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viernes, 16 de septiembre de 2016

LA PROCLAMA



Hace una punta de años, el 16 de setiembre de 1955, una conspiración cívico militar autodenominada “revolución Libertadora” se alzó con el poder desplazando al gobierno democrático de Juan Domingo Perón. Era un golpe de estado en nombre del estado de derecho y la República.

Vamos a repasar la proclama* “revolucionaria” firmada por el general Lonardi que encabezó (brevemente) el gobierno de facto, porque en ella aparecen conceptos que ayudaron a construir y/o reforzar subjetividades aún hoy vigentes.

Decían los tipos: “(…) Lo hacemos impulsados por el imperativo del amor a la libertad y al honor de un pueblo sojuzgado que quiere vivir de acuerdo con sus tradiciones y que no se resigna a seguir indefinidamente los caprichos  de un dictador que abusa de la fuerza del gobierno para humillar a sus conciudadanos.”

A juzgar por los resultados, esas tradiciones invocadas eran inequívocamente las de la generación del ’80, la oligarquía y su república para pocos; tiempos que Perón en 1946 se propuso dejar definitivamente atrás. El armado del Primer Plan Quinquenal habla justamente de eso, ya que comienza con una puesta en dato duro de la situación real del país y se plantea una puesta en valor estructural. Ya la oligarquía gobernando con “fraude patriótico” había tomado desde 1932 medidas “dirigistas” de intervención estatal para regular la relación con el siempre esquivo primer mundo (que en esa época era sobre todo Inglaterra), pero era para acomodarse a un orden internacional que estaba cambiando en tiempos de entreguerras. Está clarísimo que postular las tres banderas: soberanía política, independencia económica y justicia social, no estaba entre esas “tradiciones” a menos que uno se posicione en los gobiernos de San Martín en Cuyo, Güemes en Salta, Artigas en la Banda Oriental, Rosas en la Confederación, por nombrar a los más representativos. No son esas tradiciones, sino las que reconocen como antecedentes la primacía de la Ciudad-Puerto, la salvajada canalla de la “campaña al desierto”, la agachada feróz del pacto Roca-Runciman renunciando a la soberanía económica del país, y un indisimulable desprecio por la igualdad social.

El párrafo no para de darnos sorpresas, porque los dictadores recién estrenados llaman “dictador” a un Perón que ganó por poco las elecciones en 1946 y venía de revalidar títulos cómodamente en 1951, sin contar elecciones de medio término. ¿Qué mayorías electorales podían mostrar los que se alzaban contra una constitución -la de 1949- a la que también desconocían? 

En el apartado siguiente uno se va tranquilizando porque también venían para “… afianzar los postulados de una justicia social que nadie discute, …” Los postulados a los que se alude tienen olor a beneficencia como la de las señoronas que comandaban la caridad antes del huracán Evita. Justicia social no fue entonces solamente dar, sino reparar y reparando elevar porque donde aparece una necesidad, seguramente hay un derecho negado como nos enseñó la Señora, uno de los conceptos puramente revolucionarios del peronismo. El partido surgido del gran movimiento nacional llevó ese nombre, Justicialismo, para hacer centro en lo más importante de la doctrina.

Tanto es así que estos atorrantes uniformados no lo podían negar, y cuando mandaron al tacho la constitución del ’49 no pudieron silenciar los derechos sociales y laborales y los incorporaron de colados en el artículo 14 bis de la “restituída” constitución liberal. Cuando uno dice “uniformados” también se refiere al saco y corbata de los civiles funcionarios que comparseaban junto a los milicos en un imposible torneo para ver quién era más hijo de puta. 

Y para que usté vea que nada nuevo hay bajo el sol, también tuvieron que dar el golpe obligados por el “… auge de la corrupción…” Y acá hay que decir algo y es que importa un bledo el tema de la corrupción individual y aún de grupitos. No es aplaudir el “roban pero hacen” tampoco, como algún tarado me puso una vez. Ocurre que en un país estructuralmente armado por contrabandistas del puerto, gobernado desde siempre por cazadores de indios y ladrones de tierras, ocupado por empresarios que buscaron siempre ganar el 1000 por ciento, es de pelotudos achacar el afano a los gobiernos populares… de pelotudos y/o de cómplices-lacayos. Tildar de estructuralmente corruptos a los únicos que hicieron algo por defender la soberanía de la Patria frente a los imperios y nivelar lo más posible las condiciones sociales y legales de la población vulnerable (y todos, salvo los que la juntan en pala y la guardan afuera, somos un poco, maso, o muy vulnerables) es pegarse un corchazo en Estocolmo (por el síndrome, por si no se entendió).

