Obispo auxiliar de La Plata, Monseñor Antonio Marino: “las parejas homosexuales son 30 veces más violentas que las parejas heterosexuales porque consumen con más frecuencia estupefacientes” (…) “las personas que practican la homosexualidad padecen de más ansiedad y tienen más tendencia al suicidio” (…) “(estudios serios demuestran que) la fidelidad en las uniones homosexuales es muy difícil, porque tienen ocho parejas por año y hasta 500 en toda la vida”.
Cardenal Jorge Bergoglio, titular de la Conferencia Episcopal Argentina: “(el proyecto de casamiento de parejas del mismo sexo) es una pretensión destructiva al plan de Dios” (…) “No se trata de un mero proyecto legislativo, sino de una movida del padre de la mentira, que pretende confundir a los hijos de Dios”. Y en otra declaración anterior dirigida a las monjas carmelitas de la Ciudad de Buenos Aires: “Miremos a San José, a María, al Niño y pidamos con fervor que ellos defiendan a la familia argentina en este momento. Recordémosle lo que Dios mismo dijo a su pueblo en un momento de mucha angustia: ‘Que ellos nos socorran, defiendan y acompañen en esta guerra de Dios”.
Estas declaraciones –que no fueron las únicas- publicadas en Tiempo Argentino del jueves 8 de julio pasado (un diario K,obvio) sacadas ahora de contexto por mi y fuera de la discusión del proyecto de ley que esta Iglesia perdió (y otras como las Evangélicas que se manifestaron democráticamente y con igual nivel de brutalidad) para bien de la sociedad argentina, son contundentes. No tengo la pretensión de desacreditar a la cúpula eclesiástica y me molesta leer humoradas o sesudos análisis hechos por agnósticos, ateos o fulanos que profesan otras religiones supuestamente más progresistas. Medievales, discriminadores, hipócritas, qué más se puede decir. Me centro en esta Iglesia Católica que, hace muchos años, era mi iglesia. Alguna vez un cura querido me dijo que mi problema era que no soportaba la decisión de Dios de poner hombres en lugar de ángeles al frente de su Iglesia. Es cierto. Lo que no soporto, además, es que una oscura y maravillosa secta judaica lanzada al mundo pagano haya devenido en esta basura.
Sería justo decir que cuiden la banda de pedófilos que les hace gastar tanto dinero (el Vaticano sigue pagando indemnizaciones y silencio y no puede menos que aceptar el desastre moral inocultable). Sería más justo recordarles las complicidades nunca desmentidas y cínicamente “autodisculpadas” con la dictadura militar de 1976. Dieron vuelta la cara, pero no para ofrecer la otra mejilla, sino para no ver a las Madres y para no inquirir a los asesinos. Aramburu, Tortolo, Bonamín no eran una excepción, eran una política. Porque la Iglesia Católica hace política y la peor de las políticas.
Así como no me gusta que me muestren el peronómetro, no voy a sacar el teonómetro para ver quiénes son o no los verdaderos cristianos. Ensuciaron todo, no hay remedio. Son la pasta base de los pueblos.
Me duele la puteada y me reconforta a la vez. No somos todos iguales, hay una subhumanidad que quiere impedirle a las mayorías reconocerse en los cambios, en la naturaleza y en el propio devenir de la sociedad. Haber suplantado al Imperio Romano no les da derecho de regir las vidas de cada uno. La vida sigue y seguirá sin “juicio divino”, sin “guerra de Dios”.
Hace muchos años que no espero ver a Jesús blandir el látigo para echar a los mercaderes del Templo. Hace tiempo que se que los mercaderes dirigen el Templo y blanden el látigo sobre cristos sin voz. Hay muchos católicos que dan testimonio de vida, de “opción preferencial por los pobres”; existe aún por suerte la “teología de la Liberación”, no es cuestión de meter a todos en la misma bolsa. Pero hoy lo que quería decir es que como institución, son una mierda.
Ocurrió en una de esas raras salidas a solas con el viejo. Iba caminando de su mano rumbo a casa tal vez o por el centro, que era como visitar su reino (que ahora se ha convertido en el mío). Pasamos poruna casa de ropa para hombres: Halsey o James Smart y se detuvo. Le gustaban particularmente esas tiendas que yo desconocía y cuya contemplación prolongada me aburría. Mis ojos pasarondistraídamente por el espejo que cubría una columna de la vidriera.
Yo era un nene de lentes feos de unos ocho años, llevaba un tapado gris y un sweter tejido por alguna de mis abuelas, pantalones largos de salir porque era invierno y zapatitos lustrados. Aún me cortaban el pelo con media americana y el flequillo a lo Marrone. Seguramente no me fijé en mí, esa es una costumbre de la adolescencia que aún me encandila cuando me siento a tomar un café frente a un espejo.
Ese día -u otro día- el viejo había entrado en confesiones políticas con su hijo mayor. Ibamos doblando la subida de la panamericana a la altura de Vicente López en el Gordini que teníamos en ese entonces, cuando subitamente y como siguiendo alguna noticia en la radio del auto en la que yo, desde ya, no había reparado, me dijo que iba a votar a la UCRI porque le gustaba Frondizi. Que siempre había sido radical, pero que Frondizi había hecho bien, porque era muy inteligente y había que hacer partidos nuevos. Que empezaba una nueva época y que todo era muy, pero muy importante.
