Vamos a hablar un poco de los
primeros... Bandoleros sociales, al decir del viejo Hobsbawn (historiador
marxista inglés, un grande). Bandidos rurales cantaba León, perseguidos por la
milicada y los jueces de paz, que primero manotean para comer y seguir escondiéndose
tras una muerte en riña, una muerte en defensa propia o por otros que no se
podían defender. Esas cosas, y después que el fugitivo se junta con un
compañero que también anda huyendo por las mismas razones y entre los dos se
mandan un asalto, un afano acá otro allá y van dando lo que sobra a los que
saben afanados desde la cuna. Roban y dan, suelen quedarse con poco.
Vagos, malentretenidos,
quilomberos, terminan viendo la injusticia en todos lados que es donde suele
pasearse. Terminan mal, está claro. A alguno la gente lo asciende a santo y le
tiene agradecimiento, devoción, le anda poniendo trapos rojos en los caminos.
Otros son justicieros nomás, toda gente de pueblo.
Los otros, son gente jodida.
Roban y mucho, pero no parece. Lo que hacen no está conceptualizado como afano.
La propiedad es un robo, por un decir del anarco cumpa Proudhon, por ahí va la
cosa. Son “dueños” e inventores a la vez de los certificados que dan cuenta de
tal asunto. Será porque un sabiondo dijo que esto era un “desierto” y no vive
nadie en los desiertos. Eso dice la palabra “desierto” que define casi por
negación. Es lógico q que se ocupe algo
que está desierto y que no haya ningún problema porque si no había nadie, no
era de nadie. Así se solucionó el tema del indio, a papeles, carabina y “huinca
malón” ( así le dijeron los originarios del sur a la empresa emblemática de
Roca y sus amigos).
Entre esos milicotes, los
casados/as con inmigrantes de plata (que los hubo bastante aunque no se comente
mucho) vamos teniendo esos apellidos patricios que dan como resultado una
patria de ladrones. E’sasi, con la verdad no ofendo ni temo (gentileza de
Artigas, estimado). Y los ladrones hicieron la república amparados por los
Ladrones de la City de Londres, a ver si nos entendemos. El capitalismo sin ir
más lejos es una interminable negociación entre chorros, que si no lo son por
ellos mismos es porque sus antepasados lo fueron. La plusvalía también es
hacerse de lo socialmente ajeno.
Pero además, con el tiempo es
tremenda la cantidad y complejidad de formas de choreo organizado que esta
gente ha fabricado en un imaginario canalla que parece no tener límites. El
problema es que tienen buena prensa (para eso la hicieron) y entonces lo que
hacen pasa por legalidad, de puro emprendedores que son.
El pueblo no es ladrón y los
movimientos populares tampoco lo son, aunque haya ladrones (que los hay, los
hay). Un par de bolsos en un convento no se equiparan a 500 años de saqueo, y
no vamos a justificar nada. Pero se las han arreglado para que los ladrones
seamos nosotros. Es que algo de lo que decíamos al principio se coló en esta
historia más reciente… el peronismo les “robó” el exclusivo manejo de la
economía y la política, y se lo dio a gente que no tenía que tenerlo. Ese el origen
de que nos miren mal, más allá de que tengamos más de uno que punguea cometas o
se arrodilla frente a los patrones (cosas que dan vergüenza).
La República era de ellos, y
nosotros se la ensuciamos en el arrebato. Que quede claro entonces.