Es terrible ver a los ladrones señalar y gritar “al ladrón”, y que muchos miren hacia donde les indicaron…

Pero ojo –y volviendo a la proclama- que Perón “…nos ofrece la perspectiva de la guerra civil y de la matanza fratricida, …” Debe ser por eso que renunció y se fue. Sabe estimado que el “tirano depuesto” recibió muchas críticas por no pelearla en ese momento, porque los historiadores dicen que había paridad de fuerzas y no estaba cantado quién podía ganar en una confrontación armada. Perón siempre dijo que entre el tiempo y la sangre él había optado por el tiempo. Y con el tiempo uno le va dando la razón, y sobre todo porque la otra solución tampoco es que estaba al alcance de la mano. Son los dictadores de verdad, los fachos, los que no vacilan ni cargan sobre su conciencia las vidas de la gente. Hay que bancarse algo así. Perón había prometido “una revolución en paz”; la Justicialista es la única revolución que tenemos y se viene dando por capítulos (no sin retrocesos) a lo largo de mucho tiempo. Los muertos siempre los puso abrumadoramente el campo popular y los asesinos, por lo general, los pusieron los otros.

Sigue otro tópico también muy actual “… la supuesta legitimidad del mandato que ostenta el dictador. Ninguna democracia es legítima si no existen los presupuestos esenciales: libertad y garantía de los derechos personales; …” Ya se dijo, pero repitamos, esto es lo que desde círculos de la embajada yanqui y think tanks de sus “servicios” vienen picoteando desde que se abrió la ola de gobiernos populares de los 2000 en adelante, la conformación de la Unasur como bloque que, no casualmente en momentos en que la vuelta viene para el neo y podrido liberalismo, están en peligro justamente jaqueados por acusaciones de corrupción e ilegitimidad. Tenía antecedentes como todo lo tiene. Digamoslo: la historia no se repite pero brinda unos recursos didácticos impresionantes. 

Si no estuviera siguiendo el armado propio de la proclama, esto que sigue habría que haberlo comentado junto con lo de la justicia social. “Sepan los hermanos trabajadores (…) jamás consentiremos que sus derechos sean cercenados. Las legítimas conquistas que los amparan, no sólo serán mantenidas sino superadas por el espíritu de solidaridad cristiana y libertad que impregnará la legislación …” Dios mío. La legislación laboral y los derechos de los trabajadores no fueron inventados por Perón. La clase trabajadora luchó siempre por sus conquistas, desde que alumbraron las primeras sociedades de resistencia y socorros mutuos. Anarquistas, Socialistas, “Sindicalistas Revolucionarios”, Comunistas y finalmente Peronistas; las ideas circularon por las organizaciones obreras naturalmente tanto como “natural” fue la posición que ocupaban en la producción capitalista. El programa de los trabajadores, corporizado institucionalmente en la CGT desde 1930 (que en seguida se dividió, se reunificó y así) llegó a la camada de oficiales que lideraba Perón y entró en el Proyecto Nacional como un puntal de construcción. La historia y lo que pasó el 17 de octubre del ’45 hicieron que el puntal fuera “columna vertebral”. Mire, en casi todos los sindicatos hay un busto de Perón y de Eva, lo que no hay es ni un dibujito de Lonardi, Aramburu o Rojas. Será porque los trabajadores no tienen “hermanos” de esa calaña y porque era una absoluta mentira lo que dijeron.

”La revolución no se hace en provecho de partidos, clases o tendencias, sino para restablecer el imperio del derecho.” A veces pienso si lo “del derecho” no fue agregado después porque se notaba demasiado. La “revolución” fue antiperonista y por eso terminó siendo anti popular y antiargentina. Como todos los golpes, se hizo para beneficiar a los “dueños” del país. Ocurre que, a veces, algunos empleados ayudan, y parece que es una causa “de todos” o de mayorías, pero es una ilusión que los mismos beneficiarios se han encargado de fabricar por la prensa, que les pertenece y la cultura hegemónica, que les pertenece. 

Para ir terminando, que esto se hizo largo: “… la espada que hemos desenvainado para defender la entraña de la patria no se guardará sin honor. (…)” Esa espada fue alguna vez la de San Martín, envainada para no ensuciarla con sangre de hermanos salpicada por politiqueros del Puerto, la misma que fue a manos de Rosas cuando defendió la soberanía ante potencias como Francia e Inglaterra. No la de estos miserables, la de ellos fue sin honor, sin Patria, infame, traidora. La desenvainaron con los bombardeos de Plaza de Mayo asesinando chicos y trabajadores, lo habían hecho con bombas en manifestaciones peronistas (y uno le dio nombre a una estación de tren y subte), lo hicieron una y otra vez. Y lo volvieron a hacer sus alumnos dilectos en 1976 en otra “libertadora”. Sin honor, como el inodoro en el que falleció Videla. Eso son.

¡VIVA PERÓN!

*La Proclama completa la podés encontrar en  www.elhistoriador.com.ar, de LONARDI, Luis Ernesto, “Dios es justo”. Lonardi y la revolución, Francisco Colombo, Buenos Aires, 1958, págs. 96-100.


viernes, 11 de enero de 2013

CARANCHEANDO

En otra época se las tomaban a Montevideo. Una vez, desde allí se las arreglaron para meterse a la cola del imperio del Brasil e invadir el propio país, eso si, en aras de un objetivo trascendente como era el de liberar a la Patria de la “sangrienta dictadura” de Rosas. Qué cosa, siempre se encuentra algún alto ideal, la defensa de “sagrados” valores, la salvación de la libertad, pero el método no cambia demasiado: siempre se arrima hacia el lado de los poderosos o la cuasi traición a la Patria.

Pero ahora se quedan acá (más allá de esporádicas salidas de negocio/placer). Las soluciones que encuentran a los problemas son también casi siempre las mismas. Hay que pagar a los “fondos buitres” por eso de que hay que honrar las deudas (el presidente Avellaneda había dicho “hasta con el hambre de los argentinos”). Decir “buitres” es otra expresión peyorativa que la gente de bien no tiene por qué compartir y menos usar. Demás está decir que importa bien poco que un 95% de los acreedores de la Argentina hayan aceptado quita y reprogramación de los pagos. Claro, se lo aceptaron a Néstor y después lo volvió a negociar Boudou, bajo mando de Cristina. Tampoco importa que ese altísimo porcentaje esté compuesto por bancos, empresas de países del primer mundo, defensores a rajatabla del capitalismo del que ellos se sienten amorosos cruzados. En este caso, vale sólo ese 5% de negociantes itinerantes que andan a la caza de oportunidades (como esos que entregan tarjetitas en hospitales y tragedias). Será que se parecen.

Algunos han llegado al colmo de proponer cuentas bancarias para recaudar los fondos necesarios para pagar esa supuesta “deuda” del honor argentino. Miserables que, como esos criminales de novela negra, pretenden volver al lugar del crimen y encontrarse con la víctima (y que colabore). Son diputados, políticos, uno piensa que debieran al menos tener un sentimiento que rozara, tendiera a, supusiera, intuyera algo cercano al patriotismo. Pero no.

Son de diversa calaña, para qué andar contando sobre todos. Apuestan mal, se equivocan en los diagnósticos, no conocen ni de casualidad al pueblo (no saben, por ejemplo, que “habitantes” no es sinónimo de “pueblo”) y por eso mismo imaginan escenarios que finalmente no se dan (y lo que se da es todo lo contrario).

Aún no lograron que el dólar esté a $ 10 y eso que vienen tratando desde el 2003. No pudieron estabilizar ni disparar una hiperinflación (eso sólo les sale cuando gobiernan ellos). No pueden hacer que los argentinos se vean reflejados en el “campo” como en un espejo. Ni siquiera saben organizar bien un “saqueo”. Y no pueden, de ninguna manera, convencer a nadie (al menos no a la mayoría) de que “los valores” están por encima del “bienestar”.

El viejo tema –se me ocurre, sólo porque soy un jodido- de la Libertad vs Igualdad. Dilema liberal de primer orden, que fuera solucionado de sobra por el Peronismo. Sería algo así como: nivelados los sectores sociales (no jodamos con las “clases” en este tramo), para decirlo más concretamente -como a Evita le gustaría- elevados los trabajadores y los humildes por sobre el resto porque venían muy de atrás, y cuando todos pueden sentarse más o menos “de igual a igual” en la mesa. Es decir, con los mismos derechos sociales/políticos/económicos, con poder adquisitivo (proporcional a cada uno, esto no es igualitarismo duro) real, entonces ahí puede empezar el reino de la “Libertad”. Igualdad/Libertad son una misma palabra que se dice de dos maneras diferentes. Eso de contraponerlas es cosa de liberales, unitarios e hijos de puta. Hasta acá, ¿támo? ... bien.