Pregunté qué era votar y me dijo que los militares se iban a ir y que por eso, la gente tenía que elegir al presidente. Me impresionó eso de que todos votaran al presidente y mucho más que el presidente no tuviera que ser un militar, aunque creo que no entendí muy bien qué cosa era votar. Lo claro era que se hacía entre mucha gente. Fue todo, pero esa era la primera charla política de mi vida. En casa no se hablaba de eso y si lo hacían, los chicos nos habíamos ido a la cama. Se que comentaban siempre el noticiero de Radio Colonia, pero eso era muy tarde y yo me levantaba a las seis para ir al colegio. Después de eso no hablamos de política hasta que fui más grande y, como era de esperar, nunca estuvimos de acuerdo.
Aunque si se hablaban de política en casa, ocurre que yo no sabía que esos temas tenían que ver con la política. Recuerdo que decían cosas de alguien que había sido presidente antes de que yo naciera y lo que decían no sonaba muy bien. El viejo decía “el dictador”, “el que está en Madrid”, “ese”. Un innombrable. Enganchando un párrafo con otro, pude reconstruir después una trama. El viejo era profundamente antiperonista, tanto que se había sacado el brazalete negro que le obligaron a ponerse en el banco cuando murió Evita (aunque incomprensiblemente también supe, años después, que respetaba a la Señora). Decía que no lo ascendieron por eso. Y mamá contaba que en su casa de soltera se habían refugiado monjitas con las que ella trabajaba como maestra, porque las perseguían y hasta el hábito habían tenido que dejar para que no las reconocieran. Y otras historias... de la gente que se había envalentonado con el peronismo. Mamá contaba que el abuelo escuchaba atentamente los discursos de Perón por la radio y decía que estaban ocurriendo cosas por las cuales el país iba a cambiar para siempre. Su padre había muerto en el '48, dejándola con una soledad que aprendió a compartir consigo misma y que aún le dura.
Pero volviendo al tema, los militares los habían librado de Perón, pero no del peronismo. “Esto no se acaba más” rezongaba el viejo. Encarnaba la forma no peronista de ascenso social (en el país peronista). Inmigrantes, conventillo, madre abnegada, un padre perdido en el humo del toscano desde el umbral de la casa alquilada en Coghlam, el laburo desde los trece años, el trabajo en el banco de Italia, el hijo único y la madre viuda. El hijo casado, la casa propia, el crédito, el auto, el hijo. La sistemática compra de electrodomésticos para la madre que se resistía a tanto artefacto pero que se hizo adicta a la tele. La compra de la casa alquilada para la madre. El velorio de la madre en su casa en el '63 y el camino del desconsuelo que guardó en trajes de sastre y las ganas de conquistar el mundo.
Nunca me dijeron quién era el tal Perón, pero seguro que nada bueno. Alguien violento, que enardecía a la gente y prometía venganza por la radio. Valores no cristianos. Alguien que vivía como un rey en España con todo lo que se había robado. Y la queja por tanta y tanta gente que seguía siendo peronista.
Algo no encajaba. ¿Por qué toda esa gente insistía con algo que a mis padres les parecía una pesadilla? Sin duda, algo tremendo y terriblemente importante había pasado justo antes de que yo naciera.
Y entonces, dimos ese extraño paseo del que hablaba al principio. Seguimos caminando para buscar el coche –que ya era un Peugeot 403- y pasamos frente a un puesto de diarios y revistas. El viejo hizo más lento el paso como deteniéndose casi y señaló una foto. Yo sí me paré y él me tironeó nervioso.
Era una foto coloreada como las que había visto en una visita a Luján, con un señor muy sonriente y magnífico en su uniforme verde oliva montado sobre un enorme caballoblanco con pintas negras. Apurando ahora si el paso, me dijo como en secreto: “Ves, ese es Perón”. Me recomendó que no repitiera el nombre porque estaba prohibido, pero que ya lo iba a escuchar porque se venían las elecciones. Pero que Perón no podía participar, porque los militares nunca iban a dejarlo volver al país.
Quedé confundido, porque el tal Perón al parecer también era un militar. Hasta tenía caballo. Parecía un prócer fantastico aunque un poco antiguo. Bueno, como todos los próceres que más tarde me darían y quitarían el sueño.
Le duele el juanete. Lo dice mientras lo lava con agua de alivour en una palangana. Cosas de ponerse vieja, podría pensar ahora pero mi tía María no está viva ahora. Estaba viva en los sesentas cuando me pasaba el fin de semana en la casa italiana que había construído el tío Miguel, que para eso era albañil o maestro mayor de obras o tano incrédulo porque no se sabía en qué región y en qué país lo había dejado la guerra del 14. Son los viejos. Esos que no hablaban de política ni de religión porque se armaba la podrída y todos se terminaban tirando con migas de pan y a veces soda. Los domingos eran así. Mucho ruido, mucha familia enrraviolada con menudos de pollo. Y el pollo pobrecito venía del gallinero que estaba al costado de la casa. Muchos domingos de abuelas y de tíos que han pasado a la historia como el país que ha pasado a la historia. La tía María que te dice "piojoso" con un cariño incomprensible hoy en día. Si le contara del tuiter y del feisbuc, si les contara todo el océano que cruzamos para llegar acá, justo en el lugar en el que ellos vivían su domingo en pijama... Estamos viejos los chicos de esas casas, y si, estamos algo más viejos. Y todos esos mayores que no nos vieron. Qué decirles hoy a esta hora de la noche en que no se por qué me vienen todos y miran lo que escribo sin entender qué carajo estoy haciendo en vez de ir a dormir que mañana hay que ir al trabajo. Es el blog tía que hace mucho que no escribo nada, porque a veces no se me ocurre nada como cuando me hacían dormir la siesta de prepo y me la pasaba pensando con los ojos abiertos. Queridos viejos, les quiero decir algo, ¿saben? el país se construye como ustedes decían pero es más complicado. Qué les voy a contar de heridas si ustedes se despertaban sin saber si todavía estaban en el conventillo, sin saber si esa sábana planchada les era propia. Eran las épocas del ascenso social y la familia sabía un rato largo de eso. No pudieron enseñarme porque yo ya estaba allí en el escalón que me dejaron y sin la historia de lo que había costado. Por eso uno puede ser hoy el "marquesito" mimado, el del postre hecho en casa con huevos del gallinero (otra vez). Bien vale esto aunque no se entienda para reconocer todo el laburo acumulado en cada pensamiento que uno tiene y se cree que es propio. Cada idea llevada en andas por todos los días desde la cinco de la mañana en la obra, en la cocina, en el planchado, en el banco, en la feria, en el corretaje. Mucho laburo acumulado. Uno es el producto de todo eso, el producto de un país silencioso que saluda por la calle a los vecinos, que saca la silla a la vereda y ve pasar a los conocidos. Que se la pasa a la noche viendo los fúnebres para ver si se murió un conocido y mandar el pésame. ¿Saben? parece que no tengo nada que ver con estas historias y sin embargo, a medida que me voy volviendo cada vez más grande, me vuelven y me dan vueltas. Todos ustedes. Los quiero tanto como al futuro que no se qué mierda es y si va a venir algún día. Todos ustedes en medio de este departamente cuando me junto con mis hijos los domingos a comer y ver series y hablar de la vida mientras suena siempre de fondo la acústica que no se tocar pero Emiliano si. Diferentes domingos. Diferente país y el mismo. Quiero un puente entre todos, para volver a verlos y que vengan a visitarnos, que tanta falta nos hace. Porque no se puede soñar sin mística, porque no se puede creer sin tenerlos de cerca. Así es el país que necesito, el que ustedes deletreaban y en el que yo me comía los ravioles con estofado. El que tenía los mismos enemigos pero más crecidos. Como crecí yo y tantos, con la diferencia que a mí me criaron ustedes, viejos queridos.
Seis millones de personas visitaron el Paseo del Bicentenario entre el 21 y el 25; más de 250 mil personas degustaron comidas regionales en 72 puestos gastronómicos de las provincias; seis mil personas por día visitaron cada uno de los 45 stands provinciales e internacionales, lo que hace un total de 270 mil personas diarias; en el stand bonaerense se vendió un promedio de 2 toneladas diarias de dulce de leche; en el stand de Salta, mil empanadas y 100 mil litros de locro; en el de emprendimientos de Desarrollo Social, 1200 litros de aceite de oliva y 800 docenas de pastelitos; a los festejos se acreditaron más de dos mil periodistas argentinos y cien medios internacionales; participaron 15 mil personas en los desfiles, contando 4500 en el desfile de la Integración, dos mil en el Federal, cinco mil en de las Fuerzas Armadas y de seguridad, y 3500 artistas en el del Bicentenario.
Son algunos de los números que tira Página 12 (Página 12, 26-5-10, “Los números de la fiesta”), pero podría ser también Clarín que decía más o menos lo mismo. Así de contundente e indiscutible. La fiesta completa.
La consigna repetida –entre muchas otras- de “Festejemos Juntos” fue tal vez la que mejor reflejó el sentido profundo y compartido. Interpretar que allí hay 6 millones de votos sería una estupidez, pensar que los que fueron son oficialistas, medio-oficialistas, estánenvíasdeseroficialistas también. Estuvieron todos los que quisieron estar, y eso incluye a los argentinos que no quieren al Gobierno. Es cierto, como también sería otra estupidez peor aún argumentar todo lo contrario. Pensemos un rato juntos, compañero…
No se trató de una fiesta K, pero sin dudas es el Gobierno de Cristina (de la Señora y Compañera) el que mejor puede capitalizar los festejos del Bicentenario, por la organización, la participación popular avasallante, la propuesta, la calidad, el espectáculo, el cuidado y los valores desplegados. El patriotismo lo pusimos todos, eso si. El Gobierno sale fortalecido y sigue revirtiendo la imagen negativa que nos dejara el conflicto de la 125. Lento, pero a paso firme.
Ahora bien, ¿qué le pasó a nuestra gente por la cabeza y el corazón en estos días? Muchas cosas y muchas contradictorias. Un sentimiento nunca desmentido de Patria, de amor profundo por la Patria que no se veía en el día a día. Unas ganas tremendas de festejar y tratarnos bien. Una necesidad de ver mejor al país y a nosotros mismos. Porque está mejor. No bien, sino MEJOR. Y también una inquebrantable –aunque callada- voluntad de reconocernos en la diferencia y a pesar de las diferencias. No todos pensamos lo mismo, ni visualizamos las cosas de una sola manera. Pero la mayoría –y es la inmensa mayoría- no apuesta al fracaso ni cree vivir en un “país de mierda”. Casi nadie quiere que nos vaya mal para amortiguar la propia falta de autoestima. Es cierto que nadie se realiza en una sociedad que no se realiza, como también que el intento de ser felíz colectivamente supera enormemente la satisfacción personal del éxito (y el que no lo siente, no lo siente y lo lamento mucho).
Ambigüedades de sentirse quebrantado (ese soy yo) ante el desfile militar y la marcha de la Armada, tanto milico suelto y quémimportaqueseanlosquenacieronendemocracia, respirar hondo mirando a los miles que aplauden, cantan, se miran en esos uniformados que algún día terminarán de honrar el uniforme de San Martín y Belgrano… Cómo no reconocer que el “Febo asoma” en miles y miles de gargantas al paso del sufrido Ejército de los Andes no arrancaba una lágrima secreta.
Los pibes cantando en los recitales, los pibes trepados a todo para mirar de más arriba –como es su destino, mirar el país de más arriba que nosotros-, los pibes balbuceando la historia y pasándoselas entre el mate, el abrazo, la salsa. Y serios en el himno del 24 a las 24 cuando la Sole paró de cantar. La Patria era una cosa seria y se los pudimos transmitir, no es una boludéz compañeros.
En la Patria se nos va la vida y nos viene. La alegría es la Patria, no sólo el dolor. Por eso la democracia de hoy terminaba con la carroza que invitaba a invadir la calle y bailar todos con todos.
El Bicentenario nos devolvió por un rato la mística a la gran mayoría, porque esto es un asunto de mayorías o no es nada. Ahora tenemos que decir una y otra vez y otra vez y otra vez que este proyecto de país popular, latinoamericano, con base en el trabajo y la producción, inclusivo, diverso, es el que conviene continuar y profundizar.
Este blog tampoco ha recibido dinero alguno (las quejas se multiplican) del compañero Aníbal... ¿es que Trompetín miente?
No es por alardear, pero PERONISMO POR OPCION se la pasa puteando e injuriando a la oposición (ver si no la serie "Los Miserables" en este mismo espacio pero más abajo).
¿Qué, nuestros improperios no valen? ¿Por qué untar a otros blogs y a este no? ¡Si alguien ya cobró que convide!
Avenida Corrientes, principios de los noventa… tomo un café con alguien mirando a lo largo de la madrugada los negocios empapelados de diario, se alquila, nos vamos… Oscura, casi sin luminarias, muriendo como su prima hermana Lavalle que se nos va llenando de “iglesias” sobre las ruinas de los cines. A nuestro lado avanza con esfuerzo un flaco de mechas largas y canosas, campera de jean, cara de cansancio, bigotes y barba descuidadas. Tiene mirada de joven, nuestra, de compañero (política o rock quién sabe). Se toma de una mesa y cae en cámara lenta sin soportar su espalda ancha de rugbier o motoquero y la enorme delgadez. Me apuro a ayudar para que se levante. “Tené cuidado, flaco, tengo sida”, me mira vencido. Lo agarro mejor y se levanta. Nos saludamos con un gesto y cada uno se va por su lado. Esto es el menemismo.
Las patillas y el poncho. La jura riojana del ‘73 con banderas de la juventud maravillosa. Menem. Quiroga. Menem. Poco más…, algunas actitudes: el ramo de rosas que Isabel no le recibió; el acompañamiento al acuerdo con Chile. La Renovación desde el interior profundo. Calidez, carnaval de harina, fiesta. No mucho más.
“Mejor cualquier revolución que ninguna”, contratapa de Página de nosequién. Después gritar y correr atrás del micro gigante, saludarlo y mirar la gente. Los papelitos y la banda del Tula al frente. La marcha (y yo que estrenaba peronismo).
A los tres meses Bunge y Born. Después Adelina, María Julia, el Capitán Ingeniero Alsogaray. El presidente recibe al almirante Rojas en la Casa Rosada. “Yo no puedo ver enjaulados ni a los canarios”. Indulto. Indultos.
¿Qué palabra “neoliberalismo”? Revolución Conservadora, si parece una joda. Pero no es. Revolución Productiva (¿salariazo?). Modernización. Continuar a Perón, ahora a privatizar todo aquello que el General se vio obligado a estatizar. Lo presentaban así, ¿o no se acuerdan? Comenzó a ser rubio para los rubios, más alto para las vedetes, hermoso para los que lo veían como a un monito. Se vistió de putamadre. Carísimo.
Miles de miles de ex trabajadores. Tramos y tramos de rieles oxidándose. El Congreso si que fue una escribanía. Voces solitarias en contra: el Movimiento de los Trabajadores Argentinos de Moyano; el entonces Congreso de los Trabajadores Argentinos (después Central, la CTA), la senadora Cristina Fernández de Kirchner que termino echada del bloque por el Hermano Eduardo.
Algarabía. Fiesta. Cuotas. Viajes. UnoaUno. Nosotros nos quedamos en el cuarenta y cinco. Los pelotudos del 17 de octubre y el peronismoserárevolucionarioonoseránada… ¡cuánta soledad, hermano!
Está viejo. Cuando sonríe parece que se le va a caer parte de la cara. Parece inofensivo. Casi cómico. Todos hacen bromas sobre su habilidad para hacerse notar y ser imprescindible en el Senado (el voto que va y que viene).
Menem sale caro. Nos salió muy caro. Una generación o dos caro. A la basura. Una construcción social estatal de caro. A la basura. Un nivel educativo de caro. Orgullo y dignidad como costo, a los perros. Y la gente se reía, y mucha gente se reía.
Pasa que el Enemigo es el enemigo, nada bueno se espera del Enemigo. Siempre el que traiciona es un compañero, del que no se espera algo así. Un compañero con el que suponemos compartir ideas, proyectos y pasado. Un traidor que se caga en el pasado y hace mierda el Estado Justicialista, porque los gorilas no pudieron, porque necesitaban a uno de adentro.
Es radical de puro cuño, tanto que con sólo husmear por Taringa sabemos que fue “Consejero Académico de la Facultad de Ciencias Económicas, Consejero Superior de la UNJu, presidente del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNJu, Presidente de la Federación Universitaria de Jujuy, Secretario General Regional de la Franja Morada, Secretario del Comité Capital de la UCR – Jujuy (Juventud Radical), presidente de la Juventud Radical de Jujuy, Convencional Nacional de la UCR, Secretario del Comité Provincia de la UCR, Presidente Comité Provincia de la UCR, Tesorero del Comité Nacional de la UCR. Fue, además, Candidato a Vicegobernador (1991) y Candidato a Gobernador (1995, 1999 y 2003) en su provincia.
Actualmente preside el bloque de Senadores de la UCR en reemplazo de Ernesto Sanz, quien a su vez lo reemplazó en la presidencia del Comité Nacional Partidario.
Fue uno de los impulsores más decididos del Acuerdo Cívico y Social que se consagró como segunda fuerza electoral muy cerca del oficialismo (si se midiera así, y no por la cantidad de legisladores electos como en toda elección parlamentaria de mitad de mandato). El Senador es un juntador de “panradicalismo”, junto al diputado pantriste Ricardito Alfonsín.
A partir de la “batalla” agraria por la anulación de la resolución 125, se alineó decididamente con las patronales rurales y descubrió que el gobierno era autoritario y peronista. Lo segundo fue imperdonable.
Protagonizó a fines del año pasado un duro altercado con la también jujeña Milagro Sala, la dirigente social que orienta la Corriente Túpac Amaru de la CTA. Su coprovinciana en lugar de tan brillante carrera política superestructural, exhibe un rosario de realizaciones en lo social, la construcción de viviendas, la organización de cooperativas, hospitales y etcéteras varios que atienden a los sectores más vulnerados (blanco preferido del Senador). Para Morales se trata de una “delincuente” kirchnerista (india y negra) que prohíja a gente de bajos fondos armada como guardia pretoriana progubernamental (nacional), prestos a echarse encima de los opositores (algo así como algunos “chacareros” de Santa Fe y Entre Ríos, pero feos, sucios y malos). Repitió en todos los programas televisivos a los que fue invitado por la corporación mediática que la dirigente jujeña controlaba más de veinte comisarías. El desprecio le brillaba- atravesando el maquillaje- en la comisura de los labios.
Sucede que desMorales es un cobarde, un perfecto cobarde escondido tras el escudo de un partido centenario (el problema, correligionarios, es que coleccionan sujetos como este).
Cobarde con Milagro Sala, cobarde con Mercedes Marcó del Pont. Fue él quien –sin poder ocultar su falta de preparación para la tarea- le dijo a la presidenta del Banco Central que los senadores no le iban a hacer preguntas, cuando se trataba de escucharla en la defensa de su pliego.
Cobarde con la Presidente a quien pretende acosar y sospechar de ser la autora (junto con Yahvé y Moisés) de las siete plagas de Egipto. Llega con frecuencia al insulto, descalificando la investidura presidencial de puro misógino.
Un papafrita (como el vice, ¡oh! también del mismo partido) que hace unos días amenazó al ministro de Economía con un juicio penal ni bien éste se sentó frente a una comisión parlamentaria para hablar de las reservas del país. Pero el compañero Boudu se la devolvió y le dio para que tenga. Le recordó una cosa (entre muchas)… que entre julio de 2000 y agosto de 2001 el hoy Senador se desempeñó como Secretario de Desarrollo Social de la Nación. Fue un funcionario de alto rango en el gobierno de De la Rúa, responsable del ajuste y rebaja de jubilaciones, profundización de la flexibilización laboral, plan canje, corrupción, corralito, corralón, y sangre, mucha sangre antes de la huída en helicóptero. Parte ejecutiva de ese gobierno.
Así son los “fiscales de la república”, duros con los de abajo y blandos con los poderes concentrados (nacionales y/o extranjeros). Nadie dice que el Senador de la Nación desMorales deba ser peronista, o no deba ser radical. Se trata de que no sea un miserable.
YO QUISIERA HACER UN LLAMAMIENTO DE MANERA ESPECIAL A LOS HOMBRES DEL EJERCITO, Y EN CONCRETO A LAS BASES DE LA GUARDIA NACIONAL, DE LA POLICIA, DE LOS CUARTELES
Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR... Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación. Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión...!
Homilía del domingo 23 de marzo de 1980. Monseñor Romero fue asesinado el 24 de marzo de ese año por la dictadura salvadoreña, cuando consagraba el pan y el vino en el altar.
A cada uno de nosotros nos está diciendo Cristo: si quieres que tu vida y tu misión fructifique como la mía, haz como yo: conviértete en grano que se deja sepultar, déjate matar, no tengas miedo. El que rehuye el sufrimiento se quedará solo. No hay gente más sola que los egoístas. Pero si por amor a los otros, das tu vida como yo la voy a dar por todos, cosecharás muchos frutos, tendrás las satisfacciones más hondas. No le tengas miedo a la muerte, a las amenazas. Contigo va el Señor. El que quiera salvar su alma, es decir, en frase bíblica, el que quiera estar bien, el que no quiera tener compromisos, el que no se quiere meter en líos, el que quiere estar al margen de una situación en que todos tenemos que comprometernos, ése perderá su vida. Qué cosa más horrorosa haber vivido bien cómodo, sin ningún sufrimiento, no metiéndose en problemas, bien tranquilo, bien instalado, bien relacionado políticamente, económicamente, socialmente. Nada le hacía falta, todo lo tenía. ¿De qué sirve? Perderá su alma. Pero el que por amor a mí, se desinstale y acompañe al pueblo, y vaya en el sufrimiento del pobre, y se encarne y sienta suyo el dolor, el atropello, ése ganará su vida, porque mi Padre lo premiará.
(Homilía 1 de abril de 1979, VI p. 249).
El Espíritu de Cristo nos ha ungido desde el día de nuestro bautismo y formamos entonces un pueblo que no se puede equivocar en creer. ¡Qué consuelo me da esto, hermanos! Ustedes no se equivocan cuando escuchan a su obispo y cuando acuden, con una constancia que a mí me emociona, a la catedral a escuchar mi pobre palabra. Y no hay un rechazo, sino al contrario, siento que se acrecienta más en el corazón del pueblo la credibilidad a la palabra de su obispo. Siento que el pueblo es mi profeta.
(Homilía 8 de julio de 1979, VII p. 61).
¡Monseñor Oscar Arnulfo Romero, pastor nuestro, presente en tu pueblo latinoamericano!
A medio camino entre Macri y Ricardo Fort. Cuatrosporcuatros que lo siguen, que lo entornan como a un narco de película (un narco colombiano de película). Y el tatuaje que asoma indisimulable por el cuello de la camisa, indescifrable e incómodo, si la ocasión aconseja saco y corbata.
El Colorado dice que es peronista aunque no lo parece. A menos que se reivindique ese “peronismo empresario” que perdió la pulseada tras el Congreso de la Productividad (1955), ante las Comisiones Internas de la base social indiscutida e indiscutible del peronismo. No es cuestión de hacer uso del peronómetro, son sólo asuntos de la Historia.
Así y todo ganó una elección en la provincia de Buenos Aires, por poco pero ganó. No es un dato menor, trae a la memoria la alianza fatal del menemismo: los más ricos votando junto a parte de los más pobres. ¿Es así?, compañeros mejor capacitados para esto deberán investigarlo. Pero suena a eso y preocupa, claro.
Tiene un plan, guarda. Parece que nunca nos lo va a contar, pero dice que lo tiene. Arrancó con el tema (manoseado hasta la mugre) de la “seguridad”, nos cansamos de verlo (al menos) en enormes carteles por Panamericana en la ruta norte a los countries y barrios cerrados. Lo único concreto fue la página web en la que cada mal parido podía denunciar a su vecino y/o al vago del barrio que le caía mal, sin ninguna prueba y sin que nadie le pida justificación. Una especie de escrache contra la “delincuencia”.
¡Y este gobierno que no hace nada!, parece decir en su mueca que va de la indignación estudiada a la gélida sonrisa burlona. Tiene ese contenido desparpajo de los lúmpenes con guita. Es otro hombre de la derecha al que le cayó la ficha de que hay que arrastrar peronismo. Sacárselo al adversario (Cristina y Néstor) y tenerlo de base social (alfombra, tapiz, adorno de cazadores en el living).
Tiene un plan, tiene empresas, tiene ambición, tiene poder. Ahora se sube el precio pretendiendo la candidatura máxima y haciendo bardo entre los barones de la derecha. Pero no se va a poder por ese asunto constitucional que todos sabemos… Dice la carta magna: “a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar el suelo argentino.” Y eso lo inhibe definitivamente.
En los años de la chatura más grande que pude ver y sentir, el ruido más común que te acompañaba caminando las barriadas del conurbano sur bonaerense (villas, asentamientos, caseríos perdidos entre rutas que no iban a ningún lado) era el de las botellas plásticas de agua semienterradas en las calles terrosas sin vereda. Distinguías las parejas sin infancia ni adolescencia porque uno de los dos -vestidos igual de buzo y pantalones deportivos- llevaba panza de embarazo. Eran los tiempos del “Fondo del Conurbano”, casi un millón de pesos-dólar (1 a 1) diarios para reivindicar a la provincia más grande y más poblada de la Argentina. Eran los tiempos en que gobernaba Duhalde.
El bañero de Banfield. El hombre de la “renovación” que le había torcido la boca a Cafiero para irse a la aventura con Menem. Don Corleone, la merca como pago político como te contaban todos los vecinos en voz baja (y la corto acá con esto porque uno no tiene las pruebas y tampoco el cinismo de la Dra. Carrió como para pedirle disculpas delante de un juez y sin periodistas).
Un hombre desagradable y tributario de tantos punteros conservadores de la provincia de Buenos Aires que abonaron el primer peronismo, no por identificación con el coronel líder de los trabajadores, sino por odio al yrigoyenismo “corrompido y obrerista” que les sacó la administración nacional en virtud de la ley Sáenz Peña. Ese “peronismo” de la tradición, la “famiglia” y la propiedad privada en que se refugian también hoy reaccionarios de toda laya.
De todas maneras, no es algo personal. Es estructural. Recordemos cuando el Senador se hizo cargo del Ejecutivo flamígero entre el humo del 2001, su mejor perfil. No había llegado por los votos (que siempre le son y le serán esquivos) pero finalmente había llegado. No hay que ser hipócritas (no hay que parecérseles): casi todos respiramos aliviados, alguien se hacía cargo del barco perdido. Comenzó a tomar medidas, a poner paños tibios, a componer el desastre. Respiramos aliviados pero así y todo hay que ir por partes, que no son detalles menores.
Con la pesificación asimétrica el ingreso de cada argentino se redujo a una tercera parte, una meta que las patronales no vislumbraban ni en su mejor utopía. Las empresas –y más que ninguna, los bancos “acorralados”- licuaron sus deudas de la noche a la mañana. Corrieron “salvatajes” estatales, de esos que el liberalismo no quiere oír hablar o, mejor dicho, de esos que son la función especial que el liberalismo le otorga al Estado: privatizar las ganancias, socializar las pérdidas. Hecho esto, el notable Mendiguren dejó el ministerio de la Producción. Misión cumplida.
Planes para los piqueteros, planes para los Intendentes. Colchón a la bronca y poco a poco la “revolución asamblearia” se extinguió junto a su ideología de lavandina. Todo se fue haciendo más o menos normal, el robo a gran escala del neoliberalismo (alias “la década del noventa” de la que el Senador Presidente había sido protagonista insustituible) también.
Hasta hubo tiempo para ponerse duro de nuevo y soltar los perros. El perro Franchiotti por ejemplo en el puente Avellaneda. Dos piqueteros muertos. Zafarrancho de la política y vergüenza de la democracia. El Senador torció la boca y se achicó el “mandato”. Otra causa al viento.
Lo de “la producción” vino después. El Movimiento Argentino Productivo y la verborragia como si se tratara del Primer Plan Quinquenal, pero sin el ímpetu industrializador y redistribucionista de Perón. Una mueca de Perón.
Y allí está, con muchos menos amigos, con mucho menos manejo, pero con mucha capacidad de daño. Rumiando rencores, lamiéndose heridas. Detrás de cualquiera porque no puede estar al frente. Diciendo que lo obligan a volver, que debe llevarse al “monstruo” que trajo (a Néstor), que nadie como él interpreta al Justicialismo. Y quién pondría en duda que representa a ese Justicialismo “disidente” en derrota, anacrónico y patéticamente conservador.
Todos juntos tras la presa... Jadeando, ladrando, aullando, hiriendo árboles y caminos, arrasando matas, corriendo desenfrenados barranca abajo. La huelen, la tienen cerca. Creen que la tienen cercada. Los cazadores (los amos) desde sus caballos siguen a distancia, no tienen apuro, presienten. Creen que casi la tienen en la mira.
Dogos rubios tatuados, hienas desolá, chacales jabalizados profetizadores tostadas, perras de cejas juntas y colmillos sucios (como el traidor de su asesor), ex vicecampeones silenciosos y acomodaticios, inútiles mastines radicales llenos de rencor, viejos sabuesos ingleses de prosapia pineda, cuzquitos provinciales conservadores escondidos tras la pevé, y el viejo patriarca de todos que vuelve a la cacería después de tanto olvido. Muchos perros rabiosos que ninguna vacuna podría cambiar. Rabiosos de odio, de frustación, de ambición. Perros con los bolsillos forrados de tanto robar. Perros arrastrados y arrodillados ante los cazadores de a caballo.
A unos pasos y siguiendolos casi al trote, van los ayudantes uniformados, los que se creen ni sirvientes ni amos, bienpensantes y letrados. Participan de la cacería, pero por las miradas cómplices se pasan santo y seña de otras conspiraciones "superadoras". Dicen odiar a los cazadores, despreciar a los perros, pero van detrás, siempre van detrás.
¿Qué une a esta corte de los milagros? El deseo de la presa. Atraparla, desgarrarla, hacer de cuenta de que nunca ocurrió. De que el peronismo combativo y combatiente del proyecto nacional nunca existió. Para eso, nada es poca cosa. Respiran odio y se alimentan de odio. Porque ese peronismo sigue siendo el hecho maldito del país burgués.
Terminar con el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Acabar con la experiencia que comenzó en el 2003, para finalmente restaurar los monopolios y exaltar el privilegio, aún con lo poco que se les quitó.
Usar la bronca que sembraron, ahora que tienen a mucha gente atontada. Obligar a la gente a dispararse a la cien como lo hicieron con éxito el 28 de junio.
Decir que no lo van a lograr, sería una brabuconada cargada de secreta impotencia. Sentir que confiamos en el pueblo es sabiduría. Ser uno más de ese pueblo es la única verdad. La zorra corre libre, bandadas de gorriones bravos la cuidan.
Frentes de tormenta como para tener en cuenta, usando la metáfora fácil que nos dio este febrero...
Tenemos la ley de medios paralizada en la justicia y hay que tener en cuenta que el poder monopólico amenazado ya diseñó la estrategia para detener, minar y terminar destruyendo la ley o cambiarla en su implementación. Todo el tiempo que ganen será eso: tiempo ganado para salvaguardar intereses, reequilibrar las cargas y encontrar nuevos y mejores aliados. Saben que la ley y su concreción no debe pasar. Debilitar al gobierno es lograr parte sustancial del objetivo.
Tenemos también un previsible "brote" de carestía...¿inflación?, tal vez no sea la caracterización correcta. A los fines prácticos poco importa; bien sabemos que el alza de precios y sobre todo de los consumos sensibles (el estómago es un órgano sensible si los hay), tiene un poder destructivo arrollador. No hay explicación que valga frente a la góndola desquiciada. Entre otras cosas, en mes y medio el subsidio por hijo se vio disminuido en una no desdeñable proporción.
Además, la "oposición" (o las oposiciones) van alineandose, realineandose, en vistas de obtener ventajas en el manejo de las comisiones, indudables sectores de poder desde donde disminuir la potencia del Ejecutivo. Toman los resultados de la elección del 28 de junio pasado como la inauguración de un curioso "sistema parlamentario" criollo, para el que han omitido proponer una reforma constitucional al efecto. Y allí van por derecha y por izquierda, esto parece convenirles a todos.
Estos son los principales problemas que trae marzo. Es cierto que la "opinión pública" ha quedado un tanto descolocada luego del asunto Redrado. Fue tan abrumadoramente tendenciosa la actitud de los medios (del monopolio y sus amigos) que la gente comenzó a dudar. Es cierto también que cada vez más fulanos se asomaron a programas como "678", por decir algo. Se romplio la credibilidad del discurso que azotaba a las gestiones K. Lo que no quiere decir que se haya dado vuelta la tortilla ni mucho menos. Tenemos problemas.
El gobierno va tomando medidas, midiendo las tácticas, usando los tiempos. Es un gobierno activo sin duda. ¿Alcanza? No. Sirve como timón, como guía y aliento. El gobierno tiene la mayor responsabilidad y vino demostrando que se hace cargo y que, con mayor o menor velocidad, es capáz de reaccionar creativamente.
Lo que vaya pasando en el PJ es de vital importancia y lo que pase en el peronismo (realmente existente), lo es aún más. Esta es una disputa seria acerca de si va a prevalecer este proyecto (con sus más y sus menos) o el vinculado al paradigma liberal conservador, que supo juntar adherentes en el autodenominado "peronismo disidente". No es tiempo de inaugurar terceras vías ni de comenzar la construcción de un progresismo desvincualdo de la experiencia peronista, como si esas cosas fueran molestias de un pasado superado. Desde ya, esto que digo es una posición política.
Cada uno a lo que sabe hacer, después de todo porque hay cosas para cada uno. Tal vez no se arregle este mes el tema de la unidad del campo nacional y popular ni nada de eso, por más convocatorias que se hagan. Lo que si debe pasar es que cada agrupación, grupo de militantes, de este lado del asunto -con el proyecto nacional que lideran Néstor y Cristina en general, y desde el peronismo en particular- nos dediquemos a lo que debemos hacer. Extender la llegada al territorio con las formas variadas y múltiples que dio la experiencia de los últimos años, vincularnos más con la gente de a pie que es presa de la andanada mediática.
Bancar, avanzar, impedir que logren paralizar al gobierno y, menos aún, que nos puedan hacer retrocer en lo que se ha logrado desde el 2003 hasta acá. Tomar aliento en marzo y ver cómo hacerle justicia al año del bicentenario.
La cuestión es volvernos locos... Y van probando, la agenda está cargada como una 1125 con respuestos para durar hasta el 2011, con la bocadel cañón sobre la cien.
La peor puñalada es atacar el consumo popular. Este pueblo que come tanta carne (algo más que otros ya que somos el pueblo de las vacas, no el país de las vacas) y se resiste a pagar 80 pesos el kilo de lomo como quería el prohombre rural de las/los cacatúas de Palermo Yoni.
Vale recordar: casi todo estaba en la 125. Qué hacer con las retenciones a la super renta agraria, cómo incentivar (subsidios mediante) otros cultivos, las posibilidades de recuperar el stock ganadero arrasado por el yuyo verde que plantan hasta en las banquinas de las rutas... Y le dijeron que no a la 125 recargada tras el debate de diputados. Le dijeron que no. A este gobierno que les había salvado los campos (tras el incendio de Cavallo -varias versiones- y la Alianza), les había dado la infraestructura económica y financiera para competir en el mercado internacional, les había puesto el dolar a tiro. Pero que quería a la vez repartir el fruto de un esfuerzo colectivo y encima, comenzar a corregir el rumbo peligroso del monocultivo. No, a todo eso no. Y lograron el apoyo de fulanos que por todo acercamiento a las cuestiones rurales tenían la maceta del balcón. Error nuestro, puede ser. Malaleche de ellos, sin duda.
Ganan los capos de la mafia agraria, ganan los supercapos de la especulación financiera. Pierde el país real. Saben que no tenemos las proveedurías de Eva Perón para regular los precios. Saben que el control de precios es casi mala palabra y saben cómo harían en dos minutos mercados negros y desabastecimiento. Dejaron un Estado atado de pies y manos.
Nosotros tenemos a Moreno, aunque no les guste. Al menos a Moreno, pero no alcanza. Vamos a tener que ir pensando en bancar las medidas del Gobierno cierre de exportación de carne incluída, ver cómo controlamos los precios junto con la CGT y las organizaciones populares, ver... porque esto así no queda. No se juega con el estómago de la gente.