza, la manifestación fue duramente reprimida, quedando entre los muertos el dirigente del cemento José Ortiz con una bala en el pecho. En Rosario, 2.000 personas recorrieron el centro a pesar de la fuerte presencia policial. En Tucumán hubo más de 200 detenidos. La ciudad de Córdoba fue ocupada por el III Cuerpo de Ejército. En Mar del Plata se registraron numerosos heridos en los enfrentamientos con la represión.

Todas las jornadas pasan, las de gloria, las de luto, todo pasa. Pero en los días que siguieron, los que nos veíamos en el laburo y habíamos estado en la columna de la Caja éramos más “nosotros”, aunque no hubiéramos cruzado nunca muchas palabras.

domingo, 26 de septiembre de 2010

ESE MODELO SINDICAL ...


Esta entrada viene a propósito de "Instrucciones para mear fuera del tarro" de ALUVION ZOOLOGICO. No polemizamos, pero si alguno quiere...

Los militantes de la Corriente Sindicalista Revolucionaria fueron los primeros en considerar al sindicato como un fin en sí mismo y al Estado como un interlocutor necesario, e ineludible. Afirmados en la conducción de la FORA (Federación Obrera de la Región Argentina, del IXº Congreso), habiendo desplazado a un anarquismo que comenzaba a ser anacrónico, se lanzaron a una relación difícil y tormentosa con la administración radical de don Hipólito Yrigoyen (ese inventor del progresismo criollo, junto a su par neoconservador Lisandro de la Torre). Les fue bien y les fue mal, pero la neutralidad y la distancia con el aparato estatal se rompió para siempre. Algunos dicen que la independencia también.

De esto se trata, de discutir el modelo sindical argentino de aquí en más. Es lo que subyace en las elecciones de la CTA y la omnipresencia de la CGT. Y se debe discutir porque estamos en un tiempo de gobiernos propios (para algunos, al menos, gobiernos amigos).

Es indudable que el esquema peronista de un solo sindicato por rama y una sola central en forma de confederación de federaciones sindicales (primero, tercer y segundo grado de organización) ha dado resultados concretos. Los trabajadores lo sabemos de sobra, y los que no se enteraron, lástima por ellos. Allí están los Convenios Colectivos de Trabajo, la enorme batería de legislación laboral que sentó jurisprudencia en América, las Obras Sociales, los hoteles y los hospitales. La relación con el Estado, próxima casi tocándose cuando se trata de un peronista que ocupa la primera magistratura (para bien y para mal), o de confrontación-negociación cuando las cosas vienen a contramano. Pero siempre guardando un márgen considerable de independencia por esa cosa “corporativa” que los radicales y los progres temen tanto.

Para el modelo cegetista los sindicatos son de Perón, los trabajadores son de Perón, ergo, los sindicatos son de los trabajadores. Sabemos que a algunos la lógica formal les disgusta.

Después está el planteo alternativo, en pugna, “clasista”. Algo así como los viejos planteos socialistas y/o comunistas (en la etapa “clase contra clase”). Independencia absoluta, cultura obrera en disputa con la cultura burguesa y el paraíso socialista como utopía conciente. La concepción de una clase obrera internacional y de una emancipación también internacional. A veces, la vida no es justa.

Soslayé al ideario anarquista, porque se sabe que anarquistas somos todos los que militamos en sindicatos (permítanme la humorada, me refiero al ideario libertario que anida en toda asamblea y en todo volante que hacen los compañeros).

Pero aún hay otro “modelo” más y lo separo a propósito (desde ya que nada es tan tajante, sólo trato de escribir una nota). Es el socialdemócrata, el progre impoluto, ese que habla de “barro” cada vez que se refiere a algún dirigente sindical peronista (o a algún dirigente peronista). El que está representado en el sentimiento profundo de la CTA, por ejemplo. Es un esquema que suena bien, que se toma de verdades a medias y es absolutamente inviable. Y digo esto más allá de que las circunstancias de la vida lo hayan llevado a uno a militar de tanto en tanto en esa “central” (había dicho ya que la vida suele no ser justa).

Estoy de acuerdo con la CGT, es mi organización madre (con toda la carga que implica hasta en lo personal). No veo mérito en “elegir” democráticamente al Secretario General entre pocos votantes que mezclan trabajadores sindicalizados, compañeros de organizaciones sociales y agrupaciones de todo tipo. No veo virtud en no tener Congreso Central Confederal y sí congresales con el brazo enyesado que saludan a una nueva burocracia vestida de hippies viejos.

El modelo sindical argentino debe ser el que más le conviene a los trabajadores argentinos. Pero no sólo esa premisa pragmática, sino también que conserve la unidad de los compañeros en sólidas organizaciones. La burocratización no es el problema, siempre es una consecuencia estructural y/o coyuntural del desarrollo capitalista nacional. ¿O alguno se cree que los sindicatos y el capitalismo no se llevan? Existen sindicatos porque hay capitalismo. Y, tras largas y amargas experiencias, sabemos que el peor dirigente sindical suele ser mejor que la ausencia de dirigentes y organizaciones sindicales. Porque hasta “don Carlos” –ese simpático patrón peronista- se quiere quedar con los aportes jubilatorios o el 0 Km si lo dejamos.