Pero para ellos no es así (siempre tan librepensadores, tan diferentes, tan que no estoy de acuerdo nunca). Los “valores” como la libertad, democracia y otros (total en boca de ellos todo pierde significado real y pasa a tener significado ficcional) vienen a cubrir libertad de empresa (mentira también: son los privilegios de algunas empresas más poderosas), subordinación de la mayoría a la minoría (y eso si es una dictadura), subordinación a intereses extra-anti nacionales (como la curiosa manera de “pagar” la deuda por ejemplo). Uno diría que son traidores y una extensa ristra de adjetivos-insultos. La verdad es que son cagones, muy cagones. Fijése si no, que antes andaban pidiendo que una patota (esas “patotas cívico-militares”) te golpee, secuestre, picanee, te tire al mar con cemento en los pies.

Y están también esos otros que no son culpables de nada, los que se bañan en el Jordán todos los días, los “puros” de toda pureza. Y eso porque se autoproclaman “socialistas”, como si decirse fuera serlo. Y que me perdonen por un momento los socialistas de verdad. De estos truchos hay muchos, los que se dan lustre y trabajan de “izquierdistas” como quién ha puesto una florería enfrente de un cementerio.

Pero entonces: ¿somos los únicos buenos? ¿habrá que pensar como nosotros? ¿es cierto que si hacés una crítica o tenés pensamiento propio son un gorila y un turro? Así no somos nosotros, pero si nuestro cliché. Por supuesto que si piensan como nosotros, mucho mejor. Pero la verdad es que todos estos "opositores" trabajan para nosotros. Son tan desastrosos y meten tanto miedo (también miedo a su incapacidad manifiesta para gobernar) que aún los que nos desconfían nos terminan votando. Al menos así fue hasta ahora.

Yo quisiera, la verdad,  que esta puta derecha se hundiera, que dejara de ser un ave rapaz sobrevolando mi Patria, no tener que temer que todo se vaya al carajo si no estamos: que no peligre de nuevo YPF, que no se vuelvan a afanar la plata de la Seguridad Social, que no hipotequen generaciones de argentinos ni nos aten otra vez al FMI, que no levanten los ramales de trenes que se pudieron recuperar, que no se queden sin jubilación los que tienen patrones chorros que no les hacen los aportes, que no devuelvan la ESMA ni hagan un monumento a Videla y Massera, que no impidan que se case el que quiera con quien quiera, que no se pierdan puestos de trabajo, que no deje de haber paritarias, que haya una ley que impida los monopolios en los medios de comunicación y en todo, que los científicos no se tengan que ir de nuevo. Y más, porque es mucho lo que se hizo/hicimos los argentinos desde el 2003.
Y tampoco quiero la sombra de ese vuelo negro porque quiero más cosas (que todavía no están, pero que es posible desear y realizar): que la minería sea una actividad industrial cuidada para sus trabajadores y el ambiente, que Monsanto se vaya a la mierda, que los géneros sean iguales y respetados, que no haya más gatillo fácil, que la Policía no pueda ser acusada de “narco” ni de “trata” (porque se liberaron de esos estigmas), que vuelvan los trenes del Estado (y sean muchos), que tributen más los que más tienen, un plan Procrear multiplicado, la victoria tras pelear una guerra contra la pobreza (y no contra los pobres). El orgullo por ver un desfile militar. Y más, siempre más.

Mis hijos tienen críticas, sus amigos, nosotros mismos. ¿O de qué hablamos en la sobremesa entre compañeros? Un proyecto se construye discutiendo, disintiendo también, pero tiene que haber una conducción y decisiones. El asunto es que acá hay las dos cosas, digo para los que se dicen de “adentro” pero se la pasan despotricando cuando alguna medida los perjudica un poco. Porque hay de todo en la viña del señor.

Y claro que hacen falta críticos adentro (y si querés también al costado, o de frente) que nos corran por izquierda, pero sin abrazarse enseguida con los enemigos de la Patria